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La maternidad es tan cambiante
que siempre eres una recién llegada a ella

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Todos los colegios e institutos deberían tener aparcamientos para bicis (y los padres deberíamos fomentar su uso)

Yo fui una niña a una bicicleta pegada. Mi orbea amarilla y azul, con gruesas ruedas de tacos, fue mi fiel compañera muchos años. Recuerdo que cuando era más pequeña imaginaba que era un caballo o el coche fantástico, siempre fue mi manera de acercar distancias entre mi casa y las de mis amigos. Nunca me fallaba, los pinchazos los arreglaba eficazmente mi abuelo y los trastazos contra las zarzas los sufrimos juntas. Fui una niña ágil, sana y resistente, y estoy convencida de que en parte fue por mi vieja orbea.

La usé hasta bien usada la adolescencia, no quise heredar la vespino de una prima mayor, preferí seguir dando pedales. Y ojalá pudiera volver a encontrarme con ella, porque pocos objetos me provocarían tanta dulce morriña. Iría a parar a algún primo pequeño u otro niño, que tampoco es mal destino para una bici. Espero que quién fuera la disfrutase tanto como yo.

Pero todo eso pasó en mis veranos asturianos. Tres meses ciclistas de una aldea en la que todas las casas estaban desperdigadas, con cuestas arriba en las que sufrir y cuestas abajo en las que sentir que volabas.

Pese a lo que me gustaba mi bici, jamás nos planteamos usarla durante el curso escolar en la ciudad madrileña en la que vivía el resto del año.

Ahora la pienso y no tiene mucho sentido. Una ciudad llana, con amplias aceras e incluso parte del trayecto peatonal, un colegio que estaba a quince o veinte minutos andando. La bicicleta hubiera sido un medio de transporte ideal, para llegar en cinco minutos habiendo hecho ejercicio.

Jamás se nos pasó por la cabeza. Y eso que en la tele no dejábamos de ver películas y series en las que los niños se movían en bici, desde Los goonies a E.T. Parece que en aquella España urbana de los ochenta solo nos cabía en la cabeza lo de Verano Azul, esa mentira de que las bicicletas son para el verano.

Nadie en mi colegio iba en bicicleta al colegio. No había, por supuesto, aparcamiento de bicis para fomentar ese tipo de desplazamiento. Que fuera un colegio de niñas en el que había que llevar uniforme con falda hasta los dieciséis años imagino que tampoco ayudaba. Pero enfrente teníamos un colegio de chicos en el que no llevaban uniforme y tampoco se veían alumnos acudiendo en bici. Un colegio grande, con cuatro líneas de cuarenta en clase y buenas instalaciones deportivas en el que tampoco había aparcamiento de bicis, al que nadie iba dando pedales.

Viniendo de aquellos lodos, es lógico pisar aún fango.

Ayer pregunté en Twitter cómo está el tema de los aparcamientos de bicicletas dentro de los recintos escolares. Sin esa facilidad es complicado animar a los chicos a ir en bici. contestaron 54 personas, en menos de la mitad de los centros escolares había un aparcamiento de bicis.

En el colegio de mi hija sí que lo hay. Este último curso, ya con ocho, ha estado acudiendo muchos días en bicicleta. Aún acompañada, pero me encantaría que cuando llegue el momento de ir sola, pueda hacerlo en bici, haciendo ejercicio, moviendo el corazón.

No hay muchas bicicletas en el parking. Es pequeño, el que veis en la imagen, y suele haber dos o tres bicis, como mucho cuatro, para un colegio de dos líneas de más de veinte alumnos cada una. No es mucho, pero ya es un avance respecto a lo que recuerdo. Pocas veces, todas las que he podido, he acudido con mi bicicleta plegable a buscarla para volver dando un paseo.

Sería preciso mejores instalaciones,  aparcamientos seguros y accesos fáciles en bicicleta  a todos los colegios. También, por supuesto, buenos accesos en bici a todos ellos. Pero mientras llega o no llega la voluntad política y privada y los recursos para impulsar esa manera saludable de moverse, los padres podemos poner de nuestra parte. Creo firmemente que, siempre que sea posible, deberíamos apoyar este modo de desplazarse.

Vale, es cierto que es un rollo tener que guardar bicicletas en casa, que ocupan un espacio que no nos sobran. Bajar con ellas por ascensores o escaleras es un dolor, lo sé. Es mucho más cómodo el coche, el transporte público o incluso ir andando, aunque lleve más tiempo.  Andar está bien. El transporte público al menos no colapsa y contamina. El coche no deja de ser un mal necesario. Pero la bici mola mucho más.

Bien podríamos las familias hacer ese esfuerzo. Entrar en las AMPAS o solicitar facilidades. Y esas facilidades también son cursos que enseñan a los niños a moverse en bici, a conocerla.

