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La maternidad es tan cambiante,
que siempre eres una recién llegada a ella

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Es preciso tomarse en serio de una vez la atención temprana, los niños necesitan una respuesta pública rápida y de calidad

(GTRES)

Hay situaciones en las que no se puede esperar. Hay situaciones en las que hay que reaccionar rápido, sin perder el tiempo.

Ofrecer una atención temprana pública y de calidad a los niños que tienen autismo, parálisis cerebral, X-Frágil, retraso madurativo, síndrome de Down, espina bífida o trastornos específicos del lenguaje, por poner unos pocos ejemplos relativamente más frecuentes entre un inmenso abanico posible, no es algo que pueda demorarse por meses, incluso por más de un año.

Pero está pasando. Los niños de entre cero y seis años que precisan de sesiones de logopedia, estimulación, fisioterapia.. en los centros de atención temprana están perdiendo un tiempo precioso. Lo pierden con frecuencia por distintos motivos antes de ser derivados, normalmente por la lógica negación de los padres a creer que a su niño le pasa algo malo y la poca vista de algunos pediatras.

Pero lo peor es que una vez que el pediatra o el especialista efectivamente derivan a un niño para que reciba esas necesarias terapias, también se están acumulando tiempo de espera incomprensibles.

Para un bebé o un niño pocos meses marcan una gran diferencia; la ductilidad del cerebro, las distintas etapas el desarrollo, la necesidad de escolarizarse con garantías… hacen necesario que estas intervenciones terapéuticas no se prolonguen en el tiempo.

Es algo que está siendo noticia estos días con el foco puesto en la Comunidad de Madrid, donde se habla de una espera media de un año y de plazas insuficientes:

Hay una campaña de firmas en marcha, por los Derechos de los niños con Diversidad Funcional de la Comunidad de Madrid, en la que se afirma lo siguiente:

Por si los padres de un niño con discapacidad no tenemos suficiente con las intervenciones quirúrgicas, ingresos hospitalarios y revisiones médicas a las que son sometidos, la Comunidad de Madrid y otras administraciones públicas se encargan de poner todo tipo de trabas y obstáculos en el camino para conseguir la igualdad de nuestros hijos.

Nosotros y otros muchos padres madrileños sentimos que con el actual modelo de gestión en materia de Discapacidad y Dependencia, nuestros hijos son los menos beneficiados por las “Políticas Sociales y de Familia”. Entre otras dificultades nos encontramos ante:

  • La lentitud en Valoración Infantil (Atención Temprana, Discapacidad…).
  • Un grado de Dependencia no ajustado a la situación, además de la lentitud e impago de la prestación para Cuidados en el Entorno Familiar.
  • La falta de pago del Reintegro de Gastos por Desplazamiento y de Material Ortoprotésico.
  • La falta de recursos en las Escuelas Infantiles (Enfermera y material adaptado).
  • La necesidad de parques infantiles e instalaciones accesibles.

Estos obstáculos podrían ser salvados si desde el momento en que nacen nuestros hijos, el aparato burocrático trabajara con mayor celeridad ante estos casos y concediera a estos niños las ayudas que les corresponden. Así, desde el primer momento, todos contribuiríamos a que no crezcan en desigualdad de condiciones.

Queremos ver que los derechos reconocidos a nuestra hija y a los demás niños con capacidades diferentes sean llevados a la práctica y que no se queden solo en el papel. Es nuestro deber como padres velar para que se apliquen el principio de igualdad y la Ley para facilitar su integración.

No estamos solicitando un trato de favor, sino lo que en derecho corresponde a nuestros hijos.

(GTRES)

Es algo común a toda España. Ojalá fuera un problema solo en Madrid.  Además, en determinados lugares, tiene la dificultad añadida de que los centros de atención temprana están a una gran distancia y que no es tan sencillo encontrar buenas terapias por la vía privada.

Lo de buscar una solución por tu cuenta y riesgo es algo que sucede muchísimo. Dada la demora que hay por la vía pública, las familias que pueden permitírselo inician la estimulación de sus hijos pagando. En ocasiones las terapias de atención temprana y las privadas acaban teniendo lugar al mismo tiempo, incluso empleando aproximaciones diferentes y sin coordinarse.

Entraña el riesgo de acabar perdiendo tiempo y dinero  en lugares no demasiado recomendables. Los padres no siempre estamos capacitados para discernir los buenos abordajes terapéuticos de aquello que son inútiles o incluso desaconsejables.

Más allá de las demoras, también hay que tomarse en serio que la estimulación temprana pública a la que todos los niños que la necesiten deberían tener pronto acceso, sea de calidad. Y es algo que no siempre está pasando. Hay centros con profesionales estupendos, pero no es raro encontrar poca especialización, personal saturado que no deja de recibir un niño tras otro, sin tiempo para formarse, para actualizarse, para profundizar… La gestión de estos centros que prestan un servicio público varía muchísimo. De hecho es normal que sean competencias delegadas a distintos tipos de asociaciones con aproximaciones dispares.

Por eso también sucede que muchos padres recomiendan la vía privada no solo por la rapidez (aunque ojo, ahí también hay saturación y tiempos de espera), sino por la especialización, profesionalidad y eficacia. Pero sobra decir que no todas las familias pueden permitirse la vía privada.

¿Imagináis que ese panorama se lo encontrase un niño al que se le ha diagnosticado un cáncer? Inconcebible, ¿verdad?. Pues en estos casos también debería serlo.

