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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

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¿A qué edad hablar de la masturbación con nuestros hijos? ¿Son necesarios más cuentos que recojan el tema?

Estos días es noticia un vídeo en el que padres y madres hablan de la masturbación con sus hijos. Un vídeo polémico, como todo lo que trata de sexo y menores. Un vídeo de una empresa que saca dinero de sus vídeos y cuyo mayor éxito es otro en el que unos cuantos jóvenes contaban a sus padres cómo fue su primera vez.

En la noticia elaborada en 20minutos.es, Gemma Almena, psicóloga, sexóloga y orientadora y madre de tres hijos, uno de ellos adolescente, analiza lo que dicho vídeo tiene de bueno y malo, trufando sus impresiones con consejos y afirmaciones que nos pueden hacer reflexionar y mejorar la forma en la que nos comunicamos con nuestros hijos. Como bien dice, “las conversaciones sobre sexo entre padres e hijos son la punta del iceberg para medir la comunicación en la familia”.

He aprovechado para preguntar a la psicóloga y sexóloga cuándo se debe hablar de la masturbación con nuestros hijos. Esta ha sido su respuesta:

Hay muchas opiniones. Nosotros normalmente recomendamos que se hable del tema cuando el niño pregunte. No hay una edad. Si pregunta, está preparado. También se puede hablar cuando le ves que está teniendo esas inquietudes y no tiene esa confianza para hablar. Cualquier edad es buena si se adapta al nivel del niño.

Es un tema que se debería abordar con mucha naturalidad. Lo que hay que transmitir es que explorar nuestro cuerpo es sano, conocernos sin miedos es muy positivo, pero hay que dejar claro que tiene que quedar para la intimidad. Sin darles las cargas que arrastramos los adultos. Cargas de todos los calibres: que es pecado, que es vergonzoso, que te va a pasar algo. Eso hay que eliminarlo.

Los niños desde que son bebés muchos se estimulan, se buscan los genitales, se los tocan y encuentran placer y siguen investigando. El tema de masturbación no está limitado a ninguna edad, otra cosa es que sean conscientes de lo que es y cómo se llama. De hecho hay muchos niños que se estimulan en los colegios en situación de grupo y muchos profesores también tienen muchas incertidumbres al respecto sobre cómo abordarlo.

En esos casos los profesores deberían pedir ayuda a los orientadores, porque para ellos son situaciones complicadas de llevar, no saben con frecuencia cómo abordarlo. Hay muchos padres que se escandalizan o lo niegan, o que creen que estás acusando a sus hijos de algo malo.

 

Por cierto, es sorprendente la escasez de cuentos sobre la masturbación destinados al público infantil. Sorprendente dado que a día de hoy hay cuentos de casi cualquier cosa que haya que abordar y en un número elevado.

El único que yo conozco es El tesoro de Lilith, un cuento coeditado de Carla Trepat del que hablé aquí hace ya tiempo y que ha vendido 20.000 ejemplares en cuatro años y ha sido traducido a ocho lenguas. Si vosotros sabéis de alguno más, me encantará saber de él.

El cuento es alegórico: un pequeño árbol que quiere bailar, correr y vivir aventuras, por lo que acaba convertido en una niña. Una niña que encierra en su interior una capullo que al convertirse en mujer pasará a ser una flor que, regularmente, desprenderá sus pétalos, equiparando las distintas fases por las que pasa el cuerpo de las mujeres con las estaciones del año. En el cuento también aparece el deseo. Son unas mariposas que rondan la flor, que la hacen cosquillear y latir.

El cuento es metafórico y delicado. Tal vez demasiado. Jamás menciona útero, vulva ni pene, pero permite con sus árboles, sus flores y sus mariposas explicar de una manera razonablemente detallada cómo son las cosas. Y al final incluye una guía didáctica con la que reflexionar sobre cómo afrontar con nuestras hijas su menarquia (primera menstruación), el descubrimiento del placer sexual o el conocimiento de sus órganos reproductivos elaborada con la ayuda de Anna Salvia, una psicóloga especialista en salud sexual y reproductiva que se dedica a dar charlas y talleres sobre las etapas sexuales de la mujer y que publicó en 2012 ‘Viaje al ciclo menstrual’.

Pero no hay, que yo sepa, un equivalente para los chicos. Y me parece necesario. Igual que creo que son precisos más enfoques distinto en formato de cuento a El Tesoro de Lilith

¿Oportunidad editorial? ¿Puritanismo editorial?

‘Cars 3’, terceras partes a veces fueron buenas (una carrera a la madurez)

La tercera entrega de las aventuras de Rayo McQueen, una de las franquicias más rentables de Disney/Pixar, llega este viernes a los cines españoles; una nueva película que deja manifiesto, igual que ya lo hiciera la otra saga de la misma casa, Toy Story, que las terceras partes pueden ser buenas. O al menos pueden ser más que correctas y entretenidas.

Dirigida por Brian Fee, artista gráfico en las dos películas previas, Cars 3 vuela mucho más alto que la segunda y decepcionante entrega. Y remonta el vuelo -aunque tal vez debería decir que rueda más rápido- por muchos motivos, sobre todo a partir de la segunda mitad del metraje.

Cars 3 funciona bien en primer lugar porque supone una vuelta a las raíces; podría perfectamente ser la continuación de la primera película obviando la prescindible Cars 2. También porque toda ella es un viaje al proceso de madurez de Rayo y un descubrimiento de la generosidad que hay en él. Hasta ahora el bólido rojo era como un chaval de esos que siempre quiere ganar, algo chulito, pero al que se lo perdonabas todo porque era encantador y, sobre todo, tenía buen corazón. Los niños que vieron la primera película hace once años ya son jóvenes adultos y se podrán identificar con esa asunción de Rayo, no siempre fácil de aceptar, de que todos cambiamos con el tiempo, que no permanecemos inmutables con el paso de los años, que hay que ir acomodándose a nuestro lugar en el mundo, que debemos ser flexibles, capaces de adaptarnos a esos cambios y seguir siendo felices.

Cars 3 es una carrera a la madurez, de su protagonista, de la saga entera y también de su público.

Mejora además porque reduce considerablemente la presencia de Mate en pantalla.
El papel de amigo graciosillo, inocente y pesado del viejo remolque oxidado está más que amortizado. Es lo más parecido a Jar Jar Binks en el universo Pixar y se agradece que su presencia disminuya en esta película, en la que ya no es el constante compañero de Rayo. También es poco más que testimonial la aparición de los compañeros de Rayo en la primera película y de su novia Sally. En su lugar se abre paso una nueva colección de personajes en la que destacan el nuevo rival, Jackson Storm, y, sobre todo, la nueva compañera de aventuras del veterano coche de carreras.

Se trata de una entrenadora de nombre latino -Cruz Ramírez- y orígenes humildes, que encierra en un giro del argumento el mensaje de que hay que tener valor para perseguir los sueños. Un mensaje que convive con un constante homenaje a aquellos que nos enseñaron, que nos guiaron haciéndonos mejores.

