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‘Los corazones son de vidrio’, de Yunus Emre (1240 – 1320)

Si una vez rompiste el corazón a alguien,

No puedes recomponerlo con sólo una plegaria al Señor.

Tu peso no le alivia aunque intervengan

Setenta y dos naciones a tu favor.

¿Sabes cuántos santos han pasado por este mundo?

Ellos han dejado solamente un recuerdo;

Sus almas volaron al lado del Amado,

Abriendo las alas igual que los pájaros.

El camino del Señor es justo,

Los ojos que le perciben son dichosos.

El verdadero héroe desdeña la fama;

Los ojos que miran desde lo alto, no ven.

Si no te has desviado del camino recto,

Si has sido respetuoso con los santos,

Si has hecho obras buenas,

Tu riqueza aumentará mil veces.

Yunus os dice estas verdades

Mezclando mantequilla y miel a sus palabras;

Su mercancía no es sal, sino joyas.

Quien quiera estudiar la política exterior de Turquía respecto a Europa o los países de su entorno, hará bien en leer la poesía de Yunus Emre para comprender por qué las autoridades le eligen a él y no a otro.

Hace casi dos décadas, el ministro de Cultura turco se refería así a uno de sus grandes poetas nacionales, emblema de la tolerancia: “Su voz [la voz de Yunus Emre] reclama que los seres humanos se deshagan de los valores materialistas. (…) Es una voz pacificadora, cargada de amor y tolerancia”.

El interés del Estado turco por reivindicar la obra de este místico sufí del siglo XIV no era gratuita entonces, como tampoco lo es ahora: en 2009 se puso su nombre a un instituto de cultura en Ankara -semejante a Cervantes español o al Goethe alemán- cuya razón de ser es, en palabras de su primer director, “promocionar el arte, la cultura y el patrimonio de Turquía en el exterior”.

Pero, en fin, vayamos a la obra y al personaje y dejemos de lado las razones instrumentales que le hacen ideológicamente provechoso en el presente. Yunus Emre encarna como pocos las virtudes del ascetismo (“el derviche debe se humilde”), la pureza de sentimientos (“hay que ser más dócil que el cordero”) y el rechazo de lo material (“¿Qué valor tendrán las riquezas y el poder / si un día desapareceremos?”) de una de las corrientes más místicas del Islam.

Sobre su vida existen más leyendas que datos históricos comprobados. Vivió en un siglo turbulento y pese a ensalzar la escasez como el recto camino hacia lo sublime, está bastante descartado que él mismo fuera pobre. Una vez destilados, sus versos afloran como perlas:

Mi belleza física es fascinante

Pero mi alma está podrida.

Quien se jacta de la sabiduría, no sabrá;

El verdadero sabio sabe la Verdad.

Y etc.

PD: Traducidos por Ertugrul Onalp

Nacho S. (En Twitter: @nemosegu)