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La maternidad es tan cambiante que siempre eres una recién llegada a ella

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‘El misterio del arca’ de Espido Freire, para que nuestros niños disfruten descubriendo su pasado romano

No hay demasiada novela histórica al alcance de nuestros niños. Me resulta llamativo porque es uno de los géneros que más nos gusta en casa y uno de los que más éxito tiene entre los adultos, pero parece que a los chicos preferimos mostrarles historias en las que abunden la fantasía, el romance, el drama cotidiano o un cóctel de todo aquello (nada en contra de todo ello, que conste).

Preferimos nosotros, los adultos, porque el pasado es idóneo para crear aventuras y personajes que les resulten inolvidables; que estoy convencida de que disfrutarían mucho, más allá del concepto de aprendizaje del pasado, que nunca sobra.

No sé si siempre ha sido así, si la historia ha estado poco representada en los libros infantiles y juveniles, pero me da la impresión de que es algo que se nota aún más en los últimos años. Desde luego, mirando los títulos para nuestros jóvenes que más venden o que más galardones obtienen, no se ve apenas nada histórico.

Recuerdo algunas colecciones en mi infancia que sí recogían aventuras ambientadas con cierto rigor en épocas pasadas. En casa tengo varios volúmenes, aptos a partir de unos nueve o diez años, de Bruño y de Alfaguara. De ellas guardó con especial cariño en mi memoria dos libros ubicados en la antigua Roma: Aura Gris, de Pilar Molina, y Un caballo contra Roma, de Josep Vallverdú.

He revisitado ambas hace poco y la segunda ha conservado el vigor francamente mejor que la primera. Hay libros (y series, juegos, lugares y películas) que está bien dejar en la infancia.

De ambos me acordé mucho cuando leí hace un par de años El chico de la flecha (2016, Anaya) de Espido Freire, y de nuevo este verano al sumergirme en El misterio del arca (2018), la continuación de las aventuras del joven Marco, un ciudadano romano de la Emérita Augusta del siglo I d.c. que, por distintos motivos, tendrá que viajar primero al sur de Hispania y luego a levante.

Son maravillosos exponentes de lo que me gustaría encontrar con más frecuencia en los catálogos de las editoriales que tienen a nuestros niños y adolescentes en mente. Se trata de lecturas amenas, recomendadas a partir de doce años (aunque los lectores de unos diez más voraces pueden adentrarse perfectamente en ellas), que resultan agradables también para los adultos. Amenas, ágiles, y  además, están espléndidamente escritas.

Demasiadas veces encuentro escritores que confunden adaptar su escritura a los niños con dejarla desprovista de cualquier encanto. No es este el caso. Ojalá más autores capaces y reconocidos se decidieran a escribir para los jóvenes, por mucho que también haya encontrado con demasiada frecuencia prejuicios injustos contra los libros que van dirigidos a este público.

El chico de la flecha y El misterio del arca respetan los límites de la novela juvenil al tiempo que evitan los senderos trillados. No hay amores fáciles y previsibles, fuegos de artificio sin soporte. Sí que tienen contexto y poso. Y también un buen puñado de personajes bien diferenciados entre los que destacan, además del protagonista, su juicioso tío Julio, su hermana Junia y inseparable amigo y esclavo Aselo.

Sí, hay esclavos, libertos y una explicación de cómo los valores, también el valor de la vida, eran otros. También nos queda claro que nacer mujer te colocaba en una situación distinta y potencialmente muy vulnerable; que antes casarse era cosa de niños y no era posible perpetuar la infancia demasiado tiempo.

De hecho, así explicó la propia autora cómo abordar mostrar aquella realidad histórica a los jóvenes en el blog de novela histórica XX Siglos:

Roma, o la Hispania Romana, por mucho que sea nuestra tatarabuela en leyes, idioma e incluso organización territorial, está muy lejos de ser una sociedad como la nuestra: sin perder de vista mi compromiso con los valores transversales, debía destacar que era una época en la que no existía ni la democracia ni la igualdad, con una brutal estratificación social y escasa esperanza de vida. Dulcificar esa realidad me parecía una traición a mis lectores. Pero quedarme únicamente en eso sería faltar a la coherencia: un niño de doce años en Emérita Augusta veía mucho de una realidad desagradable, pero no todo.

Por último, en esa ciudad, durante el reinado de Vespasiano, sobraban ocasiones dramáticas: peleas de gladiadores, rebeliones de esclavos, guerras, levantamiento de tribus. Codicia, corrupción, oportunidades para enriquecerse, y para perderlo todo. Matrimonios concertados, amor, muerte, violencia, todo eso se podía palpar a diario.

No obstante, os confieso que probablemente lo que yo más valore de estos libros sea el sentido común que desprende el tío; la figura paterna e imperfecta de la que aprender, sin moralinas, la importancia de pensar, de ser flexible, de saber que la vida nos lleva por caminos insospechados, de que el miedo no es de temer y que a los amigos hay que elegirlos bien, igual que a la familia siempre que sea posible.

