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Archivo de febrero, 2018

Amor de madre, amor de Juana

Por Nuria Coronado

Hay besos, abrazos y caricias que cuando no se pueden dar a quien se quiere quedan guardados en el cajón del corazón. Allí, calentitos y mecidos al ritmo del latido del amor más puro y desinteresado, se dibujan aún más grandes, más fuertes y más profundos a la espera del momento precioso de ser dados a su destinatario.

De esos besos arrojados al aire, de esos abrazos lanzados al sol, de esas caricias bellas y tiernas que acarician a quien ha de recibirlas tiene a raudales infinitos Juana Rivas. Ella cada día los colecciona en montoncitos, los toca y los mira con su alma para soportar mejor la soledad y la tristeza de no poder abrazar, educar y cuidar a Daniel y Gabriel.

Es su manera de seguir adelante, de no desistir, de no decaer, de continuar al frente de su dignidad y la de tantas mujeres que como ella levantan la pancarta valiente y justa de “¡no sin mis hijos!”. Ella no mengua en cumplir su sueño y volver a estar con ellos. Ella pelea por una vida en paz. Ella pone en jaque a un sistema que en lugar del amor siembra odio a quien nace mujer. Ella hace la guerra a los poderosos, a los opresores, a los maltratadores, a los cómplices que se amparan en leyes para querer anularla, a los que se atreven a juzgar el dolor desconocido de una mujer maltratada. Ella, como Juana de Arco, empuña la espada de su amor de madre y se arroja a los leones y las hienas que la rodean con la sonrisa y la esperanza. Ella les gana por goleada por más que los otros se crean vencedores porque su razón es la que habita en el corazón.

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Mi lista de mujeres escritoras

Por Raquel Moraleja

Querido señor Javier Marías,

Me pide una buena amiga que le recomiende algunas escritoras, de ayer y de hoy, cuyas dotes literarias las hagan merecedoras de formar parte de su famosa biblioteca, esa de la que dicen todos los periodistas culturales –una y otra vez después de cada entrevista después de cada nuevo libro- que cohabita con un fax y un Nokia de los que no reciben Wifi. Puede que ya las haya leído a todas. Puede que las páginas de sus libros estén gastadas de tantas veces que ha vuelto a sus voces. En ese caso, esta breve carta sólo servirá para refrescarle la memoria a todos los “Angry Old Men” de su generación que, habiendo leído a muchas grandes escritoras –porque lo han hecho, porque, obviamente, son muy cultos-, sufren pérdidas de memoria momentáneas cuando han de enumerar las listas de los mejores escritores sobre la faz de la Tierra. Curioso que más de la mitad de la población que habita dicho Planeta, por mucho que se esfuerce, se reduzca a un apéndice al final del capítulo donde se habla de señores listísimos como usted.

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Víctimas de violencia de género: revictimizadas por el propio sistema

Por Yolanda Besteiro de la Fuente

Las víctimas de la violencia de género son revictimizadas por los operadores jurídicos de nuestro país, se sienten solas y desprotegidas.  No es algo nuevo, pero sí cada vez más grave y preocupante.

El mensaje que se transmite desde las instituciones, los medios de comunicación y la sociedad en general es que existe un rechazo general a la violencia de género, así como que concurre un  sistema judicial e institucional de protección al que pueden acudir las mujeres maltratadas. Se las hace creer que ellas solo tienen que tomar la  decisión de denunciar porque para el resto, hay un sistema que la está esperando para protegerla, apoyarla y acompañarla.

La mujer que sufre violencia de género tiene reconocido el derecho a asistencia jurídica gratuita, inmediata y especializada desde el mismo momento en que va a presentar la denuncia. Esto significa que tiene derecho a solicitar un abogado o abogada de oficio y esperar a que se traslade a la comisaría o cuartel para poder hablar con quien va a representarla en el procedimiento y presentar la denuncia, asesorada y acompañada.

La primera sorpresa viene con la acogida en ese lugar de denuncia. El profesional que le toque, que debería tener formación especializada en esta materia, le preguntará qué ha pasado y la mujer le contará que su pareja, novio, marido o expareja le ha amenazado con acabar con ella, matarla, destrozarle la vida, que le ha pegado una o mil veces mientras le llamaba de todo… Entonces puede ocurrir que ese o esa profesional considere que también tiene algo que opinar: “eso no se puede denunciar porque no hay pruebas, no es para tanto, al final ha sido una discusión y si denuncias le vamos a detener y tú no quieres eso, yo te recojo la denuncia pero esto no va a servir para nada…”.