Sobra decir que la calidad técnica ha dado un salto espectacular, algo lógico dado los años transcurridos y que ya habíamos podido apreciar en los avances, con la espectacular escena del accidente de Rayo.

Es una película larga para estar destinada al público infantil, casi dos horas. No obstante, el ritmo, sin ser frenético, no decae y mantiene la atención de los niños, con excepción tal vez los que sean muy pequeños. No es la película indicada para acudir por primera vez al cine con nuestro hijo de tres o cuatro años.

Termino con un par de curiosidades relacionadas con el doblaje: podremos escuchar en castellano a Fernando Alonso, echando un cable en los entrenamientos de Rayo y a Carmen Jordá como una corredora.

Y en la versión original también a Paul Newman, ya que aparecen flashbacks de Doc Hudson, el desaparecido e inolvidable mentor de McQueen, que emplean grabaciones de Newman que no fueron empleadas en la primera película.


Concept art de la escena en la que Cruz y Rayo entrenan en la playa.

¿Cómo es ir con mi hijo con autismo a la playa?

La pasada semana dimos en portada la noticia de que en Murcia no se iba a poder jugar con las palas al borde del mar. Por evitar molestar en playas de común tirando a atestadas. Lo leía y pensaba en lo poco que a nosotros nos afecta. Lo leía tras recorrer unas cuantas actualizaciones de redes sociales en las que padres y sobre todo madres, no voy a engañar a nadie, se quejaban entre bromas y veras de que la playa con niño es una experiencia muy distinta. Una experiencia en la que es difícil leer tranquilamente, se va cargado como un burro, se acaba rebozado de arena y con las marcas del tirante bien visibles, entre otras incomodidades.

Clásicos de estas fechas que me han hecho pensar en que podría contar aquí como es ir con mi hijo a la playa. Y adelanto ya que nuestras vivencias no son necesariamente extrapolables a otras familias que tienen hijos con autismo. Jaime es Jaime. El resto de niños con autismo son diferentes a él en muchas cosas, igual que todos somos individuos distintos independientemente ed ese haya autismo por medio o no. Y cada familia es un universo.

Cuando Jaime era pequeño, lo cierto es que no paramos mucho en las playas. Le tenía horror a la arena. Igual que otros bebés y niños pequeños son felices seres crocantes, Jaime se atrincheraba en la toalla con cara de disgusto a la espera de que saliéramos de allí lo antes posible. Hay muchos niños con autismo que tienen esa misma tirria a la arena (los desórdenes en la percepción sensorial son frecuentes en los afectados por el espectro autista), pero me consta que también hay niños sin autismo que pasan por ello. En cualquier caso, teniendo eso en cuenta, es lógico que buscaremos planes alternativos.

Eso ha cambiado. Ahora la arena no le supone el menor problema. La tolera perfectamente. Y ya os he contado con frecuencia que mi niño de oro es un ser de agua. En ningún sitio está tan feliz como nadando. Y nada o bucea como una nutria dorada, incansable, con fuerza y destreza, infinitamente mejor que yo.

Aun así. Quizás precisamente por eso. Para nosotros la mayoría de las playas son lugares a evitar. Es difícil, es peligroso, es complicado, estar con él en la playa.

Jaime llega a la playa, sin entender que no puede correr, pisar toallas ajenas o levantar arena, e inmediatamente quiere ir al agua. Quiere bañarse. No existe el tiempo de juego y espera en la toalla ni antes ni después del baño. Únicamente hay baño. Tenerle retenido unos pocos minutos para secarse supone agarrarle bien en todo momento. Quitarnos la ropa nosotros y quitársela a él para poder bañarnos supone pasárnoslo de mano en mano, no soltarle nunca.

Si le soltásemos se alejaría con toda seguridad rumbo al mar. Un niño de diez años entre la gente, en el agua. Un niño habituado a la piscina e incapaz de comprender los riesgos que entraña el mar, vivo e interminable. Un niño que de diez años, casi once ya, guapo y sonriente que podría avanzar sin que nadie sospechara que está perdido, que no habla, que necesita ayuda pero no la pedirá, que corre peligro.

Y entonces vamos al mar con él. El agua, su elemento. Al principio le disgustaba el sabor salado, no poder abrir los ojos y bucear con la misma facilidad que en la piscina. Ahora ya no le preocupa, termina el baño feliz y con los ojos rojos. Imposible que aguante las gafas. Buscamos el lugar más tranquilo, con menos gente, preferiblemente frente a la torre de salvamento marítimo. Y avanzamos con él mar adentro, sin soltarle, la mano hecha una garra sobre su muñeca. Él querría nadar, al fondo, sin miedo. Saltar las olas o bucear dejándose llevar sin miedo alguno. No es posible y los juegos, las cosquillas, se turnan con el forcejeo de él queriendo liberarse y nosotros no permitiéndolo.

Dentro de poco será más fuerte que yo. Ya es mejor nadador que yo. No aflojo mi presa por nada.

Una ola logró soltar el vínculo entre Jaime y mi marido el pasado verano. Los pocos segundos que lo perdió, que no supo dónde estaba, os aseguro que fueron muy largos.

Agotador y estresante. Tanto que vamos poco, muy poco, pese a que al abrir las ventanas del piso de mis padres en Gijón se puede casi oler el Cantábrico que embellece la playa de San Lorenzo.

Solo hemos estado en paz hasta cierto punto con él en las playas del norte de Francia, en Normandía. Playas inmensas, casi desiertas, en las que la vista alcanza lejos y el riesgo a perderse entre la multitud desaparece, playas bañadas por un mar frío y andurrero que va y viene largamente dejando lenguas de agua por las que correr riendo y salpicando junto a su hermana y en las que las profundidades quedan largas.


Pero incluso allí no hay palas, no hay libros, no hay tiempo de rélax mirando al infinito o a unos niños jugando a tus pies.

Gracias Jessica, por saber vernos desde la toalla de al lado. Gracias por saber ver que, pese a todo lo que he contado, la compasión sobra. Pocas personas son capaces de ello.

Doce cuentos que meter en la maleta rumbo a la playa


En casa hemos leído muchos cuentos. Los seguimos leyendo, aunque cada vez más es otro tipo de lecturas las que se abren camino: cómics, mangas, libros para primeros lectores, Harry Potter, clásicos como Charlie y la fábrica de chocolate o La historia interminable, mis viejos libros en los que elegir tu propia aventura… Se notan los ocho años y medio que tiene ya Julia.

Pero los cuentos son una lectura que procuraremos no abandonar. Los hay que son auténticas obras de arte, que hacen reflexionar y emocionan también a los adultos, que son un acierto siempre.

