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La maternidad es tan cambiante que siempre eres una recién llegada a ella

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Un buen meneo al árbol de la LOMCE, que falta hace

Este miércoles fue un día de maremágnum educativo que aún hoy se siente, de temblor de tierra convertido en tsunami en las redes sociales. El nuevo Gobierno dijo que iba a derogar parte de la LOMCE, algo esperable y esperado; y que la nota de la asignatura de Religión ya no iba a contar para nada y habría otra de valores cívicos para todos irrumpió como trending topic y fuente de debates y desencuentros.

Religión sí, religión no como asignatura. Religión católica o mejor religiones. Religión con un acercamiento cultural e histórico o catequista. Religión con nota que cuenta o como una extra escolar de zumba o polideporte. El debate es viejo y largo, con frecuencia encendido, y mi experiencia me dice que es difícil que haya cambios de punto de vista o acuerdos.

¿Mi opinión? La resumiré en que si a alguien su fe le proporciona consuelo, un sentido al mundo o a sí mismo, me merece el máximo respeto y puedo entender que desee que a sus hijos les enseñen esas creencias en su centro escolar, por mucho que eso no garantice que esos niños hereden esa misma fe. No obstante, me parece lógico y deseable que esa nota no cuente. Igual que desearía que a los niños se les enseñara nutrición, unas mínimas nociones financieras para que sepan defenderse al firmar una hipoteca o primeros auxilios, más aún que una asignatura de valores éticos, pero tampoco querría que puntuaran.

Niños pequeños en el colegio. (GTRES)

Pero hay mucho más, sin duda más relevante, en lo esbozado por Isabel Celáa ayer en el Congreso. Estoy de acuerdo con lo que otra ministra, Carmen Calvo, comenta hoy en una completa entrevista que os recomiendo: “el gran debate que siempre tenemos con la educación no lo tenemos que focalizar sobre asuntos que no tienen ningún sentido en el siglo XXI, como que la religión no debe estar en el currículum, porque lo que sí tiene que estar en el currículum son los valores cívicos, aprender qué es la democracia y la educación sexual. Como tenemos todavía el tema (de la religión) embarrancado ahí, porque es un tema que tendría que estar ya resueltísimo como en cualquier democracia europea, no ponemos el foco a lo que se lo tenemos que poner. Nuestros niños y nuestras niñas tienen que recibir educación cívica, educación afectiva, educación sexual, educación en valores, porque al final una parte importante de tu vida depende de eso”.

La ministra habló de la supresión de las polémicas reválidas, que de hecho ya ni siquiera eran obligatorias ni sus resultados valían para nada y cuya elaboración costaba un dinero injustificable que iba a parar a manos privadas.

También ha dicho que se reducirán de horas lectivas y las ratios de alumnos por aula, así como los días que se tarda en sustituir a un profesor de baja, con un máximo de diez de ausencia. Ha dejado en el aire el concierto a los centros que segregan alumnos por sexos y dicho que habrá un nuevo modelo de becas, se incentivará la educación infantil primando a aquellas familias más necesitadas y se modernizará la FP, que falta hace, y ojalá también se plantearan en serio una preparación profesional de calidad adaptada para alumnos con discapacidad.

Alumnos de Formación Profesional (GOBIERNO DE ARAGÓN/ARCHIVO)

Vinculado a la reciente polémica sobre si hay que perseguir la deseable inclusión a costa de cerrar los centros de Educación Especial, La ministra dijo que “obligatoriamente tiene que existir” y que “tenemos que estudiar si algunos alumnos que se han quedado en centro de educación especial podrían estar en aulas en otros centros”. Suena sensato y parece aclarar las dudas sobre la continuidad de estos colegios, a día de hoy imprescindibles para miles de familias. Eso no significa que no haya necesidad de poner el foco también en las necesidades de esos alumnos, cuyos derechos son pisoteados con insólita frecuencia.

Es verdad que estamos hartos de tantos cambios de ley, que necesitamos una mínima estabilidad en el ámbito educativo, que no ayuda que cada cambio de Gobierno suponga novedades; pero también es cierto que la LOMCE, tal y como está, no contenta apenas a nadie y es preciso meterle mano a fondo.

Hay a quien le sabe a poco que no se derogue la LOMCE entera, pero bienvenido sea al menos el mover bien fuerte el árbol para que caigan las frutas podridas y hacerle algunos buenos injertos.

En cualquier caso de momento lo único que tenemos sobre la mesa son palabras. No hay información sobre dotación presupuestaria ni desarrollo específico de lo apuntado.

Los primeros acordes suenan bien, pero habrá que esperar y ver cómo de bien suena la música que a nuestros hijos les tocará bailar.

“Tu hijo no está en el colegio adecuado”

Por segundo día consecutivo, algo que creo que no había pasado jamás, tengo una firma invitada en el blog. Se trata de Clara Hernández, madre de un niño con autismo que ha experimentado algo que, con diferentes matices, es muy común en los padres de hijos diagnosticados dentro del espectro autista: un cambio de colegio entre sinsabores.

Mi hija tiene nueve años. No tiene autismo. Solo ha acudido a un único centro escolar. Es lo normal en un niño de esa edad si no ha habido mudanzas o alguna circunstancia excepcional de por medio.

Lo excepcional en un niño con autismo que ronde los diez años es que solo haya estado en un colegio. El mío, con once, ha pasado por tres. Espero que en el que está sea ya el definitivo.

Y eso no puede ser. Sobre todo cuando la estabilidad es vital para ellos, cuando los cambios les cuestan, sobre todo cuando un abordaje acertado, único y continuado en el tiempo es lo que mejor puede contribuir a que alcancen su máximo potencial.

La mayoría entran en Infantil en la vía Ordinaria de escolarización, porque aún no han sido diagnosticados o sabiéndolo y con apoyos o en una aula TEA. Y la mayoría acaban descolgados, enviados a Especial (tal vez tras uno o varios traslados a otros colegios de la Ordinaria) porque la inclusión de pacotilla existente solo admite a los que mejor evolucionan, a los que no tienen conductas disruptivas, a los que encajan con los medios o las ganas que el colegio tenga.

