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Los niños se ahogan en silencio #ojopequealagua

El ahogamiento en niños es SILENCIOSO: tu hijo se puede ahogar sin que chille o llame la atención. Es un mito que los niños pataleen o pidan ayuda, eso no suele pasar. Los niños se ahogan y nadie se entera. Esto debería decirlo algún famoso a ver si de una vez las personas se conciencian. Suelen mover las rodillas o ponerse rectos para intentar sacar la cabeza. No suelen llamar la atención por el cansancio o por el miedo. NO AVISAN.

Eso leí al pediatra José Mª Lloreda, que escribe el recomendable blog Mi reino por un caballo en su post más reciente: La piscina. Un texto que debería ser de lectura obligada de un profesional que ha vivido estas desgracias en primera persona.

Cuando estaba en UCI pediátrica vi muchos ahogados (era una ciudad marítima), algunos fallecieron, y otros quedaron con secuelas muy graves. Todos repetían lo mismo “no sabían cómo había pasado”, “solo salí un segundo”, etc etc.

Eso leí y aunque no soy ninguna famosa, tengo un blog y puedo hacer reverberar el eco de su escrito, para alcanzar una mayor concienciación.

Los niños se ahogan. Lo hacen con frecuencia en silencio. El doctor Lloreda compartió un vídeo de un informativo que mostraba a un niño de cinco años ahogándose en una piscina llena de gente en Helsinki. Nadie se dio cuenta de lo que le pasaba al pequeño. Un vídeo muy duro, durísimo, pero bienvenido sea si nos ayuda a mentalizarnos de la importancia de no perderles de vista si están en el agua, de no confiarnos en que pedirán auxilio, en que nos alertarán de alguna manera.

Los niños mueren ahogados y lo hacen con más frecuencia de lo que creemos. Muchas veces se trata de desgracias que se podrían haber evitado de haber seguido unas recomendaciones básicas de seguridad.  Desgracias que volverán a salpicar los medios de comunicación este verano. Desgracias que justifican que insistamos en que no hay que bajar la guardia.

Ojo al gráfico de Ahogamiento.com, un 30% no tenían ninguna supervisión.

Estas son las recomendaciones a tener presentes cuando se juntan agua y niños que el doctor Lloreda recoge en su post (un post que conviene leer entero) y que me ha permitido compartir:

  • Un adulto responsable debe vigilar a los niños y vigilar no es estar por allí guasapeando y subiendo fotos a instagram. Solamente se necesitan unos segundos para que un niño se ahogue. Esta persona no debe atender llamadas o ir un segundo al baño sin dejar a otro adulto al cargo. En esos “si solo me fui un segundo” suceden las cosas.
  • No relajes la vigilancia, en casi todos los ahogamientos en niños hay un adulto que se ha distraído. Aunque sea por no tener que pasar por ese momento, no lo hagas.
  • No dejes a los niños cerca del agua mientras haces otras cosas. Los ahogamientos suceden muy rápido. A veces alguien te dice que el niño es muy bueno y que nunca se metería solo. Claro, pero sigue siendo un niño.
  • Evita supervisar a los niños si estás bajo los efectos del alcohol u otras drogas. No reaccionarás igual.
  • Pon cercas en las piscinas, con puertas que tengan cierre automático. Valora poner alarmas en esas puertas para los periodos sin baño.
  • Aprende nociones básicas de reanimación.
  • Enseña a nadar a tu hijo o a mantenerse a flote y usa chalecos salvavidas homologados. Dejar al niño con un flotador en la piscina no es vigilarlo. Ningún sistema sustituye la vigilancia de un adulto.
  • Si te bañas en playas con socorrista, sigue las instrucciones: rojo es prohibido. Y no, no eres Michael Phelps.
  • Cuando no uses la piscina, saca todos los juguetes y cosas que puedan llamar la atención al niño y hacerle caer al agua. El niño de antes que nunca se metería puede querer coger un juguete o una pelota. Y sin querer meterse hasta el fondo.
  • La responsabilidad de los niños ES TUYA, no del socorrista. Es tan frecuente hoy día dar la responsabilidad a otros, que los padres a veces no tienen culpa de nada. Pues no. Los padres son muy responsables sobre la vida de sus hijos. A veces cuando un padre quiere irse con su hijo de alta voluntaria, le decimos que tiene que firmar un papel donde dice eso, que el padre se va en contra del criterio médico, y muchos no lo firman o no se van. Como si la responsabilidad le abrumara por firmar el papel.
  • No dejes solo al bebé en la bañera, ni confíes en que otro niño mayor lo vigile.
  • No dejes un cubo o una bañera llena sin supervisión.
  • No utilices asientos para la bañera sin supervisión. El bebé puede resbalarse y ahogarse.
  • Los flotadores, los churros y otros dispositivos dan una falsa sensación de seguridad. No son sustitutos de la supervisión de un adulto.