No puede ser.  Es una situación insostenible.  Todos los niños tienen derecho a terapias públicas prontas y eficaces y no las están recibiendo.

Es imperativo tomarse en serio de una vez la atención temprana.

Dos oportunidades este sábado en Madrid para descubrir el rol con niños

Si cuentas cómo es un juego de rol, la gente no lo entiende, pero cuando lo ven jugar se dan cuenta de que no es tan complicado. Hay casos de gente que se mete a máster con niños sin haber jugado nunca. Yo les recomendaría que vieran antes una partida, que fueran a un club o unas jornadas y vieran cómo lo hacen”, recomendaba Joan Tretze a aquellos que se animasen a jugar al rol con sus hijos en el tema Juegos de rol, una alternativa de ocio infantil y una puerta abierta a muchos aprendizajes.

El rol es una manera estupenda de divertirse en familia, de dar rienda suelta a la imaginación, de cooperar buscando un objetivo común… No voy a repetir lo que ya contaba en el reportaje que os he dejado enlazado arriba.

Si hoy lo recuerdo es porque coincido con Tretze en que para aquellos a los que el rol les suena a chino, lo mejor es ver una partida. Y este sábado hay dos buenas oportunidades para adentrarse en este mundo. Si ya estamos iniciados en lo que es el rol, para ver libros de rol aptos para el disfrute con/de los niños.

El primer plan centrado en los los juegos de rol del que os voy a hablar es en Alcalá de Henares. Detrás esta una asociación cultural llamada Alcalá Nocturno a la que os recomiendo que sigáis la pista si este sábado no os encaja acercaros a esa hermosa ciudad madrileña.

Llevas tiempo esperando el momento y aquí está tu oportunidad: gracias a nuestros amigos de A.C. Alcalá Nocturno vamos a descubrirles a tus peques de 5 a 12 años que una herramienta educativa de primera magnitud puede resultar tan mágica y divertida como los sueños de un niño. Los juegos de rol son una revolución que comienza en tu mesa y durará toda la semana. ¿Qué puedes potenciar en tu peque mediante el rol aparte de la diversión y la imaginación? La lista es casi ilimitada: atención, trabajo en equipo, responsabilidad, empatía, comunicación… ¡Reserva tus plazas en el muro de este evento y trae a tu aprendiz de rolero a #RolConPeques el próximo 20 de enero a Generación X Alcalá!

Apúntate haciendo clic y comentando en las distintas imágenes de las partidas que vamos colgando por aquí. Mira la edad y la franja horaria y danos el nombre de tu peque. Hay plazas en todas las partidas que no figuren como “PARTIDA COMPLETA” en su título.

Y el otro evento, por el que nosotros campearemos, se desarrollará el mismo día en Vallecas. Ya es mala pata que ambos coincidan en el tiempo, porque así es imposible otra opción que no sea elegir.

En esta ocasión se trata de una jornada que no está centrada en los niños, pero en la que sí hay actividades para los peques. Se puede probar a jugar al rol en vivo, no sobre tablero, que es algo que a los peques les encanta, y habrá a disposición los padres masters experimentados y creadores y distribuidores de juegos aptos para niños dispuestísimos a enseñar los juegos y responder cualquier pregunta.

“¿Cómo es tener una hermana con discapacidad?”

Hugo tiene ahora 13 años. Le gustan los animales y los libros, y tiene una hermana menor que se llama Erika y podéis conocerle en este vídeo que, según su madre, va de “ver las cosas con la ilusión de los niños”.

Hugo es un hermano de Erika una niña con discapacidad. Hugo es único, Erika también, igual que son distintos y únicos su familia, su círculo de amigos y sus circunstancias.

Hugo se han encontrado con frecuencia con la pregunta que titula este post: “¿Cómo es tener una hermana con discapacidad?”. Seguro que sus padres se han enfrentado muchas más veces a otras similares: “¿Cómo se llevan Hugo y Erika?”, “¿Qué relación tienen?”, “¿Cómo lo lleva Hugo?”. Esa última, con unas connotaciones de carga a cuestas que no dejan de chirriarme.

Esto es lo que escribió cuando su madre le trasladó la pregunta, “¿qué es para ti tener a una hermana con discapacidad?.

Ser herman@ de una niña con discapacidad es como volar, puede dar miedo, puede ser extraño, pero ante todo eso es único e irrepetible, por eso merece la pena ese miedo y extrañeza que sentimos.

Aunque a veces parezca que los o las herman@s que estamos con él o ella quedamos en segundo plano, en realidad somos el mejor y más necesario apoyo para nuestros herman@s y por ellos es por lo que merece la pena levantarse de la cama y empezar un nuevo día.

Yo me he encontrado esas cuestiones con frecuencia. Julia aún no, por ser muy pequeña, pero en breve se verá interrogada también, no lo dudo. Julia, Jaime, nuestra familia, nuestro círculo de amigos, nuestro entorno, también son únicos, distintos. Las respuestas igualmente lo serán.

Os dejo con un pequeño fragmento escribí al respecto en mi libro, Tener un hijo con autismo.

Una de las preguntas que más me suelen hacer es cómo es la relación de Julia con Jaime. Suelo contar que para ella es el hermano perfecto. Nunca le quita los juguetes, no la chincha, no se pegan y le deja cambiar de canal la televisión sin rechistar. Ojalá no fuera así, ojalá su relación fuera la convencional que incluye tirones y tomaduras de pelo.