Olvidan que no es el niño el que tiene que encajar, sino que es el centro escolar el que tiene que adaptarse. Exigir a la administración los medios que hagan falta y asesorar a los padres para que puedan sumarse a esas exigencias. No vale no hacer gala de ser un colegio inclusivo si no se es con todos. Y ninguno lo es con todos, solo con aquellos que pueden manejar tal y como ya están.

(GTRES)

Hemos conseguido cambiar a nuestro hijo de colegio. Hemos conseguido para él y para su hermana pequeña de 3 años un centro escolar inclusivo y con recursos de apoyo. Puede parecer una minucia pero, en la realidad de una familia con dos hijos con TEA, es todo un logro. Nosotros no tenemos derecho a elegir cualquier centro, porque no todos aceptan niños con necesidades especiales: por falta de recursos o por falta de interés.

Mi hijo comenzó 1º de infantil en un colegio “notable” según los rankings nacionales: potentes instalaciones y gran nivel académico y deportivo.  Un colegio concertado y, por tanto, sostenido con fondos públicos. Nos pareció perfecto para un niño que, con tres añitos, evolucionaba bien: tenía diagnosticado un Retraso Leve del Lenguaje, pero en cuanto empezara el cole, con todos los estímulos que iba a recibir, arrancaría, según nos habían dicho varios profesionales.  Finalmente su evolución no fue la esperada: en 2016 fue diagnosticado de Trastorno Especifico del Lenguaje, para acabar diagnosticado de Autismo de Alto Funcionamiento en 2017. Tiene reconocido un grado de discapacidad del 34%.

Desde su escolarización informamos puntualmente tanto a la tutora de nuestro hijo, como a la Orientadora del colegio. Nos indicaron que debíamos acudir a un Centro de Atención Temprana para ampliar la terapia que recibía nuestro hijo. Iniciamos ese proceso, muy complejo, por cierto, dada la elevada lista de espera que hay en Andalucía para centros públicos pero también para privados. Preguntamos al Servicio de Orientación sobre cómo nos podían ayudar desde el colegio. Nos hicieron un informe. Y nos indicaron que el colegio no cuenta con recursos de apoyo ni logopeda. Eso fue todo.

Cuando conseguimos un Centro de Atención Temprana, nos informaron correctamente de todos los trámites que debíamos hacer, y solicitamos al servicio de Orientación que inscribiera a nuestro hijo como alumno con Necesidades Educativas Especiales (NEE) y que realizara un Dictamen de Escolarización.

Al empezar el segundo año de infantil solicitamos al Servicio de Orientación que nos cumplimentara la documentación para pedir una beca del Ministerio de Educación para alumnos con NEE. Nuestra sorpresa es que nos responden que no podemos solicitarla, porque no han inscrito a nuestro hijo como alumno con NEE como habíamos pedido. Reclamamos, esta vez por escrito, que le inscribieran. Era Octubre de 2016. Mi hijo no obtuvo Dictamen de Escolarización hasta Marzo de 2017. Cuando comentábamos lo sucedido con terapeutas o trabajadores sociales, nos informaban de que algunos colegios “evitan” inscribir a alumnos con NEE para que no consten y no se vean obligados a solicitar la Unidad de Apoyo a la Integración. Obviamente, no podemos afirmar que esto suceda en este Colegio… pese a que nuestra experiencia nos lleva a pensar que sí.

Durante ese segundo año de infantil, el colegio se centra en dejarnos muy claro que “tu hijo no está en el colegio adecuado”, “no tenemos profesores de apoyo, solo de refuerzo, pero no es suficiente para tu hijo”, “le cuesta mucho adaptarse”, “yo no soy profesora de educación especial”,… Además de no recibir ningún tipo de apoyo o recomendación por parte del equipo de Orientación. Dada la situación, reforzamos el trabajo fuera del colegio e iniciamos una fase de terapia intensiva con nuestro hijo, en la que nos implicamos al máximo para conseguir que  alcance el nivel académico y se adapte de la mejor manera posible. Todo ello, mientras empezamos a buscar otro colegio.

Durante el último curso de infantil, la tutora de nuestro hijo se ausenta por estar de baja por enfermedad durante un trimestre; contratan a una profesora sustituta a la que cuando le preguntamos si sabe algo del diagnóstico de nuestro hijo se sorprende y nos dice que no estaba informada. La tutora no había informado a su sustituta y, entendemos que quizá tampoco a los profesores de las extraescolares, al personal del comedor… Ya no sólo se trata de que el colegio no cuente con PT, ni AL, ni profesores de apoyo. Es que directamente no se informa sobre las necesidades de un niño a todo el equipo con el que va a trabajar.

Dado que desde el Centro Escolar no obtenemos respuesta, acudimos a los padres de la clase de nuestro hijo a través de un mensaje que enviamos el 2 de Abril, haciéndolo coincidir con el Día de Concienciación del Autismo. Enviamos un mensaje en el que invitamos a las familias a informar a sus hijos de la importancia de respetar, ayudar e incluir a todos los compañeros, sean como sean. Un mensaje en tono positivo que recibe como contestación el cariño de toda una clase. A la vuelta de su baja, la tutora de nuestro hijo nos muestra su desaprobación y nos indica que hemos “cometido un error” al dar esa información a los padres: nuestro hijo había sido uno más durante estos tres años, pero ahora era un niño señalado, etiquetado, del que decían sus compañeros que estaba enfermo o que no podía aprender. La realidad que nos transmiten los padres de la clase, y que percibimos nosotros, es que está más arropado y sus compañeros entienden mejor sus comportamientos.

Estas anécdotas, esta experiencia, no es más que un grano de arena del desierto que tenemos que atravesar las familias de niños con NEE en edad escolar.

Los centros no informan correctamente sobre sus carencias: este colegio no cuenta con Unidad de Apoyo a la Integración, que pueden solicitar voluntariamente a la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía, y no informan sobre ello. Tampoco aparece reflejado en los rankings de los mejores colegios de España los centros que cuentan con recursos de apoyo y los que no; quizá si un cole tiene alumnos con NEE en sus filas, ya no es digno de un notable?

