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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

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‘El viaje extraordinario’, el desembarco de Julio Verne en Futuroscope

Julio Verne es uno de mis escritores de ciencia ficción favoritos. Lo es por el componente de aventura de todos sus libros, por su carácter de pionero, porque sus escritos son aptos para todas las edades y capaces de avivar el amor a la lectura en cualquiera. También porque me gusta la ciencia ficción que tiene componentes plausibles, que sueña y adelanta lo que la ciencia traerá. En eso Verne fue el precursor de muchos otros que juntamos letras a su sombra.

Es una pena que la lectura de sus obras se esté perdiendo
. Esa es al menos la impresión que me da. Aquellos de nuestros abuelos que eran ávidos lectores de niños, conocían bastante bien a Verne. Los que ahora somos padres y leíamos mucho, también. Los niños de hoy juraría que no. Al menos en España. Y no creo que sea por las muchas películas que han adaptado sus libros con mayor o menor fortuna. La verdad es que no tengo claro el motivo, aunque puedo imaginar unos cuantos, y destaca el exceso de distinto tipo de oferta de entretenimiento más moderna. Tomo nota para procurar que Julia conozca las maravillas de su tocayo del siglo XIX.

Teniendo eso en cuenta es de agradecer que Futuroscope haya decidido recurrir a Verne para su última atracción, inaugurada esta temporada, y no a cualquier franquicia de éxito entre la chavalería.

Tenían muchos libros de Julio Verne con viajes asombrosos para inspirarse, al fondo del mar, al centro de la tierra, a la luna… pero han optado por sus cinco semanas en globo.

A lo largo de la cola exterior nos recuerdan lo visionario que fue el escritor, todo aquello que imaginó y luego fue verdad, desde satélites a submarinos pasando por teléfonos con imagen incorporada.

La zona de espera interior se divide en tres partes y ya es parte de la diversión en si misma
. Una primera en la que conviene no perder detalle, bellamente decorada con multitud de referencias. En la segunda el comandante de la nave y una científica que ha participado en su creación nos dan la bienvenida en un vídeo en francés (subtitulado en español afortunadamente, un idioma que no abunda en el parque). La tercera es un vehículo de la embarque que nos traslada por un Futuroscope del futuro y alternativo cuyos edificios son puertas a los mundos de Verne.

Y luego ya las normas de seguridad y el viaje, que se trata de un vuelo dulce, sobrevolando India (precioso atardecer sobre el Taj Mahal), Egipto, una megalópolis del futuro, el Himalaya… la sensación es de flotar, de volar realmente en globo, viendo el mundo desplegarse a tus pies y notando el viento a la contra en el rostro.

Los adjetivos propicios para describir la experiencia son bonita, agradable, suave… Se disfruta sin necesidad de brusquedad, sin una silla o un vehículo de traqueteo poco confortable, que ya tienen bastante de eso en otras atracciones del parque francés.

La única pega es que sabe a poco. “Es muy chulo, con dos o tres destinos más sería una súper atracción”, fue el comentario de Julia al terminar y tener que abandonar la gran sala en la que tiene lugar. Tal vez también que hay más de Verne en las zonas de espera que en la atracción, que moderniza tal vez demasiado ese viaje en globo perdiendo el encanto del futurismo decimonónico por el camino.


Respecto a todo Futuroscope, que está en su 30 aniversario, me remito a lo que conté aquí hace tiempo. En la base se mantiene, aunque es cierto que ha habido otras novedades: una remodelación de la zona infantil con zona de construcción que equipa a los niños con casco y todo y otra para jugar con canalizaciones de agua, un nuevo espectáculo de Ice Age u otro en el que quince drones bailan en formación. ¡Ah! Y el espectáculo nocturno es ahora otro, La Forge aux Etoiles, y Julia y yo coincidimos en que peor que el anterior, que era más poético, alegre y comprensible, más del gusto infantil.

Es un parque en pulso constante contra el avance de los tiempos. Un parque sin montañas rusas en el que indudablemente se puede pasar una o dos jornadas memorables. Un parque en el que con frecuencia se echará en falta la comprensión del francés por mucho que haya cacharros traductores (que suelen acabar restando espacio en la mochila) y la amabilidad manifiesta de sus trabajadores.

Un parque, en definitiva, que no merece para la mayoría y por sí solo el viaje desde España. No tiene precisamente un aeropuerto al pie. La buena noticia es que la región sí que merece una visita, o varias. Poitiers y sus alrededores, desde Nantes a Burdeos incluso, es hermosa, un destino tranquilo, variado en su oferta de ocio y alojamientos, accesible en coche desde España, con una gastronomía apetecible y asequible. Y dentro de esa visita, Futuroscope sí que es una parada recomendable, sobre todo si hay niños.

