Madre Reciente Madre Reciente

La maternidad es tan cambiante que siempre eres una recién llegada a ella

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‘Maquia’, el amor de una madre llevado al ánime

En Maquia hay dragones, por mucho que no tengan ese nombre y se consuman bajo la docilidad del cautiverio. En Maquia hay elfos, aunque tampoco se llamen así y equivoquen sus pasiones. En Maquia hay construcciones que nada tienen que envidiar a las altas y blancas torres de Minas Tirith; tampoco en los malos gobernantes. En Maquia hay hermosas y desdichadas princesas, encerradas en torres de marfil. En Maquia hay magia, maravilla y épica. También poesía, la que enmarca los últimos momentos de las leyendas.

Maquia es todo eso. Es un universo de fantasía bellamente diseñado que logra deslumbrar. También sorprender, pese a los muchos mundos similares que hayamos conocido, con un guion que huye de los caminos transitados en exceso.

El gran mérito de esta película, premiada en Sitges, es que ni dragones, ni elfos, ni batallas épicas o amores desgarrados son los protagonistas. La verdadera magia que esconde Maquia se encuentra en el amor de las madres por sus hijos, firme como una roca una vez despierta; en el amor de los hijos por sus madres, cambiante y también permanente; está en la belleza de lo cotidiano, de tal manera que aquello que no rutila es lo que acaba calando más profundamente nuestro corazón.

Los elfos y los dragones, los reyes y las princesas, quedan pronto eclipsados por el transcurrir de las vidas de personajes que en las grandes sagas épicas serían secundarios. Personajes para los que el transcurrir del tiempo es disparejo, convirtiendo la asunción del dolor y la pérdida en una valiosa enseñanza. El amor siempre merece la pena, por mucho que no vaya a ser eterno.

El paso del tiempo tiene un sentido. Igual que lo tiene avanzar encontrando personas a las que querer y viendo cómo la distancia o la muerte nos las arrebatan. Somos lo que otros hacen de nosotros, cómo nos criaron nuestros padres, de quienes estuvimos alguna vez enamorados por mucho que lo hayamos olvidado.

Me resulta inevitable contemplarla en cierto modo como heredera de otra película de animación notable, nacida de la colaboración entre artistas japoneses y estadounidenses y que cumple este año su 36 aniversario: El último unicornio, inspirada en un delicioso relato de Peter S. Beagle. Encuentro cierta similitud estética y también un parecido tono melancólico, crepuscular. Así como el hecho de que en El último unicornio también hay criaturas mágicas, reyes y castillos, pero busca profundizar y trascender en un universo de emociones reconocibles por todos y se recrea en los clásicos personajes que son comparsas en otras historias.

Igual que me recuerda al espíritu de Olvidado rey Gudú de Ana María Matute, una escritora a la que nunca está de más reivindicar.

Esta película de animación de la directora Mari Okada, guionista de Anohana (2013) y The Anthem of the Heart (2015) llega este viernes a los cines. No a demasiados y no durará mucho, así que si os interesa os recomiendo reaccionar rápido para no perder la oportunidad de verla en pantalla grande.

Dura casi dos horas y creo que los niños a partir de 8 o 9 años pueden disfrutarla, teniendo siempre en cuenta que es una narración que conmueve hasta las lágrimas, que encierra esperanza pero no es la típica historia fácil y cerrada a la que muchos niños están acostumbrados.

La protagonista de esta obra se llama Maquia y es de la raza iolf, cuyos miembros conservan la juventud durante siglos. El segundo protagonista es Ariel, un chico que pierde a sus padres a una edad muy temprana. Maquia no envejece por más años que pasen, pero Ariel sí. Y esta es la historia sobre cómo se va transformando el vínculo entre ellos.

¿Es ‘Élite’ de Netflix para mayores de 13 años?

No he visto la serie que protagoniza este post. Mi hija, con nueve años, está lejos de mostrar interés por ella (o de que yo la permita verla) y a mí tampoco me ha llamado demasiado la atención. Sí que lo ha hecho una amiga que tiene una niña de casi trece años, la edad a partir de la cual Netflix recomienda su visionado.

No sé si vosotros habéis visto esta serie española de indudable éxito, me encantaría conocer vuestra opinión sobre a partir de qué edad os parece recomendable. Bajo la imagen, tenéis la opinión al respecto de esta madre amiga.

Y antes de dejaros con ella, una recomendación: ver siempre antes o con nuestros hijos las series y películas que despiertan su interés. En parte porque es bueno mostrar interés por lo que les gusta y compartir tiempo y referencias. Pero también porque mi experiencia me dice que las clasificaciones por edades son solo orientativas. Cada familia es un mundo y lo que en una casa no supone problema ver en otra puede parecer una barbaridad. También porque a veces he visto contenidos muy blancos incomprensiblemente calificados para mayores de trece años. Lo contrario de lo que sucede con Élite.

Mi hija vino y me dijo “Mamá ¿puedo ver Élite? Mis amigos la ven, está en Netflix y es para mayores de 13 años”. Como ella los cumpliría enseguida, le dije que adelante. Pero, que igual podríamos verla juntos si era para adolescentes.

