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El polémico método Estivill

Ayer mencioné de pasada al recomendar a Rosa Jové y a Carlos González esté popular y polémico método conductista para hacer dormir a los niños, y me consta que levantó más ampollas de las que se pueden leer en los comentarios.

El enlace al que conducía es un artículo bastante bueno en bebesymas.com, que habla de sus pros y contras:

Por un lado, los fans a ultranza del método del Dr. Eduard Estivill. Padres que han seguido las indicaciones al pie de la letra y les ha dado éxito dicen que llevan al niño a la cuna y se duerme sólo sin llorar, que se acabaron las luchas a la hora de dormir y que ahora duerme el niño y ellos también.

Por el otro, los que critican sin pelos en la lengua. Opinan que es un método de adoctrinamiento que no trata los trastornos del sueño y que somete a los niños a los deseos de los padres, haciéndolos insensibles a sus necesidades básicas.

Antes de tener niños, antes incluso de plantearme tenerlos, el primer libro que compré para regalar a la primera de mis amigas que se quedó embarazada fue “Duérmete niño” de Eduard Stivill, responsable de la Unidad de Alteraciones de Sueño del Instituto Dexeus de Barcelona.

Es un libro tan pequeño que me lo leí de una sentada antes de regalárselo a mi amiga. Y me pareció que todo lo que contaba era de lo más razonable. Claro, que para mi un bebé era algo sólo un poco menos extraño que un selenita.

Luego tuve a mi propio bebé y me enteré de lo que era críar un niño en primera persona. Ni loca lo hubiera puesto en marcha.

La cosa consiste básicamente en dejar al bebé en la cuna. Y si llora que llore. Ya se acabará durmiendo.

Existe una serie de cosas que se pueden hacer: darle un osito, organizarle una rutina de sueño, si llora mucho asomarse por la puerta de su habitación y decirle cosas como “Cariño, mamá te quiere mucho, pero tienes que dormir solito”.

Creo sinceramente que sirven más para consolar a los padres que al bebé.

Imaginen dar un osito, una rutina de sueño y una charla a un bebé de pocos meses aterrorizado por verse solo y que está pidiendo a gritos a sus padres que acudan a proporcionarle amor y seguridad con su presencia.

Claro que funciona, se dormirá seguro. Pero se dormirá sintiéndose abandonado, desatendido por sus padres.

Durante millones de años, si un bebé pasaba a solas la noche, casi con toda seguridad acabaría muerto: devorado por cualquier fiera, congelado, mojado…

Nosotros sabemos que está completamente a salvo en la cuna de su habitación. Él no lo sabe. Su instinto le dice que si de noche no está con sus padres, no verá la luz del día siguiente.

Tan sólo hay que ponerse en su lugar.

Un bebé que llora por que no quiere dormir solo, no sufre insomnio ni alteraciones del sueño, que es en lo que es experto Stivill. Puede dormir perfectamente si está acompañado, que es lo que su instinto le pide.

Y que nadie se me soliviante. No juzgo a los padres que lo han aplicado, juzgo el método mismo.

¿Queréis saber otro método infalible para hacer dormir a esos niños que se niegan a conciliar el sueño en su cuna sin llorar?

El colecho, que de paso reduce drásticamente el riesgo de muerte súbita. Ya hablaré al respecto largo y tendido en el próximo post.