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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

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Si eres incapaz de imaginar un mundo en paz, al menos no robes ese sueño a los niños

Hoy, 21 de septiembre, es el Día Internacional de la Paz.

Y miras al mundo y te da la risa, la risa triste. Da igual que te vayas lejos, a Corea del Norte, a Siria, a Estados Unidos, o que te quedes en España, vislumbrando la brecha creciente construida tanto por los atrincherados a un lado o al otro.

La concordia brilla por su ausencia.

Hoy es el Día Internacional de La Paz y no estoy segura de si el mundo es más pacífico que en 1971, el año que John Lennon publicó su sencillo Imagine.

Precisamente hoy sale a la venta en varios países de forma simultánea este himno hecho cuento, con un prólogo de Yoko Ono Lennon y bellamente ilustrado por Jean Jullien. El objetivo de esta iniciativa es “dar a conocer a los más pequeños los valores de la paz y la tolerancia, trabajando el respeto”.

No need for greed or hunger,
A brotherhood of man,
Imagine all the people,
Sharing all the world…

Los royalties que se obtengan de la venta del libro, editado en España por Flamboyant, se destinarán a la organización Amnistía Internacional.

La canción tiene un mensaje que pudiera parecer infantil, escrito por un hippy millonario, idealista e iluso, pero si te paras a pensarlo, en su aparente simplicidad, sigue siendo revolucionario en distintos sentidos y valido, el único camino a seguir. Leer el cuento despacio, rumiándolo, te hace darte cuenta.

Cuando lo veía con Julia me daba cuenta de que conozco a bastantes familias que lo cerrarían al leer:

Imagine there’ no countries,
It isn’t hard to do,
Nothing to kill or die for,
No religion too,
Imagine all the people
living life in peace…

Y eso también es triste. Despreciar o atacar el sueño hermoso de paz en el mundo, por mucho que sea inalcanzable, negándoselo además a nuestros niños, explica probablemente cómo estamos.

You may say I’m a dreamer,
but I’m not the only one.
I hope some day you’ll join us,
And the world will live as one.

Es necesario que imaginemos un mundo en paz para empezar a construirlo, para que poco a poco nos acerquemos a ese sueño; pero si no crees en ello, al menos no se lo robes a los niños, déjales crecer imaginándolo.

‘Imagine’, de John Lennon – Booktrailer from Editorial Flamboyant on Vimeo.

Hay también, asociado al cuento, un concurso de dibujo en marcha para las escuelas. Se llama Los pájaros del mundo Y pide a los niños que dibujen su pájaro de La Paz para “promover que los niños se imaginen un mundo lleno de paz a través del arte y la creatividad”.

‘La Lego Ninjago Película’ entretiene pero no cala (aún estamos esperando La Lego Película Definitiva)

El curso pasado tuvimos la ocasión de ver la película de Lego basada en Batman, esa gamberrada que no dudo que a muchos entusiastas de Lego y el universo DC les gustara. No hubo aquí ningún comentario sobre ella porque fue una decepción. Para nosotros y para otras familias con niños que conozco y también acudieron a verla. Tal vez por un problema de expectativas, lo reconozco, pero es que era lógico entrar en la sala de cine esperando una película infantil de una calidad razonable, dado que los mimbres eran buenos: Batman y el resto de superhéroes y villanos de DC en formato Lego.

¿Cómo negar el carisma de Batman? ¿A quién no le gusta Lego, aunque sea un poquito?

En fin, la cuestión es que ni a los niños ni a los adultos que acudimos al cine nos pareció gran cosa, pero tampoco voy a ponerme a profundizar en ello.

Hoy quiero hablar de otra película de Lego que llega este fin de semana a los cines basada en Ninjago, los seis ninjas adolescentes de los que ya hay muchos juguetes y un buen puñado de productos televisivos: tenéis la serie y dos películas en Netflix, sin ir más lejos, que comparten personajes pero no trama con los noventa minutos que ahora se estrenan.

La vi el sábado acompañada de tres niños de entre 7 y 9 años y lo cierto es que a ellos les gustó
. Más que la de Batman, menos que La Lego Película. Se entretuvieron siguiendo las andanzas del ninja verde y sus amigos, les resbaló la relación de conflicto paterno-filial entre el héroe y el malvado, prima de la de Darth Vader con Luke, rieron sobre todo con el arma definitiva y pasaron por alto todo lo demás que no encaja, o sobra, o extraña, que es bastante.

La película, otra gran broma dirigida por Charlie Bean, Paul Fisher, Bob Logan y con guion de los dos últimos y Hilary Winston, no les caló en exceso, aunque es posible que cuando vean los catálogos de juguetes que en breve nos inundarán, pararán un par de segundos más en las páginas que muestren cajas de Ninjago.

Resumiendo, que es una película a la que se puede ir con niños a pasar el rato, sin más.