En estos centros escolares se vulnera sistemáticamente el Art. 24 de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de las Naciones Unidas, excluyendo y dificultando la convivencia escolar de los alumnos con discapacidad con la clara finalidad de que abandonen el centro. A nosotros nos han “empujado hacia la puerta” durante tres años. Y nos vamos. No podemos más. Hay familias que deciden aguantar… Aquellos que se quedan, y los que entran sin información completa, encontrarán un profesorado que no tiene formación, ni intención de tenerla, sobre los Trastornos del Desarrollo más comunes. El TDHA, el TEA, el TEL, los trastornos del aprendizaje,… tienen una prevalencia actual cercana al 5% de la población de 1 a 5 años. Por mucho que intenten evitar que los niños con dificultades estudien en ese colegio, cuentan con alumnos escolarizados que se beneficiarían de recibir atención temprana, y no la reciben porque su personal no sabe detectarlo a tiempo. Están condenando a esos niños, como poco, y sólo hablando del ámbito que les interesa, al fracaso escolar.

La inclusión no existe, somos los padres. Pero al menos los padres podemos presionar para que nuestro sistema educativo se acerque cada vez más a algo parecido a la igualdad de oportunidades. Al menos, debemos esperar que este tipo de colegios se replanteen un enfoque más inclusivo.

La inclusión sería lo deseable, pero mantener la Educación Especial es imprescindible a día de hoy

Un modelo de educación completamente inclusivo sería lo ideal, a lo que hay que aspirar. Estoy convencida de ello. Tanto como que a día de hoy estamos muy lejos de lograr una inclusión mínimamente aceptable que permita prescindir de los centros de Educación Especial, tanto por voluntad política como por recursos.

La Educación Especial a día de hoy es necesaria, lo creo así sinceramente. Son un salvavidas para muchas familias pero sobre todo es la mejor respuesta educativa a día de hoy y siendo realistas para decenas de miles de niños, muchos de ellos que estuvieron previamente en la vía ordinaria y supuestamente inclusiva acumulando malas experiencias, desatención e incluso un notable sufrimiento.

Si algún año logramos esa deseada inclusión que dé una buena respuesta a las necesidades de todos los niños, independientemente de sus problemáticas, capacidades y grados de autonomía; si algún día de verdad podemos prescindir de la labor de los Centros de Educación Especial, el proceso tendrá que ser muy gradual, bien medido y casi personalizado. Y lo veo muy lejano en el tiempo. Desde luego, a día de hoy, dudo mucho que fuera posible abordar algo así.

Estos días de atrás he visto de cerca la preocupación de muchas familias que se han movilizado para evitar que se demonice esta opción educativa. Que se demonice y se desmonte.

(ELENA BUENAVISTA)

De esa preocupación ha nacido la Plataforma Educación Inclusiva SÍ, Especial TAMBIÉN, cuyo manifiesto inicial se dio a conocer la pasada semana y que aquí os dejo para entender mejor esta problemática.

A continuación he querido mostrar la respuesta de Plena Inclusión a esta preocupación.

Leer ambos puede ayudar a entender una situación compleja, en la que las soluciones fáciles y rápidas nunca van a funcionar.

Las personas con discapacidad, sus familias y docentes nos encontramos profundamente preocupados por la intención de algunos partidos políticos y organizaciones sectoriales de eliminar la Educación Especial que atiende a miles de niños y niñas en España.
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A los buenos maestros

Voy a empezar diciendo una obviedad. Hay maestros excelentes. También los hay que trabajan duro y con vocación para lograr serlo desde una perfecta imperfección.

Tienen abordajes diferentes de la educación, distintos planteamientos, discrepancias a veces, pero le echan ganas y dedicación, se forman y viven la enseñanza con pasión. Enseñando a párvulos y a adultos, a personas con discapacidad y a adolescentes desahuciados por otros colegas.

Me da la impresión de que cada vez son más, aunque bien sé que en todas las épocas ha habido docentes así y en todos los niveles.

Fernando Fernán Gómez en la excelente ‘La lengua de las mariposas’. Me imagino a Don Gregorio a día de hoy innovando en el aula, tal vez adepto a la gamificación.

Y a muchos les ponemos las cosas muy difíciles, incluso les terminamos quemando. Lo hacemos entre padres, administración, falta de recursos y también mucha zancadilla de otros profesionales de la enseñanza, supuestos compañeros acomodados, suspicaces, de cortas miras, desmotivados, que solo miran su propio ombligo o directamente son mala gente.

Otra obviedad: hay profesionales excelentes, buenos, regulares y malos en todos los oficios. Es así en la docencia, en centros públicos, privados y concertados, y también en el periodismo, en la medicina, en el mercado e incluso en la política. Sin olvidar que nadie, ni siquiera el mejor, se ha librado de cometer errores en alguna ocasión. De hecho se aprende con frecuencia metiendo la pata.

Por ser madre, por mi actividad en este blog y como periodista, he tenido la suerte de conocer a bastantes buenos maestros. Mis hijos han tenido la suerte aún mayor de encontrarse con varios durante su breve vida académica. Jaime más que Julia, no sé si es una cuestión de suerte o que abundan entre los que están en Educacion Especial aquellos con una pasta especial.

Y lo hacen contra fuertes vientos y traicioneras mareas, contra planes educativos cambiantes y a veces incongruentes, falta de recursos, interinidades crónicas, sesgos ideológicos a los que los niños deberían ser ajenos, incomprensión generalizada cuando desean innovar, aulas atestadas y con notables desequilibrios, poco reconocimiento y mucho desgaste personal.

Ahora que el curso acaba quiero acordarme de ellos, deseando que el descanso del verano les ayude a recargar fuerzas y olvidar sinsabores.

No quiero que despidan el curso sin sentirse valorados; sin saber que hay también muchos padres que apreciamos su esfuerzo; que somos consciente de que tienen entre sus manos el material más sensible de la sociedad, nuestros niños, y que sabemos que intentan enseñarles bien y con cariño.

Los habrá que, como siempre, recuerden con envidia amarilla sus largas vacaciones, que es cierto que son más extensas (no para todos, los hay para los que el verano supone también una interrupción de sueldo) que las de una mayoría de trabajadores pero no tanto como creen esos que olvidan sus propias ventajas laborales al lanzarse a la crítica, como vuelos gratis si trabajan en compañías aéreas o descuentos en los comercios en los que desempeñan su labor. Pero es que incluso en trabajos sin prebenda ninguna es mezquino no alegrarse de la suerte ajena solo porque no te ha tocado a ti. El camino a la felicidad no se construye comparándose con los demás y atacando todo lo bueno que no ha sido para ti.

