Nuestros diez juegos de mesa favoritos para lidiar con el confinamiento en familia

Los que me seguís sabéis de sobra que nos gustan mucho los juegos de mesa desde hace años y tenemos en casa, por suerte, una buena ludoteca. Siempre le hemos sacado partido, pero durante este confinamiento está siendo un recurso de un valor incalculable. Logran entretenernos, divertirnos, con una actividad que compartimos en familia y además sirven para que nuestra hija practique competencias curriculares, porque los juegos de mesa obligan a hacer cálculos, plantear estrategias, pulir la lógica e incluso aprender historia o geografía.

Hay muchas formas de hacer deberes, de aprovechar el tiempo. Ya hay profesores aprovechando a estos juegos en el aula. No tendría sentido que ahora que los padres nos hemos visto reconvertidos en maestros no aprovecháramos también los recursos lúdicos que tenemos a mano.

“Entrenamos a los niños en habilidades de memorización, matemáticas… pero en el cerebro no puedes separar los aspectos cognitivos de los emocionales y sociales. Vamos a poner un ejemplo: un niño tiene dificultad en el área matemática. ¿Qué se hace? Pues apoyo escolar y venga a hacer sumas y restas. Es un entrenamiento relacionando con una emoción negativa y que crea un rechazo. ¿Es útil ese entrenamiento? Pues no. El niño, al final de su etapa escolar va a tener una sensación de que eso no le gusta o no es bueno en eso. Para aprender un niño necesita juego y reto”, me contaba hace tres años para un reportaje la psicóloga Nuria Guzmán, que lleva desde cinco años constatando la efectividad del uso de los juegos de mesa, también con niños con TEA, en la asociación Afim 21.

“A cualquier edad nos gusta jugar y el juego es siempre una herramienta de aprendizaje. Evidentemente no puedes estar todo el día jugando, pero con el amplio catálogo que hay, el que no lo utilice es porque no quiere”, me comentaba el maestro y creador de juegos Manuel Sánchez Montero.

Los juegos que os voy a recomendar son al menos para tres personas, que son las que jugamos en casa (mi marido, mi hija de once años recién cumplidos y yo). De hecho son los juegos de mesa que más hemos usado en algo que se ideó mi hija, la ‘Copa Coronavirus’, un torneo para el que elaboramos una corona y todo que consigue el vencedor de la jornada.

De algunos de esos juegos ya os he hablado en el pasado más en profundidad, así que os dejo el enlace. Otros son nuevos y, si lo que os resumo os interesa, es fácil que encontréis cómo son de la mano de blogueros o youtubers especializados a poco que busquéis.

Potion Explotion. Hasta cuatro personas pueden pasar un buen rato. Se recomienda para niños a partir de ocho años, pero por mi experiencia con unos seis pueden jugar perfectamente, siempre que sean capaces de permanecer media hora sentados y atentos. De hecho la atención es precisamente lo que se puede trabajar gracias a este juego. ¿En qué consiste? Pues en elaborar pociones. Hay un dispensador con varias hileras de canicas de cuatro colores. Cada jugador elige dos pociones que exigen diferentes ingredientes/canicas. Cada vez que completemos una poción la reservaremos y podremos usarlas cuando las necesitemos. Tienen diferentes efectos: coger dos canicas juntas de distinto color, convertir las canicas de nuestro almacén en el color que deseemos, repetir el efecto de una poción ya usada… Cuando se logra elaborar cinco pociones distintas o tres iguales, cogemos una ficha de cuatro puntos, si se acaban esas fichas de bonificación, se acaba la partida. El que sume más puntos, gana. La gracia del juego está en cómo se consiguen los ingredientes con los que elaborar las pociones. Hay que coger una canica, provocando explosiones al chocar canicas del mismo color. Cuantas más explosiones, más canicas conseguiremos, casi como un candy crush. Hay expansiones para dotarlo de más jugabilidad, nuestra favorita es la que incorpora profesores que te favorecen o perjudican en función de cómo se desarrolle el juego.