De nuevo los “ojalás” que no llevan a ningún sitio.

Lo importante es que Julia ha crecido viviendo con naturalidad el hecho de tener un niño con autismo como hermano. Esta tarde las dos hemos estado haciéndole cosquillas bajo la manta, todos tan contentos. Pero por la mañana tuvimos que irnos del parque nada más llegar, según ella había logrado coger un columpio, porque Jaime se empeñó en volver a casa. Y no pasa nada, lo entiende. En ningún momento nos ha dado a entender que querría un hermano que no tuviera autismo. Jaime es Jaime. Claro que aún nos queda muchísimo camino por recorrer y, probablemente, nuevos retos que afrontar.

 

Cómo es la mañana de Reyes Magos para mi hijo con autismo (su mejor regalo, un álbum de fotos)

La mañana de Reyes publiqué esta foto (nada buena, soy consciente) en mi muro de Facebook. Al poco me llegó este comentario de otra mamá de un niño con autismo: “A ti te pasara como a mí, uno que se levanta con ilusión y el otro que mira los regalos y pasa”.

Bueno, un poco sí… Julia apenas durmió (y nos dejó a los demás dormir regular) por los nervios. Y una vez despierta, bien temprano, le faltó tiempo para salir corriendo al salón a abrir paquetes.

A Jaime le despertamos, vino al salón y se sentó en el sofá a desayunar. Contento de vernos contentos a los demás. Él no abre los paquetes. No le gusta rasgar el papel. Su hermana tiene asumido que ella los abre por él y se los lleva una vez están desenvueltos. Uno para uno, otro para otra. Sin atropellos.

Cuando recorremos luego las casas de los abuelos, la situación es similar. Él se sienta y Julia abre sus regalos. Si hay mucho gente y mucho follón, puede optar por esperar en otra habitación escuchando música. Nosotros vamos llevándole lo que le hayan traído los Reyes.

Diría que lo pasa bien, que es una alteración de la rutina que le gusta porque percibe alegría a su alrededor. Jaime es un niño sensible que lo pasa mal si ve que nosotros estamos tristes o enfadados, que a veces llora por simpatía. Es lógico también lo contrario.

A la mayoría de las cosas que recibe no les hace caso. Él no pide nada. No habla. Tiene unos intereses muy restringidos y apenas juega. Eso convierte los Reyes en un reto, porque queremos cosas que sean útiles, pero también nos gusta que reciba regalos que le gusten, que disfrute, más allá de su utilidad.

No os engaño, la mayoría de sus paquetes esconden cosas necesarias: ropa, calzado, un nuevo cuaderno de pecs (pictogramas), más cascos que insonoricen (que ahora le da por morder y destroza, llevamos tres en un mes), bañadores y gorros para la piscina que tanto disfruta tres veces por semana… El reto para nosotros es encontrar aquello que le gusta. Si salimos de una bolsita de chuches, que siempre agradece, nos cuesta mucho encontrar algo que le llame la atención.

Solemos buscar lo que llamamos ‘enredos’. Le gusta sacudir cosas alargadas tipo cuerdas, así que las serpientes de goma que reponen las rotas o extraviadas no faltan. Los tambores fueron hace un par de años un acierto, pero son resistentes y no procede coger más. También fue un éxito un oso de peluche gigante, para dormir abrazado a él en plan almohada (pero no os engaño, una buena almohada extra en la cama le gusta igual por mucho que este sea clavadito a Ted). Más allá de eso, hemos acumulado unos cuantos fracasos en forma de mordedores especiales para niños con discapacidad, instrumentos musicales más allá de los tambores o columpios de interior que luego hemos sido capaces de instalar.

Hoy Vanesa Pérez, otra madre de un niño con autismo y también autora de un blog Y de verdad tienes tres, comentaba en Twitter esta dificultad que muchos padres de niños con discapacidad (no solo autismo) tenemos: “A ver si algo motiva a Rodri. De momento con sus 10 añazos nada. Si grado de afectación cada vez más limitante”.

Lo comentaba tras la recomendación exitosa de otra madre bloguera de un niño con autismo (somos legión).

Tras esa recomendación se montó una charla en la que me comprometí a recomendar aquí el mejor regalo para mi hijo, el que más repetimos y que nunca falla, lo que más le gusta siempre.

Se trata de algo tan sencillo como un álbum de fotos con imágenes de él, nuestras, de nuestra familia, amigos y animales. Fotos cotidianas y fotos de viajes. Imágenes de gente y lugares que conoce y recuerda. Le encanta sentarse con ellos, pasar sus páginas, verse y vernos. Es su mejor entretenimiento, el más funcional. Ha destrozado ya bastantes, y eso que nosotros empleamos los álbumes de Hofmann que son razonablemente resistentes.

Estos Reyes han caído dos. Habrá más. No son especialmente baratos, ni siquiera aunque esperes (es recomendable hacerlo) a las ofertas que nos llegan por correo cada cierto tiempo por ser clientes de la empresa de productos fotográficos. Y requieren dedicar unas cuantas horas ante el ordenador a seleccionar las fotos y montarlas, que no siempre es fácil. Y hay que asumir que se romperá, que acabaremos tirándolo. No es un álbum de fotos hecho para el recuerdo, sino para el disfrute. Pero precisamente por eso merece la pena.

Tal vez, si os encontráis en una situación similar a la mía (a la nuestra), os apetezca probar a crear este regalo.

