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La maternidad es tan cambiante,
que siempre eres una recién llegada a ella

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¿Qué normas, impuestas o por decisión propia, tienen los profesores al vestirse para ir a dar clases?

La pasada semana lancé en redes sociales esta cuestión: “Profes, me haríais un favor contestando. ¿Tenéis normas, impuestas por otros o autoimpuestas, sobre cómo vestir? ¿Cuáles son, si es que las tenéis? ¿Qué no procede llevar al dar clase?”.

Una pregunta que venía por la polémica reciente de prohibir vaqueros ajustados y hombros al aire (resumiéndolo mucho) en algunos colegios católicos por aquello de la femineidad y no excitar a la muchachada adolescente, los mismos centros que ponían a las niñas a hacer ganchillo por cierto.

Pero dejando las polémicas de lado, me pareció interesante saber si esas normas de vestimenta existían, igual que creo legítimo preguntarse si los profesores deben seguir algunas normas con su atuendo me parece legítimo, por mucho que sea como mucho un aspecto más que secundario, incluso irrelevante, de su labor.

Por eso mi pregunta en redes, a la que tuvieron la amabilidad de contestar numerosos docentes. Leerles invita a reflexionar y por eso he traído aquí sus respuestas de como afrontan algo que depende de muchos factores: el centro en el que imparten clase, su concepción de la enseñanza, su relación personal como la vestimenta (los hay para los que es un medio de expresión personal fundamental y los que les da igual lo que ponerse) y que no es lo mismo acudir a cantar y sentarse en asambleas en el suelo con niños de Infantil que a enseñar al Revolución Industrial a adolescentes.

Imagen de la preciosa película de Makoto Shinkai ‘el jardín de las palabras’.

¿Qué me he encontrado? Algo que era de imaginar, que en los centros de enseñanza públicos hay una libertad que no se encuentra en los concertados y privados, que indican o sugieren ciertos códigos, aunque no siempre es así.

@albarealkiddys. En la actualidad ninguna norma. Aunque sí las tuve en el pasado en un colegio religioso.

@de_infantil. Yo trabajo en un colegio religioso y las normas nunca se nombran pero están tan presentes que pesan en el aire…

@ClaudiaWatson. Cuando estuve trabajando de profesora de inglés extraescolar en un colegio católico me pidieron que no volviera a llevar camiseta de tirantes por ir “muy descocada”.

@proferachel. En mi centro (IES), público, no. Pero hice entrevistas en concertados en los que sí me pidieron que fuese “elegante y recatada” y donde no se podían llevar vaqueros.

@JessicaTG16. Actualmente no, pero estuve trabajando en dos privados donde los vaqueros de color vaquero (podían ser de otro color e incluso leggins color vaquero 🤷🏻‍♀️) estaban prohibidos porque según la dirección “los vaqueros cuidan vacas, los profesores educan personas”.

@Aidixy. Cuando yo trabajaba en el cole (público), he vestido siempre como he querido, y nunca he tenido un problema. Otra amiga, en otro privado, muestra piercings, tattoos, vaqueros rotos, y no tiene problema tampoco.

@laBebedePucca. Ahora intento ir cómoda y correcta,’. Trabajo en pública con 6 y 7 años. Como uniforme de mamá en el parque (más o menos). En un concertado las compañeras me recomendaron no ir corta o en tirantes estrechos. Era escuela de monjas. Lo hicieron con buena intención.

También que en las autorregulaciones de los maestros, independientemente del tipo de centro en el que estén, bastantes hablan de no distraer con la vestimenta y de vigilar mucho los mensajes que puedan mostrar sus camisetas.

@carlotingham. Aplicando el sentido común. Normalmente vaqueros y camisa. Evitar todo lo llamativo y los mensajes. Que se fijen en lo que digo y no en lo que llevo.

@nataliacastrov4. Yo suelo vestir ropa poco llamativa, más que nada porque son muchas horas de clase y cualquier excusa es buena para distraerse.

Alba: En escuelas infantiles sí que hay códigos de vestimenta por seguridad (no llevar uñas pintadas, pendientes, maquillaje…) pero en las escuelas de primaria no, al menos en las públicas. Otra cosa es lo que cada uno decida. Yo no llevo camisetas con mensajes no políticos ni religiosos, por ejemplo.

@manuparadas. Para nada. Mientras no contengan mensajes obscenos, sexistas, racista… que aunque no lo parezca los hay y ellos ni se dan cuenta.

@yopispico. Soy profe de inglés en secundaria. Para salir me gusta llevar pitillos, pero para clase mejor vaquero, por comodidad más que nada. Arriba camisetas (sin mensajes sobre sexo y/o uso de alcohol) o jerseys cuando hace frío, y de calzado sí que me pongo lo que quiero (Converse, etc). Ah, y en mi centro del año pasado pude llevar pantalón corto las últimas semanas, cuando la ola de calor. Espero que en el de este año también me lo permitan, porque si no lo voy a pasar un poquito fatal…

La conveniencia de usar tirantes y pantalones cortos parece ser lo que más diferencias suscita:

@Shamarmat. Yo llevo tirantes en verano, con más de 38 grados desde mayo y las clases sin acondicionar, son hornos. No considero los tirantes como ropa de playa, pero lógicamente, es una percepción mía. Mis compañeras tb los llevan, en vestidos, camisetas… vamos, que es algo normal

@daniel_durantes. En mi centro por ejemplo, no nos recomiendan llevar bermudas. Es lo único que me disgusta porque en verano me aso vivo.

@Pedrocen2012. No tengo normas externas, pero me autoimpongo no llevar pantalones cortos aunque haga calor, por ejemplo.

@PiliPopLite. Los tirantes no me importan en absoluto. Cuando en el concertado nos dijeron que no los usáramos, que mejor camisetas sin mangas no entendí nada. Siempre creí que era por el escote, pero hay camisetas de tirantes sin escote, así que ¿por qué no los tirantes?

@elviragarlop. No vaqueros demasiado rotos. En verano no usar camisetas que mostraran la ropa interior (mujeres), no bermudas (hombres)… produjo más risas que otra cosa. La gente iba normalmente vestida. Nunca me llamaron la atención por mis vaqueros rotos ni por usar pantalón corto.

@ladetecno. Yo como la mayoría: sentido común y saber donde vas. No vas de Nochevieja pero tampoco a hacer treking😉. En mi insti (público) no hay normas para profes y algunos van con bermudas por ejemplo, a mí personalmente no me parece dar buena imagen.

@Aidixy. Una amiga mía, en su cole privado ni puede llevar: mangas sisas, vaqueros, pantalones cortos y no recuerdo si sandalias. En Málaga a 35 en junio, lo pasa que te cagas

@JuanitoLibritos. Yo voy muy informal: vaqueros y camiseta. Soy MUY caluroso y vivo en Andalucía, por lo que llevo bermudas varios meses del curso. Por esto me llamaron una vez públicamente la atención en un insti público. También alguna compañera me ha soltado alguna indirecta. Lo que yo nunca llevaría serían camisetas sin mangas o chanclas/sandalias. No por motivos estilísticos o morales (allá cada uno con algo tan subjetivo como eso), sino por un aspecto meramente higiénico.