Una pequeña muestra:

– “Si” es una de las palabras más perniciosas de nuestra lengua. En la vida no hay tiempo para los “si”. Hay que pensarlos antes, no después. La vida se improvisa, pero es posible realizar pequeños ensayos antes, ¿me explico? Solo los estupidos van a ciegas, y se lanzan sin pensar contra los obstáculos. Pero son casi tan estupidos los que piensan y planean, y nunca se deciden a nada. Lo que hemos vivido ya es pasado. Nos hará más fuertes y más sabios. Si nos hemos equivocado… en fin, aún tenemos una oportunidad de remediarlo. Pero no podemos desandar lo andado. Por eso es tan importante tomar buenas decisiones, hijo, y estar preparado para asumir sus consecuencias. Si he logrado enseñarte eso, creo que ya he cumplido con mi función como tutor.

Y me vais a permitir que concluya esta recomendación, que no reseña, sin entrar en grandes detalles sobre la historia. Prefiero permitir que el devenir de Marco os sorprenda. 

Yo estoy deseando seguir sus próximos pasos.

Ir de compras con un niño con autismo

Hoy he ido de compras con Jaime. Unas cuantas cosas para su fiesta de cumpleaños. Este sábado cumple ya doce años.

Ir al súper con un niño con autismo no siempre es fácil. A veces puede ser muy difícil. Y hablo de niños, pero también puede serlo con adultos con TEA, por mucho que aprendan y mejoren a lo largo de toda su vida.

Jaime se ha portado muy bien, ayudando a llevar el carro y meter y sacar cosas apetecibles sin exigir comer algo hasta llegar al coche y aguardando con paciencia a pasar por caja, pero hay que comprar deprisa, con las cosas claras, sin perder el tiempo, buscando las horas de menos afluencia de gente y las cajas con menos colas.

A veces no es tan satisfactorio como hoy. En ocasiones hay que interrumpir la compra si se empeña en irse. De hecho solemos comprar solos o ir todos para que un adulto pueda salir con él al coche si se tuerce demasiado, antes del disgusto.

Para muchas familias con hijos con autismo algo tan sencillo como ir a comprar puede ser todo un reto, fuente de temores y distintas estrategias, como comprar solo en un sitio en el que ya nos conozcan o encargar la compra por Internet.

Y es algo que hay que trabajar en casa porque necesitamos comprar y hacer recados con ellos. Algo que trabajan en muchos colegios especiales para facilitarnos la intendencia y la vida familiar.

Imaginad no poder llevar a vuestros hijos a comprar con vosotros y tampoco poder dejarlos solos en casa. Complicado, ¿verdad?.

Son sitios que les cuesta comprender, esperas que llevan mal, que les agobian e impacientan. A veces llenos de caprichos que quieren ya.

E igual que con ellos hay que trabajar la paciencia, también con la sociedad hay que trabajar la comprensión y la empatía. Claro que sin explicar las cosas, sin ser visibles, es complicado.

A veces es mejor adelantarse y decir qué le pasa al niño, por mucho que canse estar dando explicaciones constantemente. No solo porque nos entiendan en ese momento, también para lograr una mayor comprensión de cara a futuro, con nosotros o con otros, en situaciones semejantes.

Si veis a niños o chavales portarse regular o comportarse extraño en un súper tal vez tengan autismo o algún tipo de discapacidad o trastorno, no penséis siempre que son consentidos o malcriados. Las miraditas recriminatorias sobran, porque no sabéis qué le puede pasar a ese niño.

Se está diagnosticando mal y tarde a la mayoría de niños con autismo con demasiada frecuencia

A finales el mes pasado, y tras la noticia de un congreso pseudocientífico que abogaba por emplear métodos potencialmente muy peligrosos para la salud para curar el autismo, cuando el autismo no se cura, se tiene, pregunté en mis redes sociales a padres de niños con TEA cómo había sido el proceso diagnóstico y si se habían sentido acompañados.

Lo pregunté tras escribir en twitter algo que mantengo: la orfandad de los padres de niños con autismo es duraderas, pero hay que extremar el cuidado en los primeros momentos.

La acogida fue abrumadora. Hubo muchas respuestas y esas publicaciones siguen recibiendo experiencias, no solo de España. Por eso desde aquí quiero dar las gracias antes de nada a todos los que habéis participado. Quería traer aquí solo unas pocas, pero he sido incapaz porque la mayoría son muy interesantes y representativas. Así que probablemente estéis ante el post más largo de este blog en sus doce años de historia. Y si os quedáis con ganas de más, hay más contestaciones en Twitter y Facebook.

