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Archivo de la categoría ‘Cosas de niños’

Ojalá no hubiera niño en el mundo al que le faltasen los besos

Más de diez años de blog dan para mucho. También para hablar varias veces de besos.

Os he contado el momento en el que Jaime, con siete años y autismo, entregó espontáneamente su primer beso, mi niño de oro que entrega felizmente besos en la mejilla diciendo “puá” en cuanto se le piden. Os he hablado de cómo a mi hija no le gusta dar besos, como a muchos niños, y de la insistencia injustificada de muchos adultos por recibir esos besos infantiles, aunque sean obligados y a desgana y por tanto no valgan nada. Por eso también os hablé de que no deberíamos enseñar a los niños a aceptar las peticiones de besos y caricias de los adultos en contra de lo que sienten o les apetece.

He recordado la primera vez que intuyes la magia que puede encerrar un beso. También esos besos fugaces que sentimos el impulso de dar a nuestros bebés y niños pequeños, un momento de rapto, un impulso, una ráfaga de amor punzante. No poder evitarlo. Acercar el rostro a la cabecita de tu hijo, a su mano, a su carita y depositar un beso tierno, suave.

Os he explicado que no beso a mis hijos en los labios, porque no nace de mí. Pero que hacerlo si es con agrado y amor por ambas partes no debería incomodar a nadie. Igual que tampoco hay nada de malo en que los adultos se besen delante de los niños. Mostrarse amor con un beso y con  naturalidad es una forma de que nuestros hijos vean ante sí una relación normal de pareja. Y a los niños les da mucha seguridad ver a sus padres queriéndose.

Me dicen que este viernes, 13 de abril, es el día internacional del beso. Un día en el que os he resumido todo lo que os he ido contando respecto a besarse a lo largo de una década pidiéndoos que veáis los besos siempre como como una muestra de cariño que no hay que esconder; un precioso regalo por parte de un niño si nace de él darlo, y algo vacío si se fuerza o se exige.

Mejor para cualquier niño recibir demostraciones de amor que crecer en un entorno en el que no hay besos, no hay abrazos, no hay “te quieros”, en el que siempre es un invierno emocional.

Ojalá no hubiera niño en el mundo al que le faltasen los besos. Ojalá todo lo que vieran los niños de los adultos fueran gestos de amor.

FOTOS: (GTRES)

Netflix mejora su control parental: se pueden vetar contenidos concretos y ver la edad recomendada al empezar el visionado

Ahora Netflix ha añadido una funcionalidad más. Yo ya he estado trasteando y está disponible. Ya no solo se podrá restringir por franjas de edad evitando que nuestros niños vean aquel contenidos que el equipo de Netflix ha categorizado como inapropiado para esos años, podremos hilar mucho más fino y también vetar películas y series concretas.

Puede pasar perfectamente, y pasa, que haya un contenido que, por lo que sea, a nosotros nos parezca inapropiado por mucho que los señores de Netflix hayan considerado que pasa el filtro.

No obstante, la verdad es que no me parece que haya errores en este sentido. Lo que sí puede haber es sensibilidades distintas que hacen que un contenido nos escueza un poco por algo, pero no se cuelan cosas inapropiadas según mi experiencia. De hecho lo que hay es lo contrario, contenidos solo disponibles como adultos que son perfectamente aptos, un buen ejemplo es la recomendable serie de animación japonesa Haikyuu de la que ya os hablé en el pasado.

Pero  más allá de que sea apropiado o no, porque la puede usarse a modo de castigo (por cierto, de los controvertidos castigos voy a hablar largo y tendido en otro post en un futuro próximo), o simplemente para evitar que el niño se quede enganchado a una serie o película y no quiera ver otra cosa. Con cinco veces que se vea la también muy recomendable Julie’s Greenroom (sobre el mundo del teatro y el musical con la maravillosa Julie Andrews) o Madres Forzosas, lo mismo ya es bastante. Que es muy de la infancia entregarse con exceso a algo que gusta.

Otra novedad que se incorpora es que la edad recomendada que ahora se puede consultar en la descripción de los contenidos, se muestra también al iniciarse la reproducción de series y películas arriba a la izquierda. Por si nos hemos despistado al darle al play.

Una sugerencia que dejo por aquí, por si en Netflix tienen a bien escucharla, que más que con el control parental tiene que ver con la enseñanza de idiomas: permitir fijar el inglés subtitulado al español por defecto y que el niño no pueda cambiarlo.

En nuestra casa tenemos establecido que la primera vez que se ve algo es en español, pero en sucesivos visionados tiene que ser en versión original. Pero no vendría mal poder establecer el inglés de serie. 

Termino dejándoos con parte de un post que escribí en el otoño de 2016 explicando como es el control parental de HBO (mucho más limitado) y de Netflix, hablando también de cómo son los contenidos infantiles que había en una y otra plataforma.

Vayamos al control parental. En este tipo de sistemas en streaming a mí me parecen especialmente importante estos sistemas de control, ya que es fácil que el niño acabe viendo contenidos a solas en la tablet.

La primera vez que sales de HBO Familia al HBO con todos los contenidos, incluyendo todas esas escenas de True detective o Juego de tronos que no queremos que vean nuestros hijos a tan tierna edad, nos salta la opción de establecer un pin (contraseña).hbo3Si lo ponemos, a partir de ese momento cada vez que queramos salir de HBO Family nos lo va a pedir. Procurad, eso sí, escribir el pin sin los niños delante o tendréis que cambiarlo de nuevo, porque los números se ven por un instante antes de convertirse en bolitas grises y a los nueve años se tiene vista de lince.hbo5El mayor inconveniente que le veo al control parental es que si yo no quiero que mi hijo de cinco años vea los contenidos juveniles en los que priman superficialidades y amoríos, técnicamente no hay manera de evitarlo. No hay forma de ofrecerle solo los contenidos clasificados como “para los más pequeños”. Desde el perfil de usuario lo único que se puede hacer es restablecer en cualquier momento la contraseña, si se nos ha olvidado o nos la han cazado.Netflix, que también da la opción a poner un pin, sí que permite jugar con cuatro tramos de edad.netflix

También permite crear varios perfiles personalizados, uno para cada miembro de la familia.