@nace1mama. No entiendo lo de las bermudas, me dejas a cuadros. Es indecoroso que enseñéis vuestras piernas? 😂 estas cosas me hacen explotar el cerebro

@JuanitoLibritos. ¿Verdad? Pues más o menos en esos términos lo comenté yo en el claustro en el que se me llamo la atención delante de setenta compañeros/as. Lo peor es que el argumento era “la respetabilidad” y asegurar que “si trabajáramos en la privada no iríamos así”.

Los escotes y enseñar mucha pierna también suelen estar autocensurados apelando al sentido común. Por comodidad, pero también por evitar distracciones en épocas hormonalmente efervescentes (aunque como dice mi santo, “en la etapa de ser hormonas con patas ni el jersey amplio y de cuello vuelto evita los pensamientos impuros”).

Anita: No hay ninguno. Yo voy como quiero y mi única autocensura es no enseñar demasiada cacha en verano, que los adolescentes yatusabeh cómo son.

@mamen_blrb. No me imponen normas pero me las impongo yo. Ni faldas ni pantalones excesivamente cortas y tampoco me pongo escotes excesivamente grandes. Creo que es lo normal para ir al trabajo.

@ElviraGarlop. Uso sentido común. Soy de informática y me agacho mucho por encima de los hombros de los alumnos por lo que aún gustándome los escotes no los uso en clase, es incómodo. Estuve en un insti donde sí había “sugerencias” sobre cómo vestir.

@profeAnaBio Yo me auto-impongo no llevar grandes escotes que dejen ver canalillo al agacharme. Me siento incómoda por miradas fijas. Las minifaldas también me hacen despistarme en el discurso por lo mismo. La comodidad en todos los sentidos va primero

Y precisamente la comodidad es lo que más sale a la palestra. El objetivo principal de casi todos.

@meri_violin. Mi norma para trabajar en el cole es ir cómoda. Pantalón vaquero y camiseta. Más que nada porque doy música: tengo que cantar, bailar y tocar instrumentos. Paso calor y me muevo mucho. De otra manera sería imposible. Es cuestión de lógica. Voy a trabajar, no de pasarela.

@maestradepueblo. No tengo normas impuestas por otros ni autocensura propia. Ropa cómoda que te permita igual subirte a una silla que sentarte en el suelo, pero es la misma ropa que utilizo fuera del cole.

@Shamarmat. Nadie me impone nada. Mi ciclo es Infantil, y mi ropa diaria es casi un uniforme de comodidad: vaqueros y jersey en invierno con foulards y en verano mucho vestido largo y amplio o pantalón con camiseta. Me tiro al suelo con ellos y debe darme libertad. Y aunque son peques, tocamos el tema de la ropa como carta de presentación, pero sin roles ni patrones establecidos, tan solo el de la limpieza claro! pero que pueden combinar lo que quieran, que no hay ropa de niños o niñas y que vestirse es divertido!

@PiliPopLite. Yo doy clases en IES. No suelo llevar tacones (por comodidad) y tampoco minifaldas, escotes o pantalones demasiado cortos, también por comodidad (no me siento cómoda). Pero no me parece mal que otras profesoras vistan con esas prendas. Cada uno en su estilo y como quiera.

@comouncomino. En los 3 últimos coles nadie me dijo cómo vestir. Yo personalmente procuro usar ropa y calzado cómodo, y evito los escotes, minifaldas y shorts, porque en clase no paro quieta y paso de enseñar chicha (no me siento cómoda). Y tirantes solo si en clase se alcanzan los 30º.

@latelyleti. Ropa cómoda. No llevo camisetas con mensajes o ideológicas porque ya en general no me gustan, casi nunca las llevo. Nunca me han dicho nada (y lo hicieron, pasé tanto que no me acuerdo). Lo que no me gusta es taconazos de aguja porque tenemos movilidades reducidas y no es seguro.

@Nuria2584. Yo trabajo en una escuela infantil y la única norma es que vayamos cómodas, el resto es parte de la personalidad de cada una y así lo defienden nuestras jefas.

Los hay además, que me parece genial, que aprovechan incluso la indumentaria para enseñar, en todos los sentidos del término. Para transmitir que no hay que juzgar por las apariencias, que lo importante no es lo que llevemos. Incluso para lanzar un mensaje conservacionista en algún caso.

El primero de los comentarios que aparecen me parecen (opinión personal) digno de aplauso cerrado.

@mellado_barneto. Vaqueros rotos, camis de grupos (soy de música), deportivas, pelo blanco y un brazo y media espalda tatuada. Debemos ser un modelo de conducta, valores y entre otras cosas enseñarles que la ropa y/o tattoo no te hace mejor ni peor. Nunca nadie me ha dicho nada, al contrario.

@David_CCSS. Trabajo en IES públicos y creo que sería una aberración imponer una manera de vestir. Al trabajar con adolescentes somos modelos y no veo correcto usar la ropa como símbolo distintivo socioeconómico o ideológico. Intento no usar marcas visibles, en la medida de lo posible. Esta semana he ido por primera vez tres días con la misma ropa (L,M y X y cambiando ropa interior y camiseta debajo de camisa, la higiene lo primero 😉 para mandar un mensaje de que no hace falta cambiarse todos los días de ropa, economizando recursos para ahorrar agua.

@sonpa70. A mí no me imponen nada pero soy consciente que soy un ejemplo para los alumnos. Además debe primar también la comodidad ya que a menudo me siento con ellos en el suelo. Actualmente soy maestra de alumnos con 12 años y sigo sentándome con ellos en el suelo o hago clases en el patio. Con nuestro ejemplo debemos enseñar que la ropa es parte de nuestra marca personal y que explica muchas cosas de nosotros

@MarimerryMerry. Cómoda yo lo primero y siempre limpia. Me encanta cuando ponéis que somos ejemplo. Por eso creo que nuestra puntualidad, bien hacer, empatía , responsabilidad …deben trascender nuestro estilismo y relegarlo a un 2º plano. Be you, be kind and nobody will care about your clothes

Lo que llevamos encima nos define, y bien está que así sea.

Me dio por pensar a leer a todos, que probablemente lo de la ropa es algo que solo podría quitarme el sueño (y tampoco tanto, simplemente meditarlo más) en los primeros días de clase. Como en casi cualquier oficio.

¿Qué ropa te pondrías en tu primer día de clase si fueras maestro? Yo optaría por ir plana, cómoda, con vaqueros probablemente y alguna camisa o camiseta, y si hace frío con jerséis. Y probablemente con mi bolso de Ataque a los titanes o cualquier otro distintivo friki o relacionado con la defensa de los derechos de los animales.

Y algo en ese sentido me encontré:

@mara_arpa. Soy interina de la pública. Al principio del curso en un centro nuevo suelo ir “neutra” (vaqueros, camiseta lisa y playeros) para ver de que pie cojean alumnos y compañeros. A los pocos días en todos ya llevo mis camisetas frikis y heavys. Nunca he tenido problema. Sobre todo los primeros años, algunos compañeros me aconsejaban que fuera vestida mas formal para que los alumnos, al verme joven y pequeñita, no se me subieran a las barbas. Creo que mi estilo personal me ha ayudado a que me respeten mas que una camisa.