Desde luego sirve para hacerse una imagen bastante clara del variado periplo de muchas familias, de lo solas y poco escuchadas que se sienten demasiado a menudo.Queda claro leyendo que se está diagnosticando mal y tarde a la mayoría de niños con autismo con demasiada frecuencia, que incluso se les está facilitando información errónea, que es verdad que a los padres se les deja huérfanos y vulnerables con demasiada frecuencia, que es impepinable acudir a Internet por mucho que muchos profesionales recomienden no navegar, deberían recomendar por dónde y cómo hacerlo.

Pocos son los que han tenido la suerte de ser bien tratados, prontamente, y convenientemente guiados.

También queda por tanto en evidencia algo que en el fondo ya sabíamos: que hay que tomar medidas para hacer que eso cambie. En noviembre de 2015 el gobierno de Rajoy amagó una Estrategia Española en Trastornos del Espectro del Autismo (TEA), una normativa nacional que, entre otras muchas cosas que también sonaban muy bien, recogía que en el ámbito de la salud era prioritario establecer mecanismos en relación a la detección precoz de los TEA y al acceso a un diagnóstico e intervención especializados.

Se quedó en nada, como ya me temía en su momento. Aunque no pierdo la esperanza de que se retome cuando antes un proyecto similar  (o aún mejor, uno efectivo y bien dotado de presupuesto, porque solo con tinta no se llega muy lejos).

Y ahora es cuando os dejo con lo que se podría considerar un hilo kilométrico.

(GTRES)

 

Ana MT Como profesional me produce mucha tristeza leer los comentarios de las familias y ver que en un porcentaje tan alto se les diagnosticó tarde y mal… de malas maneras, con poca información y perdiendo un tiempo de trabajo precioso. Ojalá en el futuro inmediato esto cambie. Ánimo y paciencia a todos

Sandra Linaje En Reus, tuvimos que pedir que nos dieran el diagnostico, daban vueltas a palabras pero no eran claros. Recuerdo el día, preguntamos como que grado y nos dijeron que había una diferencia entre autismo y trastorno del espectro autista, que el autismo era que no tenían nada en el cerebro y los del espectro sí, que el nuestro estaba mas en el autismo🤦🏻‍♀️( ahora me da la risa, entonces no). Definitiva, acertaron porque era de manual, pero patéticos.

Consultamgh Psicología. Alonso hablaba mucho y vamos a decir que era eso que llamamos normal… empezó a dejar de hacer todo y yo mi peregrinación por neurólogos y psiquiatras infantiles que me hacían sentir muy loca… lo estaba es verdad … pero años después tuvieron que pedirme perdón y poner TEA regresivo.

Miguel Ángel Román. Nos lo dio de sopetón un señor del EAP ( Equipo Asesoramiento Psicopedagógico), mientras hablábamos sobre la opción escolar de Ares en P-3. Información sobre el trastorno, cero. Fue una situación muy desagradable.

Silvia Ramírez. Fue después de ocho años de espera y sufrimiento. ¿Negligencia? ¿Desconocimiento? No lo sé. Pero se dedicaron a criticar la lactancia materna, el colecho, el porteo…en general, nuestra forma de criar. Y eso era el culpable de todos los comportamientos extraños de mi hijo. No les hicimos caso. A los ocho años después de dar muchas vueltas por fin encontramos una psicóloga privada que dio con el diagnóstico y nos lo explicó con mucho respeto y paciencia. De todo ese dolor empecé a escribir en mi blog, para compartir, desahogarme, aprender… Ademas soy asesora de lactancia y decidí empezar a empezar a estudiar psicología y dedicarme a difundir y romper el mito que existe alrededor de que la lactancia genera dependencia en los niños, entre otros muchos mitos y mentiras como la teoría de las madres neveras.

Natalia De Alcaraz Montijano. En Córdoba está muy mal orientado porque es el el edificio de Salud Mental de los Morales, un edificio muy antiguo , terrorífico y apartado de la Ciudad . Tú vas con tu niño pequeño , de 2 o 3 años , de la mano , y al entrar allí se te cae el alma a los pies . Todos los padres con los q he hablado de esto coinciden conmigo , no por los profesionales , sino por la ubicación , y el entorno q todo ello conlleva .

Lorena Ramírez. Primera visita con la neuropediatra nos dijo que había rasgos, esto fue en Mayo y mi hijo tenía 2 años y medio; el diagnóstico definitivo vino en octubre del mismo año. Cuando me lo dijeron mi desconocimiento era absoluto, me imaginaba al niño que se quedaba en un rincón y se auto lesionaba. Como no, empecé a mirar por Google. Información poca en todos los sentidos, en poco más d un año he aprendido mucho d padres en mi misma situación. De las ayudas tampoco te informan.

