La inteligencia del ser humanoes la capacidad que tiene para adaptarse a la realidad.Xavier Zubiri, filósofo. (San Sebastián, 1889 - Madrid, 1983)

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Marruecos no baja la guardia… ¿contra qué?

Leo en un titular del diario Sur de Málaga: “Marruecos no baja la guardia en la lucha contra el narcotráfico en el norte del país” y luego se explaya relatando una serie de detenciones y medidas policiales. Y uno que vive aquí y ve de qué vive la gente en las montañas del Rif, no entiende el titular ni la información. Porque no es verdad; porque, si tuviese el más mínimo interés el Gobierno marroquí en erradicar el tráfico de hachís, lo primero que haría, digo yo, sería acabar con los cultivos que ocupan miles de hectáreas en la región; tantas como campos de cereal hay en Castilla o en Andalucía.

Ya, ya sé que eso no es posible hacerlo de golpe; no se puede dejar a tanta gente sin su único medio de vida de la noche en la mañana, sin darle alternativas. Pero una cosa es que se haga “la vista gorda” y otra muy distinta que se publiquen noticias con un titular como el que cito, que pretende hacer creer en “una buena fe” que no existe. La verdad, no alcanzo a comprender qué intencionalidad tiene.

Es cierto que en Marruecos el trásfico con hachis y su consumo… está prohibido. Pero la realidad es muy distinta. Y esta realidad muestra que se está desforestando, a pasos agigantados, el poco bosque que queda todavía en las montañas del norte del país, con el fin de aumentar los campos de cultivo de kif. Pero Marruecos es así: una cosa es lo que se dice y otra, muy distinta, lo que se hace.

Drogas, traficantes y justicia

Me apunta un lector (¿bloguer se dice?) que no me tome las cosas tan en serio y que no sea negativo… Que disfrute de lo que tengo en Marruecos. ¡Pero si a mi Marruecos me encanta! ¡Y pocos países conozco tan bellos, o que sus gentes sean tan acogedoras! Además, de verdad, yo ya no me tomo casi nada en serio…

Pero uno no puede dejar de pensar ni de fijarse en lo que ocurre a su alrededor. Cualquiera de las opiniones que he emitido hasta ahora en este blog (sobre el velo, la megafonía anunciando el rezo de madrugada, el tema del Sahara, etc.) no son más que eso: pensamientos traducidos a palabras… Sin embargo he provocado reacciones viscerales en contra. Que respeto. Porque en la vida se aprende que cien individuos mirando a la misma botella son cien botellas distintas cuando estos las describen. Incluso hay gente que mata por defender “su botella”.

Mas esto no impide que las verdades universales existan. Por ejemplo, no creo que nadie pueda justificar el asesinato (ni los que defienden la pena de muerte siquiera) E igualmente nadie debería darle la razón a los que practican la ablación del clítoris… Aunque la tradición sea milenaria, eh. No creo que sea justo hacer daño; daño a una mujer, en este caso. Igual que no es justo que, porque a alguien, en el origen de los tiempos, se le ocurriese obligar a “su mujer” a taparse la cara para esconderla de su vecino (¡porque era suya!), ahora tenga que seguir haciéndolo.

Pero no quería escribir hoy sobre esto, sino de esa noticia que ha saltado a la prensa referente a la huída de El Nene (Ahmed El Ouazzani), el narcotraficante más popular de Marruecos. Su huída me da pie para reflexionar sobre el cultivo y la comercialización del hachís que se produce en el Norte de Marruecos. Las plantaciones en esta región se prodigan como el trigo en Castilla; miles de hectáreas a lo largo de kilómetros. Recuerdo una anécdota, muy ilustrativa, que no me resisto a contar: hace una docena de años quizá, en uno de mis primeros viajes por la zona, observé como el huerto del cuartel de la policía era un florido vergel de hachís.

Es decir, que no es nada fácil abordar este tema pues de este cultivo viven miles y miles de familias, a las que les resultaría muy complicado vivir de otra forma; además, existe la demanda en Europa que es, a la postre, la que fuerza e impulsa el cultivo y el tráfico. Por eso lo mejor sería enfrentarse el problema aceptando la realidad tal cual es: que la producción se controle y se regularice el comercio; que se recauden impuestos y se le haga justicia a los campesinos. Y, desde luego, se persiga a los narcotraficantes que arruinan a unos y a otros en pro de su exclusivo beneficio.