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La maternidad es tan cambiante que siempre eres una recién llegada a ella

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¿Por qué demonios estamos poniendo canciones como ‘El anillo pa’cuando’ a nuestros niños?

Me lo contó no hace mucho una amiga, madre de un querubín de rizos rubios que aún va a Infantil. Lo llevaba de la mano cuando le escuchó cantar una letra realmente poco apropiada en unos labios tan pequeños. Era la letra de El anillo pa’cuando de Jennifer López, la misma que el año pasado cantaba que no era la madre de nadie, mostrando ser muy poco consecuente.

Os dejo la letra que cantaba con lengua aún de trapo el angelito. Que a veces oímos esas canciones del verano sin procesar realmente lo que están contando.

Me tratas como una princesa, me das lo que pido
Tú tienes el bate y la fuerza que yo necesito
Cuando estamos solos, te juro, no me falta nada
Te pongo un trece de diez cuando estamo’ en la cama
Nunca había sentido algo tan grande
Y me vuelve loca tu lado salvaje
Tú me has dado tanto que he estado pensando
Ya lo tengo todo, pero
¿Y el anillo pa’ cuándo?

Hueles como me gusta
Me besas como me gusta
Me agarras como me gusta
Así, así, que a mí me gusta
Como muerde la fruta (wuh)
Si sale de noche, me asusta
Sin mapa conoces la ruta
Así, así, que me gusta
Sigue aquí, papi estoy pa’ ti
Dale atrás, que así somos las del Bronx
Don’t stop, muevete má’

El año anterior otra amiga me contaba una anécdota similar con otra canción de Maluma en la que daba igual si en la cama eran dos, tres o quince y si había o no anillo, mientras hubiera cama.

A nuestros niños se las ponen durante el recreo en los colegios, en los campamentos infantiles, en las clases de baile moderno o zumba, desde apenas los tres añitos.

También suenan en emisoras de radio supuestamente aptas para que las escuchen los niños en el coche camino al colegio.

Y si ven los vídeos es aún peor. Raro es aquel en el que las mujeres no son más que trozos de carne que se menean con más o menos tino y calentura.

Desde luego, como ejemplo de hipersexualización innecesaria de la infancia, no tiene precio.

Es cierto que no se enteran de la misa a la media en la práctica totalidad de los casos, pero yo creo que sigue sin tener sentido que sean esas las canciones que escuchan. Y no me parece estar pecando de mojigata. Tampoco es una crítica a este tipo de música, que entiendo que en otros contextos puede tener todo el sentido.

GTRES

Anda que no hay opciones completamente recomendables, sin necesidad de tirar de Cantajuego o Pica Pica.

¿Qué os parece a vosotros?

Disney, McDonalds, Starbucks… dejarán de usar pajitas de plástico. ¿Por qué no hacemos lo mismo las familias?

(GTRES)

El plástico es muy útil, de tantas maneras diferentes que no tiene sentido ponerse a enumerarlas. No hay que demonizarlo porque es muy necesario en nuestro día a día. Pero sus ventajas se nos han ido de las manos y nos hemos pasado de frenada, elaborando todo tipo de archiperres innecesarios, de usar y tirar y, ya de paso, contaminar.

El problema con los plásticos desechables es tal, que cada vez copa más las portadas de los medios de comunicación de diferentes maneras, incluidas las crecientes legislaciones para limitar su uso.

Hoy os quiero hablar de un plástico muy concreto, uno vinculado en gran medida a la infancia, aunque también se usen con poca medida en la edad adulta: las pajitas.

No hace mucho que Disney anunció su intención de erradicarlas de todos sus parques, poco después de que Starbucks dijera que dejaría de emplearlas en 2020 y de que McDonald’s sustituyera las pajitas de plástico por otras de papel en Reino Unido e Irlanda, algo que irá extendiendo por otros países.

¿Por qué no sumarnos las familias a esas iniciativas privadas?

Creo firmemente en la responsabilidad de los padres por educar en la conservación del medio ambiente a nuestros hijos. No es algo que debamos obviar, aunque para ello nosotros seamos los primeros que debamos dejar de autoengañarnos y dar ejemplo: llevando a cabo un consumo r3soknsbale, reciclando, reutilizando, no contaminando, respetando el entorno en nuestras excursiones familiares

Y explicando de paso a nuestros niños los motivos por los que es importante hacer todo eso, adaptado a su nivel, pero de forma constante para que vaya calando la idea en ellos de que este planeta es nuestro hogar y que todos tenemos la obligación de respetarlo y contribuir a su conservación.

Os propongo, como un pequeño pasito, como un ejemplo de todo lo que podemos llegar a hacer, el dejar de emplear pajitas de plástico y contar a nuestros niños la razón por la que ya no las cogemos en los restaurantes de comida rápida ni las compramos para tenerlas en casa.

Podemos vivir sin ellas y apenas tienen vida útil antes de convertirse en residuos. Ni siquiera son tan divertidas.

Con pequeños pasos se completan maratones. Y se despiertan conciencias.

(GTRES)

¿Cómo es la relación de Jaime con su hermana? ¿Cómo es para Julia tener un hermano con autismo?


Muchas veces me preguntan cómo es la relación de Jaime con su hermana, cómo es para Julia tener un hermano con autismo. Suelo contestar que para ella Jaime es el mejor hermano del mundo porque nunca le pega ni le quita los juguetes. Y con frecuencia añado que ojalá se pegaran, se chincharan y se quitaran los juguetes como la mayoría de los hermanos, por mucho que sepa que los ojalás no llevan a ninguna parte.