¿Os recuerdo el creciente problema de obesidad infantil que tenemos encima? La mitad de los niños españoles de entre 6 y 9 años tiene algún grado de sobrepeso.

Hay distintas asociaciones que fomentan el uso de la bicicleta dispuestísimas a echarnos una mano, que ya están acudiendo a los colegios. Yo he podido echar un ojo a lo que está haciendo La ciclería en Zaragoza. También CicloEscuela en Madrid. Suyo es el vídeo con el que termina este post (también un tema publicado hoy sobre cómo enseñar a los niños a montar en bici).

¿Nos apuntamos a pedalear hasta el cole?

‘De mayor quiero ser… Feliz’, la mejor respuesta posible a la pregunta “¿qué quieres ser de mayor?” #ConoceEducaProtege

Hoy empiezo con un vídeo.

¿Lo habéis visto? Por si acaso no es así, os cuento: preguntan a los niños qué quieren ser de mayores, una cuestión a la que no hay infante que se escape antes o después. Muchas respuestas podrían interpretarse como influidas por roles de género. Algo que se confirma cuando les preguntan a continuación “¿y si fueras chico/a (lo contrario a lo que son) qué te gustaría ser?”. Y a la mayoría no se les ocurre que la respuesta no habría que cambiarla, así que la que quería ser estilista pasa a contestar con dudas que futbolista.

La pregunta clave del vídeo está inspirada en un estudio de 2012 publicado por la Federación de Mujeres Progresistas y la Asociación para la Defensa de la Mujer ‘La Rueda’, titulado Goleando sin balón, virtualmente muñecas, en el cual, tras entrevistar a 150 niños y niñas de diversas edades, descubrieron que el 50% de ellos cambiaba de profesión si se imaginaba cambiando de sexo.

Los niños y las niñas muestran estereotipos de género desde pequeños a la hora de elegir profesiones para su futuro. Estos estereotipos tienden a consolidarse en la adolescencia. Educarlos en igualdad es el primer paso para combatir la violencia de género entre adolescentes y jóvenes.

El vídeo pertenece a la campaña Conoce, Educa, Protege, de sensibilización en Derechos de la Infancia de la Liga Española de la Educación y la Cultura Popular, producida con TekilaMovies y financiada por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Y lo más importante no es la campaña, sino el dosier pedagógico para ayudar al profesorado a educar en igualdad que lo acompaña, con recomendaciones y recursos para incorporar la perspectiva de género en el aula.

Un dosier que tenéis aquí disponible en PDF y que no está de más que también conozcamos padres y tutores.

“La herramienta clave para combatir la violencia machista es la prevención, y en ese ámbito la educación juega un papel esencial”, afirma Victorino Mayoral, presidente de la Liga de la Educación y la Cultura Popular. Esta educación, insiste, “no puede incluirse solo puntualmente, en ciertas actividades u horarios en la escuela, sino que debe impregnar todas las áreas de la acción educativa.”

“En la escuela, esta prevención pasa necesariamente por educar en la corresponsabilidad, facilitar una visión igualitaria y global de la historia, y transmitir una visión de mujeres y hombres libre de estereotipos” puntualiza Ana Rodríguez Penín, secretaria de Igualdad de la Liga de la Educación.

Para la secretaria de Infancia y Familia de la Liga de la Educación, Rosa Martínez: “El profesorado no puede olvidar la importancia del llamado currículo oculto. Este puede manifestarse en la propia ambientación de las aulas, las ilustraciones de libros de texto, las actividades de aprendizaje, las referencias o personajes relevantes que se estudian en clase, o la misma configuración de juego en los patios, muchas veces, por ejemplo, ocupados por partidos de fútbol que relegan a los márgenes otras actividades”.

 

 

 

Recordaba esta campaña, esas preguntas, “¿qué quieres ser de mayor?” “¿Y si fueras chico?” “¿Y si fueras chica?”, porque casi simultáneamente ha llegado a las librerías un cuento que responde de la mejor manera posible en su título: De mayor quiero ser… Feliz.

 Se trata de un compendio de seis cuentos que tiene como objetivo enseñar a los niños a ser más felices, a reconocer lo que es realmente importante. Un libro que autoeditó su autora, Anna Morató, y cuyo éxito ha llamado ahora la atención de una gran editorial.

Aquí un inciso. Echad un vistazo sin prejuicios a los libros autoeditados, a aquellos nacidos del crowdfunding, porque cada es más pasa que los títulos más interesantes, originales y con más calidad y cariño puestos en su elaboración llegan por esas vías y no por las de la edición convencional.

