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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

Archivo de la categoría ‘Videojuegos’

Millenials, no os preocupéis por las palabras necias

Soy de lo que se llamó la Generación X. Podría ser madre de algún millenial, aunque tendría que haberme dado mucha prisa.

Aún me da reparo hacerme selfis, me siento un tanto imbécil cuando me pongo ante el móvil para hacerme una foto, y me acuerdo de una sensación similar y ya superada hace mucho cuando tuve mi primer teléfono móvil con 21 años, al empezar a trabajar estando aún en la universidad. Era un Alcatel One Touch Easy verde pistacho que cambió mi modo de obrar: no tenía que presentarme a ciegas si había quedado con alguien y esperar sin saber o correr agobiada sin poder avisar si llegaba tarde, mi cerebro podía dedicar a otros asuntos el espacio que antes reservaba a recordar la ubicación de las cabinas.

Recuerdo que iba en el tren de Cercanías y daba bastante apuro si el móvil sonaba. Todo el mundo giraba la cabeza, te miraba mientras hablabas bajito y rápido. Algo avergonzada por dar la nota.

Las cosas han cambiado bastante y ahora mi móvil pistacho es un juguete infantil que favorece el juego simbólico. Una vez explicas a los niños que eso es un teléfono móvil claro, porque viéndolo no acaban de averiguar de qué se trata.

Ese móvil no tenía Internet, estaba muy lejos de tener un móvil con el que poder hacer algo más que llamar o enviar mensajes de texto, pero sí que tenía Internet en casa. Primero con Infovía en mi 486, sufriendo caídas y lentitudes. No había redes sociales, pero teníamos el IRC y recuerdo bastantes noches de sueño perdido charlando con gente con la que compartía intereses. ¿Qué habrá sido de ellos? Ya llevaba unos años trabajando cuando vi aparecer un nuevo buscador extremadamente sencillo y con buena pinta llamado Google, que sustituiría pronto a Yahoo!, Ya o Terra en nuestra página de inicio. Y no teníamos Spotify, pero apareció Napster, lo amamos y lo lloramos cuando la industria discográfica se lo cargó.

Mi generación fue la que creció viendo crecer a los videojuegos. Pasamos de maravillarnos con el Prince of Persia a asombrarnos y disfrutar con Monkey Island, El día del tentáculo, Wolfenstein o Quake. Y luego con Tomb Rider o Splinter Cell. Y así hasta ahora. Un privilegio que otros no tendrán.

Y la generación para la que la música fue portátil, fue una compañera constante cuando nos movíamos por la ciudad. Mi walkman era una de mis posesiones más preciadas, también las cintas que algunos amigos me grababan con sus canciones favoritas.

También los videojuegos fueron portátiles. Yo llevaba mi GameBoy en el bolso junto al walkman y algún libro.

Empezamos a trabajar y muchos de nuestros trabajos eran incomprensibles para nuestros padres y abuelos. Nuevos oficios vinculados a la tecnología. Igual que les resultaba incomprensible que nos gustara cierto tipo de música o que llevásemos los vaqueros rotos.

Hace veinte años de todo aquello. Y ya entonces recuerdo a algunos de nuestros mayores, muchos con púlpito mediático, pontificando, sacando conclusiones precipitadas sobre nosotros.

Éramos adictos a Internet. Éramos adictos a los videojuegos. Estábamos desconectados del mundo real. Nos íbamos a quedar sordos a los cuarenta. Solo queríamos divertirnos y huíamos de las responsabilidades. Teníamos pocos hijos y demasiado tarde. Éramos unos cómodos. Nos lo habían dado todo regalado nuestros padres. Si trabajábamos en algo relacionado con nuevas tecnologías nos miraban por encima del hombro.

No os preocupéis millenials. Que no os importe lo que os digan esos mismos u otros desde similares parapetos. Bastante preocupación supone ya avanzar por este mundo persiguiendo la felicidad sin empujar a otros.

Solo espero no acabar desarrollando con la edad la misma estrechez de miras que esos que parecen creer que unos pocos años de diferencia y el avance de la tecnología nos convierten en extrañas especies de seres humanos diferentes.

