Archivo de mayo, 2020

¿Debería haber un Día del Niño en España? Piden al Gobierno que sea el 26 de abril, el día que salieron de nuevo a las calles

Este año hemos vivido un día del padre confinado y un día de la madre mirando las fases de la desescalada. Pero da igual lo peculiares que hayan sido, mi hija ha vuelto a preguntarme tras celebrarlos bajo techo que porqué no hay un día del niño en España. En este 2020 añadiendo a sus argumentos para defender su existencia que en otros países como Japón sí que existen, incluso diferenciados por sexos.

Me consta que es una pregunta que hacen muchos niños, otros padres más o menos recientes me lo han chivado. Las respuestas suelen coincidir: que si los días del niño son todos, que si es el día de Reyes o de Navidad…

Todos estarían encantados con la propuesta que acaba de poner sobre la mesa la Fundación Crecer Jugando, vinculada a la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ), una petición que van a elevar al Gobierno: quieren que el día 26 de abril, el día que los niños pudieron salieron de nuevo a la calle tras 42 días encerrados, sea instaurado como el Día del Niño.

Aseguran que es una manera de “reconocer el comportamiento ejemplar de los más pequeños durante este periodo de confinamiento”, también “subrayar la importancia del bienestar de todos los pequeños y reivindicar el juego y el juguete”, que “es una herramienta imprescindible para su desarrollo, ayuda a conformar su personalidad, estimula el aprendizaje, la creatividad y ayuda a socializar y reconocer los entornos más próximos del niño”.

A nadie se le escapa que también quieren vender juguetes. En un sector tan exageradamente marcado por la estacionalidad, instaurar otro día en el que regalar a los niños sería un gran logro para el sector.

En el manifiesto que han elaborado utilizan el mismo argumento que mi hija, recuerdan que “la Asamblea General de las Naciones Unidas instituyó un Día de los Derechos de los Niños en noviembre e instó a que todos los países instauraran su propio Día del Niño, sugiriendo a los gobiernos que celebraran este día en la fecha que cada uno de ellos estimara conveniente. Países como Alemania, Portugal, Polonia, Brasil, Argentina, México o Australia, entre otros, ya lo tienen contemplado”.

También que “el 28 de mayo es una fecha reconocida en muchos países por celebrarse el Día Internacional del Juego” y que el juego es un Derecho Fundamental de la infancia reconocido por la ONU”, manifestando que:

▪ Los juguetes son las herramientas con las que los niños y las niñas adquieren conocimientos y comportamientos que formarán parte de su desarrollo como personas.
▪ El juego estimula la curiosidad, motor de cualquier aprendizaje y el afán de conquista y de superación personal.
▪ Ayuda a expresar opiniones, sentimientos y desarrolla funciones físicas, psíquicas, afectivas y sociales.
▪ Además, el juego favorece la interiorización de normas y pautas de comportamiento social.

Nadie en sus cabales va a negar la importancia del juego. En nuestro país creo que está tan ampliamente aceptado que la los niños tienen que jugar, que es una necesidad para ellos, que no sé si es preciso subrayarlo instaurando un día que tal vez va a acabar desembocando en más gastos para las familias. Que sea un día que reivindique los derechos de la infancia, todos ellos, que ponga el foco también en problemáticas existentes más allá de nuestras fronteras, tal vez tendría más sentido. Pero ya hay días internacionales vinculados a la infancia de todos los colores.

No sé qué pensáis vosotros, no sé si creéis que la petición de la AEFJ tiene sentido.

Bragas menstruales: una buena opción para cualquier mujer, sobre todo para aquellas con discapacidad y niñas que empiezan con la regla

Hoy, 28 de mayo, es el Día de la Higiene Menstrual, cuyo objetivo es concienciar y educar sobre la importancia de seguir hábitos saludables, un día para erradicar mitos e informarnos con naturalidad y rigor. Un buen día para que os hable de algo que tengo pendiente hace demasiado: las bragas menstruales.

Pero antes, tengo que remontarme un par de años en el tiempo, a una conversación con una amiga que tiene una hija adolescente con discapacidad intelectual. Un feliz torbellino rebosante de sonrisas que acababa de empezar con la regla. Recuerdo perfectamente a esta amiga contándome, con muy buen humor, todo hay que decirlo, la odisea que suponía gestionar la menstruación. “Ponerle un tampón es imposible, pero las compresas se le mueven, le molestan, se las quita, y las lía muy gordas. Su hermano mayor, que es un santo, está curado de espanto y me ayuda a ponerle y quitarle las compresas sin el menor problema”.