La Lego Ninjago Película arranca con dos actores de carne y hueso (Jackie Chan uno de ellos) en una escena que recuerda al arranque de La Historia Interminable.
Comparte con otras películas de Lego que llegan a los cines ese guiño de unir nuestro mundo y el de los juguetes, de que esas historias que vemos son la recreación de lo que niños y adultos imaginan mientras juegan. Un acierto diferencial, en mi opinión, de las lego-películas que asoman a los cines.

Y como todo es un juego, como todo podría nacer de la imaginación de los niños, parece que todo vale, que todo es una gran broma salpicada de referencias para el que sea capaz de pillarlas. Ahí es dónde esté película y otras de Lego se pasan de frenada.

No tengo nada en contra de dejarse llevar por la acción y la locura, pero me gustaría obtener más, que medios tienen; me gustaría encontrarme con una buena película que no sólo sea divertida, que también emocione, que no abuse del vértigo y la sal gruesa.

Porque Lego nos encanta, pero no vale con apostarlo todo al carisma de las figuras y los mundos de Lego, que puede que supere incluso al de Batman. Desde la notable La Lego Película (2014), el resto de películas de Lego no han remontado precisamente el vuelo.

No sé vosotros, pero yo aún estoy esperando La Lego Película Definitiva. Mejor aún, La Lego Película Definitiva Definitiva.

Y ojalá llegue pronto, porque hay medios para ello.

‘Catch the moon’, para jugar en familia a alcanzar la luna

Hay juegos de mesa que requieren media hora de explicación, arrancar una partida de prueba y terminar al menos una en serio para pillar la mecánica, para comprender un poco de la estrategia que conviene o apetece seguir.

Hay juegos que ocupan casi toda la mesa del comedor cuando se despliegan, a los que hay que dedicar como poco una hora (es probable que más).

Muchos de esos juegos son aptos para jugar con niños, en familia, incluso sin adaptar las reglas, pero ese requisito de tiempo, espacio y atención pueden limitar las posibilidades de echar partidas, puede hacer torcer el gesto a los menos aficionados a este tipo de diversión.

No es el caso de Catch the moon, que es uno de esos otros juegos que se explican en un pispás, que no ocupan mucho ni en su caja no desplegados y cuyas partidas son rápidas (unos quince minutos, puede que menos) y te dejan ganas de más. Un juego en el que niños y adultos pueden hacerlo igual de bien.

Y además es muy bonito. Me consta que no soy la única que, al verlo, piensa en El Principito. También, tal vez, en ese cuento superventas que juraría que todos los niños conocen: ¿A qué sabe la luna?. Pero sobre todo recuerdo a este precioso corto de Pixar, que os recomiendo ver antes de jugar:

Hay que llegar a la luna, para barrerla de estrellas.

Teniendo claro el objetivo, cómo intentar alcanzarlo  es sencillo: tenemos dos escaleras verticales que inician el ascenso, un dado que nos indicará que debemos hacer, unas lágrimas que marcarán nuestros derrumbes y un montón de escaleras con distintas formas.

El dado indica si tenemos que colocar la escalera apoyada solo en una escalera de las que ya están puestas, en dos de ellas o de tal manera que acabe lo más arriba del todo.  Y siempre hay que hacerlo con una mano.

Al que se le caiga el universo inverosímil de escaleras, le toca una lágrima, porque “la luna espera ansiosa vuestra llegada, pero es muy sensible y derramará una lágrima al más mínimo contratiempo en vuestra escalada”. Y esas lágrimas son las que nos hacen perder.

Sí, ya lo sé, así contado también recuerda al juguete de Tozudo y a todos sus herederos, pero además de ser mucho más estético, de generar construcciones de cuento, es muy ágil y funciona muy bien.

El juego de Fabien Riffaud y Juan Rodríguez, con Emmanuel Malin en la parte artística, ha sido editado por Asmodee y tiene un precio recomendado de 24,99 euros. Admite hasta seis jugadores y está recomendado a partir de seis años.

Es una opción estupenda de juego de mesa ligero con el que trabajar la visión espacial divirtiéndose, un juego que puede estar muy bien para introducir en este ocio de mesa a los niños y adultos con menos paciencia o capacidad de concentración, algo que también vamos a mejorar jugando a alcanzar la luna.

Otros juegos de mesa para pasarlo bien en familia:

Cuando ir al dentista con un niño puede implicar anestesia general

Si el niño es muy pequeño, o dependiendo de su carácter, miedo y del procedimiento al que tenga que someterse, cabe la posibilidad de que necesite anestesia general. Y ese tipo de anestesia siempre pesa.

(GTRES)

Si se trata de un niño con autismo o con otro tipo de discapacidad que impide que haga acopio de valor y calma y se mantenga quietecito y con la boca abierta, esa anestesia general también será necesaria, aunque sea para algo tan sencillo como una caries. De hecho es muy probable que muchos de esos niños la sigan necesitando toda la vida.

