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Colombia: 150.000 denuncias, 2 condenas

Por Laura Hurtado laura

En Colombia, la violencia hacia las mujeres es comparable a la de República Democrática de Congo, por sistemática y barbárica. Mujeres descuartizadas, empaladas, niñas de 9 años obligadas a prostituirse‘. Me lo cuenta la periodista Jineth Bedoya que desde los 22 años cubre el conflicto que desangra su país, en el cual las mujeres son usadas como arma de guerra. ‘Según un estudio de Oxfam Intermón más de medio millón de mujeres han sido violadas en la última década, pero puede que el total llegue a los dos millones porque muy pocas se atreven a denunciarlo’. A ella misma le costó 10 años. Con 24 años, mientras estaba investigando un caso de tráfico de armas, fue secuestrada, torturada y violada por 3 paramilitares. Prefirió esconderlo y refugiarse en su trabajo hasta que en 2009 se armó de valor y lo contó públicamente. ‘Lo hice por todas las otras mujeres que han pasado por lo mismo pero que viven en zonas alejadas y que no tienen los recursos para ser escuchadas‘.

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La periodista colombiana Jineth Bedoya en el Congreso Nacional de Mujeres y Paz de Bogotá a finales de 2013. (c) Pablo Tosco / Oxfam Intermón

‘De repente, sin darme cuenta, me volví activista’, asegura Jineth que ha creado la campaña ‘No es hora de callar’ donde reivindica la importancia de que las mujeres afectadas por cualquier tipo de violencia hablen. Cuenta con el apoyo de ONU Mujeres y el de futbolistas colombianos famosos (Falcao, David Ospina, Abel Aguilar…), con quienes consigue que el mensaje llegue a los hombres, que son, dice, el 98% del problema. ‘Las mujeres que hemos sido marcadas nos quedamos silenciadas. Por miedo a represalias, por vergüenza o porque nadie nos va a hacer caso‘. Y es que la impunidad bordea el 90% de estos casos en Colombia. ‘Con la Ley Justicia y Paz para el desmonte de los paramilitares hubo 150.000 denuncias de violencia sexual y solo 2 condenas‘. Su caso tampoco ha sido resuelto. ‘Francamente, no tengo esperanza que mis violadores acaben en la cárcel‘, suspira esta mujer que ve atónita cómo la intensidad de la guerra en Colombia ha bajado pero no así las violaciones a mujeres. ‘Los grupos armados que antes hacían la guerra ahora son bandas criminales que se dedican a la trata de mujeres, un negocio fácil, que da mucha plata, y que está menos perseguido que el narcotráfico, sentencia Jineth que en mayo de 2013 sacó a la luz un caso de explotación sexual de niñas de entre 13 y 16 años en las zonas mineras de Colombia, ante el que nadie ha hecho nada. ‘El machismo es muy fuerte. Por ejemplo, en las negociaciones actuales entre el Gobierno y las FARC hemos tenido que pelear mucho para que hubiera negociadoras. Al final conseguimos que entraran dos‘, explica.

Por decir todas estas cosas, Jineth está amenazada de muerte. En algunas regiones de su país no puede ni entrar. ‘Cuando tocas temas gordos, te salen enemigos por todas las esquinas. Siento que la bala puede venir de cualquier lado’. Se mueve siempre con un coche blindado y acompañada de 5 escoltas. Lleva 14 años así. ‘Echo de menos algo tan sencillo como pasear por la calle, me confiesa esta mujer, que desde que ‘la marcaron‘ no consigue dormir bien ni recuperar peso. ‘Bailo zumba cada mañana y también escribo. Esas son mis vías de escape‘, asegura con 6 libros publicados. ¿De qué sirve tanto sacrificio? ‘Me siento responsable por todas las mujeres que han pasado por lo mismo. A veces el peso es muy grande, es cierto, pero no voy a dejar el brazo a torcer. No puedo rendirme. Hemos conseguido algunos logros: se ha creado una política de género, una Consejería de Género, el Ministerio de Defensa tiene un protocolo de violencia sexual. No hay recursos pero son primeros pasos. Yo ya sabía que este proceso sería largo‘, concluye.

Jineth Bedoya es portavoz de la campaña “Violaciones y otras violencias: saquen mi cuerpo de la guerra” que lideran 10 organizaciones colombianas con el apoyo de Oxfam Intermón.

