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El primer paso

Ayer Julia dió su primer paso sin sostén. Sin estar asida a una mano adulta, sin apoyarse en un mueble o en una pared.

Fue en su habitación, también la habitación de su hermano.

Estaba apoyada en una caja verde, llena de juguetes, apretando el botón que ponía en marcha el primer disco del Cantajuegos (el famoso tallarín) en un reproductor de CD especialmente pensado para niños y que ella maneja la mar de bien.

Yo estaba a su lado, sentada en una silla baja. Su tía y su prima, que tiene cuatro meses, estaban con nosotras como testigos.

De pronto soltó sus manos, me miró, dijo “teta” (un poderoso aliciente) y lanzó su primer paso hacia mí.

Hasta el momento no ha dado ninguno más, pero pronto llegará.

Antes de lo que imagino la tendré corriendo por la casa.

Y apenas hace dos segundos era un bebé que lanzaba sus primeras risas.

Mi madre no se acuerda de mi primer paso. Sabe que tardé, pero la imagen del momento se le ha borrado.

De hecho, yo no logro recordar cuándo y cómo fue exactamente el primer paso de Jaime.

Así que aquí dejo este recuerdo, para que no se desvanezca como lágrimas en la lluvia.

Pasito a pasito, cachito mío

Ya llegó el momento de la verticalidad. Julia, a sus diez meses y medio, no quiere otra cosa más que estar de pie y avanzar pasito a pasito bien agarrada a nuestras manos.

Su universo se ha ampliado enormemente, ya puede recorrer la casa de juguete en juguete.

De hecho es ahora cuando parece estar animándose a gatear un poco.

Pero lo que realmente le gusta es caminar tambaleante sujeta a un adulto de confianza.

Es decir, que también llegó el momento de encorvarnos para facilitar las exploraciones de un bebé que no llega mucho más allá de nuestras rodillas. Todo un mico bípedo.

Claro que, como bien dice su abuela, puede estar así meses hasta que se decida a dar sus primeros pasos sin manos de seguridad.

Por cierto, con su hermano no sacamos mucho partido a un arnés pensado para tales fines. A ver si lo amortizamos con Julia.

Otra cosa: el día de la resonancia magnética llegó y pasó. Y como me habían dicho, no fue tan malo como parecía. El peque se ha portado como un campeón. Ha sido muy paciente y no ha protestado más que al final, cuando ya estaba harto y con razón de ayunos, túneles raros y vías en la mano.

Un trocito a pie y otro caminando

Mi peque es muy bueno, se contenta fácil, pero también es bastante vago, lo reconozco.

Tiene dos años y ocho meses y obviamente hace ya mucho tiempo que camina. Mejor dicho, que corre que se las pela. Pero cuando vamos por la calle casi siempre prefiere ir sentado en el carro.

Hace un año, cuando le poníamos a andar, el problema es que iba como un locuelo, tenía que ser en la dirección que él marcaba y le costaba mucho aceptar ir de la mano.

Hace ya bastante que sabe ir formal de la mano. Pero al poco rato se empeñaba en subir a su carro. Si no le dejábamos hasta trepaba en marcha.

Y si no llevábamos carro iba pidiendo brazos cada poco. Colgándose de la pierna o dejándose caer al suelo. Afortunadamente sin rabietas ni lloros.

Imagino que a muchos la escena os suena.

Pues hace poco me planté y decidí que se había acabado el carro y lo de andar pidiendo brazos a cada poco.

Y lo hemos conseguido. ¿Cómo? Pues de forma similar a cómo enseñé a mis perros a andar de la correa.

Si tira en otra dirección o se tira al suelo, ahí nos quedamos sin movernos. Si pide brazos le levantamos y le damos un beso o un abrazo y al suelo de nuevo sin haber dado ni un paso.

Es muy aburrido permanecer quietos en el mismo sitio.

Todo con mucho cariño, paciencia y constancia, con la colaboración de todos y sin prisa por llegar a los sitios. En apenas tres días el cambio fue espectacular.

Vamos lentos, subiendo y saltando bordillos y examinando árboles, farolas y buzones, pero vamos andando de la mano y de buen grado en paseos de hasta dos horas.

¿Cómo fue/está siendo en vuestro caso la “operación sin carrito”?

¿Son más espabiladas las niñas y más brutos los niños?

Cuando son muy pequeñas digo. De mayores ya sabemos que sí es así 😉

Ahora en serio: es algo que se oye mucho en la calle, yo estoy harta de escucharlo, y que ha tenido eco en los comentarios de este blog.

