Archivo de diciembre, 2019

No os burléis de los niños de San Ildefonso por favor

Os lo he pedido más veces, no es ni mucho menos el primer año en el que traigo este tema a este blog, pero es que cada 22 de diciembre sucede lo mismo. Unos niños asoman, con toda su ilusión, a cantar números arrojando suerte en forma de euros a aquellos que han comprado lotería de Navidad. Y las redes sociales se convierten en un vertedero de improperios, risas, burlas e incluso ataques racistas hacia ellos.

Son niños que se pueden equivocar, que pueden tener voces o un aspecto que nos llame la atención. Da absolutamente igual. No son presentadores profesionales ni modelos. Son niños y merecen todo el respeto mientras llevan a cabo su función.

Ojalá que aquellos que son crueles con ellos en Twitter, o en voz alta en el bar, su salón o la redacción de un periódico, que lo mismo da, se lo piensen dos veces y cierren la boca o los dedos.

Y los demás, tampoco les riamos las gracias.

¿Qué les parecerían esos improperios, algunos directamente denunciables, si estuvieran dirigidos a sus hijos, a uno de sus sobrinos, a uno de los niños que conocen y aprecian?.

Pues los niños de San Ildefonso son los niños de alguien. Lo que no deberían ser en ningún caso es el blanco fácil de burlas aún más fáciles, algo que parece el deporte nacional la mañana del 22 de diciembre para muchos.

(EFE/Ballesteros)

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Es preciso regular cuanto antes la situación de los niños youtubers, por su propio bien y por el de los demás

No soy sospechosa de mirar a los youtubers con prejuicios. Disfruto un puñado de ellos, que me parecen divulgadores fantásticos, con una capacidad comunicativa ejemplar y un desempeño profesional. He aprendido mucho gracias a algunos, de música o matemáticas por ejemplo. También me he divertido con esos mismos, mientras aprendía, o con otros.

Es un oficio nuevo, una nueva oportunidad para explorar nuevas vías para comunicarnos, y hay mucha gente, también muchos maestros o científicos, empleándolo bien si se sabe encontrarlos.

Tiene sus peligros claro. Gente que no reflexiona sobre los riesgos que entraña mostrar según qué cosas, que antepone el interés a la ética o difunde mensajes funestos.

(GTRES)


Una de las malas prácticas más obvias es el camuflaje de la publicidad en forma de contenido; que esos youtubers recomienden el consumo de ciertos productos por el dinero o las prebendas recibidas sin advertir de que nos encontramos ante publicidad, obviando los fallos o la poca calidad que puedan tener, ignorando que a la gente le cuesta mucho ganar dinero y animarles a gastarlo en algo que no lo vale camina entre la irresponsabilidad y la maldad nacida del egoísmo.

Otra, que suele sumarse a la anterior, es el uso de niños. Hay youtubers infantiles que, desde muy pequeños, exponen su vida y dedican muchas horas a elaborar y publicar este tipos de vídeos protagonizados por productos e impulsados normalmente por sus padres. Vídeos que, además, tienen como destinatarios a otros niños. Los productos que los niños piden en sus cartas a los Reyes Magos salen ya más de Youtube que del catálogo de El Corte Inglés o Toy’s R Us.

Hace ya año y medio que quise hacer un reportaje, que no un post de opinión, sobre este tema. Tengo guardada la información y unos cuantos contactos para poder llevarlo a cabo en algún momento.

Me preocupan mucho esos niños. Sé bien lo mucho que cuesta producir vídeos para YouTube con regularidad. Es mucho trabajo. Veo el tiempo libre que queda a mis hijos tras colegio, deberes, deportes, alguna extraescolar, algún compromiso o decorar el árbol de Navidad, y sé que no sería bastante. ¿Se pierden esos niños ir a robótica o al cumpleaños de sus amigos porque hay que grabar el vídeo que cierta marca de juguetes quiere antes de la Navidad? ¿Tienen que fingir alborozo ante la cámara que sostienen sus padres pese a no tener ganas o estar con un poco de fiebre porque no queda más remedio?.

Mucho me temo que así es en ciertos casos, en los más profesionalizados. Y sí, ya sé que hay niños rebajando en musicales, en series de televisión o compitiendo a alto nivel. Pero esos niños cuentan con regulaciones específicas pensadas para protegerles. Los niños youtubers se encuentran en una situación de desregulación preocupante.

En otro orden de cosas… ¿quién cotiza y cuánto por ese trabajo? ¿Qué será de esos ‘niños influencers’ en su transición a la vida adulta?