Los mapas y los gráficos proceden de Ahogamiento.com. no se incluyen los ahogamientos en los que las víctimas son migrantes o refugiados que intentan llegar a España por mar.

“Con sólo 15 segundos un niño pequeño puede respirar agua y terminar en el hospital”

a00483957 2493Ya hemos tenido los primeros casos: una niña de cinco años ahogada en una piscina de un complejo hotelero del Sur de Gran Canaria, otro niño en una piscina de Navarra, otro en un parque acuático… Todos los años igual, un goteo constante de dramas venidos de una conjunción de agua, mala suerte y despistes.

Según la OMS, en España cada año entre 70 y 150 personas mueren ahogadas en piscinas, playas, ríos y embalses, y la mayoría de ellas son niños pequeños. En Europa, el ahogamiento es la segunda causa de muerte accidental, después de los accidentes de tráfico, en personas menores de 19 años, y en nuestro país representa el 13% de la mortalidad infantil por lesiones.

Por eso es raro el año que no traigo aquí la necesidad de tener mil ojos y algunas recomendaciones, empezando por la de enseñar a nadar a nuestros hijos cuanto antes. Es algo de lo que soy especialmente consciente porque a Jaime le atrae el agua como el sol a una polilla, y con su autismo no sabe medir riesgos. Por eso desde muy pequeño está acudiendo ininterrumpidamente a natación y ahora, a sus ocho años, se desenvuelve como un pequeño delfín en cualquier piscina. Julia también está recibiendo clases, y aunque le cuesta más bucear (ahora se está soltando con seis años), también se le da bien y le gusta.
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Pero que naden bien, sobre todo Jaime. no quita que haya que seguir vigilándolos en todo momento. El mar o el río son algo a lo que no están tan acostumbrados e incluso en la piscina más segura puede haber accidentes.

Por muchas y diferentes causas, ya sabéis que estoy convencida de que somos los guardianes de nuestros niños.
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El miércoles, el día de la piscina

El miércoles siempre ha sido día de piscina escolar en casa, de preparar mochila con albornoz, zapatillas, bañador y gorro para Jaime (y sándwich, que el agua da hambre). Mi pequeño delfín va además los martes y jueves por la tarde a natación, unas clases especiales que oferta el ayuntamiento para niños con discapacidad con un monitor para uno o dos niños.

Jaime bajo el agua.

Jaime bajo el agua.

Todos los veranos buscamos un lugar con una piscina tranquila en la que ambos puedan disfrutar del agua. Sobre todo Jaime. Nada le gusta más. Ya os he dicho en alguna ocasión que a este paso acabáremos viéndole de atleta paraolímpico.

A partir de hoy también será día de piscina para Julia. Hoy comienza a ir con su colegio público en autobús a unas instalaciones municipales en las que chapoteará con sus compañeros de cuatro años. No todos los niños de su clase irán. El miedo es libre y hay padres que se han negado. Esos niños se quedarán jugando en el colegio.

Ella está encantada. La piscina le gusta tanto como su hermano, aunque ella aún no llega más que a sardinilla (se defiende bien pero lo de meter la cabeza bajo el agua lo lleva fatal).

Ambos llevan en matronatación desde muy pequeños, saber nadar cuanto antes es tan importante como llevarlos con el cinturón de seguridad en el coche. Eso me decía siempre mi enfermera de pediatría y creo que tiene toda la razón.