Otra respuesta, más larga y mejor, es que tienen una relación positiva y sutil, que va evolucionando según cumplen años. Se echan de menos, a Jaime se le nota en las sonrisas de los reencuentros. Se aportan y agradezco que Julia ya estuviera en el mundo, aunque apenas tuviera un mes de vida, cuando recibimos el diagnóstico de Jaime. Tal vez si hubiéramos sabido de su autismo antes de tenerla, no hubiera nacido nunca por un miedo lógico que he visto en tantos otros y que me hizo renunciar a un tercer hijo.

Julia le hace las cosquillas que más disfruta y desde hace varios años es una hermana pequeña en el rol de hermana mayor. Nos ayuda, a veces le vigila, le lleva de la mano, le regaña y da lo que pide.

No queremos que tenga un papel de cuidadora ni ninguna responsabilidad, pero está en su naturaleza; nos ve y le nace ser así.

Tampoco quisimos que fuera una hermana de sala de espera, que juega o hace los deberes mientras su hermano está en terapia o alguna actividad, por eso negociamos los dos en nuestros trabajos las tardes libres. Corresponsabilidad se llama, y es lo deseable pero tenemos suerte de que en nuestros trabajos nos la faciliten. Sabemos que somos afortunados, pero no sale gratis.

A veces tenemos que dividirnos en algunas actividades, porque Julia quiere y Jaime no; a veces hay renuncias, pero son lógicas y bien aceptadas por todos.

Hacemos camino andando, juntos.

Al final, como siempre, cada familia es distinta. Haya o no autismo somos individuos con diferentes intereses, personalidades, reacciones, gustos y circunstancias.

‬ ‪Un diagnóstico no debe ocultar a una persona ni hay que usarla para explicar todo de ella. Tampoco a las familias‬.

💙

Seis aspectos que conviene tener en cuenta antes de entregar el primer móvil a nuestros hijos

La pasada semana hice una pregunta desde mis redes sociales, una que también os traslado ahora a vosotros desde este blog. Quería saber a qué edad se estaba permitiendo el uso de móviles propios a nuestros niños, también qué reglas estaban estableciendo para su uso, sobre todo con Instagram. Aunque de esa red social en concreto ya hablaremos largo y tendido otro día, que lo merece.

Tengo que agradecer a toda la gente que ha contestado. Por sus respuestas me queda claro que la edad media a la que se suele entregar un móvil a los chavales es a los doce años. Por estar en la antesala de la adolescencia, porque les percibimos la madurez suficiente, por el paso del colegio al instituto o por el inicio de actividades y rutas en solitario que precisan que nos comuniquemos con ellos.

Leyendo todo lo que me cuentan y sazonándolo con mi propia experiencia y lo que he escuchado a expertos en el tema en distintos foros, hay una serie de aspectos a tener en consideración antes de dar el paso de entregarles un móvil. Algo que asumo inevitable, por mucho que haya padres que se nieguen de entrada. Y algo que puede ser muy positivo. El teléfono móvil (y las aplicaciones que soporta) es una herramienta maravillosa para mantenerse en contacto con amigos y familia lejana, para estar localizados y poder pedir ayuda en cualquier momento, para aprender idiomas, para aprender, para saber qué ropa ponerse al día siguiente, para encontrar ese parque en el que hemos quedado, para sentirse menos solo, para reírse…

Pero hay que enseñarles a hacer un buen uso, seguro y positivo, de esa herramienta. Dejarse llevar por el miedo y prohibirlo casi todo no es una respuesta recomendable. Tampoco podemos dejarles con un móvil a su libre albedrío porque los nativos digitales no existen. Claro que eso implica formarnos nosotros primero.

  • La edad a las que darles el móvil, que, como decía, ronda los doce años. Aún recuerdo que en un foro organizado por Telefónica el experto Guillermo Cánovas recomendaba entregarlo cuando aún nos escuchen, a una edad en la que todavía nos hagan caso cuando les planteemos normas de uso, recomendaciones y les hagamos ver los riesgos que entrañan. También explicaban que, si tienen una tablet desde los dos años cuyo uso no controlamos, en la que andan por YouTube libremente, se instalan aplicaciones según les parece e incluso redes sociales, el móvil les aporta poco más dado que los chavales ahora apenas lo usan para hablar.
  • Redes sociales. En este apartado entran Instagram (la favorita de los más jóvenes), Facebook y Twitter, pero también YouTube aunque no tengan una cuenta abierta, WhatsApp o Hangouts. Es el gran temor subyacente en entregar un móvil para muchos padres. Abundan las normas y recomendaciones, y así debe ser. Los niños deben saber los riesgos existentes, qué fotos subir y cuáles no, que no deben subir fotos de otros menores a sus redes salvo que se tenga el consentimiento expreso de sus padres, que es inevitable perder el control de lo que se comparte, aunque sea con una sola persona. Eso sí, de poco vale aquí no predicar con el ejemplo. Los adultos preocupados debemos ser los primeros en hacer un uso responsable de las redes sociales.
  • Videojuegos. Para muchos el móvil es eminentemente un dispositivo en el que jugar. Aquí también hay que establecer normas, vinculadas a conocer nosotros primero los juegos, ver si son apropiados para su edad, no caer en micropagos y saber si tienen componente social para valorar los riesgos que entrañe. Muy similar a lo que toca con las consolas.
  • ¿Observar? ¿Entrar? ¿Confiar? Hay padres que exigen el acceso al móvil, juegos y redes sociales de sus hijos, aunque luego no entren. Los hay que lo exigen y sí que las miran. A otros les vale con seguirles y ver su actividad. También hay padres que defienden el uso de programas de control parental y que impiden la instalación de nuevas aplicaciones sin su consentimiento. Como recomendación general, es preferible construir sobre la confianza, pero también es verdad que hay chicos más merecedores de ella que otros.
  • Limitación del tiempo de uso y situaciones vetadas. Es otro aspecto que muchos tienen en cuenta. Estipulan cuándo sí y cuánto tiempo. Parece lógico, sobre todo con aquellos chavales que demuestran ser incapaces de racionalizar su uso, que dejan apartadas otras actividades por el móvil. Aunque conviene no olvidar que no es lo mismo tres horas de móvil al día dedicadas únicamente a redes sociales, que tres horas en las que que se ha jugado un poco, se ha visto un episodio de una serie, se ha estado un tiempo en redes sociales y otro incluso leyendo novelas o cómics en pantalla. De nuevo ser ejemplo. Es absurdo exigir que se controlen con el móvil cuando nosotros lo sacamos en la mesa al cenar juntos. Y es un ejemplo que no se puede empezar a dar cuando les entregamos su primer móvil, hay que trabajarlo antes.
  • Comunicación y consenso.  Por supuesto hay que dialogarlo y acordarlo todo con ellos, y hay que procurar lograr que asuman lo negociado de buen grado. Algún padre incluso escribe y firma contratos.