He estado revisando los cuentos que nos han enamorado en los últimos años y he decidido recopilar aquí una selección con nuestros favoritos, nuestros imprescindibles. Cuentos que bien pueden acompañarnos en la maleta a la playa y que son un estupendo regalo para cualquier niño pequeño. Y no, no está El pollo Pepe, que nunca llamó la atención de mi hija, o títulos meritorios pero que están hasta en la sopa como A qué sabe la luna.

Vamos con ellos.


‘Las ciudades de colores’. Fue uno de los primeros cuentos que atrapó a Julia junto a ‘Sí, somos raros’. Lo leímos y releímos muchas noches. Y creo que a mí me gusta tanto como a ella. La gente que se ha acercado a él por recomendación mía, también ha quedado cautivada por la calidad de sus textos, su mensaje y lo bellamente que está ilustrado.

Su autora es María Bautista, con Raquel Blázquez como ilustradora. Otra cosa que me encanta de este cuento es que no hay una gran editorial detrás, es un proyecto joven, de calidad, llevado a cabo por personas con muy buenas ideas y mucha creatividad que se han embarcado en Cuento a la vista. No dejéis de visitar su web.


Todos los besos
, que forma parte de una serie en la que hay otros títulos igualmente recomendables como Todos los papás o Todos los bebés. Son cuentos aptos para bebés, unos cuentos que mi santo y yo nos aprendimos y aún recordamos: “el bebé león, es un campeón. El bebé avestruz, del sol ama su luz”.

Jaime destrozó de tanto verlos pese a ser considerablemente resistentes. No importa, no creo que haya mejor destino para un libro de bebé que caer en el campo de batalla de animar a la lectura, mucho mejor que permanecer intacto y olvidado en una estantería. De Bisinski – Sonders y editado por Corimbo.

‘Sí, somos raros’ fue el primer cuento que Julia se aprendió de memoria. De otra editorial a la que conviene seguir de cerca, Siete Leguas (suyo es también, por ejemplo, el fantástico ‘El señor Nimbo y la máquina de nubes’. De Javier Olariaga y Antonio Amago, es un canto a la integración y a la aceptación de las diferencias, a crecer sin complejos. Muy imaginativo y lleno de sentido del humor.

Trata de niños que son diferentes, ya sea porque están imantados y atraen todos los objetos metálicos, les crece el pelo a toda velocidad, una nube les persigue por todas partes o al gritar son capaces de derribar edificios. Eso tiene sus inconvenientes. Por ejemplo, necesitan una pesada bicicleta de madera o usar cubiertos de plástico, tienen que llevar la melena en una mochila, están siempre mojados o no les dejan cantar o gritar gol en el cole. Pero siempre al final aprenden a aceptarse y a encontrar ventajas en sus rarezas. Siempre, salvo en el caso de Ramón Chaparrón, que logra deshacerse de la nubecilla en cuanto sus padres y los médicos se dejan de pruebas y le hacen caso.

El cazo de Lorenzo. Un clásico de Isabelle Carriere. Una fantástica bonita metáfora de la situación de los niños con discapacidad intelectual y/o social y de cómo lograr su inclusión. El cazo que Lorenzo arrastra siempre va a seguir ahí, pero podemos ayudar a que sea más llevadero, a que le frene menos. En nuestra mano, en la de todos está lograrlo.

Editado por la Editorial Juventud, es asombroso lo alto que vuela con un texto y un dibujo tan sencillo. Es un libro recomendado por numerosas asociaciones de personas con autismo, aunque es aplicable a muchas otras circunstancias. Imprescindible se mire por dónde se mire. Yo sigo emocionándome cada vez que lo leo.

‘Gran Lobo Salvaje’. El primer cuento que yo leí solita de un tirón. El primero con el que Julia lloró, que al emociona de verdad. Leímos mi viejo volumen, pero es un título que se sigue reeditando y es fácil de encontrar. Está escrito por Rene Escudie con delicadeza, con tino, por alguien que se nota que sabe mucho de los perros y sabe transmitirlo, y transmite muchísimos valores, no solo de respeto a la vida animal, sino de compañerismo, resolución de conflictos personales, compromiso…

El pequeño Tritus es abandonado y durante cuatro días seguimos las andanzas del cachorro, que en cada capítulo va encontrando diferentes perros con diferentes historias: el viejo perro que le adopta, el cocker mimado que quiere ver mundo, un perrazo que fue la mano derecha de un pastor y sobrevive asilvestrado, otra perrilla mestiza que viaja con él, la bóxer perdida enamorada de sus dueños y loca por volver con ellos y el perro guardián encadenado.

‘Fuera de aquí horrible monstruo verde’ es un buen cuento para perder el miedo a los monstruos. Un cuento además de esos que se leen con mucho teatro. En él vemos aparecer rasgo a rasgo a un monstruo que el niño hará desaparecer a grito pelado, “¡No me asustas!”, pasando páginas hasta llegar al final: “¡Y no vuelvas más hasta que lo diga yo!”. Es decir, lo que hace es animar a los pequeños a aprender a decir no, a enfrentarse y a alejar aquello que no les gusta.

Un libro muy divertido, con mucha personalidad. De esos que no se olvidan. De Ed Emberly, publicado por la editorial Océano.

‘Si yo fuera un león’. Es un libro resistente, de esos ideales para ver distintos tipos de animales y jugar a imitar los sonidos que hacen. La gran novedad es que viene con dos asas a los lados que permiten abrirlo por completo, introducir el rostro en el hueco que correspondería a la cara del animal y jugar a que nosotros somos ese sapo, ese pajarito o ese gato.

Un cuento fantástico para niños muy pequeños, por su formato, los colores llamativos y, sobre todo, la interactividad que permite con los niños. Altamente recomendable si hay hermanos mayores, a partir de cinco años, que puedan leérselo introduciendo el rostro en el cuento. La autora es Isabel Pin y lo publica la editorial Lóguez.

‘La vaca gordita’ es un cuento sobre la importancia de querernos bien, obra de David Paloma (historia) y Francesc Rovira (ilustraciones) para la editorial Combel. La vaca gordita, que solo era un pelín más gordita que las demás, comienza a verse las patas gordas, la barriga gorda y deja de comer hasta convertirse en algo que ya no parece una vaca. Por suerte se da cuenta y vuelve a comer para volver a convertirse en una vaca feliz y saludable.

Os lo he resumido mucho y quitado la magia de los textos cuidados pensando en los niños y las ilustraciones, pero en este mundo en el que es ametrallante la obsesión por la imagen que tenemos, asociada constantemente a la delgadez y cada vez desde edades más tempranas, es muy importante transmitir a nuestros hijos que se quieran bien, que se gusten, que cuando se miren al espejo aprendan a amar lo que ven. Lograrlo sería un gran triunfo como padres. Y ‘La vaca gordita’ puede poner un granito de arena. Y granito a granito…

‘¡Yotsuba!’ es uno de nuestros últimos descubrimientos. La serie manga de Kiyohiko Azuma es una delicia para adultos y una lectura maravillosa para niños a partir de seis o siete años. Completamente blanco y sobradamente popular: súperventas en Japón, con numerosos premios y buenas críticas. Pero lo más importante es que se trata de un canto a la infancia, a esa maravillosa etapa de sorpresa, literalidad y aprendizaje.

