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La maternidad es tan cambiante,
que siempre eres una recién llegada a ella

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Soy madre y me parece estupendo que mis niños vean una carroza con tres reinas magas

En Vallecas habrá una carroza con reinas magas. dos mujeres y una ‘drag queen’ que van a lucir así de guapas si hacemos caso al cartel promocional.

No mata la magia, que nadie se llame a engaño.Los niños pueden creer, no creer o dudar sobre la existencia de los reyes magos, pero salvo los más pequeñitos, los que eran bebés antes de ayer, todos tienen clarísimo que esos que les visitan en los colegios, se encuentran en los centros comerciales o se encaraman en las carrozas de su pueblo no son los de verdad.

Los de verdad son magos y no tienen esas pintas ni se prestan a esos paripés, son cómo su imaginación infantil dicta.

Esos que saben que no son de verdad y aparecen en carrozas, en los centros comerciales y en los colegios les gustan porque son parte de la fiesta que rodea a la magia. Y la fiesta es diversión, caramelos, brillos y expectación.

Nada de ello choca con que haya una carroza como la de la asociación Orgullo Vallecano. De hecho, una carroza así, alegra y adorna la fiesta. Parecen tan reinas magas como hadas. Podrían perfectamente asomar en un episodio de Los Descendientes, esa serie de Disney que tanto gusta a mi sobrina y tantos otros niños.

 

¿Esta carroza es algo necesario? Pues hombre, no. Pero mientras no haya performances sexualizadas, a mí como madre me parece estupendo tener unas reinas magas glamurosas entre toda la comitiva real del cinco de enero.

Si convertimos en virales vídeos en los que padres comprensivos defienden que sus hijos varones vistan de princesas. ¿por qué no aplaudir también que haya una carroza como esta?. ¿Qué problema hay en que cualquier mujer, si le apetece, se vista de reina maga el cinco de enero dónde y cuándo le plazca?

Lo demás son polémicas fáciles que demuestran el largo camino que queda hasta la normalización.

TEAyudamos, un proyecto pionero de sanidad inclusiva del Hospital Universitario de Fuenlabrada

Siempre hay que agradecer las iniciativas que nacen para facilitar la vida de las personas con discapacidad para las que comprender nuestro mundo supone una dificultad adicional.

Un entorno que entraña un reto especial para personas como mi hijo, con autismo, es el hospitalario. Da igual si se acude al hospital por algo ajeno a su condición o no. Largas esperas, situaciones muy alejadas de lo cotidiano y difícilmente entendibles, situaciones molestas cuyo fin no se comprende…

Resulta llamativo que todos los hospitales y centros de salud pongan un especial cuidado (aunque no siempre se logre de la manera ideal) en ser accesibles para personas con discapacidad motora. Y está genial y así debe ser, las rampas y los ascensores son necesarios. Pero cuando hay una discapacidad que requiere de aumentadores de la comunicación como pictogramas, signados, textos adaptados a lectura fácil o reducción de tiempos de espera, las facilidades suelen brillar por su ausencia.

Igual que muchos profesionales de la salud carecen de formación para entender y tratar mejor a las personas con discapacidad. Aunque según mi experiencia suelen ser empáticos y facilitadores. Los mayores problemas los he tenido en trámites administrativos, largas esperas para pedir cita en entorno ruidosos, pérdidas de expedientes, retrasos difíciles de gestionar…

Mi experiencia, igual que la de Vanesa, bloguera en Y de verdad tienes 3, acompaña a la entrevista de la enfermera María Eugenia Galera, que explica cómo el Hospital Universitario de Fuenlabrada está embarcado en una iniciativa pionera para resultar más accesible e integrador. Un esfuerzo que ojalá es extendiera en centros de toda España.

