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Duros con el alcohol, blandos con los porros

Los conductores borrachos lo van a tener crudo en Nuevo Mexico y, muy pronto, en todos los Estados Unidos. Si no tienen coche propio, tendrán que soplar en el alcoholímetro en sus casas por la mañana y por la noche.

Portada del diario Santa Fe-New Mexican del 2 de enero de 2013

Anteayer mismo me sorprendió el tema de una conversación apasionada de unos conocidos acerca de un artículo firmado por Anne Constable en la primera página del diario “Santa Fe-New Mexican“:

“Los defensores esperan cerrar los agujeros en la ley estatal de DWI” 

(“Advocates hope to close holes in state´s DWI law”)

Aquí se considera delito grave “conducir sufriendo intoxicación” (DWI, Driving While Intoxicated“) ya sea por alcohol (más de 0,16 % en sangre) u otro tipo de droga prohibida. Un delito menos grave es “conducir bajo influencia” (DUI, Driving Under the Influence) especialmente del alcohol (entre 0,08 % y 0,16 % en sangre).

La ley norteameriana, que prohibe conducir con más de 0,08 de alcohol en sangre, es aparentemente más permisiva que la europea, que fija el límite permitido en el 0,05 % de alcohol en sangre. Sin embargo, la persecución policial y las penas son mucho más duras en Estados Unidos que en la Unión Europea. No digamos ya en algunos países europeos, especialmente del Sur, donde muchas leyes se incumplen de tal manera que se convierten en meras orientaciones… Y para qué hablar de los países árabes donde el límite máximo permitido es cero. No hay un criterio universalmente aceptado sobre el abuso de alcohol.

Por lo que estoy viendo y comentando aquí, en estos días de vacaciones que paso en el Inn on the Paseo de Santa Fe, la tendencia marcará una mayor diferencia entre Estados Unidos y la Unión Europea. De hecho, lo que en EE.UU. supone cárcel en Europa se queda sólo en multa y/o retirada de puntos del carnet de conducir. Aunque en EE.UU. hay variaciones entre las leyes de los distintos Estados, por lo general, la primera ofensa por conducir bajo la influencia del alcohol (más dos bebidas dan ya el 0,08 % en sangre) supone arresto inmediato esposado y pasar como mínimo una noche en prisión. Tras el pago de la fianza, el infractor sale de la carcel y se somete juicio. La pena por un primer delito (con menos de 0,16 % de alcohol en sangre) suele ser de servicios comunitarios, cursos de reeducación y rehabilitación en fines de semana, conducir con un alcoholímetro conectado al motor de arranque de su coche y un año en libertad condicional no vigilada. Si reincide (con DWI o DUI) durante ese año o incumple las penas impuestas, el condenado ingresará inmedatamente en prisión, y sin fianza, durante 90 días.  Este es el caso del Estado de Nuevo Mexico donde Barack Obama barrió en las últimas elecciones presidenciales.

Ese mismo día de noviembre de 2012, los ciudadanos de Nuevo México aprobaron también el uso medicinal, con receta médica, de la marihuana. Lo mismo hicieron en California y en otros Estados. En ellos, ya no es delito el uso personal medicinal (no recreativo) del cannabis. De hecho, es un auténtico coladero ya que la receta te la pueden dar en la misma tienda que te vende cannabis. Consumir porros sin receta es una infracción leve que solo conlleva una multa. Nada de cárcel, como antes.

Legislación propuesta contra coductores alcoholizados que se debatirá este mes el Congreso de Nuevo Mexico (EE,UU,)

Por tanto, la policía de estos Estados apenas se molesta ya, como hacía antes, en detener a los consumidores de porros.  Persiguen a los traficantes, eso sí. Pero su mayor atención se centra, cada vez más, en perseguir a conductores borrachos (con más de 0,16 % en sangre) o bajo la influencia de más de dos bebidas alcohólicas (más de 0,08 %) que reducen sus reflejos y su buen juicio.

Un “emporrao” generalmente no conduce sino que se queda tumbado en el sofá mirando al techo o en un banco del parque. Rara vez alguien puede matar otro bajo la influencia del cannabis. Todo lo contrario ocurre con los que conducen borrachos o bajo la influencia del alcohol: llevan en sus manos un arma potencialmente asesina. Además, en conductores ebrios el alcohol les quita reflejos, les hace creer que son mejores conductores, les inducen a cometer actos temerarios y les nublan el buen juicio que tienen cuando están sobrios.

Desde luego, cada cultura tiene su droga. Debido a que el alcohol es el “opio” tolerado de Occidente, su abuso doloso está socialmente bastante disculpado y, de manera hipócrita,  se ha perseguido muy poco con relación al enorme daño que produce a terceros: malos tratos en el hogar y accidentes de tráfico, en ambos casos con frecuentes consecuencias de heridas o muertes.

Desde luego, en Santa Fe, la capital mágica y progre de Nuevo México, situada en un desierto como el de Tabernas en  Almería, pero cubierto de nieve y a 12 grados bajo cero, se toman muy en serio la nueva legislación que ha llegado hace unos días al Congreso de su Estado.

Susana Martínez, gobernadora republicana del Estado de Nuevo Mexico, ha ido más allá de lo contemplado en el proyecto de Ley presentado al Congreso. Ha pedido que la 8ª reincidencia de un conductor borracho (el caso de un alcohólico) se considere crimen de 2ª grado y se castigue con 15 años de cárcel.  La propuesta ha sido criticada por ser cara e ineficaz, pues hay que alimentar en la cárcel a los alcohólicos que dificilmente se rehabilitan entre rejas. Cuando salen de la cárcel, la mayoría vuelven a beber. Un amigo alcohólico de los pocos que me quedan (pues ya he asistido a varios entierros de colegas que murieron directa o indirectamente por causa del alcohol) me suele recordar que “no hay ex alcohólicos sino unos alcohólicos que beben y otros que no beben”.

