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La maternidad es tan cambiante
que siempre eres una recién llegada a ella

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Orgullosos de ser padres frikis

Mi hija tiene ocho años. Sabe de sobra lo que es Star Wars, ya hemos visto muchas de las películas ambientadas en el universo de la Fuerza con ella.

A Terry Pratchett aún no lo ha leído, pero lo conoce de sobra porque me encanta, tengo todos sus libros y hemos jugado con ella una partida al juego de mesa de MundoDisco. En breve la invitaré a leer sus gnomos camioneros, que es infantil y divertidísimo, y no tardaré en presentarle a Tiffany Dolorido, una niña bruja lista y dura como la caliza, la mejor.

De la Guía del autoestopista galáctico aún no sabe nada, pero anda también por casa y no sé si llegará a leerlo. Ojalá, pero el verbo leer no admite imperativos. Desde luego llegará a saber lo que es y de qué va, eso estoy segura.

El día del estreno de Star Wars, el Día de la toalla y el Magnífico 25 de mayo ‘pratchiano’ se celebran todos juntos este viernes para dar lugar al Día del orgullo friki, o geek como más os guste aunque no sea exactamente lo mismo.

Lo de ser friki cada vez es más mainstream, ya no es como cuando yo era niña, que éramos pocos y muchos metidos en armarios. Y lo de encontrar padres frikis también es ya muy común. Los niños frikis que nacimos en los setenta y los ochenta nos hemos hecho mayores y hemos tenido nuestros propios hijos sin quitarnos la camiseta de Boba Fett o el colgante con el árbol blanco de Minas Tirith.

Yo soy una madre friki, queda claro. Defiendo los videojuegos, puedo recitar un número considerable de nombres de pokemons y (aun a día de hoy) recorro con mi hija el mundo cazándolos con Pokemon Go, veo, he leído y sigo leyendo mucha ciencia ficción y fantasía épica, incluso la escribo, leo cómics, últimamente mucho manga, veo animación japonesa, soy tecnófila, pinto figuritas, sé que Batman y Supermán son DC y no Marvel, si escucho Data pienso en un androide verde, acudo a eventos como la Japan Weekend, el Festival de Fantasía de Fuenlabrada o el Héroes ComicCon, recuerdo de memoria fragmentos poéticos de Tolkien (incluso me sé alguna palabrita en élfico), juego al rol y a juegos de mesa

Soy madre friki, pero pero para mí ser friki va más allá de todo eso que os he contado en el párrafo previo. Lo que creo que significa ser friki es tener una mente inquieta, curiosa ante cualquier nuevo tipo de manifestación cultural o de entretenimiento, una actitud sin prejuicios para tantear si nos gusta y ningún inconveniente en hacer gala de nuestras aficiones. Es la capacidad de seguir apasionándonos como cuando éramos niños.

Ser padre friki es conservar ese genuino interés por aprender y disfrutar con lo que nos emociona tan propio de la infancia y compartirlo con nuestros hijos.

Implica también estar predispuesto a compartir con ellos aquello que veamos que les entusiasme, ya sea el pop coreano o jugar al quidditch; o como mínimo a cotillearlas con interés y no menospreciarlas de entrada.

Y sí, es motivo de orgullo.

Feliz día del orgullo friki.

Insultar a gritos a un niño, a tu propio hijo, es asunto mío

Caminaba con mi hija por el supermercado, tranquilamente, añadiendo queso azul al carro, cuando comenzaron los gritos. Insultos terribles de una madre hacia su hijo, algo más pequeño que la mía, tal vez unos siete años. Un niño que apenas susurró algo mirando al suelo como respuesta, no fui capaz de oírle, provocando que los gritos arreciaran.

(GTRES)

No voy a reproducirlos. Fue un ataque verbal iracundo, desproporcionado. En el niño no había rabieta, sino algo parecido a la tristeza y la resignación. La madre irradiaba violencia, no una pérdida de control puntual.

