La inteligencia del ser humanoes la capacidad que tiene para adaptarse a la realidad.Xavier Zubiri, filósofo. (San Sebastián, 1889 - Madrid, 1983)

Archivo de abril, 2008

Los bañadores que no ofenden a dios

Las autoridades religiosas cristianas ya dieron en su día la vara (y siguen dándola de vez en cuando, no crean) con los modelitos de bañador femeninos que tenemos. Pero es más poderoso el mercado y el negocio, y más las ganas de desprenderse de todo lo que estorbe cuando aprieta el calor, que no ha habido manera de imponer aquellas escafandras textiles que exhibían orgullosas las damas europeas en los años 20 del siglo pasado. Hoy, en el mundo occidental, las mujeres tienen la fortuna de poder pasearse por las playas vestidas como les parece… O sin vestir, incluso. Eso es libertad. Porque nada tiene que ver el que una mujer decida bañarse como le venga en gana con la mente calenturienta de los hombres que son, a la postre, los que montan el guirigay de si deben destaparse o no.

Pero en el mundo islámico el lío del bañador femenino seguía hasta ahora en plana vigencia… He visto en Marruecos a mujeres musulmanas desaguarse en el mar con una chilaba y un refajo debajo. Claro, cuando salían, las formas del cuerpo brotaban como un sarpullido y, a mí entender, eso es mucho más provocador y, puestos a pensar mal… mucho más indecente, que si se hubiesen bañado con un bañador de una pieza o, si me apuran, en bikini. Llama menos la atención, creo, un cuerpo desnudo que un cuerpo insinuándose… En fin.

Viene esto a cuento porque en Indonesia han gritado eureka, ¡eureka!, y han descubierto el bañador ideal para las mujeres practicantes del Islam. Y han sido dos hombres, claro, los que han encontrado la solución. ¿Qué no inventarán los hombres con tal de fastidar a las mujeres? ¡Que no se lo habrán pasado bien ni nada los dos inventores dándole vueltas al asunto! Bueno, la cosa es que ya tenemos aquí un bañador de diseño, que cumple todas las reglas religiosas para ser utilizado y que permite a la mujer musulmana pasearse por las playas sin complejos… ¿Qué bañador es ese? ¡Ah!, pasen y vean; júzguelo ustedes mismos… Aunque no creo que sea difícil adivinar como es.

Del canto del gallo al muecín con campanas por medio

En Cap Radio, una emisora de Tánger que acaba de empezar a emitir, me contó su director, habían decidido empezar la emisión con el canto del gallo, no rezando el Corán como hacen el resto de emisoras nacionales. Me contaba esta anécdota como si se tratara de un triunfo; como si hubiese dado un gran paso en favor de la libertad en su país. En España, todavía en muchos pueblos y ciudades, tocan las campanas a rebato cuando los curas quieren llamar la atención sobre algún evento religioso… Aunque siempre lo hacen, salvo excepciones, durante el día, y no por la noche, que es cuando las personas están descansando. En Marruecos, en cambio, a veces se tiene la sensación de que los muecines aprovechan la hora del rezo nocturno… para darle volumen a los amplificadores.

Y ahora viene una ministra, la señora Nouzha Skalli, 57 años, responsable de Desarrollo Social y de la Familia, y sugiere (¡sólo sugiere!) que se moderen un poco los decibelios de madrugada… Y se la quieren, literalmente, comer; la acusan de todo: de comunista y de no sé cuantas cosas más. Pero, ¿acaso no es razonable proponer que se le evite ese sobresalto nocturno a los ciudadanos? Yo creo que igualmente puede rezar a esa hora quien lo desee; basta con que se ponga un despertador; y punto. Pero no hay por qué molestar a todo el mundo… Ya escribí de esto muy al principio, cuando empecé a hacer este blog… Creo que no es bueno para Marruecos ese alboroto nocturno; como no lo sería para España que los curas se pasasen la noche tocando las campanas. Seguro que este ruido perjudica a más de uno en su salud; y no digamos ya en la eficacia y productividad laboral. Un niño, un trabajador, necesitan dormir y descansar por la noche… No creo, insisto, que sea saludable ni sano ese sobresalto que los muecines de turno provocan…

Porque… “lo de que se espanta al turismo…”, bueno; el turista podría resolver el problema buscando un hotel alejado de las mezquitas, o quizá dejando de venir al país… aunque no es lo deseable. Luego, si Marruecos pierde divisas, o progresa más lentamente de lo que debiera, que los propios marroquíes averigüen por qué. En España, en Europa, en Oriente o en Occidente, son reflexiones que se han hecho ya o deben hacerse: ¿en que medida perjudica o ayuda la religión a un país cuando ésta interfiere en la organización social y política?

