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El mejor trabajo del mundo

Mira que es difícil que se me salten las lágrimas de emoción con películas, anuncios o lecturas. Pues este vídeo lo ha conseguido. Y es de los que dejan una sensación dulce en el cuerpo al tiempo que emociona.

Debería poner al principio “les advertimos de que las imágenes que mostraremos a continuación pueden desatar su sensibilidad”. Por favor, no os lo perdáis.

Yo creo que no podré evitar recordarlo cuando en los próximos Juegos Olímpicos vea a los medallistas hacer signos de agradecimiento a las cámaras o a algún rincón del público.

La primera carrera popular por el autismo en Madrid

Ya os he contado alguna vez que me gusta correr. Comencé en febrero de 2011 y me ha enganchado de una manera que no creía posible. Desde entonces he participado en distintas carreras populares, muchas de ellas solidarias, como las multitudinarias de la mujer por el cáncer de mama, por el Síndrome de Down y la que organiza el Hospital Niño Jesús en el Retiro.

Siempre me ha llamado la atención que no hubiera una carrera popular por el autismo, siendo algo tan extendido y con tantas asociaciones potentes involucradas. Sorprendentemente me acabo de enterar de que Afanya TGD organiza una carrera en Getafe el próximo domingo 22 de abril, justo dentro de una semana.

Será la primera carrera popular por el autismo de Madrid, probablemente poco ambiciosa en su organización y alcance deportivo. Da igual, por algo se empieza, y todos nosotros podemos hacer que se repita cada año y vaya ganando importancia.

Es una distancia muy corta, accesible para cualquiera. Aquel que no pueda correr, la puede hacer andando. Yo estaré allí vestida de azul. ¿Quién más se anima?

La asociación que la organiza cuenta lo siguiente:

Hola a todos, estamos preparando nuestra primera carrera. Va a ser el 22 de abril a las 12 horas. La salida y la meta están en el estadio de Juan de la Cierva y el recorrido son dos vueltas al parque Castilla La Mancha en GETAFE, en total son unos 2,2 km. Todo el mundo puede participar. Mandar un correo a afanyatgd@gmail.com para confirmar vuestra participación en la carrera. Recordaros que tenemos que llevar algo azul, color que nos identifica ,para que se nos vea, ya sea una camiseta, un pañuelo, una gorra lo que se os ocurra. Animaros porque pasaremos un rato divertido y será un recuerdo inolvidable.

Usando a los niños para quemar calorías

Tengo un buen amigo, que no tiene hijos pero sí un blog en Quo, Transformer, sobre ponerse en forma llevando una vida saludable. Habla de alimentación, de hacer deporte con cabeza, de vivir cuidándonos… (francamente recomendable sus mandamientos) y en su último post de hacer deporte utilizando a los niños, propios o ajenos. Así que no he podido resistirme a traerlo por aquí.

Os dejo parte:

La Navidad deja pocas ocasiones para entrenar. Reuniones familiares, fiestas, resacas y comilonas. Mucho tiempo en casa y mucha televisión. Sin embargo, es una época del año en la que tienes a mano un equipamiento de gimnasia barato y flexible: los niños.

Estas pequeñas personas vienen graduadas en peso según su edad, y dependiendo de lo que hayan comido son capaces de alcanzar distintas velocidades a la hora de perseguirlos o hacer carreras.

Utiliza a los niños. Tanto si son los tuyos propios como si se trata de sobrinos o primos en cualquier grado, podrás ponerte en forma y además pasar un buen rato con ellos.

Si hace mal tiempo, toca quedarse en casa. Eso no quiere decir que haya que darse a la molicie. Si uno se deja, los niños tienen la costumbre de subirse encima de ti y utilizarte como equipamiento municipal recreativo. Aprovéchate y dedícate al levantamiento de niño, que debería ser disciplina olímpica.

¿Qué se puede hacer en el parque para entrar en calor? Lo de siempre, pero participando tú también, no te quedes sentado en un banco. Fútbol, baloncesto, tú la llevas, el juego del pañuelo, carreras a caballito. Cualquier cosa que implique correr. Volveréis todos sudando y con los carrillos encendidos. Tú habrás tenido una buena sesión de ejercicio areóbico de intervalos, y ellos estarán más cansados, se irán a dormir y no darán tanto la lata. Todo el mundo gana.

