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(Sobre)vivir la Nochevieja

“It’s my party and I cry if I want to” pienso cada vez que se acerca Nochevieja. Afortunadamente, nunca son tan desastrosas como para acabarlas entre lágrimas, pero sí hay una serie de cosas que, tras mi primer Fin de Año, empecé a tener en cuenta para sobrevivir con éxito a esa noche.

Nunca dejes para el 31 depilaciones o peelings faciales. Sé de lo que hablo, créeme, no quieres ir por toda la fiesta con los brazos en jarras de lo que te pica el desodorante en las axilas por haberte hecho la cera unas horas antes.

Y es que los experimentos están muy bien, “pero con gaseosa” como diría mi madre. Es una noche de ir a lo seguro. Como te pongas a probar cosas nuevas tanto de pelo como de maquillaje 1) no te van a gustar porque el recogido en la cabeza de Blake Lively no queda igual que en la tuya y 2) te vas a exasperar, despeinar y una vez echada la laca, no hay vuelta atrás. Corres el riesgo de acabar yendo a tu fiesta con un moño de bailarina para ocultar tu hecatombe capilar.

Es una noche en la que, si algo malo tiene que pasar, pasará, y si no, más vale que estés preparada para todo. No me preguntes cómo, pero si tu abuelo, desde la otra punta de la mesa, derrama una salsa, ten por seguro que por mucho que os separen dos metros, alguna gota acabará en tu vestido. O te cubres de servilletas hasta los codos como si fueras una momia (una de verdad, no como Imhotep en La Momia) o eliges para cenar, otro conjunto.

Cenar…qué bonita palabra. Yo antes en Nochevieja cenaba, ahora me limito a comer lo que vaya a darme más energía antes de llenar la escasa cintura de mi vestido. Porque esa es otra. Los conjuntos de Fin de Año son más ceñidos que los cinturones de Bertín Osborne.

Y sino están las medias, que por mucho que te las cojas de diez tallas más, siempre te van a quitar la respiración cuando te las coloques en la cintura. Mi teoría es que, desde el Ministerio de Sanidad, pretenden hacernos adelgazar a las bravas, sin que podamos meternos tranquilas un canapé en el gaznate por miedo a que el vestido nos asfixie.

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Bailarinas plegables, puedes conseguirlas en tu boda más cercana. BAILARINASPLEGABLES

Una vez pasadas las uvas, enfundada en tu modelo elegido para el festejo y en tus tacones, hay dos cosas que siempre siempre SIEMPRE debes llevar en tu bolso: unas chanclas/bailarinas de repuesto, pueden ser cutres de estas que regalan en las bodas (de hecho, en la última a la que fui me lleve mi talla de pie en los tres colores que ofrecían. Rubén y Elena si leéis esto, sí, fui yo la que dejo a dos invitadas sin bailarinas) y un paquete de kleenex. El paquete de pañuelos es fundamental porque todo garito/pub/bar/discoteca llega a un momento en el que se acaba el papel higiénico y los pañuelos son la salvación.

En ese punto de la noche, suele faltar poco para que la discoteca cierre y es cuando un 1 de enero a las 6 de la mañana tienes que volverte a casa con 5°. Que vale, que 5° no es un frío siberiano, pero cuando llevas unas medias transparentes y un vestido tan largo como un bañador de 1950, haga la temperatura que haga, te parecerá que estás en medio de una colina alpina a punto de escuchar a Elsa cantando el Let it go.

Así que (por una vez en tu vida) haz caso a tu abuela y lleva el plumas o en su defecto, el abrigo más gordo que tengas, porque salir a la calle es la fina línea que existe entre entrar al 2016 con dolor de pies por los tacones y entrar al 2016 con dolor de pies por los tacones y una faringitis que se convertirá en crónica. ¡Feliz entrada al nuevo año!