Dicen que la envidia es muy española, no lo sé. Yo procuro de forma consciente tenerla bien lejos. Lo que me gustaría que fuera muy español es agradecer a aquellos que trabajan duro, que intentan abrir nuevos caminos y así lograr que el paso de nuestros hijos por colegios e institutos sea feliz y provechoso. Querría que lo muy español fuera cooperar, arrimar el hombro todos por el bien de las generaciones futuras.

Buen verano, buenos maestros. Descansad, que pronto nos veremos en un nuevo curso cargado de retos.
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‘¡Ayúdale a despegar!’, un libro que acompaña en la crianza de los hijos distinto y útil

Desde hace ya muchos años llegan a mis manos, a mi vista o mis oídos muchos libros relacionados con crianza. Los hay de todo tipo. Unos tiran del humor, otros de las experiencias personales o de la evidencia científica. Los hay escritos por famosos,también por profesionales de la salud o la educación.

Como es lógico los hay buenos, malos y regulares, pero os confieso que salvo muy pocas excepciones lo que despiertan en mí es hastío. Sobre todo si se trata de manuales que vuelven a repasar lo contado mil veces: los cuidados y cambios en el embarazo, el puerperio y las primeras etapas del niño. “¿Otro más?”, es lo que pienso.

No me extraña que para muchos futuros padres descarten eso de acudir al papel impreso en busca de conocimiento para afrontar esa nueva etapa en sus vidas, tras la que nada volverá a ser igual.

Tampoco me extraña que tantos declinen amablemente los volúmenes que otros padres ya no tan recientes se ofrecen a regalarles, o que los acepten por vergüenza torera pero los dejen cerrados en algún rincón olvidado. Tampoco que duden de lo que en muchos está escrito. ¿De verdad estará actualizado según las últimas evidencias científicas? Porque a veces no está claro lo que es irrebatible o solo una opinión (por fundada y aceptable que sea), porque intuyen que hay muchos modos de crianza, porque “no quiero que me pongan la cabeza como un bombo.

Creo sinceramente que hay una saturación de volúmenes así, libros en su mayoría de vida breve, como la comida rápida. Por todo eso apenas he hablado en más de una década de blog de libros de crianza. Pero hoy voy a hacer una excepción porque el título lo merece.

¡Ayúdale a despegar!, cuya primera y nutrida edición se ha agotado en tiempo récord, me sorprendió para bien. Considero que es uno de esos pocos libros realmente útiles para leer durante el embarazo, también una vez ya hemos sido padres, porque su enfoque es distinto, porque nos cuenta cosas que no sabemos, porque nos ayuda a ver a nuestro hijo de otra manera, a darnos cuenta de la importancia de las primeras semanas.

Un libro interesante también para muchos profesionales de la salud y la educación infantil, escrito de manera rigurosa y con varios niveles de lectura: capítulos desarrollados en profundidad, resúmenes y consejos prácticos al final de cada uno de ellos, y lleno de referencias bibliográficas al final.

A lo largo de catorce capítulos, los once primeros del fisioterapeuta pediátrico Iñaki Pastor y los tres últimos la psicóloga experta en trauma infantil Jara Acín y Rivera, aprendemos que el ser humano es programable; que la importancia de tocar a nuestro hijo es mayor de lo que creíamos; que coger en brazos sin límite es bueno y también lo son los límites y la firmeza; que es posible enseñar a los niños a encarar mejor el dolor físico y emocional; que hay que huir de las etiquetas cuando se habla de problemas de aprendizaje o a cómo crear buenos vínculos y un entorno de amor y seguridad.

Pero, sobre todo, aprenderemos que el ser humano es un todo Desde su primer día de vida que hay que cuidar por completo, porque un mal equilibrio tal vez se traduzca en el futuro en dificultades con las matemáticas, y que siempre estamos a tiempo de intervenir para, como clama el libro desde su portada, lograr que nuestros hijos tengan “un desarrollo sin límites”.

Termino recomendando la entrevista a sus autores, que este viernes hemos publicado en 20minutos, y que ayuda a entender mejor las enseñanzas y reflexiones de ¡Ayúdale a despegar!.

“Ser diferente” y no explicarlo a los compañeros de clase y a sus padres casi siempre es un error

(GTRES)

Voy a empezar recomendando desde aquí otro blog de maternidad, el de Marisa, conocida como MadresEstresadas y a la que podéis encontrar muy activa en redes sociales. Un blog veterano de la que es la decana de las madres blogueras, porque sus hijos ya son jóvenes adultos y ha recorrido mucho más camino que todas las demás.

Hace ya unos cuantos meses que escribió un post que quería compartir por aquí porque creo que nos puede ayudar a reflexionar. Se titula Ser diferente y recoge dos experiencias de dos niños, neurotípicos, con compañeros de clase que no lo eran. Uno de siete años y otro de quince.

Os resumo todo, aunque os animo a leer las conversaciones completas en el post de Marisa. El niño de Primaria tenía un compañero que no atendía en clase, que tenía comportamientos distintivos como romper hojas, levantarse para tirarlas, no atender… la profesora nunca le regañaba. En una ocasión empezó a darse cabezazos contra la puerta rompiendo el cristal y acabando en el hospital. El niño estuvo allí varios cursos sin aprobar jamás nada hasta que desapareció.

Y ahora la del chico de tercero la ESO. En este caso había un chaval que tocaba el culo a las chicas, que se le olvidan los tortazos que recibe y repite, que tenía comportamientos que habrían supuesto una expulsión para cualquier otro compañero. A este chico jamás le castigaban, sus compañeros tenían asumido que “es que es tonto”. Punto. Nadie les había explicado nada sobre él o sus dificultades y descartaban que los profesores lo hicieran aún preguntando.

Marisa terminaba con la siguiente reflexión:

No soy quien para juzgar, y menos con los datos que tengo, pero si fuesen mis hijos los que me cuentan algo así, iría a hablar con los tutores.

Tampoco sé dónde empieza el derecho de los compañeros a saber qué le pasa al “problemático” y dónde acaba el derecho de Pepito y de Toni a que nadie sepa lo que les ocurre.

No me preocupa que haya niños diferentes, en absoluto, lo que sí me preocupa es que los niños no entiendan que esos compañeros lo son y que se les trata de otra forma, y que a lo mejor sabiendo que son diferentes, pueden evitar situaciones como estas.