@finding_patri. En mi primer año de prácticas desde la propia facultad recomendaron quitar piercings y tatuajes, y si era centro concertado o privado cuellos cerrados y pantalón siempre.

@Hlena_Padilla Espero que la manera de vestir nunca sea un problema. Creo que tanto mi ropa como la de mis compañeros profesores no hace más que recalcar el mundo variado y plural en el que vivimos. El respeto en la vida es la clave de todo

Gracias de verdad a todos los que habéis participado en este debate, que sigue abierto. Aquí os dejo otras aportaciones:

@Elena_kings. En mi colegio hay que ir formal sin enseñar chicha y los hombres con corbata (vivo en Inglaterra). Yo visto zapatos siempre y nada loco -vestidos llamativos ni cosas raras – ¿por qué? Porque los alumnos llevan uniforme y zapatos, así que por respeto a ellos. No es tan difícil.

@DemEle5. Debo llevar pantalones tipo chinos y camisa.
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Sobre las fotos y vídeos que se toman en las funciones infantiles

Niños cantando villancicos, bailando, jugando al baloncesto, haciendo carreras de robots, pequeñas obras de teatro, gimnasia rítmica… en estas fechas, al igual que al final de curso, abundan las actuaciones infantiles en grupo, ya tengan lugar en el centro escolar, el club deportivo o en alguna academia.

¿Y qué hacemos con las fotos y los vídeos?

Porque hay fotos. Muchas. ¡Cómo resistirse a sacar el móvil! Incluso algunos llevan la cámara grande que tenemos cada vez más olvidada en casa y así dejar registrada para nuestra modesta eternidad esa función infantil. Nuestro hijo, nieto o sobrino está monísimo. ¡Mira qué bien lanza el balón! ¡Está para comérselo disfrazado de reno!  La mamá no ha podido acudir, que no pudo cambiar el turno, habrá que enseñárselo. Los abuelos que viven en Granada también tienen derecho a ver a su nieto.

Y claro. Grabamos y fotografiamos a nuestro niño e, inevitablemente, a niños ajenos que hay alrededor. Lo hacemos sin el permiso sus padres, sin saber si les hace gracia o se oponen a que se tomen esas imágenes, al margen de la legalidad. Lo mismo a nosotros tampoco nos gusta que saquen a los nuestros. Pero oye, ya que todo el mundo lo hace, pues queda libre la veda de retratar menores sin permiso. Grabamos, fotografiamos y a veces incluso se puede identificar en esas imágenes qué colegio o qué instalaciones deportivas son, en que ciudad están.

Los más prudentes graban y fotografían solo cuando sus hijos salen solos o en compañía de amigos cuyos padres sabemos que están encantados. “En la función no saqué el móvil y disfrute viéndote, pero ponte ahora con tu amigo Héctor frente al árbol de Navidad que os hago una foto”. Eso sería lo correcto.

Los prudentes a secas graban y fotografían para su uso personal y privado, sin mandar nada a redes sociales. Como mucho lo mandarán a algún amigo o familiar por WhatsApp, que les hará ilusión verlo (o no, pero ese es ya otro tema). Es el mal menor.

Los menos prudentes los suben orgullosos a redes sociales, permitiendo que potencialmente cualquiera pueda verlo. Dando de paso todo tipo de información sobre dónde encontrar a esos niños en la vida real.

“Pero yo firmé un papel al inicio del curso permitiendo que se le tomaran fotos al niño”, protestan algunos que asumen erróneamente que todos los padres han dado ese mismo permiso y que ese permiso concedido al centro es extensible a todos los familiares de los niños que allí acuden.

Y, claro, ya hay padres protestando. No quieren exponer a sus hijos a eso y están en todo su derecho. Ya hay colegios, clubs deportivos y academias que, tal vez por haber recibidos esas quejas, tal vez por su propia iniciativa, prohíben que se tomen fotos.

No resulta una decisión simpática entre muchos adultos. Las discusiones proliferan en los grupos de padres de WhatsApp. Y los habrá que se pasen la prohibición por el forro de las carpetas y saquen la cámara del móvil igualmente a paseo. ¡Queremos recuerdos gráficos! Recuerdos que compartir más que conservar.

Está la opción de que el colegio, el club deportivo o la academia decidan hacer ellos las fotos y vídeos en formato digital y pasarnos todo luego. Pero claro, si nos lo mandan, estamos en las mismas. ¡A saber qué harán muchos padres con esos archivos! Poca diferencia hay entre que grabe el padre de Pablo o el profe de música.

Así que también hay otra opción creciente: el colegio, el club deportivo o la academia fotografían y graban y luego nos lo muestran a los padres en la siguiente reunión del trimestre. El que no venga, se lo pierde. El que pestañee también, porque de haber grabado nosotros saldría nuestro niño todo el rato, pero en esos vídeos y fotos no es el caso, y lo mismo Laura estaba todo el rato detrás de Marcos, ese niño tan alto.

Aunque hay que acatarlo, porque ese centro está intentando hacer bien las cosas, respetando los deseos (y derechos) de los padres que no quieren que se tomen y difundan imágenes de sus hijos. Que el mundo, además, es muy pequeño.

Un papelón, vamos. Un papelón sobre el que es preciso ir reflexionando y tomando conciencia. ¿No os parece?.

Escena de la función infantil de Navidad de ‘Love Actually’

Un colegio no se puede llamar inclusivo si expulsa a los niños que no avanzan según sus expectativas #AdrianNoEstasolo

María quiere que Adrián, su hijo de seis años dentro del espectro autista, pueda seguir estudiando en su colegio, un centro equipado con un aula TEA, en el que lleva los tres años de Infantil, con sus amigos y sus rutinas establecidas.

A María le han hecho lo que a muchos otros padres, también a mí en su día. Le han dicho que el centro supuestamente inclusivo al que acudía su hijo, supuestamente equipado con recursos para atender a niños con autismo, ya no es el lugar óptimo para Adrián y que tiene que irse a un colegio especial; que su paso por un colegio ordinario (un colegio normal, hablando sin complejidades), que la integración, ha terminado.

Leía la carta de María que hoy os traigo y recordaba nuestra experiencia con Jaime hace seis años, que fue muy similar. Jaime entró en un centro con aula TEA, estuvimos allí tan contentos, hasta que mediado el tercer curso de Infantil nos invitaron a irnos. Jaime no evolucionaba tan satisfactoriamente como ellos establecían que podían manejar, sus progresos eran lentos, no era suficientemente autónomo.

Incapacidades todas del centro escolar, que no de mi hijo. No de nuestros hijos. Incapacidades de gestión que normalmente responden a falta de medios, manos y preparación, pero también demasiado a menudo a falta de voluntad.