Y otra cosa interesante que mucha gente no conoce. Desde la configuración de nuestro perfil podemos cotillear el historial de visionados conjunto para comprobar que no han conseguido hacernos trampas y ver lo que no les corresponde.
mel

‘Kanagawa’, un juego de mesa ágil, fácil y precioso para jugar en familia

Hace mucho que no recomiendo un juego de mesa por aquí, con lo que me gusta ir contándoos los juegos que más disfrutamos en familia por si os apetece dar una oportunidad a este entretenimiento lleno de diversión y también ventajas prácticas, para niños y adultos. El último fue el Winner’s Circle en diciembre.

Ya iba tocando hablar de este juego, uno de los que más nos gusta desde que lo compramos en las jornadas LES (Ludo Ergo Sum) que son solidarias y que os recomiendo que visitéis con los niños en su próxima edición. Es un buen lugar para aprender, probar juegos de mesa y rol y disfrutar de un ambiente más que sano ayudando además a una buena causa.

Kanagawa me entró por los ojos antes de saber nada sobre él. Ya lo había visto meses antes y me pareció sencillamente precioso. Sé que ni los libros ni los juegos de mesa se deben juzgar por sus portadas (cajas), pero yo soy de las que aprecia mucho que las ilustraciones y los materiales estén bien hechos.

El nombre del juego se refiere a una pequeña prefectura de Japón que artísticamente es famosa por la obra de arte La gran ola de Kanagawa. Un grabado de Katsushika Hokusai que seguro que os suena:

(WIKIMEDIA COMMONS)

Es lógico que en este juego se haya cuidado ese aspecto, porque va de arte. Consiste en aprender de este gran maestro a pintar hermosos cuadros. Con esa ambientación era obligado un buen diseño.

1840: en Kanagawa, la gran bahía de Tokio, el maestro Hokusai decidió abrir una escuela de pintura para compartir su arte con sus discípulos. Tú eres uno de esos discípulos, y lo que más deseas es demostrarte a ti mismo que eres digno del excéntrico y venerable artista. Sigue sus enseñanzas para ampliar tu estudio y pintar tus motivos preferidos (árboles, animales, personajes, edificios), al tiempo que prestas atención a los cambios estacionales para conseguir la más armoniosa de las estampas… ¡la obra maestra de tu vida!

Tu objetivo es mejorar tu estudio y asignar tus pinceles a los paisajes que te inspiran para crear el más bello de los lienzos. Céntrate en la flora, la fauna, los retratos, la arquitectura, o incluso en las estaciones para obtener tus diplomas. Intenta conseguir el mayor número de símbolos de armonía para demostrarte que eres digno del gran maestro Hokusai y ganar la partida.

Pero el juego, más allá de bonito, es bueno. No por nada su autor es el francés Bruno Cathala, creador de juegos como Abyss, 7 Wonders o Five Tribes. De ese último, por cierto, también os tengo que hablar en el futuro.

Admite hasta cuatro jugadores, pero es de esos que funciona perfectamente solo con dos personas. Las partidas pueden durar entre media hora o cincuenta minutos. Lo recomiendan a partir de 10 años, pero nosotros lo estamos jugando con niños de ocho años sin el menor problema. Con niños jugones, probablemente con siete también vaya bien. Es uno de esos juegos que logra tener un nivel de dificultad que permite disfrutar a los pequeños y también a los mayores, sin que a los segundos se les quede corto. Ideal para iniciar a los niños en mecánicas algo más complejas, igual que os contaba del Takenoko (un juego con el que comparte además la estética cuidada y la inspiración oriental).

Se puede encontrar por algo menos de 25 euros. La caja es mediana tirando a pequeña, para los estándares de los juegos de mesa, por lo que es fácil llevarlo en nuestros viajes (pero para jugar en destino, no en el tren o el avión, que tan pequeño no es).

Es un juego de cartas en las que hay representadas diferentes escenas: animales, árboles, personas, edificios y paisajes.Partimos teniendo una estación del año asignada que es el arranque del cuadro y dos pinceles. Se van repartiendo las cartas, algunas no visibles. Van saliendo cuartas y podemos detener el flujo y cogerlas antes de completar la tablilla si así lo deseamos.


Las cartas pueden pintarse, si tenemos el color disponible y pinceles suficientes, o pueden usarse como pinturas para tener más colores. Hay pinturas comodines que restan puntos al final de la partida y algunas que incluyen prebendas como ser jugador inicial, permitir que nos dejen mover más de un pincel en nuestro turno de un color a otro o lograr otro pincel nuevo.


La partida concluye cuando se elabora un lienzo con doce partes y los puntos se consiguen por diferentes vías: por el número de partes del lienzo; por la cantidad de escenas consecutivas que pertenecen a la misma estación (las tormentas son comodines); por la dificultad de las pinturas (las más complejas incluyen puntos extra) y por los objetivos logrados pintando animales, personas, objetivos que también pueden permitir sumar ventajas…

 

Termino con un vídeo que explica cómo jugar mucho más detalladamente de lo que lo he hecho yo. Youtube es un filón para encontrar gente maja y capaz que te explica cómo jugar a un juego sin tener que empollarte las instrucciones, que bien sé que leer las reglas es algo que echa a muchas personas para atrás a la hora de jugar sobre una mesa.

La guía definitiva para aprender a jugar al rol con niños partiendo de cero

Se acerca el fin de semana tras una semana intensa. Apetece pensar ya en actividades que llevar a cabo en familia, con los niños, que gusten y entretengan a todos. Con eso en mente hoy vamos a hablar de nuevo de rol. Mejor dicho, os voy a invitar a que conozcáis a un padre reciente que ha hablado mucho y bien sobre cómo iniciarse en el rol con niños.