Me parece una reflexión acertada, que nos debería hacer pensar mucho a las familias de chavales con discapacidad y a los profesionales de la educación.

No queremos estigmatizar. No queremos que sea desde el principio el señalado por diferente, aunque lo sea (y no me vale eso de que todos somos diferentes, que es cierto pero no aplica a esto). Tampoco queremos interrogatorios en la puerta del cole. Nos da miedo que la etiqueta diagnóstica, muchas veces sujeta a cambios, con frecuencia aún no del todo asumida por las familias, eclipse al niño. Miedo no solo a que eclipse, sino a que induzca al acoso escolar. Es un miedo comprensible, pero en la vida, en general, actuar movido por miedos no suele ser recomendable. El temor no es un buen consejero.

Yo creo que, salvo escasísimas excepciones, el resto de alumnos y sus familias deben saber lo que les pasa a esos compañeros. Se les debe explicar, adaptado a lo que son capaces de entender, las dificultades a las que se enfrenta ese niño que comparte tantas horas con ellos, lo que le pasa, para que pongan en valor sus logros, sepan interpretar mejor lo que dicen o hacen en ocasiones en las que chirría.

De hecho estoy convencida que hablar claro, ir con la verdad por delante, facilita que todos esos miedos no se materialicen.

A veces es incluso al propio niño no se le ha explicado su diagnóstico, algo que hay que afrontar cuanto antes mejor. También adaptado, por supuesto, a su edad y capacidad de comprensión.

Siempre recuerdo el caso de un adulto, que descubrió ya en la cuarentena que tenia síndrome de Asperger. Aquello fue para el una liberación. El diagnóstico le ayudó a entenderse a sí mismo, que lo que le pasaba era “normal” desde la perspectiva del diagnóstico. Más tarde, contarlo en su entorno de trabajo, ayudó a que sus compañeros también le entendieran, a que todo fuera más fácil. Dejó de ser el borde y raro. Todo tenía una explicación.

Sé que es un tema complejo. Es difícil hacer generalizaciones y hay que ver los detalles cada caso, tras cada chico con necesidades educativas especiales incrustados en un aula ordinaria, pero en general ocultar la verdad casi siempre es un error. Y casi siempre es lo que se hace. Incluso en centros en los que los profesionales no consideran al niño un marrón que les ha caído en clase (que aún se da demasiado), incluso en esos colegios que quieren hacer las cosas bien. En gran medida porque la decisión de los padres pesa mucho, con lógica. En parte también por falta de formación específica del profesorado de ordinaria.

A la inclusión se llega mediante la comprensión. No se puede comprender lo que no se explica. Esos niños que contaba Marisa no estaban incluidos, estaban incrustados.

Quiero terminar con un detalle muy importante. Es un error asociar a los alumnos con distintos tipos de necesidades especiales con los problemas de conducta o comportamientos disruptivos en clase. No siempre es así ni mucho menos. Podrá haberlos o no, como con alumnos neurotípicos.

(GTRES)

Somos objetores a las pruebas de la Lomce, mi hija no se someterá a ellas #boicotalasrevalidas

Esta mañana mi hija no irá al colegio. No irá porque somos objetores, como muchos de sus compañeros y profesores, a las pruebas de la Lomce organizadas por una empresa externa que está recorriendo esta semana los centros educativos madrileña para examinar a alumnos de cuarto de la ESO y de tercero y sexto de Primaria.

Exámenes que ignoran la individualidad de cada niño; que tampoco tienen en cuenta las características de los distintos centros, como es el caso del de mi hija, que apuesta por innovar mediante el trabajo por proyectos y la limitación de deberes, exámenes y libros de texto.

Exámenes que consumen recursos que van a parar a manos de empresas privadas y que serían mucho más valiosos apuntalando las necesidades reales de los alumnos.

Exámenes que únicamente sirven para crear niveles artificiales, nada fiables, entre centros.

Os dejo parte del escrito del AMPA del CEIP Miguel Hernández:

Hace dos cursos una empresa privada (servinform) se embolsó 330.000 euros por la “realización, tabulación, documentación y análisis de los resultados de la evaluación” solo en nuestra región (el Ministerio de Educación ya había contemplado una partida de casi un millón y medio de euros).

En el portal informático de la Comunidad de Madrid se afirma que “la prueba tiene un carácter formativo y orientador para los centros, para los padres y para los alumnos y sirve, además, para orientar a la Administración educativa respecto a la eficacia de sus planes y actuaciones”. Desde luego, para las familias y las alumnas y alumnos no tiene capacidad orientadora, ya que la mejor información que recibimos es aquella que el profesorado y nosotros, sus familiares, vemos día a día, la que se proporciona en las reuniones y entrevistas que mantenemos y la que viene reflejada en un documento oficial: el boletín de evaluación.

Confiar la determinación de la cualificación de una persona de estas edades a una prueba concreta es, a nuestro entender, un despreció a la labor de evaluación continua de sus maestras y maestros y una burla a la inteligencia de las familias. En cuanto a ser una herramienta de orientación para la administración, podría ser siempre que se correlacionaran los datos con alguna otra variable…. cosa que no ocurre. ¿Cómo mide así la eficacia de sus planes y actuaciones? Es una evaluación diagnóstica técnicamente nula.

No es siempre posible, aunque se quiera, hacer boicot a estas pruebas desde las familias. La intendencia personal y laboral es complicada en muchos casos. Y entiendo que haya gente bien informada para la que estas pruebas no supongan ningún inconveniente o incluso las aplaudan. Algo que respeto por completo, por supuesto. Igual que pido respeto para los que objetamos.

Son bastantes, me consta, las que no se han enterado demasiado de qué va esto. Con frecuencia porque sus colegios que las reciben sin problema y no informan de lo que realmente hay detrás.

Frente a esos colegios que las aceptan o incluso dan la bienvenida, hay una movilización importante en contra. Esto que os dejo procede de un teletipo de Europa Press:

Los sindicatos CCOO, UGT y STEM han convocado seis jornadas de huelga para el profesorado de centros públicos, concertados y privados a partir de este martes en los que se desarrollen las pruebas externas de la LOMCE que se celebrarán en la Comunidad de Madrid a partir de este martes mientras que la Consejería de Educación ya ha fijado los servicios mínimos.