El fútbol no es lugar para niños pequeños

Ayer unos familiares me comentaban que unos amigos suyos habían ido todos en familia a ver un partido de un equipo de segunda B. La madre de esa familia acabó cabreadísima porque salió una chica de juez de línea y antes incluso de empezar el partido ya la estaban insultando. Lo que realmente la enfadó fue ver a niños de diez años chillando a la pobre chica. “Vete a tu casa a fregar” era de lo más suave.

Y lo traigo hoy aquí porque el domingo pasado por la mañana fui a ver al Getafe B con el Oviedo con los niños y me traje también como conclusión que el fútbol no es un buen lugar para ir con niños. En gran parte por el humo de los cigarrillos y los purazos que te obligan a respirar los de las filas de delante, pero sobre todo por el ambiente exento de nicotina que se respira: desahogo agresivo repleto de todas las modalidades posibles de insultos.

En el pasado os he contado lo mucho que me gusta el deporte, que quiero que mis hijos lo disfruten practicándolo y como espectadores, que creo que te puede ayudar a muchos niveles y de diferentes maneras a todas las edades. Pero tal y como estoy viendo el patio futbolístico, me parece que vamos a investigar otras posibilidades. Anda que no tienen para elegir: escalada, ciclismo, atletismo, baloncesto, balomnano, voley, judo, gimnasia…

Sobre esas sillitas para llevar en tu bici a los niños pequeños

Hace ya un par de meses que salgo todos los domingos por la mañana con mi cuñada en bicicleta. Pedaleamos hasta un verdecora en el que sirven unos desayunos estupendos por euro y medio y regresamos a casa dando pedales. Es decir, que llevo dos meses siendo una dominguera de la bici. Globeros me ha dicho algún ciclista más veterano que conozco que es nuestro nombre oficial, aunque no me ha sabido explicar bien el porqué.

Hasta los quince años pasé todos los meses de verano con la bici arriba y abajo por el pueblo de mis abuelos en Asturias, todo cuestas. Iba con una Orbea amarilla y azul a la que adoraba. Ahora, por pura casualidad, llevo una Orbea de montaña verde que era de un primo de mi santo y llevaba quince años acumulando polvo. Tras pasar por un taller de bicis ha quedado fantástica.

En la foto se puede ver antes de la reparación y con el sillín muy alto (ahora está abajo del todo).

Y ahora mi cuñada y yo, que nos vemos más sueltas en materia ciclista, andamos barruntando si instalar en nuestras bicis una de esas sillas que tanto se ven para llevar a nuestras niñas de dos años con nosotras en esas excursiones.

El otro día me acerqué a una tienda de deportes y me estuvieron explicando que hay dos modelos de sillas: las que se adaptan al portaequipajes de la bici (que nuestras bicis no tienen, habría que añadir) y las que van directamente al cuadro. Sinceramente no sé cuál será más recomendable, allí me dijeron que daba igual. En ambos casos las sillas iban atrás, aunque luego he visto por ahí sillitas que se colocan por delante, tal vez para niños más pequeños, no sé…

Y mi principal duda para atreverme a intentarlo es si será realmente seguro. Si Julia, que es una lombricilla inquieta, se pone a moverse será capaz de desequilibrarme y hacer que caigamos.

Imagino que los trece o catorce kilos que pesa ya se notarán también en las cuestas arriba, pero eso no me preocupa especialmente.

¿Alguno de vosotros usais o habéis usado esas sillas? ¿Podéis aconsejarme?

Y aquí un tipo de bicicleta pensada para llevar niños con la que me he encontrado por Internet, pero que no entra en mis planes.

Corre por el niño

El próximo 16 de octubre, apenas dentro de un par de semanas, hay una carrera en el centro de Madrid, en el Parque del Retiro. La carrera se llama Corre por el niño. Son cinco kilómetros, una distancia más que asequible para que quien quiera lo haga corriendo y quien quiera andando.

La inscripción cuesta 10 euros y la causa es benéfica: por la investigación de enfermedades graves de los niños. Comienza a las 9:30. Yo estaré allí con mi santo y los peques. Yo correré y ellos me animarán, y luego pasaremos una mañana agradable por el Retiro.