Se llama Rolero de Hamelín, un apodo maravilloso tras el que hay una persona acorde a la que tuve la suerte de conocer en unas jornadas dedicadas a los juegos de mesa y de rol cuando aún teníamos las vacaciones de verano frescas en la memoria y con el que he seguido en contacto. En aquellas jornadas se puso en pie y nos contó sus primeros y recientes pinitos como jugador de rol y como máster de niños, una aportación que se mereció un buen aplauso.

Consciente de que hay adultos que, como él, querrían saber cómo empezar en esto del rol y en dirigir partidas infantiles partiendo de cero, se arremangó y ha elaborado una guía que surge “para ayudar a los que como yo, querían empezar a rolear con sus churumbeles y no sabían ni por dónde empezar”.

En su presentación, Rolero de Hamelin cuenta: “No soy ni mucho menos un rolero experto, pero te voy a intentar transmitir de la mejor manera que pueda, cómo ayudar a tus criaturas a dar sus primeros pasitos de tu mano en esto tan molón y misterioso que es el rol”.

Lo ha conseguido con creces. Creo sinceramente que es el mejor instrumento posible con este fin. Al menos el mejor que yo me he encontrado.

De las ventajas de rolear con la infantería doméstica ya os hable hace algún tiempo en un extenso reportaje, pero os recuerdo también algo de aquello.

Sumar resultados, repartir puntos de experiencia, escribir, leer, imaginar, cooperar persiguiendo un objetivo común en un grupo heterogéneo, concentrarse en una historia, explicarse, socializar… las ventajas objetivas de unir infancia y juegos de rol son muchas.

“El rol no es una sucesión de peleas, te permite hacer muchísimas más cosas”. Juls es psicóloga y la autora del blog Bebé a Mordor, una parada obligada para aquellos que quieren jugar con sus niños a juegos de rol y juegos de mesa y una presencia habitual en todo tipo de eventos hablando de las ventajas que este tipo de ocio tiene para los niños, para toda la familia: “Sobre todo ganan confianza y autoestima. Son capaces de tomar sus propias decisiones y hacerse responsables de ellas en un entorno en el que las reglas son iguales para todos. Por supuesto, ayuda a desarrollar vocabulario, habilidades de comunicación, matemáticas y relaciones sociales, porque están constantemente trabajando en equipo con otras personas y tienen que entenderse con los demás para llegar a un objetivo en común”.

Roberto Alhambra usó mucho el rol constatando sus excelentes resultados en una escuela rural en Galicia y echa en falta más libertad para poder aprovechar su potencial ahora que está enseñando en Madrid. “En la docencia cuesta la innovación, ya no el rol”, apunta. Este maestro destaca, más allá de aspectos obvios como el aprendizaje de Matemáticas o de Historia, otros factores como “la escucha activa, las habilidades sociales, las capacidades comunicativas”. “Es un elemento motivador, una vía de escape. Estamos ofreciendo una manera de divertirse sana, saludable y que potencia la lectura”, destaca el maestro con entusiasmo cuando se le pregunta sobre su uso en el aula con adolescentes.

“Los beneficios de los juegos de rol se siguen estudiando en la actualidad, y van de la mano de los beneficios en general que aportan todos los juegos, en particular si se les añade un componente narrativo. Para mí son sistemas narrativos interactivos que permiten emular situaciones que no se podrían dar en otras condiciones. Poniéndome técnica, permiten simular situaciones de crisis, de las que se pueden extraer enseñanzas. Jugar es eso, ni más ni menos. Esto nos permite aprender, formar nuestra identidad y elaborar los delicados mecanismos que gobiernan las relaciones sociales. A mí esto me parece fascinante, por lo que he decidido aprender todo cuanto pueda sobre ello y desarrollar mis propias investigaciones y trabajos relacionados”, explica Edanna R. Patsaki, autora del juego de rol Magissa.

Joan Tretze añade el elemento nivelador que tiene, de edad y también de género: “Tengo un sobrino de 12 y otro de 6, hay mucha diferencia de edad entre ellos. El rol es el juego con el que mejor funcionan los dos a la vez. Si jugamos a juegos de mesa hay una diferencia abrumadora entre el mayor y el pequeño. Pero el rol permite al pequeño interactuar con su hermano mayor de igual a igual. Y sus padres flipan porque les tengo cuatro horas sentados y encantados de la vida”.

El rol es también, superados absurdos prejuicios, una forma de ocio que coquetea, sacudiéndose complejos, con ser considerada una expresión cultural. ¿Por qué no? El rol con frecuencia implica historias bien desarrolladas, preciosas ilustraciones y referentes culturales populares más que instaurados. “Claro que hay un componente artístico en el rol”, defiende Helena Bermejo. “Estás basando tu arte en una historia, estás ayudando a crear un mundo tirando de imaginación. De hecho creo que es imprescindible para un juego de rol que haya arte. Con frecuencia, antes de mirar los sistemas de juego o la propia historia, te paras a mirar el arte, te entra por los ojos. Un libro de rol es un pequeño libro de ilustraciones”.

Apunten por tanto otra ventaja de ‘rolear’, anima a los niños a dibujar a sus personajes, los mundos que transitan y explorar así su creatividad y expresión artística.

Mastereando Magissa…

Y aquí más lectura que os puede resultar interesante:

Tenemos por delante uno de los últimos fines de semana de mal tiempo, ideal para leer a Rolero de Hamelín, agenciarse un libro de rol apto para montar aventuras con niños (aquí tenéis una lista de títulos) e iniciar el camino que conduce a dar rienda suelta a la imaginación.