Volvamos al libro, apto a partir de cuatro años. Cada una de las historias trabaja sobre una emoción concreta. Son los siguientes:

La mochila invisible es un cuento sobre el lenguaje positivo que ayuda a valorar el poder mágico que tienen las palabras.
Zapatitos mágicos hace hincapié en la empatía para lograr que los niños entiendan que hay que tratar a los demás como te gustaría que te tratasen a ti.
Rayos de sol nos invita a confiar en nosotros mismos, una actitud vital para ser felices.
El hada de la suerte es una historia sobre el agradecimiento y la importancia de aprender a valorar lo que tenemos.
Como la trucha al trucho se centra en la autoestima positiva, para quererse más a uno mismo.
La bola roja trata el tema de la frustración y cómo gestionarla en nuestro camino hacia la felicidad.

Ojalá esa fuera la respuesta que escuchásemos en nuestros niños, aunque fuera de forma soterrada mientras se enumeran profesiones.

Y ojalá esas profesiones que se les ocurren decir no estén jamás influenciadas por lo que se supone que hombres y mujeres pueden o no pueden hacer.

Unos ojalás que están en nuestra mano facilitar, hablando con nuestros niños con claridad, animando proyectos como el de Conoce, Educa, Protege que quieren aulas más igualitarias.

‘Bounce Patrol’ y ‘Canticuenticos’, un grupo musical para niños en inglés y otro en español

La relación de muchos padres recientes con grupos de música infantiles como Cantajuego o Pica Pica es de amor-odio.

Odio porque pasan de poder escuchar su música favorita en casa o el coche a oír a todas horas al tallarín, que mueve por aquí y se mueve por allá, o a cantar internamente “manzana, piña, pera, plátano” cuando escuchan “melocotón”.

Y no mola.

Pero sí que mola tener a los niños cantando felices, bailando las coreografías y entretenidos en el coche. También mola que esas canciones les estimulan positivamente, dicho por todos los terapeutas que han tratado a mi hijo desde que le diagnosticaron autismo con dos años.

Amor y odio, lo que os decía.

En la mayor parte de los hogares esta etapa dura unos poquitos años. Tal vez hasta los seis años. A veces algo más, sobre todo si llegan hermanos pequeños detrás deseando bailar la cuchara y el cucharón. Y ojo, que la música que llegue despues según se adentren en la preadolescencia lo mismo nos hace añorar la de los coloridos grupos infantiles, pero esa es otra cuestión.

En nuestro caso las canciones para niños llevan doce años asentadas en casa. Los chicos de Cantajuego son ya como de la familia, hemos visto como entraban y salían distintos miembros del grupo, su evolución, el acuerdo con Disney la etapa de Plaza Encanto y de la Aldea Sostenible.

Jaime, con su autismo, sigue queriendo esa música. Y me da la impresión de que la querrá toda la vida, así que a este paso les veremos cantar por su jubilación.

Tantos años y tanto gusto por la música como tiene mi hijo nos ha llevado a conocer también otros grupos infantiles. De algunos ya os he hablado en el pasado: Dubbi Kids, Juan D y Beatriz, Billy Boom Band o Zascanduri… También os recomendé dos grupos que están bien para que lo que escuchen, canten y bailen sea en inglés y así vayan adentrándose en este idioma: Mother Goose Club y Super Simple Songs.

Hoy quiero recomendar otros dos grupos, uno en español y otro en inglés, por si os sirve para ampliar el repertorio que suena en casa. Ambos con una calidad por encima de la media. Y lo afirmo tras haber oído incluso canciones infantiles procedentes de Israel, Corea o Rusia. Los caminos de YouTube son inescrutables (y suelen conducir al reggaeton en cuanto te descuidas, algo digno de estudio), pero también a algunos hallazgos interesantes.

El primero es Canticuenticos, que me parece de lo mejorcito que se puede oír en castellano, si te gustan esos ritmos claro. Una formación argentina que lleva una década poniendo un mimo estupendo en sus canciones, que son siempre propias, y que cuida también su riqueza cultural. Nosotros hemos aprendido incluso los nombres de algunos animales en guaraní.
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¿Cuáles fueron vuestros libros favoritos cuando erais niños y adolescentes? ¿Los conserváis para vuestros hijos?

Este es un texto que nace de la resaca del Día del libro. Nace porque ayer me preguntaron por mi libro favorito. Una pregunta imposible. Hay tantos que es injusto destacar solo uno.

No obstante, pensando sobre el concepto de libro favorito, pronto descarté los títulos descubiertos en la edad adulta y dejé de lado a genios como Cormac McCarthy o Robert Graves, porque creo que el libro favorito de verdad, el que te roba el corazón y el sueño, se da en la pasión lectora de la infancia y la adolescencia. Sobre todo de la segunda etapa, la de la rebeldía, la del buscarse, la de apreciar cualquier espejo que te ayude a interpretarte, te sirva de refugio o te dé alas. Todo eso que pueden hacer tan bien los libros.