Reconozco que nosotros optamos por marcharnos. Lo hicimos antes incluso de lo que nos tocaba para asegurarnos la plaza en un centro específico para niños con autismo que nos gustaba. Creímos entonces, y aún lo creo, que Jaime iba a estar mejor atendido en la vía especial. Pero también reconozco que no pelear no abre precisamente las puertas a los que vienen por detrás. Claro que, guerrear muchas veces implica usar a tus hijos como escudo, como bien dice Daniel Comin, y no quisimos.

En estos seis años me he encontrado muchos más casos semejantes. Muy pocos han salido en los medios, la mayoría hemos aceptado el cambio de modalidad educativa y nos hemos descolgado de esa inclusión de mentira que solo admite a los más aptos para seguir el currículo y manejarse con las ayudas justas. Nos hemos ido aunque complique la intendencia, aunque separe hermanos, aunque suponga más costes.

(GTRES)

El modus operandi es siempre el mismo y se repite con demasiada frecuencia: niño entra en Infantil por la vía inclusiva, niño va pasando cursos, niño va quedándose descolgado, niño es invitado a marcharse del centro. Ergo, lo que tenemos es una inclusión de pacotilla.

Es un éxodo constante. Un goteo interminable. Muy pocos jóvenes con discapacidad acaban en la vía ordinaria. La mayoría se van cayendo poco a poco de un sistema que les exige una evolución curricular que no pueden ofrecer (algo absurdo, van a estar inmersos en un mundo, no en un ghetto, en el que tampoco tendrán esa evolución), que se la exige además sin facilitarles los apoyos necesarios.

La inclusión en el plano de la escolarización es un derecho de los niños que no se está cumpliendo, porque la inclusión de verdad no debe depender ni del nivel que llegan a alcanzar esos niños ni de los recursos que se destinen al colegio para apoyarles.

Hablamos, además de colegios que no tienen derecho a llamarse inclusivos, de una elección de escolarización de unos padres que no se está respetando. Esa es otra. Los padres de niños con discapacidad tienen poquísimas opciones y capacidad de elegir centro para escolarizarlos, a veces no tienen ninguna. Son lentejas. Y ni siquiera es posible a veces dejarlas.

En cualquier caso, sea cual sea el camino que se tome, el de la pelea por permanecer en colegio ordinario o la marcha a uno especial, es la decisión de cada familia en función de sus circunstancias y poco pueden opinar los demás. Ni están unos renunciando a luchar por sus derechos por escoger la vía especial o específica, ni los que se empeñan en pelear la vía inclusiva son unos cabezotas que no asumen la situación de su hijo.

No se pueden extraer conclusiones precipitadas y obvias de situaciones complejas. Pero sí que se puede apoyar las reivindicaciones que son justas. Como la de María.

Os dejo con su carta:

Mi nombre es María y tengo un hijo de 6 años con TEA (Trastorno del espectro del autismo) que se llama Adrián.

Mi hijo fue diagnosticado con autismo con año y medio. Para mí, como madre, fue un palo muy duro, la vida te cambia de la noche a la mañana, pero poco a poco lo vas superando. Mi hijo es lo más maravilloso que me ha pasado en la vida y por el cual lucho todos los días.

Adrián empezó en la guardería Lope de Vega en Leganés con 7 meses, ya que yo trabajaba. Fueron los años más maravillosos que vivimos. Ahí, con año y medio, fue diagnosticado con TEA. Desde el minuto 1, tanto su profesora como el equipo de la guardería nos apoyaron a mi familia y a mí, pero claro, la guardería acabó y con 3 añitos tenía que empezar en un cole, su cole, Francisco de Quevedo en Leganés, un gran cambio para él y para nosotros.

El primer año fue genial
, estaba en su aula TEA con los mismos compis de la guardería y la misma PT. Superamos el primer año. Lee el resto de la entrada »

¿Deben los profesores educar en valores?

¿Deben los profesores educar en valores? Realmente mirando la Lomce hay poca discusión, es algo que sobre el papel se les exige, pero me ha llamado siempre la abstención encontrar un buen número de padres que, desde los comentarios del blog, en redes sociales y de viva voz, aseguran que no, que para eso ya están ellos, que los maestros tienen otras prioridades. Algunos se plantean incluso que para transmitir valores hay que tenerlos, dando a entender que hay profesores que carecen de ellos (algo seguro, por otra parte), o incluso se cuestionan qué valores van a transmitir a sus hijos, con recelo.

Yo sí agradezco que regulen comportamientos de manera positiva y que transmitan la necesidad de cooperar, de respetar al otro, de no actuar con mezquindad, de compartir, de entender que somos iguales y a la vez diferentes. Sí que creo que es su función, porque nuestros niños pasan muchas horas en sus centros escolares, porque siempre es mejor que lo que escuchan en casa se refuerce en el colegio, porque hay niños que no escuchan precisamente eso en casa, porque es responsabilidad de todos intentar que las nuevas generaciones sean mejores que nosotros.

Parece que la mayoría pensamos así:

Hace cosa de un mes me dio por preguntarlo desde facebook. Y esto es lo que me encontré:

Javi: Yo creo que transmitir valores es compatible con transmitir conocimientos, se pueden hacer ambas cosas a la vez perfectamente. E incluso diría que, hoy día, se le debería dar un poco menos de peso a los conocimientos y más a los valores.

Gemma: La LOMCE especifica que uno de los primeros objetivos es ENSEÑAR A SER PERSONA.

Susana: Valores que no tengan nada que ver con política y religión.

Bei: La LOMCE lo dice, los currículos de las comunidades autónomas no, hablan de contenido y contenido y más contenido. Que no recordarán después… Realmente para mí no deberían ser valores transversales, sino asignaturas troncales. Los valores quedan para siempre. Y es más, hay niños que pasan más tiempo en el colegio que en sus casas o vienen de familias desestructuradas del todo, y no solo eso, la escuela debería servir para paliar esas diferencias. Una escuela centrada en el contenido y no en el niño pierde su función social. Por otro lado, a los docentes no se les forma en estas competencias, algunos lo hacen con su tiempo y recursos, así que aprovecho para darles las gracias y todo mi reconocimiento

Andy: Los conocimientos están a un click de distancia. Hay que enseñar valores, pensamiento crítico, inteligencia emocional… Hay un cambio de paradigma y la educación debe adaptarse o perecer.

Danae: Creo que los valores humanos los debemos trasmitir todos como sociedad a los niños.

Paloma: Yo siempre digo que los niños,cuando nacen,son libros en blanco,en los que tú tienes que empezar a escribir Y cuando empiecen a pensar por ellos mismos,lo continúen.Los valores,se maman…..Pero nunca viene mal un poco de ayuda en los coles.

Raquel: Creo que es muy conveniente que acompañen el conocimiento con los valores, pero siempre de forma aséptica y respetuosa con la individualidad de cada alumno.

Sonia: La enseñanza en valores es compartida, yo creo. Es un trabajo de la familia pero la escuela no es solo un lugar donde transmitir conocimientos. Es formar personas también, el colegio es espacio de convivencia.. con iguales y fuera del “amparo” de la familia. El problema es cuando ese “trabajo” se descompensa.