Laura Hurtado es periodista y trabaja en Oxfam Intermón.

Fotógrafas comprometidas

Por Laura Hurtado Laura Hurtado

Desde hace muchos días, preparando junto con mis compañeros una mesa de diálogo sobre periodismo comprometido con el título ¿Una imagen vale más que mil palabras? -y que se puede ver en streaming en directo de 4 a 5 de la tarde-, he tenido la suerte de encontrar en la red muchos trabajos de fotógrafas que me han interesado y emocionado precisamente por el compromiso con que retratan.

http://www.agencevu.com/photographers/index_photographer.php?id=255

Imagen del reportaje Me llamo Filda Adoch (c) Martina Bacigalupo. (*)

Una vez más, los fotógrafos hombres siguen copando la mayoría de los libros de fotografía, salas de exposiciones, agencias y festivales, mientras ellas asoman la cabeza tímidamente. Sin embargo, hay muchísimas fotógrafas, un oficio que ejercen desde que se inventó la fotografía, aunque frecuentemente no salgan en los libros de historia.

Entre tanta diversidad, se confirma que no existe una única mirada femenina, condicionada por el mero hecho de ser mujer, aunque a muchas fotógrafas, como a muchas escritoras o artistas, las sigan clasificando por su género más que por los temas que tocan o su estilo.

La mirada es personal y prueba de ello son tres ejemplos que me gustaría compartir aquí. Lo único que tienen en común estos reportajes es el compromiso, un compromiso firme que se explora desde tres frentes distintos y que estoy segura que no os dejarán indiferentes:

Miradas múltiples. Impactante es el proyecto Unbeatable de Dona Ferrato, que retrata desde hace más de 30 años la violencia doméstica desde diferentes puntos de vista: centros de acogida de mujeres maltratadas, grupos de terapia de hombres violentos, mujeres que cumplen condena por haber matado a sus agresores… A partir de imágenes básicamente en blanco y negro, la fotógrafa neoyorkina se aproxima a esta lacra social retratando todos los matices del gris. Incluso invita a otras fotógrafas y fotógrafos a exponer sus trabajos porque “si queremos erradicar la violencia doméstica, hay que sacudir la jaula”. Y eso se hace desde el colectivo.

Elogio de la lentitud: el “ensayo fotográfico”. La fotógrafa argentina, Adriana Lestido, reivindica dedicarle mucho tiempo a cada uno de sus trabajos, del que quiero compartir Madres e hijas con el que estuvo 3 años enteros para “comprender algo del misterio de esta relación tan compleja”. A raíz de la publicación de una antología de su obra, Lestido contaba: “Trato de fundirme con lo que estoy mirando”. De esta forma, consigue mostrar incluso lo que no está.

La observación participante. Galardonada en 2010 con el Premio Canon a la Mujer Fotoperiodista, la italiana Martina Bacigalupo nos propone una historia singular contada a medias entre ella y su protagonista, una mujer ugandesa mutilada y viuda que intenta sacar adelante a su familia. Se trata del reportaje Me llamo Filda Adoch donde la joven fotoperiodista le propone a la mujer retratada que participe en el proyecto y escriba los pies de foto que acompañan sus imágenes. “Pasé con ella más de tres semanas, desde el alba hasta la noche. Pero este reportaje no es sólo fruto de esas tres semanas, sino de cuatro años viviendo en la región de los Grandes Lagos, de cambiar mi visión previa del continente.

La mirada comprometida, sea de quien sea, es imprescindible. Es aquella que permanece, que deja huella. Que nos interpela, nos cuestiona, nos activa, y provoca cambios. Los cambios que ahora mismo son tan necesarios.

 

Laura Hurtado es periodista y trabaja en Intermón Oxfam.

(*) Agradecemos a Martina Bacigalupo que nos ha autorizado la publicación de esta foto de su reportaje Me llamo Filda Adoch y que va acompañada de este pie foto, escrito por la propia Filda: ‘En esta foto sale Odong, ¡reconozco su sombrero! Estábamos sentados alrededor del fuego, que ya se estaba apagando. Él no habla mucho, sobre todo mira. Allí, estaba contando un cuento a los niños. Es una tradición nuestra, reunirnos alrededor del fuego para contar historias, leyendas o cuentos de nuestro folklore; hablamos a los niños de sus ancestros, de sus vidas y sus luchas, les enseñamos nuestra cultura y así les ayudamos a crecer’.