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La maternidad es tan cambiante que siempre eres una recién llegada a ella

Archivo de la categoría ‘Películas y series’

‘Mary y la flor de la bruja’, hay muchas cosas más importantes que la magia

Este viernes llega a los cines una película de animación notable, una historia que conjuga magia y aventuras apta para toda la familia con una estética bellísima de principio a fin.

Mary y la flor de la bruja es lo que pasaría si una niña muggle, por seguir a un gato de color cambiante igual que Alicia al conejo, acabara en el Hogwarts que habría soñado Ghibli. Una escuela de magia deslumbrante, colorida, extraña y muy inquietante llamada Endor, poblada por seres que parecen nacidos del universo de El viaje de Chihiro.

Resulta lógico, si pensamos que su director, Hiromasa Yonebayashi, comenzó trabajando de animador para Hayao Miyazaki precisamente en títulos como La princesa Mononoke, El viaje de Chihiro y Mi Vecino Totoro. Hace ocho años dirigió una de nuestras cintas de Ghibli favoritas, perfecta para ver con niños, la deliciosa Arrietty y el mundo de los diminutos. En 2015 abandonó Ghibli para crear su propio estudio de animación, Ponoc, al que no conviene perder la pista.

Mary será bruja tras impregnarse temporalmente de la magia emanada por una misteriosa flor. Una bruja cuyo único hechizo será precisamente deshacer los conjuros para que todo vuelva a ser como siempre tendría que haber sido.

Mary y la flor de la bruja es una narración amena, solo aparentemente sencilla, en la que la protagonista absoluta es esa niña a la que no le gusta su pelo pelirrojo, pero que acabará aprendiendo a apreciarlo. Una niña que vencerá su torpeza al comprender que uno no puede titubear y rendirse si lo que está en juego es importante y que las lisonjas de los desconocidos pueden caldearte los oídos, pero no el corazón.

Llega un momento en que es inevitable darse cuenta de que la maravilla verdadera no son esas criaturas poseídas por la imaginación más desbocada, es la naturaleza, son los animales de sobra conocidos. Los jabalíes, ciervos, monos y águilas que tanto recuerdan a los pobladores del bosque de La princesa Mononoke. De hecho, me atrevería a decir que Yakul hace un cameo.

Al final resulta que no necesitamos de la magia, de lo extravagante, por divertido que pueda ser surcar el cielo en escoba. Lo que necesitamos, lo que nos hace felices y nos da paz, es una familia que nos apoye, hacer buenos amigos, apreciar el hecho de caminar libre bajo el cielo azul y sobre la radiante hierba verde, perder el dominio de la bicicleta al soltar una mano pero regresando de nuevo al camino que conduce al colegio, a la seguridad de lo cotidiano, que deslumbra aún más.

‘Ponysitters Club’, la apuesta de Netflix para los niños pequeños amantes de los animales

Este agosto Netflix ha estrenado una serie infantil de producción propia a la que le tenía echado el ojo hace tiempo. Me daba la impresión de que podría ser del gusto de mi hija y, tras verla juntas, os puedo asegurar que no me equivocaba.

Julia adora a los caballos. Es una fascinación que, por el motivo que sea, aparece sobre todo en las niñas, da igual el país. Lo tengo comprobado (en cierto sentido porque yo también fui una niña fascinada por los Caballos y lo mío no fue heredado). A muchas les gustaría montar a caballo y las que lo logran son mayoría en los clubs hípicos. Por eso hay tantos ponis y caballos en series pensadas para niñas, por eso Barbie y muñecas semejantes tienen caballo.

Pero volvamos a Netflix. Esa plataforma ya disponía de una serie ubicada en un club hípico que ya habíamos visto. Se titula A rienda suelta, este verano han estrenado la segunda temporada, y en casa también gustó mucho. Es una serie protagonizada por adolescentes, pero muy blanca, sin entrar casi apenas en amoríos y en la que no se cae en la superficialidad de otras series semejantes. La cosa va de montar a caballo, hacer amigos y desentrañar algunos misterios.

Ponysitters Club es más blanca aún. Rosa incluso diría yo. En este caso los niños protagonistas son aún más pequeños y también lo es su público objetivo. A partir de cinco o seis años la pueden ver sin problemas. En cambio, al adulto que pudo ver en familia A rienda suelta, es probable que esta serie le resulte demasiado infantil, demasiado plana.