Podéis escuchar en qué consiste TEAyudamos aquí:

Y si preferís leer, Diana Oliver explica estupendamente este proyecto en este tema de SaludEsfera: TEAyudamos, un proyecto pionero para una mejor atención sanitaria inclusiva. Os dejo su arranque.

cinco años de edad, se esforzaban a diario por adaptarse el uno al otro para compartir sus vivencias. Quién iba a pensar que aquella amistad especial, cultivada al calor de un patio de colegio, serviría de inspiración para un proyecto que revolucionaría el enfoque en la atención sanitaria para niños con alteraciones socio-comunicativas. Difícil imaginar, en aquel momento, la cantidad de niños que se iban a beneficiar de una atención sanitaria libre de barreras, más respetuosa y humana, adaptada a sus necesidades.

Y es que, fue precisamente esa amistad de su hija con Pablo la que llevó a Belén Toribio, enfermera del Área del Niño del Hospital Universitario de Fuenlabrada, a proponerle a Mamen Gómez, Supervisora del Área del Niño, algunos cambios en la urgencia pediátrica para niños con dificultades socio-comunicativas. Fue así como llegó hasta María Eugenia Galera, enfermera de la Urgencia Pediátrica con muchas ganas de asumir retos, con Nuria Trápaga, y Mª Ángeles Antúnez, también enfermeras del hospital y madres ambas de niños con autismo. Además contaron con el apoyo del dibujante Víctor Manuel Rodríguez Vidal que diseñó el logotipo e imágenes del proyecto. Juntos se pusieron manos a la obra para dar forma a un proyecto mucho más amplio, destinado a una mejora de la atención sanitaria de la población infantil con TEA y otras alteraciones de la comunicación social a través de la adaptación visual y funcional del entorno, pero también de la adaptación de los profesionales sanitarios. Todo ello con el objetivo de hacer de la inclusión una realidad y no un simple conglomerado de buenas intenciones.

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Si hay niños y un techo no se debe fumar, aunque la ley no llegue a prohibirlo

La Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS) ha pedido que se modifique la actual ley que restringe el consumo de tabaco en lugares públicos para que incluya la prohibición de fumar dentro de los automóviles en los que viajen niños y en recintos con presencia de menores.

Lo leo y me alegro, ojalá fuese pronto una realidad. Aunque no puedo evitar pensar que no debería ser preciso legislar algo así. El sentido común dicta que, si hay niños y estamos bajo techo, ya sea el techo del coche familiar o de nuestro hogar, no se debería fumar delante de ellos.

Lo dicta el sentido común y el instinto más básico de protección de la infancia. El tabaco, entre otras cosas, favorece que aparezca el temido fantasma de la muerte súbita, compromete el desarrollo pulmonar de los niños, empeora asmas y alergias, propicia la aparición de diversos tipos de cánceres y enfermedades y da un ejemplo de mierda a nuestros menores.

Aunque no fumemos bajo techo junto a los niños, si nos ven fumar desde que van sentados en el carrito cuando estamos al aire libre, estamos abriendo la puerta a que ellos acaben también aspirando humo. ¿Con qué autoridad les vamos a exigir que no fumen en un futuro?

Es una adicción que empeora nuestra calidad de vida, que la acorta, que sale cara, que solo entiendo que se mantenga por la imposibilidad de dejarlo.

Pero se puede dejar. Hay muchos ejemplos. Todos conocemos a alguna que otra persona que lo intento repetidas veces sin éxito hasta que le vio las orejas al lobo y entonces lo dejo de la noche a la mañana.

Tener hijos puede ser un excelente elemento motivador, no hay que esperar a encontrarse de frente con un problema grave de salud. El deseo de tener hijos, antes de tenerlos en brazos o en nuestro vientre, también debería ser un detonante para al menos intentar parar de fumar.

Es importante que evitar el tabaco en presencia de los niños parta de nosotros, que nos ‘autoregulemos’, porque no sé cómo se iba a poder aplicar en la realidad la prohibición fumar en el interior de nuestros coches y hogares. Aún hoy es frecuente ver a niños sin cinturón de seguridad pese a su obligatoriedad. En este país somos especialistas en aprobar leyes cuyo cumplimiento luego no se persigue.