Del ruido y la furia… al boom inmobiliario en Marruecos

¿Alguien puede explicar por qué insultan tanto quienes participan en la discusión de los temas que se plantean en los blogs? ¿Por qué se desprecia tanto al otro, o por qué se lee lo que se quiere leer y se interpreta como se desea interpretar, sin intentar comprender lo que los autores de los posts escriben?

Ya sé que hay gente a la que le gusta provocar; creo que ahora los llaman trolls, o algo así. Yo ni sabía que era “eso”. Estos no me roban ni un minuto de mi pensamiento porque son como los payasos del circo: se encargan de hacer reír; es su papel. Pero hay otras muchas personas que…, parece que convencidos y de su buena fe, destilan veneno, odio, rencor, parcialidad, pasión por el maniqueo más burdo… no sólo en este blog, si no en otros muchos que hay por ahí, circulando en la red. Y ésos sí que me hacen pensar, porque, de alguna manera, su comportamiento explica el fracaso de esta especie a la que llamamos humana, que, sin embargo, en estos momentos y sin ir más lejos, está matándose en decenas de guerras, como la por todos conocida de Irak.

Yo, por si alguien no lo sabe todavía, no voy de salvador de nada… como algunos ya me han acusado cuando me llaman “antitaurino de mierda” o “antimarroquí”. ¡Con lo que a mi me gusta Marruecos!

Ya ves: Yo, que me he criado entre toros de lidia, que he asistido con el mismo recogimiento que a un acto religioso a cientos de corridas de niño, me siento orgulloso de haber evolucionado y poder afirmar ahora que por lo único que estoy contra los toros es porque me parece que un ser humano ¡un ser humano! (un ser humano normal, me atrevo a decir), no debe gozar ni sentir placer, y en última instancia consentir, que a un ser vivo (en este caso a un toro) le hagan las perrerías que se le hacen mientras echa sangre por la boca, le desgarren la piel sin piedad, le azuzan y le clavan banderillas, la puya, el estoque…

A mí que el mundo se hunda me la refanfinfla en cierto modo, pero, mientras esté aquí, vivo, mi deseo es contribuir a que la gente sea más feliz, intentar con mis actos que todos vivamos mejor. Pero ya estamos viendo que nos matamos en nombre de no sé qué dios o en nombre de no sé qué ideales.

Hace dos días escribía sobre el boom inmobiliario en Marruecos. ¡Joder!, la gente a dicho a raíz de este post verdaderas barbaridades… ¡Pero si lo único que yo quería decir es que si se hacen pisos en Marruecos, pues… ¡que se hagan bien!, con orden, que se respete el medio ambiente, se cuide la belleza que tiene el país y que, a demás, la riqueza que se consiga revierta en el mayor número posible de gente…!

Y sobre el post que escribí en relación a la Guerra del Rif… otro tanto. Y en otros posts, muchos se ceban en señalar que “no tengo ni puta idea del país magrebí”. Bueno, no soy marroquí, es cierto, pero he hecho más de 200.000 kilómetros viajando por Marruecos y hay muy pocos rincones significativos en los que no haya estado. He subido al Toubkal, el pico más alto de Marruecos, tres veces (soy montañero), he atravesado el desierto marroquí media docena de veces… Llevo más de 20 años dando vueltas por aquí… Así que me gustaría saber cuántos marroquíes, sí, cuántos marroquíes, conocen mejor que yo su país en su configuración paisajística o geográfica al menos.

Ya digo que procuro (alguien me lo aconsejó) hacer como el pez sobre lo que se opina en mi blog: sangre fría y que las burradas que se digan me resbalen como el agua… ¡Yo no he censurado ni una coma en él! Cada cual debe ser responsable de lo que escribe… Y además, no tengo Patria ni Religión; mi fe es sólo para el ser humano; para ver si mejoramos un poquito esto… Aunque ya veo que no; que la jauría anda suelta buscando a ver como seccionan la yugular a dentelladas de unos y otros.

