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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

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“Hace 40 años estaría en una institución mental. Ahora veo cerca mi sueño de ir a la universidad”

Hace casi dos años, coincidiendo con el arranque de curso, la famosa vuelta al cole, escribí un post recordando la labor de los maestros de educación especial, esos de los que pocos se acuerdan entre mucho reportaje del peso de la mochila, el coste de los libros de texto, el uniforme sí o el uniforme no o los chavales que no han logrado plaza en los colegios de su elección.

Entre todos los comentarios que tuvo esa entrada, muchos muy críticos con el trabajo de esos profesionales pero sobre todo por esos lugares comunes que son sus supuestos buenos sueldos y largas vacaciones, un comentario brilló con luz propia.

Era el de un chaval de 17 años con asperger, que espero que en estos momentos se encuentre ya en la universidad, avanzando feliz. Un comentario lleno de agradecimiento de un chico con suerte, (sí, con suerte, porque ni mucho menos es siempre así y también hay maestros que restan) que ha sido capaz de reconocer lo que le han servido las manos tendidas de unos buenos profesores.

Buenas noches. Tengo 17 años. Tengo asperger desde nacimiento. Es un tipo de autismo. De los leves-moderados pero autismo.

Mi inteligencia es normal pero tengo muchas limitaciones. Me da miedo la gente, los sonidos, algunos lugares, no entiendo las bromas ni las ironías. Me han dicho que en eso tengo suerte porque así me ahorro de escuchar muchas estupideces. Parece ser que tienen razón. Así que no puedo usarlas tampoco. Soy obsesivo de muchas cosas. Del orden. De la ortografía perfecta. De otras cosas también.

Tardé mucho en hablar. Tengo buena memoria y aun recuerdo a mi logopeda. Gracias Lorena por tu paciencia y amor.

Tengo mal la psicomotricidad fina. Pero ahora soy rápido escribiendo tanto manualmente como por ordenador y móvil. Gracias José Manuel , mi profesor de lengua , sin ti no habría llegado a dónde estoy.

A ustedes los padres, me congratula ver que muchos agradecen la labor de los profes. Yo, como alumno con necesidades especiales, quiero darles las gracias a todos por su labor. Su cariño cuando me dan los ataques de pánico. Su paciencia cuando me cuesta el doble hacer muchas cosas.

Se me dan bien las matemáticas pero no entendía el dinero. Gracias a mi profe Gonzalo ahora puedo ir a comprar solo muchas cosas.

Las tardes con Marisa que me enseña habilidades sociales porque no sé comportarme en sociedad ni como establecer comunicación con mis compañeros.

Gracias a mi profe de educación física por integrarme en deportes cuando una de mis limitaciones es no saber jugar en equipo.

Gracias también a mis compañeros. Porque mis profes se han encargado de enseñarles a aceptarme. A quererme. A ayudarme.

Tengo una memoria prodigiosa. Como mucho autistas de alto funcionamiento, como así nos llaman. Y gracias a esta memoria nunca olvidaré a cada uno de ellos. Unos señores que han conseguido que sea un chico independiente y feliz.

Casi me siento como todo el mundo. Señores hagan caso de lo que dice un estudiante agradecido. Aparten lo malo y quédense con lo que yo les digo. No dejen que ese cariño lo empañen señores o señoras que no han experimentado nunca un cariño como el que yo he recibido . Como el que aún recibo.

Gracias a ustedes. Mis logopedas. Mis maestros. Y también a mis papás y a mis hermanitos.

Que tus hijos  encuentren un buen maestro es maravilloso, que tus hijos con autismo encuentren un buen profesional que se vuelque en ellos, es sencillamente un tesoro de un valor incalculable, algo que puede marcar la diferencia para bien en muchas vidas.

Muchas veces somos los padres los que lanzamos piedras contra la labor de estos profesionales, que hacen más de lo que pueden o están obligados pese al poco tiempo, los pocos medios, las trabas administrativas… Pocas se lo agradecemos como merecen.

Así que hoy, con el curso casi recién terminado, gracias de todo corazón a los buenos maestros, a los de Especial o a los que simplemente son especiales, a los que se dejan la piel con nuestros chicos, con o sin autismo.

No creáis nunca que vuestros desvelos no merecen la pena.

GTRES

¿Qué opinan los profesores de los regalos que las familias les suelen hacer al final del curso?

Casi diez años de blog dan para mucho, y he escrito en dos ocasiones de los regalos que las familias le dan al final de curso a los profes, que se entregaron por toda España a lo largo de la pasada semana. Un tema que cada año, cuando acaba el curso (bueno, y también si el profesor se va antes por algún motivo o si se casa, es padre o incluso es su cumpleaños), es recurrente entre padres recientes.

