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La más sorprendente maravilla del mundo creada por el hombre

He visto volar máquinas que pesan toneladas y a gente vencer al cáncer gracias a la ciencia médica. He asistido al nacimiento y evolución de Internet y de los videojuegos y disfrutado de música sorprendentemente hermosa. He visto las pirámides de Egipto, los rascacielos en Nueva York y la gran muralla en China. Pero creo sinceramente que de todas las grandes proezas del ser humano de que he sido testigo, la que más me maravilla es la aparición y desarrollo del lenguaje oral y del pensamiento que la acompaña.

Un milagro de la evolución que, por cotidiano, pasa con frecuencia desapercibido.

Supone el descubrimiento de su propia conciencia
, de su lugar en el mundo y respecto a los otros, además de su libertad como individuos.

Julia está empezando a tener sus primeras conversaciones con nosotros. Una ventana mágica para conocer su lógica y razonamientos.

Y esto no ha hecho más que empezar.

Sueño con el día en que su hermano pueda abrirnos esa misma ventana.

No lo paséis por alto, disfrutad viendo nacer el habla y el pensamiento de vuestros hijos.

La silla o el rincón de pensar

Pareciera la panacea universal en estos tiempos cuando un niño ha hecho una trastada.

No paro de ver, en real, en digital y en narrado, esa moda reciente de hacer que el niño se vaya al rincón o la silla de pensar.

Y no deja de recordarme a mis tiempos escolares, cuando las monjas nos colocaban de cara a la pared abandonándonos a nuestra imaginación. Un castigo tedioso que sólo recuerdo por lo absurdo que me parecía y por lo mucho que cansaba estar de pie sin moverse durante un buen rato.

Sólo que entonces el nombre era menos políticamente correcto: lo del rincón o la silla de pensar suena bastante mejor que lo de ponerte de cara a la pared.

Estoy segura de que en determinadas circunstancias y con determinados niños, usado muy puntualmente, puede ser útil. Pero me da la impresión de que se está incurriendo en su abuso. Que se utiliza con niños demasiado pequeños o ya muy mayores y que es empleado por algunos con excesiva frecuencia ignorando el temperamento del niño y las circunstancias.

De todas formas hablo desde la teoría. Julia es aún pequeña con su año y medio largo para ponerla a pensar (aunque me consta de escuelas infantiles ne las que ponen a pensar a niños aún más pequeños). Y con Jaime me da la risa irónica de sólo pensarlo: castigar así a un niño con autismo (en general a cualquier niño que tienda a aislarse) es todo un contrasentido.

¿Vosotros lo usáis? ¿Creéis que es útil?

Os dejo con un fragmento de una reflexión de un educador publicada en Profes.net.

Cuando un niño o una niña no es capaz de mantenerse en silencio, o de atendernos cuando hablamos, cuando pega a un compañero o se comporta insistentemente mal, casi automáticamente le enviamos al rincón de pensar. Y, digo automáticamente, porque lo primero que tratamos de lograr al hacerlo es que esté tranquilo un tiempo. Allí, le decimos que piense en lo que ha hecho y recapacite. Al rato, le preguntamos si ha llegado a alguna conclusión y, los más despabilados, saben la respuesta que debe darnos para dejarnos satisfechos: “Ya no lo voy a hacer más”.

Pero el fundamento de este rincón es ajeno a esta idea. El rincón de pensar se concibió originariamente como un lugar donde recapacitar, no sobre lo mal que uno se había comportado, sino sobre cualquier actividad que se estuviera desarrollando en clase. En este sentido, el rincón de pensar, más allá que como mero castigo momentáneo, surgió exactamente para eso: para pensar. Así, cuando realizamos en clase una actividad que a un alumno/a le puede resultar más difícil, podemos pedirle que acuda a esta zona de la clase para hallar una solución. Pensemos, por ejemplo, en un juego que desarrollemos en el rincón de los experimentos con objetos que flotan y objetos que se hunden en el agua. Con el fin de que reflexionen acerca del porqué de este proceso, pueden dirigirse al rincón o sentarse en la silla de pensar, y recapacitar sobre ello.

