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¡Oño!

Imagino que no hay padre reciente que no se haya encontrado en una situación semejante en algún momento.

A nosotros nos pasó hace un par de días. Estábamos sentados los cuatro a la mesa cenando cuando mi santo se quemó y se le escapó un “¡coño!”.

Inmediatamente Julia, que está en plena fase de lorito de repetición, le hizo el eco: “¡oño!”.

Y nos sonrió toda contenta.

Automáticamente ambos nos miramos y no hizo falta decir nada. Nos trasmitimos telepáticamente que había que ser extremadamente cuidadosos con los tacos.

No solemos decirlos. Pero habrá que ser aún más precavidos. Estamos muy mal acostumbrados por su hermano mayor a no tener cuidado con ciertas cosas.

Ya hace unos meses las terapeutas de Jaime nos avanzaron que también él, antes o después, soltaría su primer taco. Y nos dijero que fuéramos mentalizándonos para contar hasta diez antes de reaccionar de ninguna manera.

Por que precisamente la estrategia para que los peques de la casa, neurotípicos o no, no se queden adheridos a una o varias palabrotas es no obtener ningún tipo de reacción por parte de los adultos.

Aunque aquí os digo, que con lo que le está costando empezar a hablar, el día que él diga “¡oño!” mi instinto sería montarle una fiesta.

Os dejo con las recomendaciones de Rosa Jové en La crianza feliz, que son puro sentido común, para evitar las palabrotas.

1- Dar ejemplo. Si no quieres que tu hijo diga palabrotas, no las digas tú. Además, lo que se ha oído no puede reproducirse ni imitarse.

2- Evitar reír o sonreír ante cualquier palabrota. Por más graciosa que pueda resultar una expresión o alguna palabrota, reírse de ella es un error porque incita al niño a repetirla.

3- Explicar de forma sencilla y clara que estas palabras ofenden, molestan, que no son respetuosas y que sí se las dijeran a él, tampoco le gustaría que le trataran así.

4- Mantener la calma y no darle demasiada importancia ya que una actitud en exceso afectada por parte del adulto puede producir el efecto contrario. Que el niño sienta que los tacos no son la mejor forma de llamar la atención de sus padres. Lo mejor es reconducir esta etapa con naturalidad para que las palabrotas “pierdan su poder” y su efecto para el niño.

5- Ofrecer alternativas. Aportar otras palabras a un sentimiento o situación en la que se encuentra el niño. Cada familia puede adoptar las palabras de su entorno cultural y social que sean más oportunas. Enseñar a los niños, por ejemplo, que es mejor decir a su hermano que está disgustado porque le has roto el cochecito, que llamarle de “imbécil” o de “burro”. Los padres pueden inventar alguna palabra nueva y divertida para sustituir a una de las ofensivas.

6- Ofrecer lecturas para incrementar el vocabulario del niño y hacerle descubrir nuevas palabras, expresiones, exclamaciones,…más divertidas.