* Fotos: (GTRES)

Nunca celebres alejarte de lo diferente (#estamosconvosotros, con los alumnos con autismo)

Estos días ha sido noticia la alegría y el alborozo, comprobadas mediante capturas filtradas de un grupo de Whatsapp, de varios padres que presionaron para lograr la expulsión de un chico con Asperger de un colegio argentino.

Lo contó este martes mi compañera Claudia Morán en el blog Goldman Sach is not an aftershave.

Que haya padres que hayan presionado para que se vaya un niño con autismo o con cualquier otro tipo afectación cuya conducta era disruptiva en clase no es ninguna novedad, sucede también en España y en algún caso incluso acaba llegando a los medios.

Tampoco lo es que esos padres se hayan alegrado cuando ese compañero de sus hijos que era diferente se haya marchado. Lo más novedoso del caso argentino y lo que ha propiciado que haya trascendido tanto son esos pantallazos de regocijo.

Siempre se trata de casos complejos que hay que tratar con prudencia porque no conocemos muchos detalles, pero alegrarse del fracaso de un niño es de miserables.

Bien es cierto que lo que mas nos encontramos los niños y las familias que intentamos la vía de la inclusión por parte de otras familias es la indiferencia, que estemos sin estar.

Jaime estuvo casi tres años en un aula TGD de un centro público, estuvo en la vía inclusiva casi tres años. Tres años en los que no hubo ningún problema de comportamiento, ninguna agresión, porque tiene un carácter muy dulce. Tres años en los que participé activamente en las actividades del colegio, me disfracé en Carnaval con los niños para que Jaime participara de mi mano, me ofrecí para llevar las cuentas de la cooperativa escolar un año, no me salté una reunión, iba a llevar y a recoger a Jaime al colegio con frecuencia (el primer año siempre)… En todo ese tiempo Jaime no recibió nunca una invitación a un cumpleaños. No sé si había un grupo de WhatsApp en el colegio, porque nunca me invitaron a uno.

Yo era la madre diferente del niño diferente. El niño que pasaba varias horas a diario con sus compañeros pero que era el niño con autismo, el que probablemente acabaría desapareciendo. Se asumía desde el principio, aunque fuera de manera inconsciente.

Solo recuerdo a dos madres, con las que me alegra seguir cruzándome por mi ciudad, que estuvieron genuinamente interesadas por entender lo que le pasaba a Jaime, que preguntaban sin miedo, que lo consideraban compañero de sus hijos igual que cualquier otro.

Cuando Julia entró en Infantil yo casi no pisé el colegio. Tenía a otro hijo en otro centro a treinta kilómetros de distancia y con los mismos horarios de entrada y salida. Al poco estábamos abrumados de invitaciones de cumpleaños, en un par de grupos de WhatsApp, quedando con otros padres y enviando postales en verano.

Muchos chavales con autismo y sus familias estamos sin estar del todo hasta que es el centro escolar el que invite a la marcha de ese niño, que se vaya a la vía especial o a otro colegio en el que pueda estar mejor atendido. Cuando la orientadora me dijo al final de Infantil que la evolución de Jaime no permitía que siguiera por la vía inclusiva y que era mejor que se fuera a Especial, que en ese colegio al que al año siguiente iría su hermana no podía seguir, no hubo ninguna despedida emotiva, simplemente nos fuimos y nadie nos echó de menos.

Y que queréis que os diga, me parece mucho más grave que sean profesionales de la enseñanza y del ámbito educativo de la Administración los que hagan fracasar la inclusión de un niño a que lo hagan los padres. Si no hay recursos en el centro, hay que pelear por tenerlos y no acostumbrarse a un desfile constante de niños a los que no se les ha podido dar una respuesta adecuada. La inclusión de un niño solo sucede si curricularmente es capaz de avanzar y si además no genera conflictos en casa. Capacidad y conducta. Si no se dan esos dos aspectos, la vía Especial y excluyente llegará tarde o temprano.

Si la culpa es la falta de recursos, me niego a entrar en el juego de crear guerras entre padres. Tampoco a presionar aún más a maestros que hacen lo que pueden sobrepasados por la carencia de medios.

