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El tiempo de las mujeres árabes es hoy ‘la diversidad’

Rosa M. Tristán Rosa Tristán

“Ramika es rapera en Afganistán, todo un desafío a la convenciones de una sociedad misógina tan ultraconservadora. Su última canción, Doghtar Afghan (chica afgana), denuncia la situación de las mujeres en ese país que intenta salir adelante después de tres décadas largas de conflictos”. La frase pertenece al libro El tiempo de las mujeres: crónicas asiáticas, que la periodista y escritora Ángeles Espinosa acaba de publicar en la editorial /La Línea del Horizonte y que nos acerca a ese mundo femenino que desde una orilla cubrimos tan a menudo con el velo de los tópicos.

Imagen de Harits Mustya Pratama (unsplash)

Ramika es rapera, la iraní Nidal Naser es juez en la ciudad de Nayaf y la yemení Tawakul Kerman logró Premio Nobel de la Paz. Son mujeres, explica Espinosa, que pueden o no llevar cubierta su cabeza, pero que van dando pasos hacia adelante, con el reto que supone no sólo luchar contra estructuras religiosas, políticas o legales, sino con lo más cercano, la familia.

La obra de Ángeles Espinosa nos lleva de viaje por una docena de países a lo largo de un centenar de las crónicas que ha publicado como corresponsal de El País en el mundo árabe a lo largo de los años. La selección nos revela las conquistas de las mujeres, algunos nombramientos en cargos públicos y también los muchos retos por cumplir, los miedos, el sufrimiento, los retrocesos cuando soñaban con una liberación que llega lenta. “Es sobre todo diversidad”, explica la autora. “Y hay que mirarlas así, rompiendo con la única idea de que el velo es un reflejo de atraso porque eso nos impide ver lo que hay debajo, que es diversidad”, asegura.

Entre sus páginas redescubrimos la historia de la paquistáni Zafran Bibi, a quien un tribunal islámico condenó a morir lapidada por un embarazo que se sospechó extramatrimonial, sentencia que finalmente fue sobreseída, pero sin cuestionar las leyes e instituciones que siguen dictando tamaños fallos judiciales. O de Farwa, del mismo país, a la que conoció cuando con 14 años iba a ser casada, aunque la ley del país, de forma literal, prohíbe las uniones matrimoniales antes de los 16 años. Pero también nos encontramos con Moujan Mohammead Taher, actriz y directora iraní que difundió dos vídeos con sus torso desnudo, al estilo Femem, para denunciar la opresión de sus conciudadanas, y que tuvo que refugiarse en Alemania. Pero no se calló.

En la presentación en Madrid, hace escasos días, la autora recordaba su primer viaje a Arabia Saudí como periodista, el impacto que tuvo, con apenas 22 años, al ver a las mujeres tapadas de pies a cabeza, todas en negro. “Me preguntaba cómo era posible que no organizaran una revolución, pero luego me hicieron ver que para ellas el burka o el velo era menos importante que poder estudiar y trabajar, que había que ir más allá y que incluso entre ellas hay posiciones muy diferentes sobre este tema”, recordaba.

Como explicó la editora, Pilar Rubio Remiro, a lo largo de los años Ángeles Espinosa nos ha ido proporcionando un goteo de historias que en realidad son un río en el que ver reflejada una sociedad mucho más compleja de lo que, en general, imaginamos en torno a la igualdad de género.

Ellas son protagonistas activas y muchas, sobre todo las jóvenes, no viven ajenas a lo que ocurre en el resto del mundo gracias, sobre todo, a las redes sociales. Ahí está, como destacó la autora en la presentación, el incipiente movimiento #MosqueMeToo, una réplica de la campaña contra el acoso sexual de las actrices ‘holywoodenses’ con la que han visibilizado que este acoso también existe entre los hombres religiosos que van a la mezquita o a la peregrinación a La Meca.

Al compromiso con todas ellas que narra en El tiempo de las mujeres, la autora ha querido sumar el apoyo a los millones de mujeres sirias que a su secundario papel en la vida árabe añaden el exilio de la guerra, el abandono y la destrucción de sus hogares y sus familias, la violencia que genera desde hace casi siete largos años la guerra en su país. Y lo ha hecho cediendo los derechos de autor que le corresponden a la ONG Alianza por la Solidaridad, que mantiene varios centros en Jordania por los que pasan miles de mujeres cada año para recibir atención médica, pero también para protegerse de las agresiones que reciben en su entorno. Mujeres que cada vez, al igual que ocurre con las que ella retrata, se casan más jóvenes. Mujeres que son encerradas en casa, pero no se resignan. Mujeres que son agredidas por sus maridos y lo superan. Y también mujeres que se organizan, que se convierten en la fuente de ingresos de la familia con sus trabajos y, en definitiva, que avanzan por delante de las estructuras de poder, en muchos casos familiar, en las que están inmersas. Son anónimas, pero en ellas se detecta la misma fuerza que, lentamente, les permite avanzar hacia una mayor libertad.

Ángeles Espinosa, con tres décadas de estancia como corresponsal en diferentes países de la zona (Irak, Irán, Egipto, Líbano y, ahora, Arabia Saudí) nos permite quitarles ese ‘velo’ de la uniformidad bajo el que, muchas veces sin conciencia de ello, las escondemos.

Rosa Martín Tristán es responsable de prensa de Alianza por la Solidaridad

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