Y hacer deporte también lo es. Sobre todo jugando, pasándolo bien, sin competición ni presiones absurdas antes de tiempo y rompiendo un poco la rutina del cole. No sé vosotros, pero yo recuerdo que me encantaba tener actividades diferentes cuando era una niña.

“Es tan importante enseñar a los niños a nadar como que vayan en el coche en su silla de seguridad”

Es tan importante enseñar a los niños a nadar como llevarles en el coche en su silla de seguridad”. Eso dice siempre mi enfermera de pediatría. No para de insistir en cada revisión. “¿Le llevas a la piscina? ¿Le estás enseñando a nadar?”.

Tiene razón. Con cinco minutos que nos despistemos es suficiente para vivir una tragedia de primer nivel: que se ahogue un niño pequeño a nuestro cuidado, tal vez nuestro hijo.  Es un accidente más frecuente de lo que parece, muchas veces por suerte se queda en susto. Algunas el niño no llega a morir, pero acaba con secuelas de por vida.

Hoy es noticia que un niño de seis años se ha ahogado tras caer a la piscina en un chalé en Valencia. Otros tres niños se han ahogado en las piscinas españolas en tres accidentes casi seguidos, dos de ellos en Andalucía y el tercero en Valencia. Cuatro en total en 48 horas.

Ver a tu hijo flotando boca abajo, correr a sacarlo y encontrártelo sin vida. No quiero ni imaginarlo…

Cada vez hay más piscinas, más lugares de baño. Muchos más que cuando nosotros éramos pequeños. Nadar, disfrutar del agua, es algo maravilloso, como deporte y como ocio. Pero hay mucho que podemos hacer para minimizar riesgos con nuestros niños, todo resumido en tres puntos:

1. Enseñar a nuestros peques a nadar cuanto antes, como recomienda mi enfermera y el sentido común. Julia y Jaime empezaron en matronatación muy pequeños, bañándose en compañía de adultos. Jaime tuvo la suerte de tener monitores fantásticos, que hacían cosas como cogerle en brazos y tirarle a la piscina sin avisar y de cualquier manera, para que aprendiera a reaccionar sin miedo si en el futuro se caía.

2. Cuando son algo mayores hay que enseñarles a respetar el agua: que entiendan que las banderas en las playas están para algo, que solo puede uno tirarse desde una altura razonable y teniendo en cuenta la profundidad, que los ríos y los mares no son piscinas, que si se cansan nadando vuelvan rápido a la orilla, que no hay que nadar en las zonas señalizadas como no aptas para el baño, que la playa de noche es muy peligrosa por la pérdida de visibilidad… Nosotros, como adultos, podemos educar además con el ejemplo no haciendo nada de eso, respetando nosotros mismos las normas.

3. El último es para nosotros: no debemos fiarnos nunca. Ni siquiera cuando ya empiecen a defenderse y creamos que podemos bajar un poco la guardia. Vigilar a un niño pequeño que se baña en una piscina es estar mirándole a él, no al móvil o a una revista o tumbarse al sol y dedicarle un vistazo de tanto en cuando. Si hablamos de niños pequeños que necesitan manguitos, chalecos o burbujas, lo mejor es bañarnos con ellos o estar sentados en el borde mirándolos y dispuestos a saltar.

Y disfrutad tanto como podáis este verano de playas, pantanos, ríos y piscinas.

¿Cuándo nace en los niños el pudor por el cuerpo desnudo?

7795203712_2099e15332_oJaime va a la piscina desde que tenía los dos años. Primero acudió a matronatacion, bañándose con su padre o conmigo, lleva tiempo ya nadando solo con un monitor. Me habéis leído en el pasado lo mucho que le gusta y lo bien que se le da, tanto que confió verle en las paraolimpiadas.

Recuerdo que un día, cuando tenía unos tres años recién cumplidos y estábamos en el vestuario femenino cambiándonos, entró una señora con un chaval de unos 20 años con síndrome de Down y bastante afectación. Su madre, que ya superaba los 60, estaba ayudándole a vestirse cuando llegó personal de la piscina y le indicó que no podía estar en el vestuario de mujeres.