Y termino: creo que es la tercera vez desde que empecé con este blog, hace cuatro meses más o menos, que me pongo a hacer puntualizaciones, reflexiones, o como quieran llamarlas… Que tampoco son necesarias, entiendo, porque allá cada cual, como digo. Pero esta mañana me he levantando pensando que la ira y la furia que algunos han vertido este fin de semana a raíz del post de “el boom inmobiliario en Marruecos” requiere algún muro de contención… Bueno, estos párrafos son mi aportación a modo de sacos terreros para que esto no se desmadre y los locos de ira se calmen. Que sean ustedes felices. ¡Salud!

Segunda vivienda en Marruecos

El tsunami inmobiliario que ha arrasado las costas españolas y parte del interior sigue extendiendo sus tentáculos por el mundo. A Marruecos, sin ir más lejos, están llegando ahora cientos, ¡sí, cientos!… de promotores inmobiliarios dispuestos a hincarle el diente a sus costas y territorios vírgenes con la aquiescencia de la oligarquía del país. ¡Unos y otros esperan forrarse rápidamente con ello! En pocos años Marruecos será irreconocible y, muchos lugares, como los alrededores de Tánger, por poner un ejemplo, serán devastados por las tropelías consumadas de los reyes del cemento… Pero, ¿que busca un español, un francés, un alemán, un inglés… (por lo general jubilado) en Marruecos, donde la sanidad es la que es (bastante mala), la cultura del ocio no existe y las costumbres locales chocan de frente con los hábitos lúdicos y trasgresores de los europeos?

Quizá busquen sexo fácil... ¿A esa edad? Quizá tranquilidad… ¿Para qué sirve ésta si por un mal tropiezo puedes perder la salud o la vida al carecer de la asistencia adecuada? No. Tiene que haber otras razones. Y sólo se me ocurre una: que el stsunami de la propaganda inmobiliaria puede con todo y a los crédulos ricos (o que se creen ricos) en Europa les importa muy poco arriesgar 150.000 ó 200.000 € en un apartamento que en el continente europeo les costaría el doble, aunque aquí, en el mejor de los casos, no lo utilizarán más de dos o tres veces al año. ¿Qué espera encontrar un señor de Logroño, pongamos por caso, en Saidía, en el culo del mundo (perdón por la expresión), sin nada que hacer fuera del recinto “amurallado” de la urbanización?Yo creo que todo es propaganda; pura propaganda. Propaganda de los depredadores de las costas, de los mafiosos sin escrúpulos que venden placer en donde sólo hay humo. Propaganda para seducir a los incautos que creen que compran a precio de saldo lo no vale nada o muy poco…

No nos engañemos. Marruecos es un país maravilloso para visitarlo; un país para ayudar a que sus gentes vivan mejor y se desarrollen, pero no para destruir su paisaje (como los citados Saidía, alrededores de Tánger, o Playa Blanca en Tan-Tan).

Otra cosa es que se hagan promociones inmobiliarias para los más de dos millones de marroquíes emigrantes en Europa que, parece ser, ya están en disposición de comprar una segunda vivienda en su país… Pero, ¿segunda vivienda para los europeos? A los europeos, me parece, les están engañando con humo… Y si no, al tiempo.

¿Por qué Cataluña no representa a España en Marruecos?

La pregunta que da título a este post es ambigua y dará pie a muchas interpretaciones sin duda. Pero en ningún caso es malinencionada ni espero que de ella se deduzca animadversión hacia Cataluña ni hacia nadie, por supueto. Sí, propongo, una reflexión (o, quizá, un juego) que podría contar con estas dos claves como punto de partida:

1. El Estado español —acéptenlo los que dudan— no es sólo España… No es esa España “Una”, “Grande”, y “Libre”, sino un compendio de nacionalidades cuando menos. Sea como fuere —Cataluña es un ejemplo— estas nacionalidades ejercen su rol a diario, allá donde pueden, y esto, a veces, difiere o interfiere en el rol que le correspondería al Estado español ejercer.

