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Compartir las cosas lo que dure una canción

Es un pequeño truco. Uno muy tonto que me contó una terapeuta de Jaime y que he puesto a prueba en numerosas ocasiones con Julia y su prima.

Cuando dos niños pequeños, ya sean hermanos, primos, amigos o simples colegas de parque, se enganchan como lapas a un juguete al grito de mío, existe la posibilidad de convencerles para hacer turnos de la siguiente manera: “tú juegas lo que dure una canción y luego se lo das a fulanito, que también jugará lo que dura la canción”.

Se escoge cualquier canción infantil, no muy larga para que no se les agote la paciencia. Yo a veces simplemente he contado hasta diez o hasta veinte cantando despacito. Tal vez la primera vez les cueste, pero en cuanto pillan la mecánica, todos suelen quedarse conformes. Aprenden a anticipar y a hacer turnos.

No sé si lo habéis probado alguna vez, pero de verdad que os lo recomiendo…

La foto es de un caballito de Julia que suele ser objeto de estas particiones.

¿Aún no has visto el “Experimento Comparte”?

Es obra de Acción contra el Hambre. Es sencillamente una maravilla y me da ganas de repetir el experimento con los niños de mi familia y grabarles en vídeo para que se vean de mayores. Estoy segura de que harían lo mismo.

Para que luego digan que a los niños les cuesta compartir….

“Tienes que aprender a compartir, cariño”

Ayer publicamos esta noticia: los niños pequeños aprenden a compartir las cosas a partir de los siete años de edad según un estudio publicado este miércoles por la revista científica británica Nature.

Mi peque, a sus dos años recién cumplidos, no le hace ni puñetero caso a los juguetes. Le gustan los libros de cuentos y poco más. Así que no de momento no he tenido problemas por que no quiera compartir sus cosas.

Bueno, ahora que lo pienso, lo de que le bajes antes de tiempo del columpio en el parque para que suba otro niño no le sienta muy bien. Pero eso no se trata de compartir realmente. Más que enojarse con el niño lo hace con el adulto que le baja del columpio.

Tal vez siete años sean muchos. No lo sé. Pero me parece muy lógico que un niño de la edad del mío no entienda eso de que tiene que soltar el juguete con el que está disfrutando porque otro niño, sea un extraño o un familiar, también lo quiere.

Recuerdo cómo Carlos González hablaba del tema en uno de sus libros poniendo un ejemplo más o menos así:

Un padre insiste en que su hijo Juan tiene que soltar el cubo de arena con el que está jugando y en el que otra niña del parque que no conocen, María, se ha fijado. María tiene un interés relativo en el cubo que se podría redirigir fácilmente. El padre de Juan se empeña en que su hijo tiene que aprender a compartir e insiste en quitarle el cubo para dárselo a María. Juan llora. La madre de María, algo violenta, insiste en que no es necesario. Pero el padre de Juan le repite a su hijo que no puede ser tan egoísta y no cede, ya sea por convención social, por creer que es lo correcto, por cabezonería paterna…

Seguro que habéis visto escenas parecidas. ¿Verdad?

Carlos González añadía que si María se hubiera empeñado en jugar con las llaves del coche del papá de Juan, con su nuevo Iphone o con su cartera, es poco probable que el adulto decidiera dejar a una niña desconocida sus objetos personales y si le hubieran dicho que tiene que aprender a compartir hubiera contestado que eso son milongas en ese caso.

Pero el papá de Juan no entiende que para su hijo su cubo es en esos momentos es una posesión tan preciada como las tarjetas de crédito para su padre.

Y tengo que estar de acuerdo de nuevo con él. ¿Y vosotros?