Un día en Futuroscope (algunos consejos y atracciones imprescindibles)

futur3El pasado mes de marzo tuve la oportunidad de escaparme un fin de semana a Futuroscope, un parque que tenía mucho interés en conocer en profundidad para saber cuándo ir con Julia y si sería un sitio indicado para Jaime. Este verano hemos planeado viajar por Francia en coche y no teníamos claro si dedicarle algunos días, así que este viaje de exploración en solitario ha resultado ser de lo más provechoso.  Espero que lo que he descubierto en mi viaje de exploración también lo sea para vosotros.

Futuroscope es un parque sobrio. Al menos esa fue la primera impresión que tuve nada más entrar. Impresión que se confirmó a lo largo de la jornada.

Acostumbrada a otros parques, me llamó la atención que no hubiera multitud de tiendas intentando venderte cualquier tipo de productos a cada paso. Solo vi dos: una tienda integrada en la atracción de los Rabbids y otra en la entrada/salida del parque. Habrá quién lo considere una bendición y quién lo eche en falta.

También estoy acostumbrada a parques que te asaltan los sentidos como la banda de Curro Jiménez a los franceses (tal vez no sea la mejor comparación hablando de un parque galo, ahora que reviso de nuevo lo que he escrito), en los que cada rincón es una invitación para hacerse una foto y hay personajes amenizando al personal a cada paso. En cambio,  la mayor parte de las fotos que se pueden hacer en este parque parecen tomadas en cualquier parque tecnológico. De hecho en torno a Futuroscope hay en torno a 200 empresas tecnológicas. Imagino que apuestan por no tener elementos que distraigan de la arquitectura de  los edificios y por buscar ese ambiente técnico y científico poco dado a los peluches andantes y el exceso de colorido, aunque suponga renunciar a fotos que la gente subiría a sus redes sociales haciendo un marketing nada desdeñable entre sus amigos. Si yo fuera estuviera en su dirección me lo replantearía.

futur2Con dos días se le puede sacar todo el partido a Futuroscope. Así me lo confirmó uno de sus responsables. Y con todo el partido me refiero a comer tranquilamente en sus restaurantes nada masificados, con opción para celiacos y con buena relación calidad-precio, probablemente la mejor que he visto en un parque temático (también permiten introducir comida), repetir alguna atracción e incluso pasar un rato con los niños más pequeños en la zona de juegos infantil de que dispone. Sí, había colas, pero nada que no se pueda asumir. Y eso que estuve en fin de semana y el clima era propicio. Entre semana no debe haber apenas tiempos de espera.

¿Merece la pena ir a Futuroscope? Yo diría que sí con cualquier niño de más de siete u ocho años. Si se trata de niños interesados por la ciencia, la naturaleza y el espacio es un rotundo sí. Con menos años, como los cinco de Julia, creo que no tanto; para niños pequeños muchas de las proyecciones serán aburridas y en otras atracciones directamente no podrán subir.

Lo que también es cierto es que recomendaría antes ir a pasar al menos una semana por esa región y dedicarle dos días de esa semana que hacer una escapada ex-profeso. El parque no está precisamente al pie de un aeropuerto. Air Nostrum nos dejó en el aeropuerto de Burdeos, que está a dos horas y media de autobús hasta el hotel del parque. Es algo que puede resultar agotador, sobre todo con niños. En cambio si lo que se plantea es una excursión por la zona alquilando un coche al aterrizar o ir en coche desde España haciendo noche a medio camino (ese es nuestro plan) ya es otro cantar.

futur4Para las personas con discapacidad tienen las facilidades convencionales: al entrar te identificas y te entregan una tarjeta con información sobre las atracciones y con la que sortear las colas. Todo es aparentemente muy accesible en silla de ruedas, aunque para comprobarlo fehacientemente había que llevar allí a alguien sobre ruedas, como alguno de los autores de De retrones y hombres, y preguntarles después. Y hablando de discapacidad en el parque, me gustó mucho una experiencia en concreto que simula la ceguera total en la que recorres poniendo la mano en el hombro a tu compañero distintos escenarios (una selva, la ciudad de nueva york, la montaña helada…) experimentando lo que es avanzar oyendo, oliendo, sintiendo… pero no viendo nada. El guía es un ciego que, en nuestro caso, hablaba español. Algo imprescindible. Si no se habla francés o se va con alguien que lo entienda bien, es imposible. Es una atracción de pago, la única que no está incluida con la entrada al parque, y lo que recauda se destina a proporcionar ayudas técnicas a personas invidentes.

Y ahora las atracciones imprescidibles a mi parecer. No estuvimos en todas, pero sí en muchas, sí en todas las más destacables. Las he colocado más o menos (algunas podrían considerarse empatadas) en mi orden de preferencia.