Este año ha salido de nuevo a colación, por supuesto. En mi entorno, físico y virtual, hay gente que me pregunta si ya he escrito del tema. Gente que me comenta que participa sin estar de acuerdo por no ser el raro que no quiere entrar en la rueda del agradecimiento organizado, gente que sí que ha dado el paso de distanciarse de esta práctica, gente que lo defiende como un bonito gesto sin más complicación, gente que me cuenta que está de acuerdo en dar un detalle pero que se está yendo de madre y que ha visto regalos tipo iPad, viaje de tres días a un parador o bolsos de casi mil euros entregados a modo de regalo de despedida de curso.

Pero ya está bien de hablar de lo que los padres opinamos. He recordado que en aquellos dos viejos posts míos hubo muchos profesores dando su opinión. La última entró precisamente la semana pasada y fue la siguiente:

Manuel Rodríguez

Yo soy maestro y también padre. He vivido los malos rollos que se aparecen en torno al regalo del profesor desde estas dos vertientes. Por supuesto estoy totalmente en contra del regalo al profesor. Yo siempre hago saber a principios de curso a la madre delegada que no acepto regalos. Será mi educación, o seré tonto para algunos compañeros. Lo cierto es que desde pequeño mi padre me enseñó a no aceptar dinero de familiares. Fíjense tan pequeño y con 5 euros que me ponían en la mano para comprar caramelos… mi padre me educó en no aceptar regalos. Y también aprendí de pequeño que por encima del dinero existen sensaciones y sentimientos que no se pueden expresar con dinero ni nada material. Y por mucho que mi compañera me cuente lo bien que se lo pasó con el spa, el masaje para ella y su compañero… sigo con mis principios. Con el paso del tiempo mi postura de no aceptar regalos ha calado hondo en los padres y se está contagiando el deseo de no hacer regalos al profesor. Por mucho que le pese a algunos de mis compañeros.

Una vez me intentaron dar 150€ en tarjeta regalo de El corte inglés. Que no acepté. Al principio las madres se enfadaron conmigo porque no podían recuperar el dinero. En esa clase los niños me requerían mucho. Así que un sábado por la tarde convoque a todos los padres en El corte inglés (ya en verano), me ayudó la madre delegada, y con esos 150 euros hicimos un regalo a los niños y niñas. Y ese sábado fue inolvidable para mí y sobre todo para los padres. Cada vez que me los encuentro, me lo recuerdan, y comentario es, “esto que hicisteis aquel sábado si que fue un regalo que guardaré en mi corazón”.

Así que he decidido recuperar los que otros veintidós maestros y profesores me comentaron y traerlo aquí, a modo de reflexión y de invitación para que otros también opinen.

El anonimato de los comentarios de un blog invita a los indeseables, a los poco respetuosos con las opiniones ajenas, a los que tienen ganas de bronca, a los que disfrutan provocando… pero también pueden servir, como en este caso, a que se exprese lo tal vez no se puede de otra manera, porque es muy difícil decir “no gracias” o “preferiría que” ante un presente en nombre de unos niños.

Gema

Yo como maestra veo exagerado regalos caros, el propio profesor se ve en una situación incómoda y los padres no tienen esa obligación, pero en cambio siempre me ha gustado lo de regalar alguna manualidad, un álbum de fotos o un montaje de vídeo con fotos de todo el curso, ese tipo de detalles, cuesta mucho menos, hace más ilusión y yo creo que el profesor lo agradece más, yo por lo menos, creo que valoras más el trabajo del profesor si dedicas un poco de tu tiempo a recopilar y preparar unas fotos que simplemente recoger dinero y comprar cualquier cosa como si fuese un mero trámite.

Guillermo

Hola, soy maestro de Primaria con más de 20 años de dar clases. El tema de los regalos es muy espinoso. Particularmente he tenido años con regalos (algún bolígrafo, una placa, etc) y muchísimos que no ha habido nada. Particularmente, prefiero que no haya regalos. Me quedo con las caras de los niños cuando les dices que al año siguiente sigues con ellos o que no lo haces. Cuando te traen algo se lo agradeces, pero muchas veces sabes que es por no dar la nota frente a otros padres, sabiendo que esa madre no te puede ni ver aunque su hijo te adore. Ya pasaron los años de los aguinaldos, las propinas y los regalos al Maestro (fuerza viva del pueblo). Somos trabajadores como el resto, con una función que cumplir (aunque a diario hagamos de padres, psicólogos, enfermeros, etc mucho más de lo que nos obliga nuestro trabajo). Si alguien quiere agradecer a un maestro su trabajo, es muy fácil… un gracias y feliz verano, esperó verte en septiembre ! Es el mejor regalo para un docente de vocación.