Mi hija, que había estado revoloteando feliz a mi alrededor, se arrimó a mí dándome la mano, buscando seguridad. Pude ver a una mujer dedicando una mirada que aunaba descrédito y censura a la que gritaba. Las otras dos personas que andaban cerca callaron y se alejaron, igual que nosotras.

El espectáculo fue tal que el guardia de seguridad se acercó por ahí, para nada.

No estoy nada orgullosa de mi reacción. Me alejaba por el pasillo de los lácteos pensando que tendría que haber intervenido, que tendría que haber respirado hondo invocando toda la calma del mundo para decir a aquella mujer que ningún niño se merece esos insultos; que nuestros hijos no son de nuestra propiedad para hacer con ellos lo que queramos; que no les podemos faltar al respeto; que igual que a ella no le gustaría que la gritasen así, a su hijo tampoco.

Pero mi instinto me condujo a alejar a mi hija, cuya manita seguía dentro de la mía, de todo aquello.

Fui una cobarde.

No soy una ingenua, lo más probable es que solo hubiera logrado más gritos, esta vez dirigidos a mí. Pero si ese niño estaba ahí de pie, aguantando los “hijo de puta” y “mecagoendios”, bien podía yo, que soy una adulta, haberme arriesgado a ello. Simplemente la posibilidad de que ese niño se sintiera un poco defendido, tal vez mínimamente apoyado, ya habría merecido la pena.

Puede que me digáis que no era asunto mío, que a saber qué habría hecho el niño, que son cosas privadas de cada familia.

Recuerdo una de las últimas charlas que tuve con mi abuela materna, una señora extremeña con el pelo muy blanco, los ojos muy negros y las uñas muy rojas, antes de que se la llevase el alzéimer. Yo tenía menos de treinta años y ya empezaban a protagonizar con fuerza la agenda política y mediática las mujeres maltratadas por sus parejas y exparejas. Le pregunté si en su pueblo las había, si era algo que se sabía y que se hacía. “Claro que sí”, me dijo sin dudar, y empezó a hablarme de distintas mujeres que dieron con malos hombres y aguantaban como podían. Todo el pueblo lo sabía, pero nadie podía hacer nada. Era asunto de otros, eran cosas de dentro de la familia, cualquiera que hubiera intervenido se hubiera buscado un problema, así que todo el pueblo callaba.

Yo dudo que vuelva a hacerlo.

¿Cuáles son las mejores series de Netflix para ver en familia?

Ver la televisión en familia un ratito está bien, es agradable. Y no me refiero a todos juntos pero cada uno con su lado, uno en la tele, otro en la tablet y otro en el portátil, sino todos compartiendo sofá y lo mismo también pizza o palomitas. Yo ya os he contado que es algo que nos gusta, ver media horita, tal vez una hora algunos días, de algo que nos guste a todos. También os comenté que no era fácil de encontrar, que me da la impresión de que cada vez hay menos series familiares.

Ya, ya sé que hace bien poco, por el Día de la Familia, os contaba que dos personas ya son familia. Pero en este contexto uso el término para lo que convencionalmente se clasifica como productos televisivos para adultos+niños, no como eminentemente infantiles (aunque bien sé que a los adultos nos puede gustar mucho algo infantil, anda que no disfruté yo con Los hermanos Kratts).

Por concretar más, hablo de series para ver con niños que no son ya adolescentes de dieciséis años con los que es posible ver ya cualquier cosa. Es decir, Por trece razones o Atípico puede ser genial para ver con nuestros hijos adolescentes, pero no con niños de seis o doce años.

Como en casa ya hemos sufrido varios brotes de eso que llamamos ‘Efecto Netflix’, que es dedicar tiempo a buscar y no encontrar o encontrar demasiado y no saber qué poner para acabar, media hora más tarde, cansados y abrumados de tanta oferta audiovisual marchándonos a leer o directamente a dormir, decidí preguntar desde mis redes sociales a la gente cuales eran sus series favoritas para ver en familia.