‘El niño (con autismo) que quería construir su mundo’, y el padre que lo necesitaba desesperadamente

Cuando el libro de Keith Stuart llegó a la redacción era casi inevitable que acabara sobre mi mesa.

En El niño que quería construir su mundo (Alianza Literaria) el protagonista es el padre de un niño con autismo que encuentra la manera de conectar con él gracias a Minecraft, uno de los videojuegos que más éxito ha tenido en los últimos años.

Era inevitable que acabara sobre mi mesa y que yo me sumergiera en la historia creada por Stuart, redactor jefe de videojuegos en The Guardian que también tiene un hijo con autismo y que ha novelado su experiencia en primera persona pero cogiendo distancia.

Tengo ciertos aspectos en común con el autor que me resultaba imposible obviar mientras avanzaba por sus primeros capítulos. Durante un tiempo parte de mi trabajo consistió en escribir sobre videojuegos. También los defiendo y veo como una forma de entretenimiento que puede ser muy positiva y como una expresión artística. Tengo un hijo con autismo de una edad similar. Y he escrito una novela que arranca con un padre de un niño con discapacidad que ve su matrimonio resquebrajarse.

Pero mi hijo se parece muy poco al suyo. Sam está en lo más alto del espectro autista. El diagnóstico llegó muy tarde en su caso. Es capaz, con dificultades, de hacer amigos. Se expresa perfectamente, aunque con peculiaridades. Sueña con ser arquitecto. Es muy rígido en determinados aspectos, tiene problemas de comportamiento, socialización y para manejarse en ambientes bulliciosos, desestructurados. Me encuentro con frecuencia que los protagonistas con autismo de las novelas suelen parecerse a Sam más que a mi hijo, que no habla, al que no podemos soltar la mano por la calle, que siempre será dependiente, que es feliz, que es flexible…

Jaime se parece a Sam tan poco (tanto en su carácter como en la manera en la que se manifiesta el autismo en él) como probablemente mi trabajo escribiendo sobre videojuegos se diferencia del suyo. O como mi novela, terminada y aún sin publicar, con El niño que quería construir su mundo, que más que la historia de niño con autismo de alto funcionamiento es la de un hombre en la treintena tocando fondo para luego empezar a levantarse, y que encuentra un nexo de unión con su hijo, al que teme y del que huye, gracias a Minecraft.
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Hay que compartir y aprovechar los intereses de los niños, no podarlos

Jaime tiene muy pocos intereses. Es algo común en los niños con autismo y uno de nuestros caballos de batalla. Le interesa la comida, la música, tocar sus tambores, muy pocos juguetes y los álbumes de fotos. Eso dentro de casa. También disfruta en los columpios y nada le hace tan feliz como estar dentro del agua. Si algún 22 de diciembre tuviéramos suerte (difícil con la poca lotería que compramos) nos mudaríamos sin dudarlo a una casa con piscina para que fuera aún más feliz.

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Cuantos más intereses tenga un niño como mi hijo, mejor. Más elementos motivadores tendríamos para trabajar con él, para estimularle en la comunicación y en el juego. Los pocos que tiene, los exprimimos. Tanto en casa como los profesionales que le tratan en el colegio o en las terapias externas a las que acude (integración sensorial y piscina). De hecho, cada vez que ha cambiado de colegio, profesor o terapia, siempre hemos rellenado cuestionarios o dedicado gran parte del tiempo a hablar de sus intereses, de lo que le gusta.

Hay niños con autismo cuyo desarrollo está por delante del de mi hijo y también es algo a explotar por los profesionales inteligentes que los tratan. Si a ese niño le vuelven loco los dinosaurios, las matrículas de los coches, Pocoyo o los planetas, tanto que podría llamarse obsesión porque no quiere ni mirar otras cosas, la solución no es podar ese interés, sino utilizarlo. Buscar canciones, libros, actividades, juegos… relacionados con lo que sea que les motive.

Cuando tienes un hijo con un trastorno del desarrollo o/y con discapacidad me parece inevitable que eso influya en cómo educas a tus otros hijos, como ves la maternidad, como la sientes. Aunque de eso ya hablaremos más en profundidad y mas despacio otro día. También es inevitable que lo que aprendes para estimularlo lo apliques con ellos.
Al menos eso me ha pasado a mí.