En concreto, la convocatoria se ciñe para este martes, miércoles, jueves y viernes, junto al 7 y 8 de mayo con una duración de 24 horas por cada jornada de paro en rechazo a estas pruebas externas, que los sindicatos critican por ser una especie de “reválidas”.

Cerca de 200.000 alumnos, procedentes de 1.300 centros de Primaria y 800 de Secundaria (públicos, concertados y privados) de la Comunidad de Madrid, están llamados a partir de este martes las pruebas externas de 3º y 6º de Educación Primaria y 4º de Secundaria.

Además, el día 8 de mayo se ha convocado una manifestación por las calles de Madrid, que comenzará en Neptuno y que finalizará frente a la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid.

Queremos evaluaciones cuyos resultados sirvan para mejorar desde la Administración la calidad de la Enseñanza Pública, con políticas reales de inversión en recursos, formación y apoyo al profesorado y el alumnado.

En redes sociales también se hace ruido con el hashtag #boicotalasrevalidas

Sobre la inclusión en los colegios y los colegios especiales

La inclusión es lo deseable, lo que yo querría, lo que cualquiera en su sano juicio pediría. Una inclusión bien hecha que permitiera a los padres elegir un colegio cercano, al que también puedan acudir los hermanos de ese niño con autismo, con Down, con parálisis cerebral… con lo que eso facilitaría la intendencia familiar. La inclusión que pone los recursos y las manos que hacen falta allí donde hay un niño con necesidades.

La inclusión bien hecha está muy lejos de estar teniendo lugar. Salvo en las pocas excepciones en las que coinciden niños con unas características que el centro educativo puede gestionar y voluntad por parte de los profesionales del centro, la inclusión es una entelequia. Los dictámenes tardan. Apenas hay plazas para la demanda existente. Las ratios suben claramente o de manera camuflada. Demasiados docentes consideran al niño con autismo, Down o parálisis cerebral que llega a su clase más un marrón que alguien en quien volcarse. Incluso los profesores mejor predispuestos carecen de las suficientes ayudas, formación actualizada y tiempo. Con frecuencia los niños en modalidad inclusiva no son estimulados y enseñados como necesitan, no tienen un plan individualizado con objetivos claros. Lo que suele suceder es que acaben siendo ‘invitados’ a irse a la vía especial antes o después.

Hay que seguir peleando por una mejor inclusión. No debemos dejar de exigir que todo (y es un todo muy grande) vaya mejorando. Y son exigencias que hay que dirigir más a la Administración que a la comunidad educativa. Ahí está la raíz del problema, en la falta de voluntad política para dedicar recursos y cambiar viejas inercias. En otoño de 2015 el gobierno aprobó una Estrategia Española en Trastornos del Espectro del Autismo (TEA) que tenía como uno de sus pilares garantizar una inclusión escolar carente de presupuesto y que, por tanto, se ha quedado en un canto al sol. Algo que ya sabíamos entonces.

Tras leer el documento con detalle, lo que cualquier lector concluye rápidamente es la inexistencia de partidas económicas, ni siquiera una mención. Es más, hay una traslación clara de responsabilidades hacia las Comunidades Autónomas, quedando el Gobierno Central como mero cómplice ideológico del asunto. Primer dilema. Porque el texto malo no es, es más, algunos de sus apartados son bastante buenos. Pero como plan estratégico obvian decir cómo pretenden llevarlo a cabo, por tanto en vez de plan estratégico no deja de ser una estupenda declaración de intenciones, o de reconocimiento de carencias.

Los colegios especiales son necesarios. Dado que no existe esa inclusión de verdad, decente, que no depende de que el niño tenga un nivel manejable para el centro con el mínimo esfuerzo, es imprescindible contar con los centros de educación especial. Sin ellos estamos perdidos. De hecho, a día de hoy, es fácil que sea el mejor lugar para muchos de nuestros niños, el que mejor les atienda, enseñe y en el que más felices estén.

(GTRES)

Para muchos padres acudir a la vía especial es visto como una derrota, como una manera de excluir de la sociedad a su hijo, es condenarle a vivir al margen o es un motivo de tristeza, como tirar la toalla, más expectativas rotas. Entiendo esas reacciones pero es preciso reconducirlas. Nadie dice que un niño no pueda regresar de la vía especial a la ordinaria. De hecho, sucede. Pese a casos como el del colegio especial público de Getafe, en esos colegios hay muchos buenos profesionales trabajando con empeño y cariño por sus niños. Es en los colegios especiales dónde yo he visto a los maestros más entregados y vinculados con sus alumnos.

Además de colegios especiales públicos, a los que acuden niños con todo tipo de discapacidad, dentro de la vía especial también hay colegios específicos concertados y privados, centros normalmente especializados en autismo, en Down o parálisis cerebral. Los tradicionales conceptos, ideologías y prejuicios relacionados con la enseñanza pública, privada y concertada en vía ordinaria no son extrapolables en este caso. La mayoría de los centros específicos especiales son pequeños, muchos fueron formados por padres que se vieron huérfanos de respuestas educativas decentes, son con frecuencia asociaciones y fundaciones sin ánimo de lucro que cumplen una función social, que intentan dar respuesta a una necesidad no cubierta para muchas familias. Son pocos, no los hay por toda España, no merecen estar en el punto de mira de los que luchan legítimamente por una enseñanza pública de calidad.

Los niños que están en Educación Especial o que están en algún tipo de modalidad inclusiva en Ordinaria son tan poco importantes para la Administración que ni siquiera hay datos fidedignos sobre ellos. Hace unos tres años quise elaborar un reportaje sobre el tema y solo logré saber que en el curso 2011/2012 había 33.447 niños escolarizados en España en Educación especial, en 479 colegios. Y son datos que no son ajustados a la realidad. Habría que ir una a una por cada Consejería de Educación de España solicitando la información. Lo intenté y resultó imposible. Además, la delegación de competencias hace que haya situaciones de escolarización difícilmente comparables y faltan todos los que están en colegios ‘normales’, en vía especial o inclusiva. Es más, me consta que el INE recoge datos pormenorizados de todos los centros de educación especial, pero esos datos luego no se procesan de ningún modo ni los pueden, por tanto, facilitar a un periodista que los pida. Simplemente los recogen y ahí se quedan.