Una edad en la que en los centros educativos aún se empeñan en obligar a la lectura de La Celestina o El Quijote, generando precisamente rechazo por las letras en la edad en la que lo que debería fomentarse es el enamoramiento por los libros, por cualquier libro, dejando que los chicos elijan sus lecturas. Más hoy día que hay tanta competencia en lo que a dedicar el tiempo de ocio se refiere. El verbo leer no admite imperativos, y estoy convencida de que Miguel de Cervantes o Fernando de Rojas estarían de acuerdo.

Yo leí todos los libros a los que me obligaron. La mayoría pasaron por mí sin pena ni gloria. Solo al releer algunos de ellos, ya adulta, descubrí sus méritos. Y fue así pese a ser una niña que leía sin parar.

Pero leía sin parar libros infantiles y novelas juveniles. Historias que me atrapaban antes de caer, también adolescente, en otros títulos tradicionalmente considerados para adultos. Libros que conservo como un tesoro para mi hija cuando crezca, para los niños de mi familia. Sin obligaciones, sin expectativas, serán simplemente un ofrecimiento.

No guardo ningún juguete de cuando era niña, pero mis libros son mi tesoro. Libros que llevan demasiado tiempo sin ser leídos. Tentada me siento de volver a abrirlos yo misma para sumergirme de nuevo entre sus páginas. Libros infantiles y novelas juveniles, géneros que demasiados sujetos estirados consideran erróneamente de segunda división.

No sé si vosotros conserváis los libros con los que comenzasteis a disfrutar de la lectura, no sé si tendréis fácil comprarlos en caso contrario. Estos son muchos de los que me acompañaron a mí. No todos. No están ahí, por ejemplo, las colecciones de Elige tu propia aventura. Tampoco los cómics.

Los comparto porque tal vez despierten en vosotros algún buen recuerdo, incluso el impulso de abrir un libro o de regalárselo a un niño.


Una delicia llena de humor que rebosa amor por la naturaleza

Hay un buen puñado de libros de perros y lobos.

Y también de caballos.

Una de mis colecciones favoritas, ambientada en la conquista el Oeste.

¿Cuánto sabes sobre los hábitos de lectura de niños y adolescentes en España?

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(GTRES)

En enero del presente año la Secretaría de Estado de Cultura presentó el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros 2017 elaborado por la Federación de Gremios de Editores de España. Os confieso que querría haber escrito un post al respecto, pero cuando quise ya era tarde, ya había dejado de ser noticia.

Hoy, 23 de abril, Día del Libro. me ha parecido oportuno recuperarlo para hacer un trivial y que podamos jugar y comprobar cómo está el patio lector de nuestros menores. ¿Os animáis? Lo mismo os lleváis alguna sorpresa.

Por cierto, no dejéis de leer los diez libros infantiles y juveniles que recomienda hoy desde su blog mi compañera, la librera bloguera Regina ExLibris.

Ojalá no hubiera niño en el mundo al que le faltasen los besos

Más de diez años de blog dan para mucho. También para hablar varias veces de besos.

Os he contado el momento en el que Jaime, con siete años y autismo, entregó espontáneamente su primer beso, mi niño de oro que entrega felizmente besos en la mejilla diciendo “puá” en cuanto se le piden. Os he hablado de cómo a mi hija no le gusta dar besos, como a muchos niños, y de la insistencia injustificada de muchos adultos por recibir esos besos infantiles, aunque sean obligados y a desgana y por tanto no valgan nada. Por eso también os hablé de que no deberíamos enseñar a los niños a aceptar las peticiones de besos y caricias de los adultos en contra de lo que sienten o les apetece.

He recordado la primera vez que intuyes la magia que puede encerrar un beso. También esos besos fugaces que sentimos el impulso de dar a nuestros bebés y niños pequeños, un momento de rapto, un impulso, una ráfaga de amor punzante. No poder evitarlo. Acercar el rostro a la cabecita de tu hijo, a su mano, a su carita y depositar un beso tierno, suave.

Os he explicado que no beso a mis hijos en los labios, porque no nace de mí. Pero que hacerlo si es con agrado y amor por ambas partes no debería incomodar a nadie. Igual que tampoco hay nada de malo en que los adultos se besen delante de los niños. Mostrarse amor con un beso y con  naturalidad es una forma de que nuestros hijos vean ante sí una relación normal de pareja. Y a los niños les da mucha seguridad ver a sus padres queriéndose.

