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Juan Carlos Escudier

Trashorras y las maracas de Machín

Decíamos ayer, o algunos días antes, que la Policía averiguó que José Emilio Suárez Trashorras era Hyde cuando jugaba con ellos a ser Jeckyll. Sobre la salud mental del ex minero acaban de debatir cuatro peritos, que, al menos, han coincidido en afirmar que Trashorras no tiene la capacidad cognitiva tan afectada para ignorar los efectos de una explosión de dinamita. Uno de ellos ha explicado además que la estancia en prisión tiene propiedades terapéuticas para los enfermos sometidos a tratamiento antipsicótico, así que es completamente humano desear que Trashorras siga en prisión para que su mejoría no se interrumpa en las próximas décadas.

De Trashorras se sabía que estaba como un cencerro desde que pidió irse de voluntario a la mili y el Ministerio de Defensa le declaró inútil para el servicio y lo devolvió a su casa a los diez días. Luego se hizo minero hasta que la Seguridad Social le reconoció una minusvalía del 57%, luego elevada al 75%, porque el muchacho presentaba “un trastorno de personalidad doble esquizoide y antisocial y un trastorno esquizofrénico bipolar”. Según el psiquiatra clínico que le atendió hasta el 2003, a última hora se le sumó un trastorno psicótico inducido por el consumo de drogas.

Esto es sólo una opinión, porque el forense que le reconoció al ser detenido ha manifestado que de esquizofrénico tenía lo que él de cura y que nadie con la voluntad anulada dice que prefiere estar en el modulo de aislamiento o ir a una clínica antes que bajar al patio de la cárcel, porque temía que los otros reclusos le pusieran la cara como un mapa mundi.

Loco o no, a medida que transcurre el juicio, Trashorras parece haber ido descendiendo por la cadena evolutiva hasta adoptar la imagen cuasi simiesca con la que nos deleita. Hace tiempo que el proceso ignora lo que es un pañuelo para sus prospecciones nasales. Encorvado y sin afeitar, ha escuchado sus diagnósticos con cara de tener mucho sueño, mientras su ex, Carmen Toro, trataba de esconder su cara cuando los especialistas le recordaban que se había casado con las maracas de Machín.

En última instancia, lo que se trataba de determinar es si el hombre que facilitó los explosivos a los terroristas que volaron los trenes tenía capacidad para conocer y comprender lo que hacía y voluntad para ejecutar las acciones de las que se le acusa. Sólo uno de los expertos ha manifestado rotundamente que Trashorras tenía la “capacidad volitiva anulada”, al menos hasta que dejó de tratarlo en 2003.

TODO SOBRE EL JUICIO DEL 11-M

2 comentarios

  1. Dice ser Anti-psiquiatría

    Este es un cacho junkie con mas morro que espalda y al que los demás le importan una mierda.Como es mas que evidente.

    28 Mayo 2007 | 13:15

  2. Dice ser lucialapiedra

    esto es tener mas morro que espalda, para que aprendamos todos.visita:http://www.cochebasura.com

    28 Mayo 2007 | 14:18

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