Se nos ve el plumero Se nos ve el plumero

"La libertad produce monstruos, pero la falta de libertad produce infinitamente más monstruos"

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Lo nunca visto: coinciden en sujeto y en verbos

Me froté los ojos, después del primer sorbo de café, para comprobar que estaba plenamente despierto en esta refrescante mañana de agosto. Debo reconocer que, tras abrir la bolsa de periódicos, mi mujer y yo tenems la vieja costumbre de lanzarnos, a la vez, a por El País. Quien llega tarde, empieza por El Mundo. se siente. Ahí se nos ve el plumero a los dos. (Conviene no olvidar que El País nos dio de comer durante muchos años, cuando los niños eran pequeños).

Hoy, sin embargo, nos hubiera dado igual comenzar a leer los titulares de uno o de otro porque ambos han elegido para mandar arriba, a cuatro columnas, el mismo sujeto e idénticos verbos.

Puras dimite y advierte…/strong>

Ya es raro que El Mundo y El País coincidan en el sujeto que manda en portada (Zapatero o Rajoy), pero es mucho más raro que lo hagan también con los verbos (“fracasa” o “triunfa“, según los casos y las respectivas culturas corporativas de los diarios en cuestión).

Aquí pasa algo, me digo como primera reflexión mañanera.

Luego, compruebo que hoy puedo ir más tarde al trabajo, y vestido de trapillo, que me han desmontado el despacho que tengo en el Palacio de la Prensa para trasladarlo a Condesa de Venadito, 1, a un edificio con menos magia y poesía que el actual de la Plaza del Callao, pero más amplio y conveniente para el bienestar y la seguridad de los que hacemos 20 minutos, 20minutos.es y calle 20.

O sea, que estamos en pleno mes de agosto y que los directivos de los diarios de pago también se habrán tomado sus vacaciones.

Mientras los directores veranean, las portadas quedan en manos de subdirectores y redactores jefes de guardia quienes, en caso de duda, aplican criterios puramente profesionales con el menor sesgo ideológico posible. Por si acaso.

Esa puede ser una de las razones que expliquen la coincidencia de ambos diarios en el sujeto y en los verbos de sus portadas.

Mientras Pedro Jota vigila su piscina semipública en Mallorca, sus ayudantes le enmiendan la plana y titulan nada menos que como los de El País. Lo nunca visto.

En torno a la Educación para la Ciudadanía

GREGORIO PECES-BARBA MARTÍNEZ en El País 07/08/2007

El presidente del Gobierno, en el Congreso de las Juventudes Socialistas, ha contestado con contundencia a la posición de los obispos y de la jerarquía católica española contra la asignatura Educación para la Ciudadanía. Ha dicho que no se puede contraponer la fe a la ley en una sociedad democrática como la nuestra. Menos se pueden oponer las ideologías temporales sustentadas por esas jerarquías que asumen una cultura tradicional antimoderna y clerical que se opone a muchas conclusiones legales del Estado democrático, y que pretenden vender como la verdad que nos hace libres.

Ahora toca Educación para la Ciudadanía, antes fue el divorcio, el aborto, la enseñanza de la religión, el matrimonio entre homosexuales, la Ley de Educación e incluso dimensiones de la financiación que les parecen insuficientes.

Desde una arrogancia extrema, una sensación de impunidad y un insufrible sentido de superioridad, derivada de que administran “verdades superiores”, llevan años desafiando a las autoridades legítimas, a la Constitución y a la ley intentando imponer sus criterios frente al interés general y a la soberanía popular residenciada en el Parlamento. Frente a esas actitudes, el Gobierno ha tenido una política de moderación. Ha evitado las confrontaciones y ha retirado los aspectos más delicados del programa de Educación para la Ciudadanía, aunque están aprobados por leyes del Parlamento. Ninguna de esas actitudes ha calmado la beligerancia de los cardenales y de los obispos, que siempre buscan nuevos conflictos para la confrontación. La inmediata contestación a las palabras del presidente, con un tono desafiante, es el último signo de su rebelión frente a la Constitución y a la legalidad. El cardenal Cañizares ha acusado al Gobierno de ir contra la sociedad y ha defendido el papel de la Iglesia como impulsora de los derechos humanos. (sic) La inocencia histórica basada en el olvido de todo lo que han hecho les permite esa buena conciencia, aunque esté construida desde la mentira histórica. Mantienen firme su arraigada idea de que son depositarios de verdades que están por encima de las coyunturales mayorías y de la soberanía popular, en un documento colectivo que publicaron en 1988.