A la semana, mi hija nos dijo que ya no nos esperaba más, que había empezado la serie, que estaba chill (guay). Y que teníamos que verla sí o sí.

Días después, padre y madre de preadolescente enchufamos Netflix y a los tres cuartos de hora del primer capítulo de la serie española del momento nos preguntamos el uno al otro, ¿pero tú piensas que esto es para chavales de 13 años?

Netflix, en efecto, ha catalogado Élite para “´+13 años. (adolescentes)”, pero en cada uno de los ocho capítulos dudamos de que sea un contenido apto siquiera para menores de 16.

¿Nos hemos vuelto de repente una pareja de padres carcas o es que Netflix ha calibrado mal la catalogación por edades de Elite? Da como mínimo, para un debate.

Sin ánimo de hacer mucho spoiler, la serie española gira en torno a un grupo de supuestos adolescentes de un instituto pijo que se comportan como los veinteañeros más desbocados. Andarán de aquí para allá con libros de texto y en uniforme escolar, pero se pasan el día viviendo vidas de algunos adultos: consumiendo drogas, practicando sexo en espacios públicos o haciendo tríos para resucitar relaciones de pareja ya enfriadas a los 17 años.

¿Y qué decir del retrato que hace de las familias? En Élite no hay ni una sana y normal. Todas son desestructuradas, con unos progenitores que ni conocen ni quieren conocer a sus hijos. Con la religión o el dinero rigiendo sus vidas. Y un bullying del todo criminal.

Solamente se salva, sinceramente, la normalidad con la que los jóvenes acogen las relaciones homosexuales. De hecho, es la pareja gay de la serie más creíble en el retrato de la juventud actual, opinamos.

Pero, a lo que vamos, ¿es contenido apropiado para chicos y chicas de 13 y 14 años? ¿Nos podemos fiar de las catalogaciones?

Antes los padres podían regirse, no solo por los rombos de una película, sino por el horario de emisión de un determinado contenido audiovisual. Si lo ponían después de las diez de la noche, era para adultos, se entendía.. Ahora que cualquier serie o película puede descargarse a cualquier hora del día y en cualquier dispositivo, la única guía que nos queda a los padres es la recomendación por edades que se muestra al principio de cada programa.

En España, supuestamente, los audiovisuales “no recomendados a menores de doce” (+13) sí permiten contenidos limitados de conductas ilegales o perjudiciales para la salud, violencia visual o verbal, crueldad, consumo de drogas… en un contexto de rechazo a dichas prácticas”. Esta calificación es también más tolerante con las escenas o diálogos de carácter sexual o erótico, que serán “ajustados siempre a la etapa de la preadolescencia”.

La generalización del abuso entre iguales, del consumo de alcohol y drogas y de un sexo explícito más propio de adultos que de adolecentes nos hace pensar que Élite no encaja en esa escala.

Netflix señala en su web que “todas las series y películas de Netflix tienen asignada una clasificación por edades para que los suscriptores puedan tomar decisiones fundamentadas para ellos y para sus hijos”.

Pues aquí nos tienen a nosotros dudando si no deberían de revisar al alza la edad para Élite. Por si aún estáis a tiempo y os sirve, nosotros estamos convencidos de que de haber visto la serie antes que ella, se la habríamos desaconsejado hasta los 16 años. Pero sucedió al revés, que ella la vio antes. Ya solo nos quedaba una salida. Iniciar una de esas conversaciones serias, esas que empiezan tal que así:

-Hija, tenemos que hablar de Élite. ¿No te sorprende nada de lo que has visto?

Lo que sigue es ya otro capítulo…

Ocho animes para ver con niños (y disfrutarlos todos) por el Día Mundial de la Animación

Dado que este domingo se celebra el Día Mundial de la Animación, he decidido traer aquí diez series de animación aptas para ver con niños, en familia. Hay todo un universo más allá de Pokémon y Heidi. Ojo, que no son para niños pequeños, sino para niños a partir de ocho, nueve o diez años (en función de la serie y de los criterios de cada familia). Es decir, para esa edad en la que otros dibujos empiezan a quedarse cortos. Y son series que los mayores también pueden disfrutar, por lo que se pueden ver en familia. De hecho recomendaría incluso echar un ojo en solitario al primer episodio (cada uno son poco más de 20 minutos), porque mi criterio no tiene que ir parejo con el de otros padres.

Las he seleccionado junto a mi hija, y estaremos encantadas de recibir nuevas sugerencias. Hay todo un universo de animación interesante disponible.

Por cierto, recomiendo verlas en japonés subtituladas al castellano, aunque sé que suena muy friki, o en inglés para trabajar el oído con ese idioma. Ver películas y series y al mismo tiempo leer subtítulos es un buen ejercicio para los niños, para que ganen en velocidad y comprensión lectora, que les sobra motivación para enterarse.