Elsa

Como hija de maestra, con suerte emancipada en breve, he de decir que por lo menos para mi madre los detalles que hacen personalmente los niños, manualidades, cartas, bizcochos… son los que más ilusión le hacen, de hecho un año sí que quisieron regalarle bisutería los padres y ella lo rechazó, será porque es profesora de educación física. En todo caso en casa tiene su vitrina con las manualidades más extrañas. Concretamente uno que me emociona hasta a mí, es una carta que le escribió una niña colombiana que tuvo que volver a su país porque sus papás se quedaron sin trabajo. Destilaba amor, cariño y respeto, ¡hasta se la quería llevar con ella!. Desde mi opinión deberíamos dejar lugar a la imaginación de los niños dejar que ellos se expresen sobre ese maestro si le quieren y si les ha tratado y educado bien, en vez de irnos a lo materialista y capitalista que la mayoría de las veces son regalos vacíos. Esos sí que terminan en la basura porque no significan nada.

David

Para los que piensan que un maestro por ver que una familia no le ha hecho regalo, al año siguiente va a mirar mal a su hijo, no tienen ni idea de lo que sentimos por los 25 niños que al menos 25 horas semanales están a nuestro cargo. Y digo al menos porque otros se pasan casi 50 horas en el colegio. Intentamos hacer nuestro trabajo lo mejor que podemos y sabemos, y si alguien quiere tener un detalle con nosotros que lo tenga, como yo lo hago, regalándole un CD con las fotos que he ido haciendo durante el año o comprando materiales para el día de la madre. Porque me regalen algo valorado en 100 euros tu hijo no va a tener mejores notas. El mejor regalo es el último día de cole y un niño se te acerca y te dice que te va a echar de menos.

Juan

Soy profesor en secundaria y bachillerato. A mí no me regalan nada, ni lo espero; en los últimos diez años, solo la madre de un alumno al que ayude un poco un verano (nada, resolver alguna duda tomando un helado, recomendar alguna lectura interesante, poco más) tuvo el detalle de regalarme un libro como gesto de agradecimiento. También mis alumnos a veces me han sorprendido con algún pequeño detalle, como el primer curso del que fui tutor, hace años, que al finalizar el curso me regalaron una especie de diploma firmado por todos, que reconozco me hizo aflorar una lagrimilla y que guardo como un tesoro. Y los alumnos de 2º de bachillerato, que suelen tener algún detalle con sus profesores el día que se hace la fiesta de graduación (una botella de vino, cosas así). Caso distinto con sus tutores, a los que rivalizan por hacer el regalo más caro (relojes buenos, bonos de hotel, etc), cosa que ya me parece excesivo. Por otra parte, tengo una niña pequeña, todavía no va al cole, pero cuando vaya, sí que seré de los partidarios de obsequiar con pequeños detalles, no cosas caras ni importantes, a sus maestros, especialmente a los que le traten bien y le enseñen cosas buenas y útiles. Pienso que un maestro es algo más que un simple empleado con su sueldo, es un segundo padre/madre, enseñan cosas buenas y que duran toda la vida. No soy partidario de las cosas caras, pero alguna botellita de buen vino seguro que caerá, bastante atacados ya están desde el poder como para que la gente normal no les reconozcamos.

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La mitad de los niños con autismo ha sufrido acoso escolar #StopBullying

Casi la mitad de los niños con Trastorno del Espectro del Autismo (TEA) sufre acoso escolar, una proporción cuatro veces mayor que en la población general; un 46,3% frente al 10,6% de la población sin este trastorno o sin discapacidad.

No son datos nuevos. Se conocen hace tiempo y proceden de Estados Unidos, pero no cuesta pensar que son extrapolables a España. El diferente suele ser objetivo.

Los recordé el sábado, en las jornadas que Autismo Diario llevó a cabo en Aleph TEA cuando Daniel Comín decía lo siguiente:

Me acordaba de ellos gracias a la (tan necesaria) campaña que ha lanzado estos días la Federación Autismo Madrid. Con el nombre #StopBullying No cuentes conmigo. Por el respeto de los talentos diferentes, quiere poner el foco “en hacer visible la lacra del acoso escolar” y también “en los testigos del acoso escolar, compañeros y amigos que no denuncian la situación”.