Natalia Murcia. La neuropsiquiatra confirmó lo que el neurólogo y los equipos de atención temprana nos habían dicho que sospechaban anteriormente. Quizás faltaba un poco más de información pero nos dio la clave de ponernos en marcha desde ya con estimulación, estimulación y más estimulación e intentar pasar el ‘duelo’ lo más rápido posible en su beneficio y el nuestro . Juan ahora tiene 10 años y en ese momento no llegaba a los 2

@Karasur66 Un pediatra privado soltó la bomba “posible trastorno autista”, por escrito, a los tres años. No se atrevió a decírnoslo verbalmente. Fuimos a la asociación de autismo de referencia en mi ciudad y nos hizo un diagnóstico serio y profesional un psicólogo.

Gemma A.Díaz. Soy orientadora en un cole y aún hoy en día resulta complicado dar un diagnóstico de TEA especialmente en edades tempranas. Nos acogemos a los manuales DSM-5 o Cie 10 (11) y aún así no siempre cuadran todos los criterios para concluir que estamos ante un TEA. El propio trastorno indica que hay un gran ABANICO (espectro) de características que no siempre se manifiestan confluyendo de forma que tengas una idea clara de que ese niño padece TEA. En mi caso busco siempre más de una opinión profesional (aparte de la mía) que suele ser atención temprana y el centro de salud mental, o cualquier otra institución que ya haya valorado previamente al niño/a. Es complicado encontrarse con niñ@s TEA “de manual”. Frente a las familias hay que ser empático, sensible y acompañarles en todo el proceso siendo realistas porque hay muchas familias que si eres paternalista y edulcoras la situación, tienden a negar la realidad. Es muy importante ocuparse cuanto antes e iniciar la estimulación en edades muy tempranas. Es un trabajo de todos el hacerlo bien y he visto que cuando familias y profesionales remamos juntos quien se beneficia enseguida es el niñ@.

@Monica_C_Jorge Con 14 meses note que algo no iba bien, le vieron 2 pediatras y les pareció que no le pasaba nada. No decía ninguna palabra… Con 18 meses ya me hablaron de TGD pero hasta los 4 años no se confirmo. Pensaban que era TEL. Toda la información por internet.

María Hermida Domínguez. En Galicia después de ver cosas raras se lo detectaron en la Escuela Infantil insinuárselo a la pediatra no me hacía caso pero yo insistí. Pedí las pruebas psiquiatría infantil y un neurólogo dieron en el clavo. La pediatra no dijo nada ahora me dedico a mi hijo con mucha terapia y esfuerzo ha mejorado bastante. La mejor medicina es esto es la PACIENCIA. Un saludo a todos los padres

@MartaGHuerta2 Mi hijo tuvo autismo regresivo de ese horrible en el que tu hijo se va. Yo lo llevaba a médicos y me decían que era una exagerada. Luz de gas y sufrimiento extremo

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Un trivial sobre los abuelos más famosos del cine, la televisión y la literatura


Cada 26 de julio se celebra el día de los abuelos, una figura imprescindible, que aporta en la conciliación, la educación de los niños y la transmisión de valores.

Es el día de los abuelos, que no hay que olvidar que son humanos. Gente imperfecta, como nosotros, a los que muchos padres de mi generación tenemos muchísimo que agradecer.

Esos buenos abuelos, nuestros padres, la razón de que pisemos el mundo, con frecuencia sostén imprescindible, incluso excesivo respecto a lo que les correspondería a su edad y circunstancias. Poca cosa es recordarles un día concreto del año y hacerles trending topic.

Abuelos de los que se meten con muleta en el mar en días grises del norte a cambio de un puñado de risas infantiles, de los que llenan de chuches pese a nuestras protestas, de los que se esfuerzan por cubrirnos cuando no llegamos (para criar a un niño hace falta una tribu, y las manos de los abuelos), de los que hay que cuidar y querer (y perdonar cuando sentimos impulsos ‘abuelicidas’, por ejemplo ante el aluvión de chuches) todos los días del año.

Vale, no todos son así. No todos son buenos abuelos imperfectos. Algunos incluso quitan la mesa del comedor con tal de no recibir molestas visitas de sus nietos, que yo lo he visto. Los hay que viven su vida ajenos a su descendencia salvo en días señalados, aunque incluso a esos merecen nuestro agradecimiento por habernos puesto en este mundo.

Tal vez sea un buen día para una llamada, una visita, un beso o para abrir un álbum de viejas fotos y recordarles unos minutos.

En su honor he querido este año traer este trivial, protagonizado por algunos de los abuelos más famosos del cine, la televisión y la literatura.

El otro boletín de notas, el que hizo un padre para reconocer la valía de su hija con autismo

El de hoy va a ser un post rápido, ya hubo texto que leer más que de sobra en mi anterior contenido sobre la inclusión y los centros de Educación Especial.

