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‘Lucía y el cofre mágico de la familia’, la donación de óvulos explicada a los niños

imageAyer fue portada de 20minutos un reportaje de mi compañera Susana Gozalo la mar de interesante que os animo a leer, con testimonios de mujeres que, en su deseo por ser madres, se han autoinseminado.

Desde 2008, el banco de semen danés Cryos vende en España muestras de esperma que ‘vadean’ la Ley de Técnicas de Reproducción Asistida de 2006 y permiten a la mujer no solo elegir al donante –que puede ser o no anónimo– sino proceder a inseminarse en su propia casa –es decir, sin necesidad de acudir a una clínica de fertilidad– y a un precio mucho más asequible. El resultado: 1.500 bebés nacidos por autoembarazo en España desde esa fecha.

Su lectura me recuerda que hay un cuento del que hace tiempo que quiero hablaros. Se llama Lucía y el cofre mágico de la familia, escrito por Rosa Maestro e ilustrado por Barbara Guillén Feltrer, es un instrumento muy útil para explicar a niños de a partir de cinco o seis años que hay mamás que deseaban mucho serlo pero no podían con sus propios óvulos, que tal vez se hayan agotado o quedado viejecitos, que hay muchos niños que nacen gracias a la donación de óvulos de otras mujeres.

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¿Has pensado en donar óvulos? ¿Lo harías?

Yo no podría donar óvulos. Pude haberlo hecho cuando llenaron la universidad de carteles. Entonces tenía 20 años, no había tenido hijos, no era consciente de que hubiera enfermedades en mi familia, y yo estaba sana como una pera. Pero ya no. Ahora tengo más de 35 años, aunque sea por poco, y por tanto óvulos de peor calidad. Además tengo un hijo con autismo y un padre que desarrolló diabetes de tipo 2 hace ocho años, lo de la diabetes no sé si será excluyente, pero apostaría a que el autismo de mi hijo sí.

Donar óvulos es anónimo y altruista, aunque hay una gratificación por las molestias causadas (análisis, hormonación y punción para extraer entre 7 y 12 óvulos) que puede llegar a los mil euros.

Y me parece algo tremendamente generoso ya que estás ayudando a que mujeres que desean ser madres a cualquier precio, lo consigan. Aunque tiene muchas connotaciones delicadas, tienes que asumir que habrá hasta seis niños por ahí (el tope de nacidos vivos por donante) con la mitad de tu carga genética, y entiendo que pocas mujeres se lancen a esta piscina.

Soy sincera. No sé si lo haría aunque pudiera. Me gustaría saber lo que opináis vosotras. Y también vosotros, que las connotaciones emocionales de la donación de esperma son las mismas, o eso creo.

Os dejo un fragmento sobre la donación de óvulos extraído de la web de Ginefiv, una clínica de fertilidad madrileña:

Hay muchas parejas que padecen problemas de fertilidad y tienen que recurrir a utilizar un donante de óvulos para poder tener hijos. La donación de óvulos es un acto solidario y sumamente generoso ya que va a dar la posibilidad que otra mujer pueda cumplir su objetivo de ser madre llevando una felicidad indescriptible a una pareja que lleva muchos años luchando por tener un hijo.

Un hecho que observamos es que el acto de donar óvulos aporta a menudo a la donante una gran satisfacción personal ya que obtiene la sensación de ser útil y solidaria con otras parejas que necesitan aquello que ellas les pueden aportar. De hecho es muy habitual que una donante quiera repetir la donación pasados un par de meses.

Requisitos
– Edad: 18-35 años.
– Haber mantenido previamente relaciones sexuales.
– Sin antecedentes personales o familiares de enfermedades hereditarias graves.
– Sin antecedentes de patología ginecológica.
– No ser portadora de enfermedades de transmisión sexual.

Los óvulos son caros, el esperma barato

“Los óvulos son caros, el esperma barato”. Escuché esa frase en un documental sobre naturaleza, en el que explicaban las razones por las que las hembras de los animales son tan selectivas a la hora de escoger pareja.

Hoy se me ha venido a la cabeza al leer el artículo con el que abrimos el periódico, al menos en Madrid: Más donaciones de óvulos por el ‘turismo reproductivo’

Os recomiendo su lectura.

Aquí os dejo los testimonios de una mujer que ha ha recibido un óvulo y otra que lo ha donado.

Lourdes Minaya. Funcionaria, 39 años. “Alcanzaré mi sueño gracias a otra mujer”

“Después de cinco años intentando tener hijos de forma natural sin éxito y cuatro más con tratamiento in vitro, he decidido fecundarme con óvulos de otra mujer”, afirma Lourdes (que no quiere que la reconozcan).

“La donante es anónima, pero estaré siempre agradecida porque alcanzaré mi sueño con su ayuda”.

Tamara Navarro. Estudiante, 22 años. “Es su hijo, yo sólo pongo los genes”

Tamara ya va por su cuarta donación y su hermana, de 19 años, también lo hace. “Me convencí al ver que había parejas con problemas, aunque el dinero también viene bien para una universitaria. Esos niños se parecerán a mí, pero yo sólo pongo los genes, su madre real será la mujer que le va a dar la vida. Merece la pena, es muy reconfortante”.

Da que pensar. Yo nunca me planteé donar óvulos. Y mira que recuerdo los carteles invitando a hacerlo en la facultad.

Tal vez ahora me lo plantearía. Y no por los 1.000 euros que te pagan, sino por la posibilidad de hacer feliz a mujeres como Lourdes Minaya.

¿Tú lo has hecho? ¿Lo harías?