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“La importancia de los tíos para los sobrinos y cómo tratarlos para no malcriarlos”

“Podías hablar un día de la importancia de los tíos para los sobrinos y de cómo tratarlos para no malcriarlos”. Fue algo que me propusieron, así tal cual, hace bastante y pensé que era un encarguito complicado.

(GTRES)

La segunda parte creo que es más sencilla, al menos exponerla, que llevarla a la práctica ya es otro cantar.

“¿Cómo tratarlos para no malcriarlos?”. Pues no dándoles todo ni consintiendo cualquier comportamiento y no contradiciendo las normas impuestas por los padres ni las órdenes puntuales que hayan podido dar; dejándose llevar por el sentido común en definitiva.

Es estupendo ser un tío molón, de esos enrollados y a los que los sobrinos adoran, pero eso no es patente de corso para hacer lo que nos dé la gana. Aquello de “que lo eduquen los padres, que para eso están” que se permiten decir abuelos y tíos con afán de malcriar (un término que no me acaba de gustar, por cierto), nunca me acabó de gustar.

Yo me inclino por otro dicho, ese que asegura que hace falta una tribu para educar a un niño. Es decir, que es responsabilidad de todos hacerlo. Por mucho que ante conflictos que suban de gravedad o dificultad básica, la opción sea siempre informar a los padres para que ellos tomen las medidas que correspondan.

Vayamos con la otra parte. Hablar de la importancia de los tíos para los niños no es un encargo menor. Cuando lo reflexiono, no puedo evitar pensar en mis propios tíos. Tuve (tengo aún) mis tíos preferidos, aquellos cuya personalidad más encajaba con la mía, aquellos junto a los que me sentía mas feliz y eso no tenía que ver con los regalos que me entregasen, lo rico que me cocinasen, lo que me loasen o lo mucho que se esforzasen por interesarse por mi vida. Mis tíos preferidos son los que me dejaban ser a mi manera, aquellos que percibía que me querían.

Mis tíos eran importantes para mí cuando era niña. Cuanta más gente haya haciendo sentirse querido a un niño, mejor. Creo que no hay duda al respecto.

Igual que abuelos, primos, amigos cercanos (la familia a veces se elige, hay tíos que no lo son sobre los papeles), mis tíos me daban seguridad, me hablaban de una red amplia a mi alrededor que me cuidaba, que se preocupaba por mi bienestar. Y para cualquier niño es vital sentirse seguro, aunque no razone los motivos que haya detrás de esa solidez.

Amor y seguridad. Dos pilares sobre los que es deseable construir cualquier infancia. Dos pilares que se construyen a partir de los padres y también de los tíos, pero no sólo de ellos.

Más allá de la oportunidad de ofrecer a nuestros sobrinos experiencias distintas o momentos compartidos especiales, que por supuesto también es algo genial, creo que la verdadera importancia radica en que sepan que les queremos y que estamos ahí si nos necesitan.

Eso procuraré transmitir yo a mis sobrinos, porque también soy tía.

(GTRES)

No sé cómo hubierais contestado vosotros a esa pregunta, pero a mí no se me ocurre mejor respuesta.

Por qué he dejado de seguir a los que buscan popularidad en Instagram usando a sus hijos

En mi anterior post os hablaba de cómo somos la primera generación de adultos que necesita aprender a gestionar la exposición de sus hijos a redes sociales. Hemos pasado en muy poco tiempo de llevar una foto en la cartera que mostrar con orgullo a conocidos, familiares y amigos, a hacer fotos y vídeos a miles gracias a llevar smartphones siempre encima y subir esas imágenes a redes sociales.

Todos tenemos que aprender a ser prudentes, a contar con los niños, a pensar en las repercusiones que pueden tener nuestras acciones y a dar ejemplo a nuestros niños haciendo nosotros en primer lugar un uso responsable de las redes sociales. Ayer hablábamos de eso.

Pero hoy me quiero centrar en otro aspecto de esta realidad, uno más concreto. Hoy quiero hablar de los influencers, o de aquellas personas que aspiran a serlo, gente cuyo mayor activo son los seguidores que tienen en redes sociales.

Conmigo que no cuenten para presumir ante las marcas, para sacar pecho admirando lo nutridos que están sus instagrams, si están utilizando a sus propios hijos como munición para lograr ese objetivo.

Llevo ya un tiempo que no doy ‘me gustas’ ni entrego corazoncitos virtuales a nadie que busca activamente la popularidad en redes sociales, menos aún si son ya parte de su medio de vida, subiendo constantemente fotos de sus niños.

No hablo de gente bienintencionada, influencers o no, que ocasionalmente muestran a sus hijos y lo hacen con prudencia o algún buen motivo. Hablo de los que no paran de emplearlos como andamiaje de su popularidad con imágenes del estilo de las de los bancos de imágenes que usamos en los medios de comunicación, fotos muy bonitas y del todo vacías como las que ilustran este post.

Sucede sobre todo en Instagram, esa red social que tiene muchas maravillas pero que favorece lo superficial sobre la profundidad al impedir enlaces y limitar la cantidad de texto que admite. Y sucede sobre todo (no siempre, es verdad) con cuentas en las que todo parece perfecto, casas maravillosas, familias siempre felices, niños que parecen listos para salir en una revista incluso recién levantados, que si en alguna foto están llorando, algo sucios o despeinados parece también algo cuidadosamente estudiado.

Esas cuentas con cientos de miles de seguidores, con fotos y familias impolutas, sonrisas de anuncio de dentífrico o de anuncio de Coca Cola, no han tenido nunca ningún valor para mí. Pero es que últimamente miro a esos niños disfrazados de perfección y no dejo de hacerme preguntas sobre su futuro, qué pensarán cuando cumplan años de esa exposición, si siempre se prestan a esas sesiones de fotos con gusto, si se ha hablado con ellos a fondo para contar con su consentimiento.

