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¿Te sentías a gusto con tu cuerpo cuando estabas embarazada?

Yo sí, he de confesarlo. No me importaba un pimiento parecer un zepelín al final del embarazo ni extrañamente gorda al principio. Y no creáis que fui de esas que parecen la serpiente que se comió el elefante de El Principito, yo engordé por todas partes, no solo de barriga: muslos, cara de pan (las que tenemos cara redondita estando delgadas, estamos condenadas a eso cuando engordamos), brazos… Y estaba feliz y contenta. Estaba gestando a mis hijos, mi gigantesco abdomen alojaba a mis niños y mi cuerpo tendía a acumular grasa que luego liberaría en forma de leche. Sentía todo tan natural, tan lógico, que disfruté de los cambios que se producían en mi cuerpo y no tenía ningún complejo a la hora de mostrarlo, incluso menos que al no estarlo.

Pero sé que no es siempre así, lo sé bien. En mi entorno hay mujeres que me han contado que se rechazaban ante el espejo, que vivieron el embarazo preocupadas por si luego lograrían recuperar su figura, que entendían engordar de tripa pero no de todo lo demás, que perdieron las ganas de ir a la piscina o a la playa e incluso de tener sexo con sus parejas por sentirse poco atractivas.

Lo sé y puedo meterme en su pellejo, pero no sé cómo podría convencerlas para que luchen contra ello, hacerlas entender que el cuerpo de una mujer embarazada es hermoso por mucho que opine cualquier descerebrado delante de ellas, que las transformaciones que se producen tienen sentido, que la opción siempre debería ser gustarnos, querernos… que los patrones estéticos imposibles que nos venden a las mujeres, incluso en una situación como el embarazo, no son más que corsés invisibles que nos hacen infelices.

Creedme, vuestros cuerpos gestantes son preciosos. Disfrutad este verano sin complejos. Miraos, maravillaos. Un milagro así lo merece.

La cintura de Escarlata O’Hara

La película casi empieza con la famosa escena de Mami apretando las cintas del corsé hasta dejar sin aliento a Escarlata.

En la segunda parte de la película, cuando Escarlata ya ha sido madre, se repite una escena parecida en la que Mami despotrica algo tipo: “Ya no volverás a tener la cintura de antes, has tenido un bebé…”

No es una cita literal, no tengo tan buena memoria.

En la novela Escarlata tenía, que yo recuerde, tres hijos. Engendraba y paría con toda facilidad. Hasta en eso se le notaba la sangre irlandesa. Y no era una madre demasiado solícita. En la película sólo tenía una hija. Pero esa es otra historia…

Volviendo a las dos escenas del corsé. Me vinieron a la mente leyendo vuestros comentarios sobre lo bien que recuperan el tipo las estrellas de Hollywood en este post.

Efectivamente, ellas sí que pueden cuidarse con dietistas, cremas carísimas, entrenadores personales y operaciones plásticas…

Pero seguro que algún recuerdo físico les queda de sus embarazos y partos: alguna estría, unos pechos algo más descolgados…

Yo he recuperado mi peso, pero mis secuelas han sido algo una cintura algo más ancha como Escarlata, la cicatriz de la cesárea y el abdomen un poquito más blandito.

¿Cuales fueron las tuyas?

Y ahora una obviedad: antes de que salga en los comentarios alguno diciendo que ya me estoy quejando por tontadas y que si no quería hijos habérmelo pensado antes, adelanto que mi peque vale todo eso y más.

Además, yo estoy más que satisfecha con mi cuerpo. Creo que esas señales de la maternidad, igual que las arrugas que denotan que te has reído mucho en la vida, son incluso hermosas.