No quiero terminar sin recordar que cada persona con autismo es un mundo, que el espectro es amplísimo, sus manifestaciones muy distintas y luego (lo primero, mejor dicho) está el hecho de que cada persona tiene su carácter y preferencias particulares. Pero como decía también en esa conversación de twitter Mamá en Bulgaria (ya os dije que somos legión), “supongo que cada niño es un mundo y no a todos les gustará lo mismo, pero la experiencia de unas madres es como una guía orientativa para otras”.

Por tanto, estáis invitados a compartir vuestros éxitos. La legión lo agradecerá, porque los catálogos convencionales no nos sirven de nada.

Televisión Española debería hacer caso de las críticas y replantearse cómo realiza la cabalgata de los Reyes Magos

La carroza de Marie Curie. Todas las fotos son de @Madrid_Cultura

Normalmente vemos en la calle la cabalgata de nuestra localidad, pero la lluvia (y mi cansancio, tengo que reconocerlo), nos hizo sentarnos en el sofá de casa a ver la retransmisión de Televisión Española, que además iba de inventos, con los que nos gustan.

– ¡Ven Julia, vamos a ver la cabalgata! –

Y Julia vino, claro. Y empezamos todos a ver cómo… ¿circulaban las carrozas?. No. En absoluto. Bueno, la carroza de Clan sí que la vimos. Constantemente. Sin parar. Igual que una primo de ese canal, una cuña a Zowi, el robot de Clan, niños contando lo que les gusta de Clan, a los presentadores saliendo en exceso y hablando de Clan y de cualquier otra pequeñez pero sin dar apenas información sobre la cabalgata.

¿Qué pasó? Pues que Julia, a sus ocho años y creyendo en la magia de los Reyes Magos, se aburrió y se fue al poco tiempo a su cuarto.

No fue la única en claudicar.

Así que me fui a Twitter a ver qué contaban con el hashtag de turno. Y lo que encontré fue muchas críticas con las que me sentí identificada.

No creáis que me ha costado encontrar los tuits que abajo os pongo. Estaban ahí, en abundancia. Y no son de esos troles amargados que abundan en Twitter, son de gente que se sentó ilusionada, tal vez en compañía de niño, dispuestos a ver la cabalgata y que quedaron decepcionados, igual que nosotros, con la retransmisión de Televisión Española.

Por Twitter me dijeron un par de personas “vete a Telemadrid que lo están haciendo mucho mejor”. Y, efectivamente, así era. No recuerdo la última vez que pusimos en casa ese canal, pero mereció la pena. En apenas tres minutos vi más de la cabalgata que en más de media hora tragándome la retramisisión de TVE. Así que probé a llamar de nuevo a Julia.

– ¡Vuelve Julia, que ahora sí se ven las carrozas!

Y volvió, y se quedó, y estuvimos viéndola en familia.

Creo sinceramente que en Televisión Española deberían tomar nota de las críticas, que son constructivas, y replantearse seriamente cómo afrontan la retransmisión el próximo año.

Dicho lo cual, agradezco desde aquí a mis colegas de todas las cadenas de televisión, radios y prensa el curro bajo el chaparrón. También a los de TVE, que no me guste nada el planteamiento con el que se muestra la cabalgata no implica que no sepa y valore el trabajazo que supone.

“¿Un libro? ¿Solo eso?” “Mejor un juguete” “Pobre niño, compra algo que le divierta y no para estudiar”

No he entendido cuando me lo he encontrado -y ha sido con frecuencia- a adultos descartando que un libro sea un buen regalo para un niño al organizar los regalos de cumpleaños, Navidad o Reyes Magos. Lo consideran un presente de segunda, algo que no divierte, que no puede gustar.

“¿Un libro? ¿Solo eso?” “Pobre, regálale algo que le divierta, no para estudiar”.

Un libro es un buen regalo para un niño. Sobra decir que también para un adulto. Un libro que pueda gustar a su destinatario a mí me parece más apetecible y recomendable que la mayoría de juguetes que veo en los catálogos y que cobran los cien gramos de plástico a precio de adamantium.

Me gusta regalar libros. Supone recorrer estantes inmersa en una suerte de juego de buscar el tesoro. Acariciar lomos, cotillear solapas, recordar lecturas, con la persona a la que quieres complacer todo el rato en mente.

Cuando hay que regalar cuentos a un niño me gusta ir acompañada de mi hija, que ella también mire, recuerde y busque.

Y adoro encontrarme con libreros que conocen y aman los libros, que recomiendan desde el interés y con el corazón.

Me gusta también que me regalen libros. Es un regalo que me dice que esa persona ha pasado un ratito en una librería pensando qué me puede gustar, penando en mí y queriendo agradarme. Aunque os confieso que rara vez se atreven a hacerlo. Temen meter la pata.

Ya de niña los libros eran mi regalo favorito en mi cumpleaños y en estas fiestas. En cuanto supe la verdad tras la magia de la Navidad lo que recibía era dinero para comprarlos o (mi opción preferida) que me llevan a una librería a ir sumando libros en el mostrador hasta que me decían “hasta aquí hemos llegado con el presupuesto”.

Este año en la carta de mi hija de ocho años abundan los libros. Tanto que, tras añadir algunos videojuegos, ya no queda espacio para los juguetes según nuestra regla de una petición por casa.

“Solo un libro”. “Compra algo con lo que pueda jugar”. “No le regales algo que no le divierta” “Mejor un juguete”  “No creo que un libro le vaya a gustar tanto”.

