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Mis lecturas de verano: La vida negociable y Derecho natural

Este verano he leído mucho…y he escrito poco.

Me gustaría reseñar por aquí todas, o casi todas, mis lecturas de este verano. Como se acaban las vacaciones tengo la impresión de que no me va a ser posible dedicar una entrada diferente a cada uno de los libros. ¿Seré capaz de agruparlos de dos en dos? Es difícil pero voy a intentarlo.

Casi no tenía libros pendientes al salir de Madrid. Es algo raro; siempre suelo comprar para tener algunas reservas. Cuando llegué al pueblo me pasé por Tahiche, la librería de toda la vida y me dejé aconsejar por el libreo. Entre otras cosas compré La vida negociable, de Luis Landero y Derecho natural, de Ignacio Martínez de Pisón, dos autores españoles, casi contemporáneos, algo más jóvenes que yo y a los que he seguido desde sus comienzos. De ambos he leído unas cuantas obras; siempre con placer.

Las dos novelas tienen también algo en común: reflejan la vida española en estos últimos años, tras eso que hemos dado en llamar la transición.

El narrador de Derecho natural vive una vida marcada por la personalidad de su padre, un actor de películas de serie B que acaba convirtiéndose en el doble del cantante Demis Roussos en su época de decadencia. Las sucesivas idas y venidas de un personaje que no es capaz de vivir periodos largos con su familia van determinando la vida del narrador, que abandona su Barcelona natal para estudiar Derecho en Madrid siguiendo un sueño, su amor de infancia a quien cree reconocer en un informativo de televisión.

FOTOS: E.Madinaveitia

La familia desectructurada, los negocios complicados, los amores frustrados y las relaciones humanas forman un cuadro que compone una de las mejores obras de Martínez de Pisón. Creo que es un paso adelante dentro de una carrera muy sólida.

Hugo Bayo, el protagonista y narrador de La vida negociable se convierte en peluquero durante su servicio militar. Todos los esfuerzos que hace a partir de ese momento para dedicarse a otra cosa acaban en fracaso. Lo mismo ocurre con la mujer con la que comparte su vida, una compañera de aventuras de su adolescencia a la que nunca llega a amar.

Con un tono muy cercano al humor negro, la novela se sitúa en la línea de la picaresca española más clásica.

El personaje va de fracaso en fracaso incluso en los momentos en los que parecen irle bien las cosas, cuando se convierte en el peluquero íntimo de la coronela en el cuartel o cuando consigue su propia peluquería en un barrio de Madrid sus inquietudes le llevan siempre en otra dirección.

Un paso más en la obra de Landero. En mi opinión no es una de sus mejores obras.

La buena reputación #Unoalmes

Estuve fuera de Madrid los últimos días de enero y, aunque todo el tiempo tuve la intención de coger el ordenador y ponerme a escribir, finalmente no cumplí con mi compromiso de recomendar cada última semana del mes un libro. Mi recomendación de enero es La buena reputación.

Al repasar mis notas veo que llevo más de treinta años leyendo a Ignacio Martínez de Pisón y me parece mentira porque sigue pareciéndome un escritor joven, con todo lo que eso puede tener de bueno y sí, quizá también de malo. Como esto de la juventud depende del punto de vista, quizá la razón es que es diez años más joven que yo.

De hecho veo que empecé a leer a Muñoz Molina algo después y mientras a éste le he seguido de cerca y he leído cerca de veinte libros, casi toda su obra, que le ha llevado a ser académico de la Lengua, de Martínez de Pisón he leído bastante menos (ocho libros) pese a que cuando los he leído siempre me han resultado atractivos. Ahora, al buscar información, veo que también fue el guionista de varias películas, entre ellas Chico y Rita, que me encantó. Quizá compaginar esas dos tareas le ha hecho ser menos prolífico.

Ignacio Martínez de Pisón

Pero me estoy yendo por las ramas: La buena reputación me había pasado inadvertida cuando se publicó pero llamó mi atención cuando ganó el Premio Nacional de Narrativa. Está claro que los jurados del Premio no se equivocaron. Se trata de una gran novela.