Debe su nombre a su pequeña y carismática protagonista, una niñita que arranca la historia mudándose a una nueva casa y que, por motivos desconocidos, no sabe casi nada del mundo moderno. Yotsuba es, la niña del pelo verde, es una aliada fantástica para mostrar a nuestros hijos el placer que existe en la lectura, facilitado por el formato cómic. En España la publica Norma Editorial y cada tomo cuesta ocho euros.

‘Canción del pirata’ de Espronceda. Ediciones Idampa, proclamando desde la portada que a los grandes escritores hay que empezar a leerlos desde pequeños, tiene este poema en formato de cuento, bellamente ilustrado por Silvia Alberdi. Es una delicia no sólo para los niños, es uno de esos cuentos que los adultos también observamos cómo pequeñas joyas.

Además de desvelarnos poco a poco una poesía que todos los niños son capaces de entender y disfrutar a poco que expliquemos unos pocos términos, enriqueciendo así su vocabulario, muestra distintos tipos de letra, lo que resulta muy útil en esa edad en la que están empezando a leer y a descubrir que las mismas letras pueden aparecer representadas de formas muy diversas. También incluye al final varias curiosidades históricas sobre los piratas y al inicio una brevísima biografía de José de Espronceda.

‘Un mensaje para Luna’, de Virginia Kroll. Las ilustraciones de Zuzanna Celej son una maravilla y la historia también para crear concienciar medioambiental. Tortuga verde llevará a Luna, una niña con la que es fácil que se identifiquen los pequeños lectores, por todo el mundo, mostrándonos los retos a los que se enfrenta nuestro planeta y que por culpa del hombre muchos animales están en peligro.

Es un cuento que busca la empatía y que se apoya en la esperanza, en que tenemos que movilizarnos, para lograr que esta realidad cambie. Editado por Cuento de luz, una joven editorial infantil madrileña había sido la primera editorial europea y la tercera del mundo en recibir el certificado B Corporation por su labor social y medioambiental.

‘Mujeres’ es un proyecto de la ilustradora Isabel Ruiz Ruiz que vio la luz gracias al sistema de crowdfunding de Verkami y que ya tiene una segunda parte. No es realmente un cuento, es un álbum ilustrado de calidad en el que a un lado vemos las maravillosas y cargadas de personalidad ilustraciones de Isabel, a modo de retrato de cada mujer (Concepción Arenal, María Montessori, Hedy Lamarr, Virginia Woolf, Marie Curie, Clara Campoamor o Frida Kahlo, entre otras muchas), y al otro encontramos una cita significativa y una breve explicación sobre la vida y logros de esa mujer en concreto.

Una lectura, no para hacer del tirón, sino para disfrutar a sorbos a lo largo del tiempo. Y pese a ser un instrumento fantástico con niños (ojo, no solo con niñas, con niños en general), no es únicamente recomendable para niños, muchos adultos disfrutarán de esta recopilación.

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Álvaro López (Generación Ghibli): “La animación japonesa aporta diversidad y honestidad al niño”

¿Es Álvaro López Martín el mayor experto en Ghibli de España? Es imposible asegurar tal cosa sin margen de error, pero no me extrañaría si así fuera. Álvaro es el artífice del blog Generación Ghibli y de sus redes sociales, referencia indiscutible en nuestro país para todos los que disfrutamos con las películas procedentes de este estudio japonés con la impronta del artista Hayao Miyazaki.

No se me ocurre mejor manera de llegar a ser experto en cualquier materia que el camino del goce, que es el que ha recorrido Álvaro López. Un goce que se amplifica compartiendo pasión y conocimientos. Y no solo desde el blog y sus redes y desde colaboraciones en otros medios y páginas, Álvaro tiene tres libros publicados relacionados directamente con Ghibli: Mi vecino Miyazaki, Antes de Mi vecino Miyazaki. El origen de Studio Ghibli y, recientemente, El viaje de Chihiro. Nada de lo que sucede se olvida jamás (Ediciones Diabolo).

¿Cuántas veces has visto El viaje de Chihiro? ¿Es la película que más has visto? ¿Es tu obra de Ghibli favorita?
Perdí la cuenta. Sí, es una película que he visto muchas, muchas veces, pero no te sabría decir si es la que más. ¿Sabes qué pasa? Que tengo la manía de dosificar los visionados de las películas que más me gustan, para no machacarlas demasiado en mi cabeza, por lo que no las veo miles de veces seguidas, dejo un tiempo prudencial. Obviamente, escribiendo un libro sobre El viaje de Chihiro (y los libros anteriores sobre Studio Ghibli) he tenido que verla mucho y muy detenidamente. Pero la disfruto siempre porque es una película con muchísimas lecturas y detalles. Es mi película preferida de Studio Ghibli, aunque (casi) todas tienen algo especial que las hace únicas. Pero su director Hayao Miyazaki creo que llegó a la cumbre de su creatividad con ella.

El viaje de Chihiro está protagonizado por una niña. Ese recurso de acudir a la infancia o al menos a personajes muy jóvenes, poco más que niños, es una constante en Ghibli. ¿A qué crees que se debe?
El eje de Studio Ghibli es Miyazaki, y Miyazaki tiene una visión del mundo bastante pesimista, sin embargo no lo traslada a sus películas, al contrario: él promueve la esperanza en ellas, porque es consciente del mensaje que quiere enviar principalmente a los niños. Para él, en el mundo hay bastantes cosas que están mal, pero cree que los más jóvenes pueden cambiarlo. A través de sus películas trata de promover esa idea. Por eso sus protagonistas son niñas y adolescentes, porque quiere que se vean reflejadas en ellas, personajes que superan obstáculos y adversidades para finalmente evolucionar y creer que un futuro mejor es posible si luchan por él.

Pese a ese protagonismo no es una película infantil, al menos no para la primera infancia. ¿a partir de qué edad crees que es recomendable?
A través de mi blog Generación GHIBLI llevo más de siete años leyendo historias de aficionados de todo tipo, y también de gente que tengo alrededor, y me cuentan de todo en cuanto a la edad en la que los niños se fascinan por ella. Dos de mis sobrinos fueron fans absolutos teniendo entre 4 y 8 años, mucha otra gente me dice que la película de pequeños les daba miedo, especialmente la bruja Yubaba. Hay que tener en cuenta que estamos ante una película algo oscura y compleja en su forma, pero absolutamente recomendable para los niños en su fondo, con un mensaje magnífico para ellos que es necesario transmitir sobre el valor de ser una misma, la importancia del esfuerzo para conseguir algo, la amistad, la superación personal… Es una película muy honesta con los niños, y por eso es tan apreciada por los adultos.

