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Las prendas que cogí del armario de mis padres para vestir esta temporada

De verdad os digo que soy el terror de mi casa. Todos saben que cuando le echo el ojo a algo prácticamente pueden despedirse de ello. O bien porque me lo pongo continuamente o porque desaparece en ese agujero negro en el que se ha convertido mi armario. El día que me dé por hacer una limpieza llego a Narnia, lo juro.

Prendas saqueadas del armario de mi madre. MARA MARIÑO

Pero es que nuestros padres tienen ropa MUY GUAY. Pero tal cual os lo escribo, en mayúscuñas y en negrita. Vale que puede que no nos llame mucho la atención por la manera en la que se la ponen, pero la verdad es que hay donde rascar, y las cosas de rascar molan.

Mi madre, que qué paciencia tiene la pobre conmigo, me ofreció de buenas la mano y le he agarrado el brazo, las pulseras, la chaqueta, el abrigo y muchas otras prendas que ya han pasado a mi colección.

De hecho, la prenda estrella que me pongo es el body negro que veis en la foto de la derecha, que es en realidad un bañador de los años 80. “Si me llegan a decir que mi hija iba a usar mi bañador para salir a la calle no me lo creo”, me dice de vez en cuando. Pues sigue sucediendo.

Con la vuelta de los cortes de la década de 1990 podemos rebuscar entre las americanas que llevaban nuestras madres, especialmente si tienen cuadros o rayas. Y por supuesto no pueden faltar, para combinar ya sea con bodys o chaquetas, los mom jeans, es decir, el equivalente en el armario de tu madre, sus pantalones vaqueros también de anchura noventera.

Nosotras no hemos podido utilizar muchos pantalones de la otra ya que siempre hemos tenido tallas de cintura y cadera diferentes, pero si tenéis suerte y compartís talla, podéis aprovecharlos.

Respecto a mi padre (no, no os penséis que el buen hombre se iba a librar del saqueo textil), tuvo que ver desaparecer su jersey amarillo (foto de la izquierda) que quedaba genial a modo de vestido con las botas altas mosqueteras, una combinación que ya visteis en mi anterior post.

Ya sea un jersey o una camisa gigante son dos prendas que van perfectas para combinar con calzado que tenga un toque más femenino para equilibrar el estilismo.

Pero sin duda, el descubrimiento estrella fue su americana extragrande gris a la que llevo tiempo teniéndole el ojo echado pero no terminaba de convencerme cómo me quedaba abierta. Ya que esta temporada está siendo el año estrella del vestido-americana, probé a llevarla cerrada y se hizo la magia (estilística)

Prendas secuestradas del armario de mi padre. MARA MARIÑO

Por último, aunque este año no me la he puesto mucho porque no me ha coincidido el entretiempo cerca de su armario, podéis reciclar de vuestros padres las cazadoras vaqueras u otro tipo de prendas de abrigo oversize que os servirán para completar cualquier estilismo.

Espero haberos dado ideas y que antes de lanzaros en plancha a las rebajas, que empiezan mañana, aprovechéis para echarle un vistazo al armario de vuestros padres. Igual encontráis algo interesante (¡y además gratis!).

El bolso que compartirás con tu abuela

No nos gusta lo vintage. Gustar se nos queda corto. Lo vintage nos encanta, nos flipa, nos enamora, nos mola mil, nos chifla hartar. Vamos a un mercadillo y enloquecemos por un teléfono con forma de labios, un sofá huevo o una cuchara de hace décadas.

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Está comprobado que hoy en día, con la velocidad que le ha dado la tecnología e Internet a nuestras vidas, la instantaneidad y caducidad de todo lo que vemos, que solo con postearlo en Facebook ya nos da la sensación de que huele a antiguo, el pasado es el refugio.

Cocooning es como se llama este fenómeno de retirarnos a la seguridad del hogar que viene de cocoon, cáscara. A quien buen árbol se arrima buena sombra le cobija. Lo mismo pasa con lo que sacamos de puestos callejeros o mercados de anticuarios. Nos sentimos a salvo en esa ‘casa’ hecha de reliquias que nos transportan a otros tiempos más seguros.

Últimamente oímos mucho eso de que en la moda todo vuelve, y el éxito de que lo haga es que inconscientemente queremos sentirnos protegidos.

Los dos últimos accesorios de deseo que nos transportan a los tiempos de cuando la abuela nos hacía el bocata en la merienda son los bolsos de malla y los de plástico rígido o sun jelly.

Si tienes uno por casa, este verano es el momento de sacarlo del baúl de los recuerdos.

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¿Te imaginas a una ‘fashion blogger’ comprando en el mercadillo?