Magdalena: Creo que sobre todo debemos ser buenos ejemplos para nuestros alumnos y para eso debemos ser buenas personas,educados,respetuosos,puntuales, trabajadores…que vean que nos encanta aprender,que nos encanta leer y viajar y conocer otras culturas. Pienso que transmitir valores es casi más importante que transmitir conocimientos.

Kylie: El maestro enseña valores y conocimiento,aunque los primeros los niños ya los deben de traer de casa igual que la buena educación, pero no es sólo responsabilidad del maestro eso sino de los padres también.

Noemi: Ambas cosas, un profesor puede llegar a ser una inspiración, un guía…nos enseñan, educan y nos transmiten ideas, valores, respeto y si empatiza con sus alumnos…un profe ideal

Almudena: Es obligatorio. Pero no solo es una obligación moral o ética. Es una obligación legal. Solo hay que leer la LOMCE para verlo. Curioso, yo lo que me encuentro mucho más es docentes, sobre todo en secundaria, que dicen aquello de que en casa se educa y en la escuela se enseña. Además de que efectivamente es obligación de la escuela educar, es que es imposible que no lo haga. Lxs niñxs y adolescentes pasan mínimo 4 horas y media diaria en la escuela ¿Como no va a educar? Educamos todos, las familias, lxs docentes, la tele, el vecino del quinto, las redes sociales, etc.Y del mismo modo todos trasmitimos nuestros valores, incluso aunque pensemos que no lo hacemos

Mayte: Clarito lo tengo! EDUCAR ES TRANSMITIR VALORES las materias solo constituyen un medio de conocimiento. El concepto educador es superior al de profesor por eso mismo. Sólo se trata de elegir! Un buen profesor es asimismo un buen educador para la vida y no sólo un técnico

Ana: Valores humanitarios, respeto, empatía, solidaridad. Y pensamiento crítico, eso es vital. Claro que todo esto también es político….

Cuando el colegio te dice que tu hija de 7 años no puede ir a una excursión por tener diabetes y una bomba de insulina

Hoy, 14 de noviembre, es el Día Internacional de la Diabetes. Un día instaurado en 1991 para concienciar sobre esta patología, para prevenirla en los casos en los que es posible, para normalizar el hecho de vivir con diabetes, para promover su investigación…

Bomba de insulina de Medtronic.

Hoy es el día perfecto para hablaros de unos padres que están siendo ejemplares en cómo encarar la vida con un hijo con diabetes, que están logrando que su niña crezca sana y feliz, sin perderse nada, consciente de su enfermedad pero sin vivir dominada por ella.

Una niña, unos padres, que merecen toda la ayuda y el apoyo por parte del centro escolar en el que la pequeña pasa tantas horas y sobre el que pivota en gran medida su mundo. Lo que no pueden encontrarse es que ese colegio les meta palos en las ruedas. Palos nacidos de la falta de voluntad por hacer las cosas bien, de la falta de empatía, ni más ni menos.

Hoy solo voy a ser el altavoz de un padre que solo quiere lo que es justo, que su hija sea igual que el resto de sus compañeros, que pueda acceder a las mismas experiencias.

Sirva además la carta de este padre como ejemplo de lo que con frecuencia enfrentan los padres de niños con diabetes en los colegios.

Demasiado a menudo se encuentran con profesionales de la enseñanza a los que les puede el miedo, las pocas ganas de complicarse la vida o directamente la mezquindad, olvidando que sus decisiones tienen efecto directo en la memoria, el desarrollo y la ilusión de los niños.

Mi hija tiene 7 años (esta semana hace los 8), va a Tercero de Primaria, le gusta dibujar y el teatro. Le encantan las manualidades y si se encuentra una caja de cartón, ya esta ideando en qué puede transformarla. Como esta semana es su cumpleaños, está súper nerviosa pensando en los regalos y en la fiesta. Y además  de todo esto, tiene Diabetes Tipo 1. La Diabetes lleva con ella 7 años, así que es de esas “anomalías” que ha integrado y hemos integrado en nuestro día  a día de tal forma que es completamente normal. Y siempre hemos querido que fuera así. Como padres nunca hemos querido que nuestra hija tenga un trato de favor especial por tener diabetes, sí que queremos que ella sea consciente de la enfermedad y que sea responsable con ella, que aprenda a controlarla y gestionarla para que no le resulte un impedimento. La hemos enseñado que la diabetes es una patología pero, y muy importante, NO ES UNA EXCUSA, que ella puede hacer todo lo que se proponga sin que la diabetes se lo impida.

Hace 7 años, me prometí a mi mismo, que educaría a mi hija desde la NORMALIDAD, es decir que haríamos lo posible para que la diabetes no ocupara mas espacio del que se merece, estaría presente en nuestra vida, pero no sería la protagonista. Hemos ido pasando hitos como la primera vez que se quiso quedar a dormir con alguna prima, la primera fiesta de cumpleaños con chuches a todo trapo, el primer fin de semana que la hemos tenido que dejar a cargo de algún adulto que no fuéramos nosotros, cuando entró en el colegio, cuando hizo la primera excursión. Un montón de primeras veces que hemos ido capeando, planificando, y lidiando. Hasta que llego la primera excursión con el colegio con noche incluida.

Este año es el primero que se van a una granja escuela y pasan allí dos noches. No es una actividad sorpresa, se lleva haciendo años en el colegio (un centro concertado de la zona sur de Madrid del que de momento prefiero no dar mas datos). Y los niños llevan hablando de ello desde que empezaron Primaria, conocedores de que será su primera gran salida con los amigos. Desde que vino con la autorización a casa todos los días salía algo de la excursión: “Voy a dormir con Menganita y vamos a montar a caballo, y creo que puedo llevarme un móvil  para llamaros, y ¿las literas son de 2 o de 4? Porque Fulanito dicen que son de 4… entonces ¿puedo dormir con mas amigas? Y…”
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La hora del patio: ¿Territorio con o sin ley?

Yo acudí a un colegio al que solo íbamos niñas. Eran otros tiempos en los que no se daban cuenta de que el colegio debe prepararnos para salir al mundo, y el mundo está integrado por hombres y mujeres. En fin, la cuestión es que solo había niñas en el colegio y también, claro está, en el patio a la hora del recreo. Las monjas y las profesoras (con frecuencia monjas y profesoras al tiempo), nos dejaban a nuestro libre albedrío ese ratito. Ellas, porque no había tampoco hombres enseñando, se dedicaban a sus asuntos. Esos asuntos a veces las llevaban a cruzarse el patio, pero de camino a sus cosas. En alguna ocasión recuerdo que nos fichaban a las alumnas mayores para ir al patio de los parvulitos a vigilar, soltando de forma irresponsable demasiada responsabilidad sobre los hombros de niñas de catorce o quince años.

Estar a nuestro libre albedrío significaba que nos tomábamos nuestra merienda y, cuando éramos más pequeñas, jugábamos a lo que se nos ocurría. Hasta los doce o trece años todavía había carreras por el patio sin que nos importara ir con la falda al viento y saltábamos a la comba o a la goma que nos habíamos traído de casa. Tal vez mirábamos e intercambiábamos cromos. A partir de esa edad se acababa el correr y el deporte favorito era la charla.