Tengo que empezar con Haikyuu, cuya primera temporada (hay tres) está disponible en Netflix y en el canal de youtube de Selecta Visión, porque creo que es la que más hemos disfrutado viendo todos en casa, hemos vivido con más emoción algunos de sus partidos de voleibol que los del pasado Mundial. De hecho, ya le dediqué un post en exclusiva el curso pasado. Completamente blanca y divertida, sin componente romántico, es apta para todos los públicos pero creo que puede gustar a partir de unos ocho años. Sus protagonistas son Hinata y Kageyama, rematador y colocador de primer año de personalidades opuestas (el segundo podría casi tener asperger), pero nos muestra a un buen puñado de adolescentes deportistas y sanotes, bien construidos y diferenciados. Se les coge cariño mientras les vemos esforzarse para ser mejores. Nos gustó tanto que ya os hablé de ella el año pasado y ha logrado que mi hija se haya apuntado a un club de voleibol.

Yona, princesa del amanecer (Akatsuki no Yona). Aquí tenemos a una típica princesita consentida que, en su primer capítulo, se encuentra teniendo que huir acompañada de un joven general para salvar su vida. Despojada de todo, va a tener que espabilar a marchas forzadas. Con elementos fantásticos, tendrá que reunir a cuatro jóvenes con los poderes legendarios de los dragones; también con un notable componente romántico (hay una tensión no resuelta y en aumento entre Yona y Hak, el guerrero que la acompaña). Mucho humor, a veces cáustico y un poco verde, y peleas con tinta roja, que no van a asustar a ningún niño a partir de unos nueve años. Nosotros la hemos visto en Crunchyroll, algo así como un Netflix de ánimes. Julia también está leyendo los mangas.

My hero Academia (boku no hero Academy). Otra que también tiene una colección de mangas que mi hija está leyendo (apuntad que ver estas series puede animar a leer). En un universo en el que la mayoría de la gente nace con superpoderes de lo más original (no esperéis, salvo en pocos casos, los clásicos y aburridos de Marvel), el protagonista es un chaval que no tiene ninguno pero que está empeñado en convertirse en un héroe profesional. Lo conseguirá a base de empeño y fuerza de voluntad, y porque el superhéroe más poderoso tiene que buscar un sucesor y encuentra en él un corazón realmente heroico. Es un gran éxito, que hace que eventos como la Japan Weekend abunden en cosplays con los personajes de la serie.

Wellcome to the ballroom. Tercera serie que recomiendo con libros también disponibles en el mercado español. Esta vez está centrada en algo que puede sonar tan marciano a la mayoría de los niños como los bailes de salón. Un chaval de instituto que es una mediocridad en todo comienza, casi de casualidad, a practicar este deporte y a descubrir que requiere mucha entrega y lo importante que resulta ser uno con tu pareja. Una historia de crecimiento personal a través del esfuerzo que tanto gustan a los japoneses (y no solo a ellos, la verdad), muy inocente y bien hecha. Nosotros la vimos en Amazon Prime, una plataforma que, como Netflix, tiene bastante serie de animación venida de Oriente (HBO en este sentido es un erial). En

La desastrosa vida de Saiki K. Es la que estamos viendo ahora en Netflix. “Es muy graciosa”, destaca de ella Julia. Efectivamente, es humor, en gran medida absurdo, muy bien construido si es que engancha contigo. El protagonista es un niño de instituto con el pelo rosa y unas antenas que limitan sus poderes mentales. Es un mentalista tremendamente poderoso, capaz de leer el pensamiento, teletransportarse, tiene rayos X en los ojos, puede hacer retroceder el tiempo… Podría acabar con el mundo con un chasquido de dedos, pero por suerte es un buen chaval, bastante serio, con la única aspiración de pasar desapercibido y poder tomar de vez en cuando gelatinas de café (los dulces le pierden). Está rodeado de un elenco de compañeros que llevan los clichés del mangánime a un estupendo extremo humorístico.

Yuri on Ice. Una serie muy breve, de apenas doce episodios, que se centra en el mundo del patinaje artístico de alto nivel. Pese a ser más adulta, los niños también la disfrutan. Premiada y alabada, también por patinadores profesionales que han alabado su realismo, sigue a Yuri, un prometedor patinador japonés en un momento de crisis, al que decide entrenar su ídolo recién retirado, Victor Nikiforov, para fastidio de otro Yuri ruso, más joven y en ascenso. Con dosis de humor, también algo de romance muy blanco y nada heterosexual, su visionado merece mucho la pena. Una belleza.

Cells at work. (Hataraku Saibou) Ojalá traigan el manga a España, porque podrían considerarse casi como libros de texto. Imaginad nuestro viejo y añorado Érase una vez la vida convertido en ánime moderno. Hay glóbulos rojos (eritrocitos), todo tipo de células del sistema inmune, virus, bacterias y un cuerpo humano en constante peligro. Hay episodios dedicados a las intoxicaciones alimentarias, el cáncer, las alergias, las heridas, las crisis hipovolémicas, o la función del timo. Más compleja y actualizada en la información que da que su predecesora, se aprende muchísimo sobre nuestra biología, aunque es verdad que tiene un nivel de ESO, los niños más pequeños se irán quedando con cosas. Y las plaquetas son monísimas. Eso sí, la sangre de virus y bacterias salpica, no como en la vieja serie francesa.