Y cuando no es posible acceder a ese servicio por la vía de la sanidad pública, algo que pasa con demasiada frecuencia, estamos hablando de que arreglar unas pocas caries puede superar los mil euros. No es de extrañar (y sí de agradecer) que en el anterior colegio de Jaime hicieran tanto hincapié en la importancia de la higiene dental de sus alumnos y hubiera un programa de desensibilización: cada poco les llevaban al dentista a una revisión, para que se acostumbraran a colaborar. Pero esa es otra historia de la que ya hablaremos más despacio en el futuro.

Hoy os dejo un texto de Marta, autora del blog (que os aprovecho para recomendar) Mamá española en Bulgaria, que hace poco tuvo que pasar con su hijo pequeño por la anestesia general en el dentista, con la esperanza de que a alguien le pudiera resultar útil su experiencia y recomendaciones.

La anestesia general es a veces necesaria en pediatría, no sólo para procedimientos quirúrgicos mayores, sino también para ocasiones en las que no es posible que el niño esté quieto o colabore. Por ejemplo, niños muy pequeños, niños con autismo o con alguna discapacidad…

Recientemente tuve que llevar a mi hijo pequeño al dentista, y como a sus cuatro años era impensable que pudiera estarse un par de horas inmóvil con la boca abierta, fue necesario hacerlo con anestesia general.

Busqué mucho en Internet antes del procedimiento y no encontré gran cosa, de modo que ahora que hemos pasado por ello quisiera compartir mi experiencia, por si ayuda a tranquilizar a otros padres.

Eso sí, los detalles pueden variar según cada centro y el caso concreto de cada niño y es bueno preguntar antes al médico; esto es simplemente orientativo.

Los preparativos:
Unos días antes hay que hacerle al niño una analítica y obtener una muestra de orina. Parece sencillo, pero sacarle sangre a un niño pequeño o con alguna discapacidad puede ser una odisea. Nosotros tuvimos que ir a tres centros hasta que dimos con uno en el que la enfermera tuvo agallas para intentarlo. Las dos anteriores no se atrevieron, porque el niño se movía mucho, y tenían miedo de desgarrarle la vena y causarle una hemorragia. No las culpo.

Hacen falta varias personas para inmovilizar totalmente a un niño asustado. Lo más sencillo es quizá que la madre se siente con el niño encima y le sujete torso y manos, mientras el padre o las enfermeras ayudan a sujetarle las piernas.

La muestra de orina se toma en casa en un botecito que te dan para ello, esta parte no tiene ningún misterio.

Si los resultados de la analítica están bien ya se puede ir al dentista (o al médico que corresponda) en los siguientes días.

En las seis horas previas a la intervención el niño no puede consumir alimentos ni bebidas. Como es complicado que un niño pequeño entienda que no puede comer ni beber durante tanto tiempo, es mejor pedir hora por la mañana temprano, y llevarle recién levantado.

Lo ideal sería hablar con él o ella y explicarle lo que pasará de forma simple y adaptada a su edad, aunque por desgracia, los niños muy pequeños o con alguna discapacidad pueden no comprenderlo, lo que hace que llegado el momento están más asustados.

Es recomendable llevar una muda para el niño (a veces tras la anestesia pueden vomitar), pañuelos de papel, y agua. El agua es importante porque al despertarse tienen mucha sed.

Normalmente en el centro dental hacen una ortopantomografía antes de empezar, aunque con niños pequeños no siempre es posible (en nuestro caso no lo fue, el niño se movía demasiado).

La anestesia general:
Siempre que se aplica anestesia general hay un anestesista acompañando al paciente durante todo el tempo que dura el proceso, desde la sedación hasta el despertar.

A mí me pidieron que me sentara en la silla con mi hijo encima, para poder sujetarle bien, y dos auxiliares le sujetaron torso y piernas mientras el anestesista le aplicaba la mascarilla. Es totalmente indoloro, pero los niños pueden asustarse.

Con la mascarilla se le da a inhalar al niño una mezcla de óxido nitroso y sevoflurano, dos anestésicos que le dejan KO en unos 15 segundos. El anestesista dijo que son los que se suelen usar en toda Europa por su eficacia y porque no suelen causar problemas en la recuperación.

Una vez el niño está dormido, los padres deben irse para dejar trabajar a los profesionales. A nosotros nos mandaron a dar una vuelta y nos dieron una estimación del tiempo que iban a tardar. En mi opinión es mejor no alejarse demasiado y asegurarse de que el personal tiene nuestro número de teléfono para que nos puedan llamar si acaban antes de lo previsto.

Antes de empezar el procedimiento pertinente se le pone al niño una vía en la mano y se le intuba por la nariz, para dejar la boca despejada para el procedimiento y para poder seguirle administrando por ahí más gas anestésico. También se le administra paracetamol mediante un supositorio.

Esto es en caso de procedimientos dentales, pero si la anestesia general es para otro tipo de intervención tal vez el sistema sea algo distinto.

El despertar:
La recuperación de la anestesia general es una parte importante de todo el proceso. Normalmente hay salas de recuperación para este propósito, equipadas con una camita, luces tenues y ambiente relajante.