También sobre cómo invitan a que muchos de esos cientos de miles de seguidores intenten imitar a esos influencers y suban fotos de sus hijos sin reflexionar en profundidad sobre las consecuencias.

Es mi decisión personal y no pretendo tener la razón ni convencer a nadie. También sé que tener de escaparate a los niños en Instagram no implica no quererlos mucho, no pretender protegerlos. Pero no puedo evitarlo. No me gusta.

Insisto. Que no cuenten conmigo.

GTRES

Termino recordando una noticia reciente: en diciembre un tribunal italiano multó a una madre con este perfil de influencer con 10.000 euros por subir imágenes de su hijo en Facebook. El periodista Lillo Montalto hacía un repaso en Euronews a raíz de esta sentencia repasando cómo está el patio en diferentes países y concluyendo:

Según el experto en ética y derecho Eric Delcroix en Le Figaro,”en pocos años, los niños de hoy en día podrán llevar fácilmente a sus madres y padres, culpables de haber publicado sus fotos en Internet, ante un juez”. “Criticamos a los adolescentes por su comportamiento en las redes, pero los padres no se comportan mejor”, señala.

La página web Wired advierte de los peligros de asistir a la gran feria de la vanidad, tratando a los recién nacidos como “tristes conejillos de indias”. “Un niño no es un pedazo de tarta para compartir, un velero para presumir o un perro de exposición: es un individuo que depende de nosotros de la misma manera que, viniendo al mundo, se separa de nosotros y comienza su propio camino de autonomía. Incluso con pocos días o años de vida. Es nuestra tarea guiarlo, no traicionarlo”.

Por otro lado, os adelanto que he decidido dejar de seguir a aquellas cuentas que buscan popularidad en redes sociales mostrando sin parar a sus hijos. Pero sobre eso, que está relacionado pero es otro tema, ya me explicaré largo y tendido.

GTRES

Nos preocupan mucho las imágenes que compartan nuestros hijos, ¿y las que compartimos de ellos los adultos?. Ojo con el ‘sharenting’

(ORANGE)

Por lo que he visto a mi alrededor, a los adultos les suele preocupar mucho cómo manejen sus niños sus redes sociales, cuándo darles un móvil, cuándo permitir que creen sus primeras cuentas y en qué redes y qué normas y supervisión imponer pensando en su seguridad. Es algo muy importante de lo que he hablado en el pasado y que volverá a ser tema del blog, sin duda alguna.

Pero hay algo que, aunque me consta que muchísimos padres tienen presente, me da la impresión de que preocupa menos, y es el uso que nosotros, sus padres, tíos y abuelos, damos a nuestras redes sociales en lo que a nuestros niños atañe.

Somos la primera generación de padres que se enfrenta a la necesidad de aprender a gestionar la exposición de nuestros menores a las redes sociales. Y es un reto complejo, por lo novedoso y por sus distintas aristas.

Entre los extremos de compartirlo todo pública y alegremente y no mostrar absolutamente nada, puede que ni tener redes sociales, hay todo un océano de grises dependiendo de qué se comparta, cómo y dónde se haga. Por ese mar de corrientes cambiantes me muevo yo.

Deberíamos también aquí ser ejemplo y ser más que prudentes con las imágenes que compartimos. Es comprensible que nuestros hijos, nietos y sobrinos nos parezcan tan guapos, graciosos y listos que, rebosantes de orgullo y amor, queramos mostrarlo al mundo (o a nuestro pequeño mundo digital), pero tal vez deberíamos pensárnoslo dos veces antes de hacerlo. Ante la mas mínima duda, mejor dejarlo estar en la memoria del móvil.

Lo que subimos a Internet escapa a nuestro control, por mucho que lo compartamos solo con nuestros amigos. Una vez en la red, puede acabar el cualquier parte.

La mayoría de la gente (un problema presente también en medios de comunicación) es muy poco consciente de que las imágenes tienen una autoría que hay que respetar, que no se puede coger alegremente y guardar o reutilizar lo que nos plazca, algo que se hace masivamente.

Nuestros hijos no son nuestra propiedad. Somos sus guardianes, como me gusta decir, y eso es algo muy distinto que implica que hay que pensar en su bienestar y protección por encima de cualquier otra consideración.

Nuestros hijos tienen el derecho a decidir, en cuanto tienen edad de comprender nuestras explicaciones, si quieren que subamos esas imágenes suyas a Internet o no. A partir de los ocho o nueve años ya se puede hablar con ellos, y mostrarles nuestra responsabilidad en este sentido puede ayudarles en el futuro a ser ellos también conscientes de las repercusiones de compartir imágenes.

En este sentido, estos días Orange tiene una campaña dedicada al sharenting que me parece interesante traer a colación. ¿Qué es eso del sharenting? Pues es la unión de los términos ingleses sharing y parenting , compartir y criar, y hace referencia a la práctica de compartir fotos, vídeos e información de nuestros hijos en redes.

Os recomiendo ver este vídeo, cuyo contenido he transcrito más abajo:

Papá, mamá, os tengo que pedir un favor, quiero que dejéis de subir esas fotos mías a las redes sociales. Hay fotos que son muy inocentes y que están muy bien, pero hay fotos que no, hay fotos que pueden ser ridículas o íntimas y que vosotros subís con la mejor intención del mundo, pero cuando tenga 15 o 16 años y vaya al instituto, esas fotos me pueden dejar en ridículo y que todos los chicos o, peor aún, que todas las chicas se rían de mí. Y es que todas las fotos que subes a las redes sociales se quedan ahí para siempre. Por eso, también tenéis que pensar que dentro de 20 o 30 años cuando sea un adulto esas fotos podrían afectar a mi vida personal, incluso laboral. Lo que parecía una foto inocente, puede afectar mucho a mi vida en el futuro.