Había una cancha en la que podríamos haber jugado al baloncesto, al balonmano, al voley… pero era muy raro que nos diera por practicar algún deporte de balón. Tampoco se nos animaba ni se nos facilitaba con qué hacerlo. Lo del fútbol era inconcebible. Las chicas no jugaban a eso.

Ahora apenas hay colegios que no sean mixtos, afortunadamente, pero sigue habiendo un gran número de centros en los que el patio sigue siendo un espacio en el que los niños hacen lo que les da la gana, mientras se encuentre dentro de la legalidad vigente y las normas de convivencia del cole en cuestión.

Eso se traduce en muchos casos en lo que muchos padres me consta que llaman “la dictadura del fútbol”: patios copados de puntapiés al balón que no permiten otros juegos y actividades, niños y niñas a los que no se la da bien y quieren participar relegados a ser porteros y árbitros, niños y niñas que pasan del fútbol (o que pasan de cualquier actividad física) dedicados a actividades sedentarias de forma prematura.

(GTRES)


Sé que el momento del patio tiene que ser un momento de libertad para el niño, de diversión, de actividades no controladas, pero cada vez hay más colegios que intentan encontrar el equilibrio entre esa necesidad de los niños y esa función de la hora del recreo estructurando actividades, imponiendo algunas restricciones, haciendo propuestas de juegos no dirigidos…

Colegios que limitan el fútbol a dos días por semana, que piden a sus alumnos que sus padres y abuelos les hablen de juegos tradicionales para jugarlos en el recreo, que tiran de viejas bicicletas y patines para que haya un día sobre ruedas, que reservan una zona del patio a juegos tranquilos para que los que quieran leer o jugar a juegos de mesa puedan hacerlo cómodamente… Hay muchas iniciativas, y yo me inclino a valorar positivamente a los colegios que apuestan por considerar el patio como una oportunidad para educar y no como un territorio sin ley, unos minutos para echarse un cigarrito junto a la tapia (detesto ver a maestros fumando al alcance de la vista de sus alumnos, aunque ese es otro tema) y que los niños hagan lo que les de la gana.

¿Y vosotros?

(GTRES)

“Hace 40 años estaría en una institución mental. Ahora veo cerca mi sueño de ir a la universidad”

Hace casi dos años, coincidiendo con el arranque de curso, la famosa vuelta al cole, escribí un post recordando la labor de los maestros de educación especial, esos de los que pocos se acuerdan entre mucho reportaje del peso de la mochila, el coste de los libros de texto, el uniforme sí o el uniforme no o los chavales que no han logrado plaza en los colegios de su elección.

Entre todos los comentarios que tuvo esa entrada, muchos muy críticos con el trabajo de esos profesionales pero sobre todo por esos lugares comunes que son sus supuestos buenos sueldos y largas vacaciones, un comentario brilló con luz propia.

Era el de un chaval de 17 años con asperger, que espero que en estos momentos se encuentre ya en la universidad, avanzando feliz. Un comentario lleno de agradecimiento de un chico con suerte, (sí, con suerte, porque ni mucho menos es siempre así y también hay maestros que restan) que ha sido capaz de reconocer lo que le han servido las manos tendidas de unos buenos profesores.

Buenas noches. Tengo 17 años. Tengo asperger desde nacimiento. Es un tipo de autismo. De los leves-moderados pero autismo.

Mi inteligencia es normal pero tengo muchas limitaciones. Me da miedo la gente, los sonidos, algunos lugares, no entiendo las bromas ni las ironías. Me han dicho que en eso tengo suerte porque así me ahorro de escuchar muchas estupideces. Parece ser que tienen razón. Así que no puedo usarlas tampoco. Soy obsesivo de muchas cosas. Del orden. De la ortografía perfecta. De otras cosas también.

Tardé mucho en hablar. Tengo buena memoria y aun recuerdo a mi logopeda. Gracias Lorena por tu paciencia y amor.

Tengo mal la psicomotricidad fina. Pero ahora soy rápido escribiendo tanto manualmente como por ordenador y móvil. Gracias José Manuel , mi profesor de lengua , sin ti no habría llegado a dónde estoy.

A ustedes los padres, me congratula ver que muchos agradecen la labor de los profes. Yo, como alumno con necesidades especiales, quiero darles las gracias a todos por su labor. Su cariño cuando me dan los ataques de pánico. Su paciencia cuando me cuesta el doble hacer muchas cosas.

Se me dan bien las matemáticas pero no entendía el dinero. Gracias a mi profe Gonzalo ahora puedo ir a comprar solo muchas cosas.

Las tardes con Marisa que me enseña habilidades sociales porque no sé comportarme en sociedad ni como establecer comunicación con mis compañeros.

Gracias a mi profe de educación física por integrarme en deportes cuando una de mis limitaciones es no saber jugar en equipo.

Gracias también a mis compañeros. Porque mis profes se han encargado de enseñarles a aceptarme. A quererme. A ayudarme.

Tengo una memoria prodigiosa. Como mucho autistas de alto funcionamiento, como así nos llaman. Y gracias a esta memoria nunca olvidaré a cada uno de ellos. Unos señores que han conseguido que sea un chico independiente y feliz.

Casi me siento como todo el mundo. Señores hagan caso de lo que dice un estudiante agradecido. Aparten lo malo y quédense con lo que yo les digo. No dejen que ese cariño lo empañen señores o señoras que no han experimentado nunca un cariño como el que yo he recibido . Como el que aún recibo.

Gracias a ustedes. Mis logopedas. Mis maestros. Y también a mis papás y a mis hermanitos.

Que tus hijos  encuentren un buen maestro es maravilloso, que tus hijos con autismo encuentren un buen profesional que se vuelque en ellos, es sencillamente un tesoro de un valor incalculable, algo que puede marcar la diferencia para bien en muchas vidas.

Muchas veces somos los padres los que lanzamos piedras contra la labor de estos profesionales, que hacen más de lo que pueden o están obligados pese al poco tiempo, los pocos medios, las trabas administrativas… Pocas se lo agradecemos como merecen.

Así que hoy, con el curso casi recién terminado, gracias de todo corazón a los buenos maestros, a los de Especial o a los que simplemente son especiales, a los que se dejan la piel con nuestros chicos, con o sin autismo.

No creáis nunca que vuestros desvelos no merecen la pena.

GTRES

¿Qué opinan los profesores de los regalos que las familias les suelen hacer al final del curso?

Casi diez años de blog dan para mucho, y he escrito en dos ocasiones de los regalos que las familias le dan al final de curso a los profes, que se entregaron por toda España a lo largo de la pasada semana. Un tema que cada año, cuando acaba el curso (bueno, y también si el profesor se va antes por algún motivo o si se casa, es padre o incluso es su cumpleaños), es recurrente entre padres recientes.