Lo ideal es que el niño se vaya despertando solo de forma natural, y el anestesista nos dijo que a menudo tras la anestesia se sumen directamente en un sueño profundo que puede durar un rato o varias horas. Mi hijo durmió un par de horas.

Al despertar es bueno que lo primero que vean sea a sus padres, porque están desorientados y algo doloridos. Es común que sientan náuseas y pueden llegar a vomitar, de ahí que sea recomendable llevar una muda limpia por si hiciera falta. Mejor prevenir.

También es habitual que estén muy sedientos, porque entre tantas las horas de ayuno total y las que dura el procedimiento, están bastante deshidratados.

Cuando el anestesista da el visto bueno ya te puedes llevar al niño a casa. En nuestro caso nos aconsejaron no embutirle comida para evitar que vomitara, simplemente mantenerle hidratado y darle de comer poco a poco cuando lo pidiera.

También nos recomendaron darle paracetamol al llegar a casa, pero esto es decisión del médico según el procedimiento que se haya realizado y del estado del paciente. Cada caso es distinto y es mejor no medicar a los niños por nuestra cuenta.

Repito que esta es nuestra experiencia personal, los detalles pueden variar según cada niño, según el centro o según el procedimiento que haya que hacer, por eso es bueno preguntar unos días antes a los médicos para saber cómo se hará. Cuando sabes qué esperar estás más tranquilo.

A cualquier padre le angustia someter a su hijo a anestesia general, además de a la intervención que sea. Asusta, claro, ¡son tan pequeños! Por eso es bueno ir bien informado para poder mostrar tranquilidad, porque si los niños nos ven nerviosos ellos también se pueden alterar más de lo necesario.

Los niños que pasan del fútbol

Los niños que pasan del fútbol tienen mucha paciencia. Es probable que casi cualquier desconocido que se encuentren les pregunte cuál es su equipo de fútbol o su jugador favorito y, si son sinceros y les contestan que no les gusta el fútbol reciban como premio caras raras, expresiones de incredulidad.

Los niños que pasan del fútbol a veces mienten. A veces responden cualquier equipo, cualquier jugador, para que les dejen en paz.

Los niños que pasan del fútbol en ocasiones intentan que el fútbol les guste. Hacen todo lo posible para enterarse de qué va eso, intentar disfrutar viendo césped en la pantalla durante hora y media y coleccionan los cromos la Liga. Algunos consiguen enterarse y disfrutarlo, no siempre toda la vida. Otros claudican pronto, pero lo intentan.

Los niños que pasan del fútbol reciben equipaciones de regalo, los llevan a ver partidos en directo, son socios infantiles del equipo del papá y el abuelo… por mucho que sigan pasando del fútbol, por mucho que intenten que les guste para contentar al papá y al abuelo.

Los niños que pasan del fútbol, tengan o no papás y abuelos que les dejan en paz, puede que se encuentren con que todos sus amigos del colegio adoran el fútbol, pasan el tiempo de patio pegando patadas a un balón y considerando un poco raro a ese amiguito que siempre quiere jugar a cualquier otra cosa y que pasa del fútbol.

Los niños que pasan del fútbol necesitan ser niños valientes, necesitan mucha autoestima, una personalidad razonablemente fuerte para no ceder a las presiones y aprender a pasar también de aquellos que los creen un poco raritos o que incluso se meten directamente con ellos.

Los niños que pasan del fútbol a veces envidian a las niñas. Ellas no reciben ese marcaje, ellas no son raritas si pasan del fútbol.

Los niños que pasan del fútbol no son raros, no son diferentes a los niños a los que el fútbol les apasiona, pero con demasiada frecuencia los hacemos sentirse así.

Los niños a los que no les gusta el fútbol necesitan que les vayamos dejando un poquito en paz.

Niños jugando al fútbol (GTRES).

Este texto lo ha inspirado el de la bloguera Trastadas de mamá, que os invito a leer y en el que habla de su hijo Eric, ajeno al fútbol (y de su princesita, a la que le encanta). También otros niños que he conocido teniendo que bregar con balón a su pesar.

‘Drum Roll’, un precioso juego de mesa con el que crear el espectáculo más grande del mundo

Los juegos de mesa de Artipia Game son siempre preciosos, cuidados al detalle, llaman la atención. El que hoy os traigo, diseñado por Dimitris Drakopoulos y Konstantinos Kokkinis y con el artista Antonis Papantionou dándole vida, tal vez sea uno de los más bonitos que tenemos en nuestra ludoteca. Y a los niños los juegos de mesa les entran mucho por los ojos. Lo tengo comprobado.

Está ambientado a principios del siglo pasado, cuando el circo era el espectáculo más grande del mundo y esos espectáculos recorrían las grandes capitales europeas.

El objetivo último de este juego de estrategia y gestión de recursos es precisamente ese, lograr que nuestro espectáculo sea el mejor, el que tiene mayor número de artistas y espectáculos de mejor calidad y más variados. Y conseguir pagarles a todos ellos y a los trabajadores que los acompañan y que también hemos contratado cuando acaba cada función.