No soy la única preocupada ni muchísimo menos. En octubre Save the Children y Javier Urra (ex defensor del menor de la Comunidad de Madrid) denunciaron el canal de Las Ratitas, gestionado por los padres de las menores y con dieciocho millones de suscriptores, por “instrumentalización de los niños”, con vídeos sobre ir a la disco o maquillarse que “reproducen estereotipos de género”.

Me preocupan también los niños que los ven y acaban normalizando esa realidad y viendo cómo germinan en ellos el deseo por conseguir cosas como puerta de entrada a la felicidad. Mi hija no los ve, no le interesan. Pero si los quisiera ver la disuadiría de ello y orientaría a otros canales más enriquecedores explicándole lo que puede estar fomentando con sus visionados. También le explicaría, por supuesto, que poca diferencia hay entre ver esos vídeos y ver publicidad de juguetes en la televisión convencional y que no se crea a pies juntillas nada de lo que allí se expone.

Desafortunadamente aún no he podido encarar el reportaje, necesario aún en mi medio de comunicación y en otros. Es en parte función de los medios alertar de esta realidad para que se tomen medidas.

Y no solo de los medios. Ayer escuchaba en la Ser que un grupo de investigadores españoles, liderado por Esther Martínez Pastor, profesora de Comunicación de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), se ha embarcado en un estudio que lleva por título: El negocio de los canales de los niños youtubers. Y sus preocupaciones y conclusiones coinciden con las mías.

“Son vídeos guionizados y suponen muchas horas a la semana. Hay niños que graban tres video semanales y otros incluso más, con el trabajo que eso supone porque hay que preparar los diálogos, siempre hay tomas falsas e, incluso, hay veces en las que no graban en casa sino que van unas cinco o seis horas semanales a una agencia para hacer las grabaciones”. La actual ley del espectáculo “es bastante antigua y no se ajusta a la realidad que hoy tenemos”.

Ya en septiembre de 2018, los mismos profesores de la Universidad Rey Juan Carlos junto a la organización iab, presentaron una Guía legal para niños influencers en el que exponían que no puede haber publicidad engañosa, encubierta, que hay que explicar en el vídeo claramente según la Comisión Federal de Comercio (FTC) cuando el producto sea un anuncio pagado o enviado por las empresas con fines promocionales. Reflexionaban también sobre derechos de imagen, contratos, la prohibición existente de emplazamiento de productos en programas infantiles o la protección de datos, que al interactuar los youtubers infantiles con los niños que les ven o al poner en marcha sorteos o concursos suele incumplirse.

Os recomiendo su lectura si el tema os interesa. Igual que os recomiendo Niños y publicidad. Guía rápida de derechos y obligaciones para anunciantes y publicistas, elaborado por la Universidad Complutense de Madrid y la Catedra TMFK Comunicación y Marketing por la infancia y la adolescencia, que recoge lo siguiente:

No está el patio (escolar) como para no reconocer los problemas y encararlos, buscando soluciones

Queda poco para la Navidad. Es el final del primer trimestre. Época de exámenes y de recoger notas para miles de estudiantes. También de recibir los últimos datos del informe PISA, que no es perfecto como no lo es ninguna evaluación, y que evalúa la calidad de nuestro sistema educativo.

Pues hemos cateado. O si queremos expresarlo de una manera más apropiada, España necesita mejorar, porque estamos yendo a peor. Sobre todo en matemáticas y ciencias, materias en las que no logramos superar esa brecha entre niños y niñas en estas materias.

Además aumentan las repeticiones en Primaria, descienden las titulaciones en Secundaria y las diferencias entre las distintas Comunidades Autónomas claman al cielo

El Ministerio de Educación y FP destaca en su comunicado de reacción que España es uno de los países con mejor clima escolar y bienestar de los estudiantes (el 86,5% se siente integrado y el 81% hacen amigos con facilidad en el cole) y que tenemos unos índices de acoso escolar por debajo de la media de la OCDE.

Y oye, muy bien. No seré yo la que reste importancia al hecho de sentirse a gusto en clase. Pero no está el patio (escolar) como para no reconocer los problemas y encararlos, buscando soluciones.

Comisiones Obreras echa la culpa a “los efectos negativos y perversos de la LOMCE”, la ley orgánica de tiempos de crisis del Partido Popular que lleva siete años en vigor. Y tampoco seré yo quién defienda esa ley.