Tienes dos libros previos, Mi vecino Miyazaki (2014) y Antes de Mi vecino Miyazaki. El origen de Studio Ghibli. ¿Cuál será tu siguiente proyecto literario?
Pues acabo de publicar El viaje de Chihiro. Nada de lo que sucede se olvida jamás con Diábolo Ediciones, en el que repaso detalladamente la película de Hayao Miyazaki, probablemente su obra cumbre, para que sea entendida en su totalidad tanto por los que la han visto decenas de veces como para los que no; y luego hay algunas ideas que veremos si se llevan a cabo. Siento no poderte decir mucho más, porque son cosas que no están confirmadas y el mundo editorial es complejo. De momento mi libro sobre El viaje de Chihiro está gustando mucho a la gente por los comentarios que me llegan y sus buenas ventas, y me quedo con eso, que para mí es lo importante en mi labor de divulgar la animación de Studio Ghibli en español y que sea cada vez más conocida, extendida y normalizada en nuestro idioma. Y, en cualquier caso, siempre nos podemos encontrar a través de mi blog Generación GHIBLI y sus redes sociales, donde estoy en contacto permanente con la gente.

La animación japonesa arrastra muchos prejuicios, muchos padres creen que es violencia y sexo. ¿Qué les dirías?
La animación japonesa es una forma de contar historias, por tanto no es posible definirla como un modo único de expresión. En la animación japonesa puede (o no) haber violencia y sexo, como puede haber amor, amistad, belleza, poesía, comedia, drama y todo lo que se pueda imaginar. Como lo hay en cualquier medio de expresión artística. Lo de que el anime es violento y sexualizado forma parte de una mirada muy restringida y prejuiciosa, por desgracia aún muy extendida. Te puedo poner ejemplos televisivos occidentales que todos conocemos: si Pocoyó no es lo mismo que Padre de familia, aunque ambas sean series de animación, ¿por qué van a serlo las series y películas de animación japonesas? En Japón se hace animación para niños, para adolescentes, para adultos, para todo tipo de públicos. Y, además, con estilos muy diversos.

Mi hija, que tiene 8 años, adora desde hace bastante a Totoro, Arrietty, Ponyo, Nicky… pero no ha visto Mononoke hasta este año. Justo estoy pensando en ponerle ahora Chihiro. ¿Qué películas de Ghibli recomendarías para iniciar a los niños más pequeños?
Para los más pequeños, Ponyo en el acantilado es una gran opción, una película de lo más inocente pero a la vez de enorme belleza, vistosidad y valores como el amor, la amistad y el cuidado de la naturaleza. Mi vecino Totoro es la película infantil por anotonomasia en Japón, pero es cierto que a niños muy pequeños puede asustarles un poco la estética de Totoro o el Gatobús (salvando esto en casos puntuales, encandila a cualquier niño). Haru en el Reino de los Gatos también gusta mucho a los niños de menor edad.

Después ya, para edades a partir de los 6 ó 7 años, podrían disfrutar perfectamente de muchas otras como Arrietty y el mundo de los diminutos, Nicky, la aprendiz de bruja, Porco Rosso o El castillo en el cielo sin problema. Desde los 8 ó 9 ya se podría probar con El viaje de Chihiro y quizás hacia los 10, La Princesa Mononoke si les gusta el estilo de Miyazaki, ya que esta es más compleja y seguramente haya que explicarle alguna cosa en su visionado, pero es una película tan apabullante y enriquecedora, que merece la pena. Sin olvidar Nausicaä del Valle del Viento, Susurros del corazón (recomendadísima, una oda a la creatividad), El castillo ambulante
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Los niños se ahogan en silencio #ojopequealagua

El ahogamiento en niños es SILENCIOSO: tu hijo se puede ahogar sin que chille o llame la atención. Es un mito que los niños pataleen o pidan ayuda, eso no suele pasar. Los niños se ahogan y nadie se entera. Esto debería decirlo algún famoso a ver si de una vez las personas se conciencian. Suelen mover las rodillas o ponerse rectos para intentar sacar la cabeza. No suelen llamar la atención por el cansancio o por el miedo. NO AVISAN.

Eso leí al pediatra José Mª Lloreda, que escribe el recomendable blog Mi reino por un caballo en su post más reciente: La piscina. Un texto que debería ser de lectura obligada de un profesional que ha vivido estas desgracias en primera persona.

Cuando estaba en UCI pediátrica vi muchos ahogados (era una ciudad marítima), algunos fallecieron, y otros quedaron con secuelas muy graves. Todos repetían lo mismo “no sabían cómo había pasado”, “solo salí un segundo”, etc etc.

Eso leí y aunque no soy ninguna famosa, tengo un blog y puedo hacer reverberar el eco de su escrito, para alcanzar una mayor concienciación.

Los niños se ahogan. Lo hacen con frecuencia en silencio. El doctor Lloreda compartió un vídeo de un informativo que mostraba a un niño de cinco años ahogándose en una piscina llena de gente en Helsinki. Nadie se dio cuenta de lo que le pasaba al pequeño. Un vídeo muy duro, durísimo, pero bienvenido sea si nos ayuda a mentalizarnos de la importancia de no perderles de vista si están en el agua, de no confiarnos en que pedirán auxilio, en que nos alertarán de alguna manera.

Los niños mueren ahogados y lo hacen con más frecuencia de lo que creemos. Muchas veces se trata de desgracias que se podrían haber evitado de haber seguido unas recomendaciones básicas de seguridad.  Desgracias que volverán a salpicar los medios de comunicación este verano. Desgracias que justifican que insistamos en que no hay que bajar la guardia.

Ojo al gráfico de Ahogamiento.com, un 30% no tenían ninguna supervisión.

Estas son las recomendaciones a tener presentes cuando se juntan agua y niños que el doctor Lloreda recoge en su post (un post que conviene leer entero) y que me ha permitido compartir:

  • Un adulto responsable debe vigilar a los niños y vigilar no es estar por allí guasapeando y subiendo fotos a instagram. Solamente se necesitan unos segundos para que un niño se ahogue. Esta persona no debe atender llamadas o ir un segundo al baño sin dejar a otro adulto al cargo. En esos “si solo me fui un segundo” suceden las cosas.
  • No relajes la vigilancia, en casi todos los ahogamientos en niños hay un adulto que se ha distraído. Aunque sea por no tener que pasar por ese momento, no lo hagas.
  • No dejes a los niños cerca del agua mientras haces otras cosas. Los ahogamientos suceden muy rápido. A veces alguien te dice que el niño es muy bueno y que nunca se metería solo. Claro, pero sigue siendo un niño.
  • Evita supervisar a los niños si estás bajo los efectos del alcohol u otras drogas. No reaccionarás igual.
  • Pon cercas en las piscinas, con puertas que tengan cierre automático. Valora poner alarmas en esas puertas para los periodos sin baño.
  • Aprende nociones básicas de reanimación.
  • Enseña a nadar a tu hijo o a mantenerse a flote y usa chalecos salvavidas homologados. Dejar al niño con un flotador en la piscina no es vigilarlo. Ningún sistema sustituye la vigilancia de un adulto.
  • Si te bañas en playas con socorrista, sigue las instrucciones: rojo es prohibido. Y no, no eres Michael Phelps.
  • Cuando no uses la piscina, saca todos los juguetes y cosas que puedan llamar la atención al niño y hacerle caer al agua. El niño de antes que nunca se metería puede querer coger un juguete o una pelota. Y sin querer meterse hasta el fondo.
  • La responsabilidad de los niños ES TUYA, no del socorrista. Es tan frecuente hoy día dar la responsabilidad a otros, que los padres a veces no tienen culpa de nada. Pues no. Los padres son muy responsables sobre la vida de sus hijos. A veces cuando un padre quiere irse con su hijo de alta voluntaria, le decimos que tiene que firmar un papel donde dice eso, que el padre se va en contra del criterio médico, y muchos no lo firman o no se van. Como si la responsabilidad le abrumara por firmar el papel.
  • No dejes solo al bebé en la bañera, ni confíes en que otro niño mayor lo vigile.
  • No dejes un cubo o una bañera llena sin supervisión.
  • No utilices asientos para la bañera sin supervisión. El bebé puede resbalarse y ahogarse.
  • Los flotadores, los churros y otros dispositivos dan una falsa sensación de seguridad. No son sustitutos de la supervisión de un adulto.


Los mapas y los gráficos proceden de Ahogamiento.com. no se incluyen los ahogamientos en los que las víctimas son migrantes o refugiados que intentan llegar a España por mar.

Una serie familiar como ‘El ministerio del tiempo’ no puede arrancar casi a las once de la noche

En casa nos gusta El ministerio del tiempo, es la única serie española que seguimos. No somos una familia demasiado televisiva. Casi todos los contenidos audiovisuales que consumimos proceden de plataformas como Netflix o HBO y de Youtube, esos que puedes elegir cuándo ver y, exceptuando el caso de Youtube, exentos de publicidad.

El ministerio del tiempo es la única excepción de serie que estamos pendientes de ver y disfrutar cuando se emite, esperando semana a semana por ella. La vemos solos. Julia, con ocho años, es aún pequeña para disfrutarla. Pero para niños a partir de unos doce años puede ser un buen entretenimiento en familia en una época en la que no abundan precisamente los contenidos de adultos aptos para preadolescentes (por suerte cada vez hay más producciones infantiles de calidad que nos pueden gustar a los mayores, pero ese es otro tema).

Tengo amigos con niños de esa edad a los que le gusta también la serie de Olivares, pero su única opción es verla en diferido, pasando rápido anuncios, a una hora decente. Porque la hora a la que la emite Televisión Española no es decente. En absoluto. No lo es para los chavales que tienen que ir al día siguiente al colegio y al instituto, pero tampoco para los adultos que tienen que trabajar y tal vez llevarles a esos colegios e institutos.

La noche del jueves se estrenó el primer episodio de la primera temporada. Arrancó casi a las once de la noche, a las once menos cuarto. El prime time del jueves es casi ya del viernes. Y eso que justo hace dos años TVE hizo propósito de enmienda de rebajar esa hora. En un canto al sol se quedó.

A mi alrededor, en este momento, hay media docena de compañeros interesados en esa serie. Solo uno la ha visto. Otro lo intentó y se rindió al sueño. Nosotros ni nos planteamos verla. Ya lo haremos cuando podamos.

Pasa también con otros productos televisivos pasa. El fútbol sin ir más lejos, que también les gusta disfrutar a muchos niños. Y ahí el directo juega a favor de las cadenas tradicionales, porque tiene poca gracia tragarse un partido si ya se sabe el resultado (ninguna si tu equipo ha perdido). Pero en otros como El ministerio del tiempo no tiene justificación ninguna, podemos verla perfectamente después y a mejor horario.

Luego se extrañarán cuando, en pocos años, las plataformas de streaming les hayan comido la tostada. Ya están en ello. Y no solo por el detalle importante de las horas de emisión. También se podría hablar mucho de programar a horas en las que los niños están en casa contenidos inapropiados por poner otro ejemplo, y habría más.

(RTVE)

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Gonzalo Añón: “El deporte del caballo es una actividad espectacular para los niños”

Me gusta la hípica. Es un deporte que he disfrutado, como espectadora, desde niña. Igual que lo hizo mi padre antes que yo. En Gijón, la ciudad de mis veranos, hay mucha afición, y es una afición que no está vinculada al poder adquisitivo o la clase social. Todo tipo de gente acude a divertirse pasando una tarde al aire libre, animando a los jinetes por los que han apostado, la gran mayoría unos pocos euros.

El pasado verano estuve con mi hija en Las Mestas y lo disfrutamos mucho. Es un buen plan en familia, un buen plan con niños. Si estáis por Asturias en agosto, cuando se celebra, os recomiendo que os acerquéis.

Pero no hay que esperar al verano. Este mismo fin de semana se celebra en Madrid un Concurso de Saltos Internacional en el que participan nueve jinetes de los diez mejores del mundo. Una competición que forma parte de la Longines Global Champions Tour, el circuito hípico más importante y de mayor dotación económica del mundo. Un espectáculo deportivo de primer nivel con 120 jinetes de 21 países, pero también un posible plan para ir con niños.

Puede que en Madrid no tengamos la emoción de las apuestas que hace que en Gijón se escuchen cientos de alientos contenidos cuando salta un favorito, pero no conozco el niño que no se maraville viendo caballos volar raudos sobre los obstáculos.

Y hay más para ellos, cuentan con una zona infantil llamada Little Riders Corner con un carrusel y un Pony Park, se les enseña el material hípico y cómo cuidarlo y hay talleres y juegos. Para comer: food trucks.

Tiene lugar en el Club de Campo Villa de Madrid, la entrada para un día cuesta 15 euros en el caso de los adultos y 7,5 para los niños.

Gonzalo Añón (Víctor Lerena/EFE)

Uno de los jinetes que compiten este fin de semana es Gonzalo Añón. 2016 fue el primer año de Añón en el circuito profesional. “Fue un año espectacular, pude rodearme de los mejores jinetes del mundo en los mejores lugares hípicos del mundo. Aprendí muchísimo, fue como otra carrera universitaria más. Y ese aprendizaje se está notando al principo de 2017”.

Con apenas 22 años es uno de los participantes más jóvenes del concurso, también uno de los deportistas españoles más prometedores en esta disciplina. Viendo su palmarés no es de extrañar que tenga la vista puesta en los campeonatos de Europa que se celebran este año y en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020: “Como todo deportista de alto nivel siempre tienes como objetivo los Juegos Olímpicos. Es un objetivo a largo plazo, pero lo tengo en mente”, me cuenta poco después de confesar que tiene “muchos frentes abiertos” y que el martes justo tras el concurso presenta el trabajo de fin de grado, porque además de competir, este joven gallego también estudia y trabaja.