“Es como un niño”, explicó ella.

“Ya es un hombre, y tenemos un vestuario inividual para discapacitados”
, respondieron amablemente pero con firmeza.

En su momento la reflexión que hice es sobre esa tendencia a tratar a las personas con discapacidad mental como niños eternos. Efectivamente, no lo son pero muchos les consideran y se dirigen a ellos como niños eternos. Pero no es de eso de lo que va este post.

Cuando es su padre el que lo lleva, van al de hombres. Pero este año, si voy yo como sucedió ayer, estoy utilizando ese vestuario para discapacitados con Jaime. Al comienzo del curso en octubre, la primera vez que entramos en el de mujeres, percibí un cambio importante. A la hora que vamos hay un grupito de niñas de unos 8 o 9 años cambiándose. Jaime apenas tiene 6 recién cumplidos, es aún un niño pequeño, pero tras el estirón de este verano es alto para su edad, delgado y muy fibroso. Ni se me había pasado por la cabeza que podría incomodar a alguien a sus seis años, pero noté a esas niñas incómodas, buscando ángulos muertos para vestirse, mirando de reojo. No se quejaron, nadie vino a decirme nada, pero no probé un segundo día

No me importa lo más mínimo estar en el baño de discapacitados. Tengo muy asumido que mi hijo tiene una discapacidad y que antes o después nos iba a tocar usarlo, igual que utilizamos ya muchas otras cosas.

Lo que me hizo pensar ese día en el vestuario es sobre cuándo nace en los niños ese pudor por el cuerpo desnudo del sexo contrario. Julia tiene tres y no lo tiene. ¿Con 7 y 8 años es muy pronto? Probablemente no. No lo sé. Yo no lo recuerdo. Crecí rodeada de primas, sin hermanos y en un colegio femenino, no tuve ocasión de experimentar el nacimiento de esa vergüenza.

No sé si Jaime desarrollará alguna vez ese pudor
. Me gustaría pensar que Julia tendrá esa actitud con los demás, pero no con nosotros, no hacia su padre y su hermano. Yo crecí viendo a mi padre desnudo, dejándome ver sin problemas, y asumiéndolo como algo natural. En casa procuramos normalizar la desnudez.

Y otro asunto es el pudor por mostrar la desnudez propia, incluso a tus iguales. Probablemente esa otra vergüenza nazca de la mano de los complejos, del deseo de ser más delgada, más o menos morena, tener menos barriguita o menos culo. Es decir, se genera cuando no nos aceptamos como somos, cuando no miramos nuestro cuerpo con amor y aceptación sino con deseos imposibles de ser como las modelos y las estrellas de cine. Eso sí que es una pena y ojalá no lo experimente nunca. No me engaño, sería raro que no le sucediese, pero espero que lo sienta de la manera más somera posible y que, cuando madure, aprenda a quererse y verse hermosa. Muchas mujeres lo consiguen con el tiempo, otras tantas no lo logran jamás. Y me da la impresión de que los padres podemos hacer mucho para plantar la semilla de esa aceptación futura. Os aseguro que haré todo lo que esté en mi mano para que mis dos hijos crezcan queriéndose a si mismos, que no significa no reconocer nuestros fallos o no querer mejorar.

Juegos Paralímpicos: correr, nadar, pedalear, bailar, ser feliz…

Una de las cosas que más le gusta hacer a Jaime es nadar en la piscina. Probablemente se trate de su actividad favorita. Comenzó a ir a matronatación con nosotros cuando tenía dos años y ahora, con seis recién cumplidos, está hecho un sireno. Bucea, se lanza, cruza la piscina en diagonal a braza… disfruta en el agua como una sardinilla y, desde luego, ya nada mejor que yo. Tenéis prueba gráfica en este post.