Si tuviera que clasifica la ropa de mi armario según en qué sitio la he comprado, más del 50% pertenecería a Primark.

Pero ahí no acaba la cosa. Las prendas de marca, o que no provengan de tiendas low cost, en mi armario se pueden contar con los dedos de la mano (y la mayoría de ellas son heredadas).

Os preguntaréis a qué viene esta reflexión. Cuando me hice la cuenta de Instagram del blog (@maravisteycalza) uno de los consejos que leí para triunfar como instagramer de moda era etiquetar a las tiendas en las que hubieras comprado la ropa. De modo que pude comprobar como aquellas bloggers con miles y miles de seguidores etiquetaban hasta el más mínimo detalle de lo que vestían: desde sus pendientes de Aristocrazy hasta sus bragas de Calvin Klein. De locos.

Dos pijas peleando por ropa de Alexander Wang. GREGORYPUY.FR

Dos pijas peleando por ropa de Alexander Wang. GREGORYPUOY.FR

En esos momentos pensé que lo tenía bastante complicado con aquello de triunfar etiquetando marcas. Sin ir más lejos, lo que llevaba puesto ese día era del mercadillo.

Pero ojo, no de un mercadillo cualquiera, sino del mercadillo de Valença. Uno en el que, como buena clienta, voy religiosamente cada vez que subo a Galicia. Feria en la que encuentras puestos de zapatos al lado de otro en el que te venden gallinas. Lo mismo sales con pollos de corral que con un par de camisetas o un queso de tetilla.

Que yo sepa, la feriante portuguesa no tiene Instagram de su puesto, que si no, sería etiquetada en la mayoría de mis fotos.

Y aunque no os lo creáis, en ese mercadillo he visto cosas mil veces más bonitas (y de mejor calidad) que en gran parte de los estantes de cualquier Zara de Madrid. ¿Que por qué lo sé? Porque yo no revuelvo en los montones de ropa, yo saco la escafandra y buceo hasta dar con algo que me guste arrollando por delante a quién haga falta e incluso quitando alguna prenda de las manos de una clienta despistada. Soy pura maldad cuando estoy en un mercadillo o de rebajas.

Otra de mis tiendas básicas e imprescindibles es el chino de mi barrio, al que tampoco puedo etiquetar en Instagram (nota mental: proponerles que se creen cuenta).

Como lo leéis, la ropa que más me pongo para ir arreglada es posiblemente, la de ese chino (mi vestido para la Gala 20 Blogs es el último ejemplo). En primer lugar tiene anchuras que favorecen mi fisionomía. Porque me parece muy bien que se lleve ahora lo oversize, pero como tengas un poco de cadera ya te queda ajustado de aquí, suelto de allá y te acabas sintiendo como un guiñapo. En segundo lugar, y más importante, porque es barata.

Porque sí, ser fashion blogger sale muy caro. No para mí, que ya veis que gasto el mínimo imprescindible en renovar mi armario, pero pienso en todas aquellas que tienen que estar comprándose modelitos cada dos por tres (aunque luego los revendan en Chicfy o cualquiera de esas webs).

Afortunadamente, mi chino de confianza tiene unos precios no tirados, pero sí acordes al material con el que está hecho la prenda, es decir, la fibra típica que sabes que si te acercas un poco a un mechero vas a salir ardiendo. Esa.

Pero ojo, que no ya mi chino sino que, si os fijáis, todas las tiendas están haciendo lo mismo y reduciendo costes de los materiales para confeccionar prendas.

Espalda de una de mis últimas compras en el chino. MARA MARIÑO

Espalda de una de mis últimas compras en el chino. MARA MARIÑO

Yo me limito a comprarlas por lo que, a mi parecer, valen realmente aunque no tengan la etiqueta de ‘Zara’ o ‘Mango’ en ellas.

Me considero fashion blogger de segunda mano porque, como os comentaba al principio, otra parte de mi armario la forma ropa que no es mía, todas esas camisetas de ex novios que empezaba a ponerme en casa de ellos de vez en cuando y que de tanto usarla acababan por regalármela, jerséis gigantescos de mi padre que ya no usa (y que si usa, al formar parte de mi armario, para su pesar, deja de usar) y alguna que otra prenda aleatoria vintage que le expropio a mi madre según vengan las tendencias (la última un saltacamas que como corpiño, da el pego).

Habrá quien opine que todo esto me convierte en una bloguera de pacotilla, en una Chiara Feragni del cutrerío, pero ¿desde cuándo hay que dejarse tanto dinero para ir bien vestido? La moda, aunque muchos no lo conciban de la misma manera, no es una cuestión de poderío, sino de creatividad, de imaginación, de saber combinar y de tener nuestro propio estilo.

