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La verdad sobre tener un hijo con discapacidad motórica

Carolina López Moya es madre de una hija con discapacidad motórica, psicóloga, presidenta de la Asociación Magnolia para la Resiliencia y autora del blog Mamá Resiliente a la que conozco porque las redes sociales a veces te ayudan a encontrar gente que merece la pena.

Hoy Carolina es firma invitada en este blog. Le cedo este espacio porque yo he hablado con frecuencia de lo que es tener un hijo con autismo, de cómo se asume el diagnóstico,  he recogido reivindicaciones, alegrías, anécdotas… pero hay muchas otras realidades de las que no he escrito porque no tengo esa experiencia de primera mano, realidades relacionadas con tener un hijo que se sale del carril establecido, con las dificultades que ello supone.

Son, de todas formas, dificultades y reivindicaciones con muchos puntos en común para los que tenemos hijos con otro tipo de discapacidad. Incluso también para aquellos padres de niños con enfermedades crónicas.

Sin más, os dejo con Carolina y con Alicia:

El 27 de agosto de 2013 mi vida cambió para siempre. Fui madre, pero no una madre típica. A los 90 minutos de nacer mi hija, una parada cardio-respiratoria por motivos “desconocidos” se la llevó por delante, dejándole secuelas muy graves: parálisis cerebral severa.

A los 73 días, un 13 de noviembre, salimos del hospital con mi bebé y un pronóstico funesto: si sobrevivía al invierno, mi hija no podría nunca caminar, ni comer, ni hablar…

Hoy os quiero contar la verdad sobre tener un hijo con discapacidad motórica y denunciar las dificultades que tenemos los padres de estos niños.

LAS AYUDAS:

En aquellos momentos el impacto emocional fue tan duro que no nos podíamos ni imaginar que lo que vendría después sería un maltrato institucional. Para no aburriros, os diré que las ayudas para los niños motóricos están dispersas, muchos padres no se enteran de qué ayudas pueden pedir, cuáles les corresponde y si van a cumplir los criterios o no… Así que la peregrinación por las distintas administraciones se hace insoportable, llevando contigo un saco de papeles y contando una y otra vez lo que le pasa a tu hija mientras elaboras el duelo por la pérdida de su salud como puedes. Llorando entre cita y cita.

Las visitas a las distintas administraciones son numerosas y la mayoría son duplicidades: la solicitud de la valoración de minusvalía, la solicitud de la ayuda a la dependencia, la solicitud de la ayuda por hijo a cargo, la solicitud de las becas, la solicitud de las ayudas técnicas, la deducción por discapacidad en Hacienda… en todas hay que presentar LA MISMA DOCUMENTACIÓN.

En mi caso sólo tenemos acceso a dos ayudas, no porque sea rica, sino porque los umbrales son verdaderamente bajos. Alicia tiene derecho a cobrar su dependencia, que no llega a los 400 euros al mes y a 500 euros cada seis meses. Mi hija tardó 2 años y 8 meses en recibir su ayuda a la dependencia; durante ese tiempo gastamos entre 500 y 600 euros al mes en terapias. Un salario mínimo solo para ella en una familia normal. Afortunadamente la familia y los amigos nos ayudaron.

Lo que anhelo, y creo que estarán de acuerdo otros padres, es que haya una AYUDA ÚNICA DIGNA para nuestros hijos. Que no nos obliguen a peregrinar por las administraciones y por supuesto que la gestión sea PROACTIVA por parte de la administración, que no se dediquen a poner obstáculos pidiendo papeles a los que pueden acceder cuando realmente les interesa.

La solución a este problema sería una única prestación decente y una ventanilla única para la discapacidad.

LAS TERAPIAS:

Las terapias de Alicia son el 90% privadas. Tiene 8 sesiones mensuales de atención temprana en un centro concertado y el resto es privado: natación dos veces en semana, fisioterapia 2 veces, logopeda una vez, e integración del movimiento 1 vez en semana.

¿Es que la seguridad social no hace rehabilitación?

Para que una rehabilitación sea eficaz tiene que ser continua y muy frecuente en el tiempo. Los niños con problemas motóricos como mi hija van a una sesión a la seguridad social de 30 minutos cada 15 días (Andalucía). Algunos van semanalmente y los más afortunados dos veces en semana. A mi hija le pusieron sesión quincenal porque yo lo pedí, pero me dijo la fisioterapeuta que los niños que no son recuperables no tienen sesiones o se les da poco. Indignante.