  • La máquina del tiempo de los Rabbids. Es la  que acaban de estrenar, la más nueva, la primera basada en un videojuego, la que tenía más colas. Te sientas y desplazas en lateral acompañando a los rabidds en un viaje en el tiempo con mucho humor. El movimiento no es brusco. La zona interior de espera está muy bien decorada para distraer el tiempo mirando las paredes. Justo al salir existe la posibilidad de actuar brevemente ante un croma para obtener luego un vídeo en el que aparecemos explorando la Historia junto a los Rabbids.
  • Ojos que no ven. La atracción de la ceguera de la que hablaba más arriba. Muy recomendable. No voy a repetirme.
  • Bailar con robots. Muy divertido y muy movido. Un brazo robótico te monta a punto de nieve como si fueras una clara de huevo durante 60 segundos y al ritmo de la música del DJ Martin Solveig. Tiene tres niveles de intensidad. Para niños a partir de 1,20.
  • Arthur, la aventura 4D. Basada en las películas de Arthur y los Minimoys, con el sello de Luc Besson y para niños a partir de 105 centímetros, aunque me dio la impresión de que la mariquita traqueteaba demasiado para Julia, que ya mide eso.  Era la segunda con más colas y estaba justificado. Las salas en las que se hace cola también están cuidadas al detalle.
  • Lady Ô. El espectáculo nocturno que hacen en el lago, con una música deliciosa y muchos efectos de láser. A Julia le hubiera encantado. A Jaime probablemente también.
  • El principito. Un pequeño corto de animación en 3D que se ve de pie y en el que ayudamos al protagonista  de Saint Exúpery a encontrar a su rosa. A Julia sí que le hubiera gustado. Ya sabéis que soy muy fan y ya la estoy introduciendo en ese relato mágico.
  • Misión Hubble. Documental en 3D muy interesante en el que acompañamos a un equipo de astronautas cuya misión es reparar el Hubble. A Julia le hubiera aburrido, no es para niños pequeños.  Por lo visto inspiró a Cuarón para hacer la película de Gravity.
  • La Vienne Dinámica. Es antigua, pero tiene mucho encanto. Se trata de una película en la que acompañamos, sentados en unas sillas que se mueven bastante, a un novio que intenta por todos los medios llegar a tiempo a su boda con la ayuda de Radio Guerliguet, un árbol con tendencia a escupir.

futur5Luego hay una serie de documentales como el de Colisiones cósmicas, que recuerda en su proyección a un planetario, o Viajeros del cielo y del mar en imax (no 3D) de la naturaleza lleno de ballenas y pájaros volando que tiene como gran novedad un cristal con proyección de imágenes bajo los pies como gran novedad.  Me parecieron interesantes pero no imprescindibles. No las vi todas, también es cierto.

Hay también una torre que te eleva para ver una panorámica circular de Futuroscope y sus alrededores. Es un viaje rápido que merece la pena. Me quedé con las ganas del Aerobar, un globo que te eleva para tomar una cerveza o un refresco con vistas y los pies colgando, pero las dos veces que lo intentamos había demasiado viento y resultó imposible.

El espectáculo iMagic es un imprescindible también, pero también es imprescindible dominar el francés para disfrutarlo, que no es mi caso. Durante todo el recorrido por el parque tienen un traductor para poder entender los documentales y películas narradas, pero un espectáculo en vivo en el que se interactúa con el público es imposible de traducir. La verdad es que se agradece mucho la traducción, pero es una pena escucharlo así porque pierdes mucha calidad de sonido y por tanto inmersión en lo que estás viendo, yo prescindí de él en bastantes atracciones, pero hay sitios en los que no queda más remedio que usarlo si quieres enterarte de algo. Recomiendo llevar unos buenos cascos de casa para acoplar al cacharro, ya que los cascos sí son de pago y la calidad es solo un escalón por encima de los del AVE.

futurHablando de idiomas, también llama la atención el poco inglés que hablan los amabilísimos trabajadores del parque. Al menos los que yo me encontré. Es cierto que el 80% de los visitantes del parque son francófonos, pero no deja de ser chocante.

Futuroscope tiene un importante reto por delante del que creo que sus responsables serán los primeros conocedores, y es lograr mantener el veloz paso de la tecnología, que en los últimos años avanza a un ritmo vertiginoso y no parece que vaya a desacelerar. Ya todos estamos acostumbrados a la experiencia del 3D en nuestros cines de barrio, por eso si quieren dejar con la boca abierta a sus visitantes no les queda más remedio que innovar sin pausa.

Yo me traje de allí una serpiente de goma para Jaime (le encantan) y un caleidoscopio y una caracola para Julia. Por primera vez ha escuchado el  sonido del mar encerrado en una caracola y le ha fascinado. La magia de la naturaleza. También les he traído una promesa: volveremos en dos o tres años.

Espero seguir escribiendo este blog para compartir a la vuelta de ese viaje cómo han vivido Julia y Jaime la experiencia de pasar un par de días en Futuroscope.

Una última cosa: he vislumbrado en esa región de Francia una zona preciosa llena de actividades para hacer con los niños que está a menos de cinco horas de viaje de San Sebastián y con unos precios muy razonables. Como nuestro plan es pasar por allí en verano, ya os contaré lo que descubramos.

Os dejo con imágenes de la ciudad de Saintes.