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Esclavitud oculta

Por Silvia Carrizo

El principio organizacional de Europa basado en el respeto a la dignidad humana, libertad e igualdad que sustentan el ideario de la Unión Europea están muy lejos de ser tangibles cuando hablamos de comunidades extranjeras y de relaciones laborales. En estos ámbitos son palpables y permean vestigios de racismo y clasismo históricos que afectan directamente la vida de miles de personas.

La sociedad vasca y española tiene asumido que para que funcione su “Estado de Bienestar “ (o mejor dicho, su modo de vida personal) necesita tener disponibles un ejército de mujeres sin derecho, que puedan esclavizar. Y esas mujeres no son cualquiera. Son mujeres pobres e inmigrantes. El ejemplo más claro se encuentra en las condiciones laborales que son resabio de la esclavitud del siglo XIX, como es el trabajo de interna: 24 horas 365 días, sin ningún derecho laboral, por salarios que apenas alcanzan el Salario Interprofesional. Una realidad que no supone a nivel de estructuras de gobierno ningún cuestionamiento político, moral ni ético.

Foto: Pablo Tosco/Oxfam Intermón

Las condiciones de vida de miles y miles de mujeres (¡10.000 solo en el País Vasco ¡), coaccionadas por el trabajo es una interpelación directa a los principios del Estado de Derecho. Es, pero no solo al Estado, también al feminismo autóctono que en su lucha por visibilizar los trabajos de cuidados, darle la centralidad que tiene para la sostenibilidad de la vida, poner en el primer plano del rol de las mujeres en ese espacio de reproducción históricamente desvalorizado, asumen una universalidad de género que oculta las desigualdades que viven las mujeres extranjeras en esta sociedad.

En este sentido es preciso asumir que no es posible sostener una sociedad de la igualdad, la corresponsabilidad, la conciliación de la vida familiar y laboral mientras existan mujeres privadas de la libertad, por su sola condición de ser mujer, pobre y extranjera. Cualquier precepto político que se desarrolle sin tener en cuenta esta situación nunca será un proyecto libertario, feminista, ni transformador.

Las preguntas son simples: ¿es posible imaginar nuestra propia vida sin libertad? ¿Podemos imaginar que nuestra vida se desarrolle en un tercer grado de vigilancia permanente? Podemos imaginar qué supone para una mujer adulta vivir pidiendo permiso, para entrar, salir, comer o vivir sin disponer del propio tiempo. ¿Cómo es posible que una sociedad que busca ser igualitaria y libre de violencias no ponga la lupa sobre la situación de decenas de miles de mujeres que carecen de derechos fundamentales, como es el derecho a la libertad, y desarrollar una vida en familia?

Las mujeres inmigrantes en el siglo XXI, herederas del siglo de la “feminización de la pobreza” son en la sociedad la variable de ajuste del “estado de bienestar” y de las políticas de “conciliación de la vida familiar y laboral”, ya que son las grandes ausentes en el diseño de políticas públicas, atención de los derechos laborales y control de los servicios de cuidados. No se puede hablar de calidad en los cuidados, cuando ese trabajo lo prestan mujeres semi-esclavizadas.

Desde la Asociación Malen Etxea de Mujeres Inmigrantes, invitamos a las fuerzas políticas, agentes sociales y al movimiento feminista a abrir un debate profundo y transformador de la nuestra sociedad para que la igualdad de derechos y desarrollar una vida que merezca la pena ser vivida sea una oportunidad para todas y no el privilegio de unas pocas. Eso sí sería transformar la realidad: derechos iguales para todas.

Silvia Carrizo, asociación Malen Etxea de mujeres inmigrantes (País Vasco)

Esta entrada ha sido publicada en el marco del lanzamiento del nuevo informe sobre la precariedad laboral y la desigualdad salarial en España de Oxfam Intermón.

 

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser somos iguales sin distinción de género

    Ha habido machismo y feminismo.
    Tal vez se el momento de hablar del igualismo. El ver a una mujer como esclava o inferior, como ser sin derechos iguales al hombre, es una prueba más del fracaso cultural evolutivo humano.
    Somos iguales, sin distinción de sexo. Y si el sexo es el problema, pues se educa de un modo más sano, meos censurado para que se entiendan bien las diversidades y las diferencias y no se mezclen todas las cosas en un barro de visceralidad e histeria irracional.

    26 enero 2018 | 12:07

  2. Dice ser Julian Martinez

    Tal como están las cosas sociales en respetos humanos, el sistema capital esta cavando su tumba porque los adelantos tecnológicos los esta empleando descaradamente creando un esclavo sin precedentes y a la vez, fomentando mucha corrupción en general para que nadie se entienda.

    Esto terminara muy mal para toda a sociedad en general y sin precedentes. El Imperio Romano, ante tanta corrupción el pueblo lo predio fuego..,

    28 enero 2018 | 03:09

  3. Dice ser Julian Martinez

    Tal como están las cosas sociales en respetos humanos, el sistema capital esta cavando su tumba porque los adelantos tecnológicos los esta empleando descaradamente creando un esclavo sin precedentes para mujer y hombre que a la vez, fomentan mucha corrupción en general para que nadie se entienda. Lo mas alarmante, es que la mujer es lo mas explotada con el camuflaje de protección y crear el conflicto social y familiar.

    Esto terminara muy mal para toda la sociedad en general y sin precedentes. Mujer y hombre, no somos iguales, en este mundo cada uno tiene su misión como tales, para la creación de la especie humana. La igualdad consiste en respetos humanos.

    El Imperio Romano, ante tanta corrupción el pueblo lo predio fuego..,

    28 enero 2018 | 22:18

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