Ya lo decía el profesor de la Universidad Carlos III de Madrid Ignacio Campoy hace cuatro años, en un estudio que presentó Unicef sobre la situación de los niños y las niñas con discapacidad en España.

La lamentable escasez de estadísticas es, precisamente, una de las observaciones que el Comité de los Derechos de las Personas con Discapacidad le hizo a España. (…) La necesidad de realizar más estudios y más específicos sobre cada uno de los problemas que afectan a los niños y niñas con discapacidad es absolutamente necesario, primero para ser conscientes de cada problema, de su especificidad, y después para que se comprenda que hay que dar una urgente y adecuada solución y se sepa cómo hacerlo.

La entrada al colegio de educación especial específico para niños con autismo Aucavi sur. (ELENA BUENAVISTA)

Elegir colegio cuando tu hijo tiene autismo, entre la pesadilla y la entelequia

Elegir colegio para nuestros hijos. No es una decisión baladí, dado que va a marcar el futuro de nuestros hijos en muchos sentidos. Siempre es difícil, siempre hay dudas. O al menos lo lógico es que los padres y tutores que debemos afrontar esa elección nos lo tomemos en serio y las tengamos.

En el caso de los niños con TEA
, la elección de centro escolar es especialmente una pesadilla. Pocos centros entre los que elegir; diagnósticos iniciales que coinciden precisamente con el inicio de la vida escolar del niño; dictámenes de escolarización que se retrasan o con los que no estamos de acuerdo; centros que nos gustan y no tienen plazas, o que están muy lejos y carecen de ruta; varios cambios de modalidad educativa y de centro escolar en pocos años obligados por las circunstancias…

Probablemente uno de los aspectos más difíciles de tener un hijo con autismo sea precisamente afrontar de la menor manera su escolarización. Si ya es complejo con un niño que no tiene ningún tipo de problema, si hablamos de uno con autismo, las dificultades se multiplican. Os invito a preguntar a cualquier padre de un niño con autismo escolarizado y podréis comprobarlo.

No se está dando una respuesta adecuada a las necesidades de escolarización de nuestros niños. Es un hecho del que estos testimonios dejan constancia.

(ELENA BUENAVISTA)

 

Isabel. Iván estuvo escolarizado en centro ordinario con apoyos los 2 primeros años del ciclo infantil, su afectación sobre todo a nivel cognitivo cada vez era más evidentes y por ende sus necesidades de apoyo. Coincidió con los grandes recortes de la crisis y a parte de reducir los apoyos aumentaron el número de alumnos en su aula, así que decidimos buscar un centro o aula específico. En Guadalajara en aquella época no existía ninguna de las dos opciones, así que optamos por buscar centro en Madrid (otra comunidad autónoma) todo muy complicado en trámites. Finalmente conseguimos plaza en el centro de ARAYA, a 50 km de casa, en el que sigue escolarizado actualmente.

Creo importante comentar que Iván aún no habla ni escribe, pero aún así llevan ya 4 años denegándonos la beca de logopedia del MEC (será que entienden que un niño que no habla no necesita apoyos extra…).

Bueno, yendo al grano, la asociación APANAG de Guadalajara, con mucho esfuerzo ha conseguido construir un centro que de servicio a los chicos con TEA de Guadalajara y alrededores. Este año ha empezado a funcionar un aula con resultados bastantes positivos en lo que respecta a los chavales y sus familias. Pues bien, este año se ha solicitado el concierto educativo con la consejería de Educación para esa y 3 aulas más, y resulta que publicado el concierto solo conceden la ya existente EBO1 y una TVA (transición a vida adulta), con lo que nosotros que nos correspondería EBO2 nos quedamos fuera del colegio y tendríamos que seguir llevando a Iván a 50 km de casa. Pero lo grave es que hay niños en ese aula EBO1 que por edad deberían saltar a EBO2, como no existe esa opción porque no conciertan ese aula, ¿qué pasa con ese niño? ¿Se queda fuera del sistema? Buscamos una solución chapucera…(para variar). Y así está la escolarización de chicos con TEA en Guadalajara 😓.

Lo mejor es la causa por la que desestiman la concesión del aula EBO2 del colegio de APANAG, “no satisface necesidades de escolarización”…. ¿perdón? Si hubiese más aulas TEA (solo existe una y funciona muy regular por lo que cuentan) o colegios específicos por la zona, aún lo entendería; es más, si los apoyos ofrecidos en los centros ordinarios fueran adecuados y suficientes.

Nosotros afortunadamente tenemos plaza en ARAYA y a no ser que ocurra algo que permita abrir ese aula EBO2 seguiremos yendo a Madrid todos los días (gasto y palizón, afortunadamente equilibrados con un equipo docente de lo mejor y en el que Iván y nosotros nos sentimos como en casa).

Yenny. Tienes toda la razón si ya con una educación ordinaria cuesta, más aún con nuestros niños, primero el famoso dictamen, que sí o sí es un colegio de educación especial con tan solo tres años que ya sabemos los padres que tienen muchos años para ello, y como nuestra lucha es un entorno normalizado pues nos negamos a este tipo de instituciones donde hay muchos diagnósticos y en muchos casos podría implicar un retraso en lo ha logrado, finalmente al no aceptarlo, buscar un cole con un aula arco iris/cometa/cyl con el nombre que se le dé en cada colegio un aula TEA que debe tener 5 niños de edades semejantes mínimo con dos profesionales , su maestra especialista ( comunicación y lenguaje , comportamiento , etc) una integradora social que les dé el apoyo necesario en patio , comedor etc… Hay aulas que incluso tienen más de 5 niños lo que es un caos porque no se les da la atención a cada uno según su demanda , y hay coles que ni asoman con tenerlo porque no hay presupuesto , niños sí pero presupuesto no (burocracia), luego de encontrar cole todo los que conlleva personal directivo, maestros, compañeros, entorno, y, por supuesto, la forma de trabajar en el aula, teniendo en cuenta que muchas veces el problema no está en la forma de aprender sino la manera de enseñar, lógicamente a esto se le suma que nuestros hijos se sientan involucrados y queridos, ya que el cariño y el respeto forman parte de ese sin fin de características

Goldonxa. Hace falta más formación por parte de los profesionales, tanto del centro en general como los especialistas del aula. Así los padres no nos sentiríamos unos incomprendidos cuando vamos a las reuniones y parece que le hablamos en chino. Hace falta un mayor número de recursos tanto a nivel de aula como en aquellos momentos como puede ser comedor, patio… Hace falta una mayor comunicación entre escuela y familia.

