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Un exantema en las manos

Tengo al peque un poco picajoso estos días. Al pobre le han salido unos granitos y rojeces en las manos que mi pediatra ha identificado rápidamente como un exántema de origen vírico.

Antes sospechó de algo llamado boca mano pie (nombre francamente idiota para una enfermedad) que parece que anda suelto, pero lo descartó rápidamente,

¿La solución? Pues una crema con corticoides un par de veces al día y si le pica mucho talco líquido.

Ojalá nos lo quitemos pronto de encima. Mi pediatra ya me ha advertido de que puede ser algo engorroso de quitarse de encima.

Parece ser que el talco líquido es mejor que en polvo. Primero por que no lo pueden inhalar y segundo por que no reseca la piel.

Y en esas andamos. Le pica lo justo, así que no se rasca demasiado el pobre.

Pero me ha hecho recordar cuando yo pasé la varicela siendo ya adulta y lo mucho que picaba. A ver cómo contener a niños pequeños frente el ataque de una enfermedad así

para que no se rasquen.

Cuando a nuestros hijos les pasa algo

Mi peque tiene una salud de hierro. Tocaré madera para que siga así, pero no ha tenido apenas fiebre, ni mocos, ni gastroenteritis… el gasto en medicamentos es cero.

No sé si es cosa genética, tanto su padre como yo fuimos (y somos) también de lo más saludable de momento. Puede ser el pecho que estuvo tomando hasta pasados los dos años. O tal vez que no ha ido a guardería.

Probablemente sea un buen cóctel de todo.

Pero eso no quiere decir que no nos lleváramos un buen susto con él.

Subluxación de la cadera izquierda. Eso es lo que me dijeron que tenía mi peque cuando apenas había cumplido seis meses.

Pocos días antes habíamos hecho una ecografía rutinaria. La hacen a todos los niños que nacen de nalgas, ya que es un factor de riesgo importante.

Y me dejaron de piedra, llorando en casa, con un disgusto existencial que ni imaginaba.

Menos mal que se trabata de algo pasajero y perfectamente solucionable.

Tuvo que estar hasta el año con un arnés de Pavlik que le forzaba a tener las piernas abiertas y flexionadas y a pasar varias veces por el traumatólogo infantil, hasta que en la última ecografía comprobaron que el problema estaba subsanado y nos dieron el alta.

Tardó algo más en andar y no gateó, pero nada preocupante.

Mañana tendremos que volver al hospital a hacerle una radiografía y luego a la consulta del traumatólogo: ha pasado un año desde ese alta y quieres asegurarse por última vez que todo está en orden.

Yo estoy tranquila. Creo que así es y lo considero un trámite. Ya os contaré.

Pero no se me olvida hasta qué punto puede afectarme lo que le suceda a mi hijo.

Es con toda seguridad la única persona del mundo por la que me cambiaría sin dudarlo lo más mínimo fuera cual fuese la enfermedad y el pronóstico.

Tal vez también me sacrificaría por otras personas que me rodean, pero no sería tan instantáneo y ya habría unos cuantos “dependes” sobrevolando por ahí.

Antes de tenerle no podría haber imaginado la intensidad de ese impulso.