  • Sobre las fotos y vídeos que se toman en las funciones infantiles
  • ¿Si fueras famoso subirías fotos de tus hijos a tus redes sociales?
  • Las fotos y los niños
  • ¿Subes fotos a blogs, webs o redes sociales? Una reflexión sobre qué imágenes utilizar
  • “Si el niño sabe que tiene altas capacidades, debe decidir él si contarlo o no a sus amigos”

    Las altas capacidades vuelven a protagonizar el blog por segundo día consecutivo, con la segunda parte de la entrevista a la doctora Nuria García, psicóloga infantojuvenil y directora de Ayudarte Estudio de Psicología, donde ha desarrollado un programa denominado Mentes Brillantes.

    Si en la primera parte hablábamos sobre todo del diagnóstico, en esta ocasión las preguntas se refieren a lo que pasa después. Os recuerdo que han ayudado tres familias que saben de primera mano que no siempre es fácil conducir un Ferrari.

    Vamos con ella, esperando que os resulte interesante.


    (GTRES)

    ¿Con qué principales retos se va a encontrar el niño y su familia?
    Educar a un hijo no resulta sencillo sea de altas capacidades o no, pero si tengo que destacar varios retos suelen estar relacionados con la integración con niños de su edad (los intereses son diferentes y les dificulta mucho adaptarse a los demás), estar en sintonía con sus emociones (a veces el enfado, tristeza, también la alegría, les desborda en exceso) y ponerles límites (ya que suelen cuestionarlos frecuentemente y les puede llegar costar ceder.

    ¿Si no se trabajan las AA CC, pueden perderse? ¿Se pueden recuperar?
    Todos tenemos un potencial y un momento para desarrollarlo, en caso de no hacerlo puede perderse; es más en la IX Conferencia Mundial de niños superdotados en julio de 1991 ya se afirmaba que “Si un niño o niña inteligente no recibe el apoyo o los estímulos adecuados, puede perder sus habilidades.” Por eso, es importante estimular a los niños en aquello que tienen interés y capacidad.

    ¿Qué pasaría con un adulto con AA CC al que nunca se valoró?
    Depende de cada persona y de cómo haya ido afrontando los problemas que se le han ido presentando en su vida, pero en líneas generales las estadísticas dicen que ese adulto ha podido desarrollar una visión negativa de los estudios y el 70% podrían haber tenido un bajo rendimiento escolar e incluso haber tenido fracaso escolar por no haber sido atendidos adecuadamente.

    ¿Tiene el niño con altas capacidades derecho a algún tipo de adaptación en el aula?
    Por supuesto que sí, al menos según la LOMCE, deberían tenerlas ya que hoy por hoy nos regimos por principios de normalización e inclusión en el aula y existe la obligación de desarrollar las adaptaciones curriculares que se consideran necesarias tras la evaluación.
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    “La etiqueta de altas capacidades puede generar demasiadas expectativas en los adultos y apartar al niño de sus compañeros”

    Durante dos días las altas capacidades en niños y adolescentes van a ser protagonistas de set blog. Lo serán gracias a la amabilidad de la doctora Nuria García, que se ha prestado a contestar una larga entrevista que dividiré en dos partes. Una entrevista en cuya realización han participado tres familias que saben de primera mano que no siempre es fácil conducir un Ferrari.

    Igual que sucede cuando os hablo del autismo, cada niño con altas capacidades es distinto, de la misma manera que los son sus circunstancias; no se puede generalizar ni caer en el error de que la etiqueta eclipse a la persona. Igual que en el autismo han mejorado los criterios diagnósticos visibilizándose mucho y poniendo sobre la mesa los retos, dificultades y necesidades existentes tanto en el entorno familiar como en el escolar.

    Vamos con la primera parte de la entrevista (centrada en el diagnóstico) con Nuria García, psicóloga infantojuvenil y directora de Ayudarte Estudio de Psicología, donde ha desarrollado un programa denominado Mentes Brillantes que persigue el equilibrio entre la parte intelectual y emocional.

    (GTRES)


    ¿A partir de qué edad y bajo qué criterios se puede sospechar que un niño tiene altas capacidades?
    Aunque antes de los 4 años puede haber algún rasgo que indique hay un desarrollo precoz, es importante empezar a evaluar a partir de los 5-6 años en adelante y aun así se debería ser cauteloso con el diagnóstico. Sin duda, un rasgo primordial va a ser ese aprendizaje tan rápido que van a realizar en su desarrollo: aprender a hablar antes que los demás niños de su edad, correr o saltar con destreza… Los niños de altas capacidades tienen gran curiosidad en aprender y en profundizar sobre diversos aspectos, lo cual para algunas familias puede ser agotador, pero sin duda es apasionante ver el interés que tienen en aprender.

    Entiendo que hay una gran diversidad, un amplio abanico en la manifestación de estas altas capacidades. ¿Hay algún tipo de división, de taxonomía?
    Efectivamente, se considera que hay un 10-15% de la población que podría ser considerado una persona de altas capacidades y a su vez ese porcentaje se puede dividir en tres tipos de niños/as de altas capacidades: superdotación (al que pertenece un 2% de la población), talentosos y precoces o con maduración precoz.

    ¿Qué diferencias hay entre esos tipos?
    Cuando se habla de altas capacidades estamos haciendo referencia a personas que tienen capacidades por encima de la media y que además de eso poseen unos rasgos que les diferencian de la población general haciéndolos únicos. Cuando se habla de superdotación, nos referimos a personas que no solo tienen una capacidad intelectual superior, sino que tienen facilidad para aprender en muchas áreas, que son creativos etc… En cambio, los talentosos, se refiere a niños/as que destacan en una capacidad (música o matemáticas) a varias áreas en las que destaca y la precocidad hace referencia a aquellos que tienen un desarrollo más avanzado que el resto. Sin embargo, pueden estancarse en ese desarrollo y no llegar a ser ni superdotados ni talentosos.

