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Las siestas con niño

Hay pequeños placeres que hacen que la vida merezca la pena: una buena ducha de agua caliente cuando estas cansado o aterido, leer en un banco con el primer sol de la primavera, divisar el mar por primera vez desde el coche cuando estás a punto de llegar a tu destino de vacaciones, entrar en casa y ser recibido con entusiasmo por un perro sonriente o un niño con los brazos abiertos…

Sin duda uno de esos pequeños preciosos momentos cotidianos es la siesta con niño al lado. Una tarde en casa, ya habéis comido, os tumbáis juntos en el sofá a ver una película y al poco el niño está durmiendo pegado en tu costado. Puede que tú también duerma, puede que no. Pero es uno de esos regalos que nos da la vida, que hacen que merezca todo lo demás, que no es tan bueno.

Seguro que se os ocurren muchos momentos así… a veces no viene mal recordarlos y ser conscientes de la suerte que tenemos por poder disfrutarlos.

Adiós a la siesta

Es curioso como Julia y Jaime, siendo hermanos, tienen hábitos tan diferentes.

Jaime con cinco años sigue sin perdonar un ratito de siesta. Es muy dormilón, en la cama es feliz, e incluso los días que no ha madrugado pide dormir después de comer. Y no por eso queda sin dormir por la noche. Hasta que comenzó el cole con tres años, no era raro que incluso cayera una siestecita del carnero (esa de antes de comer).

Julia en cambio con poco más de dos años y medio empezó a saltarse la siesta por propia voluntad. Desde hace un par de semanas, con dos años y nueve meses, la siesta empieza a ser algo excepcional. Y pese a no dormirla tampoco por la noche tiene ganas de pillar la cama. Es mucho más activa que su hermano y mucho más despierta, en el sentido literal del término.

También hay que decir que Jaime ha salido a su padre y Julia a mí en eso de las siestas. Mi madre siempre recuerda cómo en verano, de vacaciones con toda la familia, era imposible que durmiese la siesta. Me negaba rotundamente. La pobre tenía que entretenerme en una casa calurosa y en silencio, en la que todos dormían menos nosotras.

En el primer año de cole, con niños entre los dos y mucho y los cuatro años, aún los ponen un ratito a dormir la siesta. Un momento que para unos es reparador y para otros casi un castigo.

¿Los vuestros son de los dormiloneso de los despiertos? ¿Cuándo comenzaron a prescindir de la siesta? ¿Lo hicieron voluntariamente u obligados por las circunstancias?

“¿Cuándo se acaban las siestas?”

El otro día la madre de una compañera del cole de mi hijo me contaba que su niña, con cuatro años cumplidos este verano, ya no quiere dormir la siesta. Poco antes una amiga, cuyo hijo también tiene cuatro años me decía lo mismo: su hijo cae roto a las nueve de la noche pero dice que siesta, salvo rara excepción, nanai.

Mi hijo con su misma edad no la perdona.
Necesita dormir una horita tras la comida o por la tarde no es persona. Y esa siesta no le impide luego dormir bien de noche.

“¿Cuándo crees que se le acabarán al tuyo las siestas?” me preguntó una de ellas.

“Puede que nunca” contesté “
hay quien sigue deseando su ratito de siesta toda la vida aunque las circunstancias no se lo permitan”.

Julia es menos dormilona. Tiene poco más de año y medio y ya poco después de cumplir el año dejó de dormir su siestecilla del carnero por la mañana. Su hermano tardó bastante más en abandonar esa costumbre. Y ahora con cuarenta minutos por la tarde tiene más que de sobra.

Imagino que él ha salido a su padre, cuya familia es conocida como el club de las marmotas, y ella ha salido a mí, que nunca he sido de siestas. Siendo muy pequeña recuerdo algunos veranos en extremadura, con un calor tremendo en esa era pre-aire acondicinoado, toda la familia recogida durmiendo y mi madre teniendo que entretenerme porque me negaba a dormir.

Lo que es cierto es que desde que son recién nacidos y el día está completo de minisiestas hasta que tienen entre uno o dos años y se conforman con la siesta a la hora convencional, la evolución del sueño diurno de los bebés es tremenda.

Me resulta curioso que se hable tantísimo del sueño nocturno en los bebés y tan poco del diurno.

Y al menos en mi caso, hubo un punto de inflexión en torno a los seis meses que marcó el comienzo del fin de las minisiestas diurnas y otro momento de maduración entre el año y año y medio, en el que se pasó a dormir un ratito sólo después de comer.

¿Cómo ha sido el sueño diurno de vuestros hijos?