Ese niño cumple doce años, así que es muy probable que le espere un móvil como regalo de cumpleaños (GTRES)

Os dejo con las respuestas que he recibido, que son interesantes, invitan a la reflexión y nos pueden dar pistas sobre cómo actuar cuando nos llegue el momento.

Carol VF Mi hija no tiene móvil propio, tiene 9 años, pero si tablet con Hangouts, todavía Instagram no tiene, pero usamos el FamilyLink, es una app para control parental donde tu móvil está conectado a su tablet, ¡una maravilla!

Olalla Cernuda Móviles muy pronto porque tanto ellos como yo viajamos mucho, para poder hablar cuando necesitaran, pero con apps muy controladas hasta los 12. Instagram a los 12 pero cuenta privada, yo tengo la clave de acceso y saben que puedo entrar en Insta o su wasap en cualquier momento (no lo hago, pero ellos saben que puedo hacerlo 😉

Sara Palacios Ramos La primera vez que ha tenido móvil ha sido justo esta semana: se marchaba fuera de casa y quería que pudiera comunicarse porque de hecho viajaba sola. Acaba de terminar primaria. Cuando termine esta semana el móvil irá a un cajón en principio hasta que lo necesite para alguna otra cosa. Tiene la tablet del colegio y con ella puede comunicarse, ver vídeos de YouTube y navegar por Internet que es básicamente lo que necesita así que un móvil a día de hoy no le hace absolutamente ninguna falta. Redes sociales no tiene. Para mí la clave está en darles una manera de comunicarse si salen solos. De momento mi hija va a todos sitios conmigo así que no lo necesita a día de hoy. Mañana… pues ya veremos

Almudena Ferrero Mi hija móvil de solo llamadas poco antes de los 11 porque sale tarde de entrenar y había dias que yo podía retrasarme para recogerla y quería que estuvieramos comunicadas. Smartphone, les dos a los 12. Solo tienen whatsap, no me han pedido otras redes. Tengo sus claves y saben que puedo entrar a leer. De hecho lo hago, me gusta ver cono se manejan en el grupo que tienen del colegio, y lo hacen muy bien, todo el grupo. No tienen normas respecto al uso, mas allá de que saben lo que no pueden hacer (publicar fotos de otros sin permiso, etc.) Si me piden cuenta en redes sociales se lo permitiré creandolas con mis cuentas de correo y teniendo las claves

Maider PeVi La pregunta del millón en todas nuestras charlas. No hay edades buenas o malas sino niños y padres mas o menos preparados. Con unas normas básicas de convivencia y comprensión de usos correctos e incorrectos se evitan muchos problemas.

Eva M SA RO Mi hija tiene 11 y ni me ha planteado ni me planteo el móvil de momento, cuanto más tarde mucho mejor, y eso que la mayoría de su clase lo tiene y lo que escucho no me gusta nada, me da pánico la verdad… aunque soy consciente que llegará el día que lo pida pero como digo, cuando sea más mayor.

Javi Martínez Manzano En mi caso no tengo hijos, pero a mis sobrinos de 9 y 12 años solo se les permite el móvil un rato para jugar y, como mucho WhatsApp para estar en contacto con sus amigos y los padres. Las redes sociales como Twitter, Instagram, etc… están basicamente prohibidas por ahora 🙂
P.D: Hay que decir que YouTube se les permite a ambos, pero solo para ver vídeos educativos o sobre videojuegos (empezaron con los típicos canales de Minecraft).

Delfy Mara Perez A mi hijo se lo dimos con 14 como punto de conexión social. Es decir para estar en grupos de wuasap con sus compañeros de clase o amigos externos. Grupos dónde comparten deberes (nada de bromas ni fotos) y muchas veces le tengo que decir que lo encienda, no le gusta mucho. El prefiere el skipe para comunicarse o solo con nosotros. En resumen como sino lo tuviera. La tarjeta prepago no la gasta (siempre Wi-Fi) y la renovamos porque caducan 😂 No tiene Instagram, y Facebook hace poco porque sigue páginas interesantes y usaba mi cuenta. Sí tiene canal Youtube.

Jemina Sin Mas Recién le hemos dado uno a mi hijo, en septiembre hará 13. Con una app que se llama Qustodio le monitorizo la actividad, desde horarios, páginas que visita, tiempo consumido… Tiene wasap, pero al estar de vacaciones, no tiene aún los números de sus amigos. Sabe que le iremos leyendo mensajes de tanto en tanto y lo acepta sin problema. Otras redes no tiene.