Esta campaña tendrá presencia en centros escolares, donde la Federación Autismo Madrid impartirá charlas-coloquio con estudiantes para concienciar y sensibilizar sobre una realidad, que según los últimos datos afecta a más del 52% de las personas con TEA. A falta de estudios concluyentes, (se está realizando en la actualidad el primer estudio sociodemográfico nacional para poder dar datos más certeros, a la vez que en Europa trabajan para tener un censo real), se estima que aproximadamente 1 de cada 100 nacimientos tiene TEA. Este dato, ya de por sí perturbador, choca con una realidad aún más llamativa: la inexistencia de una sociedad concienciada.


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El problema del fútbol que acapara los patios de los colegios

(GTRES)

Tenía que escribir de este tema por petición popular. Ayer una amiga me pidió que asomara este tema al blog, y es la cuarta persona que me lo comenta en pocos meses. Me lo pedía enviándome un enlace de una noticia de 2014 que contaba que 150 colegios en el País Vasco iban a reorganizar los juegos en el patio, apoyados en experiencias que indicaban que incorporar diabolos, frisbees, bates de béisbol, indiacas… había mejorado “la integración entre chicos y chicas y entre diferentes edades”.

“Estaría bien saber cómo ha resultado tres años después”, me decía. Sí que lo estaría. Cierto.

Es curioso que en esa misma noticia también apuntaban a que el equipamiento destinado al fútbol en los centros escolares era muy superior a cualquier otro. Lo de que en este país el fútbol sea el deporte rey alcanza todos los ámbitos, probablemente muchos con exceso.

También me han llegado iniciativas de limitar el fútbol a uno o dos días, y que el resto de la semana el patio esté dedicado a otros menesteres. Y me parece estupendo. A ver, que está genial jugar al fútbol, pero hay otros muchos juegos posibles. Probablemente más integradores como comentaban desde el País Vasco.

Parece que sí, que el problema de que los niños futboleros acaparen el patio e impidan otros juegos es muy frecuente, sobre todo en los centros que no cuentan con demasiado espacio para el esparcimiento infantil.

(GTRES)

La “dictadura del fútbol en los recreos” recuerdo que bautizó una de esas personas que me habló del tema a los conflictos que se generan, que van más allá del uso del patio para darle al balón impidiendo otros juegos y apartando con frecuencia a las niñas.

Es un hecho que incluso niños muy pequeños tienden a considerarlo un juego de chicos en el que las niñas no deberían meter las narices o que se toman poco en serio que quieran hacerlo. Mi hija de siete años, que es muy activa, coordina bien sus movimientos y gusta de correr y saltar, intentó uno y dos cursos atrás jugar con sus amigos al fútbol, pero la ponían únicamente de arbitra y portera. Claro, se cansó y se dedicó a otros juegos.

Pero también los niños varones tienen problemas. Conozco a madres cuyos hijos detestan el fútbol y están hartas de que los consideren los raros, que parezca obligado que tengan que disfrutar dando patadas a un balón. Conozco a otros niños que no sienten ningún entusiasmo especial por el fútbol pero que se sienten obligados a fingirlo y se empeñan en integrarse los partidillos que se organizan. Y los hay que disfrutan enormemente jugando al fútbol pero que no fueron dotados con las condiciones atléticas necesarias para hacerlo bien y se ven señalados como paquetes y relegados en el juego. Y hablo de niños muy pequeños, de entre cinco y ocho años que no se están jugando absolutamente nada.

Y luego están los niños con necesidades especiales, con autismo, para los que los juegos de equipo son uno de sus mayores hándicaps. Mirad lo que me contaba una mamá hace no mucho tiempo:

Yo tengo un nene con trastorno de espectro autista (Asperger). Lleva diagnosticado desde los 6 años y ahora tiene 9. Va a una escuela ordinaria y cada día lo pasamos peor y uno de los mayores problemas que le ocasiona muchísima ansiedad es el tema de fútbol. Mi hijo no entiende los juegos en equipo, por mucho que se le explique tiene una capa impermeable en su cabeza que por mucho que lo intente y le ponga ganas no capta las normas del juego. Él cada día esta más obsesionado en querer integrarse en los partidos de fútbol que juegan a la hora del patio, el problema es que esos niños llamados compañeros no le dan esa oportunidad… me viene llorando a casa diciendo a que es sus amigos no le dejan jugar a fútbol porque él es muy malo… Yo sé que a él no le gusta nada el fútbol (tiene otras habilidades) pero le gustaría integrarse con ellos y no se lo ponen fácil. A mí me rompe el corazón como madre porque gracias a toda la lucha que llevamos en estos 6 años hemos conseguido que dé muchísimos pasos adelante. Hace unos años pensaría que seria imposible, pero ahora me doy cuenta que muchas situaciones no dependen de él por ser diferente… dependen de la poca ética y poco respeto que tienen los otros niños. Y te das cuenta que ellos tampoco tienen culpa. La culpa la tienen sus progenitores y no hacen más que enseñarles con rivalidad sin importar a quien pisoteen.

