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¿Cuándo nace en los niños el pudor por el cuerpo desnudo?

7795203712_2099e15332_oJaime va a la piscina desde que tenía los dos años. Primero acudió a matronatacion, bañándose con su padre o conmigo, lleva tiempo ya nadando solo con un monitor. Me habéis leído en el pasado lo mucho que le gusta y lo bien que se le da, tanto que confió verle en las paraolimpiadas.

Recuerdo que un día, cuando tenía unos tres años recién cumplidos y estábamos en el vestuario femenino cambiándonos, entró una señora con un chaval de unos 20 años con síndrome de Down y bastante afectación. Su madre, que ya superaba los 60, estaba ayudándole a vestirse cuando llegó personal de la piscina y le indicó que no podía estar en el vestuario de mujeres.

“Es como un niño”, explicó ella.

“Ya es un hombre, y tenemos un vestuario inividual para discapacitados”
, respondieron amablemente pero con firmeza.

En su momento la reflexión que hice es sobre esa tendencia a tratar a las personas con discapacidad mental como niños eternos. Efectivamente, no lo son pero muchos les consideran y se dirigen a ellos como niños eternos. Pero no es de eso de lo que va este post.

Cuando es su padre el que lo lleva, van al de hombres. Pero este año, si voy yo como sucedió ayer, estoy utilizando ese vestuario para discapacitados con Jaime. Al comienzo del curso en octubre, la primera vez que entramos en el de mujeres, percibí un cambio importante. A la hora que vamos hay un grupito de niñas de unos 8 o 9 años cambiándose. Jaime apenas tiene 6 recién cumplidos, es aún un niño pequeño, pero tras el estirón de este verano es alto para su edad, delgado y muy fibroso. Ni se me había pasado por la cabeza que podría incomodar a alguien a sus seis años, pero noté a esas niñas incómodas, buscando ángulos muertos para vestirse, mirando de reojo. No se quejaron, nadie vino a decirme nada, pero no probé un segundo día

No me importa lo más mínimo estar en el baño de discapacitados. Tengo muy asumido que mi hijo tiene una discapacidad y que antes o después nos iba a tocar usarlo, igual que utilizamos ya muchas otras cosas.

Lo que me hizo pensar ese día en el vestuario es sobre cuándo nace en los niños ese pudor por el cuerpo desnudo del sexo contrario. Julia tiene tres y no lo tiene. ¿Con 7 y 8 años es muy pronto? Probablemente no. No lo sé. Yo no lo recuerdo. Crecí rodeada de primas, sin hermanos y en un colegio femenino, no tuve ocasión de experimentar el nacimiento de esa vergüenza.

No sé si Jaime desarrollará alguna vez ese pudor
. Me gustaría pensar que Julia tendrá esa actitud con los demás, pero no con nosotros, no hacia su padre y su hermano. Yo crecí viendo a mi padre desnudo, dejándome ver sin problemas, y asumiéndolo como algo natural. En casa procuramos normalizar la desnudez.

Y otro asunto es el pudor por mostrar la desnudez propia, incluso a tus iguales. Probablemente esa otra vergüenza nazca de la mano de los complejos, del deseo de ser más delgada, más o menos morena, tener menos barriguita o menos culo. Es decir, se genera cuando no nos aceptamos como somos, cuando no miramos nuestro cuerpo con amor y aceptación sino con deseos imposibles de ser como las modelos y las estrellas de cine. Eso sí que es una pena y ojalá no lo experimente nunca. No me engaño, sería raro que no le sucediese, pero espero que lo sienta de la manera más somera posible y que, cuando madure, aprenda a quererse y verse hermosa. Muchas mujeres lo consiguen con el tiempo, otras tantas no lo logran jamás. Y me da la impresión de que los padres podemos hacer mucho para plantar la semilla de esa aceptación futura. Os aseguro que haré todo lo que esté en mi mano para que mis dos hijos crezcan queriéndose a si mismos, que no significa no reconocer nuestros fallos o no querer mejorar.