Sophie es una niña que está dentro del espectro autista. Se esfuerza mucho a diario en el centro escolar al que acude, superando las dificultades intrínsecas a su condición al tiempo que cumple con las obligaciones curriculares que también tienen sus compañeros. Pero sus resultados académicos no son siempre acordes a todo lo que trabaja, y eso puede resultar frustrante para cualquier niño, con o sin autismo.

Por eso su padre, cuando llegó llorando con su boletín de notas, decidió elaborar su propio boletín, en el que hay muchas materias en las que sobresale. Materias que, probablemente sean en muchos casos más relevantes incluso que las del boletín oficial.

Un acto de amor espontáneo de un padre hacia su hija. “fue todo lo que pude pensar para ayudar en esa situación, y funcionó”, cuenta Jackson.

Tomad nota, que nuestros hijos necesitan construir su autoestima y sentir nuestro cariño. Tengan autismo o no.

Y Jackson ha tenido una respuesta maravillosa:

Ni el pelo largo es de niñas, ni el corto es cosa de chicos (sobre las críticas a los hijos de Elsa Pataky y Chris Hemsworth)

Recuerdo perfectamente que, cuando entraba en la adolescencia a finales de los ochenta, para muchos de mis amigos varones dejarse el pelo largo suponía toda una odisea. Por mucho que las melenas hippies tuviesen ya dos décadas de historia, en la España que se preparaba para los Juegos Olímpicos de Barcelona los chavales, salvo excepciones, lo tenían complicado para huir del peluquero.

Y bastantes lo deseaban. Ya fuera por un deseo estético, con frecuencia influido por la música heavy que, con sus melenas al viento, imperaba en aquella época; ya fuera por una cuestión de rebeldía a los mayores o de búsqueda de la propia identidad tan propia de esa edad.

En muchos hogares los padres se negaban a ver bajo su techo a melenudos y muchos colegios prohibían que los chicos llevaran siquiera el amago de una mínima melenita. Dañaba la imagen del centro, decían, e incluso convocaban a los padres a tutorías para exigir el rasurado.

Vamos a mejor, pero aquello no está del todo superado. Ni mucho menos. Aún hay familias en las que una nimiedad como son unos centímetros más o menos de cabellera es motivo de disputa; también centros escolares que piden que las cabezas masculinas se mantengan dentro de un orden que no incluye poder hacerse coleta o moño. Y hay bastantes trabajos en los que tampoco está bien visto ir por la vida como Brad Pitt en Leyendas de pasión.

¿Por qué? He escuchado excusas de limpieza y pulcritud, pero no valen. Un pelo largo puede estar aseado y limpio y el que les permitan a las chicas melenas de Rapunzel es una buena prueba de que eso no es motivo de preocupación.

También he oído aquello de que los varones no saben manejarse con el pelo largo, como si darle al champú, el suavizante y el cepillado fuera equivalente a adentrarse en la física cuántica.

¿Niño o niña? (GTRES)

El “vas a dar mala impresión” aparece con frecuencia, pronunciado normalmente por aquellos a los que precisamente les produce mala impresión, pero eso no responde al “¿por qué?”. Puede ser que haya gente que lo asocie a personas sin recursos o con ideas levantiscas, que les desagradan, pero en mi fuero interno estoy convencida de que la razón del desagrado es sobre todo que se identifica con lo femenino, y un hombre no puede adoptar una estética supuestamente femenina.

Valiente tontería. Una tontería que se comprueba cuando el que lleva el pelo largo es un niño pequeño. Muchos asumirán que si ese pequeño, poco más que un bebé, va con melena, es una niña. Así que cortamos el pelo a los niños y descartamos la ropita rosa y con flores y mariposas de su hermana mayor que se ha quedado nueva del poco uso (es que los bebés crecen tan deprisa…) aunque no nos sobre el dinero. Y al revés igual sucede, aunque de manera menos pronunciada.

Y de nuevo… ¿Por qué? Porque se supone que es de niñas.

Lo de tomar a los niños con pelo largo por niñas y decirles que les corten el pelo para no parecerlo le pasaba a mi padre en los años sesenta, que era de facciones delicadas y largos rizos rubios. Y lo están viviendo en sus carnes Elsa Pataky y Chris Hemsworth, que en Instagram solo muestran (buena idea) a sus hijos de espaldas con sus largas melenas rubias. Claro, todo el mundo asume que son niñas, y cuando salen de su error con frecuencia les critican. “¡Cortadles ese pelo, que parecen nenas!”.

Full of adventures!!/ llenos de aventuras. #brothers #twins #siemprejuntos

Una publicación compartida de Elsa Pataky (@elsapatakyconfidential) el 12 Ene, 2018 a las 3:11 PST


Ay… En algunos comentarios intuyes como mar de fondo el absurdo temor de a ver si les vas a confundir y te crezcan ‘revirados’. El “se van a reír de ellos en el cole”, que también esconde tanto.

Como si quieren ir salir con vestido a la calle. ¿Por qué no?