Hoy mismo he estado en una carrera popular, la I Carrera por la Fundación Síndrome de Down, (allí he hecho la foto) y el ambiente familiar que hay en estos eventos es estupendo.

¿Quién más se anima?

Como una maratón

Siempre me ha gustado hacer deporte, aunque lo mío nunca fueron deportes de equipo o relacionados con pelotas. Creo que fue la tabla de salvamento de mi adolescencia y siempre recomendaré su práctica a cualquier edad, ya lo he hecho en algunas ocasiones en este blog. Como suele pasar, la intensidad con la que lo he practicado ha variado mucho a lo largo de los años, interrumpiéndose en el periodo de los dos embarazos.

En febrero de este año comencé a correr. Era algo que llevaba meditando un tiempo y decidí ponerme manos a la obra. Tengo un par de amigos que, también con altibajos, son corredores (uno de ellos incluso maratoniano), y me puse en sus manos.

Empezamos alternando unos minutos de carrera y otros de andar a buen ritmo. En una semana ya estaba trotando media horita seguida, despacio pero a gusto. Antes del verano participé en mi primera carrera de 10 kilómetros (llegué de las últimas, pero tan contenta). Y sigo entrenando entre tres y cuatro días a la semana y viendo cómo bajan mis tiempos y suben mis distancias. Además hace poco me hago mis escapadas en una bicicleta de montaña que un primo de mi marido tenía olvidada desde hacía más de quince años.

Me gusta por muchos motivos, la mayoría egoístas. Siempre he sido activa y lo echaba de menos. Son momentos de ordenar mi cabeza, de relajarme, de liberar endorfinas. Me gusta cómo está cambiando mi cuerpo. Duermo mejor, me siento mejor e incluso me alimento mejor.

Pero hay algo más. Hay dos motivos determinantes por los que me puse por primera vez las zapatillas y salí a la calle con un común denominador: Jaime.

Tengo un hijo con autismo que acaba de cumplir cinco años cuyo desarrollo aún está por ver, pero que casi con toda seguridad será dependiente toda su vida y al que, aunque tiene un carácter muy dulce, aún hay que controlar a veces tirando de fuerza física. Por eso quiero estar fuerte y saludable, ahora y durante tantos años como sea posible. Y también quiero que lo esté mi santo, que hizo mucho deporte pero ahora está abandonado y al que quiero convencer para que vuelva a ponerse en forma.

Y ese hijo no siempre será un niño pequeño. Pronto se convertirá en un chaval con mucha energía que quemar y quiero poder ayudarle a hacerlo de manera sana y funcional mediante el deporte. Su autismo dificulta los juegos de equipo, pero correr, nadar o ir en bicicleta son deportes fantásticos. Me encantaría compartir eso con él. De hecho este año quiero llevarle a un club de escalada, que creo que le puede gustar mucho, y estaré encantada de ponerme el arnés y escalar con él. A la piscina lleva acudiendo desde los dos años y medio.

Al poco de recibir el diagnóstico leí que tener un hijo con autismo es como afrontar una maratón, que había que mentalizarse. Y en ello estamos.

¿Y por qué os cuento todo esto precisamente hoy? Pues porque el viernes me encontré en el Marca un reportaje maravilloso de un padre, Josele Ferrer, que acaba de convertirse en mi ídolo. Se llama El carrito de la felicidad. Leedlo, por favor, y emocionaos, como me pasó a mí, con ese padre que entrena y corre maratones empujando el carrito de su hija de 12 años con Síndrome de Rett.

En su web Mi mundo Rett, hay más información sobre como ayudarle y seguirle: donaciones, rett-os, en Facebook, compra de camisetas técnicas o de calle, en carreras solidarias… Josele está apoyando a la investigación de este síndrome.

Josele, espero que la organización del Maratón Popular de Madrid te deje participar y yo pueda ir a aplaudiros a María y a tí a la llegada.

Y para acabar el vídeo del Team Hoyt. Era inevitable recordarles en este post.

La importancia del deporte casi desde que nacen

Hay pocas cosas que tenga tan meridianamente claras en esta vida como la importancia del deporte. Y lo es a cualquier edad. No voy a entrar aquí a enumerar todas las virtudes que tiene que nos las conocemos todos de memoria. Por supuesto también en la infancia y la adolescencia (me consta que ha sido un gran timón estabilizador para muchos sobre todo a esa problemática edad).

