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Adiós a los pañales de día y de noche

Es el fin de una etapa y también de un gasto importante. Pero lo cierto es que se me hace algo raro pensar que ya no tendré que volver a comprar pañales después de cinco años viéndolos ocupar medio carrito de la compra.

Julia lleva tres semanas sin pañal de día ni de noche con apenas dos accidentes sueltos.

Por la noche hemos instaurado la costumbre de hacer pis justo antes de dormir y se despierta siempre seca. De hecho, si tiene ganas a lo largo de la noche se despierta para pedir ir al baño.

Jaime sigue llevando pañal de noche, pero creo que me voy a animar a quitárselo, por mucho que no tenga tan claro que lo vaya a controlar tan bien como su hermana. Tal vez me sorprenda como hace un año con el pañal diurno, no lo sé. Pero creo que toca intentarlo en cuanto regresemos de las vacaciones.

Veo la pañalera en su cuarto llenita de pañales que ya no serán necesarios, pañales que mañana mismo regalaré a su prima pequeña. Y es una sensación rara. Era de las pocas cosas que aún me recordaban el bebé que fueron hace nada.

Me pregunto si vosotros también habéis tenido esa sensación.

Mis niños se hacen mayores.

Una semana sin pañal, cuatro días sin accidentes

Hoy hace justo una semana que le quitamos el pañal a Julia. Y el gran error fue sustituirlo por una braguita (elegidas por ella, con gatitos y personajes de disney). Los tres primeros días hubo unos cuantos accidentes, pero fue quitarle las bragas y dejarla corretear en pelotilla picada por la casa y todo va como la seda. Ni un accidente en cuatro días.

El problema es que no le gusta pedir pis (aunque lo ha hecho), lo que quiere es ir ella solita cuando tiene ganas a su orinal (ella lo eligió y tiene clarísimo que es de su propiedad). Luego lo tiramos juntas al retrete y le ponemos una pegatina de estrellita con mucha fiesta en la mano.

El sábado llegó  a hacer cuatro pises en una hora sólo para lograr una constelación, lo que es indicativo de que controla bastante bien.

Y en la calle de momento se aguanta.

Vamos, que le gusta autogestionar sus necesidades fisiológicas.

Tal vez aún sea pronto para cantar victoria, pero no parece que le vaya a costar demasiado prescindir del pañal diurno a sus 2 años y casi 4 meses.

Es cierto que los pañales son uno de los mejores inventos de la maternidad reciente (ya en una ocasión comenté aquí que no conozco abuela que no lo considere la octava maravilla de la crianza), pero os aseguro que no los voy a echar de menos.

Y antes de despedirme, perdón por no haber actualizado con la frecuencia habitual. Llevo todo el fin de semana enferma, con fiebre por la noche y la garganta en carne viva. Y sin poder tirarme un día entero en el sofá a reponerme, que es lo que me pide el cuerpo. Tengo el síndrome del cuidador enfermo.

Pero no creo estar contándoos nada que no hayáis vivido en carne propia en alguna ocasión. Esa obligación de estar al pie del cañón cuando tenemos niños pequeños a nuestro cargo pese a estar bastante pochos es algo por lo que hemos pasado todos los padres recientes.

 

Y este verano “operación pañal” por partida doble

La “operación pañal” (prescindir de él se entiende) tiene normalmente dos partes: pañal diurno y pañal nocturno. Y poco tienen que ver la una con la otra salvo el hecho de que hay que respetar que se trata de un proceso fisiológico natural del niño, que hay que respetar sus tiempos y nunca jamás ridiculizarle por los accidentes o supuestos retrasos.

Con Jaime la operación pañal va a tener tres partes.

  1. La primera fue hace un año. Eliminamos el pañal diurno con más rapidez y éxito del que yo creía. Tenía tres años largos y claramente ya estaba preparado. Comprendió muy pronto que debía esperar a que le llevásemos al servicio y ha pasado casi un año sin apenas accidentes.
  2. La segunda a la que nos enfrentamos ahora viene de usa costumbre que me da a mí que es muy poco frecuente. Jaime hasta hace muy poco se hacía la caca dormido. Sí. Habéis oído bien. Completamente dormido y casi siempre de noche. Nosotros entrábamos antes de acostarnos a comprobar si  había que limpiarle y ni siquiera se despertaba en el proceso de cambio de pañal. En cualquier caso por lo que he hablado con otros padres de niños con autismo es bastante frecuente que la caca suponga especial problema.
  3. La tercera será la retirada de pañal nocturno. Tiene cuatro años y ya hay días que se levanta con el pañal seco, pero hasta que eso se repita con frecuencia aún no nos lo planteamos.