Juan Delgado Villegas No tiene móvil, sí tablet pero apenas la usa, y nada de redes sociales, de momento tiene 10 años, muchos de sus compañeros de clase lo tienen, pero nosotros le hemos dicho que no lo necesita y lo ha entendido.

Esther Marquina Pues nosotros a Norah le permitimos móvil propio a los 12 años cuando acabó primaria. Instagram puede utilizarlo siempre y cuando nosotros tengamos acceso a lo que publica.

Ana Luengo Mis hijxs solo tienen un móvil que funciona como teléfono, y solo lo llevan en caso de que vayan solos por ahí para localizarme, pero no tienen wifi en la calle. Nada de redes sociales.

Sonia Gil Gonzalez Mi hija tiene 11 años, 12 en agosto. Nada de facebook por ahora. Instagram sí. Cuenta privada, la clave la sabemos su padre y yo, tanto del acceso a instagram como para desbloquear el teléfono. Evidentemente somos seguidores de ella y ella de nosotros. Las apps no puede instalarse ninguna sin preguntar. Y tenemos vía libre para desbloquear el teléfono y mirar whassap. Fueron las reglas. Y han sido aceptadas por todas las partes (Júlia y nosotros dos)😘

Rosa Olivé Campanyà Todos han tenido tablet relativamente pronto, pero sin redes sociales. Este año, con casi doce, le hemos dado móvil al mayor. Redes sociales sólo Whatsapp. Firmamos un “contrato” con las normas.

(GTRES)

Sabrina Garcia Brienzo A los 12, (ahora tiene 13) empezó a usarlos para salidas y ruta al instituto ida y vuelta que va andando solo pero en casa poco uso y redes sociales no tiene salvo whatsapp

Jolly Roger Mi hija no tiene nada, sólo le permito netflix con formato infantil y youtube sí lo vemos las dos juntas. Tiene 6 y pienso que a los 12 es buena edad.

Ana María Hernandez Estevez Nosotros con 11 años solo en casa y a partir de los 12 llevándolo por la calle, sale de extraescolares y de los ensayos y tenemos que estar comunicadas..

Gemma Adiaz Con 12 años tuvo y tiene su primer móvil heredado de su padre. Llamadas y whatsapp en el recorrido en bici de casa al IES. Después en casa se apaga de lunes a viernes y vuelve a conectar los fines de semana solo para jugar o hablar con algún amigo. 1h q suele ser de 17 a 18. No tiene instagram ni acceso a redes sociales. Lo del recorrido en bici es q preferimos q lleve movil encima por si necesitase contactarnos 😊

Marcela Fernandez Mi hija tiene 12 años y no tiene celular. Usa los nuestros con supervision.

Dul Clena Simple. No hay celular para mi hija. Punto.

Nurita Pérez Pues al mayor dimos móvil casi con 12 años, porque ha empezado a viajar solo en tren. Su padre y yo vivimos en diferentes ciudades y la compartida le hace viajar. Usa Whatsapp e Instagram con cuenta privada (aunque fotos y vídeos sube poquísimos) y, por supuesto ve vídeos en YouTube. Cuando le dimos el móvil no nos planteamos vetarle nada por dos razones, una porque el es muy responsable y otra porque confiamos en él. Hablamos mucho de los vídeos que ve, de la RRSS y de todo lo que le interesa. Hará cosas que no nos contará, pero eso será parte de su desarrollo adolescente.

Caletero Cualquiera Hola. A los once es inevitable. Importante dejar claro que es un móvil familiar de uso personal, es decir, la familia es propietaria… esto evita conflictos del tipo “es mío y hago lo que quiero”. Precauciones: instalar Safe Kids o similar. Limita el acceso a contenidos, te da la ubicación en tiempo real, te da información de llamadas, app instaladas etc. y tb controlas el tiempo de uso. Programas unas horas y se bloquea. Por las noches, retirarlo. Ánimo. Es una herramienta imprescindible hoy día, muy demonizada, pero útil. Tb es una fuente de conflictos cojonuda si no lo regulas desde el principio.

Judit Gomez Manrique
Mi hijo va hacer 11 años mañana. Aún no me he planteado darle un móvil propio el cuando quiere jugar o ver ciertos canales de Youtube pues le dejo el mío y así controlo lo que ve… Tiene un móvil viejo que solo lo usa para comunicarse con los familiares más cercanos con el whatsapp pero no tiene tarjeta ni datos así que no se lo puede llevar a la calle. Quizás cuando pase al instituto le regalemos un móvil con datos y llamadas por el tema de tenerlo más controlado cuando vaya solo por la calle pero nada de redes sociales de momento hasta que no me demuestre que sepa darle un buen uso…

Lorena Martínez Martínez
A los 12. Pero cuenta conjunta en el insta, la tenemos tb nosotros en nuestro móvil. Ahora en verano tiene más libertad, pero cuando hay colegio un rato después de los deberes y el finde, pero sin abuso. Y podemos entrar siempre que queremos porque va por huella y la tenemos incorporada. No le miramos nada pero sabe que podemos hacerlo

Mamá Sin Complejos
Pues…. todavía no usa móvil… y tiene 11 años. .

Silvana Hinojosa
Los míos de 5 y 4 , usan la “tablet familiar”, aplicaciones de aprendizaje solo y esa de matar hormigas con el dedo.😘😉

 

¿Cuánto flúor debe tener la pasta de dientes infantil y cuánta cantidad hay que poner en el cepillo?