Me dicen que este viernes, 13 de abril, es el día internacional del beso. Un día en el que os he resumido todo lo que os he ido contando respecto a besarse a lo largo de una década pidiéndoos que veáis los besos siempre como como una muestra de cariño que no hay que esconder; un precioso regalo por parte de un niño si nace de él darlo, y algo vacío si se fuerza o se exige.

Mejor para cualquier niño recibir demostraciones de amor que crecer en un entorno en el que no hay besos, no hay abrazos, no hay “te quieros”, en el que siempre es un invierno emocional.

Ojalá no hubiera niño en el mundo al que le faltasen los besos. Ojalá todo lo que vieran los niños de los adultos fueran gestos de amor.

FOTOS: (GTRES)

Netflix mejora su control parental: se pueden vetar contenidos concretos y ver la edad recomendada al empezar el visionado

Ahora Netflix ha añadido una funcionalidad más. Yo ya he estado trasteando y está disponible. Ya no solo se podrá restringir por franjas de edad evitando que nuestros niños vean aquel contenidos que el equipo de Netflix ha categorizado como inapropiado para esos años, podremos hilar mucho más fino y también vetar películas y series concretas.

Puede pasar perfectamente, y pasa, que haya un contenido que, por lo que sea, a nosotros nos parezca inapropiado por mucho que los señores de Netflix hayan considerado que pasa el filtro.

No obstante, la verdad es que no me parece que haya errores en este sentido. Lo que sí puede haber es sensibilidades distintas que hacen que un contenido nos escueza un poco por algo, pero no se cuelan cosas inapropiadas según mi experiencia. De hecho lo que hay es lo contrario, contenidos solo disponibles como adultos que son perfectamente aptos, un buen ejemplo es la recomendable serie de animación japonesa Haikyuu de la que ya os hablé en el pasado.

Pero  más allá de que sea apropiado o no, porque la puede usarse a modo de castigo (por cierto, de los controvertidos castigos voy a hablar largo y tendido en otro post en un futuro próximo), o simplemente para evitar que el niño se quede enganchado a una serie o película y no quiera ver otra cosa. Con cinco veces que se vea la también muy recomendable Julie’s Greenroom (sobre el mundo del teatro y el musical con la maravillosa Julie Andrews) o Madres Forzosas, lo mismo ya es bastante. Que es muy de la infancia entregarse con exceso a algo que gusta.

Otra novedad que se incorpora es que la edad recomendada que ahora se puede consultar en la descripción de los contenidos, se muestra también al iniciarse la reproducción de series y películas arriba a la izquierda. Por si nos hemos despistado al darle al play.

Una sugerencia que dejo por aquí, por si en Netflix tienen a bien escucharla, que más que con el control parental tiene que ver con la enseñanza de idiomas: permitir fijar el inglés subtitulado al español por defecto y que el niño no pueda cambiarlo.

En nuestra casa tenemos establecido que la primera vez que se ve algo es en español, pero en sucesivos visionados tiene que ser en versión original. Pero no vendría mal poder establecer el inglés de serie. 

Termino dejándoos con parte de un post que escribí en el otoño de 2016 explicando como es el control parental de HBO (mucho más limitado) y de Netflix, hablando también de cómo son los contenidos infantiles que había en una y otra plataforma.

Vayamos al control parental. En este tipo de sistemas en streaming a mí me parecen especialmente importante estos sistemas de control, ya que es fácil que el niño acabe viendo contenidos a solas en la tablet.

La primera vez que sales de HBO Familia al HBO con todos los contenidos, incluyendo todas esas escenas de True detective o Juego de tronos que no queremos que vean nuestros hijos a tan tierna edad, nos salta la opción de establecer un pin (contraseña).hbo3Si lo ponemos, a partir de ese momento cada vez que queramos salir de HBO Family nos lo va a pedir. Procurad, eso sí, escribir el pin sin los niños delante o tendréis que cambiarlo de nuevo, porque los números se ven por un instante antes de convertirse en bolitas grises y a los nueve años se tiene vista de lince.hbo5El mayor inconveniente que le veo al control parental es que si yo no quiero que mi hijo de cinco años vea los contenidos juveniles en los que priman superficialidades y amoríos, técnicamente no hay manera de evitarlo. No hay forma de ofrecerle solo los contenidos clasificados como “para los más pequeños”. Desde el perfil de usuario lo único que se puede hacer es restablecer en cualquier momento la contraseña, si se nos ha olvidado o nos la han cazado.Netflix, que también da la opción a poner un pin, sí que permite jugar con cuatro tramos de edad.netflix

También permite crear varios perfiles personalizados, uno para cada miembro de la familia.