Este año ha salido de nuevo a colación, por supuesto. En mi entorno, físico y virtual, hay gente que me pregunta si ya he escrito del tema. Gente que me comenta que participa sin estar de acuerdo por no ser el raro que no quiere entrar en la rueda del agradecimiento organizado, gente que sí que ha dado el paso de distanciarse de esta práctica, gente que lo defiende como un bonito gesto sin más complicación, gente que me cuenta que está de acuerdo en dar un detalle pero que se está yendo de madre y que ha visto regalos tipo iPad, viaje de tres días a un parador o bolsos de casi mil euros entregados a modo de regalo de despedida de curso.

Pero ya está bien de hablar de lo que los padres opinamos. He recordado que en aquellos dos viejos posts míos hubo muchos profesores dando su opinión. La última entró precisamente la semana pasada y fue la siguiente:

Manuel Rodríguez

Yo soy maestro y también padre. He vivido los malos rollos que se aparecen en torno al regalo del profesor desde estas dos vertientes. Por supuesto estoy totalmente en contra del regalo al profesor. Yo siempre hago saber a principios de curso a la madre delegada que no acepto regalos. Será mi educación, o seré tonto para algunos compañeros. Lo cierto es que desde pequeño mi padre me enseñó a no aceptar dinero de familiares. Fíjense tan pequeño y con 5 euros que me ponían en la mano para comprar caramelos… mi padre me educó en no aceptar regalos. Y también aprendí de pequeño que por encima del dinero existen sensaciones y sentimientos que no se pueden expresar con dinero ni nada material. Y por mucho que mi compañera me cuente lo bien que se lo pasó con el spa, el masaje para ella y su compañero… sigo con mis principios. Con el paso del tiempo mi postura de no aceptar regalos ha calado hondo en los padres y se está contagiando el deseo de no hacer regalos al profesor. Por mucho que le pese a algunos de mis compañeros.

Una vez me intentaron dar 150€ en tarjeta regalo de El corte inglés. Que no acepté. Al principio las madres se enfadaron conmigo porque no podían recuperar el dinero. En esa clase los niños me requerían mucho. Así que un sábado por la tarde convoque a todos los padres en El corte inglés (ya en verano), me ayudó la madre delegada, y con esos 150 euros hicimos un regalo a los niños y niñas. Y ese sábado fue inolvidable para mí y sobre todo para los padres. Cada vez que me los encuentro, me lo recuerdan, y comentario es, “esto que hicisteis aquel sábado si que fue un regalo que guardaré en mi corazón”.

Así que he decidido recuperar los que otros veintidós maestros y profesores me comentaron y traerlo aquí, a modo de reflexión y de invitación para que otros también opinen.

El anonimato de los comentarios de un blog invita a los indeseables, a los poco respetuosos con las opiniones ajenas, a los que tienen ganas de bronca, a los que disfrutan provocando… pero también pueden servir, como en este caso, a que se exprese lo tal vez no se puede de otra manera, porque es muy difícil decir “no gracias” o “preferiría que” ante un presente en nombre de unos niños.

Gema

Yo como maestra veo exagerado regalos caros, el propio profesor se ve en una situación incómoda y los padres no tienen esa obligación, pero en cambio siempre me ha gustado lo de regalar alguna manualidad, un álbum de fotos o un montaje de vídeo con fotos de todo el curso, ese tipo de detalles, cuesta mucho menos, hace más ilusión y yo creo que el profesor lo agradece más, yo por lo menos, creo que valoras más el trabajo del profesor si dedicas un poco de tu tiempo a recopilar y preparar unas fotos que simplemente recoger dinero y comprar cualquier cosa como si fuese un mero trámite.

Guillermo

Hola, soy maestro de Primaria con más de 20 años de dar clases. El tema de los regalos es muy espinoso. Particularmente he tenido años con regalos (algún bolígrafo, una placa, etc) y muchísimos que no ha habido nada. Particularmente, prefiero que no haya regalos. Me quedo con las caras de los niños cuando les dices que al año siguiente sigues con ellos o que no lo haces. Cuando te traen algo se lo agradeces, pero muchas veces sabes que es por no dar la nota frente a otros padres, sabiendo que esa madre no te puede ni ver aunque su hijo te adore. Ya pasaron los años de los aguinaldos, las propinas y los regalos al Maestro (fuerza viva del pueblo). Somos trabajadores como el resto, con una función que cumplir (aunque a diario hagamos de padres, psicólogos, enfermeros, etc mucho más de lo que nos obliga nuestro trabajo). Si alguien quiere agradecer a un maestro su trabajo, es muy fácil… un gracias y feliz verano, esperó verte en septiembre ! Es el mejor regalo para un docente de vocación.

Elsa

Como hija de maestra, con suerte emancipada en breve, he de decir que por lo menos para mi madre los detalles que hacen personalmente los niños, manualidades, cartas, bizcochos… son los que más ilusión le hacen, de hecho un año sí que quisieron regalarle bisutería los padres y ella lo rechazó, será porque es profesora de educación física. En todo caso en casa tiene su vitrina con las manualidades más extrañas. Concretamente uno que me emociona hasta a mí, es una carta que le escribió una niña colombiana que tuvo que volver a su país porque sus papás se quedaron sin trabajo. Destilaba amor, cariño y respeto, ¡hasta se la quería llevar con ella!. Desde mi opinión deberíamos dejar lugar a la imaginación de los niños dejar que ellos se expresen sobre ese maestro si le quieren y si les ha tratado y educado bien, en vez de irnos a lo materialista y capitalista que la mayoría de las veces son regalos vacíos. Esos sí que terminan en la basura porque no significan nada.

David

Para los que piensan que un maestro por ver que una familia no le ha hecho regalo, al año siguiente va a mirar mal a su hijo, no tienen ni idea de lo que sentimos por los 25 niños que al menos 25 horas semanales están a nuestro cargo. Y digo al menos porque otros se pasan casi 50 horas en el colegio. Intentamos hacer nuestro trabajo lo mejor que podemos y sabemos, y si alguien quiere tener un detalle con nosotros que lo tenga, como yo lo hago, regalándole un CD con las fotos que he ido haciendo durante el año o comprando materiales para el día de la madre. Porque me regalen algo valorado en 100 euros tu hijo no va a tener mejores notas. El mejor regalo es el último día de cole y un niño se te acerca y te dice que te va a echar de menos.

Juan

Soy profesor en secundaria y bachillerato. A mí no me regalan nada, ni lo espero; en los últimos diez años, solo la madre de un alumno al que ayude un poco un verano (nada, resolver alguna duda tomando un helado, recomendar alguna lectura interesante, poco más) tuvo el detalle de regalarme un libro como gesto de agradecimiento. También mis alumnos a veces me han sorprendido con algún pequeño detalle, como el primer curso del que fui tutor, hace años, que al finalizar el curso me regalaron una especie de diploma firmado por todos, que reconozco me hizo aflorar una lagrimilla y que guardo como un tesoro. Y los alumnos de 2º de bachillerato, que suelen tener algún detalle con sus profesores el día que se hace la fiesta de graduación (una botella de vino, cosas así). Caso distinto con sus tutores, a los que rivalizan por hacer el regalo más caro (relojes buenos, bonos de hotel, etc), cosa que ya me parece excesivo. Por otra parte, tengo una niña pequeña, todavía no va al cole, pero cuando vaya, sí que seré de los partidarios de obsequiar con pequeños detalles, no cosas caras ni importantes, a sus maestros, especialmente a los que le traten bien y le enseñen cosas buenas y útiles. Pienso que un maestro es algo más que un simple empleado con su sueldo, es un segundo padre/madre, enseñan cosas buenas y que duran toda la vida. No soy partidario de las cosas caras, pero alguna botellita de buen vino seguro que caerá, bastante atacados ya están desde el poder como para que la gente normal no les reconozcamos.