Como casi toda su obra, esta novela también refleja la situación de la sociedad española durante estos años, en este caso con un aspecto diferente: la obra comienza y termina en Melilla, en dos momentos históricos muy diferentes: los años cincuenta, cuando se preveía la pérdida del protectorado y la independencia del reino de Marruecos y los ochenta, con una Melilla ya consolidada como ciudad fronteriza en la que el pequeño contrabando juega un papel importante.

La novela se estructura en torno a la historia de una familia de clase media (media-alta en algunos momentos y media-baja en otros) a lo largo de tres generaciones y cinco partes (o novelas). La primera, el matrimonio formado por Samuel, un judío español influyente en la comunidad de esa religión en Melilla y Mercedes, cristiana, hija de militar. Preocupados por los cambios que la descolonización de Marruecos (donde Samuel tiene la mayor parte de sus negocios) pueda traer a sus vidas, deciden trasladarse a Málaga, primero y, tras un fallido proceso de adaptación, finalmente a Zaragoza.

La segunda generación la forman las hijas, Miriam y Sara, mayores de edad cuando se produce el cambio de residencia de la familia y con trayaectorias muy diferentes, aunque el autor se recrea más en la de Miriam, aparentemente más convencional, que en la de Sara que, en una cierta vuelta a los orígenes, se fuga con un novio judío que, de pronto, pierde protagonismo. Aquí la acción se sitúa casi en su totalidad en Zaragoza, la ciudad natal del autor.

La tercera generación, la de Elías y Daniel, los hijos de Miriam, es la del regreso geográfico hacia el Sur (uno a Málaga y otro a Melilla) empujados por el inesperado testamento de la abuela. Se produce aquí también una vuelta a los orígenes, a los negocios del abuelo, algo para lo que no están especialmente preparados.

Un retrato de familia, de clase y de una sociedad, la española, en plena evolución desde los años del franquismo hasta la primera época de la democracia.

Una novela larga por su extensión que no se hace larga porque se lee con agrado.

El día de mañana y los palíndromos

El día de mañana fue mi primera lectura de ficción este verano.

Hace ya muchos años empecé a leer libros de Ignacio Martínez de Pisón, pero últimamente lo tenía un poco abandonado. En la Feria del Libro de este año estaba firmando libros cuando estalló una fuerte (y breve) tormenta. Nosotros estábamos justo en la caseta de al lado; cuando nos acercamos hacia la suya no había nadie. Compré, y me firmó, su última novela: El día de mañana. Es una novela ambientada en los años de la transición española, pero sobre todo es la novela de los ambientes marginales de Barcelona en un momento en el que la extrema derecha y los que apoyaban los cambios se enfrentaban constantemente.

Justo, el personaje principal se acaba convirtiendo en un soplón de la policía, mal visto por los dos bandos.

Se trata de una novela interesante y fácil de leer.

Un asunto que me ha llamado la atención es el peso que en un determinado momento de la novela toman los palíndromos, las frases que se leen (igual que los números capicúas) igual desde delante que desde atrás.

Siempre me han parecido curiosos los palíndromos. Recuerdo, otro verano hace ya muchos años, un relato de Julio Cortázar también cuajado de palíndromos.

Aquí, en El día de mañana, hasta uno de los personajes, Noel León, tiene nombre palíndromo. Su familia se dedica a ir a congresos sobre este tipo de frases curiosas, celebrados siempre en localidades con nombre palíndromo (Polop, Sas, Unanu, Añá…).

Seguramente el palíndromo más acertado es el que se supone funciona como slogan de los congresos: Sé verla al revés.

Otros palíndromos que me han llamado la atención en este libro:

Amo la pacífica paloma.

Adán no cede con Eva y Yavé no cede con nada.

Oígole ese elogio.

Un clásico: Salta Lenin el Atlas.

Uno que parece muy actual: Son robos, no sólo son sobornos.

Otro que anuncia lo que ahora parece un final próximo: Oído ETA, ya te odio.

Uno generoso y romántico: Yo dono rosas, oro no doy.

Y dos que parecen escritos para esos días:

La moral, claro, mal.

Yo social y laico soy.

El día de mañana es una novela entretenida e interesante, que me gustó leer.