Cronovisor : La matanza de Texas 2 (primera parte)

Estamos en 1986 y nos preguntamos ¿son mejores las segundas partes? La duda ofende, piensa en El imperio contrataca o en los marines de Aliens y tendrás todos los botones que necesitan tu muestra. Luego tenemos sagas donde la tercera parte es la mejor de todas, como Pesadilla en Elm Street 3 a.k.a “Los guerreros del sueño”, pero para ella ya tenemos preparada una habitación del motel, no te preocupes. ¿y una cuarta? ¿te atreverías, Octavio? ¿Qué dices de La tierra de los muertos vivientes? No, eso no sería justo para El día de los muertos pero quizá, como no sé si la jefa nos lo va a dejar pasar mejor preparamos un monográfico sobre George A. Romero y lo discutimos todo allí. En realidad, acercarse en esta entrada a la segunda parte de la Matanza de Texas es un homenaje a un buen número de los elementos de la cultura popular de los ochenta que cristalizan en una cinta demencial y un poco olvidada. Y es que La matanza de Texas 2 ─o, como se conoció en Hispanoamérica, aunque mi dvd diga lo contrario, La masacre de Texas 2─, es un crisol donde cabe de todo y todo bueno: agujeros de guion, falta de continuidad con las entregas previas y posteriores, Dennis Hopper, canciones de los Cramps, veganismo, guiños a los relatos más oscuros de Cortázar, muñecos de colección que llevan cerrados tres lustros, indicios de los procesos de mecanizado que llevaron a la depresión de las manufacturas en la industria americana en este siglo, cartuchos de ocho pistas, represión sexual y paranoia heredada de la Guerra del Vietnam. Así que engrasad vuestras motosierras porque he rebobinado la cinta solo para vosotros y perdonad si no se ve muy bien, los cabezales del reproductor de VHS están un poco gastados.

Tobe Hooper ─al que habíamos tenido por el Motel Margot como responsable de la mejor adaptación de Salem´s Lot hasta la fecha─ y que venía de triunfar en taquilla con Poltergeist, otro clásico del terror de la década, repite como director. Hooper solamente quería producir la película, pero al no encontrar a nadie de su gusto que se hiciera cargo de la dirección se volvió a poner tras las cámaras, además de realizar la música incidental. Si la primera parte había convertido la manida historia de unos jóvenes inocentes perdidos en un escenario sin salida, en esta segunda parte el humor hace su aparición, llevando al extremo la subcultura redneck fronteriza.

«Si en Deliverance de 1972 los despistados urbanitas se veían atrapados en las montañas de Georgia, aquí, a menos de dos mil kilómetros, un día de coche, son los desiertos de Texas el escenario de las extensión endogámica de estructuras tribales arrastradas por la televisión y una soterrada crítica a la falta de perspectivas sociales y profesionales de la era Reagan.»

Además Hooper consigue que Leatherface, el icono que define la saga, quede en un segundo plano, porque todo queda eclipsado por un Dennis Hopper histriónico, absolutamente pasado de vueltas, con un sombrero de cowboy un par de tallas más grandes, escondiendo la petaca de bourbon en el bolsillo interior de la americana, no se sabe si como parte del personaje o del director.

«Dennis Hopper transitando por los ochenta como si nunca hubiera salido de Cuzco, masticando hojas de coca atrapado por un mal de Montezuma perpetuo. Más desquiciado todavía que en su anterior encarnación como amante de Roy Orbison con una mascarilla de oxígeno en el rostro, Hopper, para pagar sus adicciones, estaba dispuesto a pasar de David Lynch a la secuela de una peli de serie B sin inmutarse. Solo necesitaba un cartón de marlboro, un caja de botellas de Jack Daniels y algunas vitaminas.»

Dennis Hopper, nunca lo olvidemos, fue capaz de definir el significado de la grandeza cuando un día en los setenta, absolutamente colocado, disparó al cuadro de MAO pintado por Andy Warhol y Dennis y Andy se pusieron de acuerdo para llamarlo colaboración y así aumentar el precio de la obra. Así que luego encuentras en el videoclub de tu barrio una portada con un marlboro entre los dientes y dos motosierras, una en cada mano y, repito, entiendes el significado de grandeza.