Noragami. Terminamos con otra serie que vimos en Netflix de la que también hay libros. Antes de diez años tal vez algunas escenas den un poquito de miedo a los niños más sensibles, aunque Julia la vio con ocho años sin mayor problema (salvo por cierta escena de una niña fantasma). La cosa va de Yato, un dios pobre, sin apenas seguidores y que viste con chandal. Los dioses de este universo, invisibles para los humanos, cuentan con almas puras a las que han rescatado y convierten en objetos que les son útiles, también armas. Pronto Yato logrará uno de estos compañeros y además la amistad de una adolescente que, por haber estado cerca de la muerte, es capaz de verle y de convertirse en un ser a medio camino entre dos mundos con cola de gato. La misión de Yato es acabar con unas influencias malignas que empujan a los seres humanos a cometer actos malvados o de desesperación. Eso cuando no está limpiando o cuidando bebés por sumar seguidores y unos cuantos yenes para construirse un templo. Acción sobrenatural, mucho humor y muy poquito romance. Hay una diosa guerrera rubia, bondadosa y extremadamente poderosa (y muy sensualmente, todo hay que decirlo) que cabalga un león y que a Julia le encanta.

‘El príncipe dragón’, nueva vieja fantasía para ver junto a nuestros niños

Cada vez hay más series de animación con muy distintos planteamientos que son propuestas atractivas para ver en familia, con niños que aún se podrían considerar pequeños pero que ya han superado La patrulla canina o Peppa Pig.

Es conocido el discurso de que las nuevas plataformas como Netflix, HBO o Amazon Prime están produciendo contenido adulto de calidad en gran cantidad y muy variado, pero es que también están dedicando presupuesto a crear y ofrecer series infantiles de lo más recomendable. Sobre todo es así en el caso de Netflix, que igual se trae a Guillermo del Toro para ofrecernos un grupo de cazadores de trolls que ficha a la inigualable Julie Andrews para acercar el mundo del teatro, los musicales y el ballet a los niños.

Uno de los últimos descubrimientos que hemos hecho en casa en esta plataforma es El príncipe dragón. Ya me había llegado recomendada por varios padres que conozco en Twitter y cuyo criterio confío, así que decidí que intentásemos verla en familia.

Ya os he contado en el pasado que creo oportuno ver series y películas junto a nuestros hijos. No todas necesariamente, pero tener un ratito juntos en el sofá ante la misma historia nos ofrece temas de conversación, las ventajas de compartir intereses y que vean además que nos importa lo que les gusta y pasar tiempo con ellos.

Callum, ‘principastro’ que es un artista dibujando y haciendo sus primeros pinitos con la magia; y Rayna, una elfa asesina con un oscuro secreto.

Hemos podido comprobar que El príncipe dragón es una de esas series que lo permiten. Gusta a los niños a partir de unos seis años y entretiene a los adultos que sean capaces de entender que están ante un producto infantil, por mucho que tenga sus guiños y sus tramas secundarias algo más complejas.

Está ambientada en un mundo fantástico de elfos, humanos y dragones en guerra en el que la magia abunda, también la oscura. Los protagonistas son los príncipes y hermanastros Callum y Ezran y la elfa de la luna Rayla, acompañados en su misión por un sapo de luz que rebosa personalidad. Niños procedentes de pueblos que son enemigos irreconciliables, unidos para poner fin a la contienda.

Tiene muchos clichés típicos de la fantasía, soluciones de guion demasiado sencillas y la primera temporada se interrumpe justo cuando la aventura (una quest de toda la vida, de las que los aficionados a los juegos de rol conocen bien) parece que se eleva.

Pero también es entretenida, con dosis equilibradas de intrigas, acción y humor y un universo y una colección de personajes razonablemente bien construidos, incluso complejos y con motivaciones lógicas.

Y hay en ella mujeres muy fuertes, empezando por la elfa protagonista. También hay un personaje relevante que se comunica con lengua de signos, mestizaje y familias reconstruidas y estructuradas. Además de un mensaje de fondo siempre presente de la conveniencia de optar por lo que es justo, aunque resulte un camino más difícil.

Sus creadores son Aaron Ehasz (Avatar: La leyenda de Aang) y Justin Richmond (Uncharted 3).

Ezran, hermanastro de Callum e hijo del rey junto a su carismática (y deslumbrante) mascota, un sapo con espíritu de viejo bulldog inglés.

Y termino avisando de una serie que tiene muy buena pinta y un poquito me recuerda a la que os cuento pero en plan Xena, la princesa guerrera. En realidad es un remake de una serie creada por Mattel en los 80 al rebufo de otra: He-Man y los amos del universo. Se titula She-ra y las princesas del poder y se estrenará en Netflix el 16 de noviembre.

El director de ‘Kubo y las dos cuerdas mágicas’ reinventa a los transformers con ‘Bumblebee‘

No sé si sabéis quien es Travis Knight, el director responsable de la película de la que quiero hablaros hoy. Knight fue también el responsable de una de las mejores películas de animación que he visto en los últimos años: la nominada al Oscar Kubo y las dos cuerdas mágicas.

Ya os hablé de esa hermosísima historia en 2016, el año de su estreno.

Un director de animación al que tome nota de seguir la pista junto a Tomm More, que tiene en su haber maravillas como La canción del mar o El secreto de Kells.