Por supuesto que los libros son un buen regalo.

Diez mangas aptos para regalar a niños, porque el cómic es un buen aliado para cimentar el amor a la lectura #LeerCómicsEsLeer

Ya os conté hace tiempo que mi amor por la lectura procede en gran medida todos los buenos ratos pasados leyendo bocadillos en mi infancia: los libros de películas de Disney, de la irreductible aldea gala, mortadelos, súperhumores, zipizapes, tintines, Súperlopez…

Los cómics son una buena herramienta para cimentar el interés por descubrir historias pasando páginas. Divertirse y emocionarse en estos libros en los que el texto está apoyado por las imágenes ayuda a comprender que hay multitud de personajes y aventuras emocionantes, divertidas, sorprendentes… al alcance de nuestra mano.

Leer cómics es fácil, es satisfactorio y en esa fase en la que la lectura arranca son magníficos aliados, porque empezar a leer cuesta, porque que aprender a leer y disfrutarlo no es fácil; porque en el amor y en la guerra por amar la lectura, todo vale.

Lo recordaba no solo rememorando mi infancia, también viendo el entusiasmo con el que mi hija, que ahora tiene ocho años, lee y relee muchos cómics desde hace un año y cómo el hacerlo le ha abierto la puerta a muchas otras lecturas. Lo recordaba porque he visto a otros niños encantados leyendo cómics que les hemos prestado y regalado.  Lo recordaba también porque hace pocos días me pidieron recomendaciones de libros escritos en mayúsculas para iniciar a los niños en la lectura.

En su caso los cómics que la han enganchado son mangas. En alguna ocasión me han preguntado si no es un inconveniente que se lean al revés, de atrás a delante y de derecha a izquierda. No, no lo ha sido en ninguno de los casos que he visto a mi alrededor. Se acostumbran fácil.

Tras más de un año inmersos en este tipo de lecturas y dado las fechas en las que estamos, con mucha gente pensando qué regalos poner bajo el árbol he decidido recomendar aquí unos cuantos títulos aptos para niños.Regalos fáciles de encontrar y baratos (la mayoría de los libros rondan los ocho euros).

¿A partir de qué edad están recomendados. Algunos pueden leerse a partir de los cinco años, otros a partir de los diez. Como la madurez lectora de los niños varía mucho a esas edades, Lo mejor es que un adulto que los conozca bien los lea primero, que no se tarda tanto, antes de decidir cuándo ofrecérselo. Son además libros que también pueden gustar a los padres, leerlos antes no supone ningún sacrificio, sino un disfrute.

Por otro lado, conocer aquello que les gusta para poder hablar con ellos de esos temas siempre es buena idea. Que sientan que nos interesa lo que a ellos les gusta, ya sean libros, series de televisión, películas y videojuegos, contribuye a que nuestra relación con nuestros niños sea mejor; que sientan que lo que les gusta nos interesa fortalece el vínculo entre padres e hijos, un vínculo que es un error suponer que no puede agrietarse.

Diez mangas recomendables para niños

Hay mucho manga basado en licencias conocidas como Pokemon, Doraemon, Mario o Yo-kai Watch. Son opciones estupendas porque ya sabéis que hay que compartir y aprovechar los intereses de los niños, no podarlos, pero los que traigo son otros. Vamos con ellos, pero que quede claro que es una selección subjetiva y abierta a vuestras matizaciones y a otras recomendaciones.