Pese a ser de carácter tranquilo, le gusta moverse. Le gusta correr, escalar, saltar, bailar… por eso este año en cuanto bajen un pelín más las temperaturas vamos a llevarle a una pista de atletismo bien vallada que hay a diez minutos de casa abierta para todo el mundo, para que corra allí feliz y contento. Este año también voy a llamar a un club de escalada, a ver si podemos iniciarnos también con eso, que seguro que le encanta. Y la bici está esperando,  no olvidada. Todo como un juego obviamente, no es un entrenamiento sino una manera de estas más conectado y que su tiempo libre transcurra de manera constructiva.

El deporte en los niños siempre es recomendable, esencial. Ya me habéis oído contarlo más veces. A Julia también la animaremos a practicarlo. Pero con Jaime, por su autismo, tiene además muchos beneficios adicionales, al menos en potencia, así que hay que intentarlo.

Aquí tenéis a James Hobley. Tiene autismo diagnosticado desde los cuatro años y es un bailarín excepcional. Ha llevado la antorcha olímpica. En un momento del vídeo explica que bailando es cuando se siente “normal”.

Tommy Des Brisay tiene 19 años y autismo. No pronunció su primera palabra hasta cumplir los siete años. Corre y participará en estos Juegos Paralímpicos.

Como ellos hay muchos más. Con autismo y con muchos otras discapacidades muy diferentes. Os aseguro que yo seguiré sus éxitos en Londres. ¿Quién sabe? Tal vez en los que se celebren en Madrid pueda ir a animar a mi hijo.

Aquí tenéis varios vídeos promocionales/inspiradores de los Juegos Paralímpicos.

¿A qué edad se sueltan a nadar los niños?

Jaime lleva desde los dos años acudiendo a la piscina municipal. Primero matronatación en nuestra compañía, desde hace dos años solito junto a otro niño también de integración y su monitor. Siempre le ha encantado el agua, desde bebé mostró tendencias acuáticas y las hemos fomentado. Ya sabéis de lo mucho que me gusta inculcarles el hacer deporte.

Pues bien, lleva todo este curso acudiendo dos veces por semana. Y ha sido el curso en el que definitivamente se ha convertido en nadador. Ayer fue el último día y nos permitieron pasar a verle. Me quedé alucinada. Se lanza desde el borde sin manguitos, burbuja ni nada, bucea, nada sin problemas de un lado a otro y hace amagos de braza. Daba gusto verle. Se ha soltado muchísimo en estos meses. No sé si los cinco años es la edad a la que todos los niños suelen aprender a nadar (o a no ahogarse al menos), pero nosotros estamos contentísimos con lo que es capaz de hacer y sobre todo con lo que le divierte.

Así que tiembla Michael Phelps, que llega mi hijo (aunque lo suyo serían las paraolimpiadas). Solo nos hace falta lograr que nade en línea recta, que ya llegará. Otra cosa es que lo de competir no casa bien con él, no lo entiende en absoluto ni a mí me importa. Hace un par de domingos le apunté a correr 150 metros de la carrera Liberty, es veloz como una bala pero llegamos los últimos (eso sí contentísimos). Salimos ya al final ya que era el único niño que corría acompañado por un adulto y a mitad de la carrera no entendió de que iba la vaina, se paró y pidió brazos, le cogí y seguimos corriendo. Se ve perfectamente en el vídeo. Julia en cambio, que anda corriendo por aquí, se dejó los pies y llegó de las primeras.

Volviendo a la piscina, en junio tiene también clases, aunque con otro monitor, y en julio y agosto ya nos encargaremos nosotros de tenerle a remojo.

Julia también está yendo a natación, pero me da que va a ir más despacito. Le pasa como a su madre, lo de meter la cabeza bajo el agua no le acaba de gustar y así es difícil prosperar.

Recuerdo que mi enfermera de pediatría siempre decía que enseñar a los niños a nadar cuanto antes es tan importante como llevarlos bien sujetos en la silla de seguridad del coche. No puedo estar más de acuerdo.

¿Cuándo y cómo aprendieron los vuestros?

A veces menos es más

Los niños con un trastorno como el de mi hijo suelen acabar acumulando una agenda de ministros desde muy pequeños. Trabajan más y más duro que otros niños de su edad. Aprenden desde muy pequeños (desde los dos años y nueve meses en el caso de Jaime) a aguantar sesiones de trabajo en mesa que cualquier niño de su edad no aguantaría.