Si tenéis niños y aún no habéis visto Kubo o las películas de More en familia, ya sabéis lo que tenéis pendiente. Y si no tenéis niños, también.

More sigue en la animación, pero Knight ha cambiado de tercio, y mucho. Suya será nada menos que la próxima película de Transformers con actores de carne y hueso.

Pero no esperéis chicas que podrían ser modelos de lencería e historias únicamente de acción con el sello de Michael Bay. Al menos yo no lo espero del sensible director de Kubo. La idea es renovar la franquicia, darle un aire nuevo en una cinta de aventuras para todos los públicos.

Ambientada en la 80 y con guion de Christina Hodson, su protagonista es una joven actriz de notable talento y muy distinta a Megan Fox: Hailee Steinfeld, conocida sobre todo por el remake de Valor de ley de los Coen.

Esta misma semana hemos podido ver el trailer, en el que el protagonista no es Optimus Prime, sino el escarabajo amarillo Bumblebee (abejorro).

Yo, que me había apeado hace ya mucho de la saga de los transformers, pienso darle una oportunidad a este sexto episodio, el primero que no tendrá a Bay al mando, estas navidades.

‘Mary y la flor de la bruja’, hay muchas cosas más importantes que la magia

Este viernes llega a los cines una película de animación notable, una historia que conjuga magia y aventuras apta para toda la familia con una estética bellísima de principio a fin.

Mary y la flor de la bruja es lo que pasaría si una niña muggle, por seguir a un gato de color cambiante igual que Alicia al conejo, acabara en el Hogwarts que habría soñado Ghibli. Una escuela de magia deslumbrante, colorida, extraña y muy inquietante llamada Endor, poblada por seres que parecen nacidos del universo de El viaje de Chihiro.

Resulta lógico, si pensamos que su director, Hiromasa Yonebayashi, comenzó trabajando de animador para Hayao Miyazaki precisamente en títulos como La princesa Mononoke, El viaje de Chihiro y Mi Vecino Totoro. Hace ocho años dirigió una de nuestras cintas de Ghibli favoritas, perfecta para ver con niños, la deliciosa Arrietty y el mundo de los diminutos. En 2015 abandonó Ghibli para crear su propio estudio de animación, Ponoc, al que no conviene perder la pista.

Mary será bruja tras impregnarse temporalmente de la magia emanada por una misteriosa flor. Una bruja cuyo único hechizo será precisamente deshacer los conjuros para que todo vuelva a ser como siempre tendría que haber sido.

Mary y la flor de la bruja es una narración amena, solo aparentemente sencilla, en la que la protagonista absoluta es esa niña a la que no le gusta su pelo pelirrojo, pero que acabará aprendiendo a apreciarlo. Una niña que vencerá su torpeza al comprender que uno no puede titubear y rendirse si lo que está en juego es importante y que las lisonjas de los desconocidos pueden caldearte los oídos, pero no el corazón.

Llega un momento en que es inevitable darse cuenta de que la maravilla verdadera no son esas criaturas poseídas por la imaginación más desbocada, es la naturaleza, son los animales de sobra conocidos. Los jabalíes, ciervos, monos y águilas que tanto recuerdan a los pobladores del bosque de La princesa Mononoke. De hecho, me atrevería a decir que Yakul hace un cameo.

Al final resulta que no necesitamos de la magia, de lo extravagante, por divertido que pueda ser surcar el cielo en escoba. Lo que necesitamos, lo que nos hace felices y nos da paz, es una familia que nos apoye, hacer buenos amigos, apreciar el hecho de caminar libre bajo el cielo azul y sobre la radiante hierba verde, perder el dominio de la bicicleta al soltar una mano pero regresando de nuevo al camino que conduce al colegio, a la seguridad de lo cotidiano, que deslumbra aún más.

‘Ponysitters Club’, la apuesta de Netflix para los niños pequeños amantes de los animales

Este agosto Netflix ha estrenado una serie infantil de producción propia a la que le tenía echado el ojo hace tiempo. Me daba la impresión de que podría ser del gusto de mi hija y, tras verla juntas, os puedo asegurar que no me equivocaba.

Julia adora a los caballos. Es una fascinación que, por el motivo que sea, aparece sobre todo en las niñas, da igual el país. Lo tengo comprobado (en cierto sentido porque yo también fui una niña fascinada por los Caballos y lo mío no fue heredado). A muchas les gustaría montar a caballo y las que lo logran son mayoría en los clubs hípicos. Por eso hay tantos ponis y caballos en series pensadas para niñas, por eso Barbie y muñecas semejantes tienen caballo.

Pero volvamos a Netflix. Esa plataforma ya disponía de una serie ubicada en un club hípico que ya habíamos visto. Se titula A rienda suelta, este verano han estrenado la segunda temporada, y en casa también gustó mucho. Es una serie protagonizada por adolescentes, pero muy blanca, sin entrar casi apenas en amoríos y en la que no se cae en la superficialidad de otras series semejantes. La cosa va de montar a caballo, hacer amigos y desentrañar algunos misterios.

Ponysitters Club es más blanca aún. Rosa incluso diría yo. En este caso los niños protagonistas son aún más pequeños y también lo es su público objetivo. A partir de cinco o seis años la pueden ver sin problemas. En cambio, al adulto que pudo ver en familia A rienda suelta, es probable que esta serie le resulte demasiado infantil, demasiado plana.