  1. El dulce hogar de Chi.Konami Kanata. Planeta.
    Sin duda, la mejor serie para iniciar a niños. A partir de cinco años, si es que ya están predispuestos a la lectura a esa edad. Cuenta como la familia Yamada encuentra a la pequeña Chi en la calle y decide adoptarla. Costumbrista y deliciosa, con mucho humor, refleja estupendamente el espíritu felino y lo que implica la convivencia con uno de estos animales. Un buen regalo también para amantes de los animales.
  2. Yotsuba.Kiyohiko Azuma. Norma.
    Un manga completamente blanco y muy popular: súperventas en Japón, con numerosos premios y buenas críticas. También a partir de seis o siete años puede ser una buena lectura. Se trata de un canto a la infancia, a esa maravillosa etapa de sorpresa, literalidad y aprendizaje. Julia no para de reír mientras lee sus salidas y aventuras cotidianas y no hay niño a partir de siete años al que se lo hayamos regalado o prestado y no le haya gustado.
  3. El pupitre de al lado. Takuma Morishige. Tomodomo.
    No tan conocido como los anteriores, pero igualmente recomendable. Delicioso y original, volcado en el humor. Yokoi, una niña muy estudiosa, se sienta junto a Seki, un chico que dedica las clases a idear todo tipo de locuras sobre su pupitre. Al final siempre queda la duda de cuál de los dos hace volar más su imaginación, si el niño inventor o la niña que interpreta. Otro canto a la imaginación y a la necesidad del juego. A partir de siete u ocho años.
  4. Tragones y mazmorras. Ryôko Kui. Milky Way.
    Una aventura rolera en toda regla. Un grupito de héroes (mago, caballero, explorador..) adentrándose en unas mazmorras para luchar contra un dragón y rescatar a los compañeros devorados. Divertida, sin sangre que salpique y con muerte poco drásticas, porque se puede resucitar. La originalidad consiste en que se van alimentando de los monstruos que encuentran, incluyendo recetas sencillas y, medio en broma, medio enserio, consejos nutricionales que harían las delicias a Boticaria García.
  5. My Hero Academy. Kōhei Horikoshi. Planeta.
    Izuku Midoriya es un niño normal, aparentemente sin súper-poderes, que entra voluntarioso en la academia en la que se forman los chicos que sí han nacido con dones especiales, que son la mayoría. Como es de suponer, no le toman demasiado en serio. Se da la casualidad de que su mejor amigo es el niño más poderoso de la clase. Acción, ciencia ficción y también comedia. Otra serie exitosa apta para niños a partir de unos ocho años.
  6. Padre e hijo. Mi Togawa. Milky Way.
    La historia está ambientada en el Japón rural del siglo XIX. Torakichi es un joven boticario cuyo trabajo consiste en viajar sin parar llevando los medicamentos a sus clientes. Pero sus aventuras arrancan cuando queda viudo y decide afrontar la crianza de Shiro y llevarlo con él en esos viajes pese a la oposición de muchos que no ven que sea vida para un niño. Costumbrista, centrada en las emociones, con ligeros toques de magia. Es una de mis series favoritas, pero también se puede disfrutar a partir de los 8 o 9 años.
  7. Noragami. Adachitoka. Norma.
    Volvemos a la acción. Otra serie muy popular de acción y ciencia ficción que cuenta con un anime que en estos momentos tiene en catálogo Netflix. Julia lo ha leído y visto en nuestra compañía (y disfrutado mucho) a sus ocho años, pero tal vez haya niños que deban acercarse pasados los diez. Yato es un dios menor que quiere un templo en un universo en el que los dioses tienen relaciones muy humanas y luchan contra malvados espíritus gracias a sus tesoros sagrados, almas puras que pueden convertirse en poderosas armas.
  8. Detective Conan. Gosho Aoyama. Planeta.
    Todo un clásico. El inteligente detective adolescente Shinichi Kudo que es convertido en niño pequeño y resuelve crímenes como nadie, pese a las dificultades que entraña estar en un cuerpecito tan pequeño. Pasa como con Noragami, habrá niños que con ocho años podrán leerlo, otros que a partir de nueve o diez años.
  9. One Piece. Eiichiro Oda. Planeta.
    De nuevo una serie muy popular, con mucha acción y mucho humor. La que más volúmenes tiene. También hay versión animada. Monkey D. Luffy es un pirata que de niño logró un poder muy especial, ser casi literalmente de goma. Su objetivo es convertirse en rey de los piratas con la ayuda de su banda, la del sombrero de paja, y encontrar un mítico tesoro.
  10. Los dioses mienten. Kaori Ozaki. Milky Way.
    El protagonista, un niño deportista como tantos otros, se encuentra un cachorro de gato herido y abandonado que le conducirá a entablar una relación con una niña que está viviendo una situación familiar muy dura. Un tomo único y la historia más profunda y poética de las que recojo en esta selección.

¡Ah! Y para niños más pequeños, os animo a leer la selección de cómics de la madre, psicóloga y bloguera Bebé a Mordor, que también recoge los beneficios que supone leer cómics para niños.

¿Deberían tomarse medidas para que los niños que juegan al fútbol no sufran goleadas humillantes? ¿Qué medidas?

Sucedió el pasado fin de semana, así que tal vez ya conozcáis la noticia. Un partido federado de niños de entre 10 y 12 años en Las Palmas acabó con un marcador de 47-0. Y ya de paso, con polémica.

Los niños del equipo perdedor no querían seguir jugando, se sentían humillados, lo pasaron fatal, acabaron llorando.

Los niños del equipo ganador no tienen culpa alguna, por supuesto. Tampoco tengo claro que la tenga el entrenador del equipo ganador. ¿Cómo decir que se dejen marcar, que no metan goles?

Aunque tal vez si se puede como recogían en Cuentaconlacantera.com el pasado año:

Aitor Cebrián Montiel es un joven de 21 años que entrena, desde hace un año y medio, al grupo benjamín del Ayelo, el club de fútbol de la localidad valenciana Aielo de Malferit. El sábado 5 de diciembre su equipo jugaba en casa contra el C.D Contestano, un conjunto que llevaba toda la temporada perdiendo por goleada. Al campo estaban a punto de saltar niños de entre 7 y 9 años y Cebrián, en la charla previa, decidió pedir a sus jugadores respeto hacia el rival. Este fue su discurso: “Acabo de ver entrar a los niños contra los que vais a jugar hoy, y son más pequeños que vosotros. Son de primer año y no debieran competir con vosotros en esta categoría. Están goleándolos cada semana y querría que os pusiérais en su lugar. No quiero que celebréis ningún gol, no los presionéis en su campo, dejadlos que jueguen un poco y que puedan disfrutar de jugar al fútbol. Vamos a ser respetuosos con ellos”.

Mientras Cebrián hablaba con sus jugadores un padre del equipo rival escuchó casualmente la conversación y quedó tan agradecido que al final del encuentro se acercó al él para felicitarle por su empatía. Unos días después el C.D Contestano remitió una carta al club para formalizar su gratitud. El escrito llegaría a manos de la Federación de Fútbol valenciana y, después de ser publicado el viernes en su web – y perfiles de Facebook y Twitter – los usuarios de las redes sociales han aplaudido el fair play de Cebrián y compartido el discurso.