La niña protagonista, Skye, tiene que luchar contra una dislexia que hace que le cueste mucho leer y escribir. Vive con su madre y su abuelo, veterinario retirado, en un rancho que rescata animales necesitados y les busca nuevos hogares. De hecho se llama Rancho Rescate.

El club que da nombre a la serie es una iniciativa de esta niña y tres amigos para recaudar fondos y hacer buenas obras. Uno de esos amigos es Ethan, un chico tímido y que dibuja muy bien; otra es una Trish, con visos de artista; y la tercera es Olivia, una estupenda estudiante que ayuda a Skye. A ellos se sumarán más niños, empezando por una vecinita brasileña Isabella, Shelby, que tiene un caballo en propiedad, o Kyle, un primo de Olivia en silla de ruedas.

Los niños de Ponysitters Club montan muy poco a caballo, pero los cuidan mucho. A los caballos y a todo tipo de animales que habitan ese rancho. Veremos pasearse conejos, cabras, burros… todos adorables en extremo.

Una serie amable y breve que seguro gustará a los niños pequeños que se declaren amantes de los animales, que son la mayoría.

‘Ralph rompe Internet’, ‘El regreso de Mary Poppins’, ‘Dumbo’… ¿Cuáles son los próximos estrenos de Disney y cuándo los veremos en España?

Aún tenemos Los increíbles 2 en cartelera, triunfando porque lo merece, pero eso no quita que no haya un buen desembarco de películas de Disney, a priori interesantes, por delante.

No sé si las tenéis todas presentes, pero por si acaso me he decidido a traer un resumen de lo que nos viene. Dudo que no haya algún título que os resulte atractivo entre los ocho que traerá próximamente la compañía de Micky Mouse.

El primer estreno tendrá lugar el 28 de septiembre y es de las que ir a ver para ver cómo hacen evolucionar a la clásica franquicia de Winnie the Pooh, que me da la impresión de que anda necesitada de que la revitalicen.

Se titula Christopher Robin, el nombre del niño que acompaña a los animalitos y el del hijo del autor de la saga de cuentos, y es una aventura de acción real:

El niño que se embarcó en innumerables aventuras en el bosque de los Cien Acres con su banda de animales de peluche, ha crecido y ha perdido el rumbo. Ahora les toca a sus amigos de la infancia aventurarse en nuestro mundo y ayudar a Christopher Robin a recordar al niño cariñoso que aún tiene dentro.

Un mes más tarde, el 31 de octubre, se estrenará El cascanueces y los cuatro reinos, inspirada en el clásico cuento y ballet navideño El Cascanueces, al que yo tengo especial cariño, y con dos pesos pesados: Helen Mirren y Morgan Freeman.

Todo lo que quiere Clara (Mackenzie Foy) es una llave única que abre una caja que contiene un regalo de valor incalculable que perteneció a su difunta madre. Un hilo dorado, que le ofrecen en la fiesta anual del padrino Drosselmeyer (Freeman), le conduce a la codiciada llave y no tarda en desaparecer en un extraño y misterioso mundo paralelo. Allí es donde Clara encuentra a un soldado llamado Phillip (Jayden Fowora-Knight), a una pandilla de ratones y a los regentes que presiden tres de los cuatro Reinos: la Tierra de los Copos de Nieve, la Tierra de las Flores y la Tierra de los Dulces. Clara y Phillip deben desafiar al terrible Cuarto Reino donde vive la tirana Madre Ginger (Mirren), para recuperar la llave y, con suerte, reinstaurar la armonía en un mundo inestable.

De mes en mes. Ahora nos vamos a finales de noviembre con un título muuuy español por mucho que venga bajo el paraguas de Disney. El día 23 se estrena Superlópez. Yo adoraba esos cómics de niña y les sigo teniendo un cariño enorme, así que pasaré con ganas y miedo por el cine a ver la versión de Dani Rovira. Os confieso que siempre creí preferible una adaptación animada. Ya veremos qué encontramos.