La niña protagonista, Skye, tiene que luchar contra una dislexia que hace que le cueste mucho leer y escribir. Vive con su madre y su abuelo, veterinario retirado, en un rancho que rescata animales necesitados y les busca nuevos hogares. De hecho se llama Rancho Rescate.

El club que da nombre a la serie es una iniciativa de esta niña y tres amigos para recaudar fondos y hacer buenas obras. Uno de esos amigos es Ethan, un chico tímido y que dibuja muy bien; otra es una Trish, con visos de artista; y la tercera es Olivia, una estupenda estudiante que ayuda a Skye. A ellos se sumarán más niños, empezando por una vecinita brasileña Isabella, Shelby, que tiene un caballo en propiedad, o Kyle, un primo de Olivia en silla de ruedas.

Los niños de Ponysitters Club montan muy poco a caballo, pero los cuidan mucho. A los caballos y a todo tipo de animales que habitan ese rancho. Veremos pasearse conejos, cabras, burros… todos adorables en extremo.

Una serie amable y breve que seguro gustará a los niños pequeños que se declaren amantes de los animales, que son la mayoría.

‘Ralph rompe Internet’, ‘El regreso de Mary Poppins’, ‘Dumbo’… ¿Cuáles son los próximos estrenos de Disney y cuándo los veremos en España?

Aún tenemos Los increíbles 2 en cartelera, triunfando porque lo merece, pero eso no quita que no haya un buen desembarco de películas de Disney, a priori interesantes, por delante.

No sé si las tenéis todas presentes, pero por si acaso me he decidido a traer un resumen de lo que nos viene. Dudo que no haya algún título que os resulte atractivo entre los ocho que traerá próximamente la compañía de Micky Mouse.

El primer estreno tendrá lugar el 28 de septiembre y es de las que ir a ver para ver cómo hacen evolucionar a la clásica franquicia de Winnie the Pooh, que me da la impresión de que anda necesitada de que la revitalicen.

Se titula Christopher Robin, el nombre del niño que acompaña a los animalitos y el del hijo del autor de la saga de cuentos, y es una aventura de acción real:

El niño que se embarcó en innumerables aventuras en el bosque de los Cien Acres con su banda de animales de peluche, ha crecido y ha perdido el rumbo. Ahora les toca a sus amigos de la infancia aventurarse en nuestro mundo y ayudar a Christopher Robin a recordar al niño cariñoso que aún tiene dentro.

Un mes más tarde, el 31 de octubre, se estrenará El cascanueces y los cuatro reinos, inspirada en el clásico cuento y ballet navideño El Cascanueces, al que yo tengo especial cariño, y con dos pesos pesados: Helen Mirren y Morgan Freeman.

Todo lo que quiere Clara (Mackenzie Foy) es una llave única que abre una caja que contiene un regalo de valor incalculable que perteneció a su difunta madre. Un hilo dorado, que le ofrecen en la fiesta anual del padrino Drosselmeyer (Freeman), le conduce a la codiciada llave y no tarda en desaparecer en un extraño y misterioso mundo paralelo. Allí es donde Clara encuentra a un soldado llamado Phillip (Jayden Fowora-Knight), a una pandilla de ratones y a los regentes que presiden tres de los cuatro Reinos: la Tierra de los Copos de Nieve, la Tierra de las Flores y la Tierra de los Dulces. Clara y Phillip deben desafiar al terrible Cuarto Reino donde vive la tirana Madre Ginger (Mirren), para recuperar la llave y, con suerte, reinstaurar la armonía en un mundo inestable.

De mes en mes. Ahora nos vamos a finales de noviembre con un título muuuy español por mucho que venga bajo el paraguas de Disney. El día 23 se estrena Superlópez. Yo adoraba esos cómics de niña y les sigo teniendo un cariño enorme, así que pasaré con ganas y miedo por el cine a ver la versión de Dani Rovira. Os confieso que siempre creí preferible una adaptación animada. Ya veremos qué encontramos.

Cuando Skorba y su ejército de robots invaden su planeta, el científico más importante de Chitón envía a su hijo recién nacido a la Tierra para protegerle y salvaguardar un vital secreto. Treinta años después, el bebé se ha convertido en Juan López, un gris oficinista que nunca ha usado sus superpoderes, para no ser descubierto y… ¡porque en este país la envidia es muy mala! Pero la llegada de Luisa a la oficina hará que se plantee eso de no destacar y, para impresionarla (¡por supuesto!), decide convertirse en Superlópez.

Se acerca la Navidad y se acelera la llegada de estrenos. El 5 de diciembre llega uno muy esperado: Ralph rompe Internet.

La primera entrega de las aventuras de Ralph en los recreativos, plagada de referencia y de morriña para los jugadores de cierta edad, traslada la accion a Internet y las redes sociales. Esperemos que Ralph y Vanellope conserven el ingenio de la primera parte.