Este jinete tuvo la cortesía de hablar brevemente conmigo sobre hípica y niños.

¿Le da la impresión de que cada vez hay más niños practicando este deporte?
Sí, cada vez está un poco más de moda. El deporte del caballo es un estilo de vida. Para los niños es una actividad espectacular. Tienes algo en la cabeza, te quitas de tiempo para hacer cosas que no debes, es un deporte muy sano. Y la relación con los animales te hace ser muy responsable. Un caballo no es como un balón de fútbol. A un balón tú lo dejas en casa y vuelves a los tres días y como mucho está deshinchado. Los caballos requieren de responsabilidad y esfuerzo y eso es bueno para todos.

Un caballo no es una moto.
No, no son de usar y tirar. Un caballo no es ninguna máquina.

¿Qué le diría a unos padres que no tienen nada que ver con el mundo del caballo y a los que sus hijos les dicen que quieren montar?
Yo recomiendo siempre que prueben. Es un deporte que enamora a los hijos y a los padres. La relación con el caballo es muy bonita. Yo no conozco a nadie que me haya dicho que haya llevado a sus hijos a montar y hayan quedado disgustados.

Bueno, salvo que haya habido un susto o una caída imagino.
Son gajes del oficio que hay que asumir. Es un deporte de riesgo. Pero no te vas a quedar en el sofá de casa. Los niños tienen que hacer actividades y estar en forma. Yo desde pequeño he practicado todos los deportes que te puedas imaginar y cada día agradezco más a mis padres que me hayan dejado hacer todas esas actividades deportivas. Es algo que voy a agradecerles toda la vida.

Volviendo a esos padres que buscan un sitio para que sus hijos monten sin tener mucha idea. ¿En qué deberían fijarse para elegir un picadero?
Creo que lo más importante es la gente con la que se relacionan, con la que los niños van a aprender. Si el sitio es más bonito o más feo es algo a lo que yo no doy tanta importancia, sobre todo para los niños pequeños que van a disfrutar y pasarlo bien.

Siempre me ha llamado la atención que sea el único deporte olímpico en el que hombres y mujeres compiten juntos.

Para el jinete la condición física es importante, pero importa más la del caballo. Por eso podemos competir hombres y mujeres juntos y que no haya desnivel. No hay nada que nos diferencie a caballo.

Y es bonito que los niños que lo practican crezcan viendo eso, que no llega una edad en la que tienen que separarse.
Claro. Es el respeto, la igualdad que todos merecemos, que es lo que necesita la sociedad.

De todas maneras es curioso que haya muchas más niñas aprendiendo a montar que niños, pero compitiendo en los primeros puestos veamos más hombres. ¿A qué cree que se debe?
No sé la razón. No sabría decirte porqué empiezan montando más y luego son menos. Ceo que cuando son madres pierden tiempo de competición, pierden puestos en el ranking que luego cuesta recuperar. En ese sentido tienen unos inconvenientes que nosotros no tenemos; nosotros no tenemos que parar.

La práctica de este deporte parece estar vinculada a un alto poder adquisitivo, al menos a la hora de competir. ¿Es así?
Más o menos. Los caballos de alta competición son animales muy caros, pero el que es bueno de verdad no tiene problema normalmente para encontrar patrocinadores. El 80% de los jinetes del Global Champions Tour que estarán en Madrid este fin de semana no son propietarios de los caballos y no les cuesta dinero el deporte, sino que viven de ello. Pero a nivel amateur y asumiendo todos los costes es un deporte caro no, muy caro.

¿En España es tal vez incluso un poco más difícil?

Es un poco más complicado. Sí, hay caballo español, pero no es un país de caballos de deportes como puede ser el salto de obstáculos. La gente no tiene esa mentalidad. No hay cría de caballos, aunque ahora está empezando. Hay que ir fuera a comprarlos y es un coste mayor. En Bélgica, en Francia, en Alemania, en Holanda… la situación es totalmente diferente.

De hecho muchos jinetes españoles se tienen que ir fuera. ¿Se lo plantea?
Yo tengo la suerte de contar desde joven con el apoyo de patrocinadores y de mis padres; estudio y trabajo aquí y no tengo pensado irme. Si no tuviera ese apoyo y quisiera dedicarme de manera profesional a los caballos, probablemente lo haría.

Gonzalo Añón. (Stefano Grasso/LGCT)

‘Warner Bros. Studio Tour London’, la magia tras el hechizo de Harry Potter

WARNER

Desde que Julia cumplió tres años mi santo y yo decidimos que, al menos un fin de semana al año, nos escaparíamos sin niños; que dedicaríamos una noche y dos días en marzo, en torno a nuestro aniversario, para estar solos. Y así lo hemos estado haciendo hasta este año en el que, rompiendo la tradición, nos fuimos a Londres en compañía de Julia. Jaime se quedó triscando felizmente en una granja escuela, porque para él, con su autismo, un viaje-paliza como el que planteamos habría sido excesivo. También porque subir al avión con él nos da miedo, no voy a engañaros.

Fueron tres días y dos noches en una ciudad maravillosa que los tres desconocíamos y que nos enamoró, pero de lo que quiero hablaros es de la mañana entera que pasamos en lo que coloquialmente todos llamamos “los estudios de Harry Potter en Londres” y cuyo nombre oficial es Warner Bros. Studio Tour London. The Making of Harry Potter.

Si me leéis con regularidad tal vez sepáis que Julia, que coincidiendo con el viaje cumplió los ocho años, es una pequeña gran entusiasta del universo creado por J.K.Rowling. Ha visto todas las películas, aunque sus favoritas son las cinco primeras antes de que la cosa se ponga demasiado turbia y adolescente, hemos leído juntas el primer libro, fuimos a ver Animales fantásticos en una sesión especial para fans de Potter, fue a un taller de varitas al Festival de Fantasía de Fuenlabrada (que pronto tendrá lugar de nuevo y es un buen plan con niños), de lo que más le gusta disfrazarse es de Hermione y su séptimo cumpleaños convirtió nuestra casa en Hogwarts. Mi santo y yo, sin llegar a ser fans, vimos las películas y leímos los libros en su momento y somos conscientes de ese algo que tiene Potter y que ha hechizado a millones de personas en todo el mundo.

Entenderéis que con esos antecedentes, si íbamos a Londres y teníamos oportunidad de visitar los estudios que tiene allí Warner, teníamos que acudir y llevarla con nosotros.