Carcassonne ¡Qué decir de este clásico entre los clásicos! Losetas que se van colocando de una en una, recordando la región del sur de Francia del mismo nombre, al tiempo que ubicamos a nuestros trabajadores, para completar caminos, rodear monasterios, cerrar castillos controlar áreas abiertas. Yo no me canso de jugar a esta obra maestra de Klaus-Jürgen Wrede, que admite hasta cinco jugadores y cuyas partidas duran una media hora si vamos rapidito. LAs reglas se cazan al vuelo y tiene más enjundia de la que parece, por mucho que la suerte sea un factor importante del juego. Tiene una versión infantil para los más peques y variantes y expansiones para adultos de diferente tipo. Mi preferida es la de Cazadores y recolectores, ambientada en la Prehistoria.


X-Wing. Lo estamos jugando en una versión simplificada, porque los combates de naves de Star Wars tienen mucha tela para ponerse a ello a tope con niños. Pero con este juego, como con muchos otros, si queremos jugarlos en familia nada nos impide adaptarlos. Os aseguro que sus autores estarán encantados de ir creando afición aunque suponga aminorar la complejidad de la mecánica. En nuestro caso usamos las naves más sencillas, que se mueven y maniobran para alcanzar con sus disparos a sus oponentes, si es que los dados lo permiten. Si tenéis en casa pequeños (o grandes) aficionados a La guerra de las galaxias, es un acierto seguro. Nosotros hemos sacado del hangar las nuestras y las hemos quitado el polvo impulsados por la serie Clone Wars, que nos hemos puesto a ver juntos en Disney +. Las maquetas de las naves son preciosas, dignas de tenerlas más allá de jugarlas.

Love letter. Un juego de cartas muy ágil y bien pensado, igual que el Virus. Con un mínimo de dos jugadores y un máximo de cuatro, funciona con niños a partir de ocho años. Es fantástico para trabajar la atención, la concentración… y pasarlo bien en el proceso. El objetivo es ganar las suficientes rondas para acumular cinco cubos (o cartas de amor entregadas a la princesa Annette). El primero en lograrlo, gana. Para conseguirlo es necesario evitar que eliminen a nuestra princesa, si es que nos ha tocado a nosotros. La mecánica es muy sencilla. Se tiene siempre una carta en la mano, que representa a uno de los ocho distintos personajes con facultades diferentes. En nuestro turno robamos una nueva carta y elegimos cuál de las dos cartas jugar. También para calcular probabilidades y elaborar pequeñas estrategias Hay además facilidad para ‘tunearlo’ con los personajes que más nos gusten: Star Wars, Harry Potter… Las partidas (las que consisten en obtener los cinco cubos, no una mano suelta que puede ser rapidísima) no duran más de media hora.

La polilla tramposa, de Emely y Lukas, es otro juego de cartas que ocupa y cuesta poco y es muy divertido. La idea es hacer trampas, pero dentro de un orden, claro. No hay dados, no hay nada más que una baraja repleta de hormigas, arañas, mosquitos, cucarachas, polillas y una chinche guardiana (ya, bichos, ecks). Se reparten ocho cartas por jugador numeradas del uno al cinco y pinta una carta. Hay que colocar una que sea un número superior o inferior a la que hay descubierta. Si es un cinco puede ser un cuatro o un uno. Si es un uno puede ser un dos o un cinco. El objetivo es quedarse sin cartas y una manera prácticamente obligada de lograrlo es tirándolas o escondiéndolas. Eso sí, de una en una. Pero la carta de la polilla tramposa no se puede jugar, no puedes colocarla sobre la mesa para deshacerte de ella. La única opción que tienes es hacerla desaparecer sin que te pille el jugador que tiene la chinche guardiana. Si nos cazan con las manos en la masa, recuperaremos la carta tirada, el jugador que nos ha pillado nos entregará una carta de su mano y nos tocará ser la chinche a partir de ese momento. La gran ventaja de ser chinche es que, en ese caso, sí que podemos jugar las polillas con normalidad.