Igual que Julia empleaba signos para pedir galleta o pan cuando era un bebé de menos de un año y signábamos con Jaime, que tenía entre dos y tres, sin parar, nos resulta natural fijarnos en sus intereses para aprovecharnos de ellos.

Y no hablo de castigar privándole de ello si no se porta como deseamos ni de premiarla con ellos. En absoluto.
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Prefiero que mi hija vea al youtuber Luzu que algunas series de Disney Channel o muchos vídeos musicales

Los mismos que no paran de soltar tacos en cualquier sobremesa familiar, que hacen chistes cuestionables delante de los niños, que ven Sálvame mientras ellos juegan o hacen los deberes a su lado y que dejan a sus hijos en libertad ante la tele o los vídeos musicales que puedan aparecer en Youtube, se niegan de entrada a que sus hijos vean a youtubers.

Absurdo. Pero así es.  Percibo en muchos padres la sorpresa, la reprobación, cuando comento que mi hija ve a Luzu, uno de los youtubers españoles que más éxito tiene.

Prejuicios. En parte fomentados por los medios de comunicación que casi siempre que hablamos de youtubers es para recoger cuando sacan los pies del tiesto.

No debería ser preciso recordar que hay que ver las cosas antes de censurarlas. Hay muchos youtubers, muchísimos. Algunos son comunicadores estupendos. Y no se puede meter a todos en el mismo saco ni ignorar tanta variedad.

En Disney Channel hay contenidos de mierda llenos de estereotipos de género y que ensalzan aspectos superficiales (protagonizados por adolescentes y que ven niños de cinco años), y también otros divertidos y educativos. Hay vídeos musicales que son obras de arte y muchos que presentan a las mujeres como cachos de carne y están llenos de mensajes cuestionables.

Exactamente igual hay youtubers cuya calidad deja mucho que desear o que están orientados a un público adulto y no deberían ver niños y otros que son perfectamente aptos para niños de la edad de mi hija (que en marzo cumplirá ocho años).

Una de las muchas responsabilidades que tenemos los padres es ver lo que nuestros hijos quieren ver y decidir si son apropiados. Mi experiencia además me dice que, al menos a la edad que tiene mi hija, agradecen que compartamos sus intereses.

Yo he visto muchos vídeos del canal de videojuegos de Luzu, LuzuGames, junto a Julia y son entretenidos y completamente blancos. Hemos visto vídeos de Pokemon Go, de Pokemon Sol y Luna antes de ponerlo en la carta a los reyes magos, de sus visitas al parque temático de Harry Potter, que ya sabéis que Julia es muy fan, o adivinando pokemons junto a su novia Lanita.

Y no ha pasado nada, salvo que hemos pasado un buen rato. Prefiero con mucho que mi hija vea a Luzu que Violeta o el vídeo de Piki Piki.

Hay otros vídeos de Luzu que muestran videojuegos más adultos o experiencias que a Julia no le van ni le vienen. Esos no se ven y punto. Ella lo sabe y, además, no le llaman la atención. De todas formas, como los vemos juntas no hay peligro. Y si Julia tuviera ya doce o catorce años y le interesaran, no habría el menor problema. Ni mucha diferencia con cuando yo leía a esa edad Micromanía.

He visto a Luzu, en sus vídeos, abogar por jugar limpio, por hacer las cosas como es debido, le he visto explicarse con pasión y de forma amena, se le percibe un tipo sensato y capaz de reírse de sí mismo y es, sin duda, un comunicador fantástico al que imagino muy consciente de que entre los seis millones de seguidores de su canal hay un porcentaje muy elevado de niños (sobre todo en los de Pokemon) y tiene que cuidar en extremo lo que cuenta y cómo lo cuenta.

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Skylanders, Lego y Pokemon, los videojuegos que triunfan con mi hija de siete años

A Julia le gustan mucho los videojuegos. Es un entretenimiento que siempre ha estado presente en casa y tenemos fotos en las que se la ve muy pequeña, sin tener siquiera tres años, con el mando de la Wii en casa y sobre nuestro regazo, coloreando al tren Thomas.