Lo que hay que hacer no es infundirles nuestros miedos, nuestras estrecheces de miras que no han pasado por un auto examen; lo que deberíamos hacer los adultos es infundirles valor, seguridad en sí mismos, amor y apoyo incondicional, para que pisen fuerte. Sin pisar a nadie, eso por supuesto.

Las tijeras hacen falta sí, pero para ir cortando prejuicios y dejando que crezca el respeto a las decisiones ajenas.

A mí me gusta el pelo corto en los niños, que raspe cuando les acaricias la nuca. Y en los hombres. Pura cuestión sensorial y egoísta. Pero da igual lo que a mí me guste, lo importante es respetar lo que ese niño y ese hombre quieran hacer con su imagen.

Perdón, también esa niña y esa mujer. Porque ni el pelo largo es de chicas ni el muy cortito es de chicos. Que a niñas con el pelo al ras también las toman por chicos, que ellas y las mujeres que se lo cortan también vean cuestionada su feminidad, es otro absurdo menos habitual pero semejante.

Por eso para mí, que la comodidad y el ahorro de tiempo invertido ante el espejo valen oro, ya no hay pelos que valgan.

¿Niños o niñas? (GTRES)

Algunos comentarios que me han llegado por redes sociales:

IParSol. A mi hijo no le gusta pelarse, tiene cinco años y este curso lo ha pasado casi al completo con el pelo largo. Y tanto le han dicho en el cole (y fuera de el) que parecía una niña, que él mismo ha acabado asumiendo que con el pelo largo parece una niña…

aieta_. Los hijos (chicos los dos con cara de chicos) han llevado el pelo largo y les han confundido siempre con niñas. ¡Fuera prejuicios y dentro línea unisex de accesorios para el pelo!

CarblaCon. Mi hijo odiaba cortarse el pelo así que llevaba el pelo largo ( 2 años de edad) y todos los días oía lo de parece una niña , hasta un día una abuela con su nieta ( misma edad), subidos en un caballito de los de euro , se atrevió a decirme , este niño necesita un corte de pelo.

Cristinayra_. Para eso todavía falta por desgracia, tengo un niño de 9 años q tiene el pelo largo, y no hay una sola vez q vaya a cualquier sitio y le digan ” q quieres guapa” y así rectificandolos todos los días, y su excusa ” ah, como tiene el pelo largo, no me he dado cuenta”

Pakymjaen. Son urgentes La tijeras para los prejuicios. Decidimos no ponerle pendientes a nuestra hija. Todos los días le dicen “que nene mas bonico”. Entre otras muchas cosas.

spanglisheasy. Pero por desgracia no es solo con pelo largo, es también con pendientes. Mi hija con no lleva pendientes, y de paseo por un centro comercial en Madrid cuando tenia solo 1 año, no hubo ni una sola persona que la llamara niña. Tanto cuesta preguntar?

Un vídeo con el que tener indicios de que un niño ha sufrido abusos sexuales, aunque calle

(GTRES)

Hace no mucho que os hablé de Aspasi, la Asociación para la Sanación y Prevención de los Abusos Sexuales en la Infancia. Lo hice por unos cuentos, ¿De qué color son tus secretos? y Tu cuerpo es tu tesoro, Concebidos como instrumentos contra el abuso sexual en la infancia.

En Aspasi explican que “los niños son en su mayoría abusados entre los 11 o 12 años y su agresor es un conocido con autoridad: entrenador deportivo, profesor, monitor de tiempo libre… Las niñas son abusadas entre los 7 o 9 años por un agresor del entorno familiar”. Un tipo de abuso que afecta a entre el 10 y 20% de la población según el último estudio de Save the Children

Ahora andan embarcados con otro proyecto, uno que permitiría comprobar si un niño ha sufrido abusos, algo que suelen callar con demasiada frecuencia, en función de sus reacciones a un vídeo que para los que ya hemos perdido la inocencia, los que conocemos cómo es uno de esos monstruos, es altamente perturbador, pero que para un niño ajeno a todo eso no tiene que serlo.

Un creativo publicitario, una empresa de neurociencia y la asociación especializada, ASPASI, han creado AB-BLOCK, que nace con la voluntad de tratar de ayudar en la detección precoz de abusos sexuales en menores reconociendo las reacciones que experimenta su cerebro ante la proyección de un vídeo inocuo.

Sociograph va a testar el video y validará, o no, si sirve para una posterior línea de investigación sobre la detección precoz de abusos sexuales. Se trataría de un sistema pionero que podría revolucionar la persecución de estos delitos y la protección de sus víctimas.

Tenemos la oportunidad de combatir el problema con tecnología. El método nos permitiría tener indicios de si un niño está sufriendo abusos aunque él quiera ocultarlo por miedo a sufrir represalias. Este es el principal problema a la hora de detectar abusos en menores, pues una amplia mayoría guarda silencio ante el terror impuesto por el abusador.