Catch the moon Uno de esos otros juegos que se explican en un pispás, que no ocupan mucho ni en su caja no desplegados y cuyas partidas son rápidas (unos quince minutos, puede que menos) y te dejan ganas de más. Un juego en el que niños y adultos pueden hacerlo igual de bien. Y además es muy bonito. Hay que llegar a la luna, para lograrlo empezamos con dos escaleras verticales, un dado que nos indicará que debemos hacer, unas lágrimas que marcarán nuestros derrumbes y un montón de escaleras con distintas formas. El dado indica si tenemos que colocar la escalera apoyada solo en una escalera de las que ya están puestas, en dos de ellas o de tal manera que acabe lo más arriba del todo. Y siempre hay que hacerlo con una mano. Al que se le caiga el universo inverosímil de escaleras, le toca una lágrima, porque “la luna espera ansiosa vuestra llegada, pero es muy sensible y derramará una lágrima al más mínimo contratiempo en vuestra escalada”. Y esas lágrimas son las que nos hacen perder. El juego de Fabien Riffaud y Juan Rodríguez, con Emmanuel Malin en la parte artística, ha sido editado por Asmodee y da para partidas de entre 10 y 20 minutos.


Takenoko. Otro juego muy bonito, probablemente el más cuqui de todos los que tenemos. A todos los niños les entra por los ojos. Mi hija lo empezó a jugar con siete años. Las partidas son rápidas, de tres cuartos de hora como mucho. Hablamos de un juego muy adictivo y bien pensado por Antoine Bauza. Tiene una mecánica lo suficientemente compleja como para satisfacer a jugadores adultos, pero sencilla de explicar, aprender y disfrutar por niños pequeños. La cuadratura del círculo. En el juego manejamos tres tipos diferentes de cartas de objetivo. En unas hay que dar gusto al jardinero del emperador y hacer crecer el bambú en la cantidad y color que nos exija cada carta; en las del panda hay que comer el bambú que se nos indique; en las de plantación hay que colocar e irrigar las losetas del color y formación correcta. Se van sumando puntos y gana el primero que consiga siete cartas de objetivo si juegan tres personas u ocho, si juegan los cuatro. Dos personas también pueden jugar, aunque no lo hemos probado. Para lograr nuestros objetivos tenemos tres acciones, dos que decidimos nosotros y una que viene marcada por un dado y vinculada a la climatología (viento que permite repetir la acción, sol para tener una acción más, lluvia que hace crecer el bambú…). Así iremos moviendo al insaciable panda para que coma, pondremos losetas, las irrigaremos para que pueda crecer el bambú, moveremos al jardinero, obtendremos mejoras (abono, pozos o cercas que impiden al panda glotón acercarse al bambú de esa loseta) o cogeremos nuevas cartas de objetivo. La expansión permite mover a la panda hasta el panda para que tengan un bebé, que dará dos puntos y una mejora.

Los pilares de la tierra. Julia lleva cuatro años, y tiene once ahora, jugando a este juego de gestión de recursos inspirado en la novela de Ken Follet. Es un juego creado por Michael Rieneck & Stefan Stadler editado por Devir ya bastante antiguo. Para cuatro jugadores, aunque hay una expansión que amplía ese número. El objetivo es acumular puntos de victoria, el que más tenga, gana. El número de turnos va marcado por la construcción de la catedral, que viene en piezas. Cada vez que concluye una ronda, se añade una parte. El turno comienza con cada jugador repartiendo a sus trabajadores entre el bosque, la cantera y la gravera para obtener los materiales con los que construir la catedral: piedra, madera o grava. Se lleva a cabo seleccionando cartas de recursos. En esta primera parte también se pueden contratar artesanos que convertirán esos materiales en otros, en puntos de victoria, dinero o ventajas. Si nos sobran peones (o estamos caninos de pasta), podemos mandarlos a la fábrica de lana para obtener dinero. La segunda parte del turno es la más extensa. Ahí nos centramos en el tablero y lo que hay que hacer es colocar nuestras tres piezas en las diferentes opciones que tenemos: el mercado para comprar o vender materiales, la corte del rey para evitarnos el lago de impuestos, para conseguir las cartas de los personajes que conocemos del libro con los que obtener ventajas, lograr directamente uno o dos puntos de victoria, asegurarnos del favor del prior Philips para que no nos afecten los eventos negativos… Hay que darle más que la media de los que he seleccionado al coco y puede ayudar a que nuestros niños, ya entrada la adolescencia, se animen con los libros. Partidas de una hora más o menos.