2. Si esto es así, es decir, que cada nacionalidad “va por libre”, podrían planteárselo, pensarlo y unirse. Ponerse de acuerdo todas las comunidades autónomas, y, al menos para sus actuaciones en el exterior, tener un representante común, que no tendría que ser, necesariamente, el del Estado español. Con esto se evitarían duplicidades, líos de siglas, propuestas que se repiten cinco, seis, siete veces… porque muchas autonomías piensan y proponen lo mismo en terceros países…

Y viene esto a cuento porque en estos días, a raíz de la visita oficial del presidente Montilla a Marruecos, están apareciendo en los medios de comunicación más noticias de la actividad de Cataluña en el país magrebí que de toda la Unión Europea junta. En cambio, las actuaciones de España… ni aparecen; y eso que el Estado español es el segundo socio inversor del país magrebí después de Francia. Se me ocurre que el Estado español podría aprender de Cataluña a venderse y, vista la capacidad que esta comunidad tiene para comunicar lo que hace ¡que lo hace muy bien!, podría encomendarle a Cataluña que le representase en esta materia, al menos en Marruecos.

En fin, que el barullo de siglas, de representaciones, de reinos de Taifa… que hay en España no llegue al río. Pero, para muestra un botón de lo que está ocurriendo. Estos son algunos de los titulares que han ido apareciendo estos días:

•“Plan B” de Cataluña para aterrizar en Marruecos.

• Marruecos ofrece cien hectáreas de Tánger para craar una zona de aterrizaje de empresas catalanas.

•Montilla inicia hoy un viaje de tres días a Marruecos para estrechar lazos comerciales.

•Montilla subraya que Marruecos es un país de atención prioritaria.

•Montilla afirma que la propuesta marroquí de autonomía para el Sahara es un avance sustancial.

•Montilla viaja a Marruecos para impulsar los negocios catalanes

•Marruecos y Cataluña estrechan lazos comerciales

•Puerto Barcelona firma convenio con Tánger Med para ubicar empresas catalanas

La vida perra de Juanita Narboni… ¡Qué vida!

La lista de libros sobre la ciudad de Tánger, o ambientados en ella, es interminable. A la ciudad le sobran calificativos: hermosa, canalla, internacional, trasgresora, decadente… Y todos han sido sobradamente glosados en mil páginas distintas de cuentos, novelas, ensayos y poemas. Pero, quizá, uno de los libros más destacados sobre esta ciudad que merece, en mi opinión, estar en el altar del Olimpo tangerino, es una novela; rara joya literaria que brilla con luz propia entre todos. Me estoy refiriendo a la novela de Ángel Vázquez, La vida perra de Juanita Narboni, publicada en 1976. En ella, una mujer soltera, desencantada de todo, amargada y cascarrabias, cuenta, en primera persona, recurriendo al monólogo —uno de los monólogos más brillantes y extensos que se hayan escrito nunca—, las peripecias de la señorita Narboni (la protagonista) en una ciudad que irremisiblemente fenece; fenece, al menos, para los occidentales, que poco a poco van envejeciendo, muriendo y huyendo (los que aún pueden) de aquella añorada Tánger internacional de los años 40 y 50 del siglo pasado que ahora es gobernada por Marruecos.

Hoy Tánger es otra cosa; pero aún conserva bajo las cenizas de aquellos tiempos el misterio y el aliento por ser una ciudad diferente. Una ciudad en la que culturas distintas, dicen, se llevaban entonces muy bien. Ahora eso ya no parece tan cierto; y menos tan fácil… La islamización del Tánger abierto a todos y al mundo es ya evidente.

A Tarfaya… ¿le tocará la lotería?

Escribí no hace mucho sobre el pueblo de Tarfaya refiriéndome a él como a “un lugar dejado de la mano de dios” más o menos. ¡Me impresionó este lugar acosado por la arena! Ahora acabo de enterarme de que un grupo inversionista jordano piensa gastar por allí unos 800 millones de euros en construir un complejo turístico de altos vuelos; con hoteles, residencias, etc.