Pero necesitan ayuda, necesitan niños voluntarios para ver el vídeo, basado en el relato real de una niña de seis años cuyo tío abusó de ella, y comprobar su efectividad.

Buscan niños a partir de seis años. Los tests los llevarán a cabo el 9 de junio en Madrid, pero luego habrá más en otras ciudades. Si estáis interesados en ayudar el correo al que escribir es voluntarios@abblock.org.

Sabemos que cualquier contacto con algo que tenga que ver con abusos te preocupa como madre/padre, pero te aseguramos que para ti y para tu hijo será un día divertido que el que jugar y pasarlo bien en la sede de Aspasi y en el que solo tendrá que ver un vídeo muy corto e inofensivo.

Entiendo que os puedan surgir dudas. Podéis ampliar información en la web del proyecto, pero no dudéis en plantearlas al correo que os he facilitado. Os dejo además el vídeo para que comprobéis que es inofensivo, por mucho que a un adulto consciente de lo que hay pueda estremecerle, por reconocer las verdaderas intenciones del adulto, del monstruo.

Orgullosos de ser padres frikis

Mi hija tiene ocho años. Sabe de sobra lo que es Star Wars, ya hemos visto muchas de las películas ambientadas en el universo de la Fuerza con ella.

A Terry Pratchett aún no lo ha leído, pero lo conoce de sobra porque me encanta, tengo todos sus libros y hemos jugado con ella una partida al juego de mesa de MundoDisco. En breve la invitaré a leer sus gnomos camioneros, que es infantil y divertidísimo, y no tardaré en presentarle a Tiffany Dolorido, una niña bruja lista y dura como la caliza, la mejor.

De la Guía del autoestopista galáctico aún no sabe nada, pero anda también por casa y no sé si llegará a leerlo. Ojalá, pero el verbo leer no admite imperativos. Desde luego llegará a saber lo que es y de qué va, eso estoy segura.

El día del estreno de Star Wars, el Día de la toalla y el Magnífico 25 de mayo ‘pratchiano’ se celebran todos juntos este viernes para dar lugar al Día del orgullo friki, o geek como más os guste aunque no sea exactamente lo mismo.

Lo de ser friki cada vez es más mainstream, ya no es como cuando yo era niña, que éramos pocos y muchos metidos en armarios. Y lo de encontrar padres frikis también es ya muy común. Los niños frikis que nacimos en los setenta y los ochenta nos hemos hecho mayores y hemos tenido nuestros propios hijos sin quitarnos la camiseta de Boba Fett o el colgante con el árbol blanco de Minas Tirith.

Yo soy una madre friki, queda claro. Defiendo los videojuegos, puedo recitar un número considerable de nombres de pokemons y (aun a día de hoy) recorro con mi hija el mundo cazándolos con Pokemon Go, veo, he leído y sigo leyendo mucha ciencia ficción y fantasía épica, incluso la escribo, leo cómics, últimamente mucho manga, veo animación japonesa, soy tecnófila, pinto figuritas, sé que Batman y Supermán son DC y no Marvel, si escucho Data pienso en un androide verde, acudo a eventos como la Japan Weekend, el Festival de Fantasía de Fuenlabrada o el Héroes ComicCon, recuerdo de memoria fragmentos poéticos de Tolkien (incluso me sé alguna palabrita en élfico), juego al rol y a juegos de mesa

Soy madre friki, pero pero para mí ser friki va más allá de todo eso que os he contado en el párrafo previo. Lo que creo que significa ser friki es tener una mente inquieta, curiosa ante cualquier nuevo tipo de manifestación cultural o de entretenimiento, una actitud sin prejuicios para tantear si nos gusta y ningún inconveniente en hacer gala de nuestras aficiones. Es la capacidad de seguir apasionándonos como cuando éramos niños.

Ser padre friki es conservar ese genuino interés por aprender y disfrutar con lo que nos emociona tan propio de la infancia y compartirlo con nuestros hijos.

Implica también estar predispuesto a compartir con ellos aquello que veamos que les entusiasme, ya sea el pop coreano o jugar al quidditch; o como mínimo a cotillearlas con interés y no menospreciarlas de entrada.

Y sí, es motivo de orgullo.

Feliz día del orgullo friki.

Insultar a gritos a un niño, a tu propio hijo, es asunto mío

Caminaba con mi hija por el supermercado, tranquilamente, añadiendo queso azul al carro, cuando comenzaron los gritos. Insultos terribles de una madre hacia su hijo, algo más pequeño que la mía, tal vez unos siete años. Un niño que apenas susurró algo mirando al suelo como respuesta, no fui capaz de oírle, provocando que los gritos arreciaran.

(GTRES)

No voy a reproducirlos. Fue un ataque verbal iracundo, desproporcionado. En el niño no había rabieta, sino algo parecido a la tristeza y la resignación. La madre irradiaba violencia, no una pérdida de control puntual.

