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¿Cómo dormir a un bebé?

Hay muchas formas de dormir a un bebé o a un niño muy pequeño. La mayoría son universales y sobradamente conocidas:

– Darle el pecho.
– Darle un biberón.
– Darle un chupete.
– Cantarle en brazos.
– Mecerle en brazos.
– Moverle en el carrito alante y atrás.
– Sacarle de paseo en el carrito.
– Sacarle de paseo en el coche (el rum rum es infalible).
– Sacarle de paseo en una mochila portabebés.
– Tumbarse a su lado y cantarle.
– Tumbarse a su lado, cerrar los ojos y relajar la respiración. El sueño invita al sueño.
– Contarle un cuento.

Pero luego las hay más exóticas, hallazgos sorprendentes que hacen por casualidad padres recientes. ¡Y funcionan!

Éstás son algunas de las que he visto o he practicado:
– Mecerle frente a un ruido blanco, como el que produce una campana extractora o un secador.
– Botar con él en brazos sobre una pelota de pilates.
– Apretarlo con una manta o un par de cojines.
– Ponerle un pañuelo liviano sobre el rostro.

¿Conocéis alguna más?

¿Qué tienen que ver las campanas extractoras con los bebés?

Mi peque no tuvo unos cólicos del lactante tremebundos, pero sí que le dieron bastante guerra entre el mes y los tres meses.

Para aquellos que sean como yo hace dos años (que no sabía lo que era un aspito, una maxi cosi o el Protovit), los bebés más pequeños suelen tener episodios de llanto intenso e inexplicables.

Ni los pediatras ni las abuelas se ponen de acuerdo en las causas. Las hay para todos los gustos pero algunas de las explicaciones más comunes son: gases, falta de brazos, pesadillas, maduración del intestino…

Raro es el bebé que no los ha tenido. Suelen ser peores por la tarde y la noche. Con algunos niños es una pesadilla. Y se sufre mucho viéndoles llorar de esa manera sintiéndote impotente para calmarlos.

Cuando están así, te da igual la causa, asumes que nuncas sabrás por qué lloraba y lo único que importa es que deje de llorar.

Como para todo, hay varios remedios caseros de lo más extravagantes.

El mío es la campana extractora de la cocina. Una vez lo descubrimos, bastaba con acercarle en brazos, poner la campana a toda potencia y en pocos minutos estaba roque.

Durante un par de meses pagamos bastante más de luz. Y tan contentos.

¿Y cómo lo descubrimos? Porque en Urgencias de un hospital público muy prestigioso se lo recomendaron a una familiar mayor que yo, cuando acudió desesperada con su bebé.

Por cierto, que estamos reformando la cocina y esta peculiar manera de calmar al peque se tradujo hace poco en una conversación para besugos:

– “Imagino que quiere una campana decorativa” dice el tipo que me está haciendo el presupuesto.

– “Sí, pero sobre todo quiero una campana extractora que suene mucho”.

– “¿Quiere una campana ruidosa?” dice el comercial con ojos como platos.

– “Sí, quiero que se oiga bien, es la única manera de calmar a un bebé que tiene cólicos”.

– “Bueno, buscaré la que más potencia tenga” dice mirándome como a un perro verde.

Si lo pruebas y te funciona, cuéntamelo. Y si tienes otro truco, compártelo con los demás en los comentarios.

¡Acabemos con los cólicos del lactante!