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La mitad de los niños con autismo ha sufrido acoso escolar #StopBullying

Casi la mitad de los niños con Trastorno del Espectro del Autismo (TEA) sufre acoso escolar, una proporción cuatro veces mayor que en la población general; un 46,3% frente al 10,6% de la población sin este trastorno o sin discapacidad.

No son datos nuevos. Se conocen hace tiempo y proceden de Estados Unidos, pero no cuesta pensar que son extrapolables a España. El diferente suele ser objetivo.

Los recordé el sábado, en las jornadas que Autismo Diario llevó a cabo en Aleph TEA cuando Daniel Comín decía lo siguiente:

Me acordaba de ellos gracias a la (tan necesaria) campaña que ha lanzado estos días la Federación Autismo Madrid. Con el nombre #StopBullying No cuentes conmigo. Por el respeto de los talentos diferentes, quiere poner el foco “en hacer visible la lacra del acoso escolar” y también “en los testigos del acoso escolar, compañeros y amigos que no denuncian la situación”.

Esta campaña tendrá presencia en centros escolares, donde la Federación Autismo Madrid impartirá charlas-coloquio con estudiantes para concienciar y sensibilizar sobre una realidad, que según los últimos datos afecta a más del 52% de las personas con TEA. A falta de estudios concluyentes, (se está realizando en la actualidad el primer estudio sociodemográfico nacional para poder dar datos más certeros, a la vez que en Europa trabajan para tener un censo real), se estima que aproximadamente 1 de cada 100 nacimientos tiene TEA. Este dato, ya de por sí perturbador, choca con una realidad aún más llamativa: la inexistencia de una sociedad concienciada.


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El problema del fútbol que acapara los patios de los colegios

(GTRES)

Tenía que escribir de este tema por petición popular. Ayer una amiga me pidió que asomara este tema al blog, y es la cuarta persona que me lo comenta en pocos meses. Me lo pedía enviándome un enlace de una noticia de 2014 que contaba que 150 colegios en el País Vasco iban a reorganizar los juegos en el patio, apoyados en experiencias que indicaban que incorporar diabolos, frisbees, bates de béisbol, indiacas… había mejorado “la integración entre chicos y chicas y entre diferentes edades”.

“Estaría bien saber cómo ha resultado tres años después”, me decía. Sí que lo estaría. Cierto.

Es curioso que en esa misma noticia también apuntaban a que el equipamiento destinado al fútbol en los centros escolares era muy superior a cualquier otro. Lo de que en este país el fútbol sea el deporte rey alcanza todos los ámbitos, probablemente muchos con exceso.

También me han llegado iniciativas de limitar el fútbol a uno o dos días, y que el resto de la semana el patio esté dedicado a otros menesteres. Y me parece estupendo. A ver, que está genial jugar al fútbol, pero hay otros muchos juegos posibles. Probablemente más integradores como comentaban desde el País Vasco.

Parece que sí, que el problema de que los niños futboleros acaparen el patio e impidan otros juegos es muy frecuente, sobre todo en los centros que no cuentan con demasiado espacio para el esparcimiento infantil.

(GTRES)

La “dictadura del fútbol en los recreos” recuerdo que bautizó una de esas personas que me habló del tema a los conflictos que se generan, que van más allá del uso del patio para darle al balón impidiendo otros juegos y apartando con frecuencia a las niñas.

Es un hecho que incluso niños muy pequeños tienden a considerarlo un juego de chicos en el que las niñas no deberían meter las narices o que se toman poco en serio que quieran hacerlo. Mi hija de siete años, que es muy activa, coordina bien sus movimientos y gusta de correr y saltar, intentó uno y dos cursos atrás jugar con sus amigos al fútbol, pero la ponían únicamente de arbitra y portera. Claro, se cansó y se dedicó a otros juegos.

Pero también los niños varones tienen problemas. Conozco a madres cuyos hijos detestan el fútbol y están hartas de que los consideren los raros, que parezca obligado que tengan que disfrutar dando patadas a un balón. Conozco a otros niños que no sienten ningún entusiasmo especial por el fútbol pero que se sienten obligados a fingirlo y se empeñan en integrarse los partidillos que se organizan. Y los hay que disfrutan enormemente jugando al fútbol pero que no fueron dotados con las condiciones atléticas necesarias para hacerlo bien y se ven señalados como paquetes y relegados en el juego. Y hablo de niños muy pequeños, de entre cinco y ocho años que no se están jugando absolutamente nada.

Y luego están los niños con necesidades especiales, con autismo, para los que los juegos de equipo son uno de sus mayores hándicaps. Mirad lo que me contaba una mamá hace no mucho tiempo:

Yo tengo un nene con trastorno de espectro autista (Asperger). Lleva diagnosticado desde los 6 años y ahora tiene 9. Va a una escuela ordinaria y cada día lo pasamos peor y uno de los mayores problemas que le ocasiona muchísima ansiedad es el tema de fútbol. Mi hijo no entiende los juegos en equipo, por mucho que se le explique tiene una capa impermeable en su cabeza que por mucho que lo intente y le ponga ganas no capta las normas del juego. Él cada día esta más obsesionado en querer integrarse en los partidos de fútbol que juegan a la hora del patio, el problema es que esos niños llamados compañeros no le dan esa oportunidad… me viene llorando a casa diciendo a que es sus amigos no le dejan jugar a fútbol porque él es muy malo… Yo sé que a él no le gusta nada el fútbol (tiene otras habilidades) pero le gustaría integrarse con ellos y no se lo ponen fácil. A mí me rompe el corazón como madre porque gracias a toda la lucha que llevamos en estos 6 años hemos conseguido que dé muchísimos pasos adelante. Hace unos años pensaría que seria imposible, pero ahora me doy cuenta que muchas situaciones no dependen de él por ser diferente… dependen de la poca ética y poco respeto que tienen los otros niños. Y te das cuenta que ellos tampoco tienen culpa. La culpa la tienen sus progenitores y no hacen más que enseñarles con rivalidad sin importar a quien pisoteen.

No sé si los progenitores serán siempre los culpables. La competitividad es algo casi ambiental. Lo que sí tengo claro es que los maestros no pueden desentenderse de lo que pasa en el patio. Su responsabilidad en esos tiempos no se limita a vigilar que no se abran la cabeza. Si hay niños con necesidades especiales involucrados, con mucho más motivo.

¿En los colegios de vuestros hijos existe estos problemas? ¿Hay limitaciones para el uso del patio?