Hoy, sin embargo, este importante rincón ha quedado reducido, en la mayoría de las ocasiones, a un lugar similar a la silla del aburrimiento, donde los alumnos y alumnas, lejos de recapacitar, de pensar en sus actitudes, de valorar lo que han hecho, simplemente, descansan de sus pequeñas travesuras, y piensan, eso sí, en no volver a hacerlo para que no les volvamos a castigar. Ojalá volvamos a recuperar el verdadero sentido de este espacio, tan importante para la educación de nuestros alumnos y alumnas.

Y para los que quieren aplicar el aislamiento como castigo, aquí hay unas recomendaciones de psicologoescolar.com para hacerlo como dios manda.

No es posible educar utilizando solo técnicas positivas sino que en ocasiones hemos de recurrir a los castigos. El Aislamiento es una forma de castigo por el que privamos al niño de los reforzadores de los que está en ese momento disfrutando, llevándole a un “lugar aburrido”.

El problema es que con el castigo mostramos lo que está mal o lo que el niño no debe hacer, pero no le enseñamos la conducta correcta. Por ello, el castigo hay que acompañarlo de técnicas positivas (modelos, explicaciones, refuerzos, premios, elogios…).

Para aplicar adecuadamente el Aislamiento, el mandar a un niño al rincón o el Tiempo-Fuera, debemos seguir las siguientes pautas de actuación:

– Debe ser un lugar aburrido. A veces puede servir una silla cara a un rincón o a una pared. Nada de sitios oscuros ni que puedan provocar miedo. Si se le aísla en una habitación (no debería tener juguetes ni entretenimientos) no se debe cerrar la puerta.

-Hay que explicarle al niño claramente el funcionamiento de la técnica (dónde, cuanto tiempo, para qué…) y sobre todo dejarle claro qué conducta inadecuada llevará como consecuencia dicho aislamiento (sólo se debe utilizar para un comportamiento; una vez superado ése, se podrá intentar con otro).

-Es conveniente comprobar que el niño ha entendido lo que esperamos de él.

-Cuando el niño inicia el comportamiento acordado como inadecuado se le indica que vaya al rincón. Si no lo hace se le lleva de la mano con firmeza pero con calma y sin gritarle.

-Normalmente se considera adecuado un minuto de permanencia en el rincón por año de edad. Si el niño se resiste o abandona el lugar, se puede añadir un minuto más. Si continuara la resistencia se puede retirar además un reforzador o juguete favorito.

-Podemos utilizar un reloj con alarma que nos avise cuándo ha concluido el tiempo de aislamiento.

-Durante el aislamiento hay que ignorar los llantos y/o quejas del niño. Si al acabar el tiempo el niño está llorando o portándose mal se le dejará hasta que haya pasado medio minuto desde que finalmente se calme, ya que si le dejáramos salir del rincón aburrido durante la rabieta estaríamos reforzando esa conducta negativa.

-Cuando acabe el tiempo debemos preguntarle al niño por qué le hemos mandado al rincón, para asegurarnos que efectivamente nos ha entendido.

Para que el Aislamiento funcione hay que acompañarlo de otras técnicas educativas de carácter positivo. Así, debemos estar atentos para elogiar al niño cuando realice la conducta adecuada o, al menos, aproximaciones a ella.

Y aquí también explican bastante bien la técnica, con un apartado final de cuando no se debe usar el aislamiento como castigo.

– Cuando está enfermo.
– En épocas de crisis familiar o cambios importantes: mudanzas, enfermedades, apuros o el nacimiento de un hermanito. Sé un poco más indulgente cuando las cosas vayan mal o el ambiente sea tenso.
– Cuando se sienta verdaderamente arrepentido de su comportamiento. Si está triste, habla con él, pregúntale por qué lo ha hecho, recuérdale las normas y déjalo así.
– Cuando no sepas con seguridad lo que ha pasado. La mayoría de las veces, tendrás clarísimo quién ha sido, pero si te cabe la menor duda, es preferible que pases por alto el incidente. Si castigas a tu hijo continuamente por cosas que no ha hecho, incitarás a mentir.
– Cuando ya lo hayas castigado una vez por lo mismo.