Hoy os voy a dar información útil, cortesía de unamadreeneldentista.com, y luego os voy a hacer una petición, de la mano también de la ganadora de los últimos premios 20blogs en la categoría de salud y vida sana.

La información útil viene a responder lo que planteo en el título de este post: cuánto flúor debe tener la pasta de dientes infantil y cuánta cantidad hay que poner en el cepillo.

A nuestros niños, por regla general, les encanta poner pasta en el cepillo, mucha. Tanta que habría que cambiar el viejo refrán de “dura menos que un caramelo a la puerta de una escuela” por “dura menos que “dura menos que un tubo de pasta de dientes infantil”. No me extrañaría que el gasto per cápita infantil de dentífrico triplique el de los adultos.

¿Pero cuánta pasta deben emplear? Según Lydia Almansa, auxiliar de odontología y experta en higiene dental, poquita cosa:

Lo que debemos tener en cuenta es la cantidad que debemos utilizar al cepillar los dientes a nuestros hijos:
– De 0 a 2 años – cepillo raspado
– De 2 a 3 años – tamaño de un grano de arroz
Mayores de 3 años ya podemos ponerles la cantidad de un guisante de pasta de dientes.

Es decir, que tenemos ya el primer reto de hacerles moderar su consumo de pasta.

Y vayamos al flúor, algo imprescindible en las pastas de niños y adultos para proteger eficazmente contra las caries. Conviene saber cuánto debe tener su pasta, algo más importante que si el dibujito del bote es de un cocodrilo, un ratón o un elefante. Tal vez igual de importante si el sabor, porque a mi parecer es importante que el cepillado no les provoque rechazo.

Así lo explica Lydia, cuyo blog os recomiendo para estar informados de primer mano sobre esta semana cuestiones:

Los últimos estudios han demostrado varias cosas:
1º Que una pasta de dientes con una cantidad de flúor por debajo de 1000 ppm (partes por millón) no protege contra la caries. Sería equivalente a cepillarse solo con agua.
2º Que el flúor es una herramienta segura y muy eficaz para prevenir la caries.
3º La caries es a día de hoy, la enfermedad crónica más frecuente en la infancia.

La higiene dental debe comenzar incluso antes de que salga el primer diente, y cuando sale el primero, empezar a utilizar pasta de dientes CON FLÚOR de 1000 ppm.

– De 0 a 2-3 años deberán usar pasta de dientes con 1000 ppm de flúor
– De 3 a 6 años, deberán usar pasta de dientes de entre 1000 ppm a 1450 ppm de flúor.
– Mayores de 6 años ya podrán usar de 1450 ppm en adelante si así se lo prescribe su odontopediatra.

Es decir, que los niños de más de seis años ya pueden usar pasta normal, de adultos. Y ahí viene el segundo reto: lograr que superen el “¡no quiero, pica!” de buen grado.

Tras contaros esto podría surgir una duda razonable. A mí se me planteó y por eso se la trasladé a Lydia. ¿Hay algún riesgo para el niño si consume más cantidad de pasta o una con una cantidad más elevada de flúor? Pues no. Así me lo explicó:

El riesgo de fluorosis, que es el exceso de flúor, sólo afecta a dientes en formación y el riesgo es mínimo. Deberían comerse el bote para sufrirlo. Además la caries rampante, que arrasa con todos los dientecillos, se ha acentuado y el riego de fluorosis es mínimo al riesgo elevado de la caries.

Sobra decir, o debería sobrar decir, la importancia de transmitir a los niños la necesidad de cuidar sus dientes, de cepillarse a diario y a fondo. Es algo que yo tengo muy presente con Jaime, que con su autismo un problema en los dientes puede implicar anestesia general y un coste elevadísimo y que de momento hemos podido evitar.

(GTRES)

Y ahora llega la petición que os anunciaba, que consiste en apoyar la campaña de firmas pidiendo la actualización de la edad recomendada pasta de dientes infantil que ha lanzado precisamente Una madre en el dentista desde Change.

En las pastas infantiles nos están informando mal de la edad recomendada para cada pasta. Así lo explica:

Seguro que alguna vez a la hora de elegir la pasta de dientes de tus hijos te has fijado en la edad recomendada con la que están marcadas, pero es errónea.

Seguro que cuando vas a comprar la pasta de dientes ves dos tipos de pastas infantiles: para más de dos años o para más de seis años, denominadas JUNIOR.

Pues bien, no son correctas y el motivo es el mal etiquetado en la edad recomendada así como en la cantidad de flúor que contienen.

¿Por qué las marcas no actualizan primero sus cantidad de flúor en sus dentífricos? ¿Por qué el etiquetado no está actualizando?

Por lo tanto, vamos a pedir que se actualicen, que modifiquen sus “edades recomendadas” a lo que la Sociedad Española de Odontopediatría recomienda y que muestren en la cara del envase en grande y bien visible la cantidad de flúor que contiene su producto y no en letra pequeña por detrás que es difícil de encontrar.

Comparte esta petición, que llegue a mucha gente y que descubran si la pasta de dientes que están ofreciendo en el cepillado a sus hijos tiene la cantidad correcta de flúor para proteger contra la caries. Difundamos el mensaje para que las marcas de dentífricos se pongan al día.

