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¿Quién se beneficia de la violencia de género?

Por Dori Fernández  Dori Fernández

El movimiento feminista está organizando la mayor concentración contra la violencia de género de la historia de nuestro país. Cientos de miles de mujeres (y hombres concienciados) abarrotarán las calles de Madrid el próximo 7 de noviembre. El objetivo es doble. Por un lado, realizar el trabajo que no hace con suficiente interés el gobierno concienciando a la ciudadanía de que un Estado democrático y de derecho tiene que ser capaz de garantizar la vida de la mitad de su población,  y por otro, exigir que se cumpla toda la normativa en materia de igualdad y violencia de género, que es la única forma de prevenir este tipo particular de violencia. Un pacto de Estado que garantice estos dos aspectos independientemente del gobierno de turno que esté el frente.

Y es que aún en época de vacaciones, el terrorismo machista no descansa. Este verano ha sido realmente trágico: 13 hombres han asesinado a sus parejas o ex parejas mujeres, e incluso a sus propios hijos e hijas como en el caso de Casteldefells. Y la gente de la calle, la gente que no ha estudiado las causas y orígenes de esta barbarie, se pregunta por qué. Por qué hay hombres que matan a mujeres, por qué ocurren estas cosas y cómo podemos evitarlas. La investigadora Coral Herrera Gómez  ha publicado recientemente un artículo donde explica con  claridad qué mecanismos culturales hacen que un ser humano varón llegue a convertirse en un asesino de mujeres. Les recomiendo leerlo con calma y con la mente abierta: tenemos mucho trabajo personal (y político) por hacer, y los hombres –permítaseme afirmarlo- mucho más.

Imagen de la película 'La bicicleta verde'.

Imagen de la película ‘La bicicleta verde’.

Pero yo me he puesto al teclado hoy para intentar explicar de dónde nace la violencia de género, qué causas externas, estructurales, del sistema, hacen que ésta persista, que se perpetúe de generación en generación y que además no seamos capaces de detectarla y erradicarla. Y lo más importante, ¿quién se beneficia de esta violencia machista?

Vivimos en sociedades patriarcales, en donde las mujeres son percibidas como seres inferiores a los hombres y tratadas como tal: menores salarios en iguales trabajos, empleos más precarios, enormes dificultades en el acceso, promoción y permanencia en el empleo asalariado, sistemas sociales de cotización y de pensiones que no reconocen el ingente trabajo gratuito que realizan las mujeres en los hogares y del que se beneficia toda la sociedad… En artículos anteriores pueden ver los datos que fundamentan este párrafo.

Pero vamos a adentrarnos en las definiciones, porque como destaca siempre la filósofa Celia Amorós, “conceptualizar es politizar”. Para entender lo que es un sistema patriarcal o basado en el sexo-género, primero debemos atender a lo que significa género, que no es ni más ni menos, que la construcción social que en cada latitud del planeta, en cada sociedad, se hace de los sexos. El género atribuye a las mujeres un rol determinado (tareas, funciones, formas de ser, de pensar y hasta de amar, que se desarrollan normalmente en el ámbito privado del hogar) y totalmente diferente al rol que asigna a los hombres (rol que se desarrolla generalmente en el ámbito público, fuera del hogar).

Por consiguiente, definimos un SISTEMA PATRIARCAL O BASADO EN EL SEXO-GÉNERO, como un sistema de organización social basado en el poder de la figura del “pater”,  elevado a la categoría política y económica y generalizada a todos los ámbitos de actuación donde se reproducirá el sistema de jerarquía y dominación masculina. Será a través de sus estructuras socioeconómicas y políticas, de las normas y valores y de los procesos de socialización la manera como se establece una asignación asimétrica y jerarquizada de roles (conjunto de tareas y funciones) y de espacios en razón de su sexo. Se atribuyen a mujeres y a hombres distintos trabajos y valor, así como distintas responsabilidades y obligaciones (PNUD, 2006).