Permite jugar a dos, tres o cuatro jugadores. Lo ideal es que sean tres o cuatro. Nosotros solemos jugar tres, con Julia.

Aunque tiene ocho años y la edad recomendada es a partir de doce, a ella le encanta y se defiende bastante bien, aunque es verdad que con el cálculo de los sueldos necesita nuestra ayuda y las estrategias a largo le quedan aún grandes. Pero jugamos para divertirnos en familia y eso lo logramos con creces. De hecho ha sido uno de los juegos que hemos metido en el maletero este verano a petición suya y a los que más hemos jugado.

Aunque no se parece en nada a Love Letter, el otro juego de estas vacaciones y del que os hablé hace pocos días. Para jugar a  Drum Roll se necesita tiempo y espacio.

Con tres jugadores. Si hubiera cuatro aún ocuparía más.

Hay que desplegar un tablero central, un cartón por jugador, las cartas de trabajadores y artistas contratados, hay cubos de recursos, monedas, artistas y trabajadores disponibles para contratar… es un juego grande y una partida pude durar entre hora y media o dos horas. Y no es especialmente caro, pero tampoco de los más baratos: se puede encontrar por bastante menos de cuarenta euros. Ventajas de que no sea precisamente una novedad, salió a la venta en 2011.

En el juego hay cinco tipos de artistas que podemos contratar: acróbatas, magos, malabaristas, artistas bizarros (forzudos y similares) y domadores (y aprovecho para recordar que en la vida real, los circos tienen que ser sin animales). Cada uno de esos artistas necesita cubos de distintos colores para poder ofrecer su espectáculo, que puede tener tres grados de dificultad. Y cada tipo de artista nos da algo a cambio que es diferente: nos ahorra sueldos, nos da cubos, dinero, caravanas para que el sueldo sea inferior…

Un espectáculo incipiente, es fácil acabar con más de ocho artistas.

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‘Titan A.E.’, una película infantil atípica y recomendable para los niños que disfrutan con Star Wars o Marvel

¿Y a cuento de qué vengo yo ahora a hablar de una película que se estrenó hace 17 años? Es posible que os lo preguntéis y con razón.

El motivo es sencillo. La he visto en DVD este verano junto a mi hija de ocho años, y me ha llamado la atención lo atípica que es para un público infantil. Al mismo tiempo, y sin ser en absoluto una cinta perfecta, me parece que puede gustar a muchos niños y también a sus padres.

Lo cierto es que ya vi Titán AE en su día en pantalla grande. Mi santo y yo siempre hemos sido de ir a ver películas de animación bastante antes de tener hijos. Una de nuestras primeras películas juntos fue El rey león, no digo más. De aquel entonces recuerdo que la que sería la última película de Don Bluth nos gustó, sin impresionarnos, y que me compré la banda sonora. En ella aparecían temas de Lit, Texas, Fun Lovin Criminals, The Urge, Bliss o Jamiroquai.

Precisamente esta banda sonora es uno de los motivos por los que es una película atípica para un público infantil. Temas cañeros y actuales (por aquel entonces), muy alejados del Let it go.

Es, además, una película eminentemente de acción cuyos protagonistas no son niños, sino jóvenes adultos. El principal, llamado a ser El salvador de la humanidad y doblado por un joven Matt Damon, solo aparece como niño brevemente al comienzo, cuando logra huir de una tierra que es destruida por una raza de alienígenas que son pura energía y aparentemente invencibles.

Y ahí viene otra rareza. No es frecuente encontrar una ambientación de ciencia ficción en una película infantil. Una ambientación de ciencia ficción tan clásica además, con la raza humana al borde de la extinción, numerosas razas extraterrestres, colonias y naves espaciales y mundos sorprendentes y una estética casi ciberpunk.

Es tan infantil por su guión, por sus diálogos, como pudiera serlo la primera Star Wars. De hecho hay al menos un par de referencias a esta película: hay una frase de la protagonista (asiática, fuerte, lista y capaz y doblada por Drew Barrimore) idéntica a una de Leia sugiriendo bajarse a empujar una nave y ojo a la colonia de Nuevo Bangkok, que lo mismo encontráis restos de la estrella de la muerte. Y a los fans de Star Trek lo mismo les suena el tatuaje que el protagonista lleva en el brazo.

Más cosas que chocan: cuando hay heridas, hay sangre. Sangre roja que gotea (o flota si no hay gravedad). Nada gore, pero en un título infantil sorprende. A un traidor le matan rompiéndole el cuello, no se resbala y se cae por un precipicio ni ninguna torpeza similar habitual en los malvados para niños. Y hay un par de momentos de casi desnudos de la pareja protagonista. Inocentes, llevados con naturalidad y que se quedan en el casi, pero también poco frecuentes. Yo soy de las que esto le da igual mientras no haya sexismo en los roles, también os digo.