Ha habido muchas respuestas, aunque han abundado las recomendaciones a Trollhunters, la serie de animación que lleva el sello de Guillermo del Toro, a Madres forzosas, Una serie de catastróficas desdichas, Clone Wars y Perdidos en el espacio. Yo confieso que siempre recomiendo Haikyuu, como en casa somos muy ecuestres también hemos visto A rienda suelta, que es otra de los que algunos también me habéis hablado.

Se admiten todo tipo de sugerencias para ampliar la lista, en la que podéis votar por vuestras favoritas. Lo mismo os da alguna pista para no sucumbir a ese temido ‘Efecto Netflix’, que tiene sus similitudes con lo que sería soltar a un niño acostumbrado a las carencias de la posguerra en un Carrefour con las manos llenas de billetes.

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Tres blogs relacionados con la maternidad y uno con la educación entre los ganadores de los #Premios20blogs

Ayer fue la XII edición de los Premios20blogs, que reconocen el mérito que supone compartir conocimientos, reflexiones e ingenio desde los blogs y las redes sociales.

Creo que a estas alturas ya sabemos todos que las redes sociales no han enterrados a los blogs como medio de expresión. A algunos blogs sí, puede que a muchos, pero la blogosfera en su conjunto sigue contando con una salud envidiable y lo que han resultado ser es distintas herramientas complementarias.

Ayer fueron los premios y 20minutos está lleno de información al respecto, de textos, fotos y vídeos para que veáis cómo fue la noche y podáis fichar entre los finalistas y ganadores a aquellos sitios que os interesa seguir.

O recomiendo revisar ese listado, encontraréis muchos contenido interesante de todo tipo de temática: videojuegos, deportes, actualidad, ciencia, viajes, medio ambiente, etc.

Pero yo os quiero destacar cuatro blogs que, si estáis interesados en la temática de este blog, os pueden gustar. Tres relacionados con la maternidad y uno, el gran ganador de la noche por llevarse el premio a su categoría y el de mejor del año, vinculado a la educación.

Pablo recogiendo su premio a mejor blog solidario junto a su madre (JORGE PARÍS)

Uno es Una madre en el dentista, ganador en la categoría de salud su autora nos ayuda a afrontar el mundo dentista con los niños, algo que siempre va a ser necesario por mucho que extrememos su higiene dental, algo que también se recoge en el blog junto con respuestas a preguntas clásicas: ¿cuándo salen los primeros dientes? ¿Que pasa si se retrasa la caída de los dientes de leche?

Como blog ganador de la categoría más heterogénea, la inclasificable, la de Blogosfera, triunfó Diario de una mamífera. Un relato semanal de la maternidad con humor y mucho sentido común. Y una ganadora acompañada de su bebé, otro de los protagonistas de la noche.

En la categoría que premia al mejor blog solidario ganó El desafío de Pablo, que tiene síndrome de Duchenne y una madre “que ni es súper ni nada” pero que ya os digo yo que un poco sí, por compartir tan bien su cotidianidad para que conozcamos lo que es este síndrome y la necesidad de investigarlo.

Y el ganador en la categoría dedicada a la educación, nueva este año, y también el ganador entre ganadores que puede presumir ser el mejor blog del año, es Yo soy tu profe. Su autor es un joven ingeniero formándose para ser profesor que, con la ayuda de dos colaboradores, ayuda a la enseñanza de la ciencia y especialmente de las matemáticas.

“¿Cuándo vais a formar una familia?” preguntan, cuando dos ya son una familia

Hoy es el Día de la Familia, un día instaurado por la ONU que se vera representado en portada de todos los medios. En 20minutos, entre otros contenidos, tenemos un reportaje sobre una familia más que numerosa firmado por mi compañera Araceli Güede. Doce hijos han tenido Jesús y Raquel, uno de ellos con discapacidad intelectual. Doce hijos que ahora tienen entre 26 y 8 años y que no siempre ha sido fácil sacar adelante.