En sus orígenes, explica la historiadora Gerda Lerner (1990), el concepto deriva de las relaciones familiares desarrolladas bajo el patriarcado, en las que el padre detentaba un poder absoluto sobre los restantes miembros de la unidad familiar. A cambio, estaba obligado a darles apoyo económico y protección. Aplicado a las relaciones familiares, hay que advertir que las responsabilidades y las obligaciones no están repartidas equitativamente entre los protegidos: la subordinación de los hijos a la dominación patena es temporal; dura hasta que ellos mismos pasan a convertirse en cabezas de familia. La subordinación de las hijas y esposas es de por vida.

La filósofa ecofeminista, Alicia H. Puleo (1995), distingue entre dos tipos de patriarcado: patriarcados de coerción, “los que estipulan por medio de leyes o normas consuetudinarias sancionadoras con la violencia aquello que está permitido y prohibido a las mujeres”, y los patriarcados de consentimiento, donde se da la igualdad formal ante la ley: “los occidentales contemporáneos que incitan los roles sexuales a través de imágenes atractivas y poderosos mitos vehiculizados en gran parte por los medios de comunicación”. Sobre los patriarcados de consentimiento recomiendo que vean este vídeo de otra gran filósofa feminista, Ana de Miguel Álvarez, no deja lugar a dudas.

Todo este entramado de poder masculino tiene consecuencias graves para las mujeres desde el mismo momento en que hacen, sienten o piensan de forma diferente a como establece su rol femenino y que como sabemos está incluso delimitado muchas veces por las layes de cada país (p. ej. lapidaciones por adulterio en patriarcados de coerción). Y es que un sistema basado en la desigualdad social entre los sexos, como cualquier otro sistema de dominación (p. ej. las sociedades esclavistas), sólo es sostenible a través de la violencia. Este tipo de violencia, que parte de una presunción elaborada en cada sociedad de cómo han de ser, pensar, sentir y hacer las personas de cada sexo, es la que conocemos como violencia de género, violencia machista, sexista o patriarcal. Una herramienta fundamental para que nadie absolutamente se salga del carril que la sociedad heteropatriarcal le asigna al nacer.

¿Cómo se transmite de generación en generación? Si han leído a Coral Herrera Gómez como les he invitado a hacer, verán que es con absoluta invisibilidad. Esto es, normalizando, biologizando o incluso genetizando –como dijo inocentemente el chiquillo de 12 años del programa de MasterChef junior- los roles asignados a cada sexo: “las chicas saben limpiar mejor genéticamente”, afirmó convencido.

Así que contestando a la pregunta sobre quién o quiénes se benefician de la violencia machista, es evidente que –les guste o no- son los hombres en general: tienen mejores oportunidades de acceder, mantenerse y promocionar en los empleos al no hacerse cargo de los cuidados, cobran más, ostentan mayores tasas de empleo incluso cuando son padres, llegan a la jubilación con pensiones dignas,  se autoexcluyen en sus mayoría de las responsabilidades domésticas porque en su rol no entra hacer cosas de mujeres, colocan a mayor nivel de importancia su derecho al tiempo libre que el de  sus parejas mujeres, etc.  Pero sobre todo, y para que no se me echen encima todos los señores que me leen, especificaré que quienes se benefician más son aquellos hombres que conocemos –y reconocemos- como “machos alfa” y que son los que están situados en los ámbitos del poder de la estructura social: en las familias poderosas, en las empresas, en la política, en la ciencia, en la economía, en e deporte, en los CFSE, en las confesiones religiosas…

¿Que también hay mujeres en esos lugares, como la Sra. Merkel, la Sra. Lagarde o la vecina del quinto? Claro. No hay mejores gestoras de una familia poderosa que las mujeres bien socializadas en el sistema patriarcal. Son quienes mejor entienden lo que necesitan los “machos alfa” de su familia, y actúan como pantalla protectora para distorsionar el hecho de que en realidad son ellos –los mercados- los que mandan.

Pues bien. Si hemos comprendido hasta aquí que los sistemas patriarcales son sistemas que utilizan la fuerza en todas sus modalidades para perpetuarse (violencias sutiles como los micromachismos, violencias visibles como los insultos o el inferior salario a igual trabajo, o bestialmente directas como los asesinatos de mujeres), no erraremos si clasificamos esta violencia como un tipo de terrorismo que pretende someter o supeditar a la mitad de la población a la voluntad de la otra mitad, para que acepte “el modelo de organización social basado en el poder de la figura del “pater”,  elevado a la categoría política y económica y generalizada a todos los ámbitos de actuación”. Las similitudes con el terrorismo, pues,  son muchas, no hay más que echar un vistazo a cómo lo define la RAE. Luego –a mi entender- la respuesta institucional –si es que interesa desmontar semejante, injusto y neardental sistema social- ha de ser la misma.