No sé si los progenitores serán siempre los culpables. La competitividad es algo casi ambiental. Lo que sí tengo claro es que los maestros no pueden desentenderse de lo que pasa en el patio. Su responsabilidad en esos tiempos no se limita a vigilar que no se abran la cabeza. Si hay niños con necesidades especiales involucrados, con mucho más motivo.

¿En los colegios de vuestros hijos existe estos problemas? ¿Hay limitaciones para el uso del patio?

La importancia de poder elegir el colegio de tus hijos

Es muy importante poder elegir el colegio al que acuden nuestros hijos. No es como para angustiarse y volverse locos realizando peregrinajes absurdos, pero es innegable que es una de las decisiones más relevantes que podemos tomar por ellos.

En el colegio pasarán muchas horas, muchos años. Allí harán amigos, también el tipo de enemigos intrascendentes de la infancia. Con mala suerte no encajarán, serán infelices, incluso sufrirán acoso o lo ejercerán. Con buena suerte encontrarán personas a las que estarán unidos también cuando sean adultos. Así de importante es.

Más allá del plano social, allí les enseñarán y aprenderán. No siempre aprenderán lo que les enseñen y no siempre les enseñarán lo que aprendan.

Y tendrán deberes. O no.

Y trabajarán por proyectos. O no.

Y será un centro bilingüe. O no.

Y será uno de esos colegios en los que los padres están invitados a participar. O no.

Así de importante, sí.

Muchos padres andan en estas fechas embarcados precisamente en estas tesituras. Dando diferente importancia a la cercanía, el proyecto educativo, el tipo de comedor, el horario…

El problema es cuando no puedes elegir. Cuando lo que te dicen vulnera tus derechos y los de tus hijos. Cuando la carestía de plazas públicas hace que algunos crean justificado que los padres elijamos un colegio sin saber nada de él.

No, así no se hacen las cosas.

Pasa con demasiada frecuencia a los padres que tienen que escolarizar a niños con necesidades especiales, niños con autismo, niños en sillas de ruedas, niños con enfermedades crónicas que precisan enfermera…. La capacidad de elección de centro está muy limitada en esos casos, en algunos ni siquiera existe, y hay asuntos a priorizar por encima de los convencionales.

GTRES

Pero también todos los años existe este problema con niños sin dificultades. Valga como ejemplo lo que está pasando en Vallecas, con 265 familias afectadas. Del colegio publico que les corresponde, no se sabe nada. Nada de nada.  Aparentemente se pretendía que apuntaran a los niños a ciegas.
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“En catequesis me han dicho que los carnavales son anticristianos”

Carnaval, carnaval… Hoy es el día en el que muchos niños acuden disfrazados al colegio. No todos. En muchos de  los centros vinculados a la Iglesia el carnaval es algo que pasa sin pena ni gloria. Al menos en Madrid. Me pregunto si en Canarias o Cádiz también se resisten a este influjo.

(GTRES)

Yo acudí a uno de monjas solo para niñas en el que, para compensar, teníamos una fiesta el día del fundador, el padre Faustino. Hacíamos bailes regionales vestidas de manera semejante a como lo hacen los que de verdad danzan muñeiras, jotas aragonesas, sevillanas o isas canarias. Con el tiempo abrieron la mano y también podías disfrazarte y bailar piezas de Grease o temas pop del momento.

Seguía sin ser lo mismo. Pero bueno, se puede vivir sin carnaval. Ese colegio tenía prácticas mucho peores.

Recuerdo que las telas de los trajes con los que nos vestíamos había que comprarlas ya cortadas en un comercio concreto y en cuyo proceso las monjas sacaban tajada. Eran especialistas en sacar pasta a nuestros padres de múltiples maneras, pero esa ya es otra historia.

Me estuve acordando de mi infancia ajena a los carnavales al ver a mis hijos dispuestos a disfrazarse este viernes. Pero recordaba mi niñez sin disfraces escolares sobre todo por una conversación que tuvimos con un niño, amigo de la familia, que tiene ocho años y está en catequesis (taquetesis según su hermana pequeña) y escolarizado en un centro religioso.