Imaginad, 30 minutos. El tiempo de la sesión se pasaba volando: entrar, desvestir al bebé, la fisio se preparaba, un par de ejercicios y ya había que vestirla para que entrara otro niño. Ni que decir que las técnicas no eran las más eficaces, sino que consistían en estirar los miembros, algo que está obsoleto, ya que el mejor ejercicio es el que hace trabajar la musculatura.

Durante la semana, ¿cuántas sesiones de este tipo se podían pasar? ¿Cuánto dinero gasta la seguridad social en unas sesiones ineficaces y escasas?

Sería más lógico tener centros de rehabilitación integrales, con más sesiones y más largas. La parálisis cerebral es un trastorno psicomotor que afecta a las áreas sensoriales, motóricas y cognitivas. Así que las terapias tienen que cubrir esas áreas.

LOS APARATOS ORTOPÉDICOS

Uno de los grandes negocios que hay alrededor de la discapacidad motórica es la ortopedia. La primera vez que tuve contacto con ellas fue cuando su médico rehabilitadora me recetó su primer carro. Ilusa de mí, fui a la primera ortopedia que vi al salir del hospital y entregué la receta. A los varios días me llamaron para recoger el carro recetado: un armatoste de más de 20 kilos que para meter en el coche había que desmontar, una parte en el maletero y otra suelta en el asiento de atrás. ¡Me tendría que haber recetado una furgoneta también! Así que el carro terminó en el trastero y mi hija hasta los tres años y medio ha ido en carro de paseo normal. Afortunadamente ella no necesitaba control postural. La receta tenía un límite de unos 1.500 euros.

Después vinieron las férulas. ¡Ay las férulas!. Muchos de los padres con hijos con discapacidad motórica sabrán que hay varias guardadas por ahí que no han servido de nada. O hacen daño o los pies de nuestros hijos se escapan. El caso de Alicia es que tiene bastante fuerza en las piernas y aunque no las controla, cuando tiene la férula más fuerza hace, y termina el pie en equino, precisamente lo que se pretende corregir. Así que su función se ha limitado a ponerlas de noche mientras duerme.

Más tarde llegó el bipedestardor. La médico rehabilitadora vio bien recetárselo, aunque ella en ese momento estaba aprendiendo a gatear y a agarrarse a la espaldera (que construí yo misma por 10€) para hacer el intento. Un bipedestador no tenía sentido en ese momento. Aun así, lo recetó, otros 1.500 euros. La ortopedia trajo de nuevo el armatoste y se lo probamos. Los llantos de Alicia llegaron al cielo. Eso sencillamente era una máquina de tortura, y lo siento, mi hija es paralítica, pero no por eso la voy a someter a llantos desconsolados. Tendrá discapacidad psíquica, pero es un ser sintiente. El aparato terminó también en el trastero de la abuela.

En un momento dado, yo le propongo a la médico rehabilitadora que me recete un andador, mi hija estaba haciendo muy satisfactoriamente los ejercicios en la natación (terapia privada) que indicaban que estaba dispuesta a mover las piernas. La respuesta fue que no. Costaba 2.000 euros dicho andador. Nos tuvimos que apañar con un tacatá y un correpasillos de juguete para que mi hija ejercitara las piernas. Con esto conseguimos que “andara” por los pasillos de casa, hasta que se cayó un par de veces porque ella ya era muy grande y dejamos de hacerlo.

Ahora con cuatro años, vuelven a recetarle un nuevo carro. Esta vez, yo, más pendiente, miré muy bien el carro que necesitaba: ligero, plegable y con un par de accesorios para que mi hija no se “escapara”. Cuando fui con la receta a la ortopedia lo dejé bien claro: si no tenía estos accesorios, no quería carro ninguno. Pues bien, al final consigo un carro con estas características que cuesta casi 2.000 euros. Y os digo que el carro no es de acero valirio, no. Es algo más grande que una silla de paseo normal. Nada en sus materiales ni diseño justifica el importe, salvo que está destinado a niños motóricos; es como la tasa rosa pero a lo bestia. ¿Sabéis cuánto vale la burbuja para la lluvia de este carro? 200 euros. ¿Y la capota para el sol? 300. ¿Y el cesto inferior? 75€… son precios abusivos, no deja de ser plástico y tela.