Tal vez por todo ello, no funcionó en taquilla. Titan A.E. hizo que 20th Century Fox tuviera que cerrar sus estudios de animación de Arizona, unos estudios que solo habían terminado una película previamente: Anastasia (1997). Si os fijáis, el dibujo de Titan A.E. recuerda mucho al de Anastasia, aunque se nota que procuraron llevarlo técnicamente más allá. Tras el fracaso, la Fox apostó por los estudios Blue Sky, con animalitos parlantes y que se atenían más a las convenciones del cine infantil.

Lo que es seguro es que, por todo ello, no es apta para los niños más pequeños. En EE UU la calificaron como PG, es decir que requiere supervisión de los padres (parental guidance) porque va un pelito más allá del blanco. Otro aspecto que seguro que no la ayudó en taquilla. Lo ideal es a partir de los ocho años de mi hija. Niños que disfrutan con Star WarsLos vengadores y títulos similares.

¿Le daréis una oportunidad?

Hay que enseñar a los niños a llevarse solo sus recuerdos y dejar únicamente sus huellas en el campo

La primera vez que supe de la existencia de la moda de apilar piedras, la última tontuna vandálica de moda tras aquella que llenó los puentes de candados, aunque fueran patrimonio protegido, fue gracias a César Javier Palacios, autor del blog de La crónica verde, en la columna Deja de hacer el idiota con las piedras, que os recomiendo leer entera, pero de la que os dejo un fragmento que deja bien claro la razón por la que es una idiotez.

Para empezar estamos desvirtuando y banalizando el paisaje, aquel que precisamente buscamos por su belleza, pero al que luego perturbamos gravemente con los dichosos montoncitos. En segundo lugar, removiendo el terreno y levantando piedras alteramos el hábitat de infinidad de especies animales (insectos, caracoles, reptiles, pequeños mamíferos) y raros vegetales que encuentran su refugio en las piedras que de modo natural se distribuyen por el territorio y a los que, directamente, estamos dejando sin hogar con este tipo de prácticas inadecuadas. En tercer lugar, con los amontonamientos desnudamos un suelo que queda desprotegido, abandonado a la erosión del agua y el viento, cada vez más estéril. Una cuarta razón serían los problemas de seguridad que estos inestables montículos pueden ocasionar, desde accidentes de los senderistas hasta viandantes perdidos entre esos bosques pétreos donde se confunden fácilmente los caminos. Y por si todo ello fuera poco, muchas veces destruimos sin saberlo un valioso patrimonio arqueológico o etnográfico, porque esas piedras pueden ser restos de estructuras habitacionales romanas, celtíberas, e incluso bifaces prehistóricos.

Estos días he podido ver esta turistada absurda en toda su gloria en la reserva ornitológica bretona de Cap Frehel.

Todo estaba lleno de montoncitos de piedras.

Un comportamiento heredero de herir la corteza de los árboles o de pintar o raspar muros para dejar nuestro nombre y fecha, algún corazón o cualquier chorrada vandálica similar. También paisano de llevarse fragmentos del lugar que visitamos se recuerdo, cuyas peores representaciones serían las de arrancar fragmentos de estalactitas o estalagmitas o capturar y desubicar seres vivos. Y primo cercano de alimentar a los animales que vemos (silvestres, domésticos o salvajes encarcelados) con lo primero que se nos pasa por la cabeza.

Comportamientos incívicos que me ponen de mala leche. Comportamientos que dañan el entorno, que no tienen justificación y que hacen que se nos acote el espacio a visitar a todos, también a los cívicos.

Hace ya mucho que Julia sabe que no se arrancan las flores en nuestros paseos por el campo, da igual lo comunes que sean (o que nos parezcan). Esas flores silvestres morirán pronto en nuestras manos, no servirán de refugio y alimento, no completarán su ciclo. Era algo que su abuela materna animaba a hacer por desconocimiento y con toda la buena intención, pero que no debe ser.

Puede ser muy bonito, cuando eres madre reciente, recibir un ramito de flores del camino de manos de nuestros hijos pequeños, pero es más bonito enseñarles a respetar la vida, el paisaje, para que los que vengan detrás lo encuentren igual que ellos.

Educar a los niños, enseñar a nuestros hijos que lo único que se debe dejar en el campo son nuestros pasos y lo único que nos debemos llevar son los recuerdos y las fotografías, como también leí hace tiempo a César Javier Palacios, es la única vacuna que conozco para luchar contra esas modas que llegan de apilar rocas para subir a instagram una foto con un hahstag que nos procure unos cuantos corazones digitales. Como borreguitos.

Cada vez somos más los que lo intentamos. Los que os miraremos con reprobación mientras os hacéis una foto sin ningún valor junto a vuestra torre de piedras.

Un selfie merecedor de una buena multa y una aún mayor regañina materna. La pena es que ni las fuerzas de la autoridad ni las madres podamos estar en todas partes.

‘El diario Down’, la bitácora del arranque de la paternidad de Francisco Rodríguez Criado

Ha sido en verano, cuando los días son largos y las obligaciones cortas, que he podido al fin leer El diario Down, del escritor extremeño Francisco Rodríguez Criado.