Así que Mara Viste y Calza…de mercadillo.

Siete días, una falda o cómo reciclar tu armario sin que parezca que repites

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Yo no sé vuestros armarios, pero el mío es un cúmulo de prendas que me he comprado y me he puesto una sola vez. No sé cómo pero se quedan estancadas entre el no-tengo-ocasión-para-llevarlo y el no-sé-con-qué-narices-ponérmelo.

Me estoy refiriendo a esa camiseta, jersey o zapatos, que cuando viste en la tienda caíste enamorada irremediablemente, pensando que ibas a ponértelo tantas veces que a la semana lo ibas a tener amortizado.

Al final (a no ser que seas Mar, mi antigua profesora de Historia, que en dos años solo repitió conjunto una vez) acabas llevando siempre lo mismo. Como mi opinión de la moda es que es algo que puedes reciclar, reconjuntar y recombinar, te animo a sacar de las perchas esas prendas ‘complicadas’, que por muy difícil de llevar que te parezcan ahora, hay algo con lo que siempre te van a ir: los BÁSICOS.

Son las prendas atemporales que ya puedes ponerte ahora o dentro de 20 años con la seguridad de que no van a estar desfasadas. Mis dos básicos preferidos son una camisa blanca y una falda de tubo negra elástica. Esas dos prendas de tu armario pueden ir con absolutamente todo lo que quieras ponerle y según con lo que las mezcles puedes ir de sport, elegante, de fiesta…

Para demostrar esto, quise hacer la prueba en mi propio armario utilizando una falda básica como base de 7 conjuntos diferentes que podría llevar a lo largo de una semana. (Haz click sobre el día de la semana para ver la foto en grande).

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1.LUNES b&w: a nadie le gusta pensar un lunes. A nadie. No conozco a ninguna persona que se levante un lunes lo suficientemente lúcida como para hacer algo más complejo que echar los cereales en la taza. Como para ponerte a pensar en si mezclar esos colores van a quedar bien o si más bien pareces un sueño de Agatha Ruiz de la Prada. Es por eso que para los lunes espesos elijo muchas veces la combinación blanco y negro. Nunca pasa de moda, es como las rayas marineras o el beige. Unas medias tupidas, una camisa blanca con bordados y unos zapatos tipo Oxford convierten la falda en parte del look profesora de internado/directora del coro/secretaria de 1960 que tanto me gusta (y que encima se lleva).

2.MARTES sporty chic: si pensabas que tus zapatillas de cordones solo iban bien con vaqueros o con los leggins del gimnasio, estabas muy equivocada. Las zapatillas son también para faldas. Súmales una camiseta con letras tipo universidad y tacháaaan…un toque deportivo. Las gafas de sol son algo opcional (en realidad no hacía ni pizca de sol, pero el rollo Rizzo de Grease que le daban al outfit me encanta).

3.MIÉRCOLES denim: el vaquero, otro tejido que nos lleva acompañando desde 1950 y SIEMPRE acaba subido a alguna pasarela. Si no tienes nada en denim, puedes hacer como yo y rascar en armarios ajenos. En concreto, la camisa que llevo puesta, era de mi primo pequeño de cuando tenía 6 años, pero con la manga remangada, ni se nota. Si además le añadís un toque de color en el bolso o en los labios que tiemble Chiara Ferragni.

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4.JUEVES roquero: soy una gran defensora de introducir en conjuntos las camisetas de grupos de música/giras o conciertos. Cuanto más viejas, roñosas, desgastadas o de chico, mejor (lo oversize también se lleva). Aunque si no tienes la suerte de tener un fondo de camisetas clásicas auténticas, las puedes encontrar en muchas tiendas que están haciendo versiones de ellas. Eso sí, llevar una camiseta de este estilo implica dos cosas: apréndete el nombre de dos canciones del grupo (porque siempre vendrá el típico tocapelotas pesado a llamarte rockera de palo y que está prohibido dejarse la chupa de cuero en casa (este oufit va muy bien con Under Pressure de Queen.)

5.VIERNES nocturno: no, ya sé que los crop tops no están pensados ni para todas las figuras (de hecho, como tengas un poco de pecho, vas a tener problemas para que ‘las gemelas’ te aguanten toda la noche en su sitio) ni para el invierno. Pero si te pones una americana larga como la levita de Mortadelo que te llegue hasta el culo, podemos hacer el apaño.