Si el salto cualitativo de La Matanza de Texas 2 está en el personaje de Hopper, el delirante personaje de Chop Top entra por su exquisita presencia en la galería de perturbadores crónicos y generadores de pesadilla, un Sancho Panza de nuestro Leatherface pero lleno de carisma. Chop Top, gemelo de Rubbin, un personaje de la primera entrega que realiza el cameo más macabro que a uno se le podría ocurrir al aparecer como una cecina cochambrosa y polvorienta pegada a su hermano en el tercer acto, es uno de los iconos con más carisma y menos recorrido de la historia del cine de terror. Yo me siento afortunado de tener una figura de colección sin abrir que me recuerda su potencial. Como hippie trasnochado que se alimenta de insectos quemados en la placa metálica, parece un homenaje al Renfield de la novela Drácula de Bram Stoker o una psicótica versión de Murdock, el cuarto miembro del Equipo A, encerrado en una institución mental por los traumas arrastrados desde el delta del Mekong. Gritando a los cuatro vientos su pasión por una de las bandas del flower power de los sesenta, Iron Buttlerfly, su conexión con la música tendrá continuidad con la aparición de unas frases sampleadas en un vídeo de la banda de funk metal, Primus ─una de las más avanzadas en propuesta musical e ideológica de los noventa─ en su videoclip del tema Jerry Was a Race Car Driver. Si buscar por internet el actor que lo interpreta, Bill «Choptop» Moseley tiene una banda de metal, Cornbugs, con la que grabó cuatro discos durante la primera década del siglo, haciendo apariciones en convenciones para aficionados al terror y la ciencia ficción.

Hemos hablado de Chop Top y de Dennis Hopper, pero no podemos olvidar a la inevitable screamgirl o “chica del final”, tan habitual en las producciones slasher desde los ochenta hasta ahora. En este caso se trata de una locutora de radio FM que graba, a través de una llamada realizada por un oyente, uno de los asesinatos de Cara de Cuero y su primo.

«La idea de la mujer frente al micrófono acabará resultando un clásico en la serie zeta y uno puede ver claramente su influencia en el personaje de Sheri Moon Zombie en Lords of Salem, la película de 2012 de Rob Zombie.»

La sexualidad exhala cada poro de la actriz Caroline Williams y la manera en la que se desarrolla la escena en la que la emisora es invadida por los dos hermanos genera una sensación de claustrofobia espacial y agonía, abriendo una brecha de terror en la realidad que solo un maestro como Hooper, mientras se está riendo del mundo, es capaz de hacer. Y es que además, cualquier película que tenga escenas rodadas en una estación de radio ya tiene ganado mi corazón: el uso de las cintas de ocho pistas, las dedicatorias o locutores que hacen su programa como si estuvieran en un escenario. Además, claro, si una buena parte del metraje tienen una localización tan específica, no puede pasar si una banda sonora a la altura de la historia y los personajes. Y la tiene, punk rock y psicobilly: Concrete Blonde ─un grupo que tuvo su momento de gloria al final de la década de los ochenta pero que se caracterizaba más bien por sus medios tiempos─ y los oscuros Lords of the New Church, que esta vez se ponen un traje más juguetón, a medio camino entre los Misfits y The Meteors para que la sección rítmica se acople al ritmo sabrosón de la sierra mecánica. Varias curiosidades más en el listado de temas: una canción de Oingo Boingo y varios temas de su líder Danny Elfman, unos cuantos lustros antes de convertirse en edulcorado compositor de las músicas incidentales para Tim Burton y Sam Raimi ─y componer la cabecera, por cierto, The Simpsons y de casi todos los iconos de la cultura pop que a uno pueda venirle a la cabeza Spiderman, Hulk, Batman, Flash, el Planeta de los Simios, Dick Tracy, Futurama o “Razas de noche”, otra de esas referencias que se vuelven a repetir en Motel Margot.

Además, el buen gusto de contener al menos un tema de The Cramps. Y es que cualquier película o serie en la que suene un tema de The Cramps es buena por definición y en este caso es el clásico “Go Go Much”

Antes de despedir esta primera parte recordamos alguna de las incursiones de The Cramps en las distintas bandas sonoras de películas y series, y así, de paso, proponemos un listado para el visionado en estos días de comienzo de curso: Near Dark, conocida en España como Los viajeros de la noche, una de las mejores películas de vampiros de los ochenta y que es un precedente claro de la revisión de Robert Rodríguez con Abierto hasta el amanecer o la saga de películas dirigidas por John Carpenter a comienzos de siglo.

No olviden sintonizarnos. Estaremos de vuelta en una semana. Y traeremos motosierras, arranques freudianos y sagas completas.

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