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Archivo de octubre, 2017

“Organízate si no quieres que te organicen”: Las Kellys luchan contra la precariedad laboral

Las Kellys

Por Las Kellys

Seguro que alguna vez os ha pasado, estás en la habitación del hotel y llaman a la puerta despacito: “Toc-Toc, permiso, camarera, servicio de habitaciones, limpieza.

Somos las camareras de pisos, Las Kellys, las mujeres “Kellympiamos” las habitaciones en los hoteles. Mujeres, hasta hace poco invisibles, que se mueven sin parar y desarrollan un trabajo feminizado poco valorado pero imprescindible, estructural. Sin él, los hoteles no podrían existir ni promocionarse porque nadie paga por dormir en una habitación sucia.

Sobre el departamento de pisos los hoteleros depositan la responsabilidad de hacer que los clientes se sientan como en su propia casa durante la estancia. El problema es que no suelen proveer el tiempo ni los medios para ello. Además, el turismo low cost no siempre se acuerda de meter el civismo en la maleta cuando viaja, todo hay que decirlo.

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Las madres etíopes se organizan para luchar contra el hambre

Por M.  Nonkes

En Kochere (Etipopía), donde los roles de género todavía están muy definidos, un grupo de madres gana empoderamiento a través del cultivo de la tierra y un club de ahorro organizado por la ONG World Vision.

Workalem, una de las agricultoras del proyecto, delante de su huerto. Foto: M. Nonkes/World Vision

Workalem, una de las agricultoras que forman parte del proyecto comunitario, delante de su huerto. Foto: M. Nonkes/World Vision

Workalem, de 21 años, está decidida. No terminará como su madre. Y seguro que su hija de cuatro años no tendrá el mismo tipo de vida: “Me casé a los 16. No era madura. Debería haber terminado mi educación”.

La vida de Workalem no ha sido fácil. Pertenece a una familia de 8 hermanos y su padre murió cuando tenía 7. Su madre sacó a sus hijos de la escuela porque no podía pagar los cuadernos y lápices. Su familia vivía del cultivo del café pero nunca fue capaz de cosechar lo suficiente; el dinero que recibían de la venta del café se utilizaba para comprar alimentos pero se acababa demasiado pronto. El mismo problema se repite actualmente en muchas familias en esta crisis de hambre que sufre Etiopía.

Cuando Workalem se casó a los 16 y tuvo a su hija a los 17, parecía estar atrapada en un ciclo en el que tantas mujeres etíopes quedan atrapadas: la educación interrumpida, el matrimonio precoz y la pobreza. Es una herencia cruel que se agrava cuando ocurren desastres naturales, como la actual sequía que afecta a esta comunidad y a todo el país.

Las bajas precipitaciones han recortado drásticamente la producción de cultivos y han obligado a desplazarse  a 8.5 millones de personas dentro de Etiopía. En Kochere, los cafetales que una vez trajeron ganancias ya no producen la misma cantidad de granos, dejando a las familias sin dinero para comprar comida. Más de 1.000 niños menores de 5 años están desnutridos en esta comunidad.

Ante esta situación World Vision ha puesto en marcha un programa que ha evitado que el hambre se instale en 200 familias con niños menores de 5 años. Este programa consiste en formar a las madres para organizar clubes comunitarios de agricultoras y de ahorro. Cada grupo tiene 20 miembros que han sido instruidos en agricultura, ahorro y préstamo. Los grupos reciben semillas y la tierra comunal se transforma en exultantes huertos repletos de zanahorias, remolachas, espinacas, cebollas, maíz y guisantes.

Workalem es uno de los miembros del grupo de agricultoras: “Producimos hortalizas con las que poder alimentar a nuestros hijos y también podemos vender el excedente. Aunque no hay lluvia, podemos usar el agua del pozo “.

Los resultados son sorprendentes: ni un niño de los miembros del grupo se ha desnutrido durante los últimos dos años a pesar de las elevadas tasas de malnutrición aguda en esta provincia.