No es la primera vez que os digo que al que hay que mirar es al que está arriba con la cartera.Hay demasiados niños con escasos apoyos dando bandazos, niños que pierden derechos para los que no hay marcha atrás, que perderán la oportunidad de mejorar, vivir integrados y felices. Un coste inaceptable. Y la culpa es del dinero, siempre es el maldito dinero que hay a carretadas para muchas otras cosas pero no para ofrecer educación de calidad a nuestros hijos, tengan necesidades especiales (los que están en una situación más vulnerable) o no. Y no tiene visos de mejorar.

Volviendo al caso de Argentina. Os dejo con la reflexión, que comparto, de Álvaro Girón Martín, maestro y licenciado en psicopedagogía, que se describe como “involucrado y cada día más sorprendido con el autismo y el Asperger”.

NUNCA CELEBRES ALEJARTE DE LO DIFERENTE

Todos queremos lo mejor para nuestros alumnos/as, todos queremos lo mejor para nuestros hijos/as y repito TODOS lo queremos, creo que eso está bastante claro. Quizá el problema esté en la realidad que cada uno tenemos sobre qué es lo mejor o qué es lo peor.

Hace unos días saltó una noticia en Argentina en la que un niño con Síndrome de Asperger había sido expulsado de su colegio como consecuencia de su comportamiento (no es relevante si buen o mal comportamiento). Nos enteramos de ello a través de unas capturas de pantalla, de uno de esos famosos grupos de Whatsapp de padres/madres en las que podíamos ver como el resto de familiares celebraba, festejaba o se alegraba de la noticia (en el fondo querían lo mejor para sus hijos/as)

Hemos encontrado a lo largo de estos días detractores y defensores de esas familias que se alegraban de la expulsión del chico, esto pasa siempre, opinamos de todo sin saber de casi nada y eso puede ser muy peligroso.

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“¿Mamá, qué es un atentado?”

“¿Mamá, qué es un atentado?”. Ante esa pregunta nos encontramos ayer, ante unos ojos grandes y oscuros que en sus ocho años de vida no conciben mayor malvado que Lord Voldemort y que querían saber porqué sus padres luchábamos contra la mala cobertura en una casita perdida entre prados bretones para saber qué demonios estaba pasando en Barcelona (y luego en Cambrils), con la impotencia y el dolor en juego de nuevo.

Unos ojos oscuros que merecen una respuesta. Una respuesta difícil. Explicar de dónde vienen los niños es tan sencillo en comparación…

¿Cómo explicar el horror a un niño? No es la primera vez que  lo pregunto desde este blog. Sé que hay una legión de niños que no necesitan saberlo, que lo han visto, que lo han vivido. No es el caso de nuestra hija. Una gran suerte. Somos conscientes de ser muy afortunados.

No nos atrevíamos a poner los informativos franceses por miedo a las imágenes que pudieran ofrecer. Imágenes difíciles de sortear cuando te quieres informar por internet, igual que es difícil regatear la insensibilidad de tantos que aprovechan el terror para hacer chistes o barrer parar sus respectivas casas. Y ahí seguían esos ojos oscuros, intrigados por lo que había sacudido así a sus padres.

Hay personas malvadas en el mundo, tú ya sabes eso. Pues algunas deciden matar gente inocente, toda la que puedan. Eso es lo que ha pasado. Han atropellado a mucha gente que andaba tranquilamente por una calle en Barcelona”.

Es una simplificación terrible, lo sé, pero no se me ocurría otra manera de contarlo.

Por esas mismas Ramblas, hace menos de dos años, iba con ella de la mano. Solo el hecho de recordarlo me resquebraja.

A ella Barcelona le recuerda a uno de sus mejores amigos del colegio, cuya madre es de allí y que acuden con frecuencia. “No te preocupes, Héctor y sus padres estaban estos días en Tarrasa. Están bien“. “¿Emma también?”, pregunta ella por la hermana pequeña de su amigo, a la que yo no he mencionado. “Sí, ella también”.