Lo que van logrando, cada pequeño paso, se consigue con mucho esfuerzo.

Jaime va al colegio hasta las 12:30 y le traemos a comer a casa y a dormir un ratito la siesta. Luego los lunes tiene terapia privada y piscina, los martes y jueves dos sesiones seguidas en atención temprana con la logopeda y la psicóloga, los miércoles sesión de trabajo en mesa conmigo y piscina. Los viernes también sesión con nosotros. Y también la tarde de los viernes quiero probar a llevarle a un club de escalada en el que no han tenido nunca un niño con autismo pero están dispuestos a intentarlo. Le encanta escalar, así que por probar que no quede. Los fines de semana también toca al menos una vez al día una sesión de trabajo en mesa con nosotros.

Pues bien, hemos decidido renunciar a la piscina de los lunes. Era demasiado. Ese mismo día por la mañana también tiene piscina en el cole. Y hay que correr demasiado de un sitio a otro, se cansa en exceso y no es plan.

A veces menos es más.

Lo curioso es que tendemos a llenar el tiempo de los niños con autismo porque muchos de ellos no son capaces de hacerlo. Si les dejas a su libre albedrío lo que suele pasar es que se pierden en sus mundos de Yupi de diferentes maneras. A Jaime los tiempos muertos no le sientan nada bien. Pero también es un niño que se cansa con facilidad. Así que hay que ponderar con cuidado entre el beneficio de no parar y la saturación de actividades.

En el término medio siempre está la virtud, pero qué difícil es encontrar ese equilibrio…

“Las olas son malas, no me gustan las olas”

Cuando hace un par de días os hablaba de nuestras vacaciones podíais leer mucho sobre piscinas y paseos y muy poco sobre mar y arena.

A ninguno de mis hijos les gusta jugar con la arena. Ni en la playa ni en el parque. Es así para ambos desde la primera vez que les sentamos en la arena.

Cuando les hemos llevado a la playa han insistido en atrincherarse en la toalla, como si fuera la alfombra mágica de Aladino y poner un pie fuera supusiera precipitarse al vacío.

Y a ninguno de los dos les gusta el mar. Son muy acuáticos, la piscina les chifla. Pero el mar está salado, tiene olas imprevisibles que te salpican, cosas raras que flotan y a veces está un tanto frío.

Todos los años lo intentamos dos o tres veces y todos los años nos retiramos con ellos camino de la piscina.

Pero es que de padres poco playeros, tal vez niños poco playeros.

Tampoco Sergio y yo somos de mucha playa. No lo hemos sido nunca. Un ratito vale, para darse un buen baño, secarse agradecido al sol y listo para irse a un lugar más cómodo. En total como mucho una hora u hora y media.

Menos mal.

Como nos gusta la playa es para pasear cuando avanza la tarde y cae la noche, para pasear disfrutando de la puesta de sol y de la visión del mar. Eso sí que lo hemos hecho mucho y lo seguiremos haciendo.

Nos parece más agradable que cargar con sombrillas, tumbonas, palas, cubos, toallas y crema solar para después estar sacudiendo arena de todas partes durante días.

¿Seremos unos bichos raros?

El recomendable chaleco flotador

Sabéis los que me seguís desde hace tiempo que no soy yo de recomendar chismes, pero hemos comprado uno para las vacaciones con el que estamos encantados y quiero compartirlo.

Se trata de un chaleco de tela de bañador, suave y flexible, que ayuda a flotar y nadar a los niños. Se lo hemos puesto todos los días en vacaciones a Jaime y ha sido un éxito. No le impide mover los brazos como los manguitos, es cómodo de llevar y le ha dado mucha autonomía en el agua.

Jaime es piscinero desde que tenía diez meses, hemos probado flotadores especiales, manguitos, chalecos hinchables de plástico y distintos tipos de “burbujas”.

Nada como este chisme. De hecho en cuanto podamos Julia, que de momento se maneja con los manguitos heredados de su hermano, tendrá el suyo.