Yo procuraré que mis hijos disfruten con el deporte, que se diviertan probando e investigando lo que más les gusta y que se convierta en un hábito.

Me da igual que sea el atletismo, un juego de equipo con pelota, nadar, ir en bici o lo que sea. La cosa es moverse, pasárselo bien e interiorizar la necesidad de hacerlo.

Y tengo también muy claro que como en cualquier otra faceta: que se alimenten bien, que sean cariñosos, que lean… hay que empezar por dar ejemplo. Si ven a sus padres poniendo el culo en el sofá a la primera oportunidad va a ser más difícil que ellos crezcan activos y lo sigan siendo toda su vida.

En el caso de niños muy pequeños como los míos, obviamente todo es un juego y una toma de contacto en la que la diversión y el descubrimiento es lo que prima. En cualquier caso es una invitación al descubrimiento, no hay que presionar nunca.

Conozco a un padre reciente que, además de fomentar el ajedrez entre los niños, también forma parte de un club de atletismo madrileño (Villaverde) con esta filosofía.

En un par de semanas organizarán una carrera para niños de 0 a 13 años. Habrá todo tipo de categorías para que todos se puedan divertir, incluso los que recorran unos pocos metros reptando y tambaleándose más que corriendo.

Aquí tenéis más información por si os interesa:

El próximo 5 de junio los del club Atletismo Incolora organizamos, dentro de los festejos de Santiago El Verde, la segunda carrera infantil con el mismo nombre. Os agradecería que distribuyerais estos carteles por vuestros colegios.

La edad de los chavales no puede exceder los trece años. Para los más mayores, adultos y veteranos, estamos preparando la primera San Silvestre de Villaverde que se celebrará el 31 de diciembre en el parque Plata y Castañar, por la mañana para que los que queráis correr la Vallecana podáis hacerlo.

Si queréis informaros más de nuestro club y formar parte de él la dirección web es club Atletismo Incolora

Las (primeras) bicicletas son para el verano

Hoy hemos tenido una tarde especial. Los abuelos han decidido regalar a Julia y Jaime sus primeras bicicletas.

Todo ha venido después de que las terapeutas que tratan a Jaime en el centro de atención temprana y que llevan algunas semanas sentándole en la bici nos lo recomendaran. La de Julia ha venido de añadidura ya que tenemos la certeza absoluta de que en cuanto vea a su hermano subido en una va a querer la suya. Y también le viene bien la verdad. En mi familia tenemos el hacer deporte en muy alta consideración.

Así que el otro día estuvimos mirando bicicletas y descubriendo lo mucho que ha cambiado el ciclismo infantil.

En nuestra época las bicicletas eran tremendamente crecederas. Manillares y sillines se estiraban casi hasta el infinito. Aún recuerdo a mi primo pequeño en Asturias pedalear en una pequeña BH roja en la que el sillón estaba tan elevado que parecía un monociclo. Y yo casi no recuerdo otra bici de mi propiedad que no sea mi Orbea amarilla y azul.

Ahora te colocan al niño frente a un metro y en función de su altura te aconsejan el tamaño de la bicicleta: doce, catorce, dieciseis o dieciocho pulgadas. Los sillines y manillares apenas pueden adaptarse. La idea de los fabricantes es mejorar la ergonomía del niño mientras pedalea. Eso dicen. Y no dudo de que tengan razón. Pero es obliga a cambiar de bicicleta cada dos o tres años o a que el niño vaya encogido.

Lo otro que hemos descubierto era fácil de imaginar: las bicicletas con pegatinas de héroes infantiles tipo Pocoyo, Buzz Lightyear, Barbie, Mickey Mouse o Bob Esponja cuestan entre un 20% y un 40% más.

Como decía, hoy hemos ido a comprar las bicis. Julia ha elegido una “rofa de Pocoyo” de doce pulgadas y para Jaime, que le dan igual estas cosas, una negra de dieciseis. Ambas con ruedines claro.

Ahora queda montarlas y procurar que se diviertan con ellas mientras aprenden a usarlas.

¿Alguna recomendación? ¿Alguna anécdota?