Aquello que me contó entonces, lo he visto repetido más tarde. Adolescentes con discapacidad intelectual para las que ni compresas, ni tampones, ni copas son la mejor opción, con las sus familias y educadores tienen que trabajar para que puedan gestionar su menstruación de la manera más autónoma y correcta posible. Con ellas en mente, me topé con la existencia de las bragas menstruales y me planteé que, de ser cómodas y seguras, podían ser una buena respuesta. Además de para mujeres con discapacidad, también para niñas como mi hija, que con once años está a punto de tener su menarquia y que ya me ha dejado claro tras leer el altamente recomendable manual ilustrado ¡Hola menstruación! que tampones y copas tampoco le atraen nada en un primer momento.

Pero no solo podían ser buenas compañeras para mujeres con diversidad funcional o que empiezan a menstruar. Yo soy la primera que nunca me he sentido cómoda con tampones; me resultan especialmente incómodos al principio y final del ciclo y solo los he usado en situaciones de fuerza mayor: piscina y playa ineludibles, pero imaginar ese algodón empapándose en mi interior de agua de piscina o mar nunca ha sido santo de mi devoción. Intenté la copa menstrual, porque a mi alrededor hay mujeres felicísimas con ella, pero no acababa de sentirme segura y me parecía una solución engorrosa fuera de casa. Así que mi universo ha estado casi exclusivamente limitado a las compresas durante tres décadas.

Para comprobar si eran una buena alternativa, nada mejor que probar su eficacia y comodidad en primera persona. Estuve indagando y pronto me quedó claro que las bragas menstruales más baratas, de calidad más cuestionable, no iban a ser una buena solución. Otra amiga me confirmó que unas de ese tipo que compró por internet pueden ser un buen complemento a la compresa, copa o tampón, pero no valen por sí solas. Son más semejantes a las típicas bragas que tenemos asimiladas a los días de regla por su comodidad con un punto extra de seguridad, que un sustituto a otros sistemas.

Una de las braguitas de Cocoro.

Durante varios meses he podido probar bragas de dos marcas de calidad para flujo abundante, Saforelle y Cocoro, y la verdad es que este producto se ha convertido en algo sin lo que ahora me costaría mucho vivir. Ya no he vuelto a usar compresas, con lo que eso supone de ahorro y sostenibilidad.

Tenía muchas dudas cuando me lancé a este testeo, dudas que imagino compartirán muchas personas. La primera, y probablemente la más importante, es si eran capaces de aguantar el flujo sin escapes. Es difícil afirmar con toda seguridad que serán del todo fiables para todas las mujeres, pero en mi caso no ha habido ningún accidente y las he puesto a prueba a conciencia, saliendo a correr e incluso montando a caballo (eso con las Saforelle, que son algo más recias). Ninguna noche hubo la menor fuga, y yo soy de las que de noche necesita una compresa especialmente grande y concebida para ese momento del día, y aún así a veces me fallaban. A día de hoy voy con ellas con la absoluta seguridad de que no va a pasar nada.

La segunda es si son cómodas. De nuevo solo puedo hablar por mí, y sí que lo son. Importantísmo, porque me consta que para las mujeres con discapacidad puede ser algo especialmente relevante. Es cierto que son más robustas (las Cocoro algo menos) que las bragas que acostumbro a llevar, pero en ningún momento molestan. Bien es verdad, que son bragas que no conviene que nos aprieten y que no van a permitir el uso de esa ropa que requiere lencería que no marque, en color o en ajuste a la carne. Son negras y grandes, los pantalones blancos ajustados y los vaporosos vestidos semitransparentes tendrán que esperar en el armario días mejores.