Los videojuegos pueden ser instrumentos muy útiles para el aprendizaje y una buena forma de divertirse. Siempre los he defendido en ese sentido. Y no tienen que ser una diversión solitaria, aunque eso tampoco tiene nada de malo; siempre me ha llamado la atención que nadie critica el aislamiento y la soledad de los devoradores de libros y sí a los que se entregan al ocio electrónico. Nosotros la mayoría de los videojuegos los jugamos junto a ella o con ella.

Y hay tiempo para todo: libros, juegos de mesa, manualidades, cine, excursiones… nada es excluyente. Cuanto más variado sea el tiempo de ocio, mejor.

Todos los años, sobre todo cuando se acercan estas fechas en las que el llenado de alforjas reales ya está en el horizonte, hay gente que me pregunta sobre qué videojuegos podrían gustarle a sus hijos o sus sobrinos de cinco a diez años. Pues bien, suelo recomendar las tres franquicias con las que título este post, en función de los gustos del niño y de las consolas que tengamos disponibles.

Las tres, Pokemon, Lego y Skylanders, son las favoritas de Julia. Todas son completamente blancas, el contenido es apto para todos los públicos y tienen un nivel de dificultad muy razonable.

Skylanders fue probablemente la primera en triunfar en casa. Hace dos años la carta de los Reyes Magos estuvo llena de las figuras imprescindibles para poder jugar. La particularidad de este juego multiplataforma es que viene equipado con una plataforma sobre la que se ponen las figuras con las que iremos recorriendo el mundo de Skyland para combatir al malvado Chaos. Las figuras acaban suponiendo un gasto extras, pues hacen falta varias de distintos tipos para terminar el juego. O los juegos, mejor dicho, que cada año hay una entrega nueva que incorpora distintas novedades. Claro que también son juguetes con los que disfrutar ideando aventuras con la consola apagada.

Un niño de más de ocho años no tendrá problema para acabarlo solo, con menos edad habrá que jugar junto a él y ayudarle en momentos puntuales. En Vandal hay más información sobre todos los títulos de la franquicia.
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Tras los Skylanders desembarcaron en casa los juegos de Lego, también multiplataforma. Julia ha jugado a los juegos de Lego inspirados en Los Vengadores, la Legopelícula, Harry Potter, Batman y El señor de los anillos. Sus favoritos han sido los de Harry Potter, que ya sabéis que mi chica es muy fan del mago con gafas, y la Legopelícula. Son algo más difíciles que los de Skylanders para que un niño pequeño los juegue solo, pero tampoco es que tengan una gran dificultad la verdad. Para el adulto que acompaña al niño son mejores juegos que los de Skylanders, con mucho guiños, mucho sentido del humor. Son casi películas.

Os dejo el enlace a Vandal en el que tenéis más información sobre estos juegos, que son legión.

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Y los últimos en llegar a casa y entusiasmar a Julia han sido los de Pokemon, herederos de el furor decreciente por Pokemon Go. Son juegos que únicamente se puede disfrutar con las consolas portátiles de Nintendo y a los que no se puede jugar a cuatro manos, como mucho mirando por encima del hombro y comentándolo juntos acurrucados en el sofá. La dificultad es mínima y la gran ventaja es lo mucho que hay que leer. Toca hablar con todo el mundo mientras se va de gimnasio en gimnasio y los hay que sueltan unas chapas importantes y relevantes para avanzar en el juego. Este mes saldrá un nuevo Pokemon, el Sol y Luna, que mi hija ya tiene claro que pedirá a los Reyes Magos. De nuevo os remito a Vandal si estáis interesados en saber más.
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Esas son las tres franquicias que triunfan y que han gustado a todos los niños que conozco. Me consta que en muchos hogares los simuladores deportivos son los que reinan, pero a Julia le interesan entre poco y nada. Otras han sido decepcionantes, probablemente el mayor fracaso fue Disney Infinity, que usa un sistema de figuras sobre plataformas similar al de Skylanders. Figuras preciosas basadas en los personajes de Disney. Pero nos estrellamos ante su espinosa jugabilidad, muy mal concebida a mi parecer.

¿Cuáles son los videojuegos que triunfan con vuestros niños?

