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Cuando ir al dentista con un niño puede implicar anestesia general

Si el niño es muy pequeño, o dependiendo de su carácter, miedo y del procedimiento al que tenga que someterse, cabe la posibilidad de que necesite anestesia general. Y ese tipo de anestesia siempre pesa.

(GTRES)

Si se trata de un niño con autismo o con otro tipo de discapacidad que impide que haga acopio de valor y calma y se mantenga quietecito y con la boca abierta, esa anestesia general también será necesaria, aunque sea para algo tan sencillo como una caries. De hecho es muy probable que muchos de esos niños la sigan necesitando toda la vida.

Y cuando no es posible acceder a ese servicio por la vía de la sanidad pública, algo que pasa con demasiada frecuencia, estamos hablando de que arreglar unas pocas caries puede superar los mil euros. No es de extrañar (y sí de agradecer) que en el anterior colegio de Jaime hicieran tanto hincapié en la importancia de la higiene dental de sus alumnos y hubiera un programa de desensibilización: cada poco les llevaban al dentista a una revisión, para que se acostumbraran a colaborar. Pero esa es otra historia de la que ya hablaremos más despacio en el futuro.

Hoy os dejo un texto de Marta, autora del blog (que os aprovecho para recomendar) Mamá española en Bulgaria, que hace poco tuvo que pasar con su hijo pequeño por la anestesia general en el dentista, con la esperanza de que a alguien le pudiera resultar útil su experiencia y recomendaciones.

La anestesia general es a veces necesaria en pediatría, no sólo para procedimientos quirúrgicos mayores, sino también para ocasiones en las que no es posible que el niño esté quieto o colabore. Por ejemplo, niños muy pequeños, niños con autismo o con alguna discapacidad…

Recientemente tuve que llevar a mi hijo pequeño al dentista, y como a sus cuatro años era impensable que pudiera estarse un par de horas inmóvil con la boca abierta, fue necesario hacerlo con anestesia general.

Busqué mucho en Internet antes del procedimiento y no encontré gran cosa, de modo que ahora que hemos pasado por ello quisiera compartir mi experiencia, por si ayuda a tranquilizar a otros padres.

Eso sí, los detalles pueden variar según cada centro y el caso concreto de cada niño y es bueno preguntar antes al médico; esto es simplemente orientativo.

Los preparativos:
Unos días antes hay que hacerle al niño una analítica y obtener una muestra de orina. Parece sencillo, pero sacarle sangre a un niño pequeño o con alguna discapacidad puede ser una odisea. Nosotros tuvimos que ir a tres centros hasta que dimos con uno en el que la enfermera tuvo agallas para intentarlo. Las dos anteriores no se atrevieron, porque el niño se movía mucho, y tenían miedo de desgarrarle la vena y causarle una hemorragia. No las culpo.

Hacen falta varias personas para inmovilizar totalmente a un niño asustado. Lo más sencillo es quizá que la madre se siente con el niño encima y le sujete torso y manos, mientras el padre o las enfermeras ayudan a sujetarle las piernas.

La muestra de orina se toma en casa en un botecito que te dan para ello, esta parte no tiene ningún misterio.

Si los resultados de la analítica están bien ya se puede ir al dentista (o al médico que corresponda) en los siguientes días.

En las seis horas previas a la intervención el niño no puede consumir alimentos ni bebidas. Como es complicado que un niño pequeño entienda que no puede comer ni beber durante tanto tiempo, es mejor pedir hora por la mañana temprano, y llevarle recién levantado.

Lo ideal sería hablar con él o ella y explicarle lo que pasará de forma simple y adaptada a su edad, aunque por desgracia, los niños muy pequeños o con alguna discapacidad pueden no comprenderlo, lo que hace que llegado el momento están más asustados.

Es recomendable llevar una muda para el niño (a veces tras la anestesia pueden vomitar), pañuelos de papel, y agua. El agua es importante porque al despertarse tienen mucha sed.

Normalmente en el centro dental hacen una ortopantomografía antes de empezar, aunque con niños pequeños no siempre es posible (en nuestro caso no lo fue, el niño se movía demasiado).

La anestesia general:
Siempre que se aplica anestesia general hay un anestesista acompañando al paciente durante todo el tempo que dura el proceso, desde la sedación hasta el despertar.

A mí me pidieron que me sentara en la silla con mi hijo encima, para poder sujetarle bien, y dos auxiliares le sujetaron torso y piernas mientras el anestesista le aplicaba la mascarilla. Es totalmente indoloro, pero los niños pueden asustarse.

Con la mascarilla se le da a inhalar al niño una mezcla de óxido nitroso y sevoflurano, dos anestésicos que le dejan KO en unos 15 segundos. El anestesista dijo que son los que se suelen usar en toda Europa por su eficacia y porque no suelen causar problemas en la recuperación.