Pero decenas de otros muy semejantes a ellos, a nosotros, no lo están. No están bien. Hablo de las víctimas y heridos, de sus seres queridos, de los testigos traumatizados por lo que han vivido, de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado movilizadas.

Estaba temiendo otra pregunta tras mi pobre respuesta: “¿Por qué lo hacen?”. Ya llegó hace pocos meses, tras el atentado de Londres. Entonces solo se me ocurrió responder: “porque están equivocados”. Exactamente lo mismo que respondí en otoño de 2015, tras el atentado en París.

Son demasiadas ya las veces que una niña de apenas ocho años quiere saber lo que es un atentado, lo que es el terrorismo, en estos últimos años.

¿Hasta dónde salvaguardar? ¿Hasta dónde proteger? ¿Hasta qué punto dejar que los años pasen y la vida sea la maestra?

¿Cómo explicar el horror a un niño?. ¿Cómo explicarle el sinsentido cuando casi ni yo misma lo entiendo?.

Consejos para las madrastras (y padrastros) que no quieren ser las malas del cuento

Muchos cuentos infantiles y las películas que llegaron detrás hicieron un flaco favor a las madrastras. Cargaron una palabra relacionada con la maternidad de tan mal fario que no es raro que aquellas mujeres que lo son, huyan del término.

Hace ya tiempo que una de esas modernas madrastras, que se encontró siendo madre de una preadolescente por amor a un hombre y que ha puesto todo su mejor empeño en hacer bien las cosas con su hijastra, me decía que tenía que escribir al respecto, que hay que reivindicar que las madrastras pueden ser las buenas del cuento.

Claro que sí. El amor no está vinculado necesariamente a la sangre. Y lo normal es que si una mujer quiere a un hombre, también ame a los hijos que él tuvo.

Algo aplicable lógicamente también a la inversa. Los padrastros, que no tienen malvados tan icónicos en la cultura popular como las madrastras que yo recuerde, también pueden ser los buenos del cuento. Suelen serlo de hecho.

Hace cosa de un mes me encontré con un reportaje en BT.com en el que habían hablado con cinco madrastras pidiéndoles consejo para llevar a buen puerto la relación con sus hijastros.

Os lo dejo enlazado para que podáis leerlo entero, pero como está en inglés os hago un resumen rápido de sus recomendaciones, pasadas por mi propio filtro.

Si os encontráis en esa misma situación, cualquier consejo será también bienvenido.

Vamos allá:

  • No intentes  convertirte en su mejor amiga.  Unas hablan de que son figuras de autoridad asimilarse a una tía, que la gente les confunde con madre e hijo por la calle y. O les sacan de su error, pero colegas, mejor que no.
  • No quieras reemplazar a la madre que perdió. Su madre existe o existió (y en ese segundo caso debe seguir haciéndolo en su memoria). Tú eres otra cosa, por mucho que le demuestres todo el amor del mundo y quisieras ser su madre biologica.
  • Si su madre sigue ahí porque te has convertido en madrastra tras una separación, intenta tener una relación cordial con ella. No hace falta ser amigas del alma, ni mucho menos, pero sí ser civilizados y flexibles.
  • En línea con lo anterior es buena idea hacer frente común. Hay reglas, normas, costumbres, castigos, recompensas… que conviene mantener equiparables en ambos hogares.
  • No te rindas. La relación con los niños puede ser difícil, sobre todo al principio. Recuerda que ellos no han elegido tenerte como madrastra (o padrastro) y pueden traer una mochila complicada de cargar. Paciencia. Por lo mismo, ve despacio.
  • Si las cosas se ponen difíciles, tener una red personal de amigos, sean padres o no, con los que compartir retos y preocupaciones puede ser de gran ayuda. En este tema de ser madrastra (o padrastro) como en cualquier otro de la vida de hecho.
  • Y también elemental: divertíos, pasadlo bien. Así se construye toda relación, buscando puntos de encuentro, compartiendo buenos momentos, mirando la vida con buen humor.

Todas llenas de sentido común. ‪en cualquier caso se tratan de realidades únicas, a veces complejas y diversas. Pero el reto de vivir feliz consiste en gran medida en hacer las cosas fáciles.