“En catequesis me han dicho que los carnavales son anticristianos”, nos dijo al oírnos hablar de disfraces.
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Quiero que los niños que necesitan un enfermero puedan ir a las excursiones con sus compañeros, ¿y tú?

GTRES

Ayer me llegó una petición de formas en Change, creada por Pedro Alzu, que me toca de cerca y que quería traer aquí.

Hay muchos niños, en toda España y no sólo en Madrid que es el ámbito de esta campaña, que acuden al colegio teniendo diferentes tipos de discapacidad, enfermedades crónicas, recuperándose de enfermedades graves… y necesitan que en su colegio haya un enfermero.

La realidad es que pocos centros lo tienen. Tengo cerca el caso de una niña con diabetes y bomba de insulina que solo tenía dos centros a elegir, uno público y otro privado, en una ciudad de 200.000 habitantes. Y ha tenido suerte. Hay ciudades, pueblos y provincias en las que la única solución es llevar al niño a un colegio muy lejos y olvidar si nos encaja el modelo educativo del centro porque la prioridad es su salud o que uno de los padres deje de trabajar para estar permanentemente atento o un abuelo o un tío capaz y dispuesto a asumir esa responsabilidad.

La mayoría de colegios, con pocas excepciones que se pueden justificar, deberían tener servicio de enfermería permanente. Tener un enfermero en el centro iba a beneficiar además a todos los alumnos.

Y, por supuesto, las excursiones deberían contar también con ese servicio. Incluso en los centros en los que hay enfermero, como suelen tener varios niños que necesitan de sus atenciones, ese enfermero es lógico que se tenga que quedar y no pueda salir en el autobús. Pero no es lógico que esos niños tengan que perderse las salidas con sus compañeros a menos que sus padres dejen de trabajar para acompañarlos.
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¿Cómo eran los deberes de los que ahora somos padres?

GTRES

GTRES

Domingo de la primera huelga de deberes que tiene lugar en España, consistente en no hacer tareas los fines de semana, en no entregarlas el lunes durante todo noviembre. Si os soy completamente no me gusta que la huelga se esté convirtiendo en una confrontación entre (algunos) padres y (algunos) profesores. La autoridad de los maestros no debe minarse, eso no es bueno para nadie, pero los padres tambien deben ser escuchados y en muchos centros no es así. Sí me gusta que ponga sobre la mesa el debate de cómo enseñar a nuestros niños cuando está claro que el sistema de ahora no funciona.

Pero no es de eso de lo que querïa hablar hoy. Digiriendo todo este tema, viendo a padres en favor, padres en contra y padres medio pensionistas respecto a los deberes (no respecto a la huelga, que ese es otro tema, me refiero únicamente a las tareas en casa, sobre todo en lo que atañe a los niños de Primaria), me dio por pensar en los deberes que tuvimos nosotros, sus padres.

Ahora veo a mi alrededor a niños que, desde los cinco años, llegan con tareas a casa. Niños que empezaron Infantil el colegio con cuatro años, incluso con tres si nacieron en el último trimestre del año. Yo entré a los cinco en lo que llamábamos Parvulitos y los deberes tardarían muchos años en llegar.

No recuerdo hacer deberes hasta octavo de EGB, con unos trece años. Antes eran tan pocos o tan fáciles que ni cuentan. Y no supusieron nada que hubiera que tomarse razonablemente en serio hasta segundo de BUP. Había también trabajos que investigar, y era algo que prefería con mucho y con lo que aprendía más que con ejercicios puros y duros. Lo mismo vale para estudiar. En octavo ya tuve que empezar a estudiar algo más, pero hasta BUP fue un paseo. Tuve pocas extraescolares, ninguna que yo recuerde en el colegio. Llegaba a casa pronto (la hora exacta seguro que la recuerda mejor mi madre que yo, la memoria es traicionera) y toda la tarde era para mí, para jugar, para leer, para idear con qué no aburrirme.

Hablando con gente a mi alrededor me dio la impresión de que esa era la norma de los que ahora somos padres o estamos en edad de serlo. Que en nuestra vieja EGB la carga de deberes era, por norma general, muy inferior, así que pedí en mis redes sociales alto que también os pido a vosotros: que recordéis vuestra infancia, que me digáis si los deberes os agobiaban o no recordáis que os dieran mucha guerra y a partir de qué edad empezasteis a tenerlos. Si además me contáis si teníais actividades extraescolares y a qué hora llegáis del cole a casa, mucho mejor.