Una vez el niño está dormido, los padres deben irse para dejar trabajar a los profesionales. A nosotros nos mandaron a dar una vuelta y nos dieron una estimación del tiempo que iban a tardar. En mi opinión es mejor no alejarse demasiado y asegurarse de que el personal tiene nuestro número de teléfono para que nos puedan llamar si acaban antes de lo previsto.

Antes de empezar el procedimiento pertinente se le pone al niño una vía en la mano y se le intuba por la nariz, para dejar la boca despejada para el procedimiento y para poder seguirle administrando por ahí más gas anestésico. También se le administra paracetamol mediante un supositorio.

Esto es en caso de procedimientos dentales, pero si la anestesia general es para otro tipo de intervención tal vez el sistema sea algo distinto.

El despertar:
La recuperación de la anestesia general es una parte importante de todo el proceso. Normalmente hay salas de recuperación para este propósito, equipadas con una camita, luces tenues y ambiente relajante.

Lo ideal es que el niño se vaya despertando solo de forma natural, y el anestesista nos dijo que a menudo tras la anestesia se sumen directamente en un sueño profundo que puede durar un rato o varias horas. Mi hijo durmió un par de horas.

Al despertar es bueno que lo primero que vean sea a sus padres, porque están desorientados y algo doloridos. Es común que sientan náuseas y pueden llegar a vomitar, de ahí que sea recomendable llevar una muda limpia por si hiciera falta. Mejor prevenir.

También es habitual que estén muy sedientos, porque entre tantas las horas de ayuno total y las que dura el procedimiento, están bastante deshidratados.

Cuando el anestesista da el visto bueno ya te puedes llevar al niño a casa. En nuestro caso nos aconsejaron no embutirle comida para evitar que vomitara, simplemente mantenerle hidratado y darle de comer poco a poco cuando lo pidiera.

También nos recomendaron darle paracetamol al llegar a casa, pero esto es decisión del médico según el procedimiento que se haya realizado y del estado del paciente. Cada caso es distinto y es mejor no medicar a los niños por nuestra cuenta.

Repito que esta es nuestra experiencia personal, los detalles pueden variar según cada niño, según el centro o según el procedimiento que haya que hacer, por eso es bueno preguntar unos días antes a los médicos para saber cómo se hará. Cuando sabes qué esperar estás más tranquilo.

A cualquier padre le angustia someter a su hijo a anestesia general, además de a la intervención que sea. Asusta, claro, ¡son tan pequeños! Por eso es bueno ir bien informado para poder mostrar tranquilidad, porque si los niños nos ven nerviosos ellos también se pueden alterar más de lo necesario.

¿Y si a mi hijo no se le caen los dientes de leche como al niño de ‘Stranger Things’?

Un efecto colateral de ver Stranger Things, la última serie de moda de Netflix (que a título personal os recomiendo, pero que no es apta para los niños más pequeños), es que puede aumentar la paranoia de muchos padres cuyos niños tardan en soltar los dientes de leche.

Uno de los niños protagonistas, probablemente mi personaje favorito (todo inteligencia, sobre todo emocional), comenta en uno de los primeros episodios la seria con toda naturalidad que tiene displasia cleidocraneal a los matones que pretenden hacerle bullying por tener aún dientes de leche.

¿Qué es eso de lo que habla Dustin? Porque la verdad es que no lo menciona más veces y en la serie se le ve tan estupendo que solo te quedas con su problema con la dentición.

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La displasia o disostosis cleidocraneal implica mucho más que tardar en cambiar la dentadura. Este trastorno, que afecta efectivamente al actor Gaten Matarazzo, es una anomalía genética rara que en un tercio de los casos se produce de novo (aparece espontáneamente, sin que hubiera antecedentes), es una de las más antiguas que se conocen y lo de menos es de los dientes, afecta a las clavículas, la pelvis, el cierre de las fontanelas, la apariencia del rostro… Hay distintos grados y no hay tratamiento, sino un abordaje terapéutico que implica el trabajo conjunto de distintos especialistas.

Es estupendo que veamos cada vez más diversidad en las series y tratadas con esa normalidad. De hecho muchos afectados por el mismo síndrome están agradeciendo la visibilidad del trastorno y asegurando que es algo que les ayuda a muchos niveles, empezando por el personal.

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Primera visita al dentista

Una niña en pleno proceso de desensibilización con el dentista (GTRES).

Una niña en pleno proceso de desensibilización con el dentista (GTRES).

Hace muy poco que vi un puntito oscuro en una muela de Julia que no se iba con el cepillado. Tenía la duda de si sería caries o una puntita rota de la muela y os pedí por redes sociales que me recomendarais algún buen dentista especializado en niños (gracias a todos, es un gremio del que recelo bastante de entrada, probablemente del que más desconfío).

