Soy todo lo que odias

Por Ana Gómez Pérez-Nievas

Ana Gómez Pérez-Nievas, periodista en Amnistía Internacional España

“A veces tu existencia es un problema, simplemente por ser mujer”, explicaba Nurcan Baysal, activista y periodista kurda. En el Día Internacional de las Defensoras de Derechos Humanos, recordamos a quienes son atacadas no solo por lo que hacen en su lucha contra las injusticias, sino también por quienes son.

La periodista kurda Nurcan Baysal / AI

Hace 70 años se firmó en París la Declaración Universal de Derechos Humanos. Gracias a la activista Hansa Mehta, el conjunto de estos 30 artículos de referencia mundial buscaba la protección de “los seres humanos”, no solo del “hombre”. Hacía bien Mehta en especificar esa referencia: 70 años después, la mitad de la población sufre violencia y discriminación por su condición de género. También en la capital francesa se adoptó hace dos décadas la Declaración de la ONU sobre defensores/as de derechos humanos. Y también son las mujeres defensoras las se siguen llevando la peor parte: no solo son hostigadas por su lucha contra el racismo, la represión y la discriminación, sino, además, por ser mujeres, un factor de riesgo que no sufren los hombres.

“Comencé a trabajar de manera voluntaria para los campos de personas yazidíes en Iraq y Turquía. Ahí escuché las terribles historias que habían vivido las mujeres y decidí que había que informar al público de esas experiencias y elevar sus voces. Si están vendiendo a mujeres cerca de ti no puedes simplemente cerrar los ojos”, explica la periodista Nurcan Baysal. Tras más de 20 años de activismo en favor de las minorías, se enfrenta a dos procesos judiciales por criticar las actuaciones turcas en territorio kurdo y sirio, tanto en sus artículos como en redes sociales: “De los tuits que publiqué el que más impacto tuvo no era de los que criticaban directamente la deplorable operación turca en Afrin (Siria), sino uno que decía: `Sí, soy mujer, soy yazidí, soy armenia, soy judía, soy árabe, soy kurda, soy gitana, soy LGBTI, soy todo lo que odias. Se lo tomaron de forma literal, respondían: `¿Ves? ¡Es todo menos turca!`”, ironiza.

El otro proceso judicial que le queda pendiente también le sorprendió. “He criticado al régimen turco muchas veces, pero no fue hasta que describí lo que vi cuando entré en las casas donde se alojaban los soldados turcos el día después de que se levantara el toque de queda en Cizre, Turquía, en 2016, que llegaron las amenazas: zorra, qué escribes, decían, nuestros hijos están luchando ahí”. El revuelo, explica, se montó porque, entre otras cosas, narraba cómo había condones usados por todas partes, y eso mostraba la magnitud de las barbaridades que habían cometido las fuerzas turcas. “Otros periodistas lo vieron, pero decidieron no escribirlo”, lamenta.

Defender los derechos humanos en cualquier parte del mundo tiene doble riesgo si eres mujer. Determinadas violaciones de derechos humanos, como la agresión sexual o violación, los ataques a menores o la violencia dentro del ámbito doméstico se infligen de manera específica contra las mujeres. En países donde la desigualdad de género es más visible, las defensoras de derechos humanos también pueden ser sometidas a otras violaciones tales como las restricciones a la libertad de movimiento, o la negación de determinados derechos como la libertad de reunión o participación política. Asimismo, las leyes y prácticas discriminatorias (incluidas las dictadas por preceptos o influencia religiosa) a menudo hacen uso de ideas sexistas para restringir derechos de las mujeres, algo que por supuesto determina la manera en que las mujeres pueden participar en su activismo. También otras personas, como el colectivo LGBTI puede sufrir este tipo de violencia basada en el género o en la forma de que una persona tiene de percibirlo.