Doce hijos con sus padres son una familia. Pero yo quería recordar hoy aquí que también dos personas pueden serlo y, de hecho, lo son. Una pareja que no ha querido o no ha podido tener hijos es también una familia.

Para mí es muy obvio, pero me he encontrado a demasiada gente que transmite que una pareja sin hijos no se puede considerar tal cosa. “¿Cuándo vais a formar una familia?”, preguntan desde la inconsciencia de no saber si lo desean y no llega, sin respetar el hecho de que siendo dos ya son familia.

Es algo que asoma incluso a la definición de familia de la RAE. Tiene diez acepciones. En todas se habla de grupo, de conjunto, La primera es “grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas”. La tercera pone, literalmente: “hijos o descendencia. Está casado, pero no tiene familia“.

Dos personas que se quieren, que comparten vida juntos, por supuesto que son familia. ¿Cómo negarles algo así? Son familias preciosas e imperfectas, únicas, como cualquier otra.

Tener hijos no es obligatorio, de hecho, mejor nos iría en muchos sentidos si sólo se embarcasen en la aventura de la paternidad y la maternidad aquellos que realmente lo han razonado y lo desean.

(GTRES)

Y por si no queda suficientemente claro, por pareja me refiero tanto a una formada por un hombre y una mujer como a aquellas en las que comparten vida dos hombres o dos mujeres.

(GTRES)

Algo extensible a cuando hablo de familias con hijos.

(GTRES)

La Politécnica organiza una fiesta hacker para niños este fin de semana #X1RedMásSegura

Será este próximo fin de semana, el 19 de mayo, y el evento, que no es la primera vez que se organiza, se llama ‘X1RedMásSegura 2018’. Y será en la facultad de telecomunicaciones de la Politécnica de Madrid.

La idea es acercar la programación, la robótica, la seguridad informática… a los niños, amenizado todo con manualidades, rap y charlas de hackers y expertos en ciber seguridad. ¿Quieres ser un ‘hacker kid’? preguntan sus organizadores. Seguro que muchos menores en nuestros hogares responderían que sí a esa pregunta. Mi hija, que tras querer ser cocinera y astronauta ahora quiere crear videojuegos de mayor, seguro que sería una.

(GTRES)

Me parece un plan tan interesante si andáis con niños por la capital, que no puedo resistirme a recomendarlo desde aquí. Que nuestros hijos se interesen por la tecnología, un instrumento maravilloso en muchos sentidos, me parece más que importante. Es imprescindible saber manejarse en este nuevo mundo digital, tanto como ser conscientes de sus riesgos y sabiendo cómo enfrentarlos.

Esta jornada puede ayudar a ello, también a desmontar mitos sobre lo que es un hacker, una figura sobre la que hay demasiados prejuicios y falsas creencias.

Para ayudar a los más pequeños a proteger su ciber mundo y enseñarles a pensar de forma diferente, X1RedMásSegura ha organizado un congreso hacker’ ¡para niños! Durante todo el sábado habrá talleres de robótica educativa, programación, retos hacker para niños, cómo hacer y descifrar mensajes secretos, rap y manualidades ‘hacker’.

“Se trata de mostrar a los menores, de forma divertida trucos sobre Internet y las tecnologías que usan en su día a día para hacerlo de forma segura”, destacan desde la organización de esta iniciativa altruista.

En paralelo, para los padres que lleven a los niños también habrá charlas de hackers y expertos en ciberseguridad que desvelarán todo tipo de curiosidades sobre Internet, dispositivos conectados, ciber amenazas –y como protegerse de ellas-… “Pero, sobre todo, será un foro perfecto para preguntar todas las dudas que se tienen para vivir de forma cibersegura en la empresa y en la familia”, recuerdan.

Como en otras ediciones, también se entregarán los premios del concurso de infografías sobre ciberseguridad, para jóvenes de 10 a los 18 años –ya se han presentado más de un centenar que se podrán ver durante las jornadas-.