La cosa es que este verano nos tocan dos “operaciones pañal”.

En una ya estamos. Jaime ha dejado de hacer caca en sueños. Parece que comienza a ser consciente de ese proceso fisiológico. El problema es que se estaba aguantando tanto que se estreñía e incluso hacía sangre. Llevamos una semana ya sentándole un rato en el reductor tras las comidas. El segundo día tras la cena si no ha hecho caca de manera natural le introducimos un supositorio de glicerina para niños para ayudarle. Cada vez es más rápido y fácil. Me da la impresión de que es cuestión de relativamente poco tiempo que pille el concepto igual que pasó con el pis. Ya os contaré. Deseadnos suerte.

Y la otra “operación pañal” es la de su hermana. Julia tendrá dos años y tres o cuatro meses cuando venga el calor del verano y nos planteemos retirarle el pañal de día. Ya estamos sentándola a ratos en el orinal y algún que otro pis ha hecho. Ya os contaré también…

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Cambiando de tercio: ya han publicado en el club de las madres felices el post con las cinco finalistas del I Premio Madres Blogueras y Felices.

Los cinco blogs más votados han sido:

El 2 de junio publicarán el nombre de la bloguera ganadora que se lleva el viaje a Disneyland París y el de la bloguera galardonada con el accésit y un lote de productos.

Escatología acuático-infantil

Hoy ha vuelto a suceder. Creo recordar que es la quinta vez que nos pasa con alguno de los dos. Hacía ya mucho tiempo de la última, la verdad.

Submarino. Baño interrumpido a toda velocidad. Limpiado exprés de niño/s y bañera.

Es como lo de que tu recién nacido se le orine (o algo peor) encima a la pediatra o a la enfermera en plena revisión.

No es algo de lo que se hable con frecuencia, pero esos momentos escatológicos (u otros semejantes) son un anexo inevitable a la maternidad/paternidad reciente.

Los sensores maternos

Me ha llamado la atención que en los comentarios del último post , María arremete contra la antihigiénica práctica de muchas madres (y padres, abuelos y abuelas) recientes de probar la comida de nuestros peques de su misma cuchara.

Maria: Miedo me da eso que decís que probais la comida y qué mala o qué rica, seguro que rechupetais la cuchara y le dais al niño con la misma. He visto a casi todas las madres muy cochinotas y antihigiénicas cuando dan de comer a sus bebés, probando ellas todos y baboseándolo, retirándoles el sobrante de la boquita con el dedo y se lo chupan ellas, en fín, muy repulsivito, la verdad.

Pues María, es más que razonable lo que cuentas. Es cierto que no suena muy higiénico eso de dejarles nuestras babas en su cuchara, pero te confieso que yo lo hago. Soy una de esas madres cochinas.

A veces por comprobar la temperatura, otras veces por el sabor, pero no es raro que pruebe un poquito de su ración.

Claro que también le doy besos en la boca a mi santo. Y peor que eso…

Pero tu comentario me ha hecho pensar en los múltiples sensores que desarrollamos cuando tenemos un bebé en casa.

Además de la boca para la comida, está el sensor de la temperatura del baño: normalmente el codo o la muñeca. No sé vosotros, pero yo el termómetro de bañera sólo lo usé la primera semana y con mi primer hijo.

Están los sensores de fiebre. En mi caso la mano pero, sobre todo, un beso en la frente o las sienes. A besos suelo cazar la fiebre sin equivocarme.

Y los más escatológicos. Los sensores de pis y caca en el pañal. Casi siempre con el olfato basta. Creo que todos hemos hecho eso de elevar al bebé y ponernos su culete directamente contra la nariz.