Además, las mujeres de esta comunidad están transformando la relación con sus maridos. Ganar dinero les ha empoderado, ya no se rigen por las decisiones de sus maridos si no que forman parte activa de la comunidad. Como Workalem, que ha vuelto a estudiar. Cursa el grado 10 y está decidida a terminar el curso junto con su hija para no tener que volver a soportar el peso de la sequía u otros desastres que puedan venir en el futuro.

“Quiero vivir mejor que mi madre”, dice Workalem, “Y que mi hija viva mejor que yo. Quiero que estudie y que no se case joven. Quiero un futuro diferente para nosotras.”

M.  Nonkes es responsable de comunicaciones en World Vision para la Crisis del Hambre en África Oriental. Redacción y traducción de la entrada a cargo de Blanca Ariño y Cristina de Castro departamento de comunicación World Vision.

El empoderamiento de las mujeres debe comenzar con el derecho a la tierra

Por Justine Uvuza

En muchos países, la mujer se enfrenta a barreras específicas cuando quiere adquirir tierras. Esta entrada de Justine Uvuza revisa detalladamente la relación entre el derecho a poseer tierras y el empoderamiento económico de la mujer.

La propiedad y la ciudadanía son lo que nos define mayormente y las dos interactúan de manera fascinante.

Para entender cómo la propiedad fortalece la capacidad de las personas para disfrutar una ciudadanía plena, – y aquí estamos hablando de la identidad cívica y la capacidad de disfrutar los derechos económicos y civiles en contraposición a la ciudadanía legal-, no hay que regresar a los antiguos griegos y romanos, quienes basaban el derecho al voto por ser terratenientes (además del género y la edad). En efecto, el vínculo entre la propiedad y los derechos cívicos está plasmado claramente en cualquier lectura de historia de los Estados Unidos o de Europa.

Aún hoy, en decenas de países de Asia, Oriente Medio y África subsahariana, las mujeres no tienen los mismos derechos que los hombres a la hora de poseer y heredar tierras. Frecuentemente, las mujeres son consideradas “custodios,” o sea, a quienes se les encomiendan las tierras para sus hijos. No es coincidencia que, en estos mismos países, ellas sean a menudo vistas como inferiores por el sistema legal – no pueden firmar un contrato, abrir una cuenta bancaria o tomar un préstamo.

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Un caballo de Troya para los derechos de las mujeres en Brasil

Por Jurema Werneck

“Brasil lleva el estigma de la flagelación en su alma”. Esta frase de la investigadora Sonia Correa llama la atención sobre las ideas y prácticas de castigo, violencia y tortura como métodos de control y dominación de determinados segmentos de la población. No me refiero solo a las millones de las personas negras esclavizadas y a sus actuales descendientes relegados a la marginalidad y expuestos a todo tipo de violencia en Brasil. Me refiero también a las amenazas que las propuestas de reformas legislativas en el Congreso Nacional significan para las mujeres brasileñas de todas las razas.

Recientemente hemos seguido de cerca una propuesta de enmienda a la Constitución cuyo supuesto propósito es proporcionar importantes beneficios a la salud reproductiva de las mujeres. El proyecto de ley propone extender el período de licencia por maternidad en los casos de parto prematuro, con el objetivo de mejorar la salud de los recién nacidos.

Sin embargo, este proyecto de ley es un caballo de troya que oculta una trampa peligrosa: la propuesta de reforma de los artículos 1° y 5° de la Constitución plantea extender la idea de inviolabilidad de la vida al momento de la concepción. De esta manera, el embrión gozaría de la misma protección que el recién nacido. Al establecer que la vida es inviolable desde la etapa embrionaria, esta maniobra prohíbe interrumpir el embarazo en cualquier situación, incluso en aquellos casos en que la ley lo permite: cuando el embarazo es el resultado de una violación, cuando el feto no puede sobrevivir después del parto y cuando constituye un riesgo para la salud o para la vida de la madre.