Claro, visto desde la Europa opulenta, sólo sería otro proyecto más para darle vida y trabajo a una zona pobre y desértica. Pero visto desde allí, desde el mismo pueblo, la sorpresa debe ser mayúscula. No es fácil imaginarse en Tarfaya —perdida en los confines occidentales de Marruecos, a 100 km de El Aaiún—, a miles de “guiris” paseando en pantalón corto o en bañador. No, no es fácil, créanme, imaginar por allí a millones, ¡sí, a millones!, según dicen, de felices europeos gozando del pedregal y la nada del desierto, del cielo raso y del viento que arrastra la arena de un lado a otro sin parar. ¡Pero el dinero todo lo puede! Eso es cierto. En fin, nadie a la postre —menos los habitantes de Tarfaya—, renegará de un plan como éste que, ya digo, a algunos les dará vida y a otros riqueza.

La Tierra, en cambio, si parece que empieza a quejarse… ¿Podrá nuestro planeta quejarse también del proyecto de Tarfaya? ¿Habrá alguna voz que vele por sus intereses?

No voy a ser yo, desde luego, el que diga que no le conviene a Tarfaya un proyecto así. Expertos hay que podrían decir algo en este sentido. Aunque mucho me temo que, si el negocio jordano sigue adelante, nadie va a impedirlo. Lo que parece más claro es lo poco rentable que va a resultar para el Planeta Azul, al que a diario le damos nuevas dentelladas en nuestro afán destructor. En resumen: ¿le tocará la lotería a Tarfaya o… será el remedio peor que la enfermedad?

Los alemanes, el camarero y la paloma

En el hotel de Tarudant, en el que recientemente estuve alojado, presencié una situación que no me resisto a contarles.

Eran las 8,30 de la mañana, más o menos, y el sol caía ya con fuerza ya sobre la terraza del jardín interior, en la que se habían habilitado varias mesas para que los clientes tomasen el desayuno. Una pareja de alemanes, con dos niños, que se habían perdido por allí desde “su oasis” particular de Agadir (a unos 60 km), se disponía a desayunar en una de esas mesas; la única que en este momento estaba a pleno sol; ¡algo que les agradaba sobremanera!, supongo.

En la mesa de formica, sin mantel, todo había sido dispuesto para que empezasen a paladear los manjares: pan fresco en abundancia; un jarra con café humeante y otra con leche; dos tarrinas con mermelada de albaricoque y de cerezas; una más con mantequilla; un plato con bollería recién hecha… Y los correspondientes cuatro servicios, por supuesto: plato y taza de café, cucharilla, cuchillo y tenedor, servilleta de papel…

En esto… no se sabe cómo, una paloma descendió entre las palmeras que rodeaban la piscina y revoloteó sobre la mesa dejándoles “su saludo”. Los alemanes se miraron, sonrieron, levantaron ligeramente la mano y, muy discretamente, solicitaron la presencia del camarero que estaba por allí, que acudió poco después. No entiendo el alemán, pero, por los gestos, deduje que, más o menos, debieron decirle algo así: “Por favor, ¿puede usted limpiarnos esto?”

El camarero pareció no entender… Los alemanes señalaron con el dedo. Él alargó entonces el brazo, sin pensárselo, tomó una servilleta de las que había sobre la mesa en un servilletero auxiliar y procedió a “levantar” de la mesa el regalo de la paloma… Luego lustró, como pudo, la formica. Y se retiró sin más. Los alemanes se miraron, sonrieron, y siguieron desayunando.

Annual, Marruecos y España juntos frente a la verdad

Acabo de ver, “en riguroso estreno mundial”, me dicen, durante el Festival de Cine de Tetuán, que celebra estos días su decimotercera edición, la película documental Rif 1921. Una historia olvidada, de Manuel Horrillo, con Imanol Arias como narrador.

Ni los marroquíes, que prácticamente llenaban la sala, ni las dos decenas de españoles que acudieron al estreno, manifestaron al final de la proyección el menor desacuerdo con las imágenes que acababan de presenciar. El aplauso fue unánime.

Annual representa en el inconsciente colectivo español la tragedia y el dolor. La palabra retumba todavía en los pueblos de España en los que más de 10.000 madres lloraron durante muchos años a otros tantos hijos desaparecidos. Annual encarna a la historia española más negra. En, prácticamente, dos días —el 21 y 22 de julio de 1921— fueron borrados de la faz de la tierra 4.000 jóvenes españoles que murieron sin saber por qué. Y en los 15 días siguientes, la cifra de muertos y desaparecidos se redondeó hasta superar los 10.000 soldados españoles aniquilados en una de las experiencias más vergonzosas que se recuerdan de todas las guerras.