Y a veces, cuando el olor no es determinante y la vista no alcanza a través de la ropa, toca lanzar un valiente dedo explorador en busca de pringue. Con una toallita o un grifo a mano claro.

Yo hago uso frecuente de todos ellos, sean más o menos higiénicos. Imagino que vosotros también. ¿Verdad?

¿Les molesta la caca a los recién nacidos?

Es difícil saberlo, pero también en esto coincido con Carlos González, que en uno de sus libros confiesa haberles dejado cagados hasta la bandera a conciencia para probarlo, y creo que no.

Me lo ha recordado una escena con mi madre. Es la siguiente:

Niña de dos meses que llora que te llora sin consuelo. Afortunadamente no es algo frecuente.

Madre y abuela recientes intentando consolarla y pasándosela de mano a mano por eso de “a ver si contigo…”.

La madre reciente la pone a la teta, nada.

La abuela la canta, tampoco.

La madre la pone bajo el sonido de la campana extractora, por si son cólicos. Nanai.

La abuela pregunta: “¿Has mirado el pañal?”

La madre responde: “claro que sí, pero además los bebés no lloran de esta manera por eso”

Un poco de mambo y nanas y la niña se calma lo suficiente para tomar un poco de pecho y dormirse (bendita dormidina de la teta).

Abuela: “¿Y qué le pasaría?”

Madre reciente: “vete a saber, ya sabes que la mayoría de los llantos quedan en la incognita, es inútil buscar una explicación”.

Y es que esa es mi experiencia: ni con el peque, que ya tiene dos años y nueve meses, ni con la niña con sus dos meses y poco, tengo la impresión de que un pañal mojado sea mucho inconveniente.

¿Os pasa lo mismo?

Sobre el estreñimiento de los bebés

Pues sí, hoy toca un tema bastante escatológico me temo.

Los bebés alimentados a pecho no se estriñen. Es algo que me dijo el pediatra en el hospital cuando nació Jaime y que ya había leído en varios sitios.

Y es verdad. Pero también es verdad que un bebé alimentado en exclusiva al pecho puede pasarse varios días sin hacer caca.

Es lo que se llama falso estreñimiento del lactante.

Para que un recién nacido esté estreñido tiene que hacer deposiciones duras y costosas de expulsar. No tiene que ver con los días que pase sin evacuar.

Jaime estuvo casi cinco días sin hacer caca y cuando soltó lastre la plasta casi le llegaba hasta el cogote. Y él tan pancho… (con Julia ya estoy prevenida si vuelve a suceder).

Confieso que no se lo dijimos a las abuelas para evitar que se preocuparan sin motivo.

Y afortunadamente nunca ha estado estreñido en sus 32 meses de vida.

Lo que siempre me ha llamado la atención dada mi falta de problemas al respecto es la cantidad de productos infantiles con bifidus y fibras que llenan las estanterías de supermercados y farmacias. Debe ser un problema bastante serio para algunos peques…

Lo de hurgar con una cerilla o perejil en el recto al pobre niño lo he oído muchas veces. Pero mejor ni intentarlo.

Según mi madre, lo mejor en esos casos es el zumo de naranja en lugar de tanta historia. Si el niño tiene edad para ello claro.

Uno de los tópicos de los padres recientes es que nos encanta hablar de las cacas de nuestros hijos. Vamos a ello.

Mocos, potito, barro, pisadas, caca, saliva…

No hay manera. Por mucho que lo intente es frecuente, por no decir casi diario, acabar con una mancha encima de mi peque.

Pueden ser restos de potito, leche, saliva… de todo lo que imaginéis que pueda proceder de un bebé que explora el mundo.

Estoy convencida de que en la antigüedad los baberos, toallitas húmedas y toallas éramos los papás y las mamás.

Aún recuerdo el día, en una reunión bastante importante de trabajo, en el que descubrí un pegote sin identificar en el pantalón.

Y yo rascándolo disimuladamente con la uña. Pero nada, ahí permanecía como recuerdo de mi pequeño gran amor y mi faceta de madre reciente.

Hoy han sido mocos en el hombro de la chaqueta mientras hablaba con la dependienta de una tienda.

Dudo mucho que alguna madre haya conseguido evitarlo.

¿Verdad?