En definitiva, sólo aceptan la democracia con la boca chica, y fundamentalmente para lo que les favorezca. Por su actitud ante muchas leyes que son expresión de la mayoría parlamentaria se ve que en el fondo permanecen con los principios anti-ilustrados, que se expresaron en los documentos pontificios del siglo XIX, desde la Mirari Vos de 1.832 a la Libertas de León XIII. Con este espíritu declararon Cruzada al levantamiento militar, legitimaron con sus gestos la idea de que Franco respondía ante Dios y ante la historia y respaldaron la represión terrible que se produjo contra los vencidos.

El paréntesis de aire fresco de Juan XXIII y de Pablo VI fue sólo eso, como lo fue la etapa del cardenal Tarancón. Desde entonces han vuelto a las andadas en la Iglesia universal con Juan Pablo II y Benedicto XVI, con especial repercusión en España frente a la mayor neutralidad de otras iglesias europeas, que están en su sitio y no fuera de toda contención como la actual Iglesia española.

Muy falta de rigor intelectual, la Iglesia jerárquica aplica continuamente la técnica de los dos raseros y de las dos medidas. Impulsa y apoya la formación del espíritu nacional, asignatura obligatoria durante el franquismo, que extendía la ideología corporativa y falangista de aquel régimen y aceptaba que la enseñanza de la religión fuera obligatoria para todos creyentes y no creyentes, y ahora exige la enseñanza de la religión en horario escolar y evaluable, y también rechaza que no tenga alternativa; en su confusión ataca al divorcio y al aborto y sigue sin condenar la pena de muerte. Parece, aunque no lo confiesen, que su modelo es Irán donde el islamismo, la religión manda sobre las autoridades y sobre el propio presidente de la República y donde la pena de muerte no sólo está vigente sino que se aplica con abundancia. Naturalmente sin aceptar el islamismo, es imposible seguir su modelo en los contenidos, aunque sí les gustaría poder aplicar sus formas.

En este tema de la Educación para la Ciudadanía tienen el seguidismo inexplicable del Partido Popular, que está haciendo de fuerza de choque de esta cruzada contra la recta formación democrática de los ciudadanos. Están tirando piedras contra su propio tejado para favorecer una mentalidad clerical que les dificultará mucho gobernar cuando los ciudadanos les reclamen. Es tal su ceguera y su decisión para expulsar al Gobierno socialista y para ocupar el poder que apuestan por este escenario con hegemonía de la Iglesia-institución sin pensar el daño que hacen así a la España civil. Está visto que los que se llaman liberales como la Esperanza Aguirre apoyan estas campañas que Stuart Mill, el granliberal, repudiaría si viviese. Una mezcla de ignorancia y de inconsciencia respecto al daño que producen y de rencor hacia las actuales autoridades les llevan a este peligroso seguidismo, que ninguna derecha europea seria puede apoyar.

Además de la falta de fundamentos intelectuales para justificar el rechazo de la Educación para la Ciudadanía, con posturas que contradicen la evolución de la modernidad, con la secularización de la moralidad, con la tolerancia, con el pluralismo y con la idea de la persona centro del mundo y centrada en el mundo, su oportunismo y su falta de rigor desmerecen su postura ante los sectores ilustrados y libres que son mayoritarios en la sociedad española. Se aprovechan de su inmunidad, que es impunidad, y juegan sucio ante un poder político que no quiere enfrentarse con la jerarquía. En su insensatez están alentando un imposible movimiento de objeción de conciencia que carece de cualquier posibilidad de prosperar, ocultando que realmente propugnan la desobediencia civil, que puede conducir a quienes les sigan, entre los padres de familia, a un muy grave perjuicio puesto que sus hijos no podrán acabar el nivel de enseñanza correspondiente sin Educación para la Ciudadanía ni obtener el grado.

Me dicen que un sacerdote de Toledo está haciendo una tesis doctoral sobre mi obra, que se titularía, según las buenas fuentes que me han informado, “De la destrucción de la verdad al totalitarismo. El pensamiento de Gregorio Peces-Barba”. Me cuesta creer que sea cierto, pero me aseguran que lo es. Prefiero discutir de ideas y no interferir en temas personales, pero me parece que están volviendo a las andadas de condenar a quienes les llevan la contraria. Ya otros españoles anteriores, como Fernando de los Ríos o Manuel Azaña, entre muchos más, sufrieron en su tiempo las embestidas de una jerarquía montaraz. En un discurso pronunciado en enero de 1850 en la Asamblea Legislativa sobre la libertad de enseñanza, Victor Hugo identificó con precisión a esta Iglesia que rechaza la modernidad: “Impide a la ciencia y al genio ir más allá del misal y quiere enclaustrar el pensamiento en el dogma. Todos los pasos que ha dado la inteligencia en Europa, los ha hecho a su pesar. Su historia está escrita en el reverso de la historia del progreso humano. Se ha opuesto a todo… no hay un poeta, un escrito, un filósofo, un pensador, que acepten. Y todo lo que ha sido escrito, descubierto, soñado, deducido, ilusionado, enajenado, inventado por los genios, el tesoro de la civilización, la herencia común de las inteligencias, lo rechazan…”.