Pues bien, ayer Julia ocupó por vez primera el sillón de un dentista. No hicieron nada aún. Simplemente la examinaron, dejaron que jugara y se familiarizara con el instrumental y el lugar y le explicaron de manera que ella lo entendiera lo que iban a hacer el siguiente día, tapándole ese hueco con “una plastilina blanca que se ponía dura calentándola con una luz”.

El jueves que viene regresaremos a subsanar el problema. Ya os contaré qué tal se nos da. Desde luego ayer estuvo tranquila, riendo y encantada de la vida, y eso que cuando descubrí la caries en casa y le dije que tendríamos que ir al dentista se puso a llorar como una Magdalena. Salió dalló con un cepillo de dientes nuevo del color que ella eligió, regalo típico de dentista.

Está francamente bien que haya profesionales que no sólo sean buenos odontólogos infantiles sino que también tengan mano con los niños, paciencia y pocas prisas. No lo recuerdo así cuando yo era pequeña.

Hay más medios para que se familiaricen con el dentista hoy día. Julia tiene varias aplicaciones infantiles en las que juega a ser dentista de niños con los dientes muy sucios, caries y pisas que hay que quitar o colocar. Y uno de sus episodios favoritos de esa serie magnífica que es Érase una vez la vida es en el que a la niña se le picaba una muela y tenía que ir al dentista.

En la revisión me dijeron además lo que ya sabíamos: que está muy adelantada con los dientes. Os contaba está semana que estaba a punto de perder su primer diente a los cinco años y tres meses (el ratoncito Pérez vino finalmente el lunes), pues los dientes de arriba también se le mueven. Y ya le ha asomado parte de unas de las muelas que suelen salir a partir de los seis años. También me finto que tiene espacio de sobra para los dientes definitivos que le tienen que salir.

Jaime, que en agosto cumplirá ya ocho años, nunca ha necesitado pasar por el dentista. Esperemos que dure porque en su caso lo más fácil sería que tuviéramos que dormirle entero. Y la anestesia general no es plato de gusto. En su colegio ya le han llevado varias veces al dentista como parte de un plan de desensibilización para procurar que no sea así.

¿Vuestros hijos también tienen un ‘abuelo caramelo’?

Mi padre ha dejado de ser ‘papá’ para convertirse en ‘el abuelo caramelo’. Sí, es uno de esos abuelos que pululan por ahí dispuestos a conceder cualquier capricho a sus nietos como demostración del enorme amor que les tiene. Es fácil que tengáis alguno en mente.

Yo adoro a mi padre, le quiero tanto como él a sus nietos, pero estoy ya harta de repetirle que no les atiborre a regalices, chupa-chups, gominolas y nubes. Las chuches llueven sobre mis hijos como el maná cuando él está cerca, da igual si aún no han comido o si estaban en plena rabieta y no era plan de “premiarles” en ese momento.

Las golosinas son un mal necesario en la vida de Jaime, con los niños con autismo hay que localizar sus intereses y utilizarlos constantemente como premio, como incentivo para comunicarse o completar una tarea. Y los intereses de los niños pequeños con autismo siempre son muy limitados: pompas de jabón, cosquillas, alimentos, canciones… poco más. De hecho esa característica, tener pocos intereses, es una de las claves que definen el diagnóstico.

Yo he visto trabajar a los terapeutas de Jaime, le dan trozos minúsculos de regaliz cuando se esfuerza en decir “aiz” o quieren que coloque la pieza de un puzle.

El abuelo le da regalices enteros solo por existir. Tanto le he regañado por esa barra libre de azúcar, que me siento ya la mala de la película (lo de que las madres nos sintamos así da para otro post).

Intento dejarlo por imposible, pero a veces es que no puedo. Le digo siempre que ya les pagará él el dentista, pero es que por desgracia, lo más fácil es que el dentista para Jaime suponga anestesia general.

Probablemente leerá este post. Estoy convencida de que no servirá para nada.

¿Vuestros hijos también tienen un ‘abuelo caramelo’?

El cuidado de los primeros dientes

Ya os dije hace unos meses que Julia andaba ya peleándose con los dientes. Le están dando un poco más de guerra que a su hermano, pero afortunadamente están saliendo sin excesivos problemas uno detrás de otro.

A sus seis meses ya tiene tres abajo y uno a punto de romper arriba. Está más mordedora y babosa.

Y coincide que tiene el culete un poco irritado, algo que mi madre se empeña que está relacionado, aunque yo no acabo de ver qué tienen en común los dientes de leche con el culo.

El problema es que uno de los de abajo está pelín torcido. He leído que con los dientes de leche no es problema, que la encía tiene espacio suficiente para que se acaben colocando, pero tengo pendiente consultárselo a mi pediatra.