Cuando Isabel (nombre ficticio), trabajadora sexual de Niterói, ciudad del estado de Río de Janeiro, Brasil, denunció públicamente la violencia, incluido el uso de la violación, la extorsión policial, el hostigamiento y el desalojo forzoso contra trabajadoras sexuales en junio de 2014, no se imaginaba lo que pasaría dos semanas más tarde. Cuatro hombres le obligaron a subir a un automóvil y le hicieron cortes en los brazos con una cuchilla de afeitar, le mostraron fotografías de su hijo entrando en la escuela y le ordenaron que dejara de hacer acusaciones contra la policía y de hablar con periodistas.

Soni Sori había denunciado abusos cometidos tanto por las fuerzas de seguridad como por grupos armados maoístas en Chhattisgarh, India, cuando fue atacada, en febrero de 2016, por tres hombres no identificados que le arrojaron a la cara una sustancia química que la dejó ciega temporalmente.

Khadija Ismayilova, periodista de investigación en Azerbaiyán detenida arbitrariamente durante más de ocho meses entre 2015 y 2016, fue consciente de manera especial en 2012 de la doble discriminación a la que se enfrentaba por su condición de género, además de por sus críticas al gobierno. Junto con una nota de amenaza en la que le aseguraban que pasaría “vergüenza” si no dejaba su trabajo, le hicieron llegar unas capturas de pantalla de un vídeo que mostraba escenas de su vida privada filmadas en su apartamento con cámaras ocultas introducidas su domicilio. También tuvo que soportar cómo se publicaban artículos de prensa en los que se culpaba a “su madre del vergonzoso estilo de vida de su hija” y se afirma que Khadija y su hermana habían aparecido en películas pornográficas.

La detención, en diciembre de 2014, y condena de hasta 13 años de prisión (aunque finalmente fue liberada dos años después) de Atena Farghadani, por hacer un dibujo satírico contra un proyecto de ley que restringía los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres en Irán, no fue la única de las atrocidades cometidas contra esta dibujante. En 2015, tras estrechar la mano de su abogado, fue acusada formalmente de “relaciones sexuales ilegítimas no constitutivas de adulterio” y fue obligada a someterse a una “prueba de virginidad y embarazo”.

En El Salvador, las activistas que hacen campaña por los derechos sexuales y reproductivos han sido acusadas públicamente en la prensa de ser “grupos pro-muerte”, “capaces de multiplicar la sangre que ya corre como ríos en nuestra patria” y de estar “instrumentalizando a mujeres en vulnerabilidad”.

Al leer todas estas historias seguidas se comprende mejor por qué hablamos de género cuando queremos decir peligro, muerte, ataque, amenaza. De hecho, las técnicas de difamación e intimidación fueron generalmente más utilizadas contra las defensoras que contra sus homólogos masculinos y, a menudo, contienen una dimensión de género: el 23% de los llamados urgentes emitidos por Front Line Defenders en 2017 estuvieron relacionados con amenazas o intimidación a las defensoras por su trabajo, en comparación con el 10% de sus contrapartes masculinos. En algunos casos se trataba de amenazas de violencia sexual, como el caso de Siti Kasim, defensora de derechos humanos y abogada de Malasia, que recibió amenazas online de violación, muerte y agresión con ácido a raíz de unos comentarios que hizo en defensa de los derechos LGBTI.

Y es que ni si quiera en sus círculos más íntimos las defensoras de derechos humanos están a salvo. Un informe de la Iniciativa Mesoamericana de Mujeres Defensoras determinó que en 2014 al menos un 6% de los ataques contra defensoras fueron perpetrados “desde dentro del círculo inmediato de la defensora”, mayormente por familiares y colegas varones.

Amnistía Internacional tiene en marcha la campaña Valiente, para detener la ola de ataques y  acompañar a quienes alzan la voz contra las injusticias, también a todas esas mujeres que a menudo se enfrentan a mayores peligros que sus compañeros. Porque no podemos permitir que ante la pregunta “¿Era tu madre más valiente que el resto?”, a Matthew Caruana, hijo de la periodista de investigación, Daphne Caruana, asesinada en Malta el año pasado tras revelar diversos casos de corrupción, él responda: “Quizá solo estaba más sola”.

Ana Gómez Pérez-Nievas es periodista en Amnistía Internacional España

 

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