No pueden ni deben seguir por ese camino ni tensar tanto la cuerda. Son responsables de la agitación que impide la paz social y beligerantes contra la política del Gobierno y contra cualquier progreso. Deben sosegarse y permitir el desarrollo normal de la sociedad civil, sin sus constantes interferencias, sin hostigar a los heterodoxos ni despreciar a las conciencias individuales que no coinciden con sus planteamientos. Deben tener más respeto a los disidentes y evitar maldecir y condenar todo el tiempo. Si este nuevo clima no se consigue en la próxima legislatura, habrá que abordar el tema de la acción y de la situación de la Iglesia y establecer un nuevo estatus, que les sitúe en su sitio y que respete la autonomía de la autoridad civil.

Gregorio Peces-Barba Martínez es catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid.

¡Aleluya! Rajoy abjura de la teoría de la conspiración

Vengo de la presentación del libro de Miguel Maura Así cayó Alonso XIII” (Editorial Marcial Pons), en el que hay una amplia introducción escrita por su nieto, Joaquín Romero Maura, que creo que merece un comentario aparte. Pero es un poco tarde y lo dejaré para otro día.

Tanto el profesor Santos Juliá como Santiago Carrillo, testigo directo de aquellos años, han hablado esta noche de la derecha y de la izquierda de antes y de ahora.

Y ambos han distinguido entre los conservadores cristianos (del tipo de don Antonio Maura o de Miguelito Maura) que proclamban la tolerancia hacia el contrario y respetaban las reglas del Estado de Derecho y también de los nacional-católicos que llevaron a la derecha española hacia un fascismo clerical. Gil Robles y los suyos nos dejaron huerfanos de derecha civilizada por mucho tiempo, naturalmente con la ayuda del golpista Francisco Franco.

El chiste del Roto de hoy me ha recordado que todavía vemos por aquí a muchos heredereos de ese fascismo clerical. Un libro que vale la pena releer y, quizás, enviar copia a monseñor Rouco Varela.

Pero, para mí, lo más destacable de la prensa de pago de hoy ha sido la entrevista de Rajoy en el Heraldo de Aragón (recogida por El País) en la que abjura de la teoría de la conspiración sobre ETA en el 11-M, urdida por el Partido Popular con la ayuda de Pedro Jota Ramirez y de la pecaminosa emisora de los obispos.

Volver a la Ilustración

GREGORIO PECES-BARBA MARTÍNEZ en El País

16/04/2007

La defensa del individuo y de su autonomía moral constituye un desiderátum de civilización que debe ser el objetivo de la pedagogía de la libertad en el ámbito educativo y también en el social y político. Desde la asignatura de Educación para la Ciudadanía, hasta el comportamiento de los profesores, de los líderes sociales y de los políticos, en sus respectivos campos, éste es el fin exigido y debido más universal. Frente a los falsos ídolos, al interés tribal y al fanatismo colectivo como barbarie manipulada, el respeto a la dignidad del individuo, la bandera del iluminismo, que es medida del progreso en la sociedad actual, representa el núcleo esencial de las tareas del porvenir en la enseñanza, en la acción colectiva y en la política para una sociedad bien ordenada. Por eso la vuelta a la Ilustración es una exigencia moral para nuestro tiempo y especialmente para nuestro país. Es la forma de medir el progreso de la humanidad según se produzca el desarrollo de las condiciones morales y de la capacidad de autodeterminación, y es también el máximo deber de la ciudadanía ilustrada, de los profesores y de los políticos responsables.

El diagnóstico de las raíces, esas prédicas radicales del odio y del desprecio del otro, del adversario, de esos comportamientos hostiles oscuros y desaforados y de esas descalificaciones totales y sin remisión, son el primer paso para su condena, su rechazo y para la búsqueda de caminos alternativos marcados por la tolerancia, la amistad cívica y el juego limpio. Su origen está en la falta de respeto, en la no consideración de los demás, en la dialéctica amigo-enemigo, en el oscurantismo, en la pobreza, en la explotación, en las técnicas de envilecimiento que practican medios de comunicación -afortunadamente no todos-.

La Ilustración supuso la conquista de la autonomía moral de las personas y la superación del paternalismo de la teología como gran controladora del pensamiento y de la acción humana. La persona supo caminar por sí misma y toda la cultura de las luces produjo un gigantesco esfuerzo para salir de la minoría de edad y para aprender y saber. Las grandes instituciones políticas y jurídicas del XIX y del XX son deudoras del XVIII. Incluso las corrientes intelectuales aparentemente enfrentadas con el racionalismo iluminista, como el romanticismo, generan líneas liberales y sociales en autores como Victor Hugo o Lamartine, que contribuyen al fortalecimiento de las ideas heredadas del siglo anterior.