Porque la violencia de género no es sólo la que se da en el ámbito de las relaciones afectivas; la violencia de género es la que se ejerce contra las mujeres para someterlas a un patrón de conducta que es del interés del poder patriarcal. Es un poder que ejerce la violencia de forma sutil –simbólica- mostrando por ejemplo menor valor para las mujeres mediante su representación constante en todos los medios de comunicación como “cuerpos sexuados al servicio de…”. O asignándolas los trabajos más precarios y peor pagados porque el objetivo es que sientan que no compensan y vuelvan a sus casas a ocuparse gratis (por amor) de la reproducción y el cuidado de la sociedad (de su familia y del resto a través del voluntariado en cualquier ONG). O prohibiéndolas conducir cualquier cosa que tenga ruedas, como en Arabia Saudí, para asegurarse de que van donde “deben” y de paso tener un nicho de negocio masculino siempre en alza, el de taxista de mujeres (ver la película La bicicleta verde, es muy ilustrativa).

O la violencia sutil (sangrante aunque invisible) de las políticas públicas que siguen fomentando el reparto del trabajo en función del sexo: los hombres al asalariado y las mujeres al gratuito (p. ej. los desiguales permisos de maternidad y paternidad; la tributación conjunta que sigue premiando más tener una esposa sin trabajo que tener un bebé; la conciliación de la vida laboral y familiar enfocada sólo a las mujeres desde el momento en que no incentiva a los hombres a ejercerla; los pictogramas de los servicios de señoras que siguen representando la silueta “mujer + bebé” para indicar que los hombres no entran en ese trabajo de cambiar pañales y cuidar criaturas…, y miles de ejemplos más que podría poner.

Se utiliza la violencia contra las mujeres, las distintas formas de violencia, porque la sociedad patriarcal heteronormativa, capitalista- neoliberal en la que vivimos, NECESITA de su trabajo gratuito de reproducción y cuidados. NECESITA que su mano de obra esté atendida y asegurada gracias al trabajo gratuito de ellas. NECESITA de todo ese ingente trabajo que se hace en el ámbito de los hogares (comidas, compras, ropa, atención a menores, mayores, dependientes…) para seguir ganado dinero, pero sobre todo, para seguir acumulando PODER. “Poder sobre” el resto de seres vivos, sobre el planeta, no “poder para” cuidarlo y hacerlo sostenible. Es reinar para sí mismos. Los machos alfa de los mercados lo saben muy bien, porque básicamente dedican su vida a eso, a calcular de qué forma se gana más en ambos aspectos.

Así que si sientes que no eres de esos, que te han inculcado un rol que te hace infeliz porque deseas poder cuidar a tus hijas e hijos igual que puede su madre, si crees que este sistema es injusto para todas y también para todos los que no son “machos alfa”, si crees que es un sistema de involución no de evolución, si estás convencido como lo estamos nosotras de que hay que despatriarcalizar la sociedad, serás bienvenido el día 7 de noviembre. Te recibiremos como se recibe a quienes se reconocen iguales: con una sonrisa de complicidad y la esperanza de ser millones.

Dori Fernández Hernando es Graduada en Igualdad de Género por la URJC. Formadora y consultora freelance en igualdad de género, nuevas tecnologías y Prevención de Riesgos Laborales, colabora entre otras conSinGENEROdeDUDAS, CB., Comunidad de Conocimiento Profesional con Enfoque de Género. Actualmente participa en un proyecto formativo que lidera el Instituto Madrileño de Formación. Pertenece a la PPIINA y a la Asamblea de Mujeres de Córdoba Yerbabuena.

Desenfocada

Por Flor de Torres Flor de Torres + nueva

Desenfocada es estar sometida a perturbaciones continuas, a incertidumbre, angustia, al desconocimiento de prioridades. Es estar presa.

Enfocada es identificar prioridades, conductas, aptitudes que dirigen tu existencia con el único aliado de la libertad.