También se dará el premio ‘Rompiendo la brecha’ a personas, empresas o instituciones que trabajan por la ciberseguridad de todos y que este año será para un galardonado muy especial.

X1RedMásSegura es una iniciativa altruista en favor de un cibermundo mejor, pero tampoco olvida nuestra vida real. Por eso en la edición de 2018 pondrá una mesa en el hall de entrada para que todo el que quiera aportar su granito de arena a cambiar el mundo lo haga ayudando a la Fundación ‘Mensajeros de la Paz’.

El objetivo es recoger cuantos más alimentos sea posible para las familias que más los necesitan. Eso sí, es importante que se trate de comida no perecedera (pasta, legumbres, aceite, etc.)

X1RedMásSegura es un congreso altruista sin ánimo de lucro. Por ello la entrada es gratuita hasta completar aforo. Por eso, te recomendamos reservarla cuanto antes a través de la web  de esta iniciativa (www.x1redmassegura.com), así como no faltar el día de las jornadas, ya que por tener tu entrada y no asistir pueden quedarse fuera personas que sí desearían haber ido y no lo hacen por falta de aforo –en las últimas ediciones siempre se han agotado las entradas-.

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Dentro del trastorno del espectro autista, abundan todo tipo de sonrisas

Suele pasar que se asocia a las personas con autismo con semblantes tristes o inexpresivos, con rostros carentes de sonrisas o en los que apenas asoman.

No se me escapan los motivos, que son varios, pero que sobre todo se apoyan en la creencia errónea de lo que es el autismo; en los esbozos que se han hecho en películas y series de televisión de las personas con TEA; también en el tratamiento que, desde los medios de comunicación, hemos dado a las noticias relacionadas con el autismo.

No solo es que metamos imágenes de recurso de personas (sobre todo niños) que lo mismo nos valen para ilustrar la depresión, la ansiedad o el acoso escolar (de hecho es frecuente que la misma imagen del mismo banco de imágenes aparezca ilustrando todo eso en el mismo y en distintos medios).

Además es que si elaboramos un reportaje sobre una familia en concreto, como suele ir vinculado a reivindicaciones, luchas o carencias, no nos pega la sonrisa y elegimos las fotos en las que abundan los ceños fruncidos. El tono en el que se escriben esos temas van en consonancia con esos semblantes adustos.

Mis colegas de oficio no lo hacen ni mucho menos mala intención, de hecho estoy convencida de que lo hacen con la mejor del mundo, con toda la sensibilidad y el mejor periodismo social en mente, pero lo mismo va siendo año de ir cambiando ese proceder, al menos de vez en cuando.

Solo se escapan aquellos contenidos sobre savants, esas personas con TEA que tienen un oído perfecto e interpretan música maravillosamente o tal memoria fotográfica que pueden reproducir a carboncillo cualquier paisaje que han visto brevemente. Prodigios que también se dan entre las personas sin autismo y que son tan excepcionales que no representan en absoluto al colectivo, otra fuente de mitos y malentendidos a pie de calle de lo que es realmente este trastorno.

Una mayoría de personas con autismo sonríen mucho. Y muchos disponen de sonrisa social, incluso estando severamente afectados. También las hay que lo hacen poco, pero no necesariamente por el autismo. La etiqueta diagnóstica no debe eclipsar a la persona. El autismo no lo explica todo de las personas, que tienen su personalidad, sus gustos, sus recelos y sus querencias, independientemente de estar dentro del espectro autista.

Nuestros hijos no son un drama. Son niños, adolescentes, adultos. Somos familias potencialmente tan felices como cualquier otra en la que no haya autismo por muchos retos que nos encontremos. Y dentro del trastorno del espectro autista, abundan todo tipo de sonrisas.
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5 de mayo, día del niño en Japón (y cómo puede un niño comenzar a aprender japonés desde cero)

Mi hija de nueve años me preguntó no hace mucho por qué no hay un día del niño. Argumentaba que hay día de la madre (y de las abuelas) y día del padre (y los abuelos), también nos ha visto celebrar desde que nació el día del autismo vistiéndonos de azul y participando en distintos eventos. ¿Y el del niño? Una respuesta fácil sería decir que Navidad o el Día de Reyes se podría considerar el día del niño, o que lo son todos los días del año (que es un regate para confirmar que no existe), a mí me dio por explicarle sencillamente que no lo hay, pero que en muchas otras culturas como la japonesa sí.