Si la mujer supera este primer momento, que muchas  no lo hacen y deciden irse, pasamos a la siguiente fase: piden una  abogada/o de oficio y manifiestan que prefieren esperar a que llegue para presentar la denuncia. Ante la solicitud, comienza la segunda resistencia: se le informa que tiene derecho a pedirlo pero se insiste en que su representante legal va a tardar en llegar y que ella puede presentar la denuncia igual. Se le indica que en la comparecencia en el juzgado sí estará representada por su abogado o abogada. Es muy posible que ante esta segunda resistencia, que tiene parte de realidad, ya que  es verdad que su representante legal pueda tardar en llegar unas horas a la comisaría, la mujer presente la denuncia sola con escaso o ningún tipo de asesoramiento especializado y por tanto con poquísimo conocimiento de lo que va a pasar a partir de ese momento. El deseable acompañamiento profesional y emocional puede brillar por su ausencia.

La llegada al juzgado tampoco va a ser fácil. Si no ha conocido al abogado o abogada en la comisaría, muy poco tiempo antes se conocerán y le preguntará sobre los hechos que puede que hayan sucedido a lo largo de toda una vida. Además, la mujer tendrá miedo a encontrarse con su maltratador. Y, en el mejor de los casos, le informarán de que hay una sala donde estará separada durante la espera y que durante la declaración existe la posibilidad de colocar un biombo para evitar que se vean, como si esa medida fuera a tranquilizarla. Sin embargo, puede que al acceder a dicho lugar se encuentre con la familia de él que le pedirá que no declare, que retire la denuncia o la presionarán de cualquier otra manera.

Durante la comparecencia, el juez le preguntará sobre lo denunciado, no antes recordándole que  puede acogerse al derecho a no declarar. En caso de hacerlo, la mujer tratará de explicar los hechos  violentos que hayan sucedido en diferentes momentos y el Juez o Jueza le cortará para que relate únicamente los hechos que se hayan recogido en la denuncia, que “vaya al grano”. Le harán preguntas intentando buscar contradicciones, le cuestionarán por el hecho de tener una formación determinada y haber aguantado esas situaciones, le preguntarán por qué no denunció antes, se le presionará hasta que la mujer se derrumbe porque en caso contrario parece que la mujer no es víctima.

El agresor negará los hechos o la acusará a ella de maltratarle a él, la mujer escuchará la declaración de cómo su maltratador miente sobre lo sucedido sin temor a que pueda sucederle algo porque no tiene la obligación, a diferencia de ella, de decir la verdad. Ella, en el peor de los casos, puede salir de allí como imputada. El caso de Isabel López es solo un ejemplo de esto que cuento.

Y tras unos días de horror, se encontrará en la puerta del juzgado sin ningún tipo de explicación de lo que ha pasado. Además, puede ocurrir que su representante legal tuviera mucha prisa para marcharse a otro juicio y, en ese momento, si no ha pasado antes,  se arrepentirá de haber denunciado.

Bajo mi punto de vista, los problemas fundamentales ante esta situación son la falta de formación de los operadores jurídicos sobre lo que es realmente la violencia de género, lo que conlleva una alarmante falta de comprensión y empatía con las víctimas, a lo que se suma una ineficaz vía de reclamación de responsabilidad de los agentes que participan de este engranaje. No tiene ninguna consecuencia cuestionar, valorar, negarte a recoger la denuncia, no informar correctamente de los derechos a las mujeres… y así un suma sigue. La mujer víctima de violencia de género no puede enfrentarse al maltratador y además a un duro y cuestionador sistema judicial que duda constantemente de su palabra.

 

Yolanda Besteiro de la Fuente es Presidenta de la Federación de Mujeres Progresistas

¡ Por el buen trato ! Concurso de propuestas innovadoras

Por Nieves Lara

Avanza sin parar… Chantajes, desprecios, acoso, violencia sexual, manipulación, agresiones físicas… Y solo nos llega una parte, solo inunda nuestros telediarios una parte. Una parte mínima de un todo que compone la lacra de la Violencia de Género.