Gracias a todos los que habéis compartido conmigo vuestra experiencia, también a los que lo hagáis. Creo que es francamente interesante y puede ayudar a reflexionar. Y también gracias a vosotros tenemos el post más largo de este blog, que ya va camino de los nueve años de existencia 😉

Marta: Yo extraescolares ninguna, por suerte mi madre estaba en casa (con seis hijos no hay quien trabaje). Deberes, un poco de cada asignatura, no recuerdo que fueran demasiados. Con la edad más, claro. Los que te ponen y los que te impones tu (memorizar cosas, preparar exámenes…).

Almudena: Estudié EGB en los años 70. Colegio público.El horario era de 9 a12 y de 3 a 5, aunque durante varios cursos fue hasta las 6. Esa hora, que se llamaba permanencias era de pago y se le pagaba directamente a los maestros. Se suponía que era para realizar actividades no lectivas, pero yo lo recuerdo como una hora más de clase No recuerdo haber estudiado para los exámenes hasta séptimo. Para hacerse una idea de lo que mandaban, recuerdo que el tutor de séptimo nos dijo que ya teniamos que dedicar todos los días dos horas a deberes y estudiar. Yo intenté hacerlo, hice todos los deberes, estudié todo lo que habiamos dado en clase y me leí los temas del día siguiente. Me sobró una hora entera, y siempre he sido muy lenta escribiendo. Así que calculo que hasta los 12 años mucho menos de una hora de deberes. Las extraescolares en esa época y al menos en mi entorno socioeconómico ni se sabían lo que eran. Yo iba a un colegio un poco especial, en el poblado del Parque Móvil Ministerios, y sí que había una piscina en la que daban clases de natación, escuela de fútbol para los chicos y una academia de mecanografía a la que podías apuntarte a partir de los 10 o 12 años. Eso era lo mas parecido a extraescolares

Mónica: Deberes muy pocos, leer y hacer resumen del libro, algún trabajo… Y clases extraescolares un deporte, el que quisiéramos mi padre nos decía, yo karate.

Mariluz: Mi experiencia y recuerdos son similares. En BUP empezaba lo serio. Las lecturas obligatorias las recuerdo con poco cariño porque no siempre eran lo que querías leer. No puedo imaginarme estudiando para aprobar exámenes cada 10 días. Me hubiera gustado una etapa infantil como la que hay ahora de aprendizaje a través del juego. No sé por qué en Primaria se olvidan de eso. Y me hubiera gustado más prácticas de oratoria. Igual. No sé por qué en Infantil ahora lo hacen y se olvidan en Primaria, relegado sólo a la exposición de algún trabajo. Pero en cuestión de deberes no lo cambio por lo que hay ahora aunque había mucho que mejorar. Parece que vamos a peor en lugar de a mejor. Y los profesores eran más maestros y estaban más disponibles. Ahora con los nuevos horarios hay padres que sólo ven a la tutora una o dos veces al año y pidiendo permiso en el trabajo. Y quieren implicación de las familias en las escuelas, pero muchas lo dicen porque queda bien. Luego o no hay horario o no hay escucha. Y eso que yo del cole de mi niña no me quejo del todo. Pero hay otros….. Lo mismo en Primaria me quejo más. Ya queda menos.

Carlota (veinteañera, de la ESO): Yo tenía muchísimos deberes, muchísimos. Recuerdo estar varias horas todos los días y los domingos, que por cierto los odiaba por esa misma razón. Y el día que tenía extraescolares terminaba exhausta, lógico.
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Los mejores deberes: ir a museos, cocinar, leer juntos, salir al campo, los juegos de mesa…

Mi hija, en Segundo de Primaria, no tiene deberes en su colegio. Mi hijo, que va a un centro de educación especial por tener autismo, tampoco los tiene. Probablemente secundaría la huelga de deberes que arranca este fin de semana impulsada por la CEAPA si viera a mis hijos, con la edad que tienen, (siete y diez años) cargados de deberes como veo a niños ajenos. Niños de seis, de ocho, de once años. Niños muy pequeños para los que el aprendizaje natural y mediante el juego es aún primordial y que tienen jornadas maratonianas.

Imaginad que tenéis ocho años, por ejemplo, y entráis al colegio a las ocho o las nueve, volvéis a casa a las cinco de la tarde, a las ocho y media se cena y a las nueve o nueve y media tocara ir a la cama. Imaginad que en esas tres horas y media que hay entre las cinco y las ocho y media tuvierais muchos días alguna actividad: inglés, robótica, baloncesto… Las horas libres podrían ver reducidas a un par. Ahora imaginad que hay que hacer tareas, terminar fichas, hacer ejercicios durante ese par de horas. Aunque no hubiera extraescolares probablemente os pesarían y desmotivarían. Tareas que colean y se acumulan para el fin de semana.