La tercera gran duda. ¿Son prácticas? ¿No es un engorro andar limpiándolas? No me lo han parecido en absoluto. De hecho me sorprendió lo fácil que quedan perfectas a poco que se las frote bajo un grifo con agua templada y un jabón adecuado. Lo más importante es no meterlas en la lavadora (al menos con programas fuertes, las Cocoro aguantan un máximo de 30 grados sin suavizante) y no esperar, lavarlas cuanto antes. Si se las puede poner a secar al aire y al sol, mucho mejor.  Yo he estado lavando la de la noche a primera hora de la mañana bajo la ducha. Durante el día un par de ellas me han bastado. Es decir, que me he apañado perfectamente con tres unidades. Y pese a llevarlas ocho o diez horas, no experimenté ninguna sensación desagradable, como humedad por ejemplo.

Vamos a la cuarta y última pregunta. El precio. ¿De verdad compensan? Es cierto que no son bragas baratas. El culotte ultra absorbente de Saforelle se puede encontrar por un precio que oscila erte 22 y 29 euros. El equivalente de Cocoro son algo menos de 30 euros. Es decir, que tres bragas suponen una inversión de entre 80 y 90 euros. Un paquete de compresas de 32 unidades pueden costar unos cinco euros, pero en un par de ciclos se ha terminado. Un paquete de 20 tampones ronde los 3 o 4 euros. Pero a la larga es más económico, sin entrar en su sostenibilidad, exactamente igual que sucede con las copas menstruales, que también son más caras.

No digo que sean la mejor solución para todo el mundo, ni mucho menos, pero no os las estaría recomendando si no me hubieran convencido. Es una alternativa menos conocida, pero igual de válida que merece la pena sopesar. Tal vez especialmente en casos como el de mi amiga y su hija.

Es obligatorio llevar mascarilla y también recordar que hay discapacidades invisibles

Mi hijo no puede llevar mascarilla. Tiene autismo y discapacidad que le hace ser muy dependiente y no tolerarla. No es posible tampoco explicarle y que entienda la necesidad de llevarla.

Es una situación en la que se encuentran muchas personas con discapacidad de todas las edades.

Al elaborar la ley que obliga desde hoy a llevar mascarillas lo han tenido en cuenta y, en casos como el suyo, no es obligatorio.

Pero si le veis caminando a mi lado no notaréis que algo le pasa, os parecerá una adolescente sano y desmascarillado paseando junto a su madre y saltándose las normas.

De nuevo toca recordar que hay discapacidades invisibles.

Y enfermedades que también lo son. No nos precipitemos al juzgar a los demás.

Espero que no se repita, a cuenta de las mascarillas, las miradas que culpabilizan y los improperios a personas con discapacidad que trajeron los paseos al comienzo del estado de alarma.

Y para los que tenemos personas como mi hijo a nuestro cargo. Mucha prudencia por favor. Evitemos en lo posible entrar en lugares cerrados o caminar por calles muy transitadas. No salgamos si tenemos sospechas, por mínimas que sean, de que están enfermos. Extrememos el cuidado. Si enferman el aislamiento en casa sería imposible y un ingreso extremadamente complicado de gestionar.

Jaime no llevará mascarilla, pero el gel hidroalcohólico va siempre en su mochila y la conciencia de responsabilidad social en todos los que le cuidamos.

Un día de la madre en el que luchar contra la soledad y el dolor

Mis hijos tienen la doble suerte de tener a sus dos abuelas y de tenerlas muy cerca. Esta semana Julia hizo para ellas dos dibujos de sus flores preferidas, violetas y margaritas, y en el paseo con niños que está permitido a partir de las doce nos hemos acercado a dárselos. Las hemos felicitado desde la acera, alegrándonos de ver sus rostros sonrientes desde las terrazas y deseando poder abrazarnos pronto.

Somos muy afortunados. Estamos todos y estamos sanos. Soy consciente de que es un día de la madre lleno de soledad y dolor en muchos hogares.

Mucho ánimo a las madres y abuelas que estáis teniendo que celebrarlo en la distancia, tal vez solas, sin poder siquiera ver a vuestros hijos y nietos desde la altura de un balcón.

Los abrazos y los besos volverán. Solo hace falta un poco más de paciencia y de prudencia.

Pero mucho ánimo sobre todo a los hijos e hijas, a los nietos y nietos que han perdido a sus madres y abuelas durante estos días tan duros y extraños. Espero que un día como hoy las recordéis con más dulzura que dolor.

El amor que les tuvisteis sigue ahí; el cariño nunca se pierde y es la mejor constancia de que tuvieron una vida que mereció la pena, que tuvo un gran valor.