Cuando Skorba y su ejército de robots invaden su planeta, el científico más importante de Chitón envía a su hijo recién nacido a la Tierra para protegerle y salvaguardar un vital secreto. Treinta años después, el bebé se ha convertido en Juan López, un gris oficinista que nunca ha usado sus superpoderes, para no ser descubierto y… ¡porque en este país la envidia es muy mala! Pero la llegada de Luisa a la oficina hará que se plantee eso de no destacar y, para impresionarla (¡por supuesto!), decide convertirse en Superlópez.

Se acerca la Navidad y se acelera la llegada de estrenos. El 5 de diciembre llega uno muy esperado: Ralph rompe Internet.

La primera entrega de las aventuras de Ralph en los recreativos, plagada de referencia y de morriña para los jugadores de cierta edad, traslada la accion a Internet y las redes sociales. Esperemos que Ralph y Vanellope conserven el ingenio de la primera parte.

Ralph (John C. Reilly), el malo de los videojuegos y su compañera Vanellope von Schweetz (Sarah Silverman) tendrán que jugárselo todo viajando por las redes en busca de una pieza de repuesto que salve Sugar Rush, el videojuego de Vanellope. Para complicar más las cosas, Ralph y Vanellope dependen de los ciudadanos de Internet, los llamados ‘ciudanets’ para que les ayuden a desenvolverse en ese peligroso mundo. Entre ellos está un empresario de Internet llamado Yesss (voz de Taraji P. Henson), que es el algoritmo estrella y el alma de BuzzTube, la página web más de moda del momento.

Otro plato fuerte justo para Navidad. El 21 de diciembre tendremos en los cines El regreso de Mary Poppins. Una película con la que Disney ha puesto toda la carne en el asador pero ante la que también tengo a la vez miedo y ganas. Emily Blunt me gusta mucho, pero la sombra de Julie Andrews es muy alargada. Pero bueno, es una historia diferente, no un remake al uso que hubiera sido un fiasco seguro. Aquí Mary Poppins se encarga de los hijos de sus viejos pupilos.

Esta nueva secuela tiene una mirada moderna sin dejar de rendir homenaje al espíritu de la primera película. Mary Poppins vuelve para ayudar a la siguiente generación de la familia Banks a encontrar la alegría y la magia que faltan en sus vidas después de una trágica pérdida personal. La niñera viene acompañada de su amigo Jack, interpretado por Lin-Manuel Miranda (Hamilton, Vaiana), un optimista farolero que ayuda a llevar La Luz -y la vida- a las calles de Londres.

El 18 de enero tendremos una secuela con la que yo al menos no contaba. ¿Recordáis El Protegido? Esa de M. Night Shyamalan, el director de El sexto sentido que por aquel entonces aún estaba surfeando la cresta de ola, en la que Bruce Willis resultaba ser un superhéroe muy de andar por casa. A muchos no les gustó o les resultó indiferente, yo la disfruté bastante.

Su secuela, nada menos que 18 años después, es Glass. Repiten tanto Willis como Samuel L. Jackson encarnando a a Mr. Glass. Y añaden a la ecuación a un James McAvoy con múltiples identidades. Múltiple sí gustó y a ese éxito debamos probablemente esta película que une a los tres héroes en un psiquiátrico. Lo del publico familiar en este caso no lo tengo nada claro.

El 8 de marzo, más superhéroes con Capitana Marvel. ¿Alguien lleva la cuenta de cuantos héroes de Marvel ha puesto ya Disney en mallas? A este paso todo actor que no haya interpretado a un superhéroe va a ser un paria en Los Angeles.

La historia cuenta cómo Carol Danvers se convierte en una de las heroínas más poderosas del universo cuando la Tierra se ve atrapada en medio de una guerra galáctica entre dos razas alienígenas. Ambientada en la década de 1990, Capitana Marvel es una aventura completamente nueva de un período nunca visto en la historia del Universo Cinematográfico Marvel.

De la anterior no he encontrado trailer, lo siento, pero sí que lo hay de una película cuyo estreno será posterior: el 29 de marzo. Otro peso pesado, la versión en acción real de Dumbo, que han dejado en manos de Tim Burton. De nuevo, no es un remake al uso. La historia está inspirada en el clásico (triste y precioso, un hermoso canto al valor del diferente y a creer en uno mismo).

De aquí puede salir cualquier cosa, desde una genialidad hasta algo a ratos infumable, a ratos genial.