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Skylanders da el salto a serie de animación en Netflix

En casa nos gustan los videojuegos, tenemos distintas consolas y creemos en que se puede sacar provecho, no solo entretenimiento, con los mandos en la mano. Entre los títulos favoritos de nuestra hija se encuentran los Skylanders, a los que juega en nuestra compañía desde que tenía cinco años.

Como ya os conté en su momento, es lógico que le entusiasmara. Son buenos juegos. Los niños no son tontos y distinguen un trabajo bien hecho como cualquiera. Tienen puzzles, enemigos que son hasta simpáticos (Caos es incluso achuchable), no hay sangre, no hay muertes, las figuras con las que se juega están muy bien hechas, con diseños atractivos y las aventuras tienen el nivel de dificultad perfecto para disfrutar sin quedarse encasquillados.

Mañana, 14 de octubre, se lanza un nuevo título de la saga de Activision, Skylanders Imaginators, aunque para saber de los videojuegos de Skylanders, mejor leer a Vandal, que hace ya muchos años que yo no me dedico a escribir de ocio electrónico.

Lo que yo quería comentaros es que pocos días después, el 28 de octubre, llegará una serie animada inspirada en el mundo de Skylands. Un camino similar al protagonizado con éxito por los videojuegos de Pokemon, algunas de cuyas películas y series también están disponibles en Netflix.

Como protagonistas de la serie, cuyo título es Skylanders Academy, tenían multitud de personajes a elegir, pero se han decantado por Spyro (un clásico ineludible), Eruptor, Stealth Elf, Jet-Vac y Pop Fizz. Y me da que sobre todo lo serán los tres primeros, ya veremos.

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Ahí tenéis al jefe de los malvados. ¿Es casi achuchable o no?

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La dirige y produce Eric Rogers (Cuestión de pelotas), Justin Long (Ask Me Anything) pone la voz a Spyro, Ashley Tisdale (la rubita de High School Musical) a Stealth Elf y Jonathan Banks (Breaking Bad) a Eruptor. Y hay cameos sonoros de la talla de Susan Sarandon, Daniel Wu, Parker Posey o James Hetfield.

Os dejo con el tráiler, que acaba de presentarse en todo el mundo y que ha dejado a mi hija entusiasmada.

¿Cómo es Pokemon Go para niños pequeños?

juliaProbablemente la mayoría estéis muy hartos de oír hablar de Pokemon Go, llevamos gran parte del verano bombardeados a contenidos sobre el tema, cuando no rodeados de jugadores con mayor o menor grado de implicación. Por eso mi intención inicial de escribir al respecto, impulsada en parte porque algunos me han preguntado sobre si lo veía apto, incluso recomendable para niños pequeños, se entibió.

Al final he decidido publicar este post por si a alguien le resulta interesante mi impresión de este juego respecto a su uso por parte de niños como mi hija. La perspectiva de una madre que hace ya muchos años, cuando era una periodista veinteañera, escribía de ocio electrónico, que jugó bastante (también a las primeras entregas de Pokemon en GameBoy Advance) y que no tiene prejuicios respecto a los videojuegos como forma de ocio.

Lo instalé en julio en mi móvil. No lo hice porque Julia lo hubiera pedido, fue una cuestión de interés informativo mío, también de simple curiosidad. A Julia le gustó desde el principio, despertando su interés por ver los dibujos inspirados en estos bichos de Nintendo. Aunque sin enganches, durante tres semanas en agosto ni lo olió. Y el resto del tiempo es un entretenimiento más entre muchos otros.

* Vamos con las ventajas que he encontrado…

La primera y más importante es que anima a caminar, a pasear. Jamás ha sido tan fácil salir con Julia a recorrer todo tipo de parajes. El paseo por el paseo no suele interesar a los niños de su edad, pero este verano he visto a muchos de cacería de la mano de sus padres. Los pokemons aparecen cuando recorres distintos lugares. Lo que en los videojuegos clásicos de Pokemon consistía en patear digitalmente los mundos que se te mostraban en pocos pixeles, ahora es el mundo real. Cuanto más se varíen zonas y lugares, más variedad de pokemons podremos cazar. Y no sólo se camina para encontrar pokemons que cazar, también sirve para eclosionar huevos de los que saldrán pokemons-sorpresa en plan huevo Kinder y para encontrar pokeparadas en las que conseguir objetos y gimnasios en los que batirse en duelos sin sangre ni muertos. Invita incluso a hacer turismo y nos descubre rincones de nuestras ciudades a los que no habíamos prestado atención, con el juego hemos descubierto el nombre de esculturas que estábamos hartos de ver, placas con información histórica o, sobre todo, ejemplos de arte urbano.