El director Manu Horrillos ha contado aquel desastre en 80 minutos con equidad y equilibrio. Poniendo frente a frente a marroquíes y españoles en unos episodios en los que unos y otros cometieron barbaridades. Evidentemente, el colonizador (España) fue el primero en ofender al establecerse en el Rif… Pero llama la atención, en esta primera película documental que se hace sobre aquella trágica experiencia rifeña de 1921, la capacidad del director para contarlo todo sin ofender a nadie. Sin duda ese es su mérito.

Espero que se hable pronto en España de este documental; entonces ustedes podrán verlo y juzgar. Hoy sólo quiero dejar constancia de que, trabajos como este… —cuando nos ponemos frente a frente para decirnos las cosas tal y como creemos que son, y ver qué hemos hecho o hacemos mal unos y otros—; trabajos como este, digo, son los que nos ayudarán a entendernos y a superar los muchos prejuicios que tanto marroquíes como españoles tenemos.

Preguntas por si usted vuelve a Marruecos (o piensa ir)

Después de la “polvareda” que el asunto de las multas levantó ayer entre los lectores, a los que reconozco su buen juicio en general a la hora de opinar sobre el post que presenté, hoy quiero pedir también que reflexionen sobre otro tema que, a los que viajamos por este país, nos duele siempre. En realidad la reflexión debería hacerla el empresariado marroquí implicado, pero, bueno, tampoco está de más que opinemos todos. Siempre se aprenderá algo.

He estrenado hoteles en Marruecos hace quince, diez, cinco, o menos años incluso, que eran estupendos y que hoy están tan deteriorados que da reparo ya alojarse en ellos.

¿Por qué no se preocupan de su mantenimiento? ¿Tan difícil es entender que una buena conservación del edificio (de las habitaciones en particular) beneficia al negocio? ¿Por qué el sumidero de la ducha está atascado casi siempre, la cortina —cuando la hay— es demasiado corta o la han puesto separada 30 centímetros de la pileta, con lo que el agua escurre fuera? ¿Por qué el grifo gotea persistentemente?

En el lavabo suele acumularse cierta negritud sospechosa…; o está mal colocado, y te das con la cabeza al agacharte en la repisa que se ha puesto debajo del espejo. Por supuesto que el tapón ha desaparecido al final de la cadena que cuelga junto al grifo como el cabo suelto que acaba de perder un náufrago… ¿Por qué no hay un par de enchufes por lo menos en cada habitación? ¿Y por qué la bombilla de la lámpara de la mesilla de noche suele estar fundida habitualmente? ¿Por qué el vidé no existe o está sólo de adorno? ¿Qué pasa con la cisterna, que cada dos por tres se queda en la mano el tirador? ¿Por qué no hay persianas, ni contraventanas, en algunos casos, para aislar la habitación de esa luz cegadora del sur? ¿Por qué no cierran bien las puertas? ¡Unnn!

Y así cien mil preguntas… Siempre sin respuesta. Porque, si es cierto que los propietarios pagan sueldos escasos a los empleados, no lo es menos que las tarifas hoteleras que cobran no son baratas… Pero, lo que duele, es que esos hoteles (de tres, cuatro estrellas, incluso; no hablo de pensiones hechas de cualquier manera) que se construyeron con tanto interés en su día, hoy estén manga por hombro, abandonados a su suerte, mientras en la sala de recepción siempre hay dos o tres hombres sentados, viendo la televisión, sin hacer nada…Supongo que no es fácil cambiar esta actitud, ni combatir la indolencia en un país como Marruecos; tampoco será fácil hacer entender a los dueños hoteleros que “un hotel” no es una choza; que un hotel necesita mantenimiento diario, cuidados permanentes. Y lo más importante: si no se entiende que un cliente —que paga religiosamente— exige, y que, al pagar, tiene derecho a sentirse bien con el servicio que contrata, es jugarse el negocio. El resultado es que el cliente renunciará a volver por allí, probablemente…

Aunque, todo hay que decirlo, las camas… —destaco este hecho positivo— por lo general son confortables, amplias, duras y en ellas, incluso los insomnes, duermen bien.