Ni libre ni ocupado Ni libre ni ocupado

Elegido Mejor Blog 2006.Ya lo dijo Descartes: ¡Taxi!, luego existo...

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S.P.C.O. (Síndrome Post Cámara Oculta)

Para la grabación de aquella cámara oculta de ‘El Intermedio’ de la SEXTA tuve que llevar un pinganillo en la oreja izquierda. A través de él recibía instrucciones de un guionista que, junto con el resto del equipo, me seguía a todas partes con su unidad móvil.

Era uno de esos chismes inalámbricos que no se ven pero que se oyen como si de tu voz interior se tratara. De hecho, me costó bastante acostumbrarme: El timbre de voz del guionista era muy similar al de la voz de mi conciencia, y al principio me costaba distinguir cual de los dos me estaba dando instrucciones. De ahí mis lapsus en las dos o tres primeras bromas.

En una de ellas, cuando se montó en el taxi la primera víctima, el guionista me dijo por el pinganillo: “Pregúntale si está escuchando la radio”. Al momento, mi otra voz me dijo: “Tengo sueño”. Confundí ambas y le solté al usuario:

– Tengo sueño.

– ¿Lo suficiente para dormirse al volante y estrellarnos? – me dijo.

Poco a poco me fui adaptando hasta el punto de acabar tomándole cariño a esa voz (me refiero a la del guionista). Por mucho tiempo que pasara conduciendo a la caza de clientes, nunca llegué a sentirme sólo. Aquella voz siempre estaba conmigo.

Lo extraño llegó después. Tras una semana entera recibiendo instrucciones a través del pinganillo concluímos la grabación y me lo quitaron. Sin embargo, aun sin él, continué escuchando la voz del guionista.

Desde entonces cada noche, al llegar a casa y acostarme, me da las buenas noches. También me chiva lo que tengo que decir en cada conversación incómoda o me regaña siempre que meto la pata.

Ahora, de hecho, me acaba de dictar este post. Gracias.

– De nada.

Confusión celular

Sonó el teléfono. Nunca suelo atender llamadas mientras conduzco (y mucho menos con el taxímetro ocupado), pero dada la insistencia pensé que podría tratarse de una urgencia y descolgué.

– ¿Diga?

– ¿Dónde estás? – dijo una voz femenina que no reconocí.

– ¿Quién eres?

– ¿Que quién soy? ¡vete a la mierda, Pablo!

– Creo que te has equivocado… – dije mirando al usuario a través del espejo.

– Me equivoqué al casarme contigo, cabronazo…

En esto, el usuario soltó:

– Para, para… aquí… – señalando el portal donde debía detenerme.

– ¿Quién es ese? ¿Estás… follando… con un hombre… mientras hablas conmigo? ¡No me lo puedo creer!

– Ehh…

– ¿Qué te debo? – volvió el usuario ajeno a mi conversación telefónica.

– ¿Y encima te paga? ¿cobras por follar con hombres? Dios mío… – soltó la voz del teléfono.

Al bajarse el hombre del taxi agarré el teléfono con firmeza y le dije a la voz de aquella desconocida:

– Escucha, cariño… No estoy follando con nadie. Hago horas extras en un taxi para poder pagarte ese crucero que tanta ilusión te hacía… No he querido decirte nada porque se suponía que era una sorpresa. Pero bueno, ahora que ya lo sabes… ¡feliz aniversario!…

Y colgué. El corazón me latía con fuerza, pero supe disimularlo hasta completar mi jornada.