Vinculado a lo que os comentaba de los gimnasios, es un juego completamente blanco. No hay muertos, ni sangre. Las peleas son lo más suaves que se pueda imaginar. Tampoco hay violencia verbal, desigualdad hacia la mujer o sexo. En ese sentido no hay el menor miedo. Los protagonistas son unos animalitos muy cucos que encuentras o salen de huevos aparentemente por generación espontánea completamente asexuados salvo en un par de casos, que para lo que les sirve…

No entraña dificultad, sino perseverancia. Adultos, adolescentes y niños están igualados. Al menos por la edad, por qué hay muchos motivos de desigualdad que explico abajo.

Anima a leer a esos niños que se están empezando a hacerlo. No solo los contenidos del juego, que te describe pokemons y sus características, también buscando contenidos relacionados. Julia estuvo este verano leyendo de principio a fin una guía impresa sobre Pokemon Go que compramos junto a la playa y en tiempo récord. También las hay muy completas en Internet. Hace muy poco hemos instalado en un simulador una de las versiones vetustas, Pokemon Rojo Fuego, con la que os aseguro que hay que leer bastante.

En cierto sentido es como la colección de cromos de todo la vida, con la que se ejercita la memoria, pero más barata. De hecho completamente gratis si no pagamos por los objetos del juego. Está el inconveniente, eso sí, de no poder intercambiar pokemons, que es parte fundamental en cualquier colección de cromos. No obstante parece que los desarrolladores están trabajando para solventarlo.

No hay chat ni los peligros que conlleva. El juego invita a hablar con otros niños que también lo estén jugando y comparar los pokemons que se tienen, pero en la vida real. Primos, amigos… No hay opción de contactar con desconocidos y hablar con ellos como en juegos tipo Clash of Clans. Los desconocidos con los que puedas acabar hablando serán otros jugadores que encuentres a tu lado en pokeparadas o gimnasios. Con mi hija eso no entraña riesgos porque nunca está sola en la calle.

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¿Qué tienen que ver Skylanders y el autismo?

A Julia le gustan los videojuegos, “jugar en la tele” lo llama. Para ella no es un entretenimiento solitario, siempre juega con nosotros o con algún amigo. Alguna vez me han preguntado qué videojuegos recomendamos para niños de una edad semejante, suelo hacer dos recomendaciones y una es la saga de videojuegos de Lego. Lego Harry Potter, como buena fan del mundo de Hogwarts que es, es su favorito, pero cualquier Lego le divierte.

Los otros videojuegos que recomendamos son los de la saga de Skylanders, al igual que pasa con Lego todos son muy entretenidos y tienen una jugabilidad fantástica, los combates son absolutamente blancos y los personajes nunca mueren o son heridos, solo se agotan. Pertenecen a esa familia de juegos en los que hay que poner sobre una plataforma los personajes. El segundo título, Giants, es el que más ha disfrutado; el cuarto, Trap Team de 2014, se convirtió en el juego de consola infantil número 1 a nivel mundial, y así sigue hasta la fecha.

Disney Infinity es otro ejemplo de este sistema. Tiene unas figuritas preciosas con los personajes Disney pero cuya jugabilidad es considerablemente peor para niños pequeños precisamente por la ambición de complejidad con la suerte fue concebido. Por cierto, que no sé a qué esperan para hacer un juego así con los personajes de Pokemon.

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Día del orgullo (del padre y la madre) friki

170d_s_is_for_star_wars_toddler_teeHoy 25 de mayo es el Día del orgullo friki, algo que arrancó en 2006 y que tiene en cuenta el estreno del largometraje de George Lucas, el Día de la Toalla (en honor a Douglas Adams, autor de la Guía del autoestopista galáctico) y con el glorioso 25 de mayo, día de la rebelión en una famosa calle de Mundodisco, universo de Terry Pratchett.