Ralph (John C. Reilly), el malo de los videojuegos y su compañera Vanellope von Schweetz (Sarah Silverman) tendrán que jugárselo todo viajando por las redes en busca de una pieza de repuesto que salve Sugar Rush, el videojuego de Vanellope. Para complicar más las cosas, Ralph y Vanellope dependen de los ciudadanos de Internet, los llamados ‘ciudanets’ para que les ayuden a desenvolverse en ese peligroso mundo. Entre ellos está un empresario de Internet llamado Yesss (voz de Taraji P. Henson), que es el algoritmo estrella y el alma de BuzzTube, la página web más de moda del momento.

Otro plato fuerte justo para Navidad. El 21 de diciembre tendremos en los cines El regreso de Mary Poppins. Una película con la que Disney ha puesto toda la carne en el asador pero ante la que también tengo a la vez miedo y ganas. Emily Blunt me gusta mucho, pero la sombra de Julie Andrews es muy alargada. Pero bueno, es una historia diferente, no un remake al uso que hubiera sido un fiasco seguro. Aquí Mary Poppins se encarga de los hijos de sus viejos pupilos.

Esta nueva secuela tiene una mirada moderna sin dejar de rendir homenaje al espíritu de la primera película. Mary Poppins vuelve para ayudar a la siguiente generación de la familia Banks a encontrar la alegría y la magia que faltan en sus vidas después de una trágica pérdida personal. La niñera viene acompañada de su amigo Jack, interpretado por Lin-Manuel Miranda (Hamilton, Vaiana), un optimista farolero que ayuda a llevar La Luz -y la vida- a las calles de Londres.

El 18 de enero tendremos una secuela con la que yo al menos no contaba. ¿Recordáis El Protegido? Esa de M. Night Shyamalan, el director de El sexto sentido que por aquel entonces aún estaba surfeando la cresta de ola, en la que Bruce Willis resultaba ser un superhéroe muy de andar por casa. A muchos no les gustó o les resultó indiferente, yo la disfruté bastante.

Su secuela, nada menos que 18 años después, es Glass. Repiten tanto Willis como Samuel L. Jackson encarnando a a Mr. Glass. Y añaden a la ecuación a un James McAvoy con múltiples identidades. Múltiple sí gustó y a ese éxito debamos probablemente esta película que une a los tres héroes en un psiquiátrico. Lo del publico familiar en este caso no lo tengo nada claro.

El 8 de marzo, más superhéroes con Capitana Marvel. ¿Alguien lleva la cuenta de cuantos héroes de Marvel ha puesto ya Disney en mallas? A este paso todo actor que no haya interpretado a un superhéroe va a ser un paria en Los Angeles.

La historia cuenta cómo Carol Danvers se convierte en una de las heroínas más poderosas del universo cuando la Tierra se ve atrapada en medio de una guerra galáctica entre dos razas alienígenas. Ambientada en la década de 1990, Capitana Marvel es una aventura completamente nueva de un período nunca visto en la historia del Universo Cinematográfico Marvel.

De la anterior no he encontrado trailer, lo siento, pero sí que lo hay de una película cuyo estreno será posterior: el 29 de marzo. Otro peso pesado, la versión en acción real de Dumbo, que han dejado en manos de Tim Burton. De nuevo, no es un remake al uso. La historia está inspirada en el clásico (triste y precioso, un hermoso canto al valor del diferente y a creer en uno mismo).

De aquí puede salir cualquier cosa, desde una genialidad hasta algo a ratos infumable, a ratos genial.

La nueva aventura de acción real que desarrolla la historia clásica para dar cabida a las diferencias, donde se valora la familia y los sueños alzan el vuelo. El dueño del circo Max Medici (Danny DeVito) contrata a la antigua estrella Holt Farrier (Colin Farrell) y a sus hijos Milly (Nico Parker) y Joe (Finley Hobbins) para cuidar a un elefante recién nacido cuyas enormes orejas lo convierten en el hazmerreír de un circo que atraviesa dificultades. Pero cuando descubren que Dumbo puede volar, el circo vuelve a tener un enorme éxito y atrae al persuasivo emprendedor V.A. Vandevere (Michael Keaton), que contrata a este peculiar paquidermo para Dreamland, su nuevo y desmesurado parque de atracciones. Dumbo alcanza nuevas alturas junto a Colette Marchant (Eva Green), una encantadora y espectacular trapecista, hasta que Holt descubre que debajo de su deslumbrante fachada, Dreamland esconde oscuros secretos.

A ‘Los Increíbles 2’ solo se le puede echar en cara que nos haya hecho esperar catorce años

El pasado miércoles tuve la oportunidad de ver, rodeada de niños, la segunda parte de Los Increíbles. Una película que se estrena en España este primer fin de semana de agosto pero que ya viene precedida por un estreno en otros países arropado por estupendas críticas y números en taquilla.

Entré a la sala contando desde mis redes sociales que la primera parte puede que no fuera la obra maestra de Pixar, pero que tenía una calidad muy alta. En mi podio de cintas ideadas por John Lasseter, el primer puesto es para Wall-E (de cuyo estreno se cumplirán este agosto diez años), pero Los Increíbles es realmente más que notable, una película excelente de la que disfruté mucho en su día y con la que volví a pasármelo bien al revisitarla siendo madre.