La nueva aventura de acción real que desarrolla la historia clásica para dar cabida a las diferencias, donde se valora la familia y los sueños alzan el vuelo. El dueño del circo Max Medici (Danny DeVito) contrata a la antigua estrella Holt Farrier (Colin Farrell) y a sus hijos Milly (Nico Parker) y Joe (Finley Hobbins) para cuidar a un elefante recién nacido cuyas enormes orejas lo convierten en el hazmerreír de un circo que atraviesa dificultades. Pero cuando descubren que Dumbo puede volar, el circo vuelve a tener un enorme éxito y atrae al persuasivo emprendedor V.A. Vandevere (Michael Keaton), que contrata a este peculiar paquidermo para Dreamland, su nuevo y desmesurado parque de atracciones. Dumbo alcanza nuevas alturas junto a Colette Marchant (Eva Green), una encantadora y espectacular trapecista, hasta que Holt descubre que debajo de su deslumbrante fachada, Dreamland esconde oscuros secretos.

A ‘Los Increíbles 2’ solo se le puede echar en cara que nos haya hecho esperar catorce años

El pasado miércoles tuve la oportunidad de ver, rodeada de niños, la segunda parte de Los Increíbles. Una película que se estrena en España este primer fin de semana de agosto pero que ya viene precedida por un estreno en otros países arropado por estupendas críticas y números en taquilla.

Entré a la sala contando desde mis redes sociales que la primera parte puede que no fuera la obra maestra de Pixar, pero que tenía una calidad muy alta. En mi podio de cintas ideadas por John Lasseter, el primer puesto es para Wall-E (de cuyo estreno se cumplirán este agosto diez años), pero Los Increíbles es realmente más que notable, una película excelente de la que disfruté mucho en su día y con la que volví a pasármelo bien al revisitarla siendo madre.

A mi parecer, Los Increíbles 2 la supera. Efectivamente, es uno de esos raros casos en los que las segundas partes son incluso mejores que las primeras. Es inteligente, todos los personajes están bien dibujados y te dejan con ganas de pasar más tiempo a su lado, presenta conflictos creíbles, tiene un ritmo envidiable e introduce de maneras acertadas nuevos personajes, destacando el carismático villano, que tiene su fondo y forma.

La estética es sencillamente una maravilla, en ella se paladean los años cincuenta y sesenta, la series y películas de superhéroes clásicas, incluso me acordé viéndola de los supersónicos y de esa zona de los parques de Disney dedicados al futuro que Tomorrowland no supo hacer brillar. Artísticamente es impecable.

Nos gustó tanto a todos los que estábamos aquel día en la sala que hubo un aplauso generalizado al acabar, algo que sucede raras veces.

Solo hay algo que se le pueda echar en cara a esta cinta, y es que nos hayan hecho esperar tanto por la segunda parte. Los Increíbles se estrenó en 2004, los niños que la vieran con diez años ahora tienen 24. Yo era una veinteañera que fue al cine en pareja y ya tengo 42 y dos hijos.

Ojalá para la continuación de esa otra pequeña gran maravilla de Disney que es Big Hero 6 no haya que aguardar tanto.

Al menos tanta espera ha merecido la pena.

Hay películas de animación que en los avances te destripan prácticamente todo el argumento y las mejores bromas. No es el caso de Los Increíbles 2, algunas de las bromas más graciosas sí que están en los trailers, pero hay más. Y sobre todo hay mucho más allá de las risas.

Tiene un ritmo excelente, personajes bien dibujados, diálogos inteligentes, un villano complejo y memorable (se come la pantalla en todo momento) y también humor, que levanta el conjunto para todos, pero sobre todo para los más pequeños. Aunque tal vez a los muy, muy pequeños (de tres a cinco o seis años) les resulte algo árida. 

No quiero, por tanto, contar demasiado del argumento. Diré simplemente que la película retoma la historia exactamente en el punto en el que se quedó hace catorce años, por lo que puede ser recomendable tener fresca la primera parte antes de ir al cine.

También que tiene un par de mensajes de fondo de calado. El que primero encontramos es una lección sobre cómo vivir en pareja, en familia. La necesidad de hacer equipo, de ser flexible y asertivo, de saber adaptarse y apoyarse mutuamente. Es tal vez el que esté peor construido, porque se recrea en el arranque demasiado en la inutilidad del padre increíble para poner en valor a la madre, auténtica protagonista de la historia aunque toda la familia lo sea.