Un libro de pocas páginas, de lectura rápida y poso duradero, alumbrado con Ediciones Tolstoieski como comadrona (también primeriza).

Un viaje por el descubrimiento de la paternidad de Rodríguez Criado. Una paternidad primeriza con las dificultades añadidas que entraña un diagnóstico de síndrome de Down, escrito en primera persona, con sinceridad y sentido del humor, y presentado en un orden cronológico caprichoso.

Una historia de cómo un padre escritor aprendió a amar a su hijo que interesará a todos los que se atrevan con ella, porque todos podríamos estar ahí.

Un libro muy azul, el color que simboliza el autismo que tiene mi hijo.

De hecho hay un capítulo dedicado acertadamente al autismo.

Un libro sobre un bebé dorado, igual que lo es el mío. Mi niño de oro hilado. Dos niños dorados y distintos.

Más allá de las casualidades cromáticas, he encontrado muchos puntos en coincidencia entre mi persona y mis circunstancias y el relato de Rodríguez Criado, que recoge la asunción de esa realidad inesperada que rompe la foto de familia que había formado en su mente.

Algunas serán comunes a cualquiera que tenga un hijo con discapacidad, sea por el motivo que sea: la asimilación del diagnóstico, los sentimientos de culpa, la despedida del hijo imaginado y la bienvenida y aceptación del real, los papeleos, las pruebas médicas, el agotamiento físico y mental, sentirse chófer casi más que padre, el poco tacto en algunas personas, incluso esos asuntos que ligan lo empático y lo lingüístico respecto a cómo llamamos o llaman otros aquello que tiene nuestro niño.

Otros aspectos son más particulares, pero me llama la atención compartirlos con el autor: tener dos perras y que una de ellas haya pasado por la ansiedad por separación, encontrar la felicidad de forma inesperada bajo la lluvia, valorar que esa felicidad es el fin último y está con frecuencia vinculada a las pequeñas cosas, a momentos sueltos, el vínculo (en mi caso materno) con Extremadura, un niño de oro nacido de un padre de pelo zaino… pero sobre todo el hecho de que escribir sea terapéutico.

Rodríguez Criado escribía este diario que luego ha compartido para asimilarlo todo mejor, para curarse. Yo también escribí un blog oculto a buscadores desde el arranque del diagnóstico que me ayudó de la misma manera, igual que escribir este blog o mis libros. Ya os he contado en el pasado que escribir es para mí una necesidad por múltiples motivos, uno es sanarme.

Coincido también con él en que su libro, como el mío, nos ha ayudado sobre todo a nosotros, pero que los lanzamos al mundo deseando que puedan servir de compañía, de cierto consuelo, a otros.

Y hay diferencias, claro que sí.

Recordaba al leerlo a una de las psicólogas que nos dio el diagnóstico de autismo de Jaime cuando tenía más de dos años diciendo que el autismo era algo muy complejo, que ella hubiera preferido un Down. Y eso que mi hijo con autismo es fuerte y sano como un roble y que el Down está asociado a muchos problemas de salud que tienen su reflejo en el libro, en forma de intervención a corazón abierto y numerosas visitas a distintos médicos.

No vale comparar. Es un error caer en aquello de si la discapacidad de tu hijo es mejor o peor que la del mío, en si es preferible. Igual que caer en comparaciones respecto al grado de afectación y manifestaciones de un mismo diagnóstico en diferentes niños. Una línea de pensamiento necia y tóxica.

También es verdad que, aunque no es un libro para saber del síndrome de Down,  leyéndolo veía también lo diferente que es el autismo del down. Un ejemplo, nosotros estamos huérfanos de médicos, una vez nuestros hijos superan la batería inicial de pruebas de descarte.

Pero tal vez el aspecto más distinto venga vinculado a las grandes esperanzas (grandes expectativas) que el autor tenía depositadas en su hijo. Cómo aprendió a reprogramar todo aquello ocupa parte importante del libro. Quería un gran guerrero y acabó dándose cuenta de que lo tenía. La palabra guerrero se repite mucho, un sustantivo que yo no creo haber aplicado jamás a Jaime.

Siempre cuento, porque es verdad, que una de las cosas que más me ayudó a sobrellevar el diagnóstico fue leer un texto que había escrito estando embarazada en el que me decía que lo único que le pedía a mi hijo es que fuera feliz y buena gente. Volver a mis palabras me hizo ver que aquello seguía siendo perfectamente posible para mi hijo con autismo y que yo tenía que ser consecuente con lo que había expresado.

Probablemente este tema de las expectativas reprogramadas que para mí no supuso una piedra entre el camino esté vinculado al hecho de que yo, al contrario que Francisco (padre) nunca me creí destinada a grandes cosas. A menos que por gran cosa se entienda la búsqueda y el hallazgo de la felicidad, que bien podría considerarse como tal si se mira bien.

Similitudes y diferencias. Todo aquello que miramos encierra lo uno y lo otro. Y podemos elegir con qué nos quedamos, de qué manera preferimos fijar la mirada.