A finales del año pasado, sabíamos que más de 1 de cada 4 jóvenes (entre 15 y 29 años) ve como “normal” la violencia machista dentro del seno de una pareja (Barómetro 2017 de ProyectoScopio, Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y FAD) y descubríamos la escalofriante cifra de 1000 mujeres asesinadas en los últimos 15 años.

La Violencia de Género se asienta en un sistema que nos divide y nos obliga a encajar en unos moldes según nuestro sexo. Con él, la libertad y el derecho de poder ser quien queramos ser desaparecen… Nos toca a todas y todos, y por eso, debemos detenerlo.

La violencia no sólo afecta a las mujeres, sino a toda la sociedad. Imagen de TrasTando.

Cada vez son más las herramientas con las que contamos para sensibilizar y trabajar esta violencia con los/as adolescentes pero necesitamos seguir avanzando, poniendo cada vez más baches en ese horrible camino que dibuja la violencia machista. “Pero eso cuesta mucho, profe”, me decía un chico en un taller de los que imparto. ¡Y así es! Cuesta, duele y el esfuerzo será enorme pero cada uno/a de nosotros/as podemos aportar nuestro granito y transmitir la esencia del amor: ¡el amor NO duele, el amor NO resta, el amor SUMA!

Por todo esto y más, ponemos en marcha el I Concurso de Propuestas Innovadoras por el Buen Trato en la Fundación Luz Casanova. Porque sabemos que somos muchas personas las que podemos alzar la voz y gritar contra esta violencia.

¿En qué consiste el concurso? Vídeos, imágenes, canciones, merchandising… todo lo que se te ocurra para sensibilizar a nuestra población adolescente sobre las relaciones de pareja que establecen, poniendo el foco en las alternativas positivas frente a una relación tóxica.

Podrás mandar tus obras hasta las 00:00h del día 10 de febrero y a finales de febrero anunciaremos la propuesta ganadora. La entrega de premios se hará en nuestras Jornadas de Buenas Prácticas y Propuestas Innovadoras contra la Violencia de Género en Adolescentes del 28 de febrero.

Si eres estudiante de Formación Profesional o Universitario/a de la Comunidad de Madrid, ¡no dudes en participar!    Consulta las bases del concurso

Nieves Lara es Psicóloga, Sexóloga y Experta en violencia de género y menores, de la Fundación Luz Casanova

 

 

Mutilación : Camino hacia la liberación

Por Antía Davila

La mutilación genital femenina es el término que se utiliza para designar la acción de alterar o lesionar los órganos genitales femeninos, pero lo que realmente cuenta son historias de miedo, humillación y violencia que millones de personas tienen que vivir por el hecho de ser mujeres.

Esta abominable práctica todavía es mayoritaria en un gran número de regiones y países del mundo. Entre 120 y 140 millones de mujeres y niñas han sido mutiladas, de las cuales 92 millones viven en países africanos como Guinea, Burkina Faso, Kenia o Egipto, y 44 millones eran menores de 14 años en el momento de la mutilación. Cada año hay 3 millones de niñas y mujeres en riesgo de ser sometidas a este procedimiento y, aunque no se pueda considerar un fenómeno común en nuestro continente, en Europa, cada año, 180.000 mujeres también están expuestas a este peligro.

La tradición se perpetúa por sus funciones sociales: control de la sexualidad y la virginidad de las mujeres o rito de iniciación a la edad adulta o al matrimonio. Las creencias religiosas se aluden como pretextos, aunque en la realidad ninguna creencia la prescribe.

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Mutilación genital femenina: Cortar a una niña, cortar su vida

Por Elena Cornellana

“Cuando cortas a una niña es como si cortaras una parte de su lengua para siempre.”

De esta manera tan simbólica explica Dialla cómo se sienten las mujeres que han pasado por la mutilación genital femenina.  Son tantas las consecuencias físicas y emocionales que, según ella, “no se pueden explicar”.

“De hecho, el reto es que lo expliquen, que verbalicen cómo se sienten, porque la mutilación es un tema tabú que conlleva silencio, tristeza, un largo sufrimiento y la resignación”, continúa.

