Entradas etiquetadas como ‘billy’

‘Entre guerras’, de Billy Bragg (1957)

Fui minero, fui estibador

Fui ferroviario entre guerras

Saqué adelante una familia en tiempos de austeridad

Con sudor en la fundición entre guerras

Pagué al sindicato cuando las cosas se pusieron más difíciles

Esperé que el Gobierno ayudara al trabajador

Pero ellos trajeron la prosperidad a la fábrica de armas

Nos estamos armando para la paz, chicos, entre guerras.

Mantuve la fe y continué votando

No por el puño de hierro sino por la mano tendida

Pues suya es una tierra con un muro alrededor

Y mía es la fe en el prójimo

Suya es una tierra de esperanza y gloria

La mía es un campo verde y el suelo de la fábrica

La suya cielos oscuros con bombarderos

La mía es la paz que conocemos entre guerras

Reclutad a los artesanos, traedme a los dibujantes

Construidme un sendero de la cuna a la tumba

Y daré mi consentimiento a cualquier gobierno

Que no niegue a un hombre un salario

Vamos, encontremos a los jóvenes para no volver nunca a luchar

Ondeemos las banderas de los días que se fueron

Dulce equilibrio, corazón de esta nación

No nos abandones, estamos entre guerras.

“No soy un cantautor político, soy un cantautor honesto”. ¿Defección? No, imprecisión. Modestamente, no creo que Billy Bragg tenga que excusarse por haber compuesto básicamente canciones políticas. Quizás, lo que Bragg quiso aclarar en esta reciente entrevista es que él no es un cantautor partidista. Hay una diferencia sutil pero fundamental entre partidista y político que ha sido borrada gracias a la sal gruesa que periódicamente vierten los medios.

Bragg creció en un entorno obrero y fabril. De adolescente soñaba con escapar de allí a través de los versos de Bob Dylan. Con veinte años, embebido The Clash y de anarquismo, formó Riff Raff, su primera banda, de vida bastante efímera. Más tarde, a mediados de los ochenta, llegarían sus primeros éxitos como trovador de la clase obrera británica, sus conciertos en el Berlin de la terminal DDR, la defensa de la lucha sindical y la oposición a la revolución conservadora en Gran Bretaña y EE UU.

En los últimos años, como miembro del Featured Artists Coalition (FAC), ha decepcionado a algunos de sus fieles con artículos como éste en el The Guardian.

NOTA: He publicado -y atrevido a traducir- este Between the wars, tema emblemático de Bragg, y uno de mis preferidos.

VÍDEO: Between the wars (Berlin Este, 1986)

Nacho S. (En Twitter: @nemosegu)



‘Hora local de la coste Este’, de Billy Collins (1941)

La poesía habla a toda la gente, se dice,

pero aquí me gustaría dirigirme

sólo a aquellos en mi misma zona horaria,

esta genuina rodaja de longitud

que va de polo a polo nevado

atravesando el globo por Montreal hasta Bogotá.

Ay, compañeros habitantes de esta singular franja,

incorporados esta mañana en vuestras correspondientes camas

el sol que penetra por las ventanas

y va dejando una sombra en el reloj de sol

pensad en aquellos de otras zonas que no pueden oír estas palabras.

No están metiéndose en un albornoz como nosotros,

o siguiendo el aroma del café en perfecta sincronía.

Al contrario, ya están en el trabajo,

apoyados en fotocopiadoras,

clavando clavos en el armazón de una casa.

No están ingiriendo unas vitaminas como nosotros;

más bien se están fumando un cigarrillo bajo una media luna,

incluso dando saltos en una pista de baile,

o justo ahora metiéndose bajo la colcha,

tirando de los cordones de las lámparas de sus mesillas.

Pero no somos como estos otros,

porque en este preciso instante en la faz de la tierra,

estamos debajo de una ducha caliente,

o estamos tomándonos el desayuno,

considerado por la gente de todas la zonas

como la comida más importante del día.

Luego, cuando sea el momento adecuado,

puede que nos sentemos con el jefe,

que lavemos el coche, o que nos eternicemos en la mesa a la luz de las velas,

pero ahora es la hora de echar el zumo

y darle la vuelta a los huevos con un ojo puesto en la tostadora.

así que troceemos un plátano y destapemos la mermelada,

levantemos las cucharas rebosantes de leche,

y dejemos a otros que arríen la bandera

o que giren absurdamente en el sillón del peluquero

esos excéntricos de las Antípodas, siempre temprano o tarde.

Alabemos a Sir Stanford Fleming,

el genio canadiense que por primera vez calculó

con estas líneas la longitud de este planeta que gira.

Avancemos juntos durante el resto del día

cambiando al unísono de la luz a la sombra,

aprovechando la inercia para remontar la cresta del mediodía

hacia el valle de la tarde

y entonces, de la mano, adentrarnos en el más profundo valle de la noche.

El alumno Billy Collins aprendió que en un poema más de dos son multitud y que el trabajo de los poetas es estar en sus ventanas. Desde ellas se puede contemplar cómo se desperdician sin heroísmo ni tragedia los instantes. Pueden oírse un coche, la radio, los pájaros o nada. Y sobre todo eso, escribir.

Y existe el silencio de esta mañana

que he roto con mi bolígrafo

un silencio que se había acumulado toda la noche.

Billy Collins es neoyorquino, pero podría ser francés. Podría ser un Philippe Delerm por cómo se maravilla con la superficie de los objetos (“añadiría que puedo perderme / difuminando la sombra de una silla”), o por cómo dosifica la ingenua sencillez con la que narra los lunes, los viajes en coche y lo malo de la poesía.

Me gusta mucho Collins porque aparentemente no dice nada. Parece incluso que pide perdón al lector cuando se atreve a decir algo. Los grandes temas le llenan de silencio. ¡Hay tantas cosas que le distraen de los pensamientos profundos! El papel pintado de las paredes, la foto clase del 54, la centrifugadora, los peces de colores, los lectores… los usos horarios.

NOTA 1: El poema en inglés -junto con algunos más- aquí.

NOTA 2: Billy Collins es un poeta de recursos, de recursos audiovisuales, incluso. Aquí os dejo el vídeo del montaje de uno de sus poemas, The Dead.

NOTA 3: Traducido del inglés por José A. Iglesias para la editorial Bartleby.

Seleccionado y comentado por Nacho Segurado