Y otra cosa interesante que mucha gente no conoce. Desde la configuración de nuestro perfil podemos cotillear el historial de visionados conjunto para comprobar que no han conseguido hacernos trampas y ver lo que no les corresponde.
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‘Kanagawa’, un juego de mesa ágil, fácil y precioso para jugar en familia

Hace mucho que no recomiendo un juego de mesa por aquí, con lo que me gusta ir contándoos los juegos que más disfrutamos en familia por si os apetece dar una oportunidad a este entretenimiento lleno de diversión y también ventajas prácticas, para niños y adultos. El último fue el Winner’s Circle en diciembre.

Ya iba tocando hablar de este juego, uno de los que más nos gusta desde que lo compramos en las jornadas LES (Ludo Ergo Sum) que son solidarias y que os recomiendo que visitéis con los niños en su próxima edición. Es un buen lugar para aprender, probar juegos de mesa y rol y disfrutar de un ambiente más que sano ayudando además a una buena causa.

Kanagawa me entró por los ojos antes de saber nada sobre él. Ya lo había visto meses antes y me pareció sencillamente precioso. Sé que ni los libros ni los juegos de mesa se deben juzgar por sus portadas (cajas), pero yo soy de las que aprecia mucho que las ilustraciones y los materiales estén bien hechos.

El nombre del juego se refiere a una pequeña prefectura de Japón que artísticamente es famosa por la obra de arte La gran ola de Kanagawa. Un grabado de Katsushika Hokusai que seguro que os suena:

(WIKIMEDIA COMMONS)

Es lógico que en este juego se haya cuidado ese aspecto, porque va de arte. Consiste en aprender de este gran maestro a pintar hermosos cuadros. Con esa ambientación era obligado un buen diseño.

1840: en Kanagawa, la gran bahía de Tokio, el maestro Hokusai decidió abrir una escuela de pintura para compartir su arte con sus discípulos. Tú eres uno de esos discípulos, y lo que más deseas es demostrarte a ti mismo que eres digno del excéntrico y venerable artista. Sigue sus enseñanzas para ampliar tu estudio y pintar tus motivos preferidos (árboles, animales, personajes, edificios), al tiempo que prestas atención a los cambios estacionales para conseguir la más armoniosa de las estampas… ¡la obra maestra de tu vida!

Tu objetivo es mejorar tu estudio y asignar tus pinceles a los paisajes que te inspiran para crear el más bello de los lienzos. Céntrate en la flora, la fauna, los retratos, la arquitectura, o incluso en las estaciones para obtener tus diplomas. Intenta conseguir el mayor número de símbolos de armonía para demostrarte que eres digno del gran maestro Hokusai y ganar la partida.

Pero el juego, más allá de bonito, es bueno. No por nada su autor es el francés Bruno Cathala, creador de juegos como Abyss, 7 Wonders o Five Tribes. De ese último, por cierto, también os tengo que hablar en el futuro.

Admite hasta cuatro jugadores, pero es de esos que funciona perfectamente solo con dos personas. Las partidas pueden durar entre media hora o cincuenta minutos. Lo recomiendan a partir de 10 años, pero nosotros lo estamos jugando con niños de ocho años sin el menor problema. Con niños jugones, probablemente con siete también vaya bien. Es uno de esos juegos que logra tener un nivel de dificultad que permite disfrutar a los pequeños y también a los mayores, sin que a los segundos se les quede corto. Ideal para iniciar a los niños en mecánicas algo más complejas, igual que os contaba del Takenoko (un juego con el que comparte además la estética cuidada y la inspiración oriental).

Se puede encontrar por algo menos de 25 euros. La caja es mediana tirando a pequeña, para los estándares de los juegos de mesa, por lo que es fácil llevarlo en nuestros viajes (pero para jugar en destino, no en el tren o el avión, que tan pequeño no es).

Es un juego de cartas en las que hay representadas diferentes escenas: animales, árboles, personas, edificios y paisajes.Partimos teniendo una estación del año asignada que es el arranque del cuadro y dos pinceles. Se van repartiendo las cartas, algunas no visibles. Van saliendo cuartas y podemos detener el flujo y cogerlas antes de completar la tablilla si así lo deseamos.


Las cartas pueden pintarse, si tenemos el color disponible y pinceles suficientes, o pueden usarse como pinturas para tener más colores. Hay pinturas comodines que restan puntos al final de la partida y algunas que incluyen prebendas como ser jugador inicial, permitir que nos dejen mover más de un pincel en nuestro turno de un color a otro o lograr otro pincel nuevo.


La partida concluye cuando se elabora un lienzo con doce partes y los puntos se consiguen por diferentes vías: por el número de partes del lienzo; por la cantidad de escenas consecutivas que pertenecen a la misma estación (las tormentas son comodines); por la dificultad de las pinturas (las más complejas incluyen puntos extra) y por los objetivos logrados pintando animales, personas, objetivos que también pueden permitir sumar ventajas…

 

Termino con un vídeo que explica cómo jugar mucho más detalladamente de lo que lo he hecho yo. Youtube es un filón para encontrar gente maja y capaz que te explica cómo jugar a un juego sin tener que empollarte las instrucciones, que bien sé que leer las reglas es algo que echa a muchas personas para atrás a la hora de jugar sobre una mesa.