Si echáis cuentas, ¿cuántos miles de euros llevamos? Esto es lo que yo llamo una estafa institucionalizada, invisible porque las recetas no las pagamos directamente de nuestros bolsillos, sino mediante la Seguridad Social.

No estoy defendiendo que se eliminen estas subvenciones, sino que SE ESCUCHE A LAS FAMILIAS sus verdaderas necesidades tanto en aparatos ortopédicos como en terapias.

Cuando diagnosticaron a Alicia con parálisis cerebral, fue como tener una gran losa de piedra sobre mi cabeza. En aquellos momentos creí que ese era mi fin como persona feliz. El tiempo y la dedicación a elaborar el duelo a la vez que he luchado por ella me ha devuelto a la vida.

Alicia sobrevivió al invierno, actualmente tiene 3 años y 11 meses. No habla y se alimenta a través de un botón gástrico; una sonda que va directamente a su barriga. No camina, está aprendiendo a gatear en este mismo momento y ahora tiene interés por ponerse de pie, con mucha dificultad y con soporte. Todo esto ha sido gracias al duro trabajo y dedicación de la familia, a todo el dinero invertido y a hacer oídos sordos a los terapeutas de las instituciones que nos decían que estábamos locos haciéndole terapia desde tan pequeña.

Mi hija, a pesar de su parálisis, es feliz. Sonríe con la música que le gusta, le encanta que le hagan perrerías en la piscina y hacer el cafre, le gusta trabajar en su espaldera casera y recibir muchos besos.

Un abrazo a todos los padres y madres que están en este momento en lucha.

Fdo: Carolina López Moya.

Otros enlaces de interés:

‘#Vástagos ¿Cómo convertirlos en personas?’, un libro de relatos en el que está presente el autismo


Cuando a comienzos de curso me llegó la propuesta de escribir un relato inspirado en la maternidad para este libro que acaba de salir a la venta, ni me lo pensé. ¡Claro que quería participar!

Primero porque mi texto iba a estar estupendamente arropado por los de otras escritoras como Carmen Agustín (Valencia), Lía Álvarez (Salinas), Deborah García (A Coruña), Catalina González (Alicante), la que fue mi compañera de ‘bloguerías’ en 20minutos Clara Grima (Sevilla), María José Mas (Tarragona), Helena Matute (Bilbao), Angélica Pérez (Barcelona) y Ana Ribera (Madrid).

Por cierto, a falta de saber si yo me ubico más en Madrid o en Gijón, veo que geográficamente hay una pluralidad que ni el Senado…

Y todos nuestros relatos vienen acompañados de las ilustraciones de Mónica Lalanda (Valladolid), que ha creado una ilustración para cada uno de los relatos. Nunca habían ilustrado nada mío y, oye, hace ilusión.

Volvamos al lío. Es decir, al libro. En mi relato me planteé un reto. Habría maternidad, por supuesto, pero también habría autismo, protección animal y un elemento fantástico o de ciencia ficción. La cuadratura de un círculo autoimpuesto. Y sé que queda fatal que lo diga la autora, pero estoy encantada con el resultado.

En su nuevo libro Vástagos la editorial Next Door Publishers decide hablar sin tapujos de la maternidad. Lo hace a través de diez relatos de ficción escritos por diez mujeres. Diez historias en las que afloran el miedo, la impaciencia y la desazón, sentimientos que junto con el amor y la prudencia convierten a la maternidad en un estado real y complejo. Cada relato aporta una visión diferente de lo que conlleva tener un hijo y contribuye a romper el estereotipo.

El libro cuesta 15 euros y pronto estará disponible en muchos más puntos de venta, pero de momento está disponible desde la tienda de jotDown y en Amazon. También en versión digital. Estáis a tiempo de convertirlo en vuestro regalo del Día de la Madre.

Carta a mi niña en el Día de la mujer

Nunca dejes que nadie te diga que no puedes llegar a conseguir algo por haber nacido niña. Si lo deseas de verdad, inténtalo con todas tus fuerzas. Cuanto más alto dispares tus flechas, más lejos llegarán.

No permitas que te hagan de menos, que te miren pequeña y corten tus alas. Huye de aquellos que son tan mezquinos que necesitan verse grandes a costa de otros.

Escapa también de los que ponen zancadillas, de los que pretendan poseerte, de los celos, de los que frenan, restan o te hacen sufrir. Hay mucha gente que merece la pena, no pierdas el tiempo con aquellos que te harán infeliz.