Buscando por la Red he dado con un artículo sobre dientes de bebés que en algunas cosas me parece muy acertado y en otras un poco exageradas, sobre todo las referentes a higiene dental.

Al menos yo no las he cumplido.

Una vez que el niño ha nacido, después de cada toma, o al menos una vez al día, antes de acostarle, limpie sus encías y la lengua con una gasa humedecida, para así arrastrar los restos de leche o de cualquier otro alimento. De esta forma, se fortalecen las encías y se elimina la placa, bacterias y ácidos responsables de las caries.

Tras el primer diente aparecen otros tantos y para cuidarlos adecuadamente hay que recurrir, cuando el niño cumpla su primer año, a un cepillo de pequeño tamaño y suaves filamentos. Cuando hayan nacido todos los dientes, lo ideal es que se cepillen durante al menos dos minutos y como mínimo dos veces al día, especialmente después de cada comida y siempre con un cepillo adecuado a la edad del niño. Si hay un cepillado que nunca se debe olvidar es el último del día, tras la cena. Durante la noche la boca tiene menos saliva por lo que los restos de alimentos están en contacto con los dientes más tiempo, una circunstancia propicia para que aparezca la caries.

No se olvide enseñarle a usar el hilo dental cuando los veinte dientes de leche ya estén fuera, pero no sin antes pedir a su dentista que le aconseje sobre cómo utilizarlo.

Lo ideal es llevar al niño a la consulta del odontopediatra, dentista especializado en el cuidado de los dientes del niño, cada seis meses si no hay nada que enturbie la salud buco-dental del pequeño y cada tres meses o una vez al mes si existe algún problema. Con estos plazos, el especialista puede detectar a tiempo posibles problemas, corregirlos antes de que se desarrollen y aconsejar a los padres el mejor cuidado preventivo que existe para hacerles frente. El niño acatará como algo normal la visita al dentista y será más fácil que siga con esta costumbre el resto de su vida.

Todo parece apuntar a que el niño está listo para estrenarse en la consulta del dentista una vez que ha cumplido los seis meses de vida y siempre antes de su primer cumpleaños. El niño verá como algo normal la visita al dentista y será más fácil que siga con esta costumbre el resto de su vida.

Mi peque se cepilla ya con agua y pasta de dientes. De hecho es algo que le encanta. Muchas veces cuando sólo toca lavado de manos quiere cepillarse los dientes.

Pero ni ha visitado al dentista, ni le he enseñado a usar el hilo dental.

Y ni con él ni con Julia se me ha pasado por la cabeza limpiarles las encías con una gasa desde recién nacidos.

Ir al dentista estando embarazada

La madrugada del día seis de enero los Reyes decidieron que no me había portado del todo bien el año anterior y me merecía un buen dolor de muelas.

Sin previo aviso, a las tres de la mañana me levanté como un resorte de la cama con un dolor tremendo. Iba y venía en intensidad, pero no llegaba a desaparecer.

No dormí ni cinco minutos. Me tomé paracetamol, practiqué la respiración y la relajación que me enseñaron para el parto y aguanté hasta llegar al dentista el día siguiente. No me ha venido mal la práctica. No hay mal que por bien no venga…

Ir al dentista estando embarazada siempre da reparo. Pero era imposible aguantar.

Me pusieron una bata enorme de plomo para hacerme una placa y resultó que una de las muelas del juicio estaba picada por dentro.

Si no hubiera estado embarazada, me la hubieran intentado conservar con una endodoncia, pero en mi estado el dentista prefirió extraerla. Sobre todo tratándose de la muela del juicio.

Menos mal que ya estoy camino de las 33 semanas. En el primer trimestre está contraindicada la anestesia. Sinceramente, no sé si hubiera preferido una extracción en vivo o intentar aguantar hasta que el feto estuviera más desarrollado.

Hoy estoy con paracetamol de un gramo, mordiendo algodones y bebiendo con pajita. Para la inflamación: bolsa de verduras congeladas.

Y todo ésto me recuerda el dicho aquel de que cada hijo te cuesta un diente que se decía antes.

De hecho, mi madre tuvo varias caries tras tenerme y ya me ha dicho “Julia te está robando el calcio, como tú me lo robaste a mí”.

Cuando de niña me lo contó, siempre me imaginé a mi misma como una pequeña vampira descalcificadora.

En realidad lo que pasa es que durante el embarazo las encías son más esponjosas y sensibles y la saliva cambia, favoreciendo la aparición de caries.

Por eso te dicen que tienes que cuidarte aún más la dentadura. Y juro haberlo hecho.

Ahora, ya superada la gripe y casi superado el tema muelas, espero no tener más incidentes hasta que llegue el día del parto, que cada vez está más cerca.