Es frecuente oir que las niñas pequeñas son más espabiladas que los niños de la misma edad.

¿En qué se traduce ésto?

Normalmente lo que se quiere decir es que hablan y razonan antes y mejor, montrando un comportamiento más elaborado.

También se suele escuchar que los niños son más brutos que las niñas. Algo que también tiene traducción: andan antes, son más osados y gustan de trepar, correr y demás juegos físicos.

Siempre hay excepciones está claro.

¿Cómo lo véis vosotros?

¿Tienen las embarazadas andares de pato?

Ayer sacasteis el tema en los comentarios y no me he podido resistir a recogerlo en el post de hoy.

¿Es un tópico que las embarazadas tengan andares de pato?

Pues no sabría responder ni con un sí ni con un no.

Llamarlo “andares de pato” me parece una exageración de las gordas.

Pero es cierto que la forma de caminar varía de una manera muy característica.

Cuando ya tenemos una buena barriga el centro de equilibrio de desplaza, cambia la el ángulo de la columna vertebral y además nos fatigamos antes y perdemos agilidad.

En unos casos es más obvio que en otros, pero en todas nosotras se produce un cambio importante.

Eso sí, esa nueva forma de andar no tiene por qué ser desagradable, menos elegante o dar impresión de torpeza.

Os dejo un fragmento de un artículo sobre el tema de Educasexo.com

Como el centro de gravedad se sitúa más hacia delante, las mujeres embarazadas tienen que echarse hacia atrás y cambiar su forma de andar para poder moverse en condiciones de seguridad.

“Esto genera tensiones en algunas partes de la columna vertebral que no suelen estar bajo presión cuando la mujer no está embarazada” según la antropóloga Whitcome.

La clave parece ser la forma en la que se unen en los huesos vertebrales que se protegen la espina dorsal.

Estas juntas de unión (discos intervertebrales) se cargan de tensión cuando el cuerpo se echa hacia atrás. Pero el tamaño de los discos entre las vértebras en la última parte de la columna es mucho mayor en las mujeres que en los hombres.

Esto sugiere que la mayor superficie de rozamiento en el sexo femenino es una adaptación para disminuir la presión en el embarazo. Además la forma de las vértebras en las mujeres se estrecha hacia la parte posterior creando una especie de cuña que facilita el arqueo de la espalda.

Las mujeres tienen también tres de estas vértebras, mientras los hombres sólo presentan dos.

Lo que sí me parece un tópico de Hollywood es esa imagen típica de una embarazada avanzando con las manos en los riñones.

Fijaos bien, las manos de una embarazada ociosa suelen estar acariciando su vientre.

Los pies de los bebés ¿libres o sujetos?

PRIMERA EXPERIENCIA

Hace un tiempo compré en una tienda unos zapatos para mi peque, que ya comenzaba a andar.

Adquirí unos zapatos carísimos, todo fuera por el bien de los pies de mi bebé, de una marca inglesa. Con una piel suavísima y una suela firme pero muy blanda. Similar a la de los zapatos 24 horas de los adultos que se puedne curvar hasta formar un círculo casi perfecto.

La dependienta de la tienda especializada me aseguró que no había zapato mejor. Me convenció. Lo compré.

Con esos zapatos ha estado hasta ahora, que ya le empiezan a estar justos. Así que hoy me he acercado a otra tienda de zapatos infantiles. No he ido a la misma por que me pilla a 500 kilómetros.

SEGUNDA EXPERIENCIA

La dependienta número dos me echa una charla asegurando que los zapatos que lleva mi peque y yo creía excelentes son malísimos.

Que es como ir en zapatillas y eso es malísimo para el pie en desarrollo. Que el niño necesita una suela firme y el tobillo bien sujeto.

Le pruebo otros zapatos mucho más recios, también bastante caros, de esta otra escuela de pensamiento zapatero-infantil.

La marca, presente en todas las zapaterías infantiles que he visto por mi ciudad, es Pavlovsky.

Superado la impresión inicial, mi peque parece andar igual de bien (o de mal) con éstos que con los otros.

Y yo lo único que recuerdo es haber leído en algún libro y que la matrona en los cursos post-parto nos contó que lo mejor para los niños es andar descalzos.

¿Con qué teoría zapateril debo quedarme? ¿Con la de los zapatos duros o blandos?

La semana que viene tengo la revisión de los 18 meses, preguntaré a la pediatra.

Hasta entonces: ¿Qué me podéis aconsejar vosotros?