Podemos elegir cuando leemos un libro como El diario Down o si vemos a una persona con down (o autismo) cruzarse en nuestro camino, tal vez en nuestras vidas para siempre.

‘El viaje extraordinario’, el desembarco de Julio Verne en Futuroscope

Julio Verne es uno de mis escritores de ciencia ficción favoritos. Lo es por el componente de aventura de todos sus libros, por su carácter de pionero, porque sus escritos son aptos para todas las edades y capaces de avivar el amor a la lectura en cualquiera. También porque me gusta la ciencia ficción que tiene componentes plausibles, que sueña y adelanta lo que la ciencia traerá. En eso Verne fue el precursor de muchos otros que juntamos letras a su sombra.

Es una pena que la lectura de sus obras se esté perdiendo
. Esa es al menos la impresión que me da. Aquellos de nuestros abuelos que eran ávidos lectores de niños, conocían bastante bien a Verne. Los que ahora somos padres y leíamos mucho, también. Los niños de hoy juraría que no. Al menos en España. Y no creo que sea por las muchas películas que han adaptado sus libros con mayor o menor fortuna. La verdad es que no tengo claro el motivo, aunque puedo imaginar unos cuantos, y destaca el exceso de distinto tipo de oferta de entretenimiento más moderna. Tomo nota para procurar que Julia conozca las maravillas de su tocayo del siglo XIX.

Teniendo eso en cuenta es de agradecer que Futuroscope haya decidido recurrir a Verne para su última atracción, inaugurada esta temporada, y no a cualquier franquicia de éxito entre la chavalería.

Tenían muchos libros de Julio Verne con viajes asombrosos para inspirarse, al fondo del mar, al centro de la tierra, a la luna… pero han optado por sus cinco semanas en globo.

A lo largo de la cola exterior nos recuerdan lo visionario que fue el escritor, todo aquello que imaginó y luego fue verdad, desde satélites a submarinos pasando por teléfonos con imagen incorporada.

La zona de espera interior se divide en tres partes y ya es parte de la diversión en si misma
. Una primera en la que conviene no perder detalle, bellamente decorada con multitud de referencias. En la segunda el comandante de la nave y una científica que ha participado en su creación nos dan la bienvenida en un vídeo en francés (subtitulado en español afortunadamente, un idioma que no abunda en el parque). La tercera es un vehículo de la embarque que nos traslada por un Futuroscope del futuro y alternativo cuyos edificios son puertas a los mundos de Verne.

Y luego ya las normas de seguridad y el viaje, que se trata de un vuelo dulce, sobrevolando India (precioso atardecer sobre el Taj Mahal), Egipto, una megalópolis del futuro, el Himalaya… la sensación es de flotar, de volar realmente en globo, viendo el mundo desplegarse a tus pies y notando el viento a la contra en el rostro.

Los adjetivos propicios para describir la experiencia son bonita, agradable, suave… Se disfruta sin necesidad de brusquedad, sin una silla o un vehículo de traqueteo poco confortable, que ya tienen bastante de eso en otras atracciones del parque francés.

La única pega es que sabe a poco. “Es muy chulo, con dos o tres destinos más sería una súper atracción”, fue el comentario de Julia al terminar y tener que abandonar la gran sala en la que tiene lugar. Tal vez también que hay más de Verne en las zonas de espera que en la atracción, que moderniza tal vez demasiado ese viaje en globo perdiendo el encanto del futurismo decimonónico por el camino.


Respecto a todo Futuroscope, que está en su 30 aniversario, me remito a lo que conté aquí hace tiempo. En la base se mantiene, aunque es cierto que ha habido otras novedades: una remodelación de la zona infantil con zona de construcción que equipa a los niños con casco y todo y otra para jugar con canalizaciones de agua, un nuevo espectáculo de Ice Age u otro en el que quince drones bailan en formación. ¡Ah! Y el espectáculo nocturno es ahora otro, La Forge aux Etoiles, y Julia y yo coincidimos en que peor que el anterior, que era más poético, alegre y comprensible, más del gusto infantil.

Es un parque en pulso constante contra el avance de los tiempos. Un parque sin montañas rusas en el que indudablemente se puede pasar una o dos jornadas memorables. Un parque en el que con frecuencia se echará en falta la comprensión del francés por mucho que haya cacharros traductores (que suelen acabar restando espacio en la mochila) y la amabilidad manifiesta de sus trabajadores.

Un parque, en definitiva, que no merece para la mayoría y por sí solo el viaje desde España. No tiene precisamente un aeropuerto al pie. La buena noticia es que la región sí que merece una visita, o varias. Poitiers y sus alrededores, desde Nantes a Burdeos incluso, es hermosa, un destino tranquilo, variado en su oferta de ocio y alojamientos, accesible en coche desde España, con una gastronomía apetecible y asequible. Y dentro de esa visita, Futuroscope sí que es una parada recomendable, sobre todo si hay niños.