Joana. Mi hijo es ásperger y va por su tercer colegio. Los cambios fueron antes de tener un diagnóstico pero ya se le veía especial.

Mirella. Yo te puedo hablar sobre nuestra situación. 6 años y medio, diagnosticado en su cumple de 6 años (ásperger), ya estaba desde hace dos años en un colegio privado y ahora, en abril, en 1º de primaria, fue “invitado” a buscar un otro colegio. Oí de la directoria general que esté colegio no es inclusivo, ni lo intenta en serlo. Es muy triste… y ahora no lo sé donde vamos a ponerlo!

Sara. Pues el de mi peque se enorgullece de ser integrador. Y creo que ellos desde sus conocimientos , así lo intentan. La realidad es que una asociación vio dentro la clase a los chicos y me dijo sin paños calientes que nuestro niño era “la mascota” de la clase. En este centro que tienen su PT y AL siguen su modelo. La asociación no esta autorizada a trabajar en él. ¿Qué podemos hacer los padres? ¿sufrir un poco más? ¿No pueden entre todos coordinarse y respetar su trabajo sin aplastarnos. En lugar de despreciarse mutuamente, ¿las terapias y cole no tendrían que complementarse?.

Rescri-Exl. En nuestro caso falta de personal en el colegio. Aunque hay PT, AL y educadoras no hay el mínimo legal por número de alumnos TEA y eso afecta en la disminución de horas con especialista o de integración en aula ordinaria. Lo peor, que como hay otros coles en peor situación parece que no tenemos derecho a quejarnos.

Delfy Mara. Escogimos centro de educación especial público en contra del dictamen que decía ordinario con diagnóstico oficial. Allí tenía un gran equipo e instalaciones adecuadas que avanzó tanto que al tercer año nos recomendaron aula Cyl en cole ordinario. Tres cursos después fueron desapareciendo sus necesidades de apoyo y adaptaciones y desde entonces está totalmente en inclusión cursando secundaria en instituto público y ya nos dicen que lo ven perfectamente llegar donde el quiera. Estoy convencida que si hubiera empezado en ordinaria hoy estaría al revés en educación especial.

¿En qué fijarse cuando se acude a las jornadas abiertas de un colegio?

Elegir colegio para nuestros hijos. Estamos en ello y no es una decisión fácil. Es además complicado dar consejos prácticos cuando es algo tan personal, sujeto a preferencias y a circunstancias personales y muy distintas de una familia a otra.

Hoy podéis leer un reportaje sobre este tema, en el que varios padres explican cómo afrontaron la elección de colegio. Todos ellos coinciden en la importancia de acudir a las jornadas abiertas antes de tomar esa decisión.

“Fui a todas las que pude. Creo que se capta muy bien lo que te cuentan y la manera en la que te lo cuentan… y lo que no”, destaca Paula. María coincide en la importancia de esas visitas: “me parece fundamental, me sabría muy mal mandar al niño a un colegio sin haberlo visto ni haber hablado nada con el personal del centro”.

¿Pero en qué fijarse y qué preguntar en esas jornadas que organizan todos los colegios? He preguntado a Gemma Almena, psicóloga y orientadora escolar, y aquí tenéis su respuesta, que creo que os puede resultar útil.

Es importante que los padres sean parte activa de la elección del colegio, que sientan que se identifican con el proyecto del colegio.

(GTRES)

En Educación Infantil hay que darle especial importancia a cómo organizan el periodo de acogida para los niños que entran al colegio por primera vez. Es importante que sea un colegio amable, que transmita comprensión hacia los niños más pequeños, que ponga facilidades y medios para que éstos pasen este periodo inicial de la forma más progresiva y respetuosa posible. Que den pautas a los padres sobre cómo actuar en el momento de dejarles por primera vez en clase, cómo gestionar aspectos evolutivos como el control de los esfínteres, así como aquellos emocionales: chupete, algún juguete con el que el niño/a se sienta tranquilo, etc.

Para el resto de niveles, es importante ver si hay coordinación entre el profesorado, si se respetan los saltos de ciclo de forma coherente y equilibrada: de infantil a primaria y de primaria a secundaria.

También es importante ver las medidas que se toman ante la diversidad del alumnado. Todos deseamos que nuestros hijos estén dentro de lo que se denomina “normalidad”, pero ¿qué ocurre sin el nuestro comienza a presentar barreras en el aprendizaje?, por eso debemos saber qué medidas se toman en el Centro para atender y dar respuesta a todo el alumnado.

Hay que ver las normas de organización y funcionamiento del centro (NCOF). Qué participación tienen las familias en el colegio (AMPA, COMUNIDADES DE APRENDIZAJE, CONSEJO ESCOLAR, etc). El Proyecto Educativo (líneas de trabajo en el colegio, atención a la diversidad, inclusión, número de alumnos, organización de las aulas, etc), proyectos de convivencia, proyectos de innovación educativa, etc. Si disfrutan de jornada continua o bien horario partido.

Y los recursos personales: ATE (auxiliar técnico educativo), PTSC (profesor técnico de servicios a la comunidad), DUE (diplomado universitario en enfermería) ,PT (pedagogía terapéutica), AL (audición y lenguaje). Tipos de aulas: Si tiene aula TEA o aula de Educación Especial.

En cualquier caso, no siempre nos conceden el colegio que esperábamos, si esta situación se da, es importante saber que debemos ser flexibles ya que nuestros hijos los son, los niños aprenden siempre. Toda andadura por esta vida ofrece la posibilidad del crecimiento y el aprendizaje y esa debe ser la actitud.

Sus hijos tienen por delante toda una etapa educativa que como mínimo durará de forma obligatoria hasta los 16 años, en este camino darán con profesores más o menos implicados, más o menos exigentes, más o menos de nuestro gusto, lo mismo le ocurrirá con sus compañeros de clase, sin embargo, de todo ello habrá un rodaje que les hará crecer como personas.

Para su tranquilidad, aunque los niños y niñas pasan mucho tiempo con nosotros en el colegio, es un hecho más que evidente que es en el seno familiar donde se define nuestra personalidad. Es la familia el origen y núcleo del aprendizaje de los niños y niñas.