Madrid, que ha salido especialmente perjudicada y dónde ahora impera el PP que impulsó la Lomce, critica a los examinadores. “Es que la profesora me tiene manía mamá”, “es que el profe no planteó bien las preguntas papá”. Y cierto es que las pruebas de comprensión lectora no se han publicado por las anomalías detectadas, pero digo lo mismo que al ministerio: menos escurrir el bulto y más asunción de la situación y ganas de cambiarla.

En general, las reacciones de la clase política van más dirigidas a barrer para casa, atacando o defendiendo en busca de rédito, que en perseguir de manera proactiva y positiva maneras de mejorar.

Como siempre.

Es preciso un pacto educativo en el que todos nuestros políticos colaboren para primar a nuestros niños y jóvenes por encima de cualquier otra consideración; por encima, por supuesto, del uso de la educación como arma política con la que lograr votos y repercusión mediática.

La religión, el bilingüismo, la enseñanza del castellano, los conciertos, la libre elección de centro o la segregación por sexos se enroscan y desenredan sobre el camino a seguir para mejorar nuestro sistema educativo, impidiendo su avance. Son temas relevantes por supuesto, pero hay que dejar de emplearlos como cuchillos y poner el foco en reducir las ratios, en revertir recortes, en formar adecuadamente al profesorado y dejarles el aire que necesitan para hacer su trabajo, en incentivar metodologías cuya efectividad está probada o en no mantener itinerarios rígidos que elegir demasiado pronto.

Es preciso para ello formar un gobierno primero, claro. Otra tarea pendiente para este final del primer trimestre.

Llamadme pesimista si queréis, pero igual que a mis 43 años ya no creo en los Reyes Magos, tampoco tengo ninguna esperanza en nuestros gobernantes para apartar sus luchas de poder y dar la importancia que merece a la educación.

(GTRESONLINE)

El informe íntegro:

La discapacidad invisible y los juicios rápidos

Hay niños de los que, si les ves caminar junto a sus padres o jugar con sus hermanos, jamás dirías que tienen una discapacidad visual. Ven lo justo para que tú no te des cuenta de las dificultades a las que se enfrentan en su día a día.

Hay niños de los que, si les ves jugando al fútbol o intercambiando cromos de la liga, jamás dirías que tienen una discapacidad auditiva. Oyen lo necesario para que tú no percibas su cotidianidad, llena de retos.

Hay niños de los que, si les ves disfrutando en el columpio del parque o entrando de la mano de sus padres a ver Frozen 2, jamás dirías que tienen una discapacidad motórica que siembra de obstáculos su camino que deben superar.

Hay niños de los que, si les ves sentados en una terraza junto a sus padres viendo YouTube en el móvil o coloreando felices, jamás dirías que tienen una discapacidad intelectual que hace más compleja su realidad.

Hay niños de los que, si les ves leyendo entusiasmados o cazando pokémons por la calle, jamás dirías que tienen una discapacidad social, que supone para ellos un desafío constante.

Esos niños se harán adultos. De hecho ya hay muchos adultos como ellos.

El bastón, la silla de ruedas, el perro guía, unos rasgos determinados, el lenguaje de signos… son las señales que suele buscar la gente para reconocer la discapacidad, para entender, para facilitar.

Pero no siempre están ahí. Hay muchas discapacidades invisibles. Discapacidades declaradas y escondidas. ¿Callar para no ser etiquetado? ¿Hablar para ser aceptado?

Deberíamos ser conscientes para evitar juzgar a los que nos rodean con premura y, tal vez, equivocadamente. La persona que no se entera, que es lenta, que molesta, que nos hace perder la paciencia, tal vez sea una persona con especiales dificultades que no son obvias.

Deberíamos interiorizar que se nos pueden estar escapando muchas cosas, que lo que percibimos no siempre nos da toda la información necesaria para deducir lo que les pasa o cómo son los demás; que la paciencia, la empatía y ser conscientes de que no lo sabemos todo son buenos compañeros de camino.

(GTRES)

Hoy, tres de diciembre, es el día para pensar en las personas con discapacidad; sus luchas y reivindicaciones, no siempre coincidentes; su enorme diversidad; lo que aportan a la sociedad, que podría ser mucho más si establecemos los mecanismos adecuados para favorecerlo; la necesidad de visibilizar sus diferentes realidades.

La discapacidad, tanto la visible como la oculta, forma parte de la sociedad, de lo que somos, nadie está libre de acabar teniendo discapacidad o amando a una persona que la tiene.