(GTRES)

Todos los colegios e institutos deberían tener aparcamientos para bicis (y los padres deberíamos fomentar su uso)

Yo fui una niña a una bicicleta pegada. Mi orbea amarilla y azul, con gruesas ruedas de tacos, fue mi fiel compañera muchos años. Recuerdo que cuando era más pequeña imaginaba que era un caballo o el coche fantástico, siempre fue mi manera de acercar distancias entre mi casa y las de mis amigos. Nunca me fallaba, los pinchazos los arreglaba eficazmente mi abuelo y los trastazos contra las zarzas los sufrimos juntas. Fui una niña ágil, sana y resistente, y estoy convencida de que en parte fue por mi vieja orbea.

La usé hasta bien usada la adolescencia, no quise heredar la vespino de una prima mayor, preferí seguir dando pedales. Y ojalá pudiera volver a encontrarme con ella, porque pocos objetos me provocarían tanta dulce morriña. Iría a parar a algún primo pequeño u otro niño, que tampoco es mal destino para una bici. Espero que quién fuera la disfrutase tanto como yo.

Pero todo eso pasó en mis veranos asturianos. Tres meses ciclistas de una aldea en la que todas las casas estaban desperdigadas, con cuestas arriba en las que sufrir y cuestas abajo en las que sentir que volabas.

Pese a lo que me gustaba mi bici, jamás nos planteamos usarla durante el curso escolar en la ciudad madrileña en la que vivía el resto del año.

Ahora la pienso y no tiene mucho sentido. Una ciudad llana, con amplias aceras e incluso parte del trayecto peatonal, un colegio que estaba a quince o veinte minutos andando. La bicicleta hubiera sido un medio de transporte ideal, para llegar en cinco minutos habiendo hecho ejercicio.

Jamás se nos pasó por la cabeza. Y eso que en la tele no dejábamos de ver películas y series en las que los niños se movían en bici, desde Los goonies a E.T. Parece que en aquella España urbana de los ochenta solo nos cabía en la cabeza lo de Verano Azul, esa mentira de que las bicicletas son para el verano.

Nadie en mi colegio iba en bicicleta al colegio. No había, por supuesto, aparcamiento de bicis para fomentar ese tipo de desplazamiento. Que fuera un colegio de niñas en el que había que llevar uniforme con falda hasta los dieciséis años imagino que tampoco ayudaba. Pero enfrente teníamos un colegio de chicos en el que no llevaban uniforme y tampoco se veían alumnos acudiendo en bici. Un colegio grande, con cuatro líneas de cuarenta en clase y buenas instalaciones deportivas en el que tampoco había aparcamiento de bicis, al que nadie iba dando pedales.

Viniendo de aquellos lodos, es lógico pisar aún fango.

Ayer pregunté en Twitter cómo está el tema de los aparcamientos de bicicletas dentro de los recintos escolares. Sin esa facilidad es complicado animar a los chicos a ir en bici. contestaron 54 personas, en menos de la mitad de los centros escolares había un aparcamiento de bicis.

En el colegio de mi hija sí que lo hay. Este último curso, ya con ocho, ha estado acudiendo muchos días en bicicleta. Aún acompañada, pero me encantaría que cuando llegue el momento de ir sola, pueda hacerlo en bici, haciendo ejercicio, moviendo el corazón.

No hay muchas bicicletas en el parking. Es pequeño, el que veis en la imagen, y suele haber dos o tres bicis, como mucho cuatro, para un colegio de dos líneas de más de veinte alumnos cada una. No es mucho, pero ya es un avance respecto a lo que recuerdo. Pocas veces, todas las que he podido, he acudido con mi bicicleta plegable a buscarla para volver dando un paseo.

Sería preciso mejores instalaciones,  aparcamientos seguros y accesos fáciles en bicicleta  a todos los colegios. También, por supuesto, buenos accesos en bici a todos ellos. Pero mientras llega o no llega la voluntad política y privada y los recursos para impulsar esa manera saludable de moverse, los padres podemos poner de nuestra parte. Creo firmemente que, siempre que sea posible, deberíamos apoyar este modo de desplazarse.

Vale, es cierto que es un rollo tener que guardar bicicletas en casa, que ocupan un espacio que no nos sobran. Bajar con ellas por ascensores o escaleras es un dolor, lo sé. Es mucho más cómodo el coche, el transporte público o incluso ir andando, aunque lleve más tiempo.  Andar está bien. El transporte público al menos no colapsa y contamina. El coche no deja de ser un mal necesario. Pero la bici mola mucho más.

Bien podríamos las familias hacer ese esfuerzo. Entrar en las AMPAS o solicitar facilidades. Y esas facilidades también son cursos que enseñan a los niños a moverse en bici, a conocerla.

¿Os recuerdo el creciente problema de obesidad infantil que tenemos encima? La mitad de los niños españoles de entre 6 y 9 años tiene algún grado de sobrepeso.

Hay distintas asociaciones que fomentan el uso de la bicicleta dispuestísimas a echarnos una mano, que ya están acudiendo a los colegios. Yo he podido echar un ojo a lo que está haciendo La ciclería en Zaragoza. También CicloEscuela en Madrid. Suyo es el vídeo con el que termina este post (también un tema publicado hoy sobre cómo enseñar a los niños a montar en bici).

¿Nos apuntamos a pedalear hasta el cole?

‘De mayor quiero ser… Feliz’, la mejor respuesta posible a la pregunta “¿qué quieres ser de mayor?” #ConoceEducaProtege

Hoy empiezo con un vídeo.

¿Lo habéis visto? Por si acaso no es así, os cuento: preguntan a los niños qué quieren ser de mayores, una cuestión a la que no hay infante que se escape antes o después. Muchas respuestas podrían interpretarse como influidas por roles de género. Algo que se confirma cuando les preguntan a continuación “¿y si fueras chico/a (lo contrario a lo que son) qué te gustaría ser?”. Y a la mayoría no se les ocurre que la respuesta no habría que cambiarla, así que la que quería ser estilista pasa a contestar con dudas que futbolista.

