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Un búho para papá y las manualidades prefabricadas

la foto-1Ayer por la tarde Julia y yo estuvimos un buen rato atareadas fabricando un búho para papá. Se acerca el día del padre (y de los abuelos) y todos los años nos gusta regalar algo que haya hecho con sus manitas. Creo que es más meritorio plantearse qué hacer, sentarse un buen rato y ejecutarlo que ir a comprar algo a algún centro comercial. Aunque ambas cosas son compatibles.

Hasta ahora han sido manualidades o dibujos con los que hemos partido de cero, pero este año Julia ha querido regalarle un búho que le habían regalado a ella. Una bolsita con todo preparado para coser, rellenar y decorar un muñeco de fieltro.

Le ha encantado: “¡Mira mamá, una aguja que no pincha para niños!”, “ya soy mayor, estoy cosiendo”, son algunos ejemplos de las frases que decía. Creo que voy a investigar dónde se venden para comprar alguno más. Aunque conservando esa aguja de plástico roma, comprando lana y fieltro, con unas plantillas y recortando en el fieltro las siluetas y agujereándolas para que los peques puedan coserla podemos crear el muñeco que queramos.

En cualquier caso esos kits de manualidades en los que vienen material e instrucciones son una buena idea. Muchas veces no nos ponemos manos a la obra precisamente por falta de esos elementos. Es una manera de facilitar las cosas.

Probablemente tengan más encanto aquellas ideadas por completo en casa, pero aún así me parece una buena idea.

Por cierto, que no estoy cargándome la sorpresa mostrando aquí el búho pese a que aún quedan seis días para el día del padre porque Julia estaba tan orgullosa de su creación que era incapaz de esperar y ha ido corriendo a enseñárselo a mi santo.

Ya está de nuevo guardado esperando su momento de revolotear de nuevo…

Coser para ellos

Nunca he sabido coser. Y dudo que la cosa vaya a cambiar. En mi casa existe una cajita de alfileres, agujas e hilo que me regaló mi madre cuando me independicé y que me ha acompañado cuando he cambiado de casa. Pero más por su valor sentimental que real.

Las dos abuelas de mis hijos sí que cosen. Pertenecen a una generación en la que acudir a clases de corte y confección y fabricarse los modelitos a partir del Burda era de lo más común. Ni Mango ni Zara existían. Ni sobraba el dinero para ir al Corte Inglés.

Mi madre me vistió con sus creaciones cuando era niña. Y mis tías y abuelas también me cosieron vestidos, me tejieron ropa de ganchillo o de lana.

A mi santo le pasó tres cuartos de lo mismo.

De hecho mi hija tiene varios vestidos y chaquetas obra de sus abuelas y tías, incluso alguna de su bisabuela. Jaime no tanto. Los varones son menos agradecidos con eso de la ropa. Ya hable hace un par de años que no hay paridad en el tema de ropa para bebés.

Lo que me llama la atención y por lo que escribo este post es porque cada vez conozco más casos de madres recientes, de mi generación, que pasados los treinta agarran las agujas de tricotar, la máquina de coser o simplemente aguja e hilo.

Sus creaciones son estupendas, bonitas, originales… y sobre todo son suyas.

Sé que su sensación de orgullo y satisfacción cuando visten a sus hijos con ellas o cuando las regalan no se puede comparar, por muy guapos que queden, a lo que yo hago vistiendo a mis hijos con ropa comprada o regalando ropa ya hecha a otros niños.

Ayer precisamente me crucé con una de estas madres recientes que ha decidido además, con la crisis que cae, convertir su afición en un intento por ganarse la vida.

Podéis ver su tienda online, se llama Krischu.com y tiene hasta mochilas como la que ilustra la imagen.

Y recuerdo otro caso parecido que publiqué hace casi un año en el blog: el de camisetaswan, cuyas pequeñas obras de arte se pueden ver al final del post.

Para ellas, toda la suerte del mundo.

Para las que sin buscar convertirlo en un medio de vida transforman sus sueños en ropa para sus peques, toda mi admiración.