“No esperaba tanta repercusión de algo que, a mi entender, debería ser habitual. Pero sí me gustaría que sirviese de ejemplo”, comenta el entrenador, “Hay otros técnicos que creen que respetar al rival significa emplearse al máximo y marcar cuantos más goles mejor. Es una actitud respetable, pero yo no la comparto. Los niños, ante todo, deben disfrutar jugando al fútbol”.

No es la primera vez que se pone esta cuestión encima de la mesa, que hay marcadores tan desigualados que muchos protestan. Yo estoy con ellos. En junio pasado, por ejemplo, destituyeron a un entrenador por ganar 25-0 en Valencia.Y mi compañero de blog Raúl Rioja escribió en El Tridente que no cree que pase nada porque a un equipo de niños le goleen así. Pero está claro que aquí hay debate. Su compañero de blog y autor de Qué fue de… El blog de los deportistas olvidados Edu Casado, que también es padre, me dice que “con un 47-0 no disfrutan ni los ganadores ni los derrotados. Y si un niño no disfruta haciendo deporte, no vale de nada”.

Claro que los niños de entre seis y doce años deben aprender a perder, entender que las cosas no salen siempre como nos gustarían, pero creo que a esa edad es más importante inculcar otros valores más allá de la competitividad y encajar frustraciones, como el compañerismo, la nobleza y la generosidad.

Sobre todo me parece fundamental que durante esos años jueguen y se diviertan para que no abandonen al crecer la práctica deportiva. No puede ser que solo los más atléticos o entusiastas sigan haciendo deporte al crecer. También es noticia que la obesidad infantil crece y que nuestros adolescentes, sobre todo las chicas, dejan de hacer ejercicio demasiado pronto y en un porcentaje elevado.

No tiene que ver con la sobreprotección sino con entender que a esa edad no son pequeños adultos, no procesan las cosas como nosotros, y que las prioridades son otras.

Pero volvamos a los goles. ¿Qué se puede hacer?

Se habla, tras el caso en Las Palmas, de que debería hacerse como en Baleares, Asturias y Valencia. Allí el marcador no sigue sumando goles una vez alcanzados los diez tantos. Por lo que he visto la federación catalana tuvo una limitación por la que, daba igual el resultado real, en el acta nunca habría una diferencia superior a cinco goles, pero la eliminaron por las protestas que generó. En Galicia he visto que hablaron también el pasado año de tomar medidas en este sentido.

No tengo claro que sea efectivo,
por mucho que oficialmente conste un 5-0, si el resultado real ha sido 25-0 los niños bien que lo saben y la humillación de encajar goles sin parar y no meterlos está ahí.

A esas edades en el club de atletismo al que acudía mi hija aún no competían. Hasta los doce años la idea era jugar y divertirse. Tal vez esa sería la solución, que hubiera pruebas de control del balón, que se reuniesen para ponerse a prueba sin jugar un partido de competición tal cual. Aunque no me da la impresión de que fuera posible tal y como están las cosas.

Luego está la opción hacer como en el tenis o el voleibol. Establecer que se gana no con los goles marcados en un tiempo de juego fijo, sino por llegar a determinados goles. En cuanto un equipo llegue a siete goles (por poner un número cualquiera de ejemplo), el partido se acaba. Y si ha dudarlo solo veinte minutos, pues más descansados que llegan ese domingo a casa.

¿Cómo lo veis vosotros?

Fotos: (GTRES)

Si les pegaron de niños, es más probable que acaben siendo violentos con su parejas (¿a alguien le sorprende?)

(GTRES)

Parece de cajón, al menos a mí me parte de cajón. El que es educado con violencia es más sencillo que la ejerza en el futuro. Que aquellos que más te quieran puedan pegarte es algo con lo que han crecido y es más fácil que en el futuro transiten ese poco recomendable territorio fronterizo con sus propios hijos, pero también con sus parejas.

Parece de cajón, pero lo corrobora un estudio publicado este mismo mes en Journal of Pediatrics. en el que han participado 758 jóvenes de entre 19 y 20 años.

El autor del estudio, el profesor de la Universidad de Texas Jeff Temple, concluye sin dudarlo que “los chicos que habían experimentado castigos físicos, es más posible que cometan violencia con sus parejas”.

Y que no se llame nadie a engaño, con castigo físico no hace referencia a lesiones que conducen al hospital, ahí se incluyen esos cachetes y bofetadas que aún muchos siguen defendiendo como algo necesario, cuando no es más que una muestra de la falta de recursos y paciencia de los adultos y de que muchos sigan considerando a los niños como algo menos digno de respeto que un adulto. Los padres no tenemos patente de corso sobre nuestros hijos.

El comité de Naciones Unidas dedicado a defender a la infancia define castigo corporal como “cualquier castigo en el que se emplea la fuerza física con la intención de causar algún grado de dolor o malestar, incluso ligero”. Para el Comité de Derechos de la Infancia, además también se incluye: “patear, sacudir o empujar a los niños, arañar, pellizcar, morder, tirar del pelo o las orejas, obligar a los niños a permanecer en posiciones incómodas o la ingesta forzada”.

Estoy de acuerdo. Pegar está fatal, da igual que no se llegue a hacer daño Desde mi punto de vista si justificamos pellizcos y cachetes suaves le estamos transmitiendo que pegar es algo aceptable si no hay dolor, o si duele poquito. Les estamos enseñando que si te levantan la mano pero no hay sangre hay que aguantarse y no llorar o protestar. ¿Y si lo asimilan y acaban aplicándolo cuando sean adultos? ¿Qué te parecería sí tu pareja te levantase la mano, aunque sin hacerte apenas daño, y te dijeran eso?