¿Qué son exactamente los estudios de Harry Potter en Londres? Se trata de la transformación de los estudios en un enorme espacio, casi todo a cubierto (solo hay una pequeña zona a la intemperie, lógico teniendo en cuenta dónde está ubicado), en el que se pueden ver escenarios de las películas (en gran salón comedor de Hogwarts, el despacho de Dumbledore, Privet Drive, la casa de los Weasley, el tren, fragmentos del ministerio de magia, la clase de pociones, el callejón Diagon…), vehículos emblemáticos como el autobús nocturno, el coche volador o la moto de Hagrid, todo tipo de criaturas empleadas en el rodaje, los trajes que llevaban…

Pero vayamos por orden. Lo primero que veremos es una gran nave (que en la segunda guerra mundial se dedicó a la fabricación de aviones), aparentemente en medio de la nada, con varias de las grandes figuras del ajedrez mágico de la primera película casi como único elemento que nos dice que hemos llegado al lugar correcto. Al entrar veremos a nuestra izquierda una cafetería, a la izquierda la tienda de recuerdos, a nuestra espalda el lugar en el que se pueden coger las audio guías y de frente el acceso.

Las entradas indican la hora a la que podremos adentrarnos del todo en el mundo de Harry Potter. Escalonar los accesos nos obliga a estar allí puntuales para poder pasar cuando toca, pero es buena idea para que dentro haya siempre un número razonable de gente, que permita moverse, ver todo y hacer fotos sin agobios. Una vez dentro no hay límite de tiempo, se puede estar tanto como uno desee. La media de la visita ronda las cuatro o cinco horas, pero si se quiere leer todo, ver todo, hacer todo y escuchar la audioguía entera, fácilmente se puede estar todo el día.

Conviene llegar con tiempo. Nosotros así lo hicimos y aprovechamos para cotillear tranquilos la tienda, que es enorme, perfectamente ambientada e invita a hacer fotos. Peluches, varitas, camisetas, trajes, joyas, libros, ranas de chocolate… Hay de todo y no precisamente barato, también es cierto. Por esa tienda, por la tienda de varitas de Olivander en concreto, saldremos cuando concluya la visita.

La visita en sí arranca con la bienvenida de uno de los trabajadores y un pequeño vídeo en una sala de cine. Nosotros nos sentamos en la primera fila y acertamos, porque cuando acabó la proyección se desplegaron ante nosotros las puertas de entrada a Hogwarts y nuestra anfitriona invitó a un puñado de niños, entre ellos la nuestra, a que bajaran con ella a empujarlas. Al abrirse, de repente, estábamos en el impresionante comedor del castillo. Exactamente igual a las películas y un comienzo por todo lo alto.

WARNER

Y tras el comedor, toca seguir andando y descubriendo la magia tras el hechizo de Harry Potter. El siguiente gran espacio muestra vestimentas, objetos y lugares emblemáticos. Se miran, se fotografían, pero que nadie espere poder sentarse en la silla de Hagrid o en la cama de Harry.

WARNER

No obstante, aunque casi todo es ver, también hay cosas que hacer. A los niños se les entrega un pasaporte que indica distintos lugares en los que buscar snitchs doradas. Una vez localizadas se pueden ir poniendo los sellos hasta completarlo.

En esa zona también es posible subir y volar sobre una escoba con un croma detrás y llevarse las fotos o el vídeo recuerdo.


Hay clases de cómo lanzar conjuros con la varita o una escoba a la que se puede llamar para que vuele hasta nuestra mano. Por cierto, también hay trabajadores en todas las zonas disponibles para responder a nuestras preguntas con toda amabilidad.

Tras esa zona llegamos a la estación 9 3/4 y al expreso de Hogwarts. Allí también podemos sentarnos y actuar ante lo que sucede por la ventanilla. Después del tren hay una zona al aire libre con el puente de Hogwarts, más piezas de ajedrez, el coche de los padres de Ron y la moto de Hagrid y la casa de los tíos y de los padres de Harry.

Esa zona está justo al lado del restaurante, en el que se puede hace parada y fonda para reponer fuerzas. No solo hay comida (tirando a especiales y al precio ligeramente inflado habitual de estos sitios), también hay la famosa cerveza de mantequilla y helados con ese sabor.

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¿Qué harías si te invitaran a una boda en la que tus hijos no son bienvenidos?

El pasado viernes una amiga estuvo de boda. Aunque la gente se casa durante todo el año, lo cierto es que con el buen tiempo estas celebraciones se concentran. Ella es madre reciente (reciente de verdad, no como yo que elegí tan mal el nombre con el que escribo aquí que dentro de poco tendré que cambiar el mío a ‘madre de adolescentes’), y estuvimos hablando de ir las bodas con niños.

(GTRES)

No es el mismo plan que cuando ibas soltero y dispuesto a darlo todo en la fiesta. Con niños pequeños sueles preferir las bodas de día. No sólo porque es más fácil que puedas llevarlos, también porque si vas a una boda por la noche, con y sin niños, es muy probable que acabes muerta de sueño, mirando con envidia a los abuelos que aguantan unas pocas canciones sentados y se marchan con el primer autobús.

Nosotros no llevamos nunca a Jaime a las bodas a las que nos invitan. Fue a un par de ellas de familiares muy cercano hace bastantes años, y la última fue un desastre del que tuve que irme a la mitad. Para él, con su autismo, es imposible concebir una comida que dura cuatro horas. Al baile no llegamos en ningún caso, pero probablemente habría llegado agotado y todo aquello le habría saturado. No hay necesidad de hacérselo pasar mal solo porque haya gente a la que le haría ilusión verlo por allí un ratito.

Lo cierto es que él no concibe estar comiendo o cenando a lo largo de cuatro horas, pero tampoco lo hace ningún niño pequeño. Para todos los que conozco es algo excesivo. Tienen que levantarse y jugar para aguantar. Es lógico, son niños. Y mientras puedan divertirse sin hacer tropezar a los camareros, arriesgarse a tirar abajo las cortinas, no veo el problema en ver jugar a un niño en una fiesta familiar.

Hay bodas concebidas para que vayan los niños y lo pasen bien. Bodas al aire libre en las que hay columpios, toboganes y espacio para correr, bodas en las que incluso hay una persona contratada para jugar con ellos y estar pendiente de ellos. Bodas relajadas en las que se ve que los novios disfrutan teniendo a sus sobrinos o los hijos de sus amigos a su alrededor.

Hay otras en las que no es así. Los novios tienen otro concepto de boda en el que los niños no están contemplados y, si van, aguantan como pueden el evento, intentando divertirse dentro de lo que haya a su alcance. Y, obviamente, los novios están en su derecho de planear ese día como mejor les parezca. Luego está el sentido común de los padres para ver si a ese tipo de boda en concreto llevan a sus hijos o no, si es que tienen opción (en forma de canguro) para no hacerlo.

Pero hay algo a lo que no estoy tan segura que tengan derecho, y es a prohibir directamente la entrada de niños a su boda.

“¿Has oído hablar de las bodas que no admiten niños?”, me preguntó mi amiga, y añadió, “¿qué harías tú?”.

“Pues depende”, contesté. Depende de quién se case, el vínculo que nos una, cómo sea la boda, si nos lo han planteado como una sugerencia o como una prohibición innegociable (los hay que incluso lo plantan por escrito en la invitación impresa), de si han invitado a sus niños más cercanos y los prohibidos son los de los amigos…

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