Mi hija, que había estado revoloteando feliz a mi alrededor, se arrimó a mí dándome la mano, buscando seguridad. Pude ver a una mujer dedicando una mirada que aunaba descrédito y censura a la que gritaba. Las otras dos personas que andaban cerca callaron y se alejaron, igual que nosotras.

El espectáculo fue tal que el guardia de seguridad se acercó por ahí, para nada.

No estoy nada orgullosa de mi reacción. Me alejaba por el pasillo de los lácteos pensando que tendría que haber intervenido, que tendría que haber respirado hondo invocando toda la calma del mundo para decir a aquella mujer que ningún niño se merece esos insultos; que nuestros hijos no son de nuestra propiedad para hacer con ellos lo que queramos; que no les podemos faltar al respeto; que igual que a ella no le gustaría que la gritasen así, a su hijo tampoco.

Pero mi instinto me condujo a alejar a mi hija, cuya manita seguía dentro de la mía, de todo aquello.

Fui una cobarde.

No soy una ingenua, lo más probable es que solo hubiera logrado más gritos, esta vez dirigidos a mí. Pero si ese niño estaba ahí de pie, aguantando los “hijo de puta” y “mecagoendios”, bien podía yo, que soy una adulta, haberme arriesgado a ello. Simplemente la posibilidad de que ese niño se sintiera un poco defendido, tal vez mínimamente apoyado, ya habría merecido la pena.

Puede que me digáis que no era asunto mío, que a saber qué habría hecho el niño, que son cosas privadas de cada familia.

Recuerdo una de las últimas charlas que tuve con mi abuela materna, una señora extremeña con el pelo muy blanco, los ojos muy negros y las uñas muy rojas, antes de que se la llevase el alzéimer. Yo tenía menos de treinta años y ya empezaban a protagonizar con fuerza la agenda política y mediática las mujeres maltratadas por sus parejas y exparejas. Le pregunté si en su pueblo las había, si era algo que se sabía y que se hacía. “Claro que sí”, me dijo sin dudar, y empezó a hablarme de distintas mujeres que dieron con malos hombres y aguantaban como podían. Todo el pueblo lo sabía, pero nadie podía hacer nada. Era asunto de otros, eran cosas de dentro de la familia, cualquiera que hubiera intervenido se hubiera buscado un problema, así que todo el pueblo callaba.

Yo dudo que vuelva a hacerlo.

¿Cuáles son las mejores series de Netflix para ver en familia?

Ver la televisión en familia un ratito está bien, es agradable. Y no me refiero a todos juntos pero cada uno con su lado, uno en la tele, otro en la tablet y otro en el portátil, sino todos compartiendo sofá y lo mismo también pizza o palomitas. Yo ya os he contado que es algo que nos gusta, ver media horita, tal vez una hora algunos días, de algo que nos guste a todos. También os comenté que no era fácil de encontrar, que me da la impresión de que cada vez hay menos series familiares.

Ya, ya sé que hace bien poco, por el Día de la Familia, os contaba que dos personas ya son familia. Pero en este contexto uso el término para lo que convencionalmente se clasifica como productos televisivos para adultos+niños, no como eminentemente infantiles (aunque bien sé que a los adultos nos puede gustar mucho algo infantil, anda que no disfruté yo con Los hermanos Kratts).

Por concretar más, hablo de series para ver con niños que no son ya adolescentes de dieciséis años con los que es posible ver ya cualquier cosa. Es decir, Por trece razones o Atípico puede ser genial para ver con nuestros hijos adolescentes, pero no con niños de seis o doce años.

Como en casa ya hemos sufrido varios brotes de eso que llamamos ‘Efecto Netflix’, que es dedicar tiempo a buscar y no encontrar o encontrar demasiado y no saber qué poner para acabar, media hora más tarde, cansados y abrumados de tanta oferta audiovisual marchándonos a leer o directamente a dormir, decidí preguntar desde mis redes sociales a la gente cuales eran sus series favoritas para ver en familia.

Ha habido muchas respuestas, aunque han abundado las recomendaciones a Trollhunters, la serie de animación que lleva el sello de Guillermo del Toro, a Madres forzosas, Una serie de catastróficas desdichas, Clone Wars y Perdidos en el espacio. Yo confieso que siempre recomiendo Haikyuu, como en casa somos muy ecuestres también hemos visto A rienda suelta, que es otra de los que algunos también me habéis hablado.

Se admiten todo tipo de sugerencias para ampliar la lista, en la que podéis votar por vuestras favoritas. Lo mismo os da alguna pista para no sucumbir a ese temido ‘Efecto Netflix’, que tiene sus similitudes con lo que sería soltar a un niño acostumbrado a las carencias de la posguerra en un Carrefour con las manos llenas de billetes.

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