La pregunta clave del vídeo está inspirada en un estudio de 2012 publicado por la Federación de Mujeres Progresistas y la Asociación para la Defensa de la Mujer ‘La Rueda’, titulado Goleando sin balón, virtualmente muñecas, en el cual, tras entrevistar a 150 niños y niñas de diversas edades, descubrieron que el 50% de ellos cambiaba de profesión si se imaginaba cambiando de sexo.

Los niños y las niñas muestran estereotipos de género desde pequeños a la hora de elegir profesiones para su futuro. Estos estereotipos tienden a consolidarse en la adolescencia. Educarlos en igualdad es el primer paso para combatir la violencia de género entre adolescentes y jóvenes.

El vídeo pertenece a la campaña Conoce, Educa, Protege, de sensibilización en Derechos de la Infancia de la Liga Española de la Educación y la Cultura Popular, producida con TekilaMovies y financiada por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Y lo más importante no es la campaña, sino el dosier pedagógico para ayudar al profesorado a educar en igualdad que lo acompaña, con recomendaciones y recursos para incorporar la perspectiva de género en el aula.

Un dosier que tenéis aquí disponible en PDF y que no está de más que también conozcamos padres y tutores.

“La herramienta clave para combatir la violencia machista es la prevención, y en ese ámbito la educación juega un papel esencial”, afirma Victorino Mayoral, presidente de la Liga de la Educación y la Cultura Popular. Esta educación, insiste, “no puede incluirse solo puntualmente, en ciertas actividades u horarios en la escuela, sino que debe impregnar todas las áreas de la acción educativa.”

“En la escuela, esta prevención pasa necesariamente por educar en la corresponsabilidad, facilitar una visión igualitaria y global de la historia, y transmitir una visión de mujeres y hombres libre de estereotipos” puntualiza Ana Rodríguez Penín, secretaria de Igualdad de la Liga de la Educación.

Para la secretaria de Infancia y Familia de la Liga de la Educación, Rosa Martínez: “El profesorado no puede olvidar la importancia del llamado currículo oculto. Este puede manifestarse en la propia ambientación de las aulas, las ilustraciones de libros de texto, las actividades de aprendizaje, las referencias o personajes relevantes que se estudian en clase, o la misma configuración de juego en los patios, muchas veces, por ejemplo, ocupados por partidos de fútbol que relegan a los márgenes otras actividades”.

 

 

 

Recordaba esta campaña, esas preguntas, “¿qué quieres ser de mayor?” “¿Y si fueras chico?” “¿Y si fueras chica?”, porque casi simultáneamente ha llegado a las librerías un cuento que responde de la mejor manera posible en su título: De mayor quiero ser… Feliz.

 Se trata de un compendio de seis cuentos que tiene como objetivo enseñar a los niños a ser más felices, a reconocer lo que es realmente importante. Un libro que autoeditó su autora, Anna Morató, y cuyo éxito ha llamado ahora la atención de una gran editorial.

Aquí un inciso. Echad un vistazo sin prejuicios a los libros autoeditados, a aquellos nacidos del crowdfunding, porque cada es más pasa que los títulos más interesantes, originales y con más calidad y cariño puestos en su elaboración llegan por esas vías y no por las de la edición convencional.

Volvamos al libro, apto a partir de cuatro años. Cada una de las historias trabaja sobre una emoción concreta. Son los siguientes:

La mochila invisible es un cuento sobre el lenguaje positivo que ayuda a valorar el poder mágico que tienen las palabras.
Zapatitos mágicos hace hincapié en la empatía para lograr que los niños entiendan que hay que tratar a los demás como te gustaría que te tratasen a ti.
Rayos de sol nos invita a confiar en nosotros mismos, una actitud vital para ser felices.
El hada de la suerte es una historia sobre el agradecimiento y la importancia de aprender a valorar lo que tenemos.
Como la trucha al trucho se centra en la autoestima positiva, para quererse más a uno mismo.
La bola roja trata el tema de la frustración y cómo gestionarla en nuestro camino hacia la felicidad.

Ojalá esa fuera la respuesta que escuchásemos en nuestros niños, aunque fuera de forma soterrada mientras se enumeran profesiones.

Y ojalá esas profesiones que se les ocurren decir no estén jamás influenciadas por lo que se supone que hombres y mujeres pueden o no pueden hacer.

Unos ojalás que están en nuestra mano facilitar, hablando con nuestros niños con claridad, animando proyectos como el de Conoce, Educa, Protege que quieren aulas más igualitarias.

‘Bounce Patrol’ y ‘Canticuenticos’, un grupo musical para niños en inglés y otro en español

La relación de muchos padres recientes con grupos de música infantiles como Cantajuego o Pica Pica es de amor-odio.

Odio porque pasan de poder escuchar su música favorita en casa o el coche a oír a todas horas al tallarín, que mueve por aquí y se mueve por allá, o a cantar internamente “manzana, piña, pera, plátano” cuando escuchan “melocotón”.

Y no mola.

Pero sí que mola tener a los niños cantando felices, bailando las coreografías y entretenidos en el coche. También mola que esas canciones les estimulan positivamente, dicho por todos los terapeutas que han tratado a mi hijo desde que le diagnosticaron autismo con dos años.

Amor y odio, lo que os decía.