La guía definitiva para aprender a jugar al rol con niños partiendo de cero

Se acerca el fin de semana tras una semana intensa. Apetece pensar ya en actividades que llevar a cabo en familia, con los niños, que gusten y entretengan a todos. Con eso en mente hoy vamos a hablar de nuevo de rol. Mejor dicho, os voy a invitar a que conozcáis a un padre reciente que ha hablado mucho y bien sobre cómo iniciarse en el rol con niños.

Se llama Rolero de Hamelín, un apodo maravilloso tras el que hay una persona acorde a la que tuve la suerte de conocer en unas jornadas dedicadas a los juegos de mesa y de rol cuando aún teníamos las vacaciones de verano frescas en la memoria y con el que he seguido en contacto. En aquellas jornadas se puso en pie y nos contó sus primeros y recientes pinitos como jugador de rol y como máster de niños, una aportación que se mereció un buen aplauso.

Consciente de que hay adultos que, como él, querrían saber cómo empezar en esto del rol y en dirigir partidas infantiles partiendo de cero, se arremangó y ha elaborado una guía que surge “para ayudar a los que como yo, querían empezar a rolear con sus churumbeles y no sabían ni por dónde empezar”.

En su presentación, Rolero de Hamelin cuenta: “No soy ni mucho menos un rolero experto, pero te voy a intentar transmitir de la mejor manera que pueda, cómo ayudar a tus criaturas a dar sus primeros pasitos de tu mano en esto tan molón y misterioso que es el rol”.

Lo ha conseguido con creces. Creo sinceramente que es el mejor instrumento posible con este fin. Al menos el mejor que yo me he encontrado.

De las ventajas de rolear con la infantería doméstica ya os hable hace algún tiempo en un extenso reportaje, pero os recuerdo también algo de aquello.

Sumar resultados, repartir puntos de experiencia, escribir, leer, imaginar, cooperar persiguiendo un objetivo común en un grupo heterogéneo, concentrarse en una historia, explicarse, socializar… las ventajas objetivas de unir infancia y juegos de rol son muchas.

“El rol no es una sucesión de peleas, te permite hacer muchísimas más cosas”. Juls es psicóloga y la autora del blog Bebé a Mordor, una parada obligada para aquellos que quieren jugar con sus niños a juegos de rol y juegos de mesa y una presencia habitual en todo tipo de eventos hablando de las ventajas que este tipo de ocio tiene para los niños, para toda la familia: “Sobre todo ganan confianza y autoestima. Son capaces de tomar sus propias decisiones y hacerse responsables de ellas en un entorno en el que las reglas son iguales para todos. Por supuesto, ayuda a desarrollar vocabulario, habilidades de comunicación, matemáticas y relaciones sociales, porque están constantemente trabajando en equipo con otras personas y tienen que entenderse con los demás para llegar a un objetivo en común”.

Roberto Alhambra usó mucho el rol constatando sus excelentes resultados en una escuela rural en Galicia y echa en falta más libertad para poder aprovechar su potencial ahora que está enseñando en Madrid. “En la docencia cuesta la innovación, ya no el rol”, apunta. Este maestro destaca, más allá de aspectos obvios como el aprendizaje de Matemáticas o de Historia, otros factores como “la escucha activa, las habilidades sociales, las capacidades comunicativas”. “Es un elemento motivador, una vía de escape. Estamos ofreciendo una manera de divertirse sana, saludable y que potencia la lectura”, destaca el maestro con entusiasmo cuando se le pregunta sobre su uso en el aula con adolescentes.

“Los beneficios de los juegos de rol se siguen estudiando en la actualidad, y van de la mano de los beneficios en general que aportan todos los juegos, en particular si se les añade un componente narrativo. Para mí son sistemas narrativos interactivos que permiten emular situaciones que no se podrían dar en otras condiciones. Poniéndome técnica, permiten simular situaciones de crisis, de las que se pueden extraer enseñanzas. Jugar es eso, ni más ni menos. Esto nos permite aprender, formar nuestra identidad y elaborar los delicados mecanismos que gobiernan las relaciones sociales. A mí esto me parece fascinante, por lo que he decidido aprender todo cuanto pueda sobre ello y desarrollar mis propias investigaciones y trabajos relacionados”, explica Edanna R. Patsaki, autora del juego de rol Magissa.