    Cada vez se detectan más casos de niños con AA CC, ¿a qué crees que se debe?
    Creo que no se trata de es ahora hay muchos niños y antes no hubiera ninguno. Es más bien cómo todo, se trata de que estamos evolucionando y antes se tenía menos conciencia de las altas capacidades y creo que ahora se está empezado a tener más atención y sensibilidad ante los niños con altas capacidades.

    Siempre se dice que un diagnóstico temprano es conveniente. ¿Cómo actuar, que tipo de evaluación llevar a cabo? ¿Quién puede hacerlo?
    Yo diría que la evaluación es importante, pero ponerle una etiqueta demasiado pronto no. Evaluar significa hablar de sus puntos fuertes y débiles, para saber que necesidades puede tener y preparar a las familias y al profesorado; pero también creo que se puede hacer todo eso sin etiquetar con la palabra de altas capacidades, ya que a veces esa etiqueta puede generar demasiadas expectativas en los adultos, apartarlo de sus compañeros y acabar siendo más una carga que muchos lo llevan con gran responsabilidad para un niño tan pequeño. Más adelante, siempre hay tiempo para hablar de altas capacidades. En este caso, las personas que pueden hacer esa evaluación son los orientadores desde los colegios y psicólogos, aunque lo mejor es acudir a asociaciones que puedan orientarte. Por ejemplo, a la hora de actuar, yo trabajo con los niños en mi programa mentes brillantes y nunca hablamos de alta capacidad, nos centramos en motivarles, trabajar la atención, autoestima, la resolución de conflictos… aspectos que sin duda podrían venirles bien a otros niños, pero que quizás los niños de altas capacidades aún necesitan más.

    Imagino que el diagnóstico puede estar sujeto a error. ¿Es así? ¿Conviene repetirlo cada cierto tiempo?
    Aunque en Primaria es cuando se empieza a evaluar, siempre recomiendo a los padres que es importante confirmar el diagnóstico a los 12-13 años e incluso más adelante porque están en pleno desarrollo y como cualquier otro diagnostico siempre hay un margen de error.

    (GTRES)

    ¿Cree que se puede considerar/diagnosticar AA CC a un niño con dificultades de aprendizaje?
    Es más difícil encontrar un niño de altas capacidades que tenga dificultades de aprendizaje, pero no imposible, ya que hay casos documentados en los que efectivamente hay indicios para pensar que pueden confluir ambos. En mi opinión creo que no es descabellado encontrar niños que pudieran tener ese doble diagnóstico.
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    ¿Contratarías a un hombre para cuidar a tus hijos?

    (GTRES)

    Lo pregunté hace exactamente diez años en un post en este mismo blog que se titulaba: ¿Un hombre como canguro?. Cincuenta y nueve comentarios acumuló en esa etapa previa a que la actividad se desarrollara de manera paralela en redes sociales.

    Me pregunto si a día de hoy, diez años después, habremos avanzado. Me da que no. He tenido frente a mí, hace poco tiempo, a madres defensoras a ultranza de la igualdad confesando su miedo a tener a un hombre desconocido, por mucha recomendación o preparación que tuviese, al cuidado de sus hijos.

    Si hay un oficio en el que el hombre se va a encontrar con injustos prejuicios, sobre su capacidad y sobre su integridad moral, es en el cuidado de menores. Algo absurdo teniendo en cuenta los magníficos profesores hombres que se encuentran cada vez con más frecuencia en Infantil. Pero como cuidadores en el hogar o trabajando en las guarderías es muy difícil verlos.

    Recuerdo que en la elaboración de un reportaje en dos partes sobre madres de día, mi compañera Verónica Vicente sudó sangre hace un par de años para encontrar hombres que ejercieran esta profesión. Os recomiendo la lectura de Padres de día: “El cuidado de los niños se sigue relacionando directamente con las mujeres”. Tanto en España como en la UE, el 95% de las personas que educan a los niños durante los primeros años de su vida escolar son mujeres afirmaba en ese texto.

    Os dejo otro fragmento del reportaje:

    Víctor Giménez Bertomeu es Sociólogo y profesor del Departamento de Trabajo Social en la Universidad de Alicante y explica que “en principio, el hecho de ser hombre no es un impedimento para hacerse un hueco en el mundo de la educación infantil, pero sí“.

    La desconfianza de algunas familias a la hora de dejar a su bebé con un hombre también guarda una estrecha relación con esto. A Diego no se lo dijeron directamente, “pero me enteré después por otras vías de que ser hombre me hacía, a ojos de algunas familias, poco confiable para cuidar niños tan pequeños”, cuenta a 20minutos.

    No sabe si lo que los padres sentían era miedo o que no le consideraban preparado para la tarea, pero lo que tiene “clarísimo” es que “no es un problema mío”. Desde que nació su hija, hace siete años, Diego sintió mucho interés por investigar y formarse a fondo para “no reproducir la educación vertical que había recibido en casa”. “Si no apostamos por un cambio de modelo educativo corremos el peligro de acortar la infancia de nuestros niños”, afirma. El primer día de su curso en pedagogía Waldorf, en un aula donde era el único hombre, se levantó y dijo: “Hola, me llamo Diego y quiero ser madre de día”. A continuación, risitas y murmullos.

    Un varón que tenga especial interés por los niños puede ser en principio sospechoso, porque en una sociedad que todavía tiene un carácter patriarcal esto está fuera de la norma, y lo que no se ajusta a la norma suele levantar sospechas. Si un hombre quiere cuidar y educar menores se cree que hay algo oculto porque se sale de lo común, y muchas veces se tiende a pensar que detrás hay un interés sexual o de otro tipo”, añade el sociólogo.

    Pesa sobre los hombres una sombra de sospecha permanente que va siendo siglo de erradicar. Debería sobrar decir que no es cierto que todos los hombres solo tengan el sexo en la cabeza y sean incapaces de retener sus bajos instintos, igual que no es verdad que las mujeres tengan menor deseo sexual que ellos. Esas ideas preconcebidas y herederas de los tiempos del miedo al embarazo, a la pérdida del honor, son del todo absurdas. 