Aquí, en Santa Fe, me dicen que lo más disuasorio para el primer delito de conductores borrachos o bajo la influencia del alcohol ha sido hasta ahora arrestales, esposarles y encerrarles una noche entera en la cárcel. La estadística ha demostrado ser una buena lección, ya que por miedo a la cárcel y por el control del “interlock” (alcoholímetro en el motor de arranque) pocos reinciden en el primer año.

Como dice Anne Constable en su artículo, la ley vigente está sostenida por “una historia de éxito“. Los legisladores no quieren cambiarla sino mejorarla tapando los agujeros que se le han descubierto. La segunda ofensa por DWI o DUI lleva aparejada la cárcel sin fianza. El tiempo lo fija el juez según la gravedad del delito, es decir, la cantidad de alcohol en sangre y los efectos de su conducción temeraria. Las innovaciones de los Estados más avanzados en esta materia, que algún día veremos aplicar en la Unión Europea, se centran en la reeducación y rehabilitación de los que han conducido bajo la influencia del alcohol y han sido detenidos y encarcelados por ello.

Uno de los intrumentos más eficaces ha resultado ser el llamado “interlock”, aplicado al motor de arranque del vehiculo del conductor condenado y conectado con la Policía a través del Departamento de Vehículos de Motor. El conductor debe soplar antes de arrancar su coche. Si lleva más de 0,03 % de alcohol en sangre (más de una cerveza, por ejemplo, que es el límite máximo permitido en Escandinavia), el motor no arranca. Por si el conductor arranca limpio de alcohol pero bebe en el camino, mientras conduce, el alcoholímetro le exigirá inesperadamente en periodos de duración aleatoria (una vez o diez veces al dia, nunca se sabe) que sople de nuevo. Si da positivo, entonces suena alocadamente el claxon de su coche y pronto se para el motor. Los demás ciudadanos (y la policía) lo señalan porque saben que ahí va un borracho al volante. La patrulla tarda poco en volver a deternerle y llevarle a la carcel inmediatamente por un mínimo de 90 días.

El principal agujero que han descubierto en la Ley vigente, y que quieren cambiar, tiene que ver con este alcoholímetro contectado al motor de arranque. En EE.UU. es dificil vivir sin coche. Salvo en grandes ciudades, el transporte publico es deficiente y casi inexistente. Por ello, el condenado puede aducir que no tiene coche propio sino que conducía el coche familiar o el de su esposa. No se puede dejar a la familia sin coche. También puede dejar aparcado durante largos períodos su coche con su control de alcoholemia puesto y sin usar y decir a la policía que va en bici, mientras conduce otro coche ciego de copas. Para este caso, la nueva Ley propone que el condenado tenga que soplar un mínimo número de veces en su coche (300 veces, por ejemplo) en lugar de fijarle un periodo de 6 meses o 1 año con el interlock instalado. Para el caso de que diga no disponer de coche propio, el proyecto de Ley propone que se instale el alcoholimetro dentro de la casa del condenado y éste deberá soplar todos los días por la mañana y por la noche.

Un conocido abogado de Santa Fe (del despacho legal Marlowe) me dijo ayer que “mas pronto que tarde veremos salir de fábrica a todos los coches con su “interlock” instalado solo para el arranque como algo obligatorio para todos los conductores, al igual que ya ocurre con los cinturones de seguridad; así salvaremos millones de vidas al año”.

No le falta razón. Algún día, en lugar de una corbata, una colonia o un móvil, el mejor regalo de Reyes Magos para una pareja, un padre o un hijo bebedor será el aquí ya famoso “intelock” contra conductores bajo la influecnia del alcohol. Si llegara imponerse por Ley o a ponerse de moda, se reduciría sensiblemente el número de muertos por accidentes causados por el alcohol. Hoy, el 40 por ciento de los muertos en accidentes de tráfico de EE.UU. son causados por el conducir bajo la influencia del alcohol. En España, en 2011, el 45 por ciento de los conductores muertos habían consumido alcohol, drogas o sicofármacos. De estos, el 77,7  por ciento era por alcohol y el resto principalmente por cocaina. Y esa cifra no incluye a otros muertos inocentes, peatones, pasajeros o victimas de otros coches.  De los peatones que fueron atropellados y muertos en 2011, el 42 por ciento dieron positivo en alcohol en sangre y de ellos el 75,5 iban borrachos pues dieron tasas de alcohol de 0,12 % en sangre.

Los datos juegan a favor de la instalación del alcoholímetro en los coches y, desde luego, de políticas más activas para prevención del alcoholismo: en las tres causas principales de muerte entre jóvenes de 15 a 24 años (accidentes, homicidios y suicidios) está presente el abuso de alcohol. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se producen 5 muertes por minuto en el mundo (2,5 millones de muertes al año) causadas por el consumo abusivo de alcohol.

Después de esta larga conversación, en una casa de adobe de Santa Fe, con sus farolitos iluminando sus muros, cobraba mucho sentido el titular que yo había visto en la primera página del diario local y que me había sorprendido como para copiarlo y pegarlo en el blog.  Ahora estoy por pedirle a los Reyes Magos que me traigan esta noche un alcoholímetro para mi solo. Por si acaso. Son datos para meditar…

Felices Reyes (o ¿reyes?)

Aquí ha subido hoy la temperatura a 11 grados bajo cero. Un regalo de Reyes.