¿Qué fue de Daniel Ducruet, el exmarido de Estefanía de Mónaco?

Los que en los años noventa ya gozábamos de edad suficiente como para empezar a almacenar memoria histórica, recordamos perfectamente a Daniel Ducruet. De hecho, es posible (puede que probable) que muchos se despisten con el nombre, pero tú mezcla las palabras mágicas «princesa», «piscina» y «stripper» y ya sabemos todos de quién estamos hablando.

La vida sentimental de Estefanía de Mónaco, además de ser uno de los temas más candentes de la prensa rosa de la época, no había sido fácil hasta Ducruet. Su primer amor, Urbano Sforza, la traicionó vendiendo su historia a una revista italiana, y la siguiente vez que la joven Grimaldi se enamoró fue de Paul Belmondo (hijo del actor Jean Paul Belmondo), cuya relación terminó llevándola a compartir un coche a solas con su madre, la princesa Gracia de Mónaco (conocida como Grace Kelly antes de casarse con Rainiero), el día que se accidentaron cayendo por un barranco. Su madre, Gracia, falleció al día siguiente en el hospital. Era 1982, Estefanía tenía 17 años, entonces, y el mundo entero la conocía ya como «la princesa rebelde».


A Belmondo siguió, en la lista de relaciones de Estefanía, Anthony Delon (sí, hijo del también actor Alain Delon), y a él Alain Prost, piloto de Fórmula 1. Felipe de Lieja, Miguel Bosé, Christopher Lambert o Rob Lowe fueron otros de los nombres que la prensa rosa llegó a vincular a la princesa, aunque no todos llegaron a ser romances confirmados. Aun así, parece que la princesa consiguió no aburrirse. Con Yves Le Four hubo visos de matrimonio en 1990, pero por culpa del tatuaje en el culo de Estefanía (con el nombre de Mario Olivier) la historia se fue retrasando y, entre tanto, ella se enamoró de un pescadero divorciado que había llegado a Mónaco para ser policía y trabajaba como escolta de su hermano Alberto: entró en escena Daniel Ducruet.

El primer encuentro entre Estefanía y Ducruet se produjo en marzo del ’90, cuando ella todavía salía con Le Four. Rompió la relación justo después y cuando en el 91 empezó la gira de su álbum Stephanie (sí: estaba haciendo carrera en la moda y en la música) pidió expresamente que Ducruet fuera su guardaespaldas. El mundo entero quedó extasiado con la historia de amor entre la princesa y el plebeyo, y eso que la película de Houston y Costner no se estrenaría hasta el año siguiente.

Surgió entonces alguna pequeña complicación, como que la novia oficial de Ducruet, Marina Malbouvier, se quedó embarazada. Pero entonces Estefanía también se quedó embarazada, y el plebeyo le pidió matrimonio a la princesa. Con las mismas, Rainiero le quitó la paga a su hija (que a ella no le importó demasiado, porque para entonces vivía de su herencia materna y de sus exclusivas —la música y la moda iban regular—) y la apartaron de los actos oficiales de Mónaco.

Louis Robert Paul Ducruet nació en el 92, y su hermana pequeña, Pauline, un año y medio después, en el 94. Siendo Mónaco un país profundamente católico y conservador, a Rainiero no le quedó más remedio que dar su consentimiento al matrimonio. Estefanía y Daniel se casaron en julio del 95.

Un año fue el tiempo que duró el cuento de hadas después de la boda. En agosto del 96, Fili Houteman, una bailarina exótica que Ducruet había conocido en un circuito automovilístico belga, lo invitó a visitarla a una casa en Villefranche-Sur-Mer, propiedad de unos amigos y vecina a una casa de Tina Turner. Un lugar con amplia seguridad y muros muy altos. Pero no lo bastante altos para los paparazzi. ¿Fue una pillada real? ¿Fue una trampa? Como fuera, lo que sí que fue fueron unas fotos absoluta —e innecesariamente— explícitas que dieron la vuelta al mundo ocupando, durante semanas y en constante goteo, portadas y páginas interiores de absolutamente todas las revistas de la prensa rosa.

Ducruet se mostró, siempre, completamente arrepentido por haber «traicionado a Estefanía y a sus hijos», aunque también llegó a decir que lo habían drogado, metiéndole algo en el champán. Escribió el en su Carta a Estefanía:

Temblaba de pensar en tu reacción. Eres como yo, celosa y posesiva cuando amas. No tuve el valor de acercarme para abrazarte. Nos acostamos pero esa noche me sentí incapaz de amarte: tenía la sensación de estar contaminado.

Y, realmente, al margen de si hubo o no drogas mediantes, lo que sí pareció quedar demostrado fue que todo había sido una trampa, una encerrona bien organizada, que incluyó a una rubia distrayendo al guardaespaldas de Ducruet, quien no vio a los dos paparazzi encaramados, casualmente, en el lugar perfecto para hacer planos (y hasta vídeo) de todo lo que, suerte la suya, ocurrió en la piscina. Resultó que Fili (la bailarina) era la pareja de uno de los dos fotógrafos, y los tres se embolsaron 200 millones de francos al vender las fotos. Todos fueron condenados a varios meses de cárcel (aunque ninguno entró en prisión) y tuvieron que pagar solidariamente (atención) una suma de 200.000 francos. A mí las cuentas me siguen saliendo a su favor, pero, oye, yo soy de letras.

La pareja se deshizo, aunque mantuvieron la relación cordial por los hijos que tenían en común. A partir de ahí, Ducruet, aunque Estefanía llegó con él a un acuerdo económico que le procuraría sustento suficiente, comenzó una gira europea vendiendo por cuantiosas cantidades su relato de lo ocurrido. Apareció en revistas y televisión, publicó el libro Carta a Estefanía e incluso probó suerte con la música y publicó dos álbumes: Pourquoi Pas en 2001 y Jamais Personne en 2002, ambos con el sello BG Productions.

No tuvo demasiada suerte, así que le siguió tirando el faranduleo y rellenar portadas e interiores de revistas del corazón. Tal vez alguien se acuerde todavía de que él y Marujita Díaz intentaron colársela al mundo con una fingida relación que ya había anticipado Arturo Pérez-Reverte cuando escribió:

Vayan amarrándose los machos. Porque no tardará en producirse el consabido efecto en cadena: Ducruet, que era un tiñalpa total hasta que la lumbrera intelectual monegasca se encaprichó de él y se lo llevó a casa para pagarle los trajes y los rallyes, saldrá de aquí a nada en alguna revista apalancado con una prójima.

En 2018, Ducruet volvió a casarse, esta vez con Kelly Marie Lancien, su actual pareja, y fue la hija pequeña de él, Pauline, quien se encargó de ofrecerle al mundo esa «exclusiva» a través de sus stories en Instagram.

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Maria

    No diré que le tenía perdida la pista a este señor porque por mi edad me acabo de enterar de su existencia pero leo esto y veo que desde hace siglos hay personas que juegan con las relaciones de los demás solo por dinero… espero que este señor sea feliz con su actual esposa y que esa relación cordial con Estefanía se mantenga.

    26 marzo 2023 | 8:56 pm

  2. Dice ser sofi

    Ya me acuerdo yo, este un elemento de cuidado , en fin que le vaya bien

    22 abril 2023 | 11:44 am

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