Joan Tretze añade el elemento nivelador que tiene, de edad y también de género: “Tengo un sobrino de 12 y otro de 6, hay mucha diferencia de edad entre ellos. El rol es el juego con el que mejor funcionan los dos a la vez. Si jugamos a juegos de mesa hay una diferencia abrumadora entre el mayor y el pequeño. Pero el rol permite al pequeño interactuar con su hermano mayor de igual a igual. Y sus padres flipan porque les tengo cuatro horas sentados y encantados de la vida”.

El rol es también, superados absurdos prejuicios, una forma de ocio que coquetea, sacudiéndose complejos, con ser considerada una expresión cultural. ¿Por qué no? El rol con frecuencia implica historias bien desarrolladas, preciosas ilustraciones y referentes culturales populares más que instaurados. “Claro que hay un componente artístico en el rol”, defiende Helena Bermejo. “Estás basando tu arte en una historia, estás ayudando a crear un mundo tirando de imaginación. De hecho creo que es imprescindible para un juego de rol que haya arte. Con frecuencia, antes de mirar los sistemas de juego o la propia historia, te paras a mirar el arte, te entra por los ojos. Un libro de rol es un pequeño libro de ilustraciones”.

Apunten por tanto otra ventaja de ‘rolear’, anima a los niños a dibujar a sus personajes, los mundos que transitan y explorar así su creatividad y expresión artística.

Mastereando Magissa…

Y aquí más lectura que os puede resultar interesante:

Tenemos por delante uno de los últimos fines de semana de mal tiempo, ideal para leer a Rolero de Hamelín, agenciarse un libro de rol apto para montar aventuras con niños (aquí tenéis una lista de títulos) e iniciar el camino que conduce a dar rienda suelta a la imaginación.

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“La importancia de los tíos para los sobrinos y cómo tratarlos para no malcriarlos”

“Podías hablar un día de la importancia de los tíos para los sobrinos y de cómo tratarlos para no malcriarlos”. Fue algo que me propusieron, así tal cual, hace bastante y pensé que era un encarguito complicado.

(GTRES)

La segunda parte creo que es más sencilla, al menos exponerla, que llevarla a la práctica ya es otro cantar.

“¿Cómo tratarlos para no malcriarlos?”. Pues no dándoles todo ni consintiendo cualquier comportamiento y no contradiciendo las normas impuestas por los padres ni las órdenes puntuales que hayan podido dar; dejándose llevar por el sentido común en definitiva.

Es estupendo ser un tío molón, de esos enrollados y a los que los sobrinos adoran, pero eso no es patente de corso para hacer lo que nos dé la gana. Aquello de “que lo eduquen los padres, que para eso están” que se permiten decir abuelos y tíos con afán de malcriar (un término que no me acaba de gustar, por cierto), nunca me acabó de gustar.

Yo me inclino por otro dicho, ese que asegura que hace falta una tribu para educar a un niño. Es decir, que es responsabilidad de todos hacerlo. Por mucho que ante conflictos que suban de gravedad o dificultad básica, la opción sea siempre informar a los padres para que ellos tomen las medidas que correspondan.

Vayamos con la otra parte. Hablar de la importancia de los tíos para los niños no es un encargo menor. Cuando lo reflexiono, no puedo evitar pensar en mis propios tíos. Tuve (tengo aún) mis tíos preferidos, aquellos cuya personalidad más encajaba con la mía, aquellos junto a los que me sentía mas feliz y eso no tenía que ver con los regalos que me entregasen, lo rico que me cocinasen, lo que me loasen o lo mucho que se esforzasen por interesarse por mi vida. Mis tíos preferidos son los que me dejaban ser a mi manera, aquellos que percibía que me querían.

Mis tíos eran importantes para mí cuando era niña. Cuanta más gente haya haciendo sentirse querido a un niño, mejor. Creo que no hay duda al respecto.

Igual que abuelos, primos, amigos cercanos (la familia a veces se elige, hay tíos que no lo son sobre los papeles), mis tíos me daban seguridad, me hablaban de una red amplia a mi alrededor que me cuidaba, que se preocupaba por mi bienestar. Y para cualquier niño es vital sentirse seguro, aunque no razone los motivos que haya detrás de esa solidez.

Amor y seguridad. Dos pilares sobre los que es deseable construir cualquier infancia. Dos pilares que se construyen a partir de los padres y también de los tíos, pero no sólo de ellos.

Más allá de la oportunidad de ofrecer a nuestros sobrinos experiencias distintas o momentos compartidos especiales, que por supuesto también es algo genial, creo que la verdadera importancia radica en que sepan que les queremos y que estamos ahí si nos necesitan.

Eso procuraré transmitir yo a mis sobrinos, porque también soy tía.

(GTRES)

No sé cómo hubierais contestado vosotros a esa pregunta, pero a mí no se me ocurre mejor respuesta.