No creas a los que dicen que hay trabajos, aficiones, sueños o actitudes que no están hechos para las mujeres. Están equivocados. Demuéstraselo.

Si persigues o disfrutas algo en lo que estás en minoría no eres rara, simplemente eres tú. Aprende a sentirte cómoda con cómo eres.

Serán muchos los que tenderán a valorarte por tu carcasa. Da igual cómo seas, da igual si creces según sus estándares de belleza o completamente alejada de ellos. No lo permitas. Jamás les creas.

Tampoco juzgues tú a los demás por aquello que no es esencial.

Busca a los que te ven como eres, no como aparentas ser ni a través del filtro de ser una mujer.

Mira a los demás como a iguales. Nunca les veas desde abajo. Tampoco desde arriba.

Sé independiente. Sigue tu camino y sé capaz de mantenerlo. No dependas nunca tanto de alguien como para dejar de escuchar a dónde quieres que te lleven tus pasos.

Respeta. Exige respeto.

Prepárate para pelear cuando sea necesario
. Lo será. No has venido a un mundo en el que todo es justo e igualitario.

Asume que vivir implica tomar decisiones, encontrarte frente a encrucijadas en las que tendrás que decidir el camino a seguir. No temas asumir renuncias, pero no mires atrás. Tampoco tengas miedo a desandar parte del camino recorrido si es necesario.

Conócete y quiérete. Ama sin cadenas.

Sueña con volar tan alto como quieras.
Yo siempre estaré ahí cuando me necesites. También soñando. También volando.

¿Qué hay de malo en besarse delante de los hijos?

GTRES

El mes pasado hablamos en este blog de besos. De los besos que muchos padres dan a sus hijos en los labios. Piquitos inocentes que algunas mentes enfermas ven como algo sucio. Algo que vivió la cantante Hilary Duff en sus propias carnes, el detonante de aquel post.

De nuevo la manía de la gente de meterse en la vida de los demás sin necesidad ni justificación. Ya entonces os contaba que yo no daba esos besos a mis hijos, pero no se me ocurre censurar a los que lo hacen. No es más que una demostración de afecto. Y el afecto es algo que los niños necesitan en su desarrollo tanto como el alimento, y no estoy exagerando.

De aquel debate (innecesario, realmente) sobre el tipo de besos que damos a nuestros hijos nace otra reflexión sobre los besos que nos damos los adultos delante de ellos. Me consta que muchos padres se sienten incómodos besándose ante sus hijos, y que también los hay que no aprueban que dos adultos se besen ante los niños. Con frecuencia son los mismos.

Ante lo primero poco puedo decir. Si se sienten incómodos haciéndolo entiendo que no lo hagan. No me meto. Algo así les pasaba a mis padres y crecí sin verles unir sus labios, claro que hablamos de otra generación. Pero, de nuevo, que no censuren a los demás que sí lo hacemos. Nada hay de malo en que nuestros hijos vean que nos tratamos con cariño. Mejor besos que discusiones, gritos y reproches. Mejor besos y discusiones, que solo discusiones.

Es verdad que suele pasar que los niños más pequeños quieran monopolizar a uno de sus progenitores y si ven besos entre ambos protesten y los quieran apartar. Es normal, no hay que darle más importancia. Es anecdótico, acaba pasando y no debe frenar nuestras muestras espontáneas de cariño.

Y que nadie saque los pies del texto. Obviamente no me refiero a darnos el lote delante de ellos. Hablo de besos en los que no haya una carga erótica. No debería ni ser necesario recalcarlo.

A los niños les da mucha seguridad ver a sus padres queriéndose. Y crecer viendo una relación de pareja saludable es también beneficioso.

Que una relación de pareja sea saludable no sólo se basa en que se demuestren cariño, también en el ejercicio de la corresponsabilidad, en que si nos equivocamos, lo reconozcamos y pidamos perdón, y, sobre todo, en no faltarse al respeto, no insultarse en ningún caso, no menospreciar al otro ni gritarse.  Que crezcan viendo que no consentimos en el otro ese comportamiento me parece fundamental, pero ese, probablemente, es otro tema.

Feliz Año que trae cuatro semanas de permiso de paternidad (ojalá pronto el año que equipare a padres y madres)

El día de hoy traerá una noticia que se repite todos los años, la del primer niño nacido en 2017. Una de tantas noticias que parecen extraídas de El día de la marmota.