Funkoverse. Es un ‘protowargame’ según mi marido, lo cierto es que es estrategia de toda la vida de la de mover tus tropas sobre un tablero cuadriculado, simplificada, con el componente de suerte que dan las tiradas de dados y el aliciente de apoyarse en los mundos de Harry Potter y sus hechizos, o de Marvel y sus súperpoderes, o Parque Jurásico… y en los muñecos cabezones, que causan furor. La lógica dice que lo deben jugar dos personas enfrentadas, al modo del ajedrez, pero no cuesta nada dividirse por personajes. En casa mi hija y yo solemos mover a los buenos frente al pater familias que se coge a Voldemort y sus mortífagos. Es sencillo de explicar pero jugarlo bien entraña más dificultad de la que puede parecer. Y, opción divertida, nada impide enfrentar a magos y superhéroes.

Sagrada. Un juego de mesa abstracto como el estupendo, recomendable y precioso juego porcelánico que es Azul. Es imposible hablar de uno sin acordarse del otro. Sagrada permite hasta cuatro contendientes creando vidrieras, de diferente dificultad según cada uno elija, acumulando preciosos dados de colores. La dinámica de este juego de Daryl Andrews y Adrian Adamescu es sencilla: se lanzan en cada una de las diez rondas tantos dados como jugadores haya multiplicados por dos y sumando uno. Cada jugador acabará tomando dos dados en cada ronda que tendrá que colocar sin que coincidan ortogonalmente en número y color y cumpliendo con el diseño de la vidriera. Otro juego vistoso, inspirado en Gaudí y su Sagrada Familia, que además es rápido de explicar y de jugar, que requiere estar muy atento a las combinaciones de números y colores para cumplir con los objetivos, distintos en cada partida, y también obtener el mayor número de puntos posibles en nuestro color secreto. A partir de ocho o nueve años, si hablamos de niños jugones, puede gustarles. Una partida puede durar unos cuarenta minutos si somos rápidos.

Y estamos jugando o en proceso de jugar también a Saqueadores del mar del norte, Castles of Mad King Ludwig, Abracadabraqué, Mundodisco y Suburbia, con una versión simplificada. Hay todo un mundo de juegos a descubrir. Tras el enlace tenéis las recomendaciones para jugar en familia de diez expertos a los que consulté, entre los que destacan juegos como El frutalito, Monster Chase, Monza, Dixit, Dobble, El laberinto mágico, Story Cubes, La escalera encantada o Fantasma Blitz.

Hay todo un mundo más allá de Parchís, Monopoly, el Trivial, el Stratego o el Risk.



¿Cuáles son vuestros favoritos?

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Carmen Redón

    Nosotros jugamoa a Catán, Aventureros al Tren, El Palé, un juego de mesa de El Señor de los Anillos, la Herencia de la Tía Agatha y Risk (entre otros).

    14 abril 2020 | 10:36

  2. Dice ser Andres

    Para mi el mejor de esta lista es Carcassonne, como dices; “un clásico entre los clásicos”. Pero hay otros juegos que me han llamado la atención como Takenoko o Cacth the moon que no conocía. Gracias por las recomendaciones

    14 abril 2020 | 20:35

  3. Dice ser Nuria

    Imprescindibles y muy recomendables en esta lista el catan, y viajeros al tren. A mi también me gusta mucho otro que no es tan conocido que es el camel up. Salydos

    15 abril 2020 | 10:31

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