    Volvamos a lo que me contasteis hace una década. Hubo respuestas positivas, que apostaban por mirar a la valía de la persona más allá de su género:

    “Da igual hombre o mujer, lo importante es tener alguna referencia sea cual sea el sexo. Yo no dejaría nunca a mi hija con un desconocido. Tengo que tener confianza con quien va a cuidar a mi peque, porque es lo más importante”.

    “Por supuesto que sí.Qué impide a un hombre cuidar tanto o mejor que una mujer: NADA. A ver si resulta que nos hartamos a pedir igualdad, pero solo en lo que nos apetece. Si sabes que es discriminatorio, entonces deducirás que es lamentable y vergonzoso”.

    “Cualquier desconocido es un peligro potencial para tus hijos y si se trata de una persona de confianza da igual que sea hombre o mujer. Los hombres “niñeros” son una pasada y los críos se lo pasan en grande con ellos, las mujeres suelen ser más noñas o aburridas aunque también más cuidadosas en otros aspectos. No hay mejor ni peor, simplemente son estilos diferentes.No podemos contar con una sociedad igualitaria cuando nuestros hijos crecen viendo en nosotros los mismos roles de antaño: las mujeres los cuidan, los hombres están de paso. Pero para eso es imprescindible que los hombres empiecen a tomar más participación y reivindiquen su papel de padres, cuidadores y educadores igual que nosotras hemos reivindicado nuestro papel profesional en la sociedad.¿Por qué tan pocos se apuntan al carro?”

    “Entiendo que la gente sea reacia porque en realidad no es algo habitual. No por ello quiere decir que el chico no sea competente y responsable en su trabajo cuidando niños. Los hombres pueden saber perfectamente desenvolverse en el mundo infantil, igual que en el mundo de la limpieza del hogar. El sexo no debe ser determinante a la hora de contratar o no, lo importante es saber de primera mano que esa persona puede cuidar de mis hijos de manera eficiente”

    Pero también muchas (bastante más) personas reconocían que, en igualdad de condiciones, optarían por una mujer antes que un hombre.

    “No sería capaz, no me fiaría, lo siento. Sé que es discriminatorio pero prefiero no hacer experimentos con mi hija“.

    “Yo a un hombre con mi bebe NUNCA, lo siento, no pongo en riesgo a lo que más quiere en este mundo.Evidentemente no son todos iguales, pero aunque solo exista un 1% de probabilidad, no pienso jugar a esa lotería. Lo siento, creo que hay demasiados hombres pedófilos encubiertos, yo recuerdo como cuando era niña, los hombres de treinta, 40, 50, (a mí me parecían todos viejos),me miraban por la calle de una forma que después de mayor comprendí, o en el autobús cuando viajaba con mi madre… o en… bueno esas cosas se quedan grabadas, y es más frecuente de lo que creemos.Ante la duda pagan justos por pecadores, pero mi hijo es lo más importante y ahora cada vez hay más desviados que disfrutan con niños. Es la asquerosa realidad, no me invento nada.”

    “No, no contrataría a un hombre bajo ningún concepto aunque me trajera los mejores informes de su vida. A una mujer sí, aunque también hay que ver como son algunas mujeres, pero de primeras no me fiaría… Me pondría a pensar en los abusos sexuales. No, no creo que lo contratase.”

    “Lo primero es tener referencias de la persona por parte de alguien de confianza, está claro, pero… sinceramente creo que, a pesar de lo que muchos estáis diciendo, a la hora de la verdad el 99, 99999999 por ciento de nosotros no cogeríamos a un hombre para cuidar a nuestro bebé, a menos que lo conociésemos perfectamente… ”

    “Guste o no a los hombres, el 96% de los detenidos por abusos sexuales a menores son del sexo masculino.Los aviones van llenos de tíos a Tailandia, Vietnam y esos sitios, a violar a niñas, de la misma edad que sus hijas.Hombres que socialmente están integrados, policías, médicos, profesores, ingenieros, etc. Los que dirías: “no me lo puedo creer”. Por tanto, el culito de mis hijas no se lo toca un tío, que no sea el papá“.

    Termino con la reflexión que hizo hace diez años Óscar, que espero que haya logrado su deseo de trabajar con niños.

    Hola,Me llamo Óscar,he leído prácticamente todos los comentarios, y no sé si alguien leerá el mío.Solamente quiero compartir mi situación con quien sea que lea esto.Por desgracia, este verano tendré que trabajar para pagarme los libros del curso que viene.Estoy haciendo un módulo de informática, PERO aún así, quiero llegar a Grado Superior de Educación infantil.Obviamente este verano me gustaría trabajar de canguro, o de monitor de campamentos infantiles.Sé que no tengo nada de experiencia (LABORAL) pero sí tengo carisma para los niños,y eso lo tengo comprobado.Entiendo todas las opiniones y puntos de vista.Pero yo sé,que soy hombre,y que me quiero dedicar a los niños.Si alguien tiene que juzgarme,no quiero que sea por mi género,si no por referencias,y confianza.Soy hombre,y quiero trabajar con los niños,y no me gustaría que una persona con los prejuicios del género,se cruzara en mi vida,y me quitara la oportunidad de trabajar en lo que de verdad me gusta.Sé que ha habido problemas de abusos infantiles,pero deben pensar que no todos somos iguales.No es justo que no se confíe en los hombres en el tema de los niños por culpa de cuatro desgraciados que han hecho burradas con niños.Y también me gustaría que a todos los hombres que se quieran dedicar a los niños,lo digan sin vergüenza y con la cabeza muy alta.Por que un hombre también está capacitado para cuidar un niño. Y una mujer está capacitada para jugar al fútbol,boxear, etc.