Niños jugando al fútbol con el monte Fuji al fondo. (EFE)

Estuvimos investigando juntas un poquito sobre en qué consiste el Kodomo no hi, aprovechando el interés que tiene mi hija (y yo también) por todo lo que viene de ese país gracias a la lectura de mangas y el visionado de ánimes. Descubrimos que no es tan antiguo como muchas otras costumbres japonesas, se instauró oficialmente en los años cuarenta; que tradicionalmente (y aún hoy se sigue notando) estaba dedicado a los niños varones porque las niñas tienen su propio día el 3 de marzo (Hinamatsuri), pero que se tiende a ampliarlo ya a todos los niños e incluso a toda la familia; que se comen mochis, que son unos dulces hechos con harina de arroz que a mí me gustan mucho y a mi hija poco; y, lo que más le gustó, que se celebra colocando una suerte de híbrido entre cometas y banderas que representan carpas de vibrantes colores (koinobori) en ventanas y terrazas.



¿Por qué carpas?
Porque en Japón existe la creencia de que las carpas que con tesón y sin rendirse remontan la cascada pueden lograr convertirse en un dragón. “¿Cómo magikarp, que evoluciona a gyarados?”, relacionó ella inmediatamente acudiendo a los también japoneses pokemons. Pues sí igualito.

Y es al mismo tiempo una bonita metáfora de la necesidad de esforzarse, muy arraigada en la filosofía de aquel país (y muy positiva si no se lleva al extremo, como todo),  y el natural deseo de que los niños crezcan sanos, fuertes y felices.
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¿A qué se debe el éxito de ‘Campeones’, la película de Fesser?

Nos cogió a una mayoría por sorpresa. A mí, que acudí a un poco concurrido pase de prensa y escribí la crítica en este periódico, la primera. Ya superado el sobresalto (que no el contento), me puse a pensar en los motivos del éxito de Campeones.

Más allá de si no había demasiada oferta en cartelera con la que competir, que podría ser, o de la calidad intrínseca de la cinta, creo que se debe a que es una película necesaria, que da el protagonismo con humor y un saludable realismo a las personas con discapacidad intelectual.

Y hacía falta, como el comer.

El último censo oficial del INE estima que hay 3,84 millones de personas con discapacidad intelectual en España. Uno de ellos es hijo mío. Personas que tienen familiares y amigos que les quieren y ya no se esconden ni les esconden, y también millones de profesionales que les dan servicio. Muchos millones que se han visto infrarrepresentados o, lo que es peor, mal representados en el cine. «Ya era hora de que hicieran algo así», ha sido el pensamiento soterrado en muchos de los que han pagado la entrada.

Me consta además que se ha convertido en una película familiar; padres con niños han ido al cine para reír y crear conciencia haciendo la vista gorda a que hay muchos tacos, algo de sal gruesa y reflexiones adultas (ojo a los comentarios a la pregunta que lancé en Twitter). También que hay colegios que han acudido al cine con clases enteras.

Ya es siglo de que nos tengan más en cuenta. En todos los sentidos, no solo en un plano cultural.

‘Flores azules’, una especie de ‘Torres de Mallory’ en el que algunas niñas se quieren

Casi acaba el día de la visibilidad lésbica, un día que la actualidad ha semienterrado. Casi acaba, pero no quería dejar de escribir unas recomendaciones literarias al respecto, para contribuir desde del blog a que se vea.

Más en concreto, quería recomendar varios mangas. Algunos, como el que titula el post, son perfectamente aptos para adolescentes.