Corre Juana Rivas, escóndete bien

Huye. Escóndete bien con tus hijos. Te confieso que cuando ayer leí que estabas en paradero desconocido con ellos, que no los habías entregado, me alegré. Bien hecho Juana.  Yo hubiera obrado exactamente igual que tú. Antes de verme obligada a separarme de ellos, a que se los llevaran a otro país con un padre al que se está investigando por malos tratos, también hubiera huido a ocultarme en cualquier sitio en el que pudiéramos vivir juntos hasta que este entuerto de aclare, se desmadeje.

España es muy grande, hay zonas muy deshabitadas. Estoy convencida de que encontrarás mucha gente dispuesta a ayudarte. Yo lo haría. Somos legión los que, como mínimo, haríamos la vista gorda con una sonrisa si te viéramos con tus pequeños.

¿De verdad la ley antepone el bien del menor? ¿De verdad cualquiera cree que quitar unos hijos a su madre que los ama y está demostrando estar dispuesta a cualquier cosa es lo mejor para ellos? ¿Enviarlos a otro país lejos de esa madre con un padre sobre el que pesa una condena por maltrato físico y psicológico es pensar en su bienestar?

Soy incapaz de entenderlo. Más aún cuando eso sucede tras pocos días de que todos los partidos políticos hayan aprobado por unanimidad y con mucha alharaca el pacto en contra de la violencia de género.

Corre Juana, haz lo que sea para no separarte de tus hijos como ya aseguraste que harías. Tu abogada ya ha dicho que va a solicitar entretanto la suspensión de la ejecución de la orden judicial del juzgado de Granada  y que solicitará amparo ante el Tribunal Constitucional. Confío en que impere la cordura, pero mientras tanto escóndete bien.

Y señores agentes de la Policía y de la Guardia Civil, tal vez no hace falta que pongan todo su empeño en encontrar a esta mujer y a sus hijos.  Lo mismo tienen otras prioridades más urgentes, más importantes, a las que dedicar sus esfuerzos.

Yo me siento la mar de segura andando por la calle junto a mis hijos y sabiendo que, en algún lugar, Juana también está junto a los suyos.

Juana en una concentración de apoyo en Maracena (Granada).
(MIGUEL ÁNGEL MOLINA/EFE)

 

 

 

 

No se puede sentar a una madre ante un juez por darle una bofetada puntual a su hijo

No se puede sentar a una madre ante un juez por darle una bofetada puntual a su hijo.

(GTRES)

No soy sospechosa de defender la bofetada a tiempo. No soy en absoluto de las que creen que dar cachetes a los niños es algo inocuo. Da igual que no duelan por fuera. Incluso da igual que no duelan por dentro. Siempre, como poco, dejan un poso de que la violencia es una salida en el marco de una relación que debería ser de amor y respeto.

Pegar un bofetón puntual a nuestros hijos es una triste muestra de que nos hemos quedado sin recursos, de que hemos perdido la paciencia. Si hemos soltado una bofetada a uno de nuestros hijos, da igual el alcance de su rabieta o la poca razón que el niño tuviera, lo hemos hecho por una simple cuestión de superioridad física, de abuso de poder, de falta de control.

Pegamos esos cachetes ‘educativos’ a niños pequeños. Cuando el chaval mide uno ochenta y nos dobla las espaldas es un recurso que ni nos planteamos. “¿Dónde voy yo a darle una torta a ese tiarrón?” procesan rápidamente nuestras neuronas. Y nos retenemos.

Y de esa situación viene otra pregunta. ¿Qué dice de nosotros entonces que sí se la demos a un niño pequeño?.

A los niños no se les debe pegar. Y punto. El objetivo como padres debe ser tener otros recursos, otras herramientas. Y existen, claro que sí. Mi hijo tiene casi once años, casi mi tamaño, y a veces comportamientos de un niño de dos años. Y no le hemos pegado jamás, ni jamás lo haremos. Aunque a veces no hayamos podido contener un grito huracanado, aunque hayamos tenido que contar hasta veinte.

Tampoco a mi hija, que tiene ocho años ahora, le hemos tocado un pelo nunca. Tenemos ambos, mi marido y yo, la suerte de ser personas templadas. De no tener un carácter explosivo.

No obstante, también es verdad que podría pasarnos. ¿Quién sabe? Lo mismo llega un mal día que perdemos del todo los estribos ante una trastada o una rabieta tamaño XL y se nos escapa la mano. En ese caso sería verdad aquello que cuentan de que nos dolería más a nosotros que al niño. También creo que no tendría sentido ninguno que nos fustigásemos por ello. Todo el mundo se equivoca. También nos equivocamos ejerciendo de padres. Somos humanos.

Lo que me parecería de locos es que acabásemos por ello sentados ante un juez como ha sucedido en A Coruña.

En 2015 un niño de once años, en plena rabieta por no querer hacerse el desayuno, estampa un móvil de 800 euros contra el suelo. Y su madre le estampa a él un tortazo.

Lo siguiente es que el mismo niño denuncia a su madre. En fin… La cosa es que se admite a trámite y el fiscal pide para ella 35 días de trabajos comunitarios y la prohibición de acercarse al menor a menos de 50 metros durante seis meses.

¿Cómo? ¿Seis meses sin acercarse a su hijo? ¡Seis meses sin acercarse a su hijo! ¿Y quién se responsabilizaría del niño? ¿Hay padres separados? ¿Hay algo más que se nos escapa? Seguro…

Y acaban en un juicio, ante un juez, por ese bofetón que no le causó ningún daño físico y que fue puntual. Que no, que no tendría que haberle pegado. Pero es algo excesivo se mire por dónde se mire.

Aparentemente el juez es de la misma opinión y ha absuelto a la madre. Dice el magistrado que “no abofeteó a su hijo para causarle una lesión. Su intención era clara y solo trataba de poner fin a una actitud violenta del menor”.

También añade que “quien suscribe estas líneas en ningún momento defiende el castigo corporal sistemático, o que ocasione cualquier tipo de lesión” y que “acudir a una corrección física moderada está justificado y así se hizo”

Ahí ya no estoy segura de estar de acuerdo con el juez. Obviamente, como él, no defiendo el castigo corporal sistemático o que cause lesiones. Pero tampoco que las correcciones físicas moderadas puedan estar justificadas. Claro que lo mismo él tampoco quería dar eso a entender en un plano general, sino en el sentido concreto de acabar en un juzgado.

No, no se puede sentar a una madre ante un juez por darle una bofetada puntual a su hijo.

La saga de libros infantiles ‘Futbolísimos’ será película, el rodaje ya está en marcha

Si hay una saga de libros que triunfe entre los niños españoles que arrancan a leer solo es, con la venia de Geronimo Stilton, la de Los Futbolísimos.

Estos libros que aúnan fútbol y misterios por resolver, una versión moderna de Los Cinco o Los Hollister en modo patrio-futbolero, no han pasado por mi casa dado el nulo interés de mi hija en cualquier asunto que implique el balompié, pero me consta su éxito entre muchos de sus amigos.

Ahí van unos números enormes cuando hablamos de libros: más de 1.250.000 ejemplares vendidos de esta colección, pensada para niños a partir de ocho años. Un éxito fulgurante si pensamos que el primer volumen llegó a las librerías hace apenas cuatro años.

Su autor es Roberto Santiago (también director de cine y guionista), al que conocí el pasado año en la entrega de premios SM (ganó con otro libro infantil, Los Protectores) y que tiene el indudable y enorme mérito de haber hecho disfrutar a miles de niños con la lectura. Cruzo los dedos porque ese gozo arraigue y dé frutos.

El ilustrador, que acertó de pleno al dar luz y color a la pandilla, es Enrique Lorenzo.

Pues bien, aprovechando las vacaciones de verano, ya ha arrancado el rodaje de la película basada en estos libros. Terminará el 2 de septiembre, justo a tiempo de que su elenco infantil reanude el cole.