Enfocarse es vivir en libertad. Ser libre. Desenfocarse es dejarse arrastrar por la tormenta de la violencia de género.

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Y es que el tercio de la población aún sigue conviviendo y tolerando el control del agresor como forma de relación de pareja. Un 32,6% de hombres lo ve inevitable y un 29% de mujeres tolera la violencia de control en la mujer en determinadas circunstancias. Ello según la encuesta de la Universidad Autónoma de Madrid sobre el impacto de la percepción social de la violencia de género.

Parte de los encuestados legitiman así la situación de mujeres que están atrapadas por el terror ambiental, el miedo a vivir, el sometimiento, el ataque a la integridad moral, el chantaje emocional, la ira, la posesión, la manipulación del sentimiento, la coacción, la amenaza vedada, la injuria, la agresión moral y verbal. Mujeres que desenfocan el problema como víctimas sin verlo.

Estos encuestados, mujeres y hombres, toleran la violencia psicológica sin verla. La desenfocan porque no se materializa en la agresión del cuerpo pero sí en el alma, porque es la no visible. Y es que sin enfocar no se ve y no se siente. Se toleran como algo ‘inevitable’ o ‘justificable en determinadas circunstancias’ la violencia psicológica y los micromachismos. Pero es pura matemática: cuando la severidad de la manipulación no alcanza los resultados esperados, vendrá de forma inmediata la agresión física.

Esta tolerancia a la violencia de género invisible la desenfoca y nos impide ver la violencia psicológica en toda su extensión. Es irreconocible en esa parte de la población que aun siente que los celos y la propiedad son parte del amor y que ignoran la forma de amar en libertad: Sin posesión ni cosificación.

Por ello hay que enfocar bien la cuestión. Enfócate. Observa las conductas y comportamientos de control y dominio de “baja intensidad”, naturalizados, invisibilidades y legitimados que son realizados impunemente con o sin conciencia de ello. Su objetivo es el control, el poder, el aislamiento como actos previos a la violencia de género. Y esas legitimaciones son los micromachismos. Un concepto acuñado por el profesor Luis Bonino, Psicólogo, terapeuta y director del Centro de estudios de la Condición Masculina.

Los micromachismos hacen tolerables comportamientos que son auténticos obstáculos y resistencias a la igualdad de las mujeres en lo cotidiano por parte del futuro maltratador. Micro-machismos que surgen como previas formas de dominación ocultas incluso a las que lo padecen y son sus destinatarias: Las mujeres en el ámbito de la pareja y que derivaran en violencia de género. Es un poderoso predictor de ella.

Y así conviven con nosotros en el dia a dia sin dar la cara, tolerados y naturalizados. Para Bonino, los micromachismos utilitarios fuerzan la disponibilidad de la mujer de diversos aspectos ‘domésticos y cuidadores’ del comportamiento femenino tradicional, para aprovecharse de ellos. Se realizan especialmente en el ámbito de las responsabilidades domésticas, los micromachismos encubiertos, abusan de la confianza y credibilidad femenina ocultando su objetivo, los micromachismos en crisis fuerzan la permanencia en el statu quo desigualitario cuando éste se desequilibra, ya sea por aumento del poder personal de la mujer, o por disminución del varón precede a los micromachismos coercitivos que sirven para retener poder a través de utilizar la fuerza psicológica o moral.

Por ello tras un aislamiento doméstico, tolerado y de pareja encubriendo el objetivo de la dominación como forma ‘justificable’ e ‘inevitable’ como recoge la encuesta, se está transitando desde la ‘normalidad’ al micromachismo y de ahí como su antesala a la violencia de género. Y por el abuso de la desigualdad que lleva al estado de crisis al uso de la fuerza (psicológica o moral).

Observémoslo y no lo toleremos. Enfoquemos los micromachismos. Es el tránsito necesario para dejar de desenfocarlos. No consideremos el control como inevitable o justificado, sino simplemente nocivo, tóxico y predelictivo. Solo así tendremos el privilegio de pasar de las prisiones de la violencia de género y del micromachismo a un amor en libertad.

 

Flor de Torres Porras es Fiscal Delegada de violencia a la mujer y contra la discriminación sexual y de género en Andalucía.

