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Cómo hacer la maleta y no terminar al borde de un ataque de nervios

Lo de llevar un año viviendo fuera de España hace que me haya convertido en una experta en viajar, sobre todo en lo que a maletas se refiere.

GTRES

Estos 365 días de vuelos me han enseñado que hay que seguir el principio del pragmatismo, es decir, que todo lo que vayamos a llevar sea práctico. Por muy aficionadas que somos muchas (yo la primera) a los “¿Y si llueve? ¿Y si viene una ola de calor a Noruega y todo el mundo va en chanclas menos yo?” tenemos que ceñirnos al espacio de la maleta (y con maleta me refiero a las de mano).

Lo primero es la ropa interior. Es la única cosa en la que no debemos ser tacaños. Mejor que sobre a que falte y no sabes muy bien cómo pero al final siempre la acabas usando toda. Y eso incluye bragas, calzoncillos y calcetines. No vaya a ser que se te olviden y termines al final lavando el mismo par todas las noches en el lavabo del baño.

A no ser que tengas por delante una estancia larga, no necesitarás más que dos pares de zapatos: unos con los que puedas andar con comodidad y otros algo más arreglados. Recuerda el truco de la modelo Joan Smalls: “Siempre llevo un par de tacones porque nunca se sabe si algo puede aparecer. Elijo siempre los de color negro o nude, ya que combinan con todo“.

Olvídate de llenar la maleta con dieciocho pares, no los vas a usar. En cuanto pases el primer día de viaje, para el que, viajes cómo viajes, vas a ponerte los más cómodos, no vas a querer pasarte a otros. Utiliza además el hueco en el que se meten los pies para meter cosas y así aprovechar el espacio (cualquier centímetro cuadrado extra viene como agua de mayo).

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Prepara un neceser imprescindible para llevar a mano con un peine, un coletero, un cepillo de dientes, dentífrico y crema hidratante. Los añadidos como tapaojeras o perfume no son tan importantes como poder quitarte los restos de la tostada que te has tomado aprisa y corriendo en el aeropuerto. El maquillaje, muestras de gel y demás déjalo para la maleta (pero bien cerrado, que así evitarás sorpresas).

Con dos pantalones y una falda apañarás casi cualquier circunstancia siempre y cuando lleves partes de arriba combinables con ambas. No metas algo que te hayas comprado recientemente ya que corres el riesgo de que no termine de convencerte. Prag-ma-tis-mo. Vete a lo seguro, a tus vaqueros favoritos, a lo que sabes que no te va a fallar. Ante la duda, el negro. Y la ropa que más abulte, llévala puesta (aunque parezcas una cebolla).

Y por último, como buena amante de la moda que eres (o de los suvenires), siempre procura llevar algo de espacio sobrante para lo que puedas comprar en el destino, algo que ambas sabemos que terminarás haciendo.

El verano de las seis maletas

Desde el 26 de julio he hecho y deshecho seis veces la maleta.

He pasado de una de las capitales de la moda, en la que aprovechaba para combinar una pamela con una camisa a modo de crop top, a las fiestas del pueblo de mi pareja, donde la garrafa de sangría y el chaleco de su peña eran mis accesorios imprescindibles (y alguna que otra mancha por encima cuando ya el sol empezaba a despuntar).

De cuarenta grados de la zona toledana a quince en Asturias. De la sandalia al paraguas sin vaselina ni nada. Y de ahí al forro polar y a las deportivas para hacer barranquismo, o, si la ocasión lo requería, incluso descalza, agarrándome como podía a las rocas para bajar a una cueva aprovechando la marea baja. Los estilismos de chaleco salvavidas con olor a rancio, de haber sido mil veces usado, para hacer remando el descenso del Sella, pasarán a la historia de mis conjuntos del verano.

Portugal y Lisboa me hicieron recobrar el sentido estilístico incluso con la curva ‘cachopera‘ que desarrolló mi tripa a raíz de la sidra y el arroz con leche asturiano.

Desde el 26 de julio he hecho y deshecho seis veces la maleta y, cada una de esas veces, me he dado cuenta de que no he llegado a usar ni la mitad de ella. Bragas, dos bikinis, chanclas, un pantalón corto, unas pocas camisetas y el forro polar han sido mis básicos la mayor parte del tiempo.

Al final, este verano, la moda ha sido lo de menos.