El resultado de este estudio que a muchos nos parece obvio, tampoco ha sorprendido a otros expertos
. El doctor Bob Sege, portavoz de la Academia Americana de Pediatras y experto precisamente en la prevención de la violencia hacia los niños, se ha mostrado de acuerdo con estas conclusiones y ha recordado que hay otros estudios que relacionan los castigos físicos (otro eufemismo para hablar dorar a los niños) con más desórdenes mentales y conductas agresivas.

“Para los niños, sus padres son las personas más importantes del mundo y aprenden de ellos las normas sociales, como las personas se comportan con otros. El castigo corporal confunde la relación entre amor y violencia en los niños cuando aún están aprendiendo cómo tratar a los demás“, ha asegurado Sege.
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‘Winner’s Circle’, un juego de mesa de carreras de caballos ideal para partidas rápidas en familia

Winner’s Circle es, sin lugar a dudas, uno de los juegos de mesa al que más partido hemos sacado, tal vez uno de los tres a los que más hemos jugado. Un clásico que vio la luz en 2001 de la mano de Reiner Knizia, un autor muy conocido y valorado (al menos entre aquellos que se fijan en el nombre de los creadores de juegos de mesa, claro).

Es un juego sencillo de explicar y de entender. Por nuestra experiencia, niños de unos cinco o seis años ya pueden disfrutarlo, por mucho que en la caja ponga que es a partir de ocho años. Lo pillan al vuelto en cuanto ven desarrollarse un primer turno a poco que tengan algo de interés por jugarlo y aguanten media horita sentados en la mesa.

Y las partidas en las que coinciden niños y adultos están equilibradas, porque aunque se pueden plantear conatos de estrategias y tomar decisiones, lo cierto es que la suerte dictada por los dados manda. Y sobra decir que la suerte no entiende de edades; en nuestras partidas en familia Julia suele ganarnos.

También es un juego rápido. Una carrera se puede desarrollar en unos veinte minutos (se supone que una partida son tres carreras, pero nada impide que juguemos solo una). Que la partida de un juego de mesa no se prolongue demasiado suele ser también una ventaja con niños.

Su sencillez y velocidad favorecen que lo podamos jugar en familia y que sea un éxito cuando hay invitados en casa que quieren algo rápido, fácil y divertido.

Es cierto que la temática de las carreras de caballos con apuestas tal vez no sea la más llamativa para los niños, pero los caballos de colores es raro que no les gusten, y lo de echar carreras es un concepto que también dominan.

Lo mencioné en el blog hace unos años, pero no me he atrevido a hablar en profundidad antes de él porque estaba descatalogado (tiene su gracia que el corrector me haya querido escribir descabalgado). No era imposible encontrarlo, pero sí más difícil y más caro. Pero ya disponemos de una nueva edición en España gracias a Más que oca que tiene un aspecto muy similar a la vieja edición que nosotros contamos en casa.

La reedición ha tenido el suficiente éxito como para que no pueda recomendar su compra de cara a estas fiestas navideñas, porque se ha agotado y hasta mediados de enero no habrá nuevas unidades. El precio supera los cuarenta euros.

Pena que esta nueva edición española, del todo correcta y acorde con la original, no haya dado un paso más allá como hizo la de DiceTree, que ha quedado preciosa. Tiene las figuras pintadas, monedas más realistas y cartas mejoradas, con imágenes. Pero bueno, esa es otra historia que no afecta a la jugabilidad.

¿Cómo se juega?

Admite de dos a seis jugadores que tienen tres fichas de apuestas. Es decir, pueden apostar a tres caballos: a uno doble (su favorito, con el que duplicaran ganancias si gana algo) y a otros dos, apuestas sencillas.  Varios jugadores pueden apostar al mismo animal, de hecho sucederá casi con toda seguridad, y en ese caso habrá que repartir las ganancias (tocará menos dinero a cada jugador).

Para apostar hay que fijarse en las características de cada animal. Los hay muy equilibrados y los hay que algunos aspectos son muy rápidos y en otros muy lentos; también hay sur tener siempre en cuenta que el dado con el que jugaremos tiene tres caballos y solo uno de los otros tres símbolos. Lo indican unas cartas que hay en abundancia y salen al azar. También es importante valorar en qué posición empiezan. Los de los primeros puestos parten con ventaja.

Se tira el dado, cada jugador por orden, y va moviendo a un caballo que todavía no haya avanzado en ese turno. Puede mover caballos por los que haya apostado él o sus adversarios. Esto permite jugar a ganar avanzando a tus campeones, beneficiando a contendientes  y haciendo surgir alianzas, pero también optando por fastidiando a otros. Algo que le da mucha vidilla al juego.

El primer caballo en cruzar la línea de mitad de carrera generará más dinero si es uno de los tres ganadores. El último caballo en cruzar la meta restará ganancias a los que hayan apostado por él.

El objetivo es sencillo, lograr que nuestros caballos queden entre los tres primeros porque ganará aquel jugador que más dinero haya sumado al final de tres carreras (o de una o de cinco, la flexibilidad es bienvenida, sobre todo si hay niños presentes).

Un juego en el que los niños harán cálculos sencillos, empezarán  a pensar en probabilidades, comenzarán a plantearse estrategias de juego y, sobre todo, lo pasarán bien con un entretenimiento social que también enseña a ganar y a perder.