Un gran género de comunicación

Por Belén de la Banda @bdelabanda

¿Somos las mujeres como dicen los medios que somos? Desde que, hace casi un año, lanzamos este blog, he tenido oportunidad de darle muchas vueltas a la realidad, los estereotipos, y volver de nuevo a la realidad de las mujeres, en nuestro país y en el mundo. Cada día tengo ocasión de leer muchas propuestas y aportaciones de mujeres que no se parecen en nada a lo que se ve en la tele, ni a lo que dicen los anuncios.

Hace poco más de una semana tuve la suerte de que me invitaran a participar en el encuentro Entre líneas: comunicando igualdad desde los medios de comunicaciónorganizado por Alianza por la Solidaridad en un agradable café librería del centro de Madrid. Estaban en la mesa las responsables de varios medios que cada día cuentan la realidad con enfoque de género (lo cual no debería ser una excepción, sino un indicador mínimo de calidad periodística). Compartimos una pequeña presentación de estos medios, sobre los que espero tener oportunidad de hablar más en otros momentos.

Ameco Press es un ejemplo de agencia de noticias pionera y resistente: con más o menos equipo, con mejor o peor financiación, luchando contra todas las adversidades, lleva muchos años sensibilizando a los medios a través de un servicio de gran calidad. Su directora, Cristina P. Fraga, nos hablaba de la larga trayectoria del periodismo desde los años 70 en España, y de las muchas dificultades que encuentran todavía para que algunos medios regionales reproduzcan las noticias respetando el lenguaje inclusivo, que permiten que las noticias se entiendan mejor.

Ana Requena nos presentó el jovencísimo blog micromachismos de eldiario.es, inspirado en el internacional everydaysexism, donde se pueden denunciar, comentar, compartir, todas esas costumbres y situaciones donde se tropieza una y otra vez con las actitudes patriarcales, sexistas, discriminatorias. Lo pequeño en este caso no es hermoso, y muchas veces ni siquiera es tan pequeño. La buena noticia de Ana es que micromachismos está entre los espacios más leídos de su medio, y creciendo.

Pikara Magazine es un medio ‘con conciencia social y optimista’ fundado en 2010 por cuatro periodistas, en el entorno de  una asociación sin ánimo de lucro. Andrea Momoitio, su subdirectora, hablaba de cómo en su trabajo incluyen necesariamente una perspectiva amplia, no sólo feminista sino LGTB. Pikara, que tiene edición digital y en papel, es una apuesta profesional pero también un proyecto de sociedad civil y civilizada.

Fue muy interesante la presencia de Lourdes Sandoval, de la asociación de comunicadores sociales Calandria, de Perú. No sólo a través de estudios sino también de proyectos comunitarios y de formación, Calandria trata de transformar la visión de de los profesionales de medios de comunicación en determinadas zonas para que informen de manera más igualitaria.

Éstos, y otros: son muchos los ejemplos que muestran que, también en comunicación, las cosas se pueden y se deben hacer mejor. Y mejor quiere decir de forma más igualitaria. Con propuestas como éstas, tenemos mucho donde aprender y compartir. Éste también es nuestro compromiso.

Andrea Momoitio (Pikara Magazine), Ana Requena (Micromachismos, eldiario.es), Belén de la Banda (Más de la mitad, 20 minutos), Cristina P. Fraga (Ameco Press) y Lourdes Sandoval (Calandria, Perú)

Andrea Momoitio (Pikara Magazine), Ana Requena (Micromachismos, eldiario.es), Belén de la Banda (Más de la mitad, 20 minutos), Cristina P. Fraga (Ameco Press) y Lourdes Sandoval (Calandria, Perú). Imagen: Alianza por la Solidaridad.

Hay muchas experiencias comunes y diversas entre estos medios, que merecía la pena compartir: cuánto cuesta cambiar la imagen estereotipada de las mujeres, cuánto cuesta visibilizar determinados temas, por qué se ve a las mujeres como un nicho de negocio o una minoría cuando no lo somos… Muy interesantes debates, que compartimos con las mujeres y hombres que estaban allí, y que compartiremos aún más a través de todos estos medios.

 

Belén de la Banda es periodista y trabaja en Oxfam Intermón