6.SÁBADO elegante: para el fin de semana dejamos la informalidad y nos venimos arriba con las joyas (las joyas falsas en mi caso quiero decir, no os penséis que llevo esmeraldas. Mi sueldo de blogger no me da ni para un collar de cantos rodados). Para acompañar la falda he elegido un top de terciopelo vintage de mi madre (también nos sirve uno de cualquier otro tejido) liso con un maxicollar rollo diamantes de los Romanov.

7.DOMINGO ‘de tranquis’: los domingos son para descansar en el sofá poniéndote al día con las series de Netflix o viendo la película de turno de Antena 3. Esta es mi versión en ropa de calle del pijama dominguero que llevaría un domingo. Las zapatillas de cordones y un jersey calentito son perfectos para estar cómoda en casa o por si te acaban liando para salir a la calle. (Las gafas no son postureo, soy un poco miope, aunque intento disimular).

 

(No quería terminar el post sin darle las gracias a mi fotógrafa, mi madre, que armada de paciencia, no solo esperó a que me cambiara siete veces de ropa y peinado sino que bajó a la calle siete veces para hacerme las correspondientes siete fotos. Ser madre de blogger no es nada fácil!)

 

 

Lo que deberías saquear del armario de tu abuela (o de tu madre)

Estamos acostumbradas a verlas con la bata de franela, algún que otro rulo en el pelo y las zapatillas de borreguito. Pero es la misma mujer que aparece en las fotos de Torrevieja en 1976 con un conjunto playero que no tendría nada que envidiar a Brigitte Bardot en sus años mozos. Tu abuela era ‘fashionista’. Qué digo era…¡es ‘fashionista’! Solo tienes que echarle un vistazo a su colección de lacas de uñas, sus innumerables pañuelos o a cómo le gusta arreglarse el pelo.

Es por eso que en los roperos de nuestras abuelas se encuentran auténticos tesoros. Su fondo de armario vale su peso en foie gras. ¿Recuerdas ese modelito tan mono con el que tu abuela sale en las fotos? Es el momento de preguntarle por él, porque ahora, esa prenda es vintageVINTAGE! Que es casi como decir que algo es tan sagrado como las vacas en la India).

Tumblr Foreverblog

Posando muy casual. Tumblr Foreverblog

Si tienes la suerte de que tu abuela fuera una fashion victim en los 70 hay tres cosas básicas que tuvo que llevar: un mono, unos acampanados y un bolso.

El mono es algo que todas han usado, por lo general sin sujetador, que te permitirá ir felizmente libre sin sentirte oprimida (una filosofía muy setentera). Los pantalones acampanados posiblemente estarán como si hubieran salido de la fábrica ayer, ya que antiguamente la ropa era tan buena que habría resistido radiación nuclear si se hubiera dado el caso. Por último, pídele un bolso, te va a dar igual el estilo o el color, ¡Estamos hablando de un bolso setentero auténtico! Va con cualquier cosa que vayas a ponerte.

Las tres prendas eran un básico de la época y aunque en España no necesitaron un Woodstock para abrazar las tendencias hippies, algunas abuelas conservan estas perlas en sus armarios. Así que corre a su casa, distráela con la telenovela y cuando hayas terminado con el saqueo pregúntale si te da esas prendas que ya no se pone (son abuelas, con un pucherito y besos te van a dar hasta su rosario más preciado).

¡Pero ojo! Que nuestras madres también vivieron una época de la que podemos rascar. De los ochenta podemos rescatar también prendas en previsión de la moda futura. En primer lugar, deberías hacerte con unos buenos pendientes ochenteros, esos tan grandes que te dejaban los lóbulos de las orejas como un Buda. Si tu madre era una ochentera auténtica posiblemente tendrá pendientes de clip. Aunque en un primer momento parecen una buena idea, a la media hora de llevarlos te palpitan las orejas y te provocan una jaqueca con náuseas incluidas (true story).

Otra prenda representativa de la época es un pantalón de cintura alta. Creedme, lo que llamamos ahora ‘cintura alta’ es, en comparación a los ochenta, un pantalón de cadera. Cuanto más sobaqueros y más te marquen el ‘asunto’ más trendy. Y por último, TODAS LAS MADRES QUE VIVIERON LOS OCHENTA CONSERVAN ALGO CON HOMBRERAS, por hortera que sea hoy en día (menos mi madre, que más que ‘algo’ conserva un 80% de las prendas con hombreras que lanzaron al mercado en esa época. Gracias, mamá). Cuánta más hombrera, mejor. Que aunque ya la vimos volver hace un par de años y ahora están de capa caída, como todas las modas, las hombreras regresarán algún día a la pasarela (y por tanto a nuestros armarios).

Abuelas, madres, tías…GRACIAS.