Adolescentes que tienen muy pocos referentes diversos en la oferta cultural y de entretenimiento que les llega. ¿Recordáis que ya hablamos de eso hace pocos meses? 

El título que os contaba que pueden leer adolescentes y que recoge varias relaciones entre chicas es Flores azules (Aoi Hana) de Takako Shimura. Una serie de ocho tomos (hay también una serie de animación) que ha sido editada en España por Milky Way y que se enmarca dentro del denominado yuri, un subgénero propio dedicado al amor entre mujeres; mucho menos surtido de títulos que su equivalente masculino (yaoi), todo hay que decirlo.

La historia sigue a varias adolescentes de dos institutos diferentes. Mientras la leía, me recordaba poderosamente a los vaivenes sentimentales y de amistad del clásico Torres de Mallory, con niñas de internado, que leí heredados de mis primas mayores.

La sensible Fumi y la impetuosa Akira son las protagonistas, amigas inseparables en una serie de libros dulces (tal vez demasiado para leerlos ya adulto, las portadas no engañan) en la que aparecen también otros personajes (también chicos, aunque son los menos) y en el que, por supuesto también hay relaciones heterosexuales.

Pero hay más. También puedo recomendar desde aquí Shonen note. Otra serie de ocho tomos que ha traído a España la editorial Tomodomo y creada por Yuhki Kamatani, una de mis autoras preferidas que además se enmarca dentro del colectivo LGTBi.

Shonen Note de hecho me parece una obra mucho más redonda que la anterior, por su expresión artística y también por la delicadeza de la historia, que trata del paso de la infancia a la adolescencia de la mano de dos niños, uno ruso y otro japonés, con voz de soprano y bajo la espada de Damocles del cambio de voz.

Una obra recomendable para adolescentes, pero también para cualquier adulto con un mínimo de sensibilidad. Me ganó con su protagonista, el sensible y conmovedoramente extraño Yutaka Aoi:

Ya avanzada la serie conoceremos en esta obra coral en todos los sentidos al hermano mayor de Yutaka, un ser libre que se empeña en ser inclasificable y a veces viste de mujer. Un personaje positivo y arrebatador. También a una de las integrantes del coro, lesbiana y enamorada de la subcapitana de la coral del instituto. Está tratado con una delicadeza y un realismo exquisitos. Si no titulo el post con esta obra es únicamente por el papel tan secundario que tiene.

De la misma autora se está publicando por la misma editorial Sombras sobre Shimanami. También muy coral, en el que aparecen distintas personas dentro del colectivo LGTBi unidas por una casa que es refugio, que es hogar para todas ellas. El hilo conductor es un chico de instituto gay y aún metidísimo en el armario, luchando por aceptarse y quererse a sí mismo. En este libro aparece mi relación favorita entre dos chicas de los mangas que he leído.

Ese primer tomo también sería apto para adolescentes, pero es el único editado en español y el único que he leído de una serie que aún está abierta en Japón.

Doy el salto a otro libro de reciente publicación pero que ya advierto que es complejo y una lectura claramente adulta: Mi experiencia lesbiana con la soledad, editado por Fandogamia. Es autobiográfico y descarnado. Su autora, Kabi Nagata, tiene que luchar contra la depresión y solo comienza a salir a flote cuando acepta su propia sexualidad, algo que hace contratando una escort lesbiana.

Flores Azules y Shonen Note son delicados y luminosos, Sombras sobre Shimanami es igualmente delicado e invita a la reflexión, este libro (de una calidad incuestionable) es crudo y no escatima miserias.

No quiero terminar sin mencionar Citrus, de Saburouta y editado por IVREA. Es una serie abierta que no he leído, pero que es uno de los máximos exponentes del yuri que se ha traído a España. Sinceramente, no sé a partir de qué edad puede ser recomendables.

Por último, no olvidéis que #LeerCómicsEsLeer y, por supuesto, leer mangas es leer.