En la mayor parte de los hogares esta etapa dura unos poquitos años. Tal vez hasta los seis años. A veces algo más, sobre todo si llegan hermanos pequeños detrás deseando bailar la cuchara y el cucharón. Y ojo, que la música que llegue despues según se adentren en la preadolescencia lo mismo nos hace añorar la de los coloridos grupos infantiles, pero esa es otra cuestión.

En nuestro caso las canciones para niños llevan doce años asentadas en casa. Los chicos de Cantajuego son ya como de la familia, hemos visto como entraban y salían distintos miembros del grupo, su evolución, el acuerdo con Disney la etapa de Plaza Encanto y de la Aldea Sostenible.

Jaime, con su autismo, sigue queriendo esa música. Y me da la impresión de que la querrá toda la vida, así que a este paso les veremos cantar por su jubilación.

Tantos años y tanto gusto por la música como tiene mi hijo nos ha llevado a conocer también otros grupos infantiles. De algunos ya os he hablado en el pasado: Dubbi Kids, Juan D y Beatriz, Billy Boom Band o Zascanduri… También os recomendé dos grupos que están bien para que lo que escuchen, canten y bailen sea en inglés y así vayan adentrándose en este idioma: Mother Goose Club y Super Simple Songs.

Hoy quiero recomendar otros dos grupos, uno en español y otro en inglés, por si os sirve para ampliar el repertorio que suena en casa. Ambos con una calidad por encima de la media. Y lo afirmo tras haber oído incluso canciones infantiles procedentes de Israel, Corea o Rusia. Los caminos de YouTube son inescrutables (y suelen conducir al reggaeton en cuanto te descuidas, algo digno de estudio), pero también a algunos hallazgos interesantes.

El primero es Canticuenticos, que me parece de lo mejorcito que se puede oír en castellano, si te gustan esos ritmos claro. Una formación argentina que lleva una década poniendo un mimo estupendo en sus canciones, que son siempre propias, y que cuida también su riqueza cultural. Nosotros hemos aprendido incluso los nombres de algunos animales en guaraní.
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¿Cuáles fueron vuestros libros favoritos cuando erais niños y adolescentes? ¿Los conserváis para vuestros hijos?

Este es un texto que nace de la resaca del Día del libro. Nace porque ayer me preguntaron por mi libro favorito. Una pregunta imposible. Hay tantos que es injusto destacar solo uno.

No obstante, pensando sobre el concepto de libro favorito, pronto descarté los títulos descubiertos en la edad adulta y dejé de lado a genios como Cormac McCarthy o Robert Graves, porque creo que el libro favorito de verdad, el que te roba el corazón y el sueño, se da en la pasión lectora de la infancia y la adolescencia. Sobre todo de la segunda etapa, la de la rebeldía, la del buscarse, la de apreciar cualquier espejo que te ayude a interpretarte, te sirva de refugio o te dé alas. Todo eso que pueden hacer tan bien los libros.

Una edad en la que en los centros educativos aún se empeñan en obligar a la lectura de La Celestina o El Quijote, generando precisamente rechazo por las letras en la edad en la que lo que debería fomentarse es el enamoramiento por los libros, por cualquier libro, dejando que los chicos elijan sus lecturas. Más hoy día que hay tanta competencia en lo que a dedicar el tiempo de ocio se refiere. El verbo leer no admite imperativos, y estoy convencida de que Miguel de Cervantes o Fernando de Rojas estarían de acuerdo.

Yo leí todos los libros a los que me obligaron. La mayoría pasaron por mí sin pena ni gloria. Solo al releer algunos de ellos, ya adulta, descubrí sus méritos. Y fue así pese a ser una niña que leía sin parar.

Pero leía sin parar libros infantiles y novelas juveniles. Historias que me atrapaban antes de caer, también adolescente, en otros títulos tradicionalmente considerados para adultos. Libros que conservo como un tesoro para mi hija cuando crezca, para los niños de mi familia. Sin obligaciones, sin expectativas, serán simplemente un ofrecimiento.

No guardo ningún juguete de cuando era niña, pero mis libros son mi tesoro. Libros que llevan demasiado tiempo sin ser leídos. Tentada me siento de volver a abrirlos yo misma para sumergirme de nuevo entre sus páginas. Libros infantiles y novelas juveniles, géneros que demasiados sujetos estirados consideran erróneamente de segunda división.

No sé si vosotros conserváis los libros con los que comenzasteis a disfrutar de la lectura, no sé si tendréis fácil comprarlos en caso contrario. Estos son muchos de los que me acompañaron a mí. No todos. No están ahí, por ejemplo, las colecciones de Elige tu propia aventura. Tampoco los cómics.

Los comparto porque tal vez despierten en vosotros algún buen recuerdo, incluso el impulso de abrir un libro o de regalárselo a un niño.


Una delicia llena de humor que rebosa amor por la naturaleza

Hay un buen puñado de libros de perros y lobos.

Y también de caballos.

Una de mis colecciones favoritas, ambientada en la conquista el Oeste.

¿Cuánto sabes sobre los hábitos de lectura de niños y adolescentes en España?

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(GTRES)

En enero del presente año la Secretaría de Estado de Cultura presentó el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros 2017 elaborado por la Federación de Gremios de Editores de España. Os confieso que querría haber escrito un post al respecto, pero cuando quise ya era tarde, ya había dejado de ser noticia.

Hoy, 23 de abril, Día del Libro. me ha parecido oportuno recuperarlo para hacer un trivial y que podamos jugar y comprobar cómo está el patio lector de nuestros menores. ¿Os animáis? Lo mismo os lleváis alguna sorpresa.

Por cierto, no dejéis de leer los diez libros infantiles y juveniles que recomienda hoy desde su blog mi compañera, la librera bloguera Regina ExLibris.