Dialla Diarra, de 42 años, sabe de lo que habla. Nació en Damina, en Mali y fue mutilada cuando tan solo tenía una semana de vida. Esta práctica se consideraba “normal” en su entorno y nunca se había cuestionado. De hecho, de niña acompañaba a su abuela a practicarla, ya que formaba parte del grupo de mutiladoras de su comunidad. Hasta que llegó a Banyoles, Girona, hace ya 25 años, y descubrió que no todas las mujeres del mundo estaban mutiladas. Creía que había nacido así.

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Un precioso campo de nabos feminista

Por Marta Hernández

El sábado, al definir la gala de los premios Goya, Leticia Dolera con solo 6 palabras, “un campo de nabos feminista precioso” dio voz a todas las mujeres de la industria del cine que miraban perplejas como la misma Academia que dice estar comprometida con la lucha por la desigualdad de género, impedía repartir abanicos rojos a las representantes de CIMA (Asociación de mujeres del audiovisual) en la entrada del photocall. La misma Academia que una vez más colocó en el papel de presentadores a, no uno, sino dos cómicos españoles.

Leticia Dolera en la gala de los Goya. JAVIER LIZÓN / EFE

Soy joven y no voy a irme muy hacia atrás, pero parece que cuatro años consecutivos con representantes masculinos no es una forma muy comprometida de luchar por la “desigualdad de género”. No se preocupen, señores del cine, a las mujeres de mi edad ya nos ha quedado claro que entre tanto “campo de nabos” solo se puede destacar con un vestido bonito y unos tacones de mujer florero. En el cine, y como hemos podido observar estas últimas semanas, en el mundo de la música y la televisión.

Nuestro querido OT nos ha traído muchas emociones y algunos intentos de descubrir la diversidad afectivo-sexual, algunos de ellos con modelos masculinos o estereotipados, pero se reconoce un esfuerzo por mostrar diferentes orientaciones sexuales e identidades de género. Por otro lado, también nos ha brindado ejemplos, algunos más o menos sutiles, del machismo que perdura en nuestra sociedad. Desde la elección del jurado y sus guiños sexualizados a unos y otras concursantes, a la más que evidente e injusta valoración de éstos según su sexo. Pues sí, a mí me gustaría haber visto a alguno de los triunfitos masculinos bailar encima de unos tacones con un vestido que apenas tapa los pechos, intentando no parecer inseguro cuando uno de los tirantes se cae, o unos chicos le lanzan en volandas cual trozo de venado sagrado. Sutilezas, amigos, pequeños detalles casi imperceptibles a los que estamos acostumbradas. Casi tanto como a que en los pases de micro nos enfoquen las piernas de las concursantes, su trasero o el cabello cayendo sensualmente por el cuello. Y si no estás dispuesta a cantar letras diciendo que “pa’ mala yo” o a actuar en camisón, ya sabes dónde queda la puerta. Lo siento, si pensabais que nos ibais a convencer poniendo de vez en cuando algún pantalón, entonces no habéis entendido nada.

Querido ministro de cultura, de educación, de sanidad, querida sociedad. La violencia de género y la lucha por la igualdad no es poner carteles ni hacer spots publicitarios. La lucha por la equidad es dejar de vernos como trozos de carne y empezar a pensar que somos profesionales igual de competentes que no necesitamos que nos adornen con un lazo de vestidos, miradas lascivas y tacones para poder trabajar.

En el mundo del cine, la música, la televisión y en nuestras propias casas, a pesar de tanto nabo siguen creciendo flores, lechugas y zarzas, todas distintas, pero todas orgullosas de ser plantas. The show must go on; el machismo, no.

Marta Hernández es psicóloga, futbolista y autora del blog Ríe sin miedo

Las mujeres libanesas desafían su invisibilidad : la historia de Sarah

Por Francesca El Asmar

Quienes nos criamos en el Líbano hemos oído una infinidad de anécdotas sobre la guerra civil: historias de bandos enfrentados, de homicidios, de caudillos devenidos en líderes políticos. También hemos oído historias sobre las jóvenes libanesas que vestían los uniformes de la milicia, portaban armas y estaban al pie de la lucha. Sin embargo, nunca se habló de ellas en las clases de historia, en los libros ni en las interpretaciones sobre la guerra. Es por eso que me decidí a investigar a esas mujeres, dado que sus experiencias se han despolitizado e invisibilizado. La investigación se centra en las experiencias, las percepciones y la interpretación de su propia historia, bajo el argumento de que es imposible comprender adecuadamente la guerra civil libanesa sin reconocer su  dinámica de género.

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