Los enemigos de las luces comprenderán el peligro de su difusión y desde posiciones eclesiásticas y contrarrevolucionarias por un lado y fascistas, leninistas y anarquistas por otro, harán todo lo posible para contrarrestar sus efectos, y para luchar contra alguna de sus grandes conquistas como el constitucionalismo o los derechos humanos. Rechazan la idea del hombre abstracto e incluso, como De Maistre, la propia noción de hombre. Afirma éste que ha conocido a franceses, ingleses y alemanes e incluso a persas por medio de Montesquieu, pero que nunca ha conocido a un “hombre”. Creen en la constitución natural de cada pueblo, que marca sus instituciones, y no al revés, con constituciones normativas que marquen a la realidad social. Los antimodernos creen que la realidad natural es la que condiciona a las normas y no al revés, sueñan con volver a la sociedad estamental y al corporativismo y rechazan el protagonismo del individuo. Ese enfrentamiento se produce ya en el siglo XX, con los totalitarismos nazi, fascista y estalinista, con el Estado y el partido de clase como nuevos salvadores, con construcciones ilusorias y llenas de peligros que deshumanizan y arrinconan a la persona. Desde esas premisas organizan el más formidable ataque contra la dignidad humana y contra el liberalismo social e ilustrado.

La salida de esa tremenda crisis de humanidad después de la II Guerra Mundial fue muy traumática e incluso ayudó al renacimiento del Derecho natural, el atribuir al pensamiento positivista la responsabilidad por los trágicos efectos del conflicto, cuando en realidad fueran positivistas como Kelsen, Hermann Heller o Fernando de los Ríos quienes más se enfrentaron y sufrieron las agresiones de los defensores del “nuevo orden”. En el levantamiento militar contra la República española, los fundamentos intelectuales originarios los plantearon casi exclusivamente los iusnaturalistas y las coberturas posteriores también, mientras que positivistas acreditados como González Vicén y más tarde Elías Díaz fueron represaliados y perjudicados en sus carreras académicas; también el autor de estas líneas y otros profesores. Además, el tipo de iusnaturalismo que defendieron era el más clásico y reaccionario de todos los posibles y siguió apoyando a un régimen corporativo, orgánico y perseguidor de las libertades.

Tras la reinstauración de la democracia, se disiparon esos peligros con la Constitución, que ha permitido un régimen político libre durante casi treinta años, aunque no ha estado exento del peligro de recaídas en los viejos modos. Quizás el momento más visible fuera el golpe de Estado de febrero de 1981, aunque no el único. Momentos delicados fueron el uso ilegal de acciones policiales para combatir el terrorismo, en varias etapas y con diversos Gobiernos, aunque el más conocido, con los GAL, ha sido ya resuelto, con serias condenas a los considerados responsables.

También desde otra perspectiva muy diferente resulta muy preocupante el sistemático comportamiento del Partido Popular de oposición radical al Gobierno desde que perdió las elecciones en 2004. Está creando una tensión constante que ha trascendido a la sociedad, faltando al juego limpio y a la lealtad hasta ahora mantenidos en materia de terrorismo. Algunas de las formas utilizadas en esa política recuerdan a tácticas schmittianas por la consideración del adversario como enemigo y por la siembra del rechazo radical y del odio contra el presidente del Gobierno y otros dirigentes socialistas, además de una descalificación general de las instituciones. En todo caso, esa forma de proceder no ayuda al fortalecimiento del sistema y puede contribuir seriamente a deteriorar el clima de convivencia y a la necesaria cooperación política entre unos y otros, mayoría y oposición en cuestiones de Estado.

No sé si será predicar en el desierto pero hay que restablecer el clima de la cultura política ilustrada y abierta y superar la insoportable tensión que genera principalmente el Partido Popular. Quizás sólo con los resultados de las elecciones autonómicas y municipales primero, y generales después, se podría volver a la normalidad. En todo caso sería deseable cambiar cuanto antes el clima, pero de verdad, no con fingimientos ni mentiras, ni con un comportamiento real destructivo y con unas palabras contradictorias que pretenden simular moderación. Sería deseable que todos pensasen en ello y, sobre todo, que pudieran actuar desde las buenas reglas del juego limpio.

Gregorio Peces-Barba Martínez es catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid.

Y esta es la información (de la que les hablé ayer) que ha publicado La Voz de Almería sobre el Consejo de 20 minutos España celebrado en el Hotel Catedral, a pocos metros de donde yo nací: