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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

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Nunca celebres alejarte de lo diferente (#estamosconvosotros, con los alumnos con autismo)

Estos días ha sido noticia la alegría y el alborozo, comprobadas mediante capturas filtradas de un grupo de Whatsapp, de varios padres que presionaron para lograr la expulsión de un chico con Asperger de un colegio argentino.

Lo contó este martes mi compañera Claudia Morán en el blog Goldman Sach is not an aftershave.

Que haya padres que hayan presionado para que se vaya un niño con autismo o con cualquier otro tipo afectación cuya conducta era disruptiva en clase no es ninguna novedad, sucede también en España y en algún caso incluso acaba llegando a los medios.

Tampoco lo es que esos padres se hayan alegrado cuando ese compañero de sus hijos que era diferente se haya marchado. Lo más novedoso del caso argentino y lo que ha propiciado que haya trascendido tanto son esos pantallazos de regocijo.

Siempre se trata de casos complejos que hay que tratar con prudencia porque no conocemos muchos detalles, pero alegrarse del fracaso de un niño es de miserables.

Bien es cierto que lo que mas nos encontramos los niños y las familias que intentamos la vía de la inclusión por parte de otras familias es la indiferencia, que estemos sin estar.

Jaime estuvo casi tres años en un aula TGD de un centro público, estuvo en la vía inclusiva casi tres años. Tres años en los que no hubo ningún problema de comportamiento, ninguna agresión, porque tiene un carácter muy dulce. Tres años en los que participé activamente en las actividades del colegio, me disfracé en Carnaval con los niños para que Jaime participara de mi mano, me ofrecí para llevar las cuentas de la cooperativa escolar un año, no me salté una reunión, iba a llevar y a recoger a Jaime al colegio con frecuencia (el primer año siempre)… En todo ese tiempo Jaime no recibió nunca una invitación a un cumpleaños. No sé si había un grupo de WhatsApp en el colegio, porque nunca me invitaron a uno.

Yo era la madre diferente del niño diferente. El niño que pasaba varias horas a diario con sus compañeros pero que era el niño con autismo, el que probablemente acabaría desapareciendo. Se asumía desde el principio, aunque fuera de manera inconsciente.

Solo recuerdo a dos madres, con las que me alegra seguir cruzándome por mi ciudad, que estuvieron genuinamente interesadas por entender lo que le pasaba a Jaime, que preguntaban sin miedo, que lo consideraban compañero de sus hijos igual que cualquier otro.

Cuando Julia entró en Infantil yo casi no pisé el colegio. Tenía a otro hijo en otro centro a treinta kilómetros de distancia y con los mismos horarios de entrada y salida. Al poco estábamos abrumados de invitaciones de cumpleaños, en un par de grupos de WhatsApp, quedando con otros padres y enviando postales en verano.

Muchos chavales con autismo y sus familias estamos sin estar del todo hasta que es el centro escolar el que invite a la marcha de ese niño, que se vaya a la vía especial o a otro colegio en el que pueda estar mejor atendido. Cuando la orientadora me dijo al final de Infantil que la evolución de Jaime no permitía que siguiera por la vía inclusiva y que era mejor que se fuera a Especial, que en ese colegio al que al año siguiente iría su hermana no podía seguir, no hubo ninguna despedida emotiva, simplemente nos fuimos y nadie nos echó de menos.

Y que queréis que os diga, me parece mucho más grave que sean profesionales de la enseñanza y del ámbito educativo de la Administración los que hagan fracasar la inclusión de un niño a que lo hagan los padres. Si no hay recursos en el centro, hay que pelear por tenerlos y no acostumbrarse a un desfile constante de niños a los que no se les ha podido dar una respuesta adecuada. La inclusión de un niño solo sucede si curricularmente es capaz de avanzar y si además no genera conflictos en casa. Capacidad y conducta. Si no se dan esos dos aspectos, la vía Especial y excluyente llegará tarde o temprano.

Si la culpa es la falta de recursos, me niego a entrar en el juego de crear guerras entre padres. Tampoco a presionar aún más a maestros que hacen lo que pueden sobrepasados por la carencia de medios.

No es la primera vez que os digo que al que hay que mirar es al que está arriba con la cartera.Hay demasiados niños con escasos apoyos dando bandazos, niños que pierden derechos para los que no hay marcha atrás, que perderán la oportunidad de mejorar, vivir integrados y felices. Un coste inaceptable. Y la culpa es del dinero, siempre es el maldito dinero que hay a carretadas para muchas otras cosas pero no para ofrecer educación de calidad a nuestros hijos, tengan necesidades especiales (los que están en una situación más vulnerable) o no. Y no tiene visos de mejorar.

Volviendo al caso de Argentina. Os dejo con la reflexión, que comparto, de Álvaro Girón Martín, maestro y licenciado en psicopedagogía, que se describe como “involucrado y cada día más sorprendido con el autismo y el Asperger”.

NUNCA CELEBRES ALEJARTE DE LO DIFERENTE

Todos queremos lo mejor para nuestros alumnos/as, todos queremos lo mejor para nuestros hijos/as y repito TODOS lo queremos, creo que eso está bastante claro. Quizá el problema esté en la realidad que cada uno tenemos sobre qué es lo mejor o qué es lo peor.

Hace unos días saltó una noticia en Argentina en la que un niño con Síndrome de Asperger había sido expulsado de su colegio como consecuencia de su comportamiento (no es relevante si buen o mal comportamiento). Nos enteramos de ello a través de unas capturas de pantalla, de uno de esos famosos grupos de Whatsapp de padres/madres en las que podíamos ver como el resto de familiares celebraba, festejaba o se alegraba de la noticia (en el fondo querían lo mejor para sus hijos/as)

Hemos encontrado a lo largo de estos días detractores y defensores de esas familias que se alegraban de la expulsión del chico, esto pasa siempre, opinamos de todo sin saber de casi nada y eso puede ser muy peligroso.

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“¿Mamá, qué es un atentado?”

“¿Mamá, qué es un atentado?”. Ante esa pregunta nos encontramos ayer, ante unos ojos grandes y oscuros que en sus ocho años de vida no conciben mayor malvado que Lord Voldemort y que querían saber porqué sus padres luchábamos contra la mala cobertura en una casita perdida entre prados bretones para saber qué demonios estaba pasando en Barcelona (y luego en Cambrils), con la impotencia y el dolor en juego de nuevo.

Unos ojos oscuros que merecen una respuesta. Una respuesta difícil. Explicar de dónde vienen los niños es tan sencillo en comparación…

¿Cómo explicar el horror a un niño? No es la primera vez que  lo pregunto desde este blog. Sé que hay una legión de niños que no necesitan saberlo, que lo han visto, que lo han vivido. No es el caso de nuestra hija. Una gran suerte. Somos conscientes de ser muy afortunados.

No nos atrevíamos a poner los informativos franceses por miedo a las imágenes que pudieran ofrecer. Imágenes difíciles de sortear cuando te quieres informar por internet, igual que es difícil regatear la insensibilidad de tantos que aprovechan el terror para hacer chistes o barrer parar sus respectivas casas. Y ahí seguían esos ojos oscuros, intrigados por lo que había sacudido así a sus padres.

Hay personas malvadas en el mundo, tú ya sabes eso. Pues algunas deciden matar gente inocente, toda la que puedan. Eso es lo que ha pasado. Han atropellado a mucha gente que andaba tranquilamente por una calle en Barcelona”.

Es una simplificación terrible, lo sé, pero no se me ocurría otra manera de contarlo.

Por esas mismas Ramblas, hace menos de dos años, iba con ella de la mano. Solo el hecho de recordarlo me resquebraja.

A ella Barcelona le recuerda a uno de sus mejores amigos del colegio, cuya madre es de allí y que acuden con frecuencia. “No te preocupes, Héctor y sus padres estaban estos días en Tarrasa. Están bien“. “¿Emma también?”, pregunta ella por la hermana pequeña de su amigo, a la que yo no he mencionado. “Sí, ella también”.

Pero decenas de otros muy semejantes a ellos, a nosotros, no lo están. No están bien. Hablo de las víctimas y heridos, de sus seres queridos, de los testigos traumatizados por lo que han vivido, de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado movilizadas.

Estaba temiendo otra pregunta tras mi pobre respuesta: “¿Por qué lo hacen?”. Ya llegó hace pocos meses, tras el atentado de Londres. Entonces solo se me ocurrió responder: “porque están equivocados”. Exactamente lo mismo que respondí en otoño de 2015, tras el atentado en París.

Son demasiadas ya las veces que una niña de apenas ocho años quiere saber lo que es un atentado, lo que es el terrorismo, en estos últimos años.

¿Hasta dónde salvaguardar? ¿Hasta dónde proteger? ¿Hasta qué punto dejar que los años pasen y la vida sea la maestra?

¿Cómo explicar el horror a un niño?. ¿Cómo explicarle el sinsentido cuando casi ni yo misma lo entiendo?.

Consejos para las madrastras (y padrastros) que no quieren ser las malas del cuento

Muchos cuentos infantiles y las películas que llegaron detrás hicieron un flaco favor a las madrastras. Cargaron una palabra relacionada con la maternidad de tan mal fario que no es raro que aquellas mujeres que lo son, huyan del término.

Hace ya tiempo que una de esas modernas madrastras, que se encontró siendo madre de una preadolescente por amor a un hombre y que ha puesto todo su mejor empeño en hacer bien las cosas con su hijastra, me decía que tenía que escribir al respecto, que hay que reivindicar que las madrastras pueden ser las buenas del cuento.

Claro que sí. El amor no está vinculado necesariamente a la sangre. Y lo normal es que si una mujer quiere a un hombre, también ame a los hijos que él tuvo.

Algo aplicable lógicamente también a la inversa. Los padrastros, que no tienen malvados tan icónicos en la cultura popular como las madrastras que yo recuerde, también pueden ser los buenos del cuento. Suelen serlo de hecho.

Hace cosa de un mes me encontré con un reportaje en BT.com en el que habían hablado con cinco madrastras pidiéndoles consejo para llevar a buen puerto la relación con sus hijastros.

Os lo dejo enlazado para que podáis leerlo entero, pero como está en inglés os hago un resumen rápido de sus recomendaciones, pasadas por mi propio filtro.

Si os encontráis en esa misma situación, cualquier consejo será también bienvenido.

Vamos allá:

  • No intentes  convertirte en su mejor amiga.  Unas hablan de que son figuras de autoridad asimilarse a una tía, que la gente les confunde con madre e hijo por la calle y. O les sacan de su error, pero colegas, mejor que no.
  • No quieras reemplazar a la madre que perdió. Su madre existe o existió (y en ese segundo caso debe seguir haciéndolo en su memoria). Tú eres otra cosa, por mucho que le demuestres todo el amor del mundo y quisieras ser su madre biologica.
  • Si su madre sigue ahí porque te has convertido en madrastra tras una separación, intenta tener una relación cordial con ella. No hace falta ser amigas del alma, ni mucho menos, pero sí ser civilizados y flexibles.
  • En línea con lo anterior es buena idea hacer frente común. Hay reglas, normas, costumbres, castigos, recompensas… que conviene mantener equiparables en ambos hogares.
  • No te rindas. La relación con los niños puede ser difícil, sobre todo al principio. Recuerda que ellos no han elegido tenerte como madrastra (o padrastro) y pueden traer una mochila complicada de cargar. Paciencia. Por lo mismo, ve despacio.
  • Si las cosas se ponen difíciles, tener una red personal de amigos, sean padres o no, con los que compartir retos y preocupaciones puede ser de gran ayuda. En este tema de ser madrastra (o padrastro) como en cualquier otro de la vida de hecho.
  • Y también elemental: divertíos, pasadlo bien. Así se construye toda relación, buscando puntos de encuentro, compartiendo buenos momentos, mirando la vida con buen humor.

Todas llenas de sentido común. ‪en cualquier caso se tratan de realidades únicas, a veces complejas y diversas. Pero el reto de vivir feliz consiste en gran medida en hacer las cosas fáciles.

Corre Juana Rivas, escóndete bien

Huye. Escóndete bien con tus hijos. Te confieso que cuando ayer leí que estabas en paradero desconocido con ellos, que no los habías entregado, me alegré. Bien hecho Juana.  Yo hubiera obrado exactamente igual que tú. Antes de verme obligada a separarme de ellos, a que se los llevaran a otro país con un padre al que se está investigando por malos tratos, también hubiera huido a ocultarme en cualquier sitio en el que pudiéramos vivir juntos hasta que este entuerto de aclare, se desmadeje.

España es muy grande, hay zonas muy deshabitadas. Estoy convencida de que encontrarás mucha gente dispuesta a ayudarte. Yo lo haría. Somos legión los que, como mínimo, haríamos la vista gorda con una sonrisa si te viéramos con tus pequeños.

¿De verdad la ley antepone el bien del menor? ¿De verdad cualquiera cree que quitar unos hijos a su madre que los ama y está demostrando estar dispuesta a cualquier cosa es lo mejor para ellos? ¿Enviarlos a otro país lejos de esa madre con un padre sobre el que pesa una condena por maltrato físico y psicológico es pensar en su bienestar?

Soy incapaz de entenderlo. Más aún cuando eso sucede tras pocos días de que todos los partidos políticos hayan aprobado por unanimidad y con mucha alharaca el pacto en contra de la violencia de género.

Corre Juana, haz lo que sea para no separarte de tus hijos como ya aseguraste que harías. Tu abogada ya ha dicho que va a solicitar entretanto la suspensión de la ejecución de la orden judicial del juzgado de Granada  y que solicitará amparo ante el Tribunal Constitucional. Confío en que impere la cordura, pero mientras tanto escóndete bien.

Y señores agentes de la Policía y de la Guardia Civil, tal vez no hace falta que pongan todo su empeño en encontrar a esta mujer y a sus hijos.  Lo mismo tienen otras prioridades más urgentes, más importantes, a las que dedicar sus esfuerzos.

Yo me siento la mar de segura andando por la calle junto a mis hijos y sabiendo que, en algún lugar, Juana también está junto a los suyos.

Juana en una concentración de apoyo en Maracena (Granada).
(MIGUEL ÁNGEL MOLINA/EFE)

 

 

 

 

No se puede sentar a una madre ante un juez por darle una bofetada puntual a su hijo

No se puede sentar a una madre ante un juez por darle una bofetada puntual a su hijo.

(GTRES)

No soy sospechosa de defender la bofetada a tiempo. No soy en absoluto de las que creen que dar cachetes a los niños es algo inocuo. Da igual que no duelan por fuera. Incluso da igual que no duelan por dentro. Siempre, como poco, dejan un poso de que la violencia es una salida en el marco de una relación que debería ser de amor y respeto.

Pegar un bofetón puntual a nuestros hijos es una triste muestra de que nos hemos quedado sin recursos, de que hemos perdido la paciencia. Si hemos soltado una bofetada a uno de nuestros hijos, da igual el alcance de su rabieta o la poca razón que el niño tuviera, lo hemos hecho por una simple cuestión de superioridad física, de abuso de poder, de falta de control.

Pegamos esos cachetes ‘educativos’ a niños pequeños. Cuando el chaval mide uno ochenta y nos dobla las espaldas es un recurso que ni nos planteamos. “¿Dónde voy yo a darle una torta a ese tiarrón?” procesan rápidamente nuestras neuronas. Y nos retenemos.

Y de esa situación viene otra pregunta. ¿Qué dice de nosotros entonces que sí se la demos a un niño pequeño?.

A los niños no se les debe pegar. Y punto. El objetivo como padres debe ser tener otros recursos, otras herramientas. Y existen, claro que sí. Mi hijo tiene casi once años, casi mi tamaño, y a veces comportamientos de un niño de dos años. Y no le hemos pegado jamás, ni jamás lo haremos. Aunque a veces no hayamos podido contener un grito huracanado, aunque hayamos tenido que contar hasta veinte.

Tampoco a mi hija, que tiene ocho años ahora, le hemos tocado un pelo nunca. Tenemos ambos, mi marido y yo, la suerte de ser personas templadas. De no tener un carácter explosivo.

No obstante, también es verdad que podría pasarnos. ¿Quién sabe? Lo mismo llega un mal día que perdemos del todo los estribos ante una trastada o una rabieta tamaño XL y se nos escapa la mano. En ese caso sería verdad aquello que cuentan de que nos dolería más a nosotros que al niño. También creo que no tendría sentido ninguno que nos fustigásemos por ello. Todo el mundo se equivoca. También nos equivocamos ejerciendo de padres. Somos humanos.

Lo que me parecería de locos es que acabásemos por ello sentados ante un juez como ha sucedido en A Coruña.

En 2015 un niño de once años, en plena rabieta por no querer hacerse el desayuno, estampa un móvil de 800 euros contra el suelo. Y su madre le estampa a él un tortazo.

Lo siguiente es que el mismo niño denuncia a su madre. En fin… La cosa es que se admite a trámite y el fiscal pide para ella 35 días de trabajos comunitarios y la prohibición de acercarse al menor a menos de 50 metros durante seis meses.

¿Cómo? ¿Seis meses sin acercarse a su hijo? ¡Seis meses sin acercarse a su hijo! ¿Y quién se responsabilizaría del niño? ¿Hay padres separados? ¿Hay algo más que se nos escapa? Seguro…

Y acaban en un juicio, ante un juez, por ese bofetón que no le causó ningún daño físico y que fue puntual. Que no, que no tendría que haberle pegado. Pero es algo excesivo se mire por dónde se mire.

Aparentemente el juez es de la misma opinión y ha absuelto a la madre. Dice el magistrado que “no abofeteó a su hijo para causarle una lesión. Su intención era clara y solo trataba de poner fin a una actitud violenta del menor”.

También añade que “quien suscribe estas líneas en ningún momento defiende el castigo corporal sistemático, o que ocasione cualquier tipo de lesión” y que “acudir a una corrección física moderada está justificado y así se hizo”

Ahí ya no estoy segura de estar de acuerdo con el juez. Obviamente, como él, no defiendo el castigo corporal sistemático o que cause lesiones. Pero tampoco que las correcciones físicas moderadas puedan estar justificadas. Claro que lo mismo él tampoco quería dar eso a entender en un plano general, sino en el sentido concreto de acabar en un juzgado.

No, no se puede sentar a una madre ante un juez por darle una bofetada puntual a su hijo.

La saga de libros infantiles ‘Futbolísimos’ será película, el rodaje ya está en marcha

Si hay una saga de libros que triunfe entre los niños españoles que arrancan a leer solo es, con la venia de Geronimo Stilton, la de Los Futbolísimos.

Estos libros que aúnan fútbol y misterios por resolver, una versión moderna de Los Cinco o Los Hollister en modo patrio-futbolero, no han pasado por mi casa dado el nulo interés de mi hija en cualquier asunto que implique el balompié, pero me consta su éxito entre muchos de sus amigos.

Ahí van unos números enormes cuando hablamos de libros: más de 1.250.000 ejemplares vendidos de esta colección, pensada para niños a partir de ocho años. Un éxito fulgurante si pensamos que el primer volumen llegó a las librerías hace apenas cuatro años.

Su autor es Roberto Santiago (también director de cine y guionista), al que conocí el pasado año en la entrega de premios SM (ganó con otro libro infantil, Los Protectores) y que tiene el indudable y enorme mérito de haber hecho disfrutar a miles de niños con la lectura. Cruzo los dedos porque ese gozo arraigue y dé frutos.

El ilustrador, que acertó de pleno al dar luz y color a la pandilla, es Enrique Lorenzo.

Pues bien, aprovechando las vacaciones de verano, ya ha arrancado el rodaje de la película basada en estos libros. Terminará el 2 de septiembre, justo a tiempo de que su elenco infantil reanude el cole.

(@CARLOS MARTÍN)

La dirige Miguel Ángel Lamata (Nuestros amantes, Tensión sexual no resuelta, Isi/Disi: Alto Voltaje, Una de zombis) y adaptará el primer libro, El misterio de los árbitros dormidos.

Espero sinceramente que sea una película entretenida y de buena factura. Es muy difícil hacer buenas películas infantiles más allá de la animación, y las últimas experiencias de adaptaciones españolas no han sido precisamente memorables. Aún recuerdo el desaguisado que hicieron con Manolito Gafotas. Leed los libros del niño de Carabanchel, pero no veáis la película si podéis evitarlo.

La productora explica que han hecho pruebas a unos 5.000 niños para dar con la pandilla perfecta que encarnará a Pakete, el protagonista, Helena (con hache), Toni, Camuñas, Marilyn, Angustias, Anita, Ocho y Tomeo. Los niños actores que se pondrán en sus botas serán Julio Bohigas, Milene Mayer, Marcos Milara, Iker Castiñeira, Martina Cabrera, Roberto Rodríguez, Samantha Jaramillo, Pablo Isabel y Daniel Crego.

También forman parte del reparto Joaquín Carmen Ruiz, Antonio Pagudo, Norma Ruiz, Jorge y Toni Acosta.

De momento, solo tenemos de la película  la imagen que ilustra este post.

Toda la suerte del mundo en la aventura.

Mejor hubiera sido pedir disculpas por exigir esos tests de embarazo antes de hacer el contrato

Creo que es algo común a muchos padres. Cuando tu hijo hace una trastada y le pillas, lo que más valoramos es una disculpa sincera. Uno de esos “lo siento, no lo haré más”. Si el niño intenta salirse por la tangente, negar lo evidente, echar la culpa a otro o al menos compartirla, la cosa es peor.

No pasa nada por reconocer que has metido la pata, por asumir la culpa, aprender de ello y avanzar procurando no meter la pata. Todos lo hacemos. Nadie pasa por esta vida sin errar unas cuantas veces.

Algo que también es aplicable a los adultos. Algo que también es aplicable a las empresas.

Ojalá Iberia hubiera obrado de esa manera tras recibir la multa de 25.000 euros por una infracción grave al exigir una prueba de embarazo a las mujeres antes de contratarlas. “Nos hemos equivocado. Ha sido un error. Nuestras disculpas”.

La empresa en cambio ha reaccionado alegando que lo hacía por el bien de las mujeres a las que iba a contratar, por su salud y la del niño:

Hola. En relación con lo publicado en vuestra edición online, en Iberia abogamos por la protección de nuestros trabajadores y así mismo, del personal a contratar. La inclusión de este tipo de pruebas se hacía con el objetivo de no asignar tareas que pusieran en riesgo la salud de la aspirante ni la del bebé que espera (aplicando el caso) sin limitar las posibilidades de ingresar a nuestra compañía. De hecho, nunca se ha dejado de contratar a una mujer por estar embarazada, y tenemos ejemplos que lo demuestran. Sin embargo, se ha tomado la decisión de no incluir a partir de ahora dicha prueba durante el reconocimiento médico, confiando en la responsabilidad de cada mujer contratada el comunicarlo si se le asignan tareas que involucren riesgos durante el embarazo, para que se le cambien temporalmente las funciones. Un saludo.

Muy mal. ¿O es que acaso hacía electrocardiogramas a todos los potenciales empleados? ¿Les pedía historiales médicos completos a todos? ¿Análisis de sangre? ¿Exámenes del estado de su oído interno? Hay muchos motivos por los que subir a un avión puede ser un problema. Pero parece que solo hay uno en el que no basta con la palabra dada.

Es más, me gustaría saber si en esas entrevistas no cayeron las típicas y lesivas preguntas, aún tan frecuentes, sobre el estado civil, el deseo de ser madre o la edad de los hijos que ya se tienen.

Con lo fácil que es pedir perdón…
Espero que, al menos, haya aprendido del error.

No tengo una opinión clara respecto a la gestación subrogada, y creo tener derecho a no tenerla

Os voy a confesar que no tengo una opinión clara respecto a la gestación subrogada, y creo que tengo derecho a no tenerla. Mejor dicho, que tengo derecho a tomarme mi tiempo para tenerla.

Escucho a gente que aprecio, que considero buena y justa, con criterio, posicionarse con virulencia a favor y en contra. Sobre todo en contra, la verdad. Pero de todo hay. Y ahí estoy yo. Aún rumiando, incapaz de formular juicios definitivos. Será que soy lenta. Será que soy demasiado aristotélica. Tal vez sea por ser empática hasta niveles casi enfermizos. No lo sé…

Escucho a personas que se oponen, que hablan con razón, porque se está dando, de la explotación de mujeres en países pobres. Que lo comparan con la trata con fines sexuales, una lacra execrable y extendida. Y yo no quiero eso. Por supuesto que no. Nadie con un ápice de bondad estaría de acuerdo con esa nueva forma de abuso del cuerpo de la mujer. Gestar y entregar un hijo contra tu voluntad u obligada por las circunstancias pero sufriendo la huella que eso te dejará es una monstruosidad. Aunque me da miedo estar aplicando la óptica del primer mundo, nuestra óptica de necesidades básicas cubiertas, a realidades ajenas, mucho más broncas. No querría caer en eso, en juzgar sin comprender, igual que no quiero no se puede mirar la Historia y entenderla con ojos modernos.

Escucho a personas que lo quieren posible pero bien regulado, que dicen que una mujer debería poder elegir libremente y respaldada por las leyes si desea embarcarse en algo así. Con buenos controles, en el mismo país, con evaluaciones psicológicas y garantías jurídicas. Y suenan razonables pero sé que hay mucho que se me escapa, que es imposible legislar sin agujeros.

Escucho a gente que asegura que no se puede pensar solo en las mujeres, que es ya es una realidad que está aquí en forma de bebés. Ya están llegando niños nacidos así a diario que se encuentran en un vacío legal y que eso no puede ser. Niños en los que también hay que pensar y para los que sería injusto y cruel crecer con el runrún del ‘fue bebé comprado’ como compañero. Un vacío legal, por otro lado, que no beneficia tampoco a las mujeres gestantes. Una cosa es lo que nos gustaría que fuera la realidad y otra la realidad existente y que hay que manejar lo mejor posible.

Escucho a otros que defienden que la adopción debería ser la respuesta, que perpetuar nuestros genes no es algo imprescindible. También tienen razón. También de nuevo hay ‘peros’. La adopción no es ya que no sea barata, es que con frecuencia es imposible. Tanto dentro de nuestras fronteras como fuera de ellas. Y la adopción internacional también tiene muchas sombras.

Escucho a personas que aseguran que no es obligatorio tener hijos. Por supuesto que no lo es. Pero también conozco de cerca el dolor del deseo profundo y frustrado de ser padre o madre y hasta qué punto puede romperte por dentro.

Escucho a los que lo plantean como una lucha de clases globalizada
. Parejas ricas que desean ser padres y se benefician de la situación de pobreza e indefensión de muchas mujeres. Aseguran que jamás una mujer sin necesidades económicas se ofrecería para gestar un bebé ajeno por una simple cuestión altruista. Pero yo tengo dos parejas de amigos, una homosexual y otra heterosexual, que si me pidieran gestar a su hijo me plantearía muy seriamente decirles que sí, no por dinero, sino por amor y amistad. No sería un vientre de alquiler. Sería un regalo. Esos casos son posibles, raros sí, pero posibles en cualquier estrato. En situaciones así… ¿Por qué no?

Escucho también a gente que se enoja cuando les digo que es un tema complejo y que no lo tengo claro. “¡Cómo es posible!”, me dicen. Se enfadan con los que necesitamos tiempo y no lo vemos tan fácil para posicionarnos como ellos.

Pues reivindico mi derecho para reflexionar; para hacerlo y evolucionar mis conclusiones, porque todo lo que antes he expuesto, muy resumido, no son las únicas aristas que veo.

No sé qué es mejor. No estoy escribiendo para dar una solución, no la tengo. Escribo dudando, sabiendo que puedo cambiar de opinión mañana. Escribo porque me sorprenden un poco las opiniones tajantes, pero tal vez yo mañana tenga una igual de drástica.

Hoy no: hoy exijo mi derecho a esperar sin que se me lancen a la yugular; a reflexionar más sobre mi posicionamiento respecto a esta realidad reciente y caleidoscópica, sin que me fuercen a dejar que otros piensen por mí solo por haber llegado antes a sus propias conclusiones.

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Nuestros niños no van al colegio y al instituto a sudar como pollos y aprender a hacer abanicos de papel #CalorenlasAulas #OladeCalor

Camino al cole en Lleida. (EFE/Adria Ropero)

El pasado jueves mi hija salió del colegio encendida y sudando como un pollito. Ya tienen jornada continua y va a comer a casa. Ese día no comió, se sentía mareada. Habían tenido ‘Educa’ no mucho antes de salir y les habían tenido corriendo por el patio bajo la solanera. Esta semana comenté a su tutora que el jueves iba a ser especialmente caluroso, más aún si cabe que los días previos, y coincidió en que habría que buscar un plan alternativo y a la sombra.

Este junio ardiente está convirtiendo el final de curso en gran parte de España en un suplicio. La mayoría de los colegios públicos no disponen de aire acondicionado y en ellas es fácil que haya cerca de treinta seres humanos de distinto tamaño aguantando como pueden unas temperaturas inusitadamente altas a estas alturas del año.

Temperaturas que hacen que entiendas que en gran parte del territorio español no haya clases los meses de verano, sobre todo tras leer que está habiendo numerosos casos de mareos, vómitos y golpes de calor en algunos colegios de Madrid por las altas temperaturas.

Y así estábamos, aguantando el tipo y pensando que,de seguir el innegable cambio climático llevándonos de la mano al infierno, instalar aire acondicionado en las aulas iba a ser una necesidad insalvable, cuando el consejero madrileño de Sanidad, Jesús Sánchez Martos, recomendó abanicos de papel contra el calor en las aulas, “Como cuando éramos pequeños, dobla, dobla y dobla y ya tienes un abanico”, porque además “tener aire acondicionado puede provocar daños en los ojos o en el cuello a los alumnos”.

Tal que así (habrá que tomárselo con humor):

Vamos, que el aire acondicionado es muy malo para la salud, y abanicándose y bebiendo agüita no debería haber problema.

Efectivamente, problema no debería haber, si a lo que se refiere es a evitar que niños y maestros acaben ingresados graves en el hospital. Lo mismo también es partidario de eliminar la calefacción, que bien abrigado, con un buen jersey de lana, también se puede estar en el cole en invierno como cuando él era pequeño.

Pero es que a  los colegios e institutos se va a estar bien, para poder jugar y aprender. Y no a aprender papiroflexia precisamente. Y los trabajadores de los centros van a trabajar, no a convertirse en aguadores deshidratados. 

Me pregunto qué opinaría el doctor Sánchez Martos si le privamos estos días del perjudicial aire acondicionado en su coche, su casa y su despacho, y le entregamos a cambio un bonito abanico de papel. A ver si es capaz de ser igual de productivo en su trabajo y de conservar el mismo buen humor con el que recomendó lo de “dobla, dobla y dobla”.

Dudo que se prestase a hacer semejante experimento, pero si se anima, esta misma tarde mi hija y yo le fabricamos un abanico precioso.

¿Veríais versiones ‘limpias’ de películas con vuestros hijos o preferís esperar a que crezcan?

Esta semana mi compañero Carles Rull contaba en su blog vecino, dedicado al cine, que Sony va a lanzar versiones libres de sexo, palabras malsonantes y violencia explícita de sus películas para un mercado familiar.

Hablamos, entre otras, de películas míticas como Los Cazafantasmas o todos los Spiderman. Y de momento esas versiones ‘lavadas’ estarán disponibles solo en Estados Unidos, en plataformas digitales.

En su texto Carles Rull se lamentaba de esa poda, que altera (a peor) un contenido cultural. Pero planteaba que tal vez permitiera verlas con niños.

Puede que haya un público que demande este tipo de versiones o que les atraiga la idea de poder disfrutar sin “sobresaltos” de una película en familia o con niños pequeños, aunque a veces no sean precisamente los más pequeños los que se ofenden con según que vocabulario, escenas o personajes (poco modélicos).

Así que he decidido traer a este post esta cuestión, me gustaría saber qué os parece la idea. Si creéis que es buena cosa eso de ampliar la oferta de ocio audiovisual familiar a base de sacar tijera.

Yo no lo veo necesario. Creo que la oferta existente ya es suficientemente amplia con lo que se produce a día de hoy. Y siempre tendremos un pasado apto a nuestro alcance. Con Julia he visto y redescubierto maravillas como La historia interminable, Dentro del laberinto, Cristal oscuro, El último unicornio o Willow. La lista es enorme.

Prefiero esperar unos pocos años, que no son tantos, y ver la versión original e íntegra de Los Cazafantasmas cuando crezca que exponerla a otra cercenada. Corriendo el riesgo de que esa película mutilada fuera la que quedara en su memoria cinéfila.

¿Y vosotros? ¿Os parece buena idea la de Sony? ¿Veríais versiones ‘limpias’ de películas con vuestros hijos o preferís esperar?