La cuestión es que esta vez ese niño, y todos los que lleguen tras él, tendrán la suerte de que sus padres puedan estar a su lado cuatro semanas ininterrumpidas.

La ampliación del permiso de paternidad de dos semanas a un mes es efectivo desde ya mismo, ha entrado en vigor seis años después del día que fijó la ley de 2009 que lo reguló. Pero al menos ya está aquí, un paso adelante que esperemos que acabe traduciéndose lo antes posible en la equiparación de los permisos de paternidad y maternidad.

Deben ser iguales para que haya igualdad. Cualquier otra solución no deja de ser un parche que no combate las desigualdades.

De momento, Feliz Año que trae cuatro semanas de permiso de paternidad. Y ojalá llegue pronto el año en el que haya al menos dieciséis semanas para ambos y que además sean intransferibles.

GTRES

¿Te incomoda ver que una madre besa a su hijo en la boca como ha hecho Hilary Duff?

Yo no beso a mis hijos en la boca. Les beso en muchos otros sitios, en la mejilla, en la coronilla, en la frente, en las manitas… Doy besos que suenan para hacer reír a Jaime; doy besos al asalto a Julia para evitar que me haga la cobra, algo que le divierte mucho; doy besos que cazan la fiebre y otros que velan los dulces sueños.

No beso a mis hijos en la boca.
No lo hago porque nunca me ha nacido hacerlo. No lo hago porque nunca recibí besos así de mis padres. No lo hago porque tampoco me he saludado nunca con piquitos con mis amigos.

No lo hago. No beso a mis hijos en la boca. Pero si lo hiciera, no veo qué habría de malo en ello. Miro la foto de Hilary Duff besando a su hijo de cuatro años en Disney y no veo más que una demostración de afecto. Pero esa foto ha desatado una (la enésima) polémica en redes sociales.

Es simplemente una demostración de amor maternal, no hay nada sucio ni sexual en ello y el que vea algo inapropiado y erótico en esa imagen tiene, como ha respondido la cantante, “una mente retorcida”. Respecto a los que dicen que es antihigiénico. Ni vivir ni amar es algo estéril. Y tampoco exageremos, que no es precisamente un beso francés (que, obviamente, sí sería inapropiado), es simplemente un pico con los labios cerrados.

¡Qué puñetera manía de juzgar a los demás por chorradas! ¡Y qué polémicas más absurdas se montan online de tanto en cuanto! Como si no estuviéramos hartos de ver celebridades haciendo lo mismo que Duff, como si la cantante estuviera obligando a alguien a hacerlo.

Claro que todo esto engarzaría con otro debate distinto, que es el de la exposición de los niños en redes sociales para obtener más seguidores, más repercusión, tanto por parte de celebridades como de aspirantes a serlo. Pero eso es otro debate para otro día.

Mejor para cualquier niño recibir demostraciones de amor que crecer en un entorno en el que no hay besos, no hay abrazos, no hay “te quieros”, en el que siempre es un invierno emocional

Y que besemos a nuestros hijos no quita que les enseñemos que no tienen que dar ni un besito a la fuerza, que no tienen que consentir contactos que no les agraden en ningún caso. Somos los guardianes de nuestros niños. Y eso también es otro tema.

¿Qué prometía el PP sobre conciliación, maternidad y familia en su programa electoral?

(GTRES)

(GTRES)

Antes de las últimas elecciones generales estuve revisando las políticas que cada uno de los principales partidos políticos prometía en materia de conciliación, familia y natalidad. Mi intención era haber hecho una comparativa de todos los programas, pero me temo que la falta de tiempo me lo impidió. No obstante, es probable que antes de lo que creemos tenga una nueva oportunidad de hacerlo.

Ahora que ya está ejecutado que Rajoy vuelva a ser presidente, me dio por recordar esas lecturas que tuve antes del verano y las conclusiones que extraje. El programa electoral del PP me dejó con estas conclusiones, fácilmente comprobables porque os dejo el texto íntegro al final por si tenéis curiosidad:

– La línea es totalmente continuista. Seguirán haciendo lo que estaban haciendo para fomentar la natalidad y ayudar a las familias, que les debe parecer que estaba requetebién. A las pruebas me remito. En siete ocasiones se habla de “seguiremos”o “seguir” con lo que se estaba haciendo.