Ahora imaginad que esa jornada la tiene vuestra pareja, que llega a casa a las cinco o las seis teniendo que dedicar una o dos horas a seguir trabajando y que el fin de semana también le toca currar. ¿Qué opinaríais?

Yo no estoy en contra de que chavales más mayores, que además suelen tener jornadas más breves por intensivas, se dejen los codos estudiando (dentro de lo razonable, que conozco adolescentes que dedican cuatro horas diarias) y tengan que afianzar lo que aprenden en el instituto en casa mediante ejercicios. Pero los niños de Infantil y Primaria no deberían estar en esa rueda. Y eso no quiere decir que los niños de Infantil o Primaria no deban reforzar también lo que trabajan en clase, pero no sentados a una mesa rellenando fichas.

Una tarde de juegos de mesa en familia, una visita a un museo, ayudar a cocinar, leer con ellos un cómic de Pokemon aprovechando su interés por esos bichos, hacer experimentos caseros, salir a pasear a los perros y recoger distintos tipos de hojas para convertirlas luego en casa en hadas, jugar con una aplicación que muestra las constelaciones… Todo eso puede reforzar conocimientos y de una manera más efectiva, por lúdica, que la ficha y el ejercicio. De una manera, además, que nos permite disfrutar en familia. De una manera individualizada, porque no todos los niños necesitan trabajar lo mismo y de la misma manera.

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Una huelga que no se puede medir, un daño que solo podemos imaginar

Es imposible valorar el éxito en las huelgas como la de hoy contra la Lomce con una vara de medir numérica. Incluso aunque los números fueran sólidos y fiables, que nunca es el caso. Tantos han ido, tantos se han quedado, tantos la secundan.

Mi hija, que está en segundo de Primaria, no ha ido hoy al colegio. No ha ido porque he podido organizarlo para que así fuera, pero me consta de muchos padres que echan pestes de las pruebas de la reválida y que habrían dejado a sus hijos en casa si hubieran podido. Pero no pueden. Ellos tienen que ir a trabajar y, por tanto, sus hijos al colegio a pasar el rato lo mejor posible con los servicios mínimos.

También hay padres que no están informados, gente preparada e interesada por estos asuntos a los que la actualidad les ha esquivado (entre trabajos y quehaceres varios puede pasar perfectamente) y en sus centros escolares no les han informado, sobre todo si esos centros no son especialmente peleones en estos asuntos. Ayer me encontré con muchos casos así cuando escribí al respecto en mi muro de Facebook.

Aquí tenéis más información si estáis en ese caso:

Por supuesto los hay a los que ni les va ni les viene, que no lo acaban de entender, que no les preocupa, que están a otras cosas aunque lo que esté en jugo sea el futuro de sus hijos.

Y también aquellos que no están de acuerdo, que no conciben las huelgas como forma de protesta, que la Lomce les parece requetebién o/y se agarran ante cualquier cosa que implique una camiseta verde al “con lo bien que viven los profes” o que “no se pude ser tan blanco con los niños” sin pensar más allá.

Mi hija sí ha ido porque creo firmemente que todas esas pruebas estándar en las que alguien ajeno al niño le evalúa, pruebas cuya nota cuenta a partir de Secundaria y que sustituirán a la Selectividad, serán motivos de desigualdad, traerán frustración, injusticias y fracaso escolar.

Para los niños con necesidades educativas especiales, para aquellos que más se esfuerzan y con más handicaps parten, aún más. ¿Cómo afectarán a los niños que necesitan adaptaciones curriculares? ¿En qué se traducirán todos sus esfuerzos cuando se encuentren frente a ese examen que no contempla al individuo?

Es imposible medir a nuestros hijos con esas pruebas de una manera justa, de la misma manera que acciones como las de hoy son imposibles de cuantificar.

 Varios jóvenes, durante la primera huelga estudiantil convocada este curso en rechazo a las reválidas o pruebas finales de ESO y Bachillerato que fija la Lomce, hoy en Santiago de Compostela. EFE/Xoán Rey

Varios jóvenes, durante la primera huelga estudiantil convocada este curso en rechazo a las reválidas o pruebas finales de ESO y Bachillerato que fija la Lomce, hoy en Santiago de Compostela. EFE/Xoán Rey