 

El segundo, secundario además y metafórico, es la necesidad de levantar la vista de las pantallas, de saber que son un elemento útil pero que entraña sus riesgos.

Atención además a dos de los nuevos personajes que aparecen, carismáticos y fantásticos para ejemplificar como un mismo suceso traumático se puede encarar de formas muy distintas, de cómo nos puede ayudar a crecer y ser mejores o llevarnos por un rumbo equivocado.

Igual que su predecesora, puede que no sea una obra maestra, pero se le acerca mucho.

Llorar con ‘Coco’ debería traducirse en llorar con la separación de las familias

No vi Coco en su momento. Creo que es la primera cinta de Pixar que no disfruto en pantalla grande. Y querría haberlo hecho, pero mi hija se negó y tampoco tuve la ocasión de verla a solas. Con nueve años ya empieza a decidir que hay determinadas películas que, por lo que sea que intuya o le inspire el tráiler, no le apetece ver. Y creo que hay que respetarlo, aunque se equivoque. A los adultos también nos pasa. Vemos avances que nos hacen negarnos a ir al cine. A veces descubrimos con el tiempo que habíamos metido la pata.

La vimos más tarde, ya en el sofá de casa y cuando habíamos perdido la cuenta de la gente que nos había confesado haber llorado a mares siguiendo las andanzas de Miguel, al que el amor por la música le lleva al inframundo el Día de los Muertos.

No querer ver Coco fue un error. Es una película maravillosa. No es la mejor de Pixar, es en cierto modo previsible, pero es efectivamente muy emotiva, hermosa en forma y fondo. Pero no voy a hacer una crítica de cine siete meses después de su estreno. No tendría sentido y, además, ya se encargó de ello mi compañero Daniel González tachándola de carta de amor a México y un dardo directo al corazón de los espectadores.

Recuerdo estos días Coco porque se está convirtiendo en un símbolo de la indignidad que supone separar a las familias, del absurdo de las fronteras y la burocracia que atentan contra los lazos de amor familiares.

Y la recuerdo a diario, porque no hay día que no sea noticia últimamente la brutalidad del Gobierno de Trump de mantener separados a niños incluso muy pequeños de sus padres, procedentes de varios países de América Latina. Apartados sin ninguna consideración de lo que representa para ellos amor y seguridad, unos 2.500 aún sin reunir con sus padres de nuevo pese al clamor en contra. Sin terminar de reunirlos pese a lo dictado por la justicia.

Niños y adultos cuyos derechos son vulnerados, que pueden arrastrar traumas de por vida.

Historias, cartas, imágenes… que deberían hacernos llorar aún más que Coco.

Llega a los cines una nueva versión animada de ‘Colmillo blanco’ para toda la familia

Este viernes llega a los cines una nueva película de animación apta para ver en familia. Se trata de una nueva adaptación de Colmillo blanco, la historia del perro-lobo que ideó Jack London y que es una lectura maravillosa, una demostración de amor a la naturaleza, la plasmación de que las segundas oportunidades existen, de que en el mundo hay maldad pero también hombres buenos y mucha belleza.

Coproducción entre Francia y Luxemburgo, premiada en Annecy, el primer largometraje de animación dirigido por Alexandre Espigares, que ganó un Oscar por su corto Mr. Hublot en 2013, destaca por la originalidad de su apuesta estética. El dibujo parece en cierto modo extraído de un lienzo y representa de forma fidedigna la belleza salvaje del norte de Canadá que London reflejaba en sus escritos.

De hecho, probablemente se trate de la versión cinematográfica más ajustada a la historia escrita. Desde luego, lo es mucho más que la anterior película de animación existente, de principios de los años 90.

En esta ocasión, aunque el protagonista e hilo conductor sea un animal, los perros y los lobos no hablan, se comportan como corresponde a su especie. Tampoco veremos el humor fácil y los recursos habituales de las cintas infantiles, ni falta que hace en una apuesta así.

La historia arranca con Colmillo blanco convertido en un perro de pelea ya hastiado, que se niega a enfrentarse a dos perros a la vez y cae vencido para ser rescatado por un agente de la ley procedente de California. Tras esa breve escena, recupera en forma de largo flashback al cachorro que empieza a explorar el mundo, a aprender a sobrevivir, protegido por su madre.