A mi parecer, Los Increíbles 2 la supera. Efectivamente, es uno de esos raros casos en los que las segundas partes son incluso mejores que las primeras. Es inteligente, todos los personajes están bien dibujados y te dejan con ganas de pasar más tiempo a su lado, presenta conflictos creíbles, tiene un ritmo envidiable e introduce de maneras acertadas nuevos personajes, destacando el carismático villano, que tiene su fondo y forma.

La estética es sencillamente una maravilla, en ella se paladean los años cincuenta y sesenta, la series y películas de superhéroes clásicas, incluso me acordé viéndola de los supersónicos y de esa zona de los parques de Disney dedicados al futuro que Tomorrowland no supo hacer brillar. Artísticamente es impecable.

Nos gustó tanto a todos los que estábamos aquel día en la sala que hubo un aplauso generalizado al acabar, algo que sucede raras veces.

Solo hay algo que se le pueda echar en cara a esta cinta, y es que nos hayan hecho esperar tanto por la segunda parte. Los Increíbles se estrenó en 2004, los niños que la vieran con diez años ahora tienen 24. Yo era una veinteañera que fue al cine en pareja y ya tengo 42 y dos hijos.

Ojalá para la continuación de esa otra pequeña gran maravilla de Disney que es Big Hero 6 no haya que aguardar tanto.

Al menos tanta espera ha merecido la pena.

Hay películas de animación que en los avances te destripan prácticamente todo el argumento y las mejores bromas. No es el caso de Los Increíbles 2, algunas de las bromas más graciosas sí que están en los trailers, pero hay más. Y sobre todo hay mucho más allá de las risas.

Tiene un ritmo excelente, personajes bien dibujados, diálogos inteligentes, un villano complejo y memorable (se come la pantalla en todo momento) y también humor, que levanta el conjunto para todos, pero sobre todo para los más pequeños. Aunque tal vez a los muy, muy pequeños (de tres a cinco o seis años) les resulte algo árida. 

No quiero, por tanto, contar demasiado del argumento. Diré simplemente que la película retoma la historia exactamente en el punto en el que se quedó hace catorce años, por lo que puede ser recomendable tener fresca la primera parte antes de ir al cine.

También que tiene un par de mensajes de fondo de calado. El que primero encontramos es una lección sobre cómo vivir en pareja, en familia. La necesidad de hacer equipo, de ser flexible y asertivo, de saber adaptarse y apoyarse mutuamente. Es tal vez el que esté peor construido, porque se recrea en el arranque demasiado en la inutilidad del padre increíble para poner en valor a la madre, auténtica protagonista de la historia aunque toda la familia lo sea.

 

El segundo, secundario además y metafórico, es la necesidad de levantar la vista de las pantallas, de saber que son un elemento útil pero que entraña sus riesgos.

Atención además a dos de los nuevos personajes que aparecen, carismáticos y fantásticos para ejemplificar como un mismo suceso traumático se puede encarar de formas muy distintas, de cómo nos puede ayudar a crecer y ser mejores o llevarnos por un rumbo equivocado.

Igual que su predecesora, puede que no sea una obra maestra, pero se le acerca mucho.

Llorar con ‘Coco’ debería traducirse en llorar con la separación de las familias

No vi Coco en su momento. Creo que es la primera cinta de Pixar que no disfruto en pantalla grande. Y querría haberlo hecho, pero mi hija se negó y tampoco tuve la ocasión de verla a solas. Con nueve años ya empieza a decidir que hay determinadas películas que, por lo que sea que intuya o le inspire el tráiler, no le apetece ver. Y creo que hay que respetarlo, aunque se equivoque. A los adultos también nos pasa. Vemos avances que nos hacen negarnos a ir al cine. A veces descubrimos con el tiempo que habíamos metido la pata.

La vimos más tarde, ya en el sofá de casa y cuando habíamos perdido la cuenta de la gente que nos había confesado haber llorado a mares siguiendo las andanzas de Miguel, al que el amor por la música le lleva al inframundo el Día de los Muertos.

No querer ver Coco fue un error. Es una película maravillosa. No es la mejor de Pixar, es en cierto modo previsible, pero es efectivamente muy emotiva, hermosa en forma y fondo. Pero no voy a hacer una crítica de cine siete meses después de su estreno. No tendría sentido y, además, ya se encargó de ello mi compañero Daniel González tachándola de carta de amor a México y un dardo directo al corazón de los espectadores.

Recuerdo estos días Coco porque se está convirtiendo en un símbolo de la indignidad que supone separar a las familias, del absurdo de las fronteras y la burocracia que atentan contra los lazos de amor familiares.

Y la recuerdo a diario, porque no hay día que no sea noticia últimamente la brutalidad del Gobierno de Trump de mantener separados a niños incluso muy pequeños de sus padres, procedentes de varios países de América Latina. Apartados sin ninguna consideración de lo que representa para ellos amor y seguridad, unos 2.500 aún sin reunir con sus padres de nuevo pese al clamor en contra. Sin terminar de reunirlos pese a lo dictado por la justicia.

Niños y adultos cuyos derechos son vulnerados, que pueden arrastrar traumas de por vida.

Historias, cartas, imágenes… que deberían hacernos llorar aún más que Coco.