Los frikis abundamos. El concepto de ser friki se ha extendido tanto, que raro es el que, con menos de cincuenta años, no es al menos un poco friki.

Se puede ser friki por jugar al rol, a los videojuegos, a los juegos de mesa, por gustarte los cómics, StarWars, la ciencia ficción en general, Tolkien, la robótica, Sheldon Cooper, Matvel, Lego, Juego de Tronos, Terry Pratchett, por ser aficionado a cualquier producto cultural o tendencia que venga de Japón (el valhalla del frikismo).

1ed5_marvel_avengers_nesting_dollsSe ha ampliado tanto el espectro que, a título personal, creo que empieza a perder sentido. Ser friki escapa de estereotipos, es mainstream, apunta a muchos productos de masas, a casi cualquier cosa que haya surgido recientemente con tintes fantásticos o tecnológicos.
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‘Tiny Thief’, el juego favorito de Julia (seis años) para tablet

imageQue el ocio de nuestros niños ya incluye las aplicaciones y juegos de móviles y tabletas es algo incuestionable. Algún caso habrá por ahí de niños del primer mundo ajenos por la voluntad de sus padres a estas tecnologías, pero son pocos.

Nosotros en casa lo permitimos. Creemos que, como muchas otras cosas, puede ser muy beneficiosa si se usa con criterio y sin exceso. Estoy convencida de que el reto de los padres no es mantenerles aislados de la evolución tecnológica, sino enseñarles a vivir con ella. Se la van a encontrar antes o después. Vivimos en una realidad que también lo es de píxels. Y esa realidad es perfectamente compatible con actividades bajo el cielo.

De hecho J&J tienen un iPad viejo, la primera versión de este dispositivo que ha resultado ser más duro que el esparto, sobreviviendo incluso a un zapateado flamenco sobre su pantalla y a que un tarro de mermelada le impactará justo en el centro. Está en perfecto estado, el único problema (y no es pequeño) es que ninguna de las nuevas aplicaciones funcionan en él y muchas de las viejas van dejando de funcionar. La última en fallar ha sido Youtube, que era la favorita de Jaime, que muchos ya sabéis que tiene autismo, para ver música.
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La preferida de Julia es Tiny Thief, un juego que salió en 2013 y que suelo recomendar a los padres que me preguntan por apps y juegos apropiados para niños. Aunque aún utiliza a veces el tipo de apps y juegos que os recomendé aquí hace algún tiempo, con sus seis años recién cumplidos va pidiendo entretenimientos más complejos. Tiny Thief, de 5ants y distribuido por Rovio (los mismos creadores de Angry Birds), es un ejemplo magnífico. Un juego bonito, bien diseñado y divertido en el que tienes que recorrer distintos niveles pensando cómo interactuar con el escenario y los objetos y personajes que en él aparecen para lograr tus objetivos: liberar a los oprimidos, acabar con los malos y rescatar a la chica de la que te has enamorado. Sí, me temo que hay princesa florero, ningún juego es perfecto y ese es el único fallo que encuentro al pequeño ladronzuelo.
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El juego está clasificado a partir de cuatro años, pero lo suficientemente complejo como para que la primera vez lo juguemos a cuatro manos con nuestros niños. Así de paso lo disfrutamos nosotros. Nadie dijo que este tipo de ocio tenga que ser solitario o un ‘aparcaniños’ y siempre es buena idea conocer bien a qué dedican nuestros hijos su tiempo. Luego seguro que querrán repetir la aventura solos o con ayudas muy puntuales.

Ya veis por lo que acabo de contar que no es un juego de esos interminables, con niveles y más niveles. De hecho una de las críticas quer recibió es que resulta relativamente corto. No la comparto, por 2,69 euros da las horas de diversión de dos o tres películas y puedes repetir para completar todos los logros de los niveles favoritos. En 2014 sacaron varios niveles más por 1,69 euros extra. No sé vosotros, pero yo prefiero eso a esos otros juegos y apps supuestamente gratuitas que luego rebosan publicidad y quieren sacarte los cuartos por más mejoras o ayudas.