Su madre, Kiche, perra de trineo de los indios, retorna con ellos y lleva consigo a su hijo, que acabará convertido en el líder del trineo del jefe, Castor Gris.


Junto al perro-lobo veremos la dignidad del pueblo indio y de ese anciano, sabio en un sentido ancestral, que contrasta con la codicia y la maldad de muchos de los hombres blancos que llegan al norte en busca de fortuna. Esa maldad y codicia son las que harán que Colmillo Blanco acabe en manos de un bandido, Beauty Smith, que lo maltrata y emplea en peleas. Hasta que llegan sus salvadores, Weedon y Maggie Scott, que le devolverán la confianza en el ser humano y la libertad.

Os he resumido una historia que es sobradamente conocida. Probablemente ese sea el mayor problema que tiene, que a todos nos suena ya a algo tantas veces masticando y digerido que no sorprende. Y es difícil que uno se anime a ir al cine para ver algo que ya le suena a visto, a menos que sea una historia que guste especialmente por el motivo que sea o que le llame mucho la atención la animación.

La excepción son los niños. Ir con niños sí tiene sentido, porque para ellos la aventura ideada por London sí sonará a nueva.

Sus creadores lo saben y por eso le han dado forma de una película familiar de apenas 85 minutos. No hay ni una sola gota de sangre, no se recrea en los momentos más duros y tristes y sí en aquellos más tiernos y positivos. Suaviza y embellece. Por eso también le falta la fuerza que tiene la narración de Jack London. Ojalá su visionado incite a encarar, por parte de niños y adultos, la lectura de las obras de este escritor pionero.

Por cierto, que Netflix adquirió esta cinta, que debutó en el Festival de Sundance, por lo que antes o después estará disponible para disfrutar en casa desde esta plataforma.

La serie de ‘Cómo entrenar a tu dragón’, con uno de los mejores héroes infantiles modernos, está en Netflix para disfrutarla en familia

Hipo es un flacucho y al mismo tiempo es un valiente; el tipo de valiente de verdad, que se sobrepone al miedo. Va a contracorriente si la corriente choca con lo que siente, pero siempre desde la bondad. Y le falta una pierna, porque proteger a los tuyos entraña riesgos y sacrificios, pero eso no le impide hacer cualquier cosa.

Hipo tiene una novia, Astrid, que es fuerte e independiente y con la que tiene una relación bastante sana y normal, la que cualquiera querría para sus hijos adolescentes. Tienen sus peleíllas superables, se respira cotidianidad viéndoles y se respetan además de quererse.

Tiene una pandilla de amigos muy peculiares, un padre que tiene que aprender a gestionar sus expectativas respecto a su hijo (algo que deberíamos hacer todos los padres, la asignatura pendiente de muchos) y vive en una imaginaria aldea vikinga insular que cualquier niño querría visitar. ¡Qué importante es construir un mundo de fondo con personalidad en este tipo de historias!

Tal vez lo más importante. El mejor amigo de Hipo es un dragón, un furia nocturna que igual puede ser achuchable que terrible. Su novia y sus amigos también tienen dragones variopintos. Cabalgan sobre ellos riendo contra el viento y comparten con ellos vida y aventuras.

Probablemente los conocéis por las dos películas que ya hay sobre ellos, Cómo entrenar a tu dragón se llaman ambas. Antes ya había un buen puñado de libros de Cressida Cowell, una serie de once entregas que están editados en España por SM y cuyo primer volumen procuraré poner pronto al alcance de mi hija, que a sus nueve años le encantan las aventuras de Hipo y sus amigos.

Las películas las ha visto varias veces. Desde hace no mucho también hemos disfrutado de la serie de televisión, que descubrimos hace más de un año en un viaje al extranjero en el Netflix de ese país,  y que desde hace poco ya está disponible en esta plataforma en España.

La producción propia de esta empresa es impresionante y abundan los títulos de calidad, pero también trae mucho ajeno que merece la pena. De corazón os digo que es la plataforma de televisión bajo demanda que más y mejor oferta tiene para niños. 