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Saltar obstáculos para superarlos. Un relato desde África

Por Isabel Pallarés

“¿Cómo salir de la oscuridad?”, “¿cómo puedo aprender a leer y escribir?”, “¿sin dni puedo votar?”,” ¿cómo pido un crédito”. ¿Puedo elegir y hacerme elegir?… Responder a estas preguntas simples y directas fue parte de los contenidos de las clases de empoderamiento que recibieron más de una treintena de mujeres rurales de la provincia de Makambu, en Burundi, durante casi un año. El trabajo consistía en darles herramientas para impulsar su desarrollo.

Primera lección: la importancia de unirse para ser más productivas.  Segunda: el reparto de tareas en el hogar. “He aprendido a superar los obstáculos. Ahora sé que hay que saltárselos y que el trabajo doméstico nos corresponde a todos”, explica Aline Niyonizigiye, una de las alumnas de los talleres cuyo testimonio se plasma en el libro Pequeños Pasos, grandes huellas, escrito por Ángeles Fernández, periodista de Píkara Magazine. Tercera, la importancia de empoderarse y entender lo trascendental que resulta la participación de las mujeres en la sociedad como sujetas activas de derechos. “Defendemos el derecho a la tierra porque no lo tenemos. Todos los derechos los tienen los hombres. Las riquezas son para los hombres, aunque sea la mujer quien haya trabajado”, prosigue Niyonizigiye en la publicación.

Aline Niyonizigiye, agricultora burundesa, ha ampliado sus saberes sobre la gestión de sus cultivos y comparte las enseñanzas entre los hombres y mujeres de su colonia, en la región burundesa de Makamba.

Aline Niyonizigiye, agricultora burundesa, ha ampliado sus saberes sobre la gestión de sus cultivos y comparte las enseñanzas entre los hombres y mujeres de su colonia, en la región burundesa de Makamba. Foto: Revista Píkara

“El objetivo principal de este proyecto era lograr la participación de las mujeres en las estancias de toma de decisión”, afirma Dorothée Buhangare en el libro. “Que haya más de un 30 por ciento de mujeres en el Parlamento no ha sido efectivo, así que hemos decidido trabajar desde la base, con mujeres campesinas”, añade. “Ellas están acostumbradas a llevar a sus familias, tienen el peso de que nadie muera de hambre, llevan todas las cargas productivas y reproductivas”, contextualiza, “pero no conocen sus derechos”.

Dorothée, miembro de CAFOB (Colectivo de Asociaciones y ONGs femeninas de Burundi, que integrada a 72 organizaciones), era la contraparte local que participada en este proceso de formación.  Y los hechos avalan el trabajo. “El espacio de encuentro, los diálogos tranquilos, las reflexiones conjuntas, la alfabetización, el conocimiento de las leyes y el cuestionamiento del sistema han logrado que mujeres como Gertrude Nyandwi, sin formación previa y residente en una zona rural, se haya convertido – gracias al apoyo de su comunidad – en una lideresa fundamental para su colina: es concejala comunitaria”, narra Ángeles Fernández.

En el libro (que se puede adquirir gratuitamente en la librería Louise Michel de Bilbao) se reiteró cómo además de esas clases prácticas para ser más productivas y eficientes (y lograr una independencia económica), también se les hablaba de perspectiva de género, igualdad y justicia social. De ahí salieron los módulos pedidos por las alumnas, con asuntos vitales para ellas como la legalización de sus matrimonios o el derecho a la propiedad de las tierras.

Ilustración de una de las conversaciones que se detallan el libro. Autora: Señora Milton

En las páginas de Pequeños pasos, grandes huellas; diseñadas por Señora Milton, se cuenta también cómo fue el proceso de acercamiento a ellas, el contexto del país y el viaje de dos de las mujeres participantes en los talleres al País Vasco para intercambiar experiencias con otras asociaciones de mujeres. Además, la publicación cuenta con unos relatos dibujados del proceso de empoderamiento de estas mujeres africanas.

El programa ‘Escuela de liderazgo transformador para mujeres’, de Oxfam Intermón, es uno de los proyectos de ‘Seguridad alimentaria y derechos de las mujeres’, de la Agencia Vasca de Cooperación.

 

Isabel Pallarés es periodista y colaboradora de Oxfam Intermón.