(@CARLOS MARTÍN)

La dirige Miguel Ángel Lamata (Nuestros amantes, Tensión sexual no resuelta, Isi/Disi: Alto Voltaje, Una de zombis) y adaptará el primer libro, El misterio de los árbitros dormidos.

Espero sinceramente que sea una película entretenida y de buena factura. Es muy difícil hacer buenas películas infantiles más allá de la animación, y las últimas experiencias de adaptaciones españolas no han sido precisamente memorables. Aún recuerdo el desaguisado que hicieron con Manolito Gafotas. Leed los libros del niño de Carabanchel, pero no veáis la película si podéis evitarlo.

La productora explica que han hecho pruebas a unos 5.000 niños para dar con la pandilla perfecta que encarnará a Pakete, el protagonista, Helena (con hache), Toni, Camuñas, Marilyn, Angustias, Anita, Ocho y Tomeo. Los niños actores que se pondrán en sus botas serán Julio Bohigas, Milene Mayer, Marcos Milara, Iker Castiñeira, Martina Cabrera, Roberto Rodríguez, Samantha Jaramillo, Pablo Isabel y Daniel Crego.

También forman parte del reparto Joaquín Carmen Ruiz, Antonio Pagudo, Norma Ruiz, Jorge y Toni Acosta.

De momento, solo tenemos de la película  la imagen que ilustra este post.

Toda la suerte del mundo en la aventura.

Mejor hubiera sido pedir disculpas por exigir esos tests de embarazo antes de hacer el contrato

Creo que es algo común a muchos padres. Cuando tu hijo hace una trastada y le pillas, lo que más valoramos es una disculpa sincera. Uno de esos “lo siento, no lo haré más”. Si el niño intenta salirse por la tangente, negar lo evidente, echar la culpa a otro o al menos compartirla, la cosa es peor.

No pasa nada por reconocer que has metido la pata, por asumir la culpa, aprender de ello y avanzar procurando no meter la pata. Todos lo hacemos. Nadie pasa por esta vida sin errar unas cuantas veces.

Algo que también es aplicable a los adultos. Algo que también es aplicable a las empresas.

Ojalá Iberia hubiera obrado de esa manera tras recibir la multa de 25.000 euros por una infracción grave al exigir una prueba de embarazo a las mujeres antes de contratarlas. “Nos hemos equivocado. Ha sido un error. Nuestras disculpas”.

La empresa en cambio ha reaccionado alegando que lo hacía por el bien de las mujeres a las que iba a contratar, por su salud y la del niño:

Hola. En relación con lo publicado en vuestra edición online, en Iberia abogamos por la protección de nuestros trabajadores y así mismo, del personal a contratar. La inclusión de este tipo de pruebas se hacía con el objetivo de no asignar tareas que pusieran en riesgo la salud de la aspirante ni la del bebé que espera (aplicando el caso) sin limitar las posibilidades de ingresar a nuestra compañía. De hecho, nunca se ha dejado de contratar a una mujer por estar embarazada, y tenemos ejemplos que lo demuestran. Sin embargo, se ha tomado la decisión de no incluir a partir de ahora dicha prueba durante el reconocimiento médico, confiando en la responsabilidad de cada mujer contratada el comunicarlo si se le asignan tareas que involucren riesgos durante el embarazo, para que se le cambien temporalmente las funciones. Un saludo.

Muy mal. ¿O es que acaso hacía electrocardiogramas a todos los potenciales empleados? ¿Les pedía historiales médicos completos a todos? ¿Análisis de sangre? ¿Exámenes del estado de su oído interno? Hay muchos motivos por los que subir a un avión puede ser un problema. Pero parece que solo hay uno en el que no basta con la palabra dada.

Es más, me gustaría saber si en esas entrevistas no cayeron las típicas y lesivas preguntas, aún tan frecuentes, sobre el estado civil, el deseo de ser madre o la edad de los hijos que ya se tienen.

Con lo fácil que es pedir perdón…
Espero que, al menos, haya aprendido del error.