También la que dispone del mejor control parental. Solo faltaría un temporizador que bloquease la aplicación pasado el tiempo de visionario que los padres hayamos establecido, ahí lo dejo como sugerencia.  Tal vez incluso viniera bien para muchos adultos.

Hay dos temporadas, ubicadas temporalmente entre la primera y la segunda películas, de 20 episodios cada una. Producidas por Dreamworks, se llaman precisamente Dreamworks Dragons y cuentan cómo deben defender su isla con ayuda de los dragones.

Lo que tenemos disponible son otras dos temporadas posteriores, ya coproducidas por Netflix, con el nombre en España Dragones: Hacia nuevos confines (Dragons, Race to the edge). En ellas los jóvenes jinetes de dragón exploran las pequeñas islas que rodean la suya, isla Mema, alejándose cada vez más y estableciendo una base desde la que llegar a confines más lejanos, para descubrir nuevos dragones. Pero no son episodios independientes, hay una historia que se desarrolla con nuevos villanos y nuevos héroes.

La calidad es semejante a la de las películas. Si las visteis y os parecieron entretenidas, probablemente la serie también os guste para compartir un ratito de televisión al día en compañía de vuestros hijos


En Netflix también tienen para los fans de los Desdentao y compañía la primera película y Leyendas, apenas tres episodios independientes y con mucho humor y Amanecer de los corredores de dragón, un único episodio de menos de media hora en el que compiten buscando ovejas perdidas e inventando de paso un nuevo deporte.

‘Sherlock Gnomes’, o cómo aprender a distinguir qué es lo más importante con gnomos a la carrera

Gnomeo y Julieta nos gustó, la vimos bastantes veces en casa hace ya algunos años, con los niños más pequeños. Esa revisión del clásico de Shakespeare con gnomos de jardín y la música de Elton John, es una película infantil que no es ninguna obra maestra pero sí más que correcta, que siempre nos entretuvo. En todos los hogares con niños hay películas así, que por el motivo que sea calan y que ponemos con frecuencia.

Era obligado por tanto acudir en familia a ver Sherlock Gnomes, la segunda parte de aquella aventura que se estrena este viernes. En esta ocasión mostrando en versión adorno de jardín al investigador ideado por Sir Arthur Conan Doyle, su ayudante el doctor Watson y al archienemigo de ambos, Moriarty.

Con la hermosa Londres presente como un personaje más, nos muestra a Gnomeo y Julieta iniciando una vida en común en un nuevo jardín, asumiendo responsabilidades como nuevos líderes de las dos familias de gnomos, ahora bien avenidas y viendo como su relación se resiente en el proceso.

No veréis a Julieta de esta guisa en la película, al menos por fuera.

El personaje de Julieta se torna el más interesante en este sentido. Es una chica dura, independiente, que huye de ñoñerías, que se sabe capaz y posa firme y que se vuelca en su labor adecentando el jardín y liderando a los gnomos, relegando su relación de pareja porque cree que eso puede esperar, que el otro siempre estará ahí, que su obligación es lo primero.

La moraleja de la película dirigida por John Stevenson radica ahí, en descubrir que todo eso es importante pero que no podemos arrinconar en un segundo plano a aquellos que amamos, que lo primero son los nuestros, que no debemos confundir nuestras prioridades. Un aprendizaje que se hará extensible a Sherlock Gnomes.

Sherlock y Watson aparecen cuando los gnomos del jardín de Gnomeo y Julieta son secuestrados (por cierto, ¿qué pasó con el flamenco?), igual que los de varios jardines colindantes. La película es un correr frenético de gnomos de un lado a otro, saltando por encima de las leyes de la física y la probabilidad, para intentar salvar a sus amigos.

El ritmo es bueno, te lleva de la mano entre bromas, carreras, pequeñas reflexiones y los psicodélicos procesos mentales del detective. Todo sazonado con las canciones de Elton John de nuevo.

Al igual que la película previa, es una cinta de animación infantil más que correcta. No la veremos en la carrera de los Oscars ni acaparando alabanzas de la crítica, ni mucho menos, pero supone un buen entretenimiento en familia.

En la versión original tenemos las voces de Johnny Depp como Sherlock Gnomes, Emily Blunt como Julieta y James McAvoy como Gnomeo, además de otros nombres ilustres como Maggie Smith o Michael Caine.