No hay propuestas concretas. No leo ninguna medida desarrollada que esté deseando ver aplicada. Hay mucho canto al sol y declaración de intenciones: más apoyo a familias monoparentales, un nuevo plan de incentivo fiscal, un mapa de recursos para niños con enfermedades raras, que estudiarán nuevas formas de ayuda para familias con cáncer o enfermedades graves… Pero sin especificar nada. Nada más. Solo hay pequeñas pinceladas al hablar de ampliar la consideración de familia numerosa especial a partir del cuarto hijo, una ampliación de la cartera de servicios de reproducción asistida en el sistema nacional de salud, la agilización de la adopción y acogimiento, priorizando las adopciones nacionales, o de una ayuda de hasta 2.000 euros para madres adolescentes, pero sin explicar ni desarrollar.

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¿Es la vasectomía el mejor método anticonceptivo en una pareja que no quiere más hijos?

Más vasectomías que ligaduras de trompas, así evoluciona la anticoncepción en España, es un reportaje de mi compañera Amaya Larrañeta que os recomiendo.

En él recoge un cambio de tendencia que tal vez sorprende pero que alegra, porque supone que los varones están implicándose cada vez más en la anticoncepción. En la ultima década el número de vasectomías supera a las ligaduras de trompa. Desde 2004 las primeras, una intervención mucho más sencilla, han subido casi diez puntos mientras que las segundas han caído aproximadamente en la misma proporción.

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¿Vasectomía o ligadura de trompas? No es algo que uno se plantee con veinte años, pero a cierta edad y con la prole que se deseaba ya presente plantearse un método definitivo, con el que despreocuparse, tiene todo el sentido.

Es curioso. Nosotros no hemos optado ni por lo uno ni lo otro. Y eso que tenemos claro que no queremos más hijos y ambos acabamos a cumplir los cuarenta y aquello de que nos vemos aún jóvenes para buscar métodos definitivos empieza a oler a rancio. Sinceramente, es una conversación que ni siquiera hemos tenido y que deberíamos plantearnos.

No obstante, aunque no hayamos puesto el tema encima de la mesa para tomar una decisión, ambos sabemos que yo no quiero una ligadura de trompas habiendo una alternativa mucho más sencilla. Tampoco quiero el DIU, que obliga a revisiones y cambios con los que recuerdo a mi madre pasándolo bastante mal y que sé de algún caso en que ha fallado. Los métodos hormonales los usé muchos años y sé bien los efectos secundarios que tienen y que no quiero volver a ver aparecer, sobre todo el de disminución de la libido.

Así que no quedan muchas opciones, los métodos de barrera y la vasectomía. O ninguno (ejem), como un 11% de mujeres en edad fértil con pareja que están en riesgo de tener un embarazo no planificado.

Pensándolo fríamente, cuando ya has tenido todos los hijos que querías tener y empiezas a tener una edad tirando a respetable, de entre todos los posibles métodos anticonceptivos, la vasectomía parece el mejor, el más cómodo, el más barato, sin efectos secundarios, sin revisiones, ideal para disfrutar y despreocuparse. Su único inconveniente es que no sirve para frenar las enfermedades de transmisión sexual, la pareja tiene que tener la seguridad de que por ese lado no hay riesgos.

En una pareja la planificación familiar es cosa de los dos, la pelota no debe estar siempre en el tejado femenino salvo que se tire de preservativo. Si los motivos para negarse son únicamente conservar intactas las joyas de la corona, ahí hay algún bloqueo psicológico de los de hacerse mirar. Si la mujer tiene que hormonarse, implantarse un DIU y acudir a las revisiones o pasar por una operación más compleja solo porque al hombre “le da cosa”, algo importante falla.

Pasar por una intervención nunca es plato de gusto, pero una tan pequeña que es comparativamente tan ventajosa tiene todo el sentido que esté ganando adeptos.

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‘Amor con ojeras’, porque el sexo también es cosa de padres recientes

imageHace ya años que conozco a Mamen Jiménez y que disfruto de sus ilustraciones y su sentido del humor en Internet.

Mamen es más conocida como lapsicomami, (por psicóloga, no por psicópata, al menos que yo sepa). Esta cordobesa, que ya ganó el premio a mejor blog de humor de Madresfera el año pasado, acaba de publicar un libro, de esos bonitos, bien maquetados, con pasta dura e ilustraciones a todo color al que personalmente tenía muchas ganas.

No me ha defraudado.  Conserva el humor y esa mezcla de realismo y optimismo del que siempre hace gala y que  yo también practico y agradezco-

Lapscomami está especializada en sexología y terapia de pareja, de ello ejerce y se nota en todas sus páginas. De hecho este libro es precisamente eso: un libro de pareja, que habla directamente a ambos y no solo a ella lo que implica convertirse en padres, hasta qué punto te cambia la vida. Y lo hace con muchas ilustraciones que te mantienen la sonrisa mientras pasas las páginas.

Pero tampoco creáis que es una simple recopilación de viñetas graciosas en este plan:

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Para nada. En el libro hay también mucho texto elaborado por una profesional en la materia encaminado a mantener una sana relación de pareja durante el embarazo y tras la llegada del niño. Directa al grano, Mamen deja claro qué conviene hacer y qué no conviene descuidar para que nuestra relación no se resienta.

Así describen el libro en la contracubierta y así es:

Todo lo que nunca nadie te había explicado sobre qué le pasa a una pareja cuando tiene su primer hijo, sobre esas cosas que hacemos… y esas otras que dejamos de hacer. Contado con mucho humor y un sinfín de consejos prácticos por Lapsicomami, una psicóloga que ha pasado por ello y nos ofrece todos los recursos para sortear los (más que probables) baches parejiles propios de esta etapa de la vida.

En este libro encontrarás consejos para: mejorar la comunicación, aumentar el deseo, sobrevivir en pareja, reavivar la chispa, volver a tener citas de novios… porque se tarda muy poco en quererse y sienta fenomenal.

En definitiva, un libro que no solo es divertido e interesante, sino que puede resultar incluso útil.

Y para que no os pille de sorpresa ya os adelanto que un gran porcentaje del libro habla de sexo y es de agradecer que así sea. No es frecuente encontrar en los manuales de maternidad este tema, parece que a los que nos convertimos en padres recientes lo único que nos preocupan son cosas como percentiles, lactancias, colechos, estimulación del bebé, hitos del desarrollo e introducción de alimentos sólidos. Cualquiera diría que tras concebir a los churumbeles aquello pasó a perder toda su importancia.

Para nada (de nuevo). Si somos ahora padres es porque lo del sexo no nos pilla de nuevas y con toda seguridad querremos volver a practicarlo. Pero claro, puede haber temores vinculados a los cambios que se han producido en nuestro cuerpo tras la cesárea o el parto y la lactancia, dificultades nacidas de nuestro nuevo papel de padres.

Lógicos y superables todos, porque, efectivamente, hacerlo sienta fenomenal “porque aunque ahora sea con ojeras, el amor es lo más”.

Solo voy a a hacerle una crítica a Amor sin ojeras, una que tal vez no sea pequeña, aunque no pretende ser grande, y que está hecha con la mejor de las intenciones.

Siempre me he quejado de esa creencia tan extendida de que a ellos les interesa más el sexo que a nosotras, que ellos lo buscan más, que nosotras nos escabullimos de practicarlo con  frecuencia. Ya sabéis, el mito de que ellos son activos y nosotras pasivas, que ellos siempre tienen ganas y nosotras preferimos los abrazos y los capuchinos.

En el libro de Lapsicomami me he encontrado con ello de nuevo y varias veces.

Él quiere dar por zanjada la cuarentena (que no tiene que ser de cuarenta días en absoluto, puede ser muchísimo menos si hay ganas, eso sin contar que el sexo es mucho más que la penetración vaginal) cuanto antes. Tiene sus temores claro, pero está deseándolo. Ella está a mucha distancia en deseo, el sexo no es una prioridad, es él el que tira y ella la que frena.

Si seguimos transmitiendo eso nos encontraremos con el mismo tipo de profecía autocumplida de cuando a un niño le dices que es malo o listo.

No digo que en el pasado no fuera así en la gran mayoría de las parejas y tampoco niego que pueda seguir siendo la norma a día de hoy, pero en una pareja actual bien avenida y con un apetito sexual saludable, es más que probable que ella tenga tantas o incluso más ganas que él de reanudar las relaciones sexuales aparcadas durante el puerperio.

Lapsicomami me explica que “en el libro he recogido “lo que veo” y por mucho que me fastidie, la realidad es que muchas parejas vienen en esta situación (obviamente fruto del modelo de sexualidad que nos han colado). Fue un verdadero quebradero de cabeza incluir “esto que pasa” con lo que yo entiendo profesional y personalmente que es mejor. Explícitamente digo en el texto en no pocas ocasiones que las mujeres también queremos, y mucho. Y que hay ‘ellos’ que no quieren todo el rato”.

Y para finalizar os dejo con la invitación de Lapsicomami para acudir a la presentación del libro en Madrid. Si yo pudiera, no me la perdería.


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Las casas están para vivirlas y los niños para jugarlas

casaMi madre, cuando se casó, decoró su hogar blanco y moderno. No por nada el negocio familiar era una tienda de muebles. Aún recuerdo el sofá, blanco y como de peluche. En ese sofá dormía, leía, jugaba y saltaba. Si tengo que identificar un mueble con mi infancia, sin duda era ese refugio claro y blandito.

Un refugio que hubo que jubilar antes de que cumpliera los diez años.

“Las casas son para vivirlas”, ha dicho siempre mi madre. Yo, mientras, colocaba un mantel sobre una silla del comedor, servilletas a modo de orejas y cola, y cabalgaba sobre el parqué , acompañando a Gary Cooper, John Wayne o Gregory Peck en las películas vaqueros de la sobremesa de los fines de semana.

Mi madre nunca entendió que en pisos urbanos de metros contados se reservase un comedor solo para las ocasiones señaladas. Ella movió tabiques y nuestro hogar de menos de setenta metros cuadrados se quedó en dos dormitorios y un salón enorme en el que disfrutar en familia sin miedo a manchar y romper. O a dejar pequeñas muescas de mis cabalgadas en el parqué que era visibles aún muchos años después.

Y tiene razón. Le gusta tener la casa recogida, su umbral de tolerancia al desorden es mucho menor que el mío (“claro, es que es Capricornio como mi padre”, diría una amiga que tira mucho de los horóscopos y a la vez se ríe de ellos), pero sus nietos ahora revuelven en su casa igual que lo hacía yo de niña.

casa5En mi casa revuelven mucho más. A veces tenemos el sofá despiezado por el suelo, Jaime coge el papel higiénico con el entusiasmo del perrito de Scottex y organiza una que ni en la final de la champions, se traen cuentos y juguetes al salón… Y nosotros no somos distintos. Los juegos de mesa rebosan la estantería del salón de un modo muy poco minimalista, mis libros nos invaden y se desperdigan, a veces llegamos tan cansados que nos tiramos al sofá, nos descalzamos y no caemos en dónde estaban los zapatos hasta que nos tenemos que poner en marcha al día siguiente.

Las casas están para vivirlas. También están para jugarlas.

De los tres dormitorios que hay, el más grande es el de los niños, en el que Julia duerme y están los juguetes de todos, los cuentos, los disfraces, la cocinita y la pizarra… Mi decisión adjudicando habitaciones extrañó a algunos en su día. “Los adultos con una cama y los armarios tenemos bastante”, les decía yo, “los niños necesitan más espacio y para los adolescentes, su cuarto es su refugio”.

Y es una habitación que alegra ver, cuando vienen amigos con niños a casa, te asomas y están cinco o seis niños disfrazados e inventándose una obra de teatro con todo revuelto mi reacción es sonreír, no poner el grito en el cielo.

Entonces me acuerdo de las redes sociales en las que me muevo como la madre reciente que soy, sobre todo en Instagram y las madres que allí triunfan con fotos perfectas, salones y dormitorios impolutos y ordenados, niños siempre bien peinados, vestidos sin manchas ni arrugas.

No, tampoco es lo mío lo de tenerles bien peinados y con ropa como de catálogo de Benetton.

Veo esas fotos perfectas, en casas perfectas y me pregunto si es que para esa gente las casas no están para vivirlas ni jugarlas, sino para fotografiarlas y subirlas a Instagram.

“Están para que la interna filipina la recoja mientras la au-pair entretiene a los niños”, diría otra amiga que no es andaluza pero tiene gracia gaditana.

No sé, seré rara, pero a mí me gustan otras cosas: risas, cotidianidad, manchas de helado y chocolate, juguetes desperdigados, trenzas deshechas de tanto